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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 2

Al momento de abrir los ojos su mente no pensó en otra cosa que no fuera Harry Potter, la noche anterior había sido tan extraña y carente de sentido que aparentemente prefería no creerlo. No quería imaginar que Harry había cambiado totalmente para convertirse en un mortífago.

Saltó de su lugar observando cómo Ginny dormía plácidamente en la cama contigua. Envidió la tranquilidad que su rostro poseía, mientras el de ella probablemente lucía cómo una desquiciada… pero no le importaba, era su mejor amigo de quien hablábamos. Salió al pasillo frunciendo levemente el entrecejo al escuchar los ronquidos de Ron que, a pesar de su habitación estaba bastante alejada, se escuchaban perfectamente. Corrió por el pasillo profanando aquel cuarto sin importarle que su ocupante siguiera durmiendo, la decepción inundó toda su cuerpo al notar que la cama contigua a la de Ron estaba vacía… ¿Habría sido verdad que no volvería a poner un pie en la Madriguera?

—¿Qué demo…? ¡Hermione!—murmuró la voz exaltada de Ron quien rápidamente se subió las cobijas hasta la barbilla mirándola cómo si hubiera perdido la razón.

—No venía a verte a ti. —dijo Hermione divertida ante su reacción y rodando los ojos.

—¡Es verdad! ¿¡Donde se metió ese papanatas!? —se exaltó poniéndose de pie rápidamente y examinando la habitación, cómo si esperara que estuviera por los alrededores.

—¡Ronald!—gritó girándose rápidamente al notar que su amigo sólo tenía unos calzoncillos naranjas encima. El aludido soltó un gemido ahogado al darse cuenta y se lanzó nuevamente a la cómoda, tapándose hasta arriba con un color rojo carmín adornando su rostro por la vergüenza.

—¿Qué pasa? ¿Están bien?—se escuchó la voz preocupada de Molly Weasley escaleras abajo.

—S-sí, señora, no se preocupe. —gritó de vuelta Hermione, saliendo a toda prisa del cuarto y corriendo hacia la planta baja. No le dio corte seguir en pijama y fue a la cocina donde siempre estaba la señora Weasley. —Disculpe, ¿qué paso con Harry?

Molly la examinó unos segundos, sabedora de que ese día aquella sería la pregunta del millón, resopló y se dejó caer en la silla contigua.

—Será mejor que te bañes querida, cuando comamos les explicaré a todos juntos. —dijo intentando sonar tierna y comprensiva pero había un deje de tristeza en su voz, temiendo lo peor, subió las escaleras sin preguntar más.

Mientras tomaba distraídamente la ropa que se pondría su mente divagaba en las palabras que Harry había dicho el día anterior ¿Realmente sería un mortífago? … No, eso era completamente imposible, se reclamaba mentalmente de siquiera pensarlo… pero el día anterior había sido tan extraño… era cómo si Harry hubiera sido suplantado por otra persona que poseía una actitud opuesta a la de él.

Al momento que el chorro calienta de la ducha azotó en contra de la parte superior de su cabeza supo que absolutamente nada lograría que dejara de pensar en él, su mente no dejaba de examinar la conversación, esperando encontrar un inexistente trasfondo en las palabras que había dicho.

—*Si seré tonta. —*farfulló al notar que había olvidado meter unos pantalones.

*"Oh bueno"*Pensó poniéndose los jeans del día anterior. Frunció el ceño al notar que había algo solido dentro de su bolsillo, con algo de confusión sacó aquel objeto… se trataba de una piedra color esmeralda... ¿Cómo la había olvidado? ¡Había perdido una perfecta oportunidad para preguntarle a Harry que significaba!

Bastante furiosa consigo misma salió pitando del baño bajando las escaleras hacia el comedor, al llegar se dio cuenta que otra reunión estaba tomando lugar. Pero el ambiente se notaba extraño, algo iba realmente mal.

Lupin y Tonks estaban sumidos en una calurosa discusión, sus voces se escuchaban subidas de tono aunque no lograba comprender las palabras. Tonks negaba firmemente con la cabeza mientras Lupin la miraba con gesto de exasperación grabada en el rostro… sintió que estaba mal mirar aquello, como si se tratara de algo intimo, así que desvió la vista rápidamente hacia Dumbledore quien estaba sumido en sus pensamientos mientras jugaba distraídamente en su varita. Todos lucían consternados, especialmente Sirius quien parecía que no había pegado ojo en toda la noche anterior y miraba a Dumbledore con un deje de desdén.

—Bueno chicos cómo sabrán mañana inician las clases en Hogwarts… y sé que han pasado ciertos eventos que les han provocado algunas dudas. —empezó Dumbledore dejando de jugar con su varita y enfocándose en los menores de edad presentes, hablando con la voz que generalmente usaba en el banquete de la primera noche en Hogwarts.

—Algunas dudas. —repitió atónita Hermione sin darle crédito a sus oídos.—No, yo quiero una explicación completa… profesor. —adhirió la última palabra al notar lo poco respetuosa que había sonado

—Vaya, Granger tiene actitud—opinó Moody soltando una risita de impresión que fue callada al instante ante la mirada asesina de Hermione

—Sí, claro que estoy de acuerdo con usted señorita. —aclaró rápidamente Dumbledore pasando por alto el comentario de Moody. —Pero tiene que tener en cuenta que son asuntos algo… complicados…

—Creo que tendré más que la suficiente capacidad mental para entenderlos, señor. —dijo intentando no sonar muy descortés—Usted también tiene que tener en cuenta que es de mi mejor amigo de quien hablamos… yo misma vi su actitud ayer.—murmuró intentando que su voz no flaqueara. —Y quiero una explicación.

—Ya somos dos. —opinó Ron.

—Cuatro. —dijeron los gemelos al unísono.

—Cinco. —dijo Sirius para sorpresa de algunos.

—De hecho, todos los presentes queremos una explicación, profesor Dumbledore. —aclaró Lupin. —Para ser sinceros, la charla de ayer al parecer sólo usted y Harry la entendieron, porque para los demás presentes sonó cómo una completa incoherencia.

—Entiendo, entiendo. Pero, cómo os he explicado con anterioridad, no sé muy bien el porqué. —Dumbledore estaba quieto, después de soltar un largo suspiro y tomar un poco de té de manzanilla comenzó a hablar calmadamente. — Pero creo que simplemente se hartó de todas las sobreprotecciones que le estábamos brindando… se cansó de que lo engañáramos. Él sabía que tendría que enfrentarse contra Voldemort, y que no estaba listo en lo absoluto…

—Pero yo mismo le enseñe varios trucos…—rebatió Lupin, a nadie le gustaba la trayectoria que la plática estaba siguiendo.

—¿Tú crees que él pensaba que eso bastaría contra el más poderoso hechicero? No, claro que no, Harry se parecerá mucho a su padre en el exterior, pero en el interior es igual a su madre, terco cómo él solo. —dijo Dumbledore con una sonrisa fingida—Es un genio... un verdadero erudito, aprende las cosas tan rápido, su memoria es demasiado perfecta… absolutamente nada se le escapa, nada olvida… para nuestra mala suerte.

Por eso mismo se dio cuenta, se dio cuenta que nosotros lo sobreprotegeríamos siempre que estuviera a nuestro alcance. Que nosotros nunca, bajo ningún motivo, le enseñaríamos a usar la varita y a pensar cómo un mago tenebroso… porque eso es lo que necesitaba para vencer a Lord Voldemort… pensar cómo él. Así que decidió entrenar por su cuenta… pidiéndole su tutela a alguien que ni en mis peores pesadillas imagine que aceptaría… a alguien que nunca pensé que me traicionaría de esa manera… se fue a entrenar conél.

—¿Con…? ¿Con quién profesor?—tartamudeó Hermione, Dumbledore tenía lágrimas en sus ojos intento abrir la boca pero al parecer aquel nombre simplemente no salía de su garganta.

—Alguien que odió desde que conoció, alguien a quien yo deposite mi confianza sin pensármelo dos veces, alguien que nadie hubiera pensado que acudiría Harry Potter. —dijo tristemente, aquellos parecían más pensamientos en voz alta que comentarios. —Sin embargo, él le enseñó cosas que yo nunca hubiera hecho, él fue su maestro, su mentor.

—¡Nosotros podíamos haberle enseñado! —saltó Sirius haciendo uso de presencia por primera vez. —Nosotrosdebimoshaberle enseñado.—corrigió.

—No, no podíamos…—aseguró Dumbledore con melancolía.

—¿Por qué no? Somos aurores… sabemos lo que hacemos, por Merlín. —rebatió Lupin igualmente herido ante el hecho que Harry no le hablara al respecto.

—¡Sólo tenía que preguntar! —dijo Tonks golpeando estrepitosamente sus puños contra la mesa.

—¿De verdad? Dime, Nymphadora… ¿hubieras sido capaz de enseñarle el hechizo "cruciatus"? —inquirió Dumbledore, ella abrió y cerró la boca varias veces. —Mejor aún, ¿hubieras dejado que alguien le lanzara uncruciopara que él lo esquivara?

Hermione sabía perfectamente que Tonks jamás hubiera aceptado tal aberración, lo hubiera encerrado toda la tarde en su habitación si era necesario para mantenerlo seguro. Era demasiado sobreprotectora en cuanto a Harry se trataba… recordaba con ternura cómo ésta había regañado únicamente a Harry durante toda la noche por haber estado jugando Quidditch sin el casco y las rodilleras —material que todos estaban obligados a usar dentro de los terrenos de la Madriguera si se jugaba Quidditch—aunque ninguno las había utilizado. E inclusive ella misma hubiera prohibido estrictamente cualquier tipo de maldiciones imperdonables contra su amigo… o letales… o cualquier hechizo… de acuerdo, no hubiera aceptado cualquier conjuro contra Harry. Quizá Dumbledore tenía razón…

—Sobre mi cadáver. —admitió finalmente soltando un largo y profundo suspiro al terminar la oración.

—La cuestión ahora… es que haremos con él. —razonó Sirius haciendo que todas las mujeres presentes lo miraran intimidadoramente.

—No lo sé… quizá unobliviate…—murmuró Dumbledore tan bajo que prácticamente tuvieron que leerle los labios.

—¿Qué? —inquirió Hermione, aquel hechizo borraba la memoria del afectado… ¿de verdad pensaban alterar la memoria de Harry?

—¡No le harán absolutamente nada! —rugió Tonks lanzándoles una mirada amenazadora, ignorando el comentario de Hermione.

—¡No podemos quedarnos con los brazos cruzados! —rebatió Sirius alzando la voz.

—Aun así, hacer algo con su memoria sería demasiado… drástico. —puntualizó la señora Weasley intentando mantener la calma, aunque se notaba que en fondo se escocía de que estuvieran hablando de esa manera de Harry.

—¡Yo sé lo que es mejor para él! —Sirius se puso de pie apoyando ambas manos sobre la mesa, como intentando demostrar superioridad.

—Sabes lo que es mejor parati. —corrigió Tonks imitando sus movimientos, Hermione notó con cierta preocupación que su mano se ceñía alrededor de su varita.

—Yo soy su padrino. —siseó entre dientes, a punto de salirse de sus cabales.

—Y yo la mujer que más lo quiere en éste mundo. —rebatió entrecerrando levemente los ojos.

Hermione frunció el entrecejo al escuchar aquello al igual que la señora Weasley, ambas intercambiaron una mirada cómplice sonriendo al entender que estaban pensando exactamente lo mismo. No les había caído en gracia que Tonks se considerara la mujer que más quería a Harry, después de todo, aquel era un puesto que debatía entre ellas tres.     

Justo cuando Sirius estaba a punto de contestar unos golpeteos en la puerta se hicieron presentes, haciendo que la mente de Hermione reaccionara*"¿El mentor de Harry? ¿Alguien que siempre odio? ¿Por qué Harry acudiría a una persona que odia?"*Preguntas acribillaban su mente cómo aquellos golpeteos a la puerta.

—Pasen, pasen. —dijo Dumbledore con voz cortés,  sin embargo se notaba que estaba sumido en cólera, sea quien sea la persona que estaba atrás de la puerta no era del agrado del profesor quien apretaba su mandíbula con fuerza y ponía la mano sobre su varita.

La puerta se comenzó a abrir tétricamente dejando por fin ver las dos figuras tras ella, los presentes quedaron impactados ¿Él era el maestro? ¿Era acaso sólo una mala broma? Vieron impactados cómo Harry entraba lentamente a la casa acompañado de su mentor.

Severus Snape.