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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 18
—Herr… mío... ne. —dijo a modo de saludo con su voz pastosa, y nunca antes un acento extranjero me había parecido tan terriblemente irritante.
—Viktor. —solté con acidez.
Sin poder -o querer- evitarlo, aun le guardaba cierto resentimiento. Él, que había dejado claro que sólo le había interesado en un principio por mi cuerpo, ahora me saludaba tranquilamente, cómo si fuéramos viejos amigos o algo por el estilo. Pero Viktor Krum era la última persona a la que quería ver en aquel baile, o en mi vida.
— ¿No deberías estar graduado? —inquirí intentando que mi voz sonara indiferente y distante, para esto no tuve que hacer más que tratar de imitar la voz que Harry usaba.
—Sí, pero me <> los viejos tiempos. —respondió y pareció dudar antes de continuar. — Yo… <<querría pedirrte perrdón>>, <> todo lo que pasó. Sé que no me <> cómo un <>
Utilicé toda mi fuerza mental para no soltar un bufido y rodar mis ojos ante ese intento de disculpa. Se había comportado cómo un completo patán y ni siquiera tenía el valor para admitirlo. Pero… ya no le veía finalidad alguna a seguir odiándolo, después de todo, ni su nombre ni su imagen se me habían venido a la mente hasta ese día. Todo porque había una persona que logró hacerme olvidar todo lo sucedido en años anteriores, todo se había borrado hasta su llegada aquel año. Mi novio. Junto al cual Viktor, a pesar de ser un reconocido jugador de Quidditch, era más que insignificante. Harry me había descifrado… o quizá siempre me conoció, siempre supo lo que quería y esperaba de una relación mucho antes de ser mi pareja; siempre escuchándome, siempre entendiéndome, siempre protegiéndome y leyéndome el pensamiento… y, cómo si se tratara de un efecto domino, en segundo grado, justo cuando corrí hacia sus brazos después de ser des-petrificada, me había dado cuenta de mis verdaderos sentimientos. Me había enamorado de mi mejor amigo cayendo en el más horrendo de los clichés, e instantáneamente catalogado cómo algo imposible…, hasta ese año, cuando todas las piezas del rompecabezas parecían estar acomodándose por sí solas. Y, estando tan feliz, odiar a alguien cómo Viktor no tenía ningún fin.
— ¿<>> a <>>?—preguntó con inseguridad al notar que no respondería.
—Claro. —accedí después de soltar un suspiro de resignación y una enorme sonrisa apareció en su rostro cómo respuesta.
Se formó un incómodo silencio, de la clase que tensan el ambiente al instante y hace que la imperiosa necesidad de abandonar ese lugar surja. Eché un vistazo por encima de mi hombro en busca de Harry, quien aparentemente había desaparecido.
—No has <> a ninguna de mis <> —acusó aparentemente desesperado por romper el silencio, interrumpiendo mi escudriño y mirándome reprobatoriamente.
—Oh, sí. No he tenido tiempo. —mentí. Lo había tenido, y de sobra, sólo no quería responder aquellos mensajes con pésima ortografía y caligrafía.
—<> que eso cambie. —murmuró mirándome con tanta intensidad que me sentí incómoda. —<> a <<empezarr, ¿cierrto?>>
Fruncí el entrecejo, fulminándolo con la mirada y, esperando que aquella oración no tuviera doble intención, asentí con detenimiento.
—La <> de que vengas conmigo sigue en pie, <<carriño>> —puntualizó haciéndome abrir los ojos de par en par ante su apodo. —<> de nuevo.
Sus brazos aprisionaron mi cintura cómo si de dos barras de acero se trataran. Yo me removí intentando zafarme lo más pronto posible, cómo si su contacto quemara. Al parecer mis desesperados intentos por alejarme no pasaron desapercibidos por él, ya que me soltó de mala gana, mirándome con tanto resentimiento que juré ver un atisbo de amenaza en sus ojos.
— ¿Qué pasa? —preguntó y, cómo si hubiera leído la respuesta en mis ojos, agregó con voz intimidante: — ¿Hay alguien más?
—Sí, me temo que sí.
No me había dado cuenta de lo tensa que estaba hasta el momento de escuchar su voz, su melódica, indiferente y hermosa voz. Casi por inercia, todos mis músculos se relajaron y solté abruptamente el aire que había estado conteniendo en mis pulmones. Harry se posicionó justo a mi lado mientras una de sus manos me tomaba posesivamente pode la cintura, pegándome a su costado, y yo agradecí enormemente aquel gesto que me brindó seguridad. Sabía que con él a mi lado absolutamente nada podría herirme aunque, por la expresión que tenía su rostro en ese segundo, aparentemente Viktor sería el que saldría herido.
— ¿<>?—inquirió con los ojos desorbitados, cómo si no creyera que fuera él. No me sorprendió, después de todo, Harry había cambiado demasiado físicamente; para bien cabe destacar. —No, no, no. Tú me dijiste que ustedes nunca <<serrían>> más que amigos.
Fruncí el ceño, utilizando toda mi fuerza mental para no girar mi cabeza y fulminar a Harry con la mirada ante la revelación. Él nunca me había contado de tal conversación e, inclusive aunque sabía que en ese tiempo el no sentía nada hacia mí además de amistad, me molestó el hecho de que le hubiera dicho a Viktor con tanta seguridad que nunca seriamos nada más.
—Mentí. —respondió con sencillez y vi sus ojos entrecerrarse peligrosamente antes de continuar. —No te quiero volver a ver cerca de ella, y que sea la última vez que te atrevas a llamarla "cariño".
Un estremecimiento me recorrió al detectar aquella amenaza implícita en su oración y, al notar cómo la expresión de Viktor se contraía por la cólera, supe que aquella conversación no iba a terminar nada bien.
— ¿Quién te <> que <>?—inquirió a voz de grito y, en cuanto vi cómo su mano se ceñía alrededor de aquel extraño bastón que probablemente tenía dentro su varita, me pegué más contra Harry.
—Su novio. —soltó con acidez y yo no pude evitar regodearme ante aquella afirmación. —Cómo dije, última vez. —repitió antes de darse la media vuelta.
Se comenzó a abrir paso entre la multitud y, tomando rápidamente su mano, lo seguí posicionándome a su lado. Logré escuchar perfectamente el sonido seco de algo retumbar contra el suelo, posiblemente el bastón de Viktor al momento que éste desenfundó su varita. Me tensé en espera de que algún hechizo nos diera, o de que él mismo arremetiera contra nosotros…, sin embargo, nada pasó. Sorprendida, giré mi cabeza para observar cómo varios estudiantes de Durmstrang trataban de inmovilizar al buscador de Bulgaria, quién lucía completamente fuera de sus cabales mientras forcejeaba con sus compañeros, intentando en vano recuperar su varita que yacía a varios metros de ahí. Suspiré aliviada. Harry no se detuvo cuando nos alejamos lo suficiente de aquel alboroto, muy al contrario, no parecía siquiera dispuesto a continuar dentro de la habitación. Atravesamos con rapidez el vestíbulo y el umbral de la puerta principal, dirigiéndonos a aquel lugar que conocía tan bien y le tenía un especial afecto. La noche había caído trayendo una hermosa luna llena que destacaba en el cielo entre las centenares de estrellas, siendo ésta la única iluminación en aquellas afueras; al ser mediados de diciembre, una brisa invernal surcaba el ambiente dándole un cierto aspecto romántico. Pero yo no fui la única en notar aquello ya que las parejas estaban distribuidas por todo el lugar, invadiéndolo y obligándome a clavar rápidamente la vista en el suelo ya que ninguna de ellas estaba precisamente hablando de lo bien que se la habían pasado. Llegamos a las fauces del gran roble frente al lago, escondiéndonos de las miradas curiosas y murmullos que habíamos comenzado a desencadenar. Tan pronto cómo estuvimos refugiados ahí, Harry soltó mi mano dándose media vuelta para enfrentarme y adaptando una posición que me resultó extrañamente familiar. Yo sólo atiné a contener el aliento mientras él me observaba inquisitivamente, esperando que rompiera el silencio, pero parecía haber olvidado cómo mover mis propios labios.
—No me dijiste que te enviaba cartas. —dijo al fin y su tono de voz me hizo estremecer, uno que nunca antes había utilizado y no sabía cómo describir.
—Nunca las contestaba y dejó de enviarlas con regularidad. —respondí, sabedora que no era eso lo que preguntaba.
—Oh, pobre de ti. —ironizó rodando los ojos.
—No las entendía muy bien de hecho, no sabe escribir muy bien el español… así que no le vi caso a decirte. —proseguí ignorando su actitud.
—Te pidió que vivieran juntos… ¿eso también lo encontraste demasiado irrelevante cómo para decirme?
Me quedé estática ante su comentario. Lo había escuchado. Abrí y cerré mi boca varias veces, intentando encontrar fallidamente la mejor forma de explicarle aquella situación, que seguía pareciéndome delicada y difícil de tratar. Nunca se me dio muy bien eso de hablar de mis antiguas relaciones, en especial de aquellas que habían terminado tan terriblemente mal cómo la de Viktor.
—No es algo que salga en una conversación cualquiera. —me defendí.
—No, pero cuando hablábamos específicamente de él podías haberlo mencionado. —rebatió con aquel anormal tono de voz. —Mira que coquetearle cuando…
— ¿Coquetearle? —repetí incrédula mientras colocaba mis manos a ambos lados de mi cadera, a modo de jarra. ¿Realmente me creía tan cínica cómo para coquetear con otro a sus espaldas? ¿O simplemente quería discutir?
Justo cuando iba a seguir con aquella discusión recaí nuevamente en la posición que él había adoptado, tenía los brazos cruzados sobre el pecho; el entrecejo levemente fruncido en señal de descontento; mirada inquisitiva que no se perdía uno solo de mis movimientos; boca formando una perfecta y delgada línea y su voz intentaba sonar indiferente sin embargo seguía denotando su molestia en cada palabra. Cuando por fin reconocí porque aquella postura me resultaba tan terriblemente familiar abrí la boca en señal de incredulidad mientras mis brazos caían inertes a los costados de mi cuerpo. Una sensación de calidez invadió mi pecho. Esa era la pose que yo misma adoptaba cuando lo veía hablando con otra chica o cuando se le acercaban más de la cuenta…, era una posición de celos.
— ¿Estás…? ¿Estás celoso? —pregunté sin poder creerlo y una sonrisa apareció en mis labios en cuanto Harry desvió la mirada, confirmándolo. —Lo estás. —dije detectando el júbilo en mi propia voz.
Sin poder resistirme más terminé con la distancia que nos separaba, sintiendo cómo mis curvas se adaptaban perfectamente contra la musculatura de su cuerpo. Pasé mis manos por sus hombros y, sabedora que aquello lo relajaba, acaricié con ternura la parte trasera de su cuello mientras la otra jugaba con su cabello sin dejar de sonreír un solo segundo. Me parecía algo completamente inverosímil que alguien del calibre de Harry sintiera celos de Viktor, después de todo, ¿qué tenía que envidar? Él era, por mucho, la persona más maravillosa que había conocido jamás, y no simplemente porque fuera el gran Harry Potter, el niño que vivió, el elegido… jamás lo había visto cómo eso, siempre lo había visto cómo mi mejor amigo, confidente y principal soporte, nunca me detenía a observar o pensar en aquella cicatriz en forma de rayo que se hacía presente en su frente. Mi sonrisa se acentuó al momento que lo sentí relajarse contra mi cuerpo después de soltar un suspiro de rendición. Sus brazos rodearon mi cintura, pegándome más contra sí.
—Mandó a su amigo a distraerme mientras él se te acercaba. —recordó haciendo un adorable puchero infantil.
—No te tienes que poner celoso de Viktor, amor, ni de él ni de nadie. —aseguré sonriente mientras deslizaba una de mis manos a su rostro para acariciar su mejilla.
Aunque había dicho aquello, realmente me gustaba cuando Harry Potter mostraba su lado posesivo y territorial. Era más propio de mí que de él, sin embargo, no podía evitar regodearme y que la felicidad me invadiera los escasos momentos que esto sucedía.
—Merlín, lo siento. —murmuró apenado, alejándose de mí abruptamente y llevándome a observarlo con despecho. No entendía a que se refería hasta que vi cómo se quitaba el abrigo, disparando mi corazón. —No me había dado cuenta que estaba helando. —continuó, pasándome la prenda por los hombros.
Sonreí, igual de sorprendida que él al recaer en la temperatura, hecho que antes había pasado por alto completamente. Quizá debido a que su cuerpo estaba prácticamente sobre el mío, brindándome calor, no me había dado cuenta de cómo la brisa invernal había aumentado su intensidad, haciéndome tiritar de frío y agradecer enormemente su gesto. No esperé un segundo más para refugiarme dentro de aquella túnica de gala que me llegaba casi a los tobillos, conteniendo el impulso de restregar mi nariz contra ésta al momento que el delicioso aroma que lo caracterizaba atravesó mi nariz. Las mangas eran demasiado grandes por lo que las tuve que echar hacia atrás para dejar mis manos libres.
— Gracias. —farfullé, sonrojándome de sobremanera.
Él sonrió al detectar mi latente nerviosismo y se acercó a mí nuevamente, pegando su cuerpo contra el mío y dejando sus manos descansar en mi cintura mientras las mías no tardaron en enredarse alrededor de su cuello. Al estar en aquella posición tan comprometedora lo único que podía ver era su rostro, no era que cuando estuviéramos separados pudiera separar mi vista de él, pero mis ojos se posaron casi por inercia sobre sus labios… los labios que, por derecho, me pertenecían y aun así no había tenido la oportunidad de tocar o rozar más que con la yema de mis dedos. Él pareció darse cuenta ya que estos se entreabrieron, y yo me relamí los míos cómo acto reflejo, pude observar que se debatía internamente antes de agacharse un poco más para estar a la altura de mi rostro.
Yo no pude respirar, no sabía si había olvidado cómo utilizar mis pulmones debido a su cercanía o a la manera tan penetrante con la que me observaban aquellos ojos verdes en ese momento, de los cuales me resultaba imposible separar la vista. Vaciló… no cómo si no estuviera seguro de decir algo, no cómo si repentinamente se hubiera arrepentido de lo que estaba haciendo… no, lo hizo cómo un hombre vacila justo antes de besar a una mujer, ya sea para poder calibrar su reacción o intuir su respuesta. Quizá estaba tratando de alargar el momento, ese ideal instante previo al beso…, de cualquier manera, si no dejaba de observarme de aquella manera o se alejaba lo suficiente para recobrar mi salud mental, terminaría desmayándome. Sentía cómo mis labios ardían mientras su aliento embriagador azotaba contra ellos y mi corazón latía en un ritmo ralentizado, ambos expectantes de aquel anhelado contacto, llevándome al borde de la locura. Entonces sus labios se acercaron peligrosamente a los míos, presionándolos con suavidad. Pero aquello no se profundizó, después de hacer aquel simple contacto de labios hizo un ademán de intentar alejarse.
Lo que ninguno de los dos imaginó fue mi reacción.
Sentí cómo todo a mí alrededor comenzaba a dar vueltas, aun estando con los ojos cerrados podía sentir perfectamente cómo giraba; mi corazón latía frenético; toda mi piel hervía y mi respiración estaba acelerada convirtiéndose casi en un jadeo. Enterré aun más mis manos dentro de su cabello para impedirle que se alejara un solo centímetro y lo atraje nuevamente a mi boca, entreabrí mis labios aspirando su aliento hechizante unos segundos antes de volver a besarlo, esta vez más profundamente. Sus cálidos labios se amoldaron perfectamente a los míos y no tardaron en seguir el ritmo acompasado que había impuesto.
Y todo alrededor desapareció.
No recordaba absolutamente nada, ni donde estaba, ni de donde venía, ni siquiera podía recordar mi propio nombre. De lo único que era consciente era del movimiento de nuestros labios en un ritmo suave, paciente y dulce, al cual seguía sin apenas darme cuenta ya que estaba demasiado ensimismada sintiendo aquellas descargas eléctricas a cada toque de su boca sobre la mía y las sensaciones que repentinamente asaltaban mi pecho. Sonreí a la mitad del beso al detectar aquel gustillo a chocolate que aun tenían sus labios. No supe, ni me importaba saber, cuanto tiempo llevábamos así hasta que sentí algo húmedo deslizarse deliciosamente por mi labio inferior, la lengua de Harry pedía permiso para profundizar aquel beso y mi boca se mostró más que gustosa de concedérselo al momento de abrirse un poco más. Solté un suave gemido sin poder evitarlo en el momento que su lengua se deslizó con cadencia dentro de mis labios, la mía le dio la bienvenida proporcionándole suaves caricias mientras nos sumergíamos en una danza que ambos seguíamos con complacencia. Miles de mariposas… no, aquellas no eran mariposas, era un zoológico entero el que revoloteaba frenéticamente dentro de mi caja torácica. Y esa fue la sensación más maravillosa que había experimentado jamás.
Pero, lamentablemente, la necesidad de respirar se hizo presente y nos vimos obligados a separarnos, ambos con el aliento acelerado convirtiéndose casi en un jadeo. Culminando un perfecto primer beso. Dejé pasar unos segundos reglamentarios para recuperar el aliento perdido, aun con los ojos cerrados y sin estar segura de mi propia identidad, para volver a besarlo. Pero ésta vez no fue tierna ni delicada cómo la primera, nuestros labios se mostraron más exigentes y nuestras lenguas no parecían dispuestas a darse simplemente tranquilas caricias ya que, tan pronto cómo la mía invadió su boca, se desató una guerra que no tendría ganador. Y así, entre aquellos perfectos y deliciosos besos, sus manos sobre mi cintura y las mías enterrándose en su sedoso cabello negro azabache, me di cuenta que había encontrado un nuevo pasatiempo además de jugar con su cabello. Definitivamente besarlo me había creado una especie de adicción, que con el tiempo se haría dependencia, y sería en lo que pasaríamos mucho de nuestro tiempo libre…, por mi parte pasaría todo el tiempo haciendo aquello sin ningún problema.
—Merlín. —soltó en un suspiro cuando nuestro cuerpo volvió a exigir oxigeno.
Sonreí mordiendo mi labio inferior. Y, justo cuando me disponía a besarlo nuevamente, abrí los ojos de par en par al sentir algo frio y duro detrás de mi espalda, acallé rápidamente un grito de sorpresa que amenazó con salir de las profundidades de mi garganta al momento que me di cuenta que estaba recargada contra el árbol… ¿Cuándo me había aprisionado así? ¿Cuánto tiempo llevábamos besándonos? No sabía que era peor, no saber la respuesta a ninguna de las dos cuestiones o el hecho de que me importara un carajo. Muy a mi pesar y sin poder evitarlo, Harry se despegó un poco de mí para darme espacio, rompiendo nuestro agarre mientras una sonrisa triunfal se expandía por sus labios.
— ¿Se puede saber… porque no lo habías hecho antes? —inquirí con la respiración entrecortada.
Había sido egoísta, muy egoísta de su parte el guardarse aquella increíble habilidad para besar sólo para él mientras yo sufría en silencio. Definitivamente el tiempo que no lo hizo lo había hecho simplemente para torturarme. O eso pensaba hasta que, a pesar de la poca iluminación que la luna nos proporcionaba, distinguí cómo sus mejillas se sonrojaban e iniciaba un nervioso jugueteo con sus dedos.
—Por nada en especial, amor. —dijo haciendo aumentar mis sospechas de que ocultaba algo. Él nunca se sonrojaba a menos que me mintiera o le diera pena admitir algo.
— ¿No me besaste en casi tres semanas "por nada en especial"? —presioné. Más le valía tener una gran excusa para atormentarme todo aquel tiempo.
—Bueno…, nunca se dio la oportunidad y yo…
—Harry James Potter. —interrumpí y pareció alarmarlo que lo llamara por su nombre completo, probablemente porque sólo hacía aquello cuando lo reprendía. —Te conozco mejor que a la palma de mi mano y, además de ser mi novio, eres mi mejor amigo desde hace cinco años… creo que ya deberías de saber que puedes engañar a todo el mundo mágico, pero no a mí. —finalicé mirándolo con seriedad.
Él soltó un bufido de inconformidad y desvió la vista para clavarla firmemente en el suelo, posiblemente repasando en su cabeza lo que le acababa de decirle. Pareció darse por vencido y admitir que yo tenía razón ya que, cuando me miró de nuevo, sus ojos detonaban cierto nerviosismo.
—Yo… estaba nervioso. —dijo y pude percibir que le era extraordinariamente difícil admitir aquello.
— ¿Nervioso? —repetí suavizando mi voz, incitándolo a continuar.
—Bueno, yo no… yo no había besado a nadie antes. —admitió hablando rápidamente y acentuando el sonrojo en sus mejillas, obligándome a abrir mis ojos de par en par.
— ¿Qué? ¿Tú no…? Es decir, ¿tú y Cho nunca…?
—No. —interrumpió aumentando la velocidad con la que jugueteaba con sus dedos. — Y creí que… no sé, te besaría tan increíblemente mal que me dejarías… o que no querrías hacerlo de nuevo. —dijo y, a pesar que lo había dicho en tono bromista y sonreía con sorna, supe que realmente había pensado eso.
Sonreí con ternura antes de abalanzarme nuevamente sobre él para proclamar sus labios, en un intento de hacerlo olvidar aquellas ridículas conjeturas, quienes respondieron rápidamente mi casto beso. Sentí cómo mi pecho se inflaba de orgullo mientras mi estómago sufría aquellos espasmos, cómo cada vez que él me tocaba. Yo había sido su primer beso. Harry Potter tenía tantas facetas que me era imposible nombrarlas a todas pero, sin duda alguna, aquella era mi preferida; la vulnerable e infantil. No la mostraba con regularidad, antes o después del hechizo Insensus él no solía demostrar sus temores, intentando siempre mantener aquella actitud de hombría a pesar de todo… de hecho, únicamente conmigo solía decir en voz alta sus inquietudes y se mostraba temeroso, quizá era por eso que era mi favorita. Y, en ese instante, una dulzura me embargó al imaginar que posiblemente el pensamiento de que besara mal lo había estado torturando tanto cómo a mí el hecho de que no lo hiciera.
—Créeme, si no me hubieras dicho que soy tu primer beso no me hubiera ni enterado, de hecho, sigo sin creerlo del todo. —aseguré con sinceridad.
Aquello era verdad. Me resultaba improbable que una persona besara tan deliciosamente bien desde el primer intento. Sin poder evitarlo, se me vino a la mente la escena de mi propio primer beso, el cual no había sido más que un torpe y húmedo jugueteo de labios en el cual no sentí nada más que una gran incomodidad y, a juzgar por la cara de Viktor tenía después de éste, él también. Suspiré pensando que la que debió haber estado preocupada de ser una terrible besadora debí haber sido yo. Agradecí mentalmente a Merlín por darle a Harry aquel extraño don de, sea lo que sea lo que se propusiese, siempre lograr hacer las cosas a la perfección y con naturalidad.
—Y, aunque hubieras besado tan terriblemente mal cómo dices, no hubieras logrado deshacerte de mí con tanta facilidad. Hubiera estado día y noche besándote hasta que entendieras de qué iba la cosa. —continué mientras acariciaba mi nariz contra la suya cariñosamente, sintiéndome satisfecha cuando su hermosa sonrisa volvió a su rostro.
—Eres maravillosa, ¿lo sabías? —preguntó retóricamente haciéndome sonrojar.
—Y tú no te quedas atrás, corazón. Ahora párate derecho para arreglar éste desastre.
Me obedeció rápidamente aunque, a juzgar por su expresión, era fácil adivinar que no tenía idea de a que me refería.
—Lumus Máxima. —conjuré e inmediatamente una bola de luz salió desprendida de mi varita, posicionándose sobre nosotros para proporcionarnos un alumbrado.
No pude evitar soltar una risa y sonrojarme de sobremanera al recaer en sus labios, provocando que Harry me mirara con recelo, estos tenían esparcidos mi lápiz labial rojo por toda la superficie, traspasando inclusive el contorno de su boca, dejando más que en claro que había tenido una gran sesión de besos. ¿De verdad nos habíamos besado tan apasionadamente? Saqué un pañuelo ignorando sus quejidos cuando lo restregué contra de su boca para limpiarla. Una vez que estuve conforme con el resultado, y sonreír ante la expresión incrédula de Harry al momento de ver los restos de labial que le había quitado, me dediqué a acomodar su vestimenta que parecía totalmente fuera de lugar.
—Joder, después de todo lo que sufrí para hacerla, no duró ni la mitad de la noche. —murmuró viendo con pesadez su ahora deshecha corbata negra.
—Debiste haberme dicho. —dije mientras mis manos se ocupaban de anudar nuevamente la prenda.
— ¿Cómo…? ¿Cómo hiciste eso? —inquirió maravillado y abriendo los ojos con sorpresa después de que terminé.
Tomó el nudo con una mano tirándolo suavemente para comprobar que estaba bien hecho. Me reí despreocupada al imaginarlo frente al espejo lidiando con aquel pedazo de tela, que probablemente le había tomado hacer más de una hora.
—Tengo un padre, ¿sabes? —murmuré distraídamente cómo respuesta mientras acomodaba las solapas de su cuello. —Él tampoco es muy bueno en esto de arreglarse. —proseguí.
— ¡Hey! Dame un poco de crédito, por lo menos duró un tiempo. —se defendió.
—Y hubiera durado más si no hubieras estado tratando de deshacerla a cada minuto.
— ¡Intentaba ahorcarme!
—Ajá, al igual que tu camisa supongo ¿no? —contrataqué mientras mis dedos abrochaban los botones que habían sido abiertos deliberadamente.
—Quizá estén de parte de Voldemort. —sugirió encogiéndose de hombros, haciéndome reír.
—Ya decía yo que las prendas tarde o temprano se rebelarían. —dije siguiéndole el juego. —Porque a mí estos zapatos me están matando. —me quejé mientras apoyaba una mano sobre su hombro, usándolo cómo soporte mientras la otra se deshacía del calzado.
—Por Merlín, ¿cómo aguantaste esas cosas? —inquirió al notar cómo mi estatura bajaba considerablemente.
—Era un baile. —respondí encogiéndome de hombros. —Tenía que verme bien. —agregué adquiriendo un sonrojo.
"Bien para ti" corrigió una voz en mi cabeza, pero no fui capaz de decir aquello en voz alta.
—Esa no es razón para arriesgarte a perder los pies. —rebatió y, aparentemente cansado de que alisara la tela de sus hombros, me tomó de la cintura. —Además, tú te ves hermosa con cualquier cosa. —aseguró depositando un suave beso sobre mi frente y sentí cómo mi estómago daba un retorcijón de felicidad, sus cumplidos siempre me halagaban mucho más de la cuenta.
Sonreí cuando él se tuvo que inclinar aun más que antes para quedar frente a mi rostro y mi corazón volvió a latir erráticamente ante su cercanía, haciéndome preguntar cuando esa reacción primeriza desaparecería… probablemente nunca. Suspiré satisfecha dejando caer mi cuerpo hacia atrás para quedar recargada contra el roble de nuevo, sus manos descansaban a sobre mis costados y las mías envolvían firmemente su cuello. Entrecerré los ojos al sentir sus cálidos labios rozando los míos y, extasiada ante ese nuevo contacto y sintiendo aquellas descargas eléctricas, me quedé ahí sin atreverme a romper el momento al besarlo o moverme un solo centímetro.
—Te extrañaré tanto.
—Y yo a ti. —no fue hasta que escuché su contestación cuando me di cuenta que había dicho aquello en voz alta.
—Entonces… entonces no te alejes. —rogué en lo que me pareció millonésima ocasión.
Me separé un poco de él al hacer mi cabeza hacia atrás, sabedora que no podría pensar racionalmente al sentir sus labios… de por sí, me era casi imposible mantener pensamientos coherentes al tener su cuerpo prácticamente sobre mí. Lo escuché suspirar cansinamente, sabía que estaba harto de que le pidiera pasar las vacaciones con los Weasley… pero me era casi inconcebible imaginar pasar navidad y año nuevo en su ausencia. Lo necesitaba ahí… abriendo regalos, colándose a mi habitación por las noches para hablar, rogándome que jugara Quidditch con ellos, riéndose ante mis fallidos intentos de hacer un pastel al estilo muggle, ayudando para la preparación de la cena de navidad… inclusive su simple presencia bastaría.
—Sabes perfectamente bien que no soy bienven…
—Lo eres. —tajé, tomando el hecho de que no me hubiera respondido con un contundente "no" cómo un avance. —Te extrañan, cariño, no puedes simplemente desaparecer de sus vidas.
—Sí puedo. —aseguró con altanería.
—No debes. —corregí. —Por favor, aunque sea para dejar las cosas arregladas…
Mordí mi labio inferior al notar lo chantajista que me había convertido sólo para lograr mi cometido. Y me sentí aun peor al aceptar que estaba más que dispuesta a caer más bajo si eso hacía que aceptara.
—Lo pensaré, ¿vale? —ofreció, aparentemente desesperado por cerrar el tema.
— ¿Lo prometes? —suspiré con rendición al verlo asentir. —Vale.
—Ahora…—supe que planeaba algo en el momento que su cuerpo se pegó aún más contra mí y sus ojos resplandecieron maliciosamente, sólo atiné a sonreír con complicidad y relamerme los labios. — ¿Qué te parece… si fingimos que beso terriblemente mal… y tienes que besarme día y noche para que entienda? —propuso en un tono de voz que haría lo que sea que él me pidiese.
—Encantada. —alcancé a murmurar antes de que sus labios se apoderaran de los míos, sintiendo cómo mis pies flaqueaban y mi corazón sufría un vuelco ante su proposición. ____________________
Ahí está el primer beso :D Éste capitulo fue muy,MUY, romantico y espero que no les moleste. pero de aqui en mas empiezas los problemas :D****No, no me miren así. No esperaban que Voldemort estuviera dormido todo el fic... o sí? ._.Y aquí empiezan mis muy conocidas "PD's"PD1: ¿Les gustóPD2: Última oportunidad. ¿Hermione acompaña a Harry en el ataque al ministerio o no? :3PD3: Luna será la mejor amiga de Harry y Hermione. En ésta historia los pelirrojos son excluidos e ignorados, sus participaciones son mínimas. No los odio... sólo no los quiero aquí. ¿O quieren que haya más Ginny y Ron? ¡Muchas gracias a todos!