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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 17

Por primera vez en mucho tiempo sentía aquella extraña sensación de incomodidad embargando la mayoría de mi cuerpo, y un cosquilleo en las palmas de mis manos que me impedía dejarlas quietas por más de unos cuantos segundos. Había sido tan carente de sentimientos por tanto tiempo que por poco había olvidado cómo se  sentía la ansiedad, aquella preocupación de no ser lo suficientemente bueno para superar las expectativas de los demás… pero, en éste caso, mi cometido no era otro que impresionar, o por lo menos lucir aceptable, para cierta castaña. Conociéndola tan bien como lo hacía estaba totalmente seguro que se había levantado increíblemente temprano para comenzar a arreglarse, su cabello sería víctima de varias pociones alisadoras para darle la pinta del año pasado durante el baile… aunque esto no lo sabía, la noche anterior -y desde hace varios días- había intentado descubrir que vestido se pondría o, por lo menos, averiguar el color de su pintalabios. Pero ella se negaba rotundamente a darme cualquier pista, por mínima que fuera, cambiando de tema o diciéndome que lo vería después. Y ahora que por fin ese después había llegado me sentía completamente nervioso.

Ella era mandona, posesiva, controladora, esquizofrénica sin mencionar que una amante de las normas y una limpiadora obsesiva-compulsiva, quería tener el control sobre todos los aspectos de su vida… y nunca antes me había sentido tan atraído por las imperfecciones de una persona. Hermione se había convertido en una adicción para mí. Cada una de sus manías, características, facetas, expresiones… todo lo referente a ella lo encontraba hechizante, como si lo hiciera a propósito con el único fin de enamorarme y, si  ese era su plan, le estaba funcionando perfectamente.

Agité mi cabeza intentando sacarla de mi mente y concentrarme en mi persona. Me miré de reojo en el espejo que tenía enfrente una vez más y, al aceptar que no podía hacer nada más con mi apariencia, me di media vuelta dirigiéndome a la salida. Me dirigí a mi baúl abriéndolo rápidamente y busqué aquel pequeño arreglo que había conseguido hace unos días, lo tomé entre mis manos dudando unos segundos si debía volver a ponerlo en su lugar o seguir con mi plan y entregárselo a Hermione… no estaba seguro si aquello lo tomaría como un lindo detalle o una completa ridiculez, yo lo veía como la segunda opción, sin embargo, a ella siempre la habían gustado los pequeños gestos.  Finalmente lo tomé soltando un suspiro y bajando las escales de caracol.

Aquella túnica de gala era verdaderamente molesta para correr, sin mencionar que la corbata estaba amenazando seriamente con ahorcarme. Cuando bajé a la sala común no me quedó duda alguna que no era el único al que aquel baile estaba sacando de sus cabales. Todos tenían expresión de estar a punto de vomitar y no hablaban mucho. Algunos hacían un jugueteo nervioso con sus manos y no dejaban de girarse cada pocos segundos a las escaleras del dormitorio de chicas.  Me recargué contra uno de los libreros decidiendo ignorar aquella extraña situación y agradeciendo que no hubiera tanta gente en la habitación, probablemente los demás Gryffindors habían invitado a mujeres de otras casas.

— Olvidaré los pasos… ya lo verán, haré el ridículo y McGonagall me matará frente a todos. — murmuró Neville con exaltación mientras caminaba en círculos.

— Oh, vamos, no nos matará por olvidar unos cuantos pasos… ¿o sí? — preguntó Ron con angustia.

—No los olvidaran, los hemos practicado tanto que ahora incluso sueño que bailo. — tranquilizó Dean.

Aquello era verdad. Minerva McGonagall al ser el jefe de la casa Gryffindor nos había hecho practicar una y otra vez la coreografía que bailaríamos en la ceremonia de bienvenida, tanto así que habíamos sufrido de una leve cojera algunos días. Aunque los bailes no los habíamos hecho con parejas o siquiera en grupo, la profesora había separado a los hombres de las mujeres imponiéndonos diferentes horarios de ensayos, he de admitir que el estar bailando con el aire durante horas había bajado considerablemente mi casi nulo autoestima.

— ¡Hey!

En un movimiento uniforme todos nos giramos a ver a la autora del alarido. Al final de las escaleras la cabeza flotante de Parvati se asomaba por el muro, tenía un peinado muy elaborado e iba demasiado maquillada para mi gusto, nos estaba echando una mirada evaluativa antes de sonreír y guiñarnos el ojo en gesto de aprobación. Estaba inclinada de tal manera que únicamente pudiéramos ver su cabeza, haciendo que el resto de su cuerpo fuera cubierto por la pared.

— ¡Marchaos! ¡Deben de esperar en el vestíbulo! — ordenó y, antes de que alguien pudiera protestar, desapareció.

Muchos soltaron un bufido de exasperación antes de encaminarse al lugar susodicho. Se veían claramente alterados, incluso los gemelos Weasley tenían una mueca perturbada en lugar de sus típicas sonrisas burlonas. Los seguí comprendiendo que aquel no sería igual al baile del año anterior, ni siquiera parecido, habían dejado en claro que era de asistencia obligatoria -únicamente del 5to año en adelante, los demás no podían asistir a no ser que fueran invitados por un superior- pero al tratarse de la escuela Durmstrang como invitada, que era únicamente de hombres, las mujeres de Hogwarts se habían convertido en algo así como un tesoro… un tesoro que tendrían que ganar antes de que otro se lo arrebatara. Al bajar hacia el vestíbulo me di cuenta que los alumnos del instituto vecino lo habían invadido ya, todos ellos vestían una túnicas color rojo sangre con detalles negros junto con una capa de material tupido y felpudo, cosa que se me antojó ridícula debido a que el clima dentro del castillo era templado para usar tan calurosa prenda.  Inmediatamente aquel sitio fue dividido en dos bandos, del lado derecho estaban los de Hogwarts y del izquierdo los de Durmstrang. Ambos se examinaban con la mirada, incitándose a iniciar una pelea. Me quedé inmóvil en mi sitio intentando que la incomodidad por estar rodeado de tanta gente comenzara a invadirme.

Justo cuando comenzaba a desesperarme atisbé movimiento al final de las escaleras, me giré para observar como varias mujeres bajaban con increíble lentitud, como esperando ser apreciadas, entre ellas Parvati y Lavender. Pero mi atención fue rápidamente dirigida a la que venía detrás de ellas.

Sentí como mi mandíbula se desencajaba de tan sólo verla. Tenía un vestido de tirantes color morado de una tela vaporosa; su cabello no era la misma maraña de siempre, estaba ingeniosamente recogido mientras una fina trenza en forma de tiara se hacía presente sobre su coronilla y unos cuantos bucles caían libremente por el lado izquierdo de su rostro. Su maquillaje era tenue usando sólo rímel resaltando sus ojos color miel mientras sus labios resplandecían por el brillo colocado, curvados hacia arriba en esa sonrisa torcida que aceleraba mi ritmo cardiaco. Hermosa no era una palabra lo suficientemente fuerte para calificarla, se veía mucho más que eso. A su lado Fleur Delacour  parecía Myrtle la llorona, y eso era mucho decir.

Todos los presentes nos quedamos en una clase de estado catatónico al verlas bajar, nadie movía un solo musculo para ir a recibirlas o siquiera respiraban con tranquilidad. No solamente yo noté que Hermione era, por mucho, la más hermosa mujer en aquella habitación ya que la mirada de los Durmstrang no tardó en fijarse sobre ella, lo que me obligó a ser el primero en acercarse. Mis rodillas amenazaban con flaquear mientras aquel sentimiento de nerviosismo se iba acentuando a cada paso que daba. Sentía las miradas de los demás clavadas en mi espalda, secas, ácidas, pero al momento que sus ojos se cruzaron con los míos cualquier otro pensamiento que no la involucrara a ella desapareció. La esperé en el pie de la escalera y, cuando estuvo más cerca, le extendí mi mano libre la cual tomó sin chistar acercándose a mí con una sonrisa que mostraba su perfecta dentadura.

— Será mejor que cierres la boca, cariño, se meterán varias moscas. — aconsejó pero el júbilo en su voz me hizo entender lo complacida que la había dejado aquel gesto.

Le hice caso casi por inercia mientras sonreía por primera vez en la noche. — Te ves hermosa. — dije impresionado depositando un suave beso en su mejilla.

— Siempre ese tonito de sorpresa. — reprendió frunciendo levemente el entrecejo.

— Esperaba que te vieras tan bien como el año pasado… pero, por Merlín, pareces una veela.

Tan rápido como acabé la oración un sonrojo se apoderó de sus mejillas y un resplandor muy particular brilló en sus ojos. — Y tú te ves increíblemente apuesto. —opinó e inmediatamente su mirada se dirigió a la pequeña caja que sostenía.


Me quedé observándolo perdidamente unos segundos. Tenía puesta una túnica de gala color negra y su camisa interior gris estaba cuidadosamente fajada dentro de su pantalón, dándole aquel aire misterioso y elegante que emanaba regularmente. Se veía bien… demasiado bien. Es decir, él era sin lugar a dudas el hombre más apuesto de Hogwarts: cabello negro alborotado que le llegaba poco menos de la frente, los ojos verdes más hermosos que había visto en mi vida, una sonrisa perfecta que lograba acelerar mi ritmo cardiaco, cuerpo ben formado debido a los entrenamientos de Quidditch, incluso los hoyuelos que se formaban en sus mejillas cada vez que sonreía lo hacían ver más galán… pero verlo así de elegante hacía que un leve tembloteo se apoderara de mis piernas mientras sentía que mi corazón explotaría. Cuando por fin pude apartar la vista de su perfecto rostro me enfoqué rápidamente en la pequeña caja que mantenía en la mano que no estaba sosteniendo la mía.

— Ah, sí, yo… conseguí esto. — dijo dejándome ver el contenido.

Sentí como mi corazón se me subía a la garganta al ver aquello y por reflejo me tapé la boca que se había abierto de la impresión. Era un corsage… el corsage más hermoso que había visto en mi vida. Consistía en una rosa blanca con varias flores color lila bajo esta, dándole un toque elegante y que encajaría perfectamente con mi vestido. Me conocía tan bien.

— Sé que no es muy común usarlo para eventos mágicos. Pero… pensé que te gustaría. — dijo claramente nervioso. — Si no quieres ponértelo está bien, lo hice porque es tradición en… 

—Me encanta. —lo interrumpí con los ojos cristalinos, nadie nunca había hecho un gesto tan lindo por mí.

Él me miró claramente preocupado de que estuviera a punto de llorar, pero finalmente tomó aquel arreglo floral mientras yo extendía mi muñeca derecha y él colocó la pulsera con gentileza. Lo miré y en sus labios apareció esa sonrisa angelical que tanto me gustaba. Cuando miré por encima de su hombro sentí mi rostro palidecer; todos nos estaban mirando, absolutamente todos los presentes habían contemplado la escena con interés y pude distinguir la envidia en todos los ojos de las mujeres… cosa que sólo me hizo sonreír, no era mi culpa tener el mejor novio presente… y del mundo entero. Me puse a su lado tomando su brazo y comenzando a caminar hacia el gran comedor. Las miradas lascivas que le estaban echando hicieron que me aferrara aún más a él, como si quisiera dejar en claro que estaba conmigo.

— Así debió ser el año anterior.

— Sí, pero tú no podías separar los ojos de Cho. — repliqué rodando mis ojos. 

— Ni tú de Krum. — contraatacó.

Estuve a punto de rebatir pero justo en ese momento las puertas del gran comedor se abrieron, dejándonos ver su interior. En lugar de las enormes cuatro mesas estaban centenares de estas pequeñas, con una capacidad de diez personas por lo menos; las paredes tenían un papel color rojo oscuro con detalles negros, probablemente en honor a los colores favoritos del colegio Durmstrang y había muchos muérdagos y hiedras colgando del techo. Todos se apresuraron a entrar vaciando el vestíbulo. Esperamos pacientemente sin poder hablar debido al bullicio que se escuchaba y, cuando no quedaba nadie más, nos dispusimos a entrar.

— ¡Potter, Granger! — nos llamaron con tanto ímpetu que me sobresalté.

La profesora McGonagall arremetió contra nosotros obligándonos a retroceder, cerrando la puerta tras de sí. La miramos ceñudos pero no rebatimos ya que lucía verdaderamente consternada.

— Bailaran, ustedes. — sentenció

— ¿Qué?

— ¡Bailaran, ustedes! — repitió más fuerte, como si eso lo aclarara. —  Olvidé que sólo dos alumnos tenían que bailar para representar a Gryffindor, y como ustedes son los que más virtudes tienen en éste campo, ¡enhorabuena! — felicitó.

En ese segundo las puertas se abrieron estrepitosamente y varias parejas cuyos integrantes no identifiqué entraron por esta, pero no apresuradamente como los demás, sino más bien como si aquello se tratara de un desfile de moda.

— ¡No nos avergüencen! — dijo colocándose a nuestras espaldas y empujándonos de tal manera que no nos quedó más remedio que seguirlos.

Me aferré al brazo de Harry como si mi vida dependiera de ello y cuando cruzamos la puerta unos sonoros aplausos se hicieron presentes, justo como el año anterior cuando pasé agarrada de la mano con Viktor Krum. Pero esta vez lo sentía tan distinto, me sentía segura y con un bienestar general al estar junto a Harry… y cuando me giré para verlo y vi sus ojos color esmeralda observándome fue como si todo el comedor desapareciera. Nos colocamos  en posición y una de sus manos me tomó de la cintura mientras la otra se apropiaba de mi mano, alzándola en el aire. Dejé mi mano libre reposando sobre su hombro mientras la música empezaba a sonar y, tan pronto como aquel verso singular llegó, comenzamos a movernos. Aquel baile no se parecía en nada al bailoteo improvisado que habíamos efectuado semanas atrás, este era mucho más dificultoso sin mencionar que requería que nos moviéramos mucho más rápido con pasos más hábiles y certeros. Tan pronto como el baile empezó no me quedó duda alguna de porque McGonagall había escogido a Harry… era tan bueno bailando que lo único que yo necesitaba hacer es dejarme guiar por él, dejando mi cuerpo laxo.

— ¿Cómo lo haces? — le pregunté sin poder contenerme.

— ¿El qué? — dijo frunciendo el entrecejo.

Antes de poder contestar me tomó de la cintura con ambas manos, levantándome por los aires y dando una vuelta de 360°, robándome el aliento antes de volver a pisar suelo firme. Vi de reojo una persona tendida en el suelo, probablemente su pareja no había sido lo suficientemente fuerte como para mantenerla a flote. Sonreí y recargué mi rostro contra su pecho, intentando ignorar las múltiples bullas y vítores  que esta acción desencadenó.

— Definitivamente, así debió ser el año anterior. — confirmé.

Mientras se escuchaban los últimos versos de aquella melodía levanté mi rostro para ver el suyo, perdiéndome en aquellas facciones increíblemente perfectas y esos ojos verdes tan semejantes al jade.

— Es la segunda vez que McGonagall me hace esto. — se quejó cuando terminó la pieza y los aplausos invadieron la habitación.

Bajé nuestras manos entrelazadas sin romper el agarre y él se me quedó mirando, evaluándome antes de suspirar.

— Estoy seguro que no has comido desde la mañana y te estás muriendo de hambre. — acusó observándome reprobatoriamente con un deje de diversión.

Como acto reflejo me llevé una mano a mi estómago, temerosa de que este rugiera y terminara de comprobar lo que él había dicho… a veces realmente detestaba que me conociera tan bien.   Sonrió ante mi reacción y, sin esperar mi consentimiento, me tomó de la mano guiándome a la mesa más cercana y desocupada. Jaló suavemente una de las sillas invitándome a sentarme y, cuando lo hice, la empujó nuevamente para que quedara como estaba. Esos gestos caballerosos Harry ya los hacía mucho antes de ser novios pero, después de serlo, estos se habían intensificado haciéndome sentir segura y la mujer más afortuna del mundo.

— Jamás pensé que esto llegaría a pasar. — admití mientras él se dejaba caer en el asiento contiguo.

— ¿Qué cosa? — preguntó, girando su asiento para poder verme mejor.

— Nosotros… es decir, siempre quise ser tu novia, pero creía que era simplemente imposible.

— ¿Tú qué? — se exaltó mirándome con impresión.

— ¡Oh, vamos, Harry! ¡No me digas que nunca lo notaste! — dije exasperada.

— ¡No, claro que no!

— Normal, seguramente estabas demasiado ocupado pensando en otras como para notarlo. — murmuré rodando los ojos.

— Y yo jamás pensé que fueras celosa. —reprochó mientras depositaba un suave beso sobre mi sien, haciéndome sonreír. Ni siquiera yo misma lo sabía.

Apuesto no era una palabra lo suficientemente fuerte para describirlo… era perfecto, y aún más aquella noche. Estaba acostumbrada a verlo con el uniforme escolar encima; los primeros botones de su camiseta abiertos, las solapas desarregladas y la tela de sus brazos remangada con desgana; su cabello alborotado y una expresión de aburrimiento y total desinterés grabada en su rostro, y de esa manera lo encontraba excesivamente bien parecido llegando a compararlo incluso con Adonis. Pero no había sido hasta ese día que me di cuenta lo verdaderamente irresistible que podía llegar a ser.

—  Pastel de chocolate. —  lo escuché murmurar.

Volteé a verlo justo en el momento que una rebanada aparecía encima de aquel plato dorado, que ni siquiera había notado hasta ese momento.  El sistema de cena consistía en pedir en voz alta lo que deseabas comer, y este aparecía mágicamente sobre el plato de enfrente… literalmente.

— ¿Te cuesta tanto comer algo saludable? — lo reprendí después de pedir espagueti. —  De verdad, hay miles de enfermedades que puedes contraer por consumir sólo alimentos azucarados.

— Lo dices como si no hubiera cura para todas esas enfermedades, amor. — respondió. Era la centésima vez que discutíamos por aquello.

No llevábamos mucho tiempo de noviazgo, sin embargo, no nos había tomado más de unos cuantos días acostumbrarnos a no llamarnos más por nuestros respectivos nombres, ahora estos eran reemplazados con "amor", "corazón", "mi vida" y toda esa clase de sobrenombres románticos que más de una vez durante mi infancia había jurado nunca decir. Pero todo era tan sencillo estando con él, nunca me había sentido tan… completa. Era como si, de alguna manera, nosotros perteneciéramos a estar juntos desde un principio. Él tenía mi felicidad entera en sus manos y si aun cuando éramos sólo amigos no podía imaginar mi vida sin él ahora me era completamente inconcebible. Mi universo entero giraba a su alrededor. Con alguna otra persona hubiera dicho que aquello no era más que un enamoramiento momentáneo, pero el que mi corazón siguiera acelerándose ante su cercanía; que continuara sonrojándome cada vez que teníamos contacto visual; el sentirme la persona más afortunada del mundo con tan sólo tomar su mano o que me encantara que me dijera frases o apodos románticos como lo hacía me dejaba más que en claro que estaba total y perdidamente enamorada de Harry Potter.

Yo jamás había imaginado que Harry sería tan buen novio, tanto así que a veces dudaba que él nunca hubiera tenido una relación antes, o quizá aquella era una de las miles de cosas que sabía hacer con naturalidad. Llevaba mi mochila, se levantaba de su asiento cuando yo llegaba tarde a la cena, me prestaba su abrigo, tomaba mi mano... un estremecimiento me recorrió de tan sólo recordad el contacto de su piel sobre la mía. Y a mí no me daba ninguna clase de corte el llegar y sentarme sobre su regazo cuando leía un libro o besar cualquier parte de su rostro… Aunque había algo que me tenía levemente preocupada. Suspiré llevándome el tenedor con espagueti a mis labios distraídamente. Él no me había besado. Es decir, en la actualidad las parejas ya se estaban prácticamente comiendo en algún lugar donde la oscuridad predominara el mismo día de la proposición… pero él era tan… fuera de lo convencional. Sabía que Harry lo deseaba, más de una vez lo había sorprendido mirando mis labios perdidamente pero, por algún motivo, no lo hacía. Más de una vez me había planteado la posibilidad de que estaba torturándome, probando cuánto tiempo soportaría antes de arrojarme a sus brazos para proclamar sus labios y, debía admitir, no faltaba mucho para que eso pasara.    Al pensar en aquello volteé para observarlo con una mirada crítica, estaba comiendo su pastel con un ritmo acompasado, relamiendo sus labios cada cierto tiempo para quitar los restos de betún que quedaran sobre estos… definitivamente me estaba torturando.

— Estaba pensando…— dijo abruptamente viendo al vacío. — Que sería buena idea visitar Rumania, ¿no crees?

— ¡No! —dije aquello con tan tanta exaltación que se giró a verme alarmado.

— ¿Por qué no?

— Ahí están los dragones… y tú tienes esa maldición de salir gravemente herido de cualquier lugar que vas, por lo que no sería una muy buena combinación. — medité, intentando que no notara aquel rubor que se había apoderado de mis mejillas.

— Oh, vamos, no será como si me fuera a meter en la jaula. — rebatió rodando los ojos.

—Aun así, amor, me tendría preocupada el saber que estas en otro país conviviendo con dragones… de hecho, con la locura que se está desencadenando en el mundo mágico, sería mejor que no salieras mucho. — opiné mordiendo mi labio inferior.

Hacía días ya que un encabezado de "El Profeta" había llamado particularmente mi atención. "Revolución: El niño que mintió". En el artículo no paraban de opinar que Harry y Dumbledore estaban montando una escena del regreso de Voldemort para confundir al mundo mágico y de esta manera iniciar un levantamiento en contra del ministerio. Y esto no era lo peor, aparentemente la gente se estaba creyendo aquel cuento y, por tanto,  no estaban precisamente contentos con Harry. No quería ni imaginar lo que alguno de esos magos carentes de escrúpulos podrían llegar a hacerle si se lo encontraban un día por la calle… e imaginarlo en peligro era algo que me causaba pavor, era mi peor pesadilla materializada. Por lo que prefería que se quedara en casa de sus tíos a estar vagando por Europa como seguro tenía planeado.

— Te preocupas demasiado. —reprochó y al notar mi mirada intimidante agregó: — ¿Y si te enviara cartas todos los días? Así sabrías que estoy bien y de paso te contaría todo lo que me ha pasado.

Mordí mi labio inferior mientras lo observaba, entrecerrando levemente mis ojos. Al pensar detenidamente en aquello recaí en que no era tan mala opción… es decir, estaba preocupada de que no sabría nada de él en todas las vacaciones y, de esta manera, me aseguraba mantenerme al tanto de lo que hacía, además, siempre me había emocionado recibir cartas de él. Suspiré. Tenía un novio que era experto en el arte manipular las mentes… especialmente la mía.

— ¿Todos los días? — repetí y Harry tomó aquello como un gesto de rendición ya que una sonrisa apareció en sus labios.

— Bueno, considerando que Hedwig está enojado conmigo por tu culpa, creo que a veces las cartas tardarían en llegar.

— ¿Y yo que tengo que ver en la relación con tu lechuza?

—Se ha molestado porque ya no le presto atención como antes… debido a que mi novia es bastante caprichosa. — respondió con indulgencia besándome rápidamente la frente.

— Una ironía que venga de ti, considerando que ayer no me dejaste hacer mi ronda de prefecta.

Un sonrojo se expandió por mi rostro al decir aquello, después de todo, él no me había obligado a nada. Había sido yo la que había optado por quedarse en la sala común sentada en el sofá, tenía una mano ocupada sosteniendo el libro de historia de la magia mientras la otra acariciaba el cabello y rostro de Harry, quien estaba acostado sobre el sillón apoyando su cabeza sobre mi regazo. Esa posición se había vuelto común entre nosotros y era tan increíblemente cómodo perder el tiempo mientras él se queda dormido sobre mí, soltando suspiros de complacencia ante mis caricias que no importaría renunciar al cargo de prefecta para poder hacer aquello durante toda la tarde libremente.   Aunque había cierta verdad en lo que Harry había dicho, ambos éramos bastante caprichosos en cuanto al cariño del otro se trataba. Yo me ponía de muy malos humos cuando él tenía alguna práctica de Quidditch o ronda de prefecto a la cual yo no podía asistir, tanto así que él tenía que darme un trato especialmente bueno desde el día anterior para apaciguar mi mal humor venidero. Éramos total y perdidamente dependientes del otro, tanto yo como él. Sus palabras, cariños, contacto y hasta su simple presencia eran más que necesaria para mí… lo amaba, lo amaba tanto que casi dolía y si ese día mismo día me pidiera matrimonio ni siquiera lo pensaría antes de aceptar.

— ¿Somos una pareja normal? — lo escuché decir más para sí mismo que para mí.

— No. —respondieron unas voces al unísono, haciéndome voltear sorprendida.

Luna y Neville estaban en los asientos delanteros, mirándonos con cierta diversión plasmada en los ojos.  Luna tenía puesto un vestido color azul acuoso con unos cuantos detalles amarillentos, encajando de esta manera con sus ojos y el color de su cabello; su peinado consistía en un molote en la parte trasera de su cabeza mientras poseía unos pendientes de… ¿rábanos? Era alguna clase de fruta rojiza la que colgaba de sus oídos, yendo a juego con el dije de su collar. Aunque su apariencia era extravagante, se veía realmente hermosa. Neville tenía puesta una túnica de gala color verde jade, era fácil adivinar de dónde había sacado la idea, era exactamente igual a la que Harry llevaba el año anterior -aunque no se veía ni la mitad de bien que él- y su cabello tenía un peinado de libro abierto, dándole un aire cómico.

— ¿Llegaron hace mucho? — pregunté intentando ocultar mi asombro.

— Lo suficiente como para comer dos platillos de chuletas de cerdo, tomarnos una copa y comer el postre. — enumeró Luna.

— Lo siento… estaba…— farfullé intentando encontrar una excusa.

— ¿Distraída? —completó levantando ambas cejas en señal de regocijo.

Demasiado distraída viéndolo a él como para notar cualquier otra presencia humana en la habitación.

— Te ves muy guapo, Harry. — dijo mirándolo con tanta intensidad que sentí una ola de calor invadirme rápidamente. — Aunque me gusta más tu cabello desordenado. — admitió con sus ojos desmesuradamente abiertos como siempre.

Me giré a verlo examinando detenidamente su corte, en lugar de tener aquel desaliño casual que siempre poseía se había echado el cabello a un lado, dejando su frente descubierta con la esperanza de que así se viera menos rebelde. Sonreí y llevé las manos dentro de su cabello, enterrándolas entre aquel negro azabache.

— A mí también. — murmuré comenzando a desarreglarlo, dándole su típico aire de revoltoso.

— ¡Han bailado increíble! ¡Todos se cayeron o tropezaron por lo menos una vez, menos ustedes! — dijo impresionado Neville. — ¡McGonagall nos subió veinte puntos! — agregó lleno de júbilo.

— Veinticinco. — corrigió con sutileza Luna. — Debieron haber visto la cara de Snape cuando Malfoy y Pansy acabaron de narices contra el suelo.

— ¿La bienvenida fue un fracaso? — tajó Harry con voz monótona, como si sólo preguntara aquello por educación.

Después de quedar satisfecha con la nueva apariencia de su peinado, el cual ahora lucía totalmente alborotado con aquel desaliño que se veía tan bien en él, posé mis manos a ambos lados de sus mejillas, acariciándolo tiernamente con los pulgares mientras le dedicaba una mirada severa, que pretendía decirle que debía mostrarse mas amigable. Harry pareció entenderlo al instante ya que la sonrisa torcida que tanto odiaba apareció en su rostro, probablemente únicamente yo sabía que aquella no era más que una sonrisa fingida para asemejar simpatía… me sentía bastante orgullosa de ser la única que podía ver su sonrisa sincera.

— Técnicamente. Aunque pareció agradarles que hubiera tantos golpes…. ¡aun no supero que nos hayan hecho entrenar por semanas, y que al final sólo dos bailaran! —  dijo con pesadez Neville.

— Bienvenidos sean. —interrumpió una voz afable. No necesité girarme para saber que era Dumbledore quien daría el discurso. — Como sabrán, estamos aquí para celebrar el milenio desde la fundación de Durmstrang…

No pudo continuar ya que, tan pronto como el nombre del colegio salió de sus labios, los estudiantes de éste soltaron algo así como un grito de celebración en búlgaro. Me giré  fulminándolos con la mirada ante su poca educación, sin embargo, Dumbledore no lucía molesto o si quiera afectado, estaba de pie sobre el estrado donde seguramente se presentaría la banda invitada con aquella expresión apacible en su rostro.

— Dicho esto, ¡que comience la fiesta! —hubo aplausos y revuelos en cuanto dijo aquello. — Les presento a… ¿Cómo dicen que se llaman? — inquirió girando su cuerpo a la parte trasera del escenario, causando varias risas. — ¡AB/CD!... Esperen, ¿qué?… ¿AD/CD?...

De nuevo fue súbitamente interrumpido, esta vez por un solo de guitarra. Dumbledore hizo un gesto desdeñoso con la mano, restándole importancia al asunto mientras abandonaba a grandes zancadas el estrado, dejándole paso a la banda de rock que no tardó en causar conmoción. Todas las mesas fueron rápidamente vaciadas mientras sus integrantes se dirigían a la pista de baile.  AC/DC comenzó a tocar su principal éxito, "Highway to Hell", y yo contuve el aliento al reconocer la melodía, era una de mis canciones favoritas.  Volví a al realidad al sentir un suave apretón sobre mi mano. Harry me miraba con una sonrisa de diversión, probablemente ya que mi rostro se había iluminado, lo miré con el entrecejo fruncido mientras mi corazón se aceleraba a un ritmo inverosímil cuando éste se puso de pie, extendiendo una de sus manos hacia mí.

— ¿Quieres bailar? —y esa fue una de las frases que jamás pensé que Harry Potter diría.

En éste punto estaba completamente segura de que, aunque intentara articular correctamente, mis palabras no se escucharían más que como algún balbuceo carente sentido debido a tanto gritar. Sin embargo, ni eso ni el hecho de que los músculos de mi boca parecían estar a punto de desgarrarse debido a tanto sonreír me importaba en ese momento. Nunca me había gustado bailar… o quizá jamás había encontrado la gracia de hacerlo. Pero, siendo aquel el único método -según mis padres-para relacionarme en las fiestas a las que eran regularmente invitados, había aprendido a encontrar cierto ritmo en la música y a hacer movimientos monocordes para seguirlo… y ahora absolutamente todo lo que había aprendido había sido enterrado en algún recóndito lugar de mi cerebro, por no decir que lo había olvidado por completo. Me movía como mi cuerpo exigía, importándome un comino lo ridículo o poco agraciada que me debía de ver en ese momento, debido a que, la única persona cuya opinión me importaba realmente, estaba bailando justo a mi lado en ese momento. Toda mi vida, desde que lo conocí hace varios años, había jurado que Harry era realmente malo para bailar y era por eso que mostraba tan renuente a hacerlo o a siquiera hablar del tema. Pero aquella noche me estaba demostrando lo equivocada que estaba. Mostrando aquella destreza y agilidad tan dignos de él en cada uno de sus movimientos, Harry bailaba despreocupadamente  con una sonrisa casi idéntica a la que había en mi rostro, parecía que el hecho de estar en el centro de todo aquel escandalo no le importara en lo absoluto.  Él cantaba a viva voz la canción que estaban tocando en ese momento, una canción que aparentemente se sabía de memoria, y yo no tardé en aprenderme unos cuantos versos para imitarlo sin timidez alguna.

— ¡Muchas gracias, magos! —aquella despedida atravesó mis oídos obligándome a mirar a mi alrededor, para asegurarme de que aquello no era alguna clase de broma o si otra banda vendría.

Pero en cuanto noté como todos comenzaban a dispersarse, yendo a sus respectivas mesas, mi quijada se desencajó. Me parecía casi inverosímil que aquello hubiera terminado tan rápido, para mí no había pasado más de media hora desde que nos levantamos a bailar… pero, en cuanto observé el perlado sudor que cubría la frente de Harry y que éste lucía bastante agotado, me comencé a cuestionar mi percepción del tiempo transcurrido. Realmente el tiempo volaba cuando la pasabas bien, y pasarla bien era poco para describir aquella noche. Sentí algo cálido envolver mi mano y, como reflejo, entrelacé nuestros dedos sintiendo como nuestras manos encajaban a la perfección. A veces me preocupaba el hecho de emocionarme tanto hasta por el simple hecho de tomar su mano… pero se sentía bien, maravilloso a decir verdad, la sensación de bienestar y el cosquilleo en mi estómago que experimentaba cada vez que lo hacíamos era algo inigualable que, no tenía duda alguna, sólo podía experimentar con él. Harry comenzó a abrirse paso entre la multitud, dirigiéndose rápidamente hasta la mesa que ocupábamos antes.

 A cada paso que dábamos sentía como un dolor se hacía cada vez más notorio en la planta de mis pies, dolor en el que antes no había recaído o había optado por ignorar… pero, en ese momento, me sentía totalmente arrepentida de haberme puesto aquellos zapatos de tacón de aguja -los más altos que era capaz de utilizar sin torcerme un tobillo- en lugar de los de piso color blancos que descansaban cómodamente en mi armario, completamente ajenos del dolor que experimentaba su dueña en esos segundos debido a su descuido. Aunque no había sido un descuido realmente, había optado por usar aquellas armas mortales porque, según mis compañeras de dormitorio, era mucho más femenina y atrayente una mujer que utilizaba tacón a una que se ponía los zapatos de diario en un día tan importante como el baile de navidad… y yo, sin ningún otro objetivo más que lograr que Harry me encontrara atractiva, las había escuchado. Pero, al recordar la expresión de Harry mientras bajaba las escaleras, cualquier lamento de mi apariencia desapareció, al tiempo que una sonrisa boba surcaba mis labios; sus ojos se habían desorbitado y sus labios formando una perfecta "O" de impresión. Estaba más que dispuesta a sufrir ese tormento por el resto de mi vida si él seguía poniendo aquella expresión, que no hacia más que llenarme de orgullo y satisfacción femenina, en pocas palabras, me hacía sentir mujer con su simple mirar.  Volví a la realidad cuando llegamos a nuestro destino y, antes de siquiera dirigirme la palabra, murmuró algo tan bajo que no logré escuchar, pero agradecí enormemente en cuanto dos vasos cristalinos aparecieron sobre la mesa; uno con un contenido amarillento y espuma que conocía perfectamente, el otro con una sustancia incolora que identifiqué como agua. Me ofreció la cerveza de mantequilla y la llevé precipitadamente a mis labios, sintiendo el alivio embargarme en cuanto la bebida caliente hidrató mi garganta, que estaba más que seca de tanto gritar. 

— Merlín. —lo escuché susurrar después de recargarse contra el borde de la mesa. — Mira que casi nos mata eso de bailar todas las canciones sin descanso. —se quejó, terminando su bebida de un solo sorbo.

Me coloqué a su lado sonriendo y comenzando a escudriñar su apariencia. Aquel aspecto formal y serio que había tenido al principio de la velada había quedado en el olvido, siendo remplazado para lucir como si acabara de salir de una gran riña; el nudo de su corbata estaba casi deshecho, probablemente por la manía que tenía de intentar aflojar la presión que antes éste ejercía sobre su cuello; en algún punto había decidido que su túnica de gala no hacía más que estorbar, ya que ésta ahora reposaba en el respaldo de la silla de al lado; había desfajado su camisa haciendo que la tela gris, que antes estaba dentro de sus pantalones, luciera arrugada y fuera de lugar sin mencionar que los primeros botones de ésta estaban desabrochados, dejando ver la blanca piel del inicio de su pecho. Y nunca lo había encontrado tan… atrayente. Como si esa apariencia de desaliño fuera la que mejor le sentaba,  haciéndolo ver casi irresistible… tenía un novio tan, tan, tan, tan guapo.

— ¿Pasa algo? —inquirió haciéndome volver a la realidad.  

— N-no, nada. — tartamudeé al ser sorprendida. Aparté rápidamente mis ojos de su cuerpo, que en ese momento recorrían la curva de su cuello, para clavarlos en el suelo.

Sentí mi rostro enrojecer al darme cuenta de mis pensamientos anteriores. Harry acabaría volviéndome loca, sino era que mis hormonas adolescentes se le adelantaban.  Sus expertas manos me tomaron de la cintura para colocarme delante de él, pegando su figura a la mía para causarme un estremecimiento. Sus ojos me observaban con un deje de diversión y esa sonrisa picara que me encantaba surcaba sus labios, fue hasta entonces que noté que, a pesar de llevar mis zapatos de tacón más altos, él seguía siendo más alto que yo, y agradecí internamente a Merlín por esto. Bajó su cabeza de tal manera que nuestras frentes quedaron unidas y mi corazón comenzó a latir más lento de lo normal mientras aquella sonrisa de enamorada aparecía en mis labios.

— ¿Te he dicho ya lo hermosa que eres?

Al escuchar aquello mi corazón volvió a latir, pero tan frenéticamente que por un segundo pensé que incluso él podría escucharlo. No había dicho "te ves hermosa", no, dijo "eres hermosa" y ese fue un pequeño detalle que no pasó desapercibido para mis oídos y me hizo sentir, si era posible, mucho más especial que si hubiera dicho la primera opción. Antes de lograr articular una palabra para contestarle una mano se posó sobre su hombro, distrayendo su atención y la mía. Un estudiante de Durmstrang de expresión afable le hizo señas para que se acercara, Harry lo fulminó con la mirada mientras su rostro se contraía en aquella mueca de indiferencia tan típica de él. Dudoso, se encaminó hacia donde estaba el invasor y yo, algo renuente a alejarme un solo centímetro de él, tomé su mano dispuesta a seguirlo cuando un par de manos se posaron sobre mis hombros, obligándome a soltarlo y a dar la media vuelta.

Sentí como todo el aire vaciaba mis pulmones y mis puños se crispaban de tan solo verlo. Su cabello al ras de su cabeza, aquella tosca apariencia y una sonrisa que enseñaba sus dientes amarillentos. No llevaba túnica de gala, era más bien un traje color marrón que, me pareció, le quedaba chico, o quizá era el hecho de que él era lo suficientemente fornido como para no encajar correctamente en ninguna vestimenta, y llevaba alguna clase de bastón antiguo en su mano izquierda.

Viktor Krum.


Listoooooooooo

Losé, me tardé... lo siento mucho:D

El capi estaba hiperlargo asi que lo dividi en dos partes.. ¿que les parecio?:3

El que sigue viene el beso!!

PD: ¿Quién quieren que sea la pareja de Ginny? ¿Draco, Neville o Colin?

Muchas Gracias