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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 16
—¿De dónde la sacaste? ¿Venía de regalo en los "Lucky Charms"? —inquirió Snape mirándola como si se tratara de alguna clase de anomalía.
—¿Lucky Charms? —repitió interesada. —¿Es algo muggle?
—Es un cereal. —respondió Harry.
De hecho, ella realmente parecía sacada de uno de esos cereales. Los coloridos malvaviscos de arcoíris, lunas y corazones de éste encajaban perfectamente con su risueña personalidad.
—Dime de nuevo porque debemos confiar en ella. —exigió, al parecer la optimista actitud de la rubia era algo que le provocaba desconfianza.
—Mi padre me ha dicho que Harry es un mago de fiar y que le ayudara en todo lo que necesitase. —contestó ella misma, pero no había deje de molestia en su voz. —Además, somos amigos. —agregó sonriente.
—Ah, son amigos, bueno de esa forma obviamente no te atreverías a traicionarnos. —ironizó, sin embargo ella no se inmutó.
Rodó los ojos con fastidio comprendiendo que había sido un error fatal juntar a dos polos tan opuestos pero, sabedor que eran necesarios para efectuar correctamente su plan, optó por guardar silencio. Sacó de su mochila todos los documentos obtenidos y los puso sobre la mesa de centro acto seguido se dejó caer sobre aquel mullido sofá marrón que hacía acto de presencia a la mitad de la sala. Fue imitado rápidamente por los demás, Luna se sentó a su lado haciéndolo fruncir levemente el entrecejo. Aparentemente Luna Lovegood era completamente ajena a su fría e indiferente forma de ser, siempre se notaba cómoda estando con él a su lado e intentaba sacarle conversación a pesar de su poca disposición.
—¿Dónde estamos? —preguntó mientras miraba alrededor con curiosidad.
—En el despacho de Snape.
—Tiene colores demasiado… sombríos.
—Yo no soy de los que les gusta el rosado, señorita Lovegood. —dijo tajante. —¿Qué sigue, Potter?
—Tenemos los expedientes. Era todo lo que necesitaba. —dijo él con voz monótona mientras jugaba distraídamente con su varita.
—¿Necesitábamos para qué? —preguntó Luna, y a Harry no le gustó el hecho de que haya pluralizado la palabra.
—Daremos un golpe al ministerio. —respondió decidiendo ser sincero. —Mataremos a Fudge, cuatro mortífagos infiltrados y quemaremos los expedientes.
—Tú sí que tienes tacto. —murmuró con sorna Snape, chasqueando la lengua con desaprobación.
Pero, por el hecho de que éste no expresó ninguna queja al haberle confesado aquello a Luna, Harry supo que probablemente comenzaba a tomarle confianza.
—¿Cuándo? —preguntó risueña.
—Has hecho más que suficiente. De aquí en adelante será mejor…
—Quiero ayudar, Harry. —lo cortó mirándolo con tanta intensidad que lo dejó momentáneamente mudo. —Mi padre… él dice que tú nos guiaras al progreso, al cambio… y, si ese es el caso, quiero ser parte de ello.
Xenophilius Lovegood tenía ideales muy diferentes al resto del mundo. Desde el momento en el que lo conoció a Harry no le quedó la más mínima duda de donde Luna había sacado aquella actitud tan extravagante y confianza en sí misma, era la viva imagen de su padre. Pero, aunque Harry había ido a hablar únicamente de temas de su interés, una cosa llevó a la otra y al final Xenophilius había terminado idolatrando al azabache… más aún que a Dumbledore, jurándole que su revista "El Quisquilloso" no se perdería ni una sola de sus hazañas.
—Yo los llevaré al cambio, Luna. Pero, créeme, no será para bien. —dijo con calma.
—Estamos juntos en esto, Harry, si tú saltas…
—… Saltamos contigo. —completó Snape.
Los miró con incredulidad, como si dudara de su salud mental, pero sus semblantes eran serios, inclusive el de Luna cuyo rostro había abandonado cualquier deje de diversión. No le gustaba aquello, si había algo que Harry Potter no podía hacer era trabajar en equipo pero sabía que, por más que intentara negarlo u ocultarlo, los necesitaba. No podía hacerlo todo por su cuenta, por más que se resistiera a admitirlo no podría con toda la carga únicamente sobre sus hombros.
—Si ese es el caso, será antes de las vacaciones de navidad. Los mantendré informados. —sentenció poniéndose de pie y apuntó con su varita todos los archivos que estaban sobre la mesa. —Orbis. —un diminuto torbellino apareció, absorbiéndolos.
Sin dirigirles una mirada se dirigió a la puerta de salida, en otro momento se habría transportado a su habitación pero por el entumecimiento en su mano y el leve tembloteo que desprendía su varita comprendió que había excedido el límite de magia por una noche.
—Será mejor que dejes de pensar, Harry, hay muchos torposoplos dentro de tu cabeza. —sugirió la rubia y, por primera vez en la noche, Harry sonrió. —Son pequeñas hadas que se meten por tus orejas para confundirte. —explicó posiblemente ante la mirada inquisitiva de Snape.
Salió de la habitación dejando una calurosa discusión acerca de los torposoplos y nargles tras de sí. Subió apresuradamente las escaleras para salir de las mazmorras y, mientras caminaba despreocupadamente por el pasillo, su mente comenzó a vagar. A pesar de que su vida era un completo desastre sólo había una cosa que lo mantenía atado a su escasa cordura, Hermione Granger. Todo aquel embrollo había comenzado desde el momento en que la dejó entrar en su vida… desde aquel segundo todo había cambiado, él había cambiado.
Suspiró. No sabía cómo, cuándo o por qué, simplemente se había enamorado de Hermione, de su mejor amiga, de la sabelotodo come-libros Granger. Era consciente que las habilidades de Hermione superaban por mucho las de Luna, y que ella le sería de mucho más utilidad para el ataque al ministerio que esta… pero de tan sólo imaginarla enfrentando a mortifagos o huyendo de aurores su corazón se aceleraba, no soportaría ver un solo rasguño en su rostro y menos si él era el causante.
—¿Quién anda ahí?
Habría jurado que aquella voz había sido producto de su imaginación pero al momento que vio la luz de una varita asomándose justo por la esquina de aquel pasillo no le quedó duda alguna que era verdad. Por mero reflejo se apresuró a esconderse tras una armadura convenientemente a su lado, evitando que aquel lumus lo dejara al descubierto.
—Sal de ahí. —exigió hablando nuevamente y lo hizo sonreír detectar aquel deje de amenaza en su voz.
—Vengo en son de paz. —prometió con burla al tiempo que salía de su escondite con ambas manos levantadas para reforzar lo que había dicho.
Se quedaron viendo mutuamente y Harry sintió como algo se ablandaba en su interior al tiempo que la miraba. Seguía con la varita levantada mirándolo con estupefacción, su castaño cabello caía a ambos lados de rostro enmarcando aquella expresión de incredulidad, tenía puesta la túnica del colegio a pesar de que eran altas horas de la madrugada. Había sido mera coincidencia encontrarse a Hermione Granger justo en ese momento.
—¿Qué haces aquí? ¿No has visto la hora? —inquirió acercándose rápidamente a él, por su expresión era sencillo adivinar que estaba molesta.
—Lo mismo te pregunto. —contraatacó no muy seguro de que escusa inventar.
—Resulta, señor Potter, que soy prefecta. —dijo mientras señalaba una insignia plateada que relucía sobre su pecho.
—Resulta, señorita Granger, que yo también. —respondió aunque en ese momento recordó que no traía puesto el uniforme escolar.
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Lo miré con desaprobación. Realmente me ponía los pelos de punta esa manía que tenía Harry de aparecer y desaparecer repentinamente, pero no podía negar que al verlo el genuino alivio me embargó, como si hubiera estado conteniendo el aliento todo día sólo para soltarlo abruptamente al verlo ahí. Tenía aquella sonrisa angelical en su rostro, las manos dentro de los bolsillos de sus vaqueros mientras me miraba con cierta diversión. Seguí mirándolo inquisitivamente, esperando que me dijera la respuesta real, pareció leer lo que quería en mis ojos ya que rápidamente agregó:
—Yo… quería verte. —admitió y aún pese a la poca iluminación que mi varita nos proporcionaba pude distinguir el sonrojo en su rostro.
Y eso fue todo lo necesario para que mi corazón se acelerara a un ritmo inverosímil y mi cuerpo se acercara aun más a él, como si necesitara sentir su calor. El hecho de que Harry Potter hubiera ido a buscarme a tan altas horas de la noche era un gesto increíblemente halagador… o preocupante.
—¿Pasó algo? —pregunté rogando a Merlín que su respuesta fuera negativa.
—¿Tiene que pasar algo para que quiera ver a mi chica? —preguntó con fingida indignación terminando con la distancia que nos separaba para rodear mi cintura con sus brazos y atraerme contra él.
—¿Tu chica? —repetí mientras pasaba mis brazos por sus hombros, entrelazando mis manos detrás de su cuello. Y, no podía negarlo o siquiera ocultarlo, me encantaba como sonaba aquello.
Mi corazón continuaba latiendo erráticamente aún cuando aquellas posiciones tan comprometedoras se habían vuelto comunes entre nosotros… y yo amaba cada uno de los contactos que su piel tenía sobre la mía. Aunque lo que no era muy habitual es que él dijera expresiones proclamándome como suya y, de las remotas ocasiones que esto sucedía, una cálida sensación se expandía por mi pecho mientras una sonrisa boba surcaba mis labios, si alguna vez hubiera bebido diría que sería comparable con la sensación de embriaguez. Nunca me acostumbraría a aquello, aunque lleváramos quince años de casados estaba más que segura que seguiría teniendo aquellas reacciones primerizas en todo lo que a él respectaba.
—Bueno, no me molestaría que quisieras ser de otro. —aclaró rodando los ojos haciéndome sonreír ante aquella imposibilidad. Hace mucho tiempo me había quedado claro que no podía ser de otro que no fuera él.
—¿De verdad? —pregunté acentuando mi sonrisa al verlo vacilar y fruncir el entrecejo.
—Sólo si a ti no te molesta que yo quiera estar con otra. —respondió finalmente con malicia.
—Entonces tenemos un problema, señor Potter. —dije siguiéndole aquel juego.
—¿Usted cree? —inquirió bajando su cabeza de tal manera que nuestras frentes quedaron unidas.
—Sí, uno muy grande. —respondí usando toda mi concentración para no perderme en aquellos hermosos ojos verdes. —Por mi parte, yo no podría soportar verlo con alguna otra mujer… de hecho, ya utilizo toda mi fuerza mental para no lanzarle un Avada Kedabra a todas las chicas que se le acercan tan seductoramente.
De tan sólo recordarlo la sensación de furia amenazaba con embargarme, todas las mujeres de Hogwarts besaban el suelo que él pisaba. Y no era para menos, incluso yo admitía que Harry era la persona más bien parecida de todo Hogwarts… y posiblemente del mundo entero. Era incorrecto, y lo sabía perfectamente, había sido un error fatal enamorarme de él… del mago más peligroso, frío e indiferente de todos los tiempos, perseguido por Voldemort y posiblemente un asesino desalmado… sin embargo no me arrepentía en lo absoluto. Y cuando finalmente él había admitido su enamoramiento por mí, no había sido de una manera romántica como en aquellas películas empalagosas, sin embargo, había sido tan única y especial que mi corazón aun palpitaba erráticamente cada vez que lo recordaba, aún así no éramos pareja aún, de hecho, nuestra relación no estaba siquiera definida.
—Entonces yo no veo ningún problema, ya que yo no quiero estar con otra persona que no seas tú. —respondió sonriendo, besó mi frente y yo no pude evitar cerrar mis ojos ante el contacto.
Repentinamente se alejó de mí, soltando el agarre sobre mi cintura provocando que lo mirara con despecho. Me sonrió y extendió su mano, la tomé y la sorpresa me invadió cuando él se echó a correr, llevándome consigo.
—¡Harry! ¡Tengo que hacer mi ronda de prefecta! —grité entre risas.
Él hizo un gesto desdeñoso con su mano libre restándole importancia así que, como cada vez que estaba con él, me dejé llevar por el momento y simplemente lo seguí sin dejar de reírme. Harry no se dirigía al lago, o a cualquier otra parte que me resultara conocida, estaba yendo directamente al bosque prohibido. Me habría asustado si no fuera porque era él quien me guiaba, a estas alturas estaba más que segura que iría junto con Harry al mismísimo infierno, siempre que su mano estuviera sosteniendo la mía.
—Vaya —dije impresionada cuando nos detuvimos, maravillada con la vista.
Aquel lugar no se veía tenebroso ni tenía aquel deje fantasmagórico como la mayoría del bosque prohibido, todo lo contrario, era hermoso. Estábamos en una especie de pradera rodeada de arboles con frondosas hojas, varios de estos habían sido cortados dándoles la utilidad de bancas, justo en el centro un pequeño lago tomaba lugar. La luz de la luna iluminaba perfectamente aquel sitio. Definitivamente ese sería nuestro nuevo lugar de encuentro. Cuando me giré a ver a Harry el poseía una sonrisa en sus labios, como si algo en mi apariencia le hubiera causado gracia.
—¿Qué pasa?
—Pusiste esa cara. —respondió con sencillez al tiempo que se sentaba en uno de aquellos bancos.
—¿Qué cara?
—Tú sabes… la cara que pones cuando algo te gusta, como la primera vez que viste el gran comedor. —explicó mirándome.
—¿Me recuerdas en primer año?
No sabía si aquello debería halagarme o preocuparme, después de todo, en primer año era realmente poco agraciada. No era que ahora fuera una modelo, la verdad ni siquiera alcanzaba el promedio de belleza, pero en aquel tiempo mi cabello era un gran caos sin mencionar aquellos prominentes dientes delanteros y mi actitud de sabelo-todo.
—Por supuesto. —respondió indignado de la pregunta.
Sonreí recordando la memoria eidética que Harry poseía, me acerqué a él colocándome en medio de sus piernas aún de pie, los brazos de Harry envolvieron rápidamente mi cintura atrayéndome un poco más contra sí. En esta posición su cara quedaba exactamente a la altura de la mía así que me dediqué a distraer mis manos envolviéndolas en su cabello, alborotándolo aun más.
—¿Qué es lo que recuerdas? —pregunté sólo para escuchar nuevamente su voz.
—Recuerdo una niña irritante que invadió mi vagón de tren para preguntar acerca de una rana. Recuerdo que no parabas de hablar acerca de los hechizos que habías aprendido en el verano y la manera en la que corriste hacia el sombrero seleccionador.
—¿Irritante? —repetí fingiendo indignación aunque, realmente, en ese tiempo la palabra irritante era la que más me definía.
—Oh, vamos, siempre corregías todo lo que hacía o decía. —dijo rodando los ojos. —Estabas sobre mí todo el día. —agregó.
—Y aún hago todo eso, Harry. —le recordé e inconscientemente me puse de puntas para darle un beso en la punta de la nariz.
No estaba segura de dónde salían aquellos gestos, jamás había tenido novio o algo por el estilo, pero las muestras de cariño que hacía con Harry me salían naturalmente, sin tener que forzarme o siquiera pensarlo. Era como si supiera por instinto que hacer, al igual que a él le pasaba conmigo. Aunque no podía negar que nada me hubiera hecho más feliz que besar sus labios en lugar de la punta de su nariz.
—Pero ahora no lo encuentro molesto… todo lo contrario. —sentí sus manos deslizarse un poco más arriba, haciéndome estremecer.
—Y tú eras tan increíblemente adorable. —opiné haciéndole fruncir el entrecejo. —Nunca te estabas quieto, por mucho que te lo rogara… y eras tan pequeñín.
—¡Hey! —me reclamó mirándome con despecho, haciéndome reír.
Sonrió y yo lo imité rápidamente. Cansada de sólo acariciar su cabello bajé mis manos hasta su rostro comenzando a delinear cada uno de sus facciones, acaricié sus mejillas antes de pasarme a sus ojos, esbozando con cuidado las líneas de sus ojeras, bajé un poco más… deslicé uno de mis dedos para trazar la forma de su labio inferior notando como estos se entreabrían levemente ante mi contacto mientras Harry entrecerraba sus ojos.
Pum. Un sonido grave y cercano me hizo dar un brinco y acercarme rápidamente a él, abrigándome en sus brazos. Cuando me di cuenta de mi reacción me alejé de Harry quien tenía una expresión de diversión.
—¿Qué fue eso? —pregunté intentando desesperadamente desviar su atención.
—Algún animal. —respondió con sencillez sin soltarme de la cintura.
Dicho esto se levantó yendo a las orillas del lago para sentarse, lo seguí tomando lugar a su lado. Sentí como poco a poco el sueño me invadía haciéndome entrecerrar los ojos y soltar un pequeño bostezo, gesto que él no pasó desapercibido ya que su brazo se ciñó alrededor de mis hombros haciéndome sonreír agradecida, aceptando más que gustosa la invitación de recostarme sobre su pecho. Siempre pasaba exactamente lo mismo, las noches en las cuales por un motivo u otro no podía verlo o pasar la noche con él mi cuerpo se negaba a dormir o siquiera a descansar a menos que sintiera la presencia de aquel hombre a mi lado y cuando finalmente lo veía misteriosamente el sueño me inundaba. Era por eso que había decidido hacer la ronda nocturna aquella noche, sabedora que no podría dormir deseaba por lo menos tener algo con que distraer mi mente. Menuda costumbre que había tomado. Cerré los ojos al tiempo que una sonrisa se extendía por mis labios al sentir los hábiles dedos de Harry jugando con mi cabello de aquella manera que sólo él sabía y, en un acto reflejo, mi mano buscó la suya en la oscuridad, al encontrarla entrelacé mis dedos con los de él sintiendo un suave apretón de su parte. Sabía que aquello estaba mal, no debería estar con él a esas horas de la noche y mucho menos en aquella posición… pero nunca antes una norma me había importado menos.
—¿Quieres que te lleve a tu cama? —se ofreció bajando su voz a un simple susurro.
—No. —respondí aferrándome aun más contra él ante la sola idea.
Sabía que si me llevaba a mi habitación él no se podría quedar, que Harry estuviera en mi cama mientras yo descansaba sobre su pecho sería algo que no pasaría desapercibido por mis compañeras de cuarto.
—Chica lista. —me llamó y yo produje un sonido para hacerle entender que le prestaba atención. —¿Dónde pasarás las vacaciones de navidad?
—No lo sé. —respondí. Lo que en realidad quería decir era*"Donde sea que estés tú"*, pero nunca salió más allá de mi garganta—¿Qué hay de ti?
—Sólo quiero alejarme de éste embrollo. —musitó en un simple susurro.
No pude evitar que la decepción me embargara al escuchar aquello. Era totalmente egoísta de mi parte, Harry nunca había tenido la oportunidad de viajar y conocer otros lugares además de aquella pequeña casa en Privet Drive donde vivía generalmente encarcelado, tenía más que merecido el poder ir a ver sitios que antes nunca hubiera llegado a imaginar… pero eso significaría que no podría verlo durante la navidad, ni año nuevo, sin mencionar que tendría que esperar más de un mes para verlo. Al pensar en eso me acurruqué aun más contra él.
—Podrías quedarte en Hogwarts o ir con los Weasley. —sugerí sintiéndome la peor persona del mundo al comprender que sólo insinué aquello porque en ambas opciones podría estar con él, lo que me obligó a agregar: —O dar una vuelta por el mundo.
—Hermione, ¿te puedo hacer una pregunta?
Me di cuenta que iba a preguntar algo serio en el momento que mi nombre salió de sus labios. Él nunca me llamaba así, por más molesto que estuviera, siempre me decía "Herms" o, por mi sobrenombre recientemente adquirido, "chica lista"… pero nunca, jamás por mi nombre.
—Claro. —dije sin dudarlo un segundo.
—Si yo hiciera algo verdaderamente malo… ¿Qué harías?
—Cualquier cosa mientras no termines en una celda en Azkaban. —aseguré casi por inercia. —¿Lo dices por lo del asesinato de Fudge, no?
Aquel hecho me había robado el sueño varias noches. Jamás tenía el valor suficiente para hablar de aquello con Harry o de siquiera preguntarle la fecha exacta del ataque porque, quizá, no quería saber. Estaba consciente que si él me decía la hora y fecha yo haría todo lo posible por evitarlo y, si por algún motivo no lo lograba, estaría muriendo de nervios y preocupación al imaginar lo que Harry hacía en esos instantes. Y al parecer él lo sabía también, ya que tampoco tocaba el tema.
—¿No me acusarás? —preguntó y me ofendió su tono de incredulidad.
—Aunque quisiera, no podría. —dije y en el momento que mis ojos se tornaron cristalinos agradecí que no pudiera ver mi rostro. —Pero… te lo ruego, Harry, haré lo que sea… pero no lo hagas…
—¿Hubieras preferido que no te lo dijera? —inquirió con curiosidad interrumpiéndome.
—No, prefiero mil veces saberlo y por lo menos estar preparada cuando llamen de San Mungo para…—dejé la frase en el aire al notar como mi voz se quebraba.
—Todo estará bien. —aseguró mientras sus brazos me apretaban más contra él.
—No… ¡No, no lo estará! —exploté rompiendo el agarre para ponerme de pie.
Estaba harta de pretender que todo estaba bien, que alguna clase de fuerza mística lo protegería en todas las hazañas temerarias que era tan amante de cometer. Siempre era lo mismo con Harry Potter, tenía esa manía de creer que podría hacer todo él solo... ese complejo de héroe.
—¿Qué crees que te harán si te descubren? ¡No te juzgaran como a cualquier otro mago, Harry!... Ellos quieren encerrarte para que cayes la verdad ¡Y tú le darás los motivos! —dije acalorada abriendo mis brazos para mostrar mi exasperación.
—Herms, no hay posibilidad de que me descubran. —dijo y la tranquilidad en su voz no hizo más que irritarme aun más.
— ¡Peor aun! ¿Qué sucederá si algo te pasa? ¿Si un hechizo te golpea? ¿Cómo crees que reaccionaran los Weasley cuando les llamen de san Mungo?
—Con felicidad, quizá. —sugirió rodando los ojos. —¿Podrías relajarte y confiar en mí?
—Te confiaría mi vida, Harry… pero en la que la tuya respecta estoy segura que nunca has sido precisamente cuidadoso. —aseguré mucho más segura de lo que me sentía.
Él se puso de pie para encararme y vi en su expresión de desconcierto que seguramente jamás pensó que le diría nada de eso. Se acercó y tomó mi cara obligándome a mirarlo y al momento de ver sus ojos supe que aquella discusión estaba perdida, jamás había sido capaz de ver aquel mar verde sin que mis pensamientos se disiparan.
—No me descubrirán. —aseguró y hubo un momento, debido a la convicción en su voz, que me lo creí.
—Iré contigo. —dije mientras colocaba mis manos sobre las suyas.
—No. —dijo sin pensarlo y con brusquedad.
—¿Por qué no? Dices que nada pasará, por lo que no veo por…
—Hermione, no. —repitió y su voz me dejó en claro que aquello no estaba a discusión.
Me giré dándole la espalda, rompiendo el agarre que tenía sobre mi rostro para que le fuera imposible ver mi expresión.
—¡Creo haber demostrado ser más que apta para algo así! —dije acalorada a voz de grito.
—Y yo creo haber demostrado no ser más que problemas. —rebatió. —Herms, sé que eres capaz de esto y más… eres la mejor bruja que conozco…
—¿¡Entonces porque no puedo ir contigo!? —insistí dándome la media vuelta.
—¡Porque no podría soportar perderte! —explicó elevando el tono de voz por primera vez en la noche mientras se acercaba peligrosamente a mí. —¡Porque me pone los pelos de punta imaginarte frente algún auror o mortifago! ¡Porque no toleraría ver algún rasguño en tu rostro sabiendo que mi culpa!
Mi corazón dio un vuelco al darme cuenta que eso era exactamente lo que yo sentía en ese momento. Y mientras veía su expresión desencajada por la exasperación comprendí que, de alguna manera, estábamos unidos… tan conectados que las emociones que uno sentía eran las que el otro experimentaba también.
—Así que no insistas en querer acompañarme. —finalizó.
En un movimiento inconsciente me abalancé sobre sus brazos siendo rápidamente atrapada por él, enterré mi cabeza en su cuello aspirando profundamente aquel aroma tan increíblemente embriagador.
—Te juro que si algo te pasa yo misma daré el siguiente ataque al ministerio para vengarte. —le advertí ciñendo mis brazos aun mas fuerte entorno a su cuello.
—¿Hermione Granger atacará al ministerio… por mí? —preguntó con fingida sorpresa y pude distinguir la sonrisa en su voz.
—Hermione Granger lucharía contra el mundo mágico entero si es por ti. —aseguré hundiendo más mi cara contra su cuello.
Se separó de mí lo suficiente para tomar mi mano derecha con la suya mientras la otra tomaba mi cintura, al comprender su intención posé mi mano libre sobre su hombro siguiendo aquel ritmo que repentinamente él había impuesto, y sonreí, por primera vez en lo que me parecieron horas. Levanté mi rostro lo suficiente para poder mirar sus ojos quienes me observaban con un deje de diversión.
—¿Sabes? Se está empezando a tornar bastante difícil el estar contigo. —comentó.
—¿Por qué lo dices? —inquirí sin perderme una sola de sus expresiones.
—Cuando estoy sin ti me propongo muchas cosas, pienso otras… pero cuando te veo es como si todo…
—… Se esfumara. —completé dándole a entender que me pasaba exactamente lo mismo con él.
—Por ejemplo, se suponía que deberías ser una amiga solamente.
Seguíamos con aquel improvisado bailoteo y, a pesar de que no teníamos música o algún otro ritmo que seguir, lo hacíamos bastante bien. En un punto dado yo me comencé a dejar guiar por Harry y era sorprenderte su habilidad natural para bailar, nos desplazaba de un lugar a otro sin flaquear aquel agarre sobre mi cintura.
—¿Y no lo soy? —inquirí sintiéndome aliviada, creía que quizá sólo habían sido ilusiones mías el que me tratara como algo más.
—Claro, por eso estuve a punto de besarte. —contestó con la voz impregnada de sarcasmo mientras ponía los ojos en blanco.
—Yo estuve a punto de besarte a ti. —lo corregí recordando aquel encuentro meses atrás.
—Vaya, sí sigue siendo un poco irritante. —comentó haciéndome fruncir el entrecejo. —¡Sólo bromeo! —se apresuró a agregar sonriendo con sorna.
—Y tú sigues sin poder quedarte quieto. —contraataqué y como eso no le molesto visiblemente adherí: —E increíblemente adorable. —pellizqué cariñosamente una de sus mejillas haciendo que pusiera expresión de acabar de ser golpeado por algo.
—No soy adorable. —siseó entre dientes.
—Claro que sí, en especial la cara que pones cuando hablo con Cormac McLaggen. —continué sonriendo al ver como sus labios se contraían en una perfecta línea.
Cormac era el nuevo guardián del equipo de Quidditch de Gryffindor, tenía el cabello color arena y era lo suficientemente grande para tapar todos los aros de gol sin siquiera moverse. Tenía complexión bastante atlética y no se le podía negar su bien parecido. Yo acompañaba a Harry a todas las practicas de Quidditch donde Cormac había desarrollado una clase de favoritismo hacia a mí y habían sido numerosas las ocasiones que intentaba conquistarme, acercándose más de la cuenta o relamiéndose los labios en gesto de seducción. Sin embargo yo no me sentía atraída a él, era demasiado vano sin mencionar que lucía increíblemente insignificante al lado del que verdaderamente lograba acelerarme el ritmo cardiaco, Cormac no era nada a comparación de Harry. Pero el ver la expresión de descontento de Harry cuando McLaggen se me acercaba era algo que me causaba gracia… y me llenaba de satisfacción. Siempre que tenía la oportunidad nos interrumpía y no era que eso me molestara, al contrario, por algún motivo me gustaba ese lado celoso de Harry Potter.
—Claro, tú lo encuentras adorable mientras yo muero por dentro. —ironizó componiendo rápidamente su expresión. —¿Tienes idea lo que se siente ver como todos prácticamente te comen con la mirada y no poder hacer absolutamente nada? —inquirió logrando acelerar mi corazón.
—¿Qué si sé cómo se siente? ¡Todas las mujeres de Hogwarts están tras de ti! —respondí entre dientes. —Tengo que limitarme a sólo ver como se te insinúan mientras me matan lentamente los celos.
—Supongo que tenemos que hacer algo con eso…—murmuró pensativo sin detener su movimiento. —Y no veo mejor manera para apartar a todas esas molestas personas que dejarles en claro que no estamos disponibles…
Me detuve abruptamente al escucharlo intentando comprender a donde quería llegar con aquello, bajé nuestras manos alzadas sin soltar su agarre mientras sentía como mi corazón latía más lento de lo normal.
—¿Qué? —Si aquello era una broma era una de muy mal gusto…
—Que me cansé de mantener apariencias, de hacer lo que considero correcto para el bien del mundo mágico en lugar de lo que yo quiero, de lo que me hace feliz…—explicó mirándome con un semblante serio. —Y nada me haría más feliz… que tú fueras mi novia.
Quería escucharlo, quería verdaderamente que aquella pregunta saliera de sus labios. Había estado esperando aquello por meses, años teniendo en cuenta que siempre había estado enamorada de él aunque, debido a su obvio desinterés en mí, me había prácticamente obligado a ignorar mis sentimientos.
—¿Quisieras ser mi novia? —preguntó y una sensación de calidez invadió todo mi cuerpo mientras sentía como todas mis extremidades amenazaban con flaquear.
Años, años esperando para aquella pregunta y cuando el momento finalmente había llegado no encontraba como mover mi boca para responder, de hecho, en ese momento ni siquiera podía recordad mi propio nombre.
—Sí… por Merlín, sí. —respondí finalmente mientras una genuina sonrisa de felicidad invadía mis labios.
Él sonrió igualmente volviendo a alzar nuestras manos para continuar con el baile, distinguí un brillo en sus ojos que nunca había visto antes… un brillo especial. Estaba segura que aunque intentara con todas mis fuerzas dejar de sonreír o tratar de apartar mi vista de su rostro no podría. Ese se había convertido en el mejor día de toda mi vida.
—Aunque será mejor que controles a los Weasley, cuando se enteren intentaran cometer homicidio. —ironizó aunque por su tono de voz dejaba más que claro que no le importaba si intentaban matarlo. —Al igual que Lupin, Moody, Dumbledore, Sirius… oh Merlín, ¡Sirius!
—Tranquilo, yo te protejo. —aseguré guiñándole el ojo, gesto que debió haberle causado mucha gracia ya que su carcajada no se hizo de esperar. —No es que me queje, pero aun no entiendo que te llevó a tu repentino cambio de parecer.
—Bueno, dado que ya nos tratábamos como pareja no veo por qué no hacerlo oficial.
Sonreí y por primera vez en mi vida me sentí completa, como si él tuviera las piezas que necesitaba para estarlo. Dejé que Harry guiara en aquella ocasión y recargué mi rostro contra su pecho, cerrando mis ojos sintiendo como si flotara entre sus brazos.
—Esta será una de las pocas cosas donde yo mandaré, ¿cierto? —inquirió logrando hacerme reír.
—Me alegro que nos entendamos.
Moví la mano que yacía sobre su hombro para envolverla alrededor de su cuello. Aun estando tan cerca de él seguía sin poder distinguir a que olía aquel perfume que emanaba tan característico de él, ni siquiera sabía si era alguna clase de loción o se trataba de su aroma natural… sea como sea, aquella fragancia era la más embriagadora que había olido jamás.
—Te estás quedando dormida, amor. —acusó y un estremecimiento me recorrió, no porque repentinamente me hubiera tomado en sus brazos, sino por aquel mote nuevo que me había resultado increíblemente hermoso saliendo de sus labios y aún más al estar dirigido a mí.
—¿Amor? —repetí sonriendo de oreja a oreja sin abrir mis ojos aún.
Antes de escuchar su respuesta sentí la sensación de vértigo recorriéndome, lo que me indujo a cerrar aun más fuerte mis ojos sin soltar a Harry. Había esperado años para escucharlo decir aquello, años enamorada en secreto de mi mejor amigo con la ingenua esperanza de que algún día el niño que vivió se fijara en mí… y eso finalmente estaba pasando.
—Lo siento, ¿demasiado rápido para sobrenombres empalagosos? —preguntó con un deje de sarcasmo en el momento que todo dejó de girar.
—No… me gusta. —admití escondiendo más mi rostro contra su pecho.
Sentía como si estuviéramos subiendo escalones, sin embargo no tenía la fuerza suficiente ni para abrir mis parpados para verificar. Me pregunté cómo Harry se las había ingeniado para estar subiendo las escaleras al dormitorio de chicas, después de todo, ésta estaba encantada para en el momento que cualquier hombre tratara de subir transformarse en un resbaladero y entonces se me ocurrió que quizá me estaba llevando a su habitación… Me depositó con sumo cuidado sobre la cama, como si yo fuera algo extremadamente frágil y quebradizo. Me arropó probablemente con el cobertor que siempre reposaba al pie de mi cama.
—Descansa. —lo escuché susurrar tan bajo que apenas logré oírlo.
Acto seguido sentí algo cálido posarse sobre mi frente, sus labios. Solté un suspiro de complacencia y sus manos tomaron las mías con sutileza haciendo que soltara aquel agarre que tenía sobre las solapas de su camisa que ni siquiera había notado, me hubiera resistido pero estaba débil debido al sueño… no era que aún con todas mis facultades mentales pudiera contra él. Quería hablar, decirle que no se fuera… que ya nos enfrentaríamos a la furia de McGonagall o, si era necesario, contra el mismísimo Dumbledore al día siguiente pero que aquella noche no quería pasarla sin él. Sin embargo debido a mi cansancio me era imposible hablar sin que mi voz se escuchara como simples quejidos ahogados, por lo que decidí dejarlo partir. Y ese, sin duda alguna, había sido por mucho el mejor día de mi vida. Ahora era oficialmente la novia de Harry Potter.
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¡Listo! Ya son pareja de verdad... ¿ya no me odian?
Sé que no actualice tan rápido pero acabo de salir de vacaciones así que los subire más seguido. De verdad reescribí este capitulo como 8927837 veces y al final este fue el que más encajaba con la historia.
PD1: El siguiente capitulo es "El baile de Durmstrang" así que... ¿a quien ponemos celoso? a Harry o a Hermione? con quien?
PD2: Les gusto?:3 quieren los capis más cortos? por que si estan algo largos
PD3: Siguiente capitulo será el primer beso... ustedes diganme donde quieren que sea y quien tomara el primer paso.
PD4: ¿Quieren o no que Tonks adopté a Harry?
De aquí en más empieza el romance entre ellos... pero comienzan los problemas... sé que me odiaran en 2 capitulos más T_T
Dudas, quejas, comentarios bien recibidos :3 ¡AYUDENME CON EL TITULO NOSE QUE PONER!
¡Gracias por los comentarios!