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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 15
Ya debería estar aquí. Ya debería estar aquí.
Aquella era la única frase que mi cerebro era capaz de pensar, como si me fuera posible olvidarlo. Ya era suficiente la preocupación, estrés y tensión que tenía encima… pero aquello era como si el mismo Merlín estuviera en mi contra. Había intuido que algo estaba mal desde el momento que al bajar las escaleras del dormitorio no lo vi ahí, recargado contra una de las paredes de la sala común mirándome con aquellos ojos verdes llenos de curiosidad y una sonrisa de picardía adornando sus labios perfectos, su cabello negro siempre revuelto haciendo que varios mechones cubrieran su frente, dándole ese aire rebelde que tanto me gustaba… agité la cabeza al notar que mis pensamientos se desviaban, por millonésima ocasión.
Intentaba con todas mis fuerzas no girarme a ver hacia la puerta cada minuto con la ingenua esperanza de verlo ahí, de no buscar sobre la mesa su mano para tomarla, de no voltear a ver donde debería estar su perfecto rostro con la expresión de aburrimiento que siempre poseía en las clases.
— Hermione Granger. — me exalté al escuchar mi propio nombre, no se escuchaba cerca, era más bien como un eco lejano… pero con una voz extrañamente familiar.
Me sorprendí al notar que, inconscientemente, había recostado mi cabeza sobre el pupitre, me levanté buscando a quien me había llamado encontrándome con varias miradas mirándome con curiosidad… y diversión.
— Lo siento señorita Granger, ¿he interrumpido su siesta?— fue entonces cuando la reconocí, Minerva McGonagall se acercaba a mí con una expresión de descontento y con un paso que me resulto intimidante.
Sentí como rápidamente toda la sangre se me subía a la cabeza comenzando un torpe jugueteo con mis dedos a causa del nerviosismo, vi de soslayo como la maestra llegaba hasta mi asiento sin poder evitar comparar su caminar con el de un gato en modo de ataque, cosa que no ayudaba en lo absoluto. ¿Hace cuanto había iniciado la clase? Me miró con desaprobación unos segundos con aquellos ojos tan penetrantes, rehuí su mirada con la vergüenza invadiéndome.
— ¿Se puede saber a qué se debe su falta de concentración?— exigió saber haciéndome levantar la mirada.
— ¡Es por Potter!— Aquel simple grito hizo que mi corazón se acelerara tanto que por un momento pensé seriamente que se saldría de mi pecho, el murmullo se hizo presente al instante.
*"Trágame tierra"*rogué en mis interiores. ¡Claro que era por Harry! ¡Claro que mi mente estaba demasiado distraída pensando en él! Pero no lo admitiría… especialmente no si los alumnos de Gryffindor y Ravenclaw me observaban.
— De cualquier manera. —prosiguió McGonagall apagando rápidamente todas las voces y creando un silencio sepulcral para escuchar el veredicto— La quiero ver después de la clase, señorita Granger.
Se marchó al terminar la oración, mordí mi labio inferior intentando ignorar aquellas quisquillosas miradas que ni siquiera se molestaban en despistar su curiosidad, sino que estaban completamente girados sobre su asiento para observarme más cómodamente.
— Como iba diciendo, habrá un magnifico baile navideño antes de que inicien sus vacaciones, de asistenciaobligatoria.— hubo varias quejas al escuchar aquella última palabra, ahora prestaba toda la atención a lo que decía— Como saben se cumplirá un milenio desde la fundación del colegioDurmstrangy nos han elegido como cede para la celebración.
Varias soltaron sonidos de alegría, deseosas de volver a ver a los caballerosos hombres que el año pasado se habían presentado para el torneo de los tres magos. Un baile de navidad… una imagen bombardeó mi mente al captar aquella información, yo en un vestido azul turquesa… mi acompañante me miraba con aquellos ojos verdes llenos de alegría y una túnica que se adaptaba perfectamente a los músculos de su cuerpo mientras tomaba mi mano con sutileza, llevándome a la pista de baile…
— La siguiente clase practicaremos un poco la coreografía que haremos, únicamente los de mi casa por supuesto.— finalizó creando unos grititos de júbilo por parte de las mujeres y quejas de los hombres.
Un baile, la ocasión perfecta para tantas cosas… una sonrisa ilusa apareció en mis labios sin poder evitarlo, aunque hace tanto ya se había dado la ocasión… Estaba perpleja, frustrada y un tanto molesta por mi relación con Harry Potter que cada día se hacía más confusa en lugar de aclararse, nos tomábamos las manos, estábamos en todas partes juntos, nos protegíamos y discutíamos como pareja… sin embargo éramos lo más lejano a esto. Yo cada día me enamoraba más y más de él, de su manera tan sutil de tomar mi mano, de la sonrisa de sinceridad que se dibujaba en sus labios, del sonido tan melódico de su risa, de su voz tan segura y masculina, de sus ojos… me estremecí de tan solo recordarlo, Harry era tan perfecto físicamente… como una clase de dios olvidado en el mundo de los mortales. Sin mencionar que aparte era caballeroso, valiente, simpático, culto, gentil, gracioso, inteligente, la lista seguía y seguía… era el hombre perfecto…mihombre perfecto.
Estaba total y perdidamente enamorada de Harry Potter. Tanto así que si me pidiera matrimonio aquella misma tarde aceptaría sin chistar, sin pensarlo siquiera… pero el hecho de que el no pudiera sentir nada, absolutamente nada, me rompía el corazón constantemente.
Quizá, algún díamurmuró esperanzada una voz en mi interior que callé al instante, no podía ilusionarme de aquella manera, pero no había cosa que me gustara más…
El rechinido de las sillas al moverse y el repentino cambio de ambiente en el aula me hicieron darme cuenta que la clase había finalizado. Me quedé sentada ahí guardando lo más lento posible mis útiles, estaba a punto de recibir mi primer castigo de toda mi estancia en Hogwarts y, si seguía por este camino, no sería el último.
— Acérquese— ordenó McGonagall con tono suave pero imponente, colgué la mochila sobre mi hombro acercándome hasta su escritorio.
Cuando llegué me miró por encima de sus anteojos e hizo aparecer una silla de madera frente a este, me senté comprendiendo la indirecta que aquella no sería una charla rápida. De un movimiento de varita cerró las puertas del salón, seguido por otro movimiento que probablemente era para no ser escuchadas… gesto que me hizo fruncir el ceño.
— Hermione, el tema que vamos a tratar es fuera de la zona académica.— me advirtió mirándome con suspicacia haciendo que mi alarma de peligro se activase al instante, no me gustaba por donde iba la cosa— Sólo… eres la única a la que podemos acudir en estos momentos.— concluyó con tono lastimero.
— ¿Podemos?—repetí, se levantó lentamente comenzando a rondar.
— ¿Sabes donde esta él?— inquirió haciendo mi corazón se desbocara de tan sólo recordarlo, claro que no lo sabía. Todo el día había estado pensando aquello, había desaparecido sin más… ni una nota, algo que me dejara con la seguridad de que seguía vivo…
— Sí. — mentí con descaro intentando no mostrar debilidad.
— ¿Sabes porque está ahí?— presionó mirándome.
— Sí— mentí nuevamente viendo como la sorpresa inundaba sus ojos unos segundos, causándome una enorme satisfacción.
— Harry está siendo demasiado temerario, demasiado arriesgado… creemos que sería mejor si alguien… lo cuidara— prosiguió tomando asiento frente a mi nuevamente.
— ¿Cuidarlo?— repetí sin darle crédito a mis oídos, si había alguien que era capaz de cuidarse por sí mismo, era él.
— Sabemos lo que es capaz de hacer, no nos queda duda que es un mago extraordinario— y ahí estaba, hablando en plural nuevamente— Pero ¿nunca has pensado que se excede? ¿Qué se expone demasiado ante cualquier clase de peligro?
Guardé silencio meditando aquello mientras un estremecimiento recorría mi cuerpo, claro que sí. Desde que Harry me había confesado sus planes de matar al ministro de magia no pasaba un día sin preocuparme por él… sin velar por su seguridad y rogar a Merlín que lo protegiera. La maestra sonrió tomando mi silencio como una confirmación.
— Tiene demasiadas responsabilidades encima, responsabilidades que unniñode 15 años no debería tener— continuó ganando mi completa atención a cada palabra.
— ¿Y cuál sería su solución?— inquirí, intentando no mostrar mi curiosidad.
— Nymphadora estaría encantada de tener un hijo — murmuró sonriendo.
Solté un gritito de sorpresa al entender aquella indirecta, Nymphadora Tonks quería adoptar a Harry Potter… siempre había notado los instintitos maternales de esta, como se preocupaba más por Harry que por los demás Weasley… no sería tan malo…
— Harry viviría con Nymphadora, tendría una adolescencia normal, una madre que se preocupe por él… que lo cuide, que lo proteja. — siguió al notar mi silencio.
Imaginé esa escena, Harry nunca mataría al ministro bajo la supervisión de Tonks, ella era demasiado sobre-protectora… pero sobre todo cariñosa y comprensiva… la madre perfecta… Entonces me di cuenta que algo estaba fuera de lugar.
— ¿Y porque me dice a mi todo esto?— Pregunté confusa— ¿Por qué no lo han hecho ya?
Al escucharme torció el gesto, como si un recuerdo amargo hubiera cruzado su mente. Me miró muy seriamente, las pesadas gafas se le resbalaban lentamente por su nariz.
— Lo hemos intentado… sin embargo el ministerio ha denegado la petición, creen que… que no sería buena idea…— enmudeció unos segundos en busca de la palabra adecuada— controlar, a Harry.
— Oh. — fue lo único que atiné a decir. Habría preguntado por qué si mis pensamientos no hubieran estado sobresaturados.
— Sin embargo, si una persona muy cercana a él atestigua… no les quedaría otra opción. — dijo muy lentamente.
— No— exclamé sin poder contenerme, era consciente que él nunca estaría de acuerdo con ser el hijo adoptivo de nadie, y mucho menos de Tonks. Y yo no era nadie para decidir por él.
— Piensa en su futuro— intentó razonar la profesora, tomó el papel color dorado que hacia un instante reposaba sobre el escritorio y lo extendió hacia mí. — Tómalo— me ordenó.
Lo hice, no sin antes lanzarle una mirada de despecho. Noté como el documento era rígido y contenía el sello oficial del ministerio de magia color marrón en la parte inferior derecha.
— Él acabaría entendiéndolo… y aunque no lo hiciera, a veces tienes que hacer lo que crees correcto— murmuró con sabiduría.— No importa la hora, el día o el lugar… manda ese formulario al ministerio y considera segura la vida de Harry Potter.
Miré aquel papel sabiendo que tenía en mis manos el futuro de Harry… una en la podría seguir siendo su amiga o en la que era odiada a muerte por él. Me levanté pensando que era el final de la conversación, di media vuelta caminando hacia la salida sintiendo un tembloteo nervioso en mis manos.
— Hermione— me llamó McGonagall retrasando mi partida— Lamento poner toda esta carga en tus hombros… pero no teníamos otra opción.
— ¿Por qué lo hicieron?— exploté, girándome a verla. Estaba cansada de todo aquello— ¿Por qué?
Ella enmudeció mirándome con incredulidad entendiendo perfectamente a que me refería, yo era consciente que aquello no era de mi incumbencia, que no era más que la mejor amiga del elegido…
— A veces tenemos que pensar en todos, no sólo en el bienestar de una persona— Me dijo intentando mantener su tono formal.
— ¿Aun cuando le arruinas la vida a esa persona?— inquirí, estaba siendo maleducada, una verdadera adolescente fuera de sus cabales… pero no me importaba.
— ¿Qué no lo entienden?— preguntó finalmente fuera de sus casillas, se levantó de manera brusca caminando hacia mi tan rápidamente que por un momento pensé que me embestiría.
Nos quedamos viendo unos segundos, debía ser fuerte y resistir la tentación de agachar la mirada y disculparme, nos mantuvimos la mirada. Ambas poco dispuestas a perder aquella discusión.
— Tenemos que protegerlo… por el medio que sea— pronunció recalcando las últimas palabras.
— Él los odia.— ataqué mirando cruzar por sus ojos el dolor, pero tenía que hacerles comprender, Harry no los quería más en su vida— ¿Por qué son tan insistentes?
— Por la misma razón que tú lo eres— explicó ablandándome el corazón al instante, le querían…
La única razón por la cual no se rendían a pesar de todo el rechazo y el odio por parte del azabache era porque lo amaban tanto como yo, porque creían que Harry necesitaba a alguien tanto como yo, porque sabían que tarde o temprano el volvería a ser el mismo Harry de hace tan sólo un año.
— Yo nunca habría hecho lo que ustedes…— intenté defenderme, aunque mi voz ya no era segura ni mi posición firme, me había dado en el punto exacto.
— ¿Qué hubieras hecho? ¿Decirle que sus padres no lo querían ver? ¿Qué habían encerrado a su padrino? ¿Qué no tenían el más mínimo interés en él?— bombardeó haciendo que mis ojos se llenaran de lágrimas contenidas que me negaba a soltar. No, no lo hubiera hecho — Tenía sólo 11 años cuando lo vi… no podía… no quería…
Escuché su voz finalmente quebrarse y sus ojos romper en llanto, fue entonces cuando no pude sostenerle la mirada, nunca había visto a McGonagall romperse de aquella manera, siempre tan fuerte y decidida… y ahora estaba deshecha frente a mí, dolida por los recuerdos.
— No estoy orgullosa de nuestra decisión, Hermione— musitó tentando mi curiosidad y haciéndome mirarla, sus ojos estaban enrojecidos, sin embargo había sinceridad en estos— Pero estoy segura que fue la mejor.
— Quizá— corroboré dando media vuelta y saliendo de aquella habitación lo más rápido que me fue posible.
Al poner un pie fuera del aula fue como si se sintiera un ambiente distinto, uno completamente nuevo donde el aire no se respiraba tan sofocado y las paredes no me envolvían causándome claustrofobia.
Mientras caminaba rápidamente por los pasillos por alguna extraña razón sentía la necesidad de llorar, quería con todas mis fuerzas olvidar aquel encuentro, ignorar el hecho que si algo le llegará a pasar a Harry, sería mi culpa… y sólo mía.
Fue entonces cuando entendí, no era que tuviera necesidad de llorar, tenía necesidad de verlo y echarme en sus brazos… ver por mi misma que estaba bien, que nadie nunca le causaría algún daño. Le echaba de menos, cada fibra de mi cuerpo lo extrañaba… era tan dependiente de él, lo amaba tanto que casi dolía… No sabía dónde estaba, porque se había ido, estaba más que preocupada por él… si algo llegara a pasarle, no podría continuar. No sin él. Alejarme de Harry Potter no era una opción, incluso de pensarlo mi cuerpo se estremecía.
Guardé rápidamente aquel formulario en mi mochila intentando que aquella acción no desencadenara una revolución de pensamientos en mi cerebro, me quedé parada a mitad del pasillo hacia la biblioteca pensando a donde debería de ir. Entonces lo recordé, comencé a caminar apresuradamente hacia el lago ya que, si teníamos un punto de encuentro, era ese. El muy ingrato no se había presentado en todo el día, a ninguna clase. No había dejado una carta, una nota, un aviso con alguien… sólo se había ido y desaparecido sin más… cuando lo viera le daría la reprenda de su vida, eso era seguro. Cuando finalmente salí a los jardines se respiraba un aire de libertad, como era de suponer un viernes por la tarde todos los alumnos estaban en las fueras del castillo, completamente extasiados de que la navidad estaba próxima. Intenté ignorar el frio que hacía, crucé mis manos sobre mi pecho en un vano intento de mantener el calor, pero esa era la última de mis preocupaciones.
Y ahí estaba él, con su típica pose de indiferencia sentado en las fauces de ese gran roble frente al lago, mi corazón se aceleró mientras una sensación de alivio recorría hasta el último rincón de mi cuerpo y, como si este se moviera por sí mismo, me eché a correr, tan rápido que ni siquiera noté el momento en el que Harry se puso de pie y me recibió con los brazos abiertos. Me lancé sobre él con tal fuerza que tuvo que retroceder unos pasos para no perder el equilibrio, ceñí mis brazos rápidamente alrededor de su cuello y escondí mi cabeza en este, presa del llanto. Ahí estaba, vivo, a salvo yabrazándomecon la misma intensidad que yo lo hacía. Mis dedos aferraron a su camisa, a cada respiro que tomaba sentía como su dulce aroma inundaba mis pulmones, embriagándome completamente. Su cuerpo se adaptó perfectamente a las curvas del mío… y me sentí feliz, tan feliz que por un momento pensé que mi corazón estallaría… me sentía en paz estando entre sus brazos, como si nada en este mundo nos fuera a hacer daño jamás, como si solo fuéramos yo y él.
— Hola— lo escuché decir en un suspiro, su hermosa voz resonó en mi mente unos segundos. Como respuesta mi llanto se hizo más sonoro y me acerque aun más contra él, impidiéndole alejarse un solo centímetro.
Sus brazos rodearon mi cintura poco dispuestos a soltarme, sus labios comenzaron a cepillar mi cabello haciendo que mis pensamientos se disiparan. Nos quedamos así, abrazados hasta que lentamente comencé a calmarme… ¿Cuánto tiempo había pasado desde que llegué? Me habían parecido segundos pero la posición del sol y el hecho de que las puntas de mis pies estuvieran tan adoloridas me hacían dudarlo. Separé mi cara de su cuello cuando los sollozos finalmente pararon, lo vi directamente a los ojos… un error fatal. Sentí como algo en mis entrañas se removía, deseoso de que me acercara más a él… de que terminara de extinguir aquel casi nulo espacio que había entre nuestros rostros, milímetros era la distancia que separaban nuestros labios…
Click¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Él me había abandonado todo el día y yo lo besaría así? ¿Sin más? Puse mis manos sobre cada uno de sus hombros empujándolo y haciéndolo retroceder unos pasos con la sorpresa cruzando sus ojos.
— ¡Como te atreves!— grité acercándome nuevamente, cerrando mis puños a costados de mi cadera.
— Puedo explicarlo. — se defendió alzando ambas manos hacia mí, como si eso fuera a detenerme.
— ¡Un día! ¡Desapareces un día entero!— exclamé tomando mi varita, acción que lo hizo retroceder aun más.
— Hermione…
— ¡Qué Hermione ni qué nada! ¿¡Quién te crees que eres!?— me acerqué aun más a él.
Harry intentó seguir rehuyendo sin embargo, al tener el lago a sus espaldas, no le quedó más opción que encararme. Seguía con las manos alzadas, intentando mantener un espacio considerable entre ambos.
— Si tan sólo…
— ¡Ni una maldita carta! ¡Un condenado aviso!— Mi molestia subía más a cada palabra.
Vi mi propio reflejo en su mirar, me sentí orgullosa al notar que mi expresión era bastante intimidadora, él se mantuvo callado, sabedor que aun no había terminado…
— ¡Desconsiderado! —Quité sus brazos del medio dándole un golpe en el pecho, Pum.— ¡Orgulloso!—Pum. — Egoísta…
Al acercar mi mano para golpearlo por tercera vez él jaló de esta, atrayéndome nuevamente a sus brazos. Intenté apartarlo unos segundos pero al momento que su aroma paso por mis pulmones fue como si mis fuerzas quedaran neutralizadas.
— Lo siento.— dijo con sinceridad impregnada en la voz, quería mirar su expresión… pero opté por seguir ahí, escondiendo mi cabeza entre su hombro y su cuello— No tuve tiempo de nada… perdón.
— Idiota.— murmuré sin poder evitar que más lagrimas rodaran por mis mejillas, probablemente estas eran de felicidad.
Escuché su risa, tan melódica y natural como siempre. Me alejó de él posicionando sus manos a ambos lados de mi rostro obligándome a mirarlo, haciendo darme cuenta que su imagen en mis nublosos recuerdos definitivamente no le hacían justicia a su verdadera apariencia, tenía una expresión divertida, con aquella sonrisa burlona tan típica de él. Cada una de sus facciones eran tan increíblemente perfectas… sentí como mis piernas flaqueaban ante su sólo mirar, rápidamente toda la sangre se me subió a la cabeza y mi respiración se aceleró haciéndome casi jadear. Me apartó las lágrimas con sus dedos, haciéndome cerrar los ojos ante el roce sintiendo las descargas eléctricas donde su piel entraba en contacto con la mía. Sentía su respiración tan cerca… aquel delicioso sentimiento de bienestar comenzó a invadirme, tan rápido, tan efectivo… Justo en el segundo que su cuerpo se alejó de mi fue cuando esa burbuja se rompió, haciéndome volver a la cruda realidad. Me miró con aquella sonrisa aun dibujada en sus labios y tomó mi mano guiándome al lugar donde había estado sentado hace un momento. Se sentó nuevamente y extendió sus brazos hacia mí, acepté su invitación gustosa sentándome sobre su regazo.
— ¿Eso significa que me perdonas?— preguntó dudoso mientras jugaba con mi cabello de la manera que sólo él sabía.
— Significa que te dejaré hablar— aclaré.
Sus manos rodearon mi cintura entrelazándose sobre mi vientre, causando que mis pensamientos se dispersaran y el sonrojo volviera a mis mejillas. Sonreí, aquello se sentía verdaderamente bien… recosté mi cabeza contra su hombro entrecerrando levemente mis ojos.
— Fue un día algo… agitado.— me explicó con tono de monotonía.
— Te escucho.
— Me han citado en el ministerio.— Mi cuerpo se tensó al escuchar aquello, las palabras "Harry Potter" y "Ministerio" en la misma oración era algo que no me gustaba nada.— Nada de importancia— aclaró al sentir mi preocupación.
— ¿Entonces?
— El ministro se ha enterado que he dejado la casa de los Dursley, hoy han venido Lupin y Kingsley a recogerme para el juicio. — Dijo como si fuera lo más normal del mundo.
— Continua— apremié notando que se me ponían los pelos de punta al imaginar lo que seguramente se habían dicho en el camino, suspiré, al parecer me estaba contagiando su negativismo.
— Pues fue bastante aburrido, quejas por aquí, quejas por allá— aunque no estuviera viendo su rostro, sabía que había rodado los ojos al decir aquello — Pero han decidido darme la emancipación.
— ¡No!— solté sin poder controlarme, arrepintiéndome al instante al ver su mirada de sorpresa recaer sobre mí.
¡No era posible! No le podían dar la emancipación, no a él. Aquello era un proceso que consistía que el mago/bruja menor de edad quedaba independizado, es decir, sería tratado como mayor de edad… y podía actuar como tal. Harry podría hacer hechizos a la hora que él quisiera y si ya lo hacía aun siendo en contra de la ley no quería ni imaginar cómo sería después.
— ¿Por qué no?— inquirió mirándome con aprensión.
— ¡Tienes sólo quince años!— rebatí, no le daría las verdaderas razones.
— Vamos, es completamente igual.— intentó tranquilizarme recargándose nuevamente contra el tronco del árbol.
Pero yo sabía que no era así. ¿Cómo podían darle tal poder a un niño? Por más maduro e inteligente que fuera Harry seguía siendo un eso, un niño… un chiquillo controlado por sus impulsos y arranques. Y ahora nadie podría controlarlo… desde el momento que la carta de emancipación fuera firmada, Harry Potter sería completamente intocable para el ministerio.
— No me agrada la idea… de que nadie cuide de ti— admití sin poder contenerme, lo vi hacer un ademán de querer ver mi rostro por lo que me escondí más contra su pecho.
— Sé cuidarme solo— puntualizó como si aquello fuera más que suficiente.
— Pero no basta Harry, ¿Quién te corregirá cuando te equivoques? ¿Quién te pondrá un límite cuando intentes excederte? ¿Quién…?
Tú lo harás. Respondió con calma una voz dentro de mi cabeza, como si fuera lo más simple y obvio del mundo haciéndome perder la concentración y dejar la frase en el aire.
— Hablas igual que Molly y Nymphadora— murmuró con un toque de amargura en su voz.— No sé porque piensan que necesito de alguien, ni siquiera me conocen. Así que ¿Por qué no dejan de entrometerse en mi vida?
Al terminar la oración soltó su agarre de mi cintura, sentí como algo se rompía lentamente dentro de mí y mi expresión cambiaba a una dolida… había sido tan estúpida al pensar que Harry Potter me veía como algo más que una conocida… Me levanté, intentando con todas mis fuerzas no soltar mi llanto, por lo menos no ahí. Comencé a andar, me dolía en lo más profundo del alma su actitud, su tono de voz, lo que pensaba, lo que decía… todo lo referente a Harry me afectaba, de un modo u otro. Él tenía más control sobre mí que yo misma. Mi razón, mi cordura, mis pensamientos, mis acciones… todo era de él, todo le pertenecía a él… él me había quitado todo.
¿Por qué? ¿Por qué había sido tan estúpida como para dejarlo llegar tan lejos? Entonces sentí como me tomó del brazo, deteniéndome. No me giré para verlo pero me quedé ahí, estática con aquel nudo en la garganta.
— Debemos parar. — aquella voz tan fría como el hielo me hiso estremecer, esa barrera de indiferencia se había vuelto a alzar.
— ¿Qué?— pregunte incrédula girándome para encararlo, su mirada estaba vacía y su expresión era inescrutable.
No, no de nuevo. Rogué, no de nuevo ese Harry.
— No podemos ser amigos, nodebemosserlo.— explicó con aquella voz gélida, al ver su expresión no me quedó la más mínima duda que aquello iba enserio.
Sentí como repentinamente un calor invadía mi cuerpo y la vista se me nublaba. No, aquello tenía que ser una pesadilla… mas debía ser fuerte, me tragué todos mis sentimientos intentando no flaquear, no ante él.
— ¿Tienes la más mínima idea de lo que dices?— inquirí con toda la seguridad en mi voz que fui capaz de simular.
— No podemos ser amigos, Granger. — repitió haciendo énfasis en mi apellido, soltó mi brazo mientras sus labios se contraían en una recta línea de indiferencia.
— ¿Así solamente? ¿Hace un momento me abrazas y te disculpas y ahora no quieres ni hablarme? — presioné, no me rendiría tan fácilmente.
— Sí— respondió con simplicidad dándose la media vuelta.
— ¡Tal vez todos tienen razón!— Grité llena de rabia apretando mi varita con toda la fuerza que me fue posible— ¡Quizá no eres más que un egocéntrico, inmaduro y orgulloso mago!
Vi como se detuvo aun dándome la espalda, miré de soslayo como su mano se ceñía alrededor de su varita.
— ¡Nunca debí haberte hablado en primer lugar!— exclamé, quería que se girara… que explotara como yo lo estaba haciendo.
— Por fin concordamos en algo.— corroboró dispuesto a seguir su andar.
— Y pensar que me enamore de ti… — me lamenté en voz alta, arrepintiéndome al instante… pero ya qué más daba.— Pero tú nunca sentirás nada… a ti nunca te importara nada.
— ¿Qué no me importa nada? ¿¡Que no me importa nada!?— Repitió alzando la voz y dándose la vuelta, tenía muy abiertos los ojos con una expresión verdaderamente desquiciada— ¿Crees que me habría alejado de todos si no me importara nada? ¿Crees que mataría al ministro si no me importara nada? ¿¡Crees que me alejaría de ti si no me importara nada!?
Caminó hacia mí haciendo que mi corazón explotara, aun con aquella maniaca expresión en su rostro y la varita en la mano no le temía a Harry Potter, por lo que no retrocedí.
— ¡Ustedes siempre en su maldito mundo de felicidad!— Acusó mientras caminaba en círculos a mí alrededor, su voz había perdido toda la dulzura que antes poseía— Creyendo que el mundo es perfecto… creyendo que Voldemort dormirá plácidamente hasta que yo decida que es tiempo de enfrentarlo.
Me estremecí al escuchar su nombre, pero no me perdía una palabra de lo que decía.
— ¡No debemos ser amigos porque estas rompiendo el hechizo!— Admitió sin mirarme a los ojos y sin detener su andar— Porque pensaba que nunca podría sentir emociones… y contigo lo hago… por más mínima que sea.
Si tú me insultas me lastimará, si tú me ignoras me dolerá. No sé como lograste colarte tan dentro de mí, como lograste escabullirte del hechizo que, se supone, debería evitar que sienta algo hacia ti… pero nunca estuvo en mis planes… necesitarte de esta manera.
Se detuvo justo frente a mí, a unos cuantos pasos. Me quedé estática mirando en sus ojos la verdadera agonía que estaba experimentando… esperé, regodeándome con sus palabras, intentando comprender si aquello era lo que yo creía…
— Porque estoy tan enamorado de ti… que me da miedo no poder separarme nunca.— finalizó con un deje de agonía en su voz.
Aquella extraña sensación en mis entrañas se hizo presente, tantas veces había imaginado aquel momento… Harry Potter estaba enamorado de mí… tanto como yo de él… tantas veces había recreado la escena en mi imaginación y ahora, que finalmente estaba pasando, no encontraba que decir o hacer. Sólo me quedé mirándolo, sintiendo como mi corazón palpitaba a un ritmo inverosímil y mis pensamientos entraban en una clase de crisis mental, donde lo único que era capaz de hacer era repetir la frase que Harry acababa de decir.
— Entonces nunca lo hagas— atiné a decir en un susurro.
— Como si fuera tan fácil.— se lamentó torciendo el gesto, una sonrisa apareció en sus labios sin embargo en sus ojos se podía percibir lo mal que lo ponía aquello.
— ¡Lo es, Harry!— intenté persuadir, completamente indispuesta a alejarme de él.
Me acerqué lentamente, como temiendo que mi cercanía fuera a asustarlo. Él miraba al suelo con una perfecta línea en sus labios.
— ¿Tienes idea lo que te hará si se entera?— murmuró tan bajo que tuve que leer sus labios para comprender la frase.
— ¿Te preocupas por lo que me hará a mi?— pregunté incrédula, Voldemort quería matarlo a él, torturarlo a él, quitarle todo lo que le causaba felicidad… y él se preocupaba por mí.
Acabé con la poca distancia que nos separaba, tomé su rostro entre mis manos obligándolo a sostenerme la mirada. Acaricié con ternura la suave piel de sus mejillas sonriendo al notar que palidecía, como solía hacer cuando algo lo avergonzaba.
— Sigues sin comprender— aseguró mirándome con abrasadora nostalgia y tomando mis manos entre las suyas, alejándolas de su rostro— La única manera que Voldemort puede dañarme… es dañándote a ti.
Si antes mi corazón palpitaba enloquecido ahora estaba completamente frenético, yo era la debilidad de Harry Potter… su talón de Aquiles. Ahora comprendía su preocupación por alejarse de mí, si Voldemort se llegaba a enterar de aquella conexión… nada bueno nos esperaba. Pero no me importaba en lo absoluto.
— Parece ser tú el que no lo entiende— contraataqué forzando mis músculos a fingir una sonrisa, acción que el notaria al instante—No quiero que lo hagas.
Aquellas palabras las pronuncié lo más lento, pausado y claro que fui capaz. Vi por sus ojos cruzar emociones que no fui pude descifrar, emociones que nunca lo había visto sentir… sonreí esta vez de manera natural, al comprender que sólo yo podía hacer eso… Era completamente egoísta y ególatra de mi parte, sin embargo, esto me gustaba, me encantaba de sobremanera que Harry Potter sólo podía sentir emociones por mí. Necesitaba dejárselo claro, necesitaba que él supiera que moriría si se alejaba… que él se había convertido en mi vida y la posibilidad de estar separada de él era algo inimaginable, completamente imposible. — Y que te quedé claro algo… — le espeté aprovechando su momentáneo silencio, me acerque a él de tal manera que mi cuerpo quedó pegado al suyo y miraba fijamente sus verdes ojos— Ahora que me has dicho esto… no dejaré que te alejes un solo centímetro.
Me miró con los ojos como platos, completamente sorprendido de mis palabras. Después de unos segundos aquella sonrisa tan perfecta cruzó sus labios disparando mi corazón, sentí como sus brazos envolvían con agilidad mi cintura y su rostro se acercó al mío de tal forma que nuestras frentes quedaron unidas.
— Eres tan obstinada…— se lamentó sin borrar aquella sonrisa, su delicioso y cálido aliento rozó mis labios haciéndome perder el sentido.
Si alguien me hubiera preguntado mi propio nombre en aquel momento no hubiera sabido que contestarle. De lo único que era consciente era de cómo mis manos se mezclaban con su cabello negro azabache, alborotándolo aun más y de que mis ojos recorrían la perfecta forma de sus labios. Sin darme cuenta me relamí los labios, acción que seguramente él no había pasado desapercibido. Vi como sus ojos se entrecerraban y la sonrisa desaparecía de sus labios, dejándolos levemente entreabiertos… y completamente expuestos a mi voluntad. Casi sin notarlo nuestros labios se comenzaron a acercar, deseosos de conocerse, de finalmente encontrarse… mi corazón se quedó estático, expectante de aquel anhelado contacto.
— No.— murmuró a milímetros de mi boca. Se apartó bruscamente haciendo que la burbuja en la que estaba envuelta se rompiera, devolviéndome a aquel lugar llamado realidad.
Le eche una mirada fulminante solo para darme cuenta que él miraba hacia todas partes, parecía tenso. Lo imité intentando encontrar lo que buscaba, pero solamente logre divisar unos alumnos jugando Quidditch a lo lejos. Oh claro, debíamos ser más discretos en cuanto a nuestra relación se tratara.
— Demonios Hermione.— me recriminó lanzándome una de sus miradas de despecho.
— ¿Pero que hice?— pregunté con fingida inocencia, claro que lo sabía. Mi insistencia era la causante de que hayamos estado a punto de besarnos, cosa que seguramente él había intentado evitar desde meses atrás.
Me examinó unos segundos para finalmente sonreír… pero algo no andaba bien… su sonrisa tenía algo… ¿malicioso?..
— ¡No! ¡Suéltame!— grité acalorada en el momento en que sus brazos me tomaron, levantándome del piso. Escuché su malvada risa mientras caminaba hacia el lago, deteniéndose justo en el borde.
— ¿Qué? ¿Acaso me has pedido que te suelte?—preguntó en tono completamente angelical, sus manos amenazaban con soltarme.
Me aferré a su cuello completamente aterrorizada ante el hecho de caer en la congelada superficie del agua.
— ¡No! ¡No me sueltes!— imploré.
De nuevo aquella risa melódica salió de sus labios, sonido que me hizo olvidar todo, incluso que estaba a punto de ser arrojada al lago. Tan rápido como aquella tortura inició, se terminó. Cuando abrí los ojos nuevamente estaba sentada sobre su regazo, en la sombra de aquel roble… solté el agarre de su cuello y me giré para evitar verlo, cruzando mis brazos sobre mis pecho fingiendo indignación.
— Eres un…— murmuré dejando la frase en el aire al darme cuenta que era incapaz de insultarlo.
— ¿Un Adonis?— a completó haciendo que me girara con mi mejor expresión de incredulidad.
— ¿Tú? ¿Un Adonis?— repetí fingiendo que aquella idea me haría reír.
Por Merlín que si, era tan atractivo que algunas mujeres no podían evitar babear cuando él iba pasando, pero no lo admitiría.
— Vale, vale.— dijo como el que no quiere la cosa haciéndome sonreír y acurrucarme contra de su pecho… ¿No debería estar enojada por algo?...
— Espera.— Dije irguiéndome rápidamente— ¿Cómo has hecho eso?
— ¿Qué cosa?
— Aparecerte. No lo podemos hacer dentro de los territorios de Hogwarts— puntualicé al recordar la rapidez con la que habíamos llegado hasta allí.
— Creo… y solo creo, que este sitio no es experto en cuanto a seguridad— murmuró rodando los ojos arrancándome una carcajada.
Voldemort y un trol infiltrados en primer año, un basilisco rondando petrificando gente en el segundo, Sirius Black y miles de dementores rondando en el tercero, un peligroso ex convicto haciéndose pasar por Ojoloco Moody en el cuarto… definitivamente, Hogwarts no era experto en cuanto a seguridad.
— Aun así… no deberías saber aparecerte hasta los 17 años de edad, aparte tienes que tener un carnet— lo reprendí cuando mi risa finalmente cesó.
— Vamos,Herms.— el tono que había utilizado para decir mi nombre me hizo estremecer, aquella nota de cariño no había pasado desapercibida para mis oídos— Un día te enseñaré. — Prometió.
— ¿A aparecerme o a romper todas las reglas que me ponen enfrente?— inquirí sabedora de lo temerario que era, provocándole una sonrisa.
Lo miré por unos segundos viendo como luchaba para que sus parpados no se cerraran, soltó un suspiro de frustración y se recargó contra el tronco del árbol al tiempo que sus ojos se cerraban. Sonreí enternecida al ver que se había dormido, con la punta de los dedos acaricié cada una de sus finas facciones, la curva de su nariz, el contorno de sus labios… sentía descargas eléctricas a cada toque de mis manos. Se veía tan bien, era verdad aquello que las personas dormidas se veían mucho más jóvenes. Enterré mi cabeza en su pecho aspirando su aroma nuevamente.
Mientras me iba entregando a los brazos de Morfeo una pregunta surcó mi mente. ¿Era novia de Harry Potter? Quizá no lo habíamos dicho verbalmente, pero habíamos confesado nuestra atracción y enamoramiento hacia el otro… eso sería suficiente, al menos por ahora. Harry Potter era propiedad de Hermione Granger… sólo mío. Sonreí al darme cuenta que quizá sería muy celosa y posesiva en cuanto de él se tratara… pero qué más daba. Me dormí sobre su pecho con aquella sensación de felicidad y bienestar aun invadiéndome, olvidando completamente aquel documento que tenía dentro de mi mochila… pero de eso me preocuparía después. Por ahora, estaba más que satisfecha sabiendo que las cosas finalmente cambiarían entre Harry y yo.
He vueltoooo!
Lose, lose me quieren matar. Y bien merecido lo tengo.
Primero que nada, permitanme informarles que ya tenía el capitulo listo... solo me faltaba una computadora e internet .___.
Este capitulo no fue muy romántico, pero a partir de aquí lo serán :D
No me odien. Actualizaré mucho mas seguido, lo juro. Gracias a todos los que continúan leyendo la historia... nosé que sería sin ustedes.
Pd1: ¿Les gusto el Harmione?
Pd2: ¿Creen que Harry y Hermione ya son oficialmente novios?
Pd3: Aclararé dudas que quedaron en el capitulo anterior después, paciencia :D
Gracias a todos los que comentan. Crucios, Avadas y criticas bien recibidas.