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Lobos de Forks: Seducción. — capítulo 5
**Summary:****Tres Gryffindor, tres Slytherin y una Revenclaw deciden olvidarse de la guerra organizando una gira de estudio, en donde van a "disfrutar" en un "intento" de llevarse mejor. Ahí es donde llegan a Forks. Arriendan una casa y...***comienza la locura.***Deben aprender a convivir y aceptar los defectos de las otras. Y sucede lo que menos se esperaban…**Ellas se enamoran.
Claro que no todo es color de rosa, en especial para Hermione quien se niega rotundamente a caer en aquel seductor moreno de carácter impulsivo
Agradecimiento:Mery_M_luna_bellamiley_vulturissgm_16
pabajiCaigdimo_Potter_1998ANGEL_CARIE
gladys21****AndreaMarieG
Disclaimer:¡TODO, TODITO ES DE J.K ROWLING Y DE STEPHANIE MEYER! Solo es un invento de mi loca cabecita y es sin fines de lucro ;)
Quinto Capitulo:
01.02.2012 Séptimo día
Forks, Washington
Ella sabía que Paul tenía algo que ver con el lobo, siempre lo tuvo dando vuelta en su mente y ahora tenia una palabra que describía lo que buscaba: Metamorfogo.
Pero era un metamorfogo "especifico" por llamarlo de alguna manera. Y se convertía en lobo y había una manada.
Incluyendo a una chica.
La verdad es que Hermione había quedado aturdida con esa información, pero, quedo mucho más shockeada cuando dijeron que ellas eran sus "imprimaciones" que vendrían siendo las parejas destinadas… Por merlín, Circe y Morgana ¡ellas eran sus almas gemelas!
Y eso, eso era algo que le daba mucho miedo.
Hermione no escucho más y quitándole las llaves a Paul se marchó en su moto, dejando al pobre entre su manada con la boca abierta.
¿Y ella no escapaba?
No, solo… solo se dio un tiempo para repasar todo y aceptar al chico.
Ahora, tenia que ir a buscar información ¿Y que mejor que ir a Hogwarts a sacar un par de libros y tener una extensa charla con Minerva McGonagall?
Si, eso sonaba como un buen plan.
[****]
— ¿No podrías quedarte tranquilo solo un momento? -Preguntó Leah viendo ceñuda como Paul parecía un león enjaulado listo para el ataque de cualquier pequeña cosa. Así había sido desde que la noche anterior Hermione había escapado montada en su moto, después de pasar por una clara etapa de depresión.-
—No. No puedo. ¡Maldita sea! ¿Por qué diablos se fue? Mira a Ginevra y Pansy, lo aceptaron de lo mejor, conversan con esos idiotas y lo llevan bien. ¡¿Por qué demonios es tan jodidamente difícil que ella me de una puta oportunidad?! -dijo Paul caminando de un lado a otro con la mandíbula apretada.-
—Mira, la chica es buena. Realmente buena. Es muy distinta a ti, y si, quizás sea difícil aceptarlo. ¿Crees que si ella llego a aquí de la nada y te dice: "eh tío, soy una metamorfogo y eres mi alma gemela"? -Las cejas de Leah salieron disparadas.- Créeme, yo no lo soporto y me marcho igual que ella.
— ¡Leah! Ella es tan testaruda como tú… ve con Hermione y convéncela de que venga aquí. -suplicó Paul con desesperación.
—Paul, créeme no hago esto por ti. Ella me cae bien, y mi instinto femenino dice que algo bueno pasara hoy. -la chica suspiró antes de irse a buscar su motocicleta. Paul puso los ojos en blanco, si, instinto femenino.
Bueno, su instinto masculino decía que si Hermione no lo tomaba en cuenta por las buenas, era mejor que comenzara a pensar en una forma rápida de quitarse el dolor del pecho que lo estaba asfixiando.
[****]
— ¿Todas listas? -preguntó Lavander mirando como las chicas se movían de un lugar a otro. Todas asintieron menos Hermione, que estaba sentada en la escalera mirando a la ventana.- ¿Granger, estás bien? ¿Hermione? ¡Hermione!
— ¿Qué? Oh, perdón, estaba… yo… Lo siento, chicas, pero necesito tiempo. Salgan ustedes después las alcanzo.
Ding Dong.
— ¡Llegaron Ginny! -exclamó Pansy corriendo a abrir la puerta. Tal como esperaba, Embry junto a Jacob entraron sonrientes saludando a todas. Hermione se levantó de un salto y se despidió con una cabezada avanzo hacia fuera caminando directo al bosque.
—Ey, Hermione.
—Hola, Leah. -dijo Hermione suspirando, Leah se acomodó a sus pasos ligeros y caminaron juntas en silencio.- ¿Qué necesitas?
—Quiero saber que piensas hacer respecto a Paul.
—No se. No estoy segura de nada -ella metió una mano en su bolso y saco un grueso y desgastado libro:- No hay información sobre la imprimación. Y me estoy realmente frustrando.
—Habla con Paul. -dijo Leah con el ceño fruncido:- Quizás el te pueda explicar lo que ayer te perdiste de la fogata…
—Lo siento, fui una mal educada, es solo que… No soporte estar ahí, pero entiendo que no debí haberme ido sin terminar de escuchar. -Hermione suspiró y pasó una mano por su cabello antes de mirar tímidamente a la morena frente a ella:- ¿Puedes llevarme con Paul?
—Si… pero antes, Hermione, te haré una pregunta -dijo Leah, Hermione cabeceo de manera positiva:- ¿Qué diablos eres?
—Y-yo… -la boca de Hermione se movió silenciosamente antes de mirarla con indecisión.- No te asustes, ¿Vale? Soy una bruja.
— ¿Una…? ¿Una…? ¿Qué?
—Dime, si existen los vampiros y los metamorfogos. ¿Por qué razón no podrían existir los brujos y las otras clases de razas?
—Muy buen punto, veamos como lo acepta Paul.
[****]
Hermione se detuvo bruscamente. Ambas se miraron nerviosas y no pudieron evitar reírse bajito, con lo poco que habían hablado se dieron cuenta de que sus gustos eran parecidos y de que se llevaban muy bien.
Leah golpeo la puerta con una sonrisa encantadora, y apenas abrió fue recibida por un abrazo asfixiante o al menos eso parecía por la cara incomoda de la morena.
— ¡Que bueno es verte por aquí Leah, pensé que no volverías!
Ambas mujeres se colocaron hablar, Leah la presento rápidamente como la madre de Paul, y a cambio recibió una encantadora sonrisa. Guiñándole un ojo, Leah desapareció llevándose consigo a la madre de Paul, Hermione sinceramente no supo que hacer. Así que solo se mantuvo apoyada en la puerta, con su labio firmemente aferrado a sus dientes, fue entonces cuando Paul bajo por las escaleras…
Sus miradas se encontraron y Hermione lo supo, ella jamás podría escapar de aquel metamorfogo.
Nunca.
Además, ella tuvo que reprimir rápidamente un gemido, es que, diablos, su cuerpo parecía tan musculado y duro. Una mujer realmente… realmente no debería tener que afrontar esta imagen tan temprano. Tal cantidad de atractivo sexual, dominio, y presencia de puro macho debería ser reservada sólo para las fantasías más salvajes.
Él apenas la vio, se arrastro hacia ella como si fuese un imán. Con los ojos fijos el uno en el otro, Hermione comenzó a respirar entrecortado al ver la lujuria que ardía en las orbes del chico, Paul por su parte, colocó sus manos a ambos lado de la cabeza de la castaña y se inclinó con sensualidad que solo logró colocarla más nerviosa.
—Hola P-Paul…
—Hola amor -respondió él sin dejar de mirarla, ella se removió inquieta.
—Yo… Leah… -balbuceó sin sentido, cerró los ojos por unos instantes antes de tomar aire y hablar con fuerza:- Quería saber sobre la imprimación.
—Claro, nena, pregúntame…
— ¿Q-que sientes realmente por mí? -preguntó Hermione temblando.
—Te quiero, Hermione —musitó él mientras movía sus labios a lo largo del contorno de su cara hasta su oído. Allí, sus dientes pellizcaron el sensible lóbulo, tirando eróticamente mientras ella temblaba, sus brazos lo rodearon, apretándose contra su duro pecho desnudo, sus dedos acariciando la seda de su ajustada polera blanca—. El beso de ayer sólo fue un pequeño aperitivo. Lo quiero todo de ti, preciosa. Caliente y mojada, gimiendo debajo mí cuando te muestre lo bien que podemos estar juntos. ¿No te gustaría eso, nena?
Hermione boqueo asombrada ante las palabras de Paul. Su mente tardo en reaccionar y antes de que su traicionero cuerpo tomara el dominio ella supo lo que debía hacer.
Plaff.
Su cachetada resonó en la habitación vacía, él abrió los ojos, asombrado y ella se zafó con brusquedad de su agarre, con la respiración agitada y sus mejillas rojas de puro enojo y vergüenza la chica retrocedió furiosa.
—Te equivocas conmigo, Paul, no soy una puta que se tira a cualquiera y si lamentablemente de eso se trata la imprimación para ti, no lo acepto. ¡Escuchaste, no-lo-acepto!
Y tras decir aquella tajante afirmación, Hermione se giró y abrió la puerta, saliendo a zancadas de la casa sin mirar atrás.
Él se quedó quieto por un momento, antes de correr tras ella y detenerla con suavidad. Buscó sus ojos más ella lo ignoró evitándolo con todas sus fuerzas, él la apretó contra su pecho con desesperación.
—Perdón. ¡Oh, rayos, Hermione, perdóname! -rogó tomando la cara de la chica entre sus grandes manos. Ella no lo miró, manteniendo sus ojos fijos en el suelo, él levanto su mentón y clavo sus ojos en los de ella. Su pecho se cerró al ver las lágrimas reprimida de su imprimación.- Lamento que todo esto sea tan rápido… Es solo…
—Soy virgen -le cortó rápidamente Hermione, dejándolo boquiabierto.- Y si, todo esto es muy rápido y me pone de los nervios. Por favor, dame un poco de tiempo, quiero acostumbrarme a todo esto.
—Y-yo… ¿Por qué eres virgen? -preguntó Paul ceñudo. Hermione soltó una risita nerviosa que ciertamente relajo el ambiente.
—Bueno, es por que de pequeña mamá me contó muchas historias -dijo Hermione con ojos soñadores, su voz sonó lejana. Paul no pudo dejar de observarla, era tan pura, agradeció silenciosamente a dios por haberle brindado tan buena persona siendo que él era un cabrón despreciable, al menos, así se catalogaba a si mismo. La castaña tras la larga pausa, continuó su relato:- Adoraba cuando los príncipes con toda su perfección enamoraban a las doncellas con una simple mirada… Y me dije a mi misma que cuando mi príncipe apareciera le iba a dar lo más importante en mí y eso es mi virginidad.
Hermione se puso a reír al ver la cara perpleja de Paul, y después colocándose de puntillas le dio un ligero beso sobre su mejilla adorando el jadeo ahogado que dio Paul y tomo su mano confiada del poder que tenia sobre él.
—Háblame de ti. -pidió ella en un murmullo.
—Vamos a un lugar mas cómodo -dijo Paul señalando la casa. Hermione se cruzó de brazos de manera inconciente y él bufo con burla.
—Prometo no morderte, nena. Venga, vamos adentro, hace frío y no quiero que te enfermes. -dijo antes de tomarla de la cintura posesivamente y arrastrarla a la casa.
Caminaron por un estrecho pasillo y se sentaron en el pequeño comedor, él miro alrededor ceñudo y bufó enojado.
—Vale, se que no es muy grande ni muy lujosa…
—No he dicho nada, Paul. Además me encantan las casas pequeñas, son más cómodas y practicas. ¿Vives solo con tu madre? -preguntó con sincera curiosidad. Él asintió.
—Si, mi papá era un cabrón que se fugo cuando nací, no lo conozco. -una leve sonrisa se instalo en sus labios mientras se lanzaba al sofá, palmeo a su lado, pero Hermione se negó. Él estiro sus brazos y de un tirón la dejó a su lado.- No puedo estar muy lejos de ti, Hermione. O dolerá como un infierno….
— ¿Cuándo supiste que eras metamorfogo? -preguntó ella con cuidado mientras su mano acariciaba sin darse cuenta el pecho de Paul, él sonrío cerrando los ojos adorando la suave caricia inconciente de Hermione.
—Fui uno de los primeros en convertirme, la verdad es que no tenia la más puta idea de lo que debía hacer. Me asuste como el infierno, pero Sam me ayudo.
— ¡No hables de esa forma, Paul! -reclamó Hermione ceñuda. Él se quedó callado antes de impulsivamente besarla. Ella jadeo sorprendida, pero el beso no pasó más allá, Paul no apasiono el beso, pero la sostuvo con fuerza para que no se alejara. Cuando se separaron ella lo miro con los ojos entornados.-
Lo intentare, nena, por ti.
—Gracias, Paul. -dijo sonrojada. Él se detuvo como si acabara de recordar algo-
— ¿Cómo diablos lo aceptaste tan bien el hecho de que soy un metamorfogo?
—Bueno, por si no lo recuerdas me fui y con tu moto. -dijo Hermione a la defensiva, él negó mirándola fijamente.
—Si, escapaste. Pero… antes me dijiste que querías saber lo que era, por lo cual, sospechabas algo ¿no, Hermione? -ella tragó en seco y muy lentamente asintió. El ceño de Paul aumento.- ¿Cómo mierda lo sabias?
—Yo… Paul... -ella aclaró su garganta y se inclinó suavemente quedando muy cerca de él.- Soy Hermione Jean Granger y vengo de Londres, estudie en el colegio Hogwarts de magia y hechicería.
Bien, lo había dicho.
Hermione se quedó quieta con los ojos apretados, y Paul no dio señas de querer moverla. Abrió un ojo y vio que él tenia una mueca pensativa en su cara, y después una radiante sonrisa se instalaba en sus labios.
— ¡Eres una bruja! Y yo que creí que no existían, pero bah, en este mundo… ¿Qué? -Preguntó al ver la impactada mirada que le enviaba Hermione-.
—Creí que reaccionarias mal. -gruñó ella alejándose con rapidez, él coloco los ojos en blanco y negó, acomodándola una vez mas a su lado.
—Venga, cuéntame más sobre tu magia -rogó sonriente.
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