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Un amor turbulento: Fleur Delacour y Bill Weasley. — capítulo 3

Capítulo de 2109 palabras.

-¡Bill! ¡Bill! -Repetía Molly, que había recorrido toda la casa con objetivo de encontrar a su hijo, que definitivamente, no encontró-.

-¡Bill! -Gritó lo más fuerte que pudo Charlie, que aún estaba en la cama, pero que había sido despertado por los gritos atrofiados de su madre-.

-¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¡¿Qué?! -Dijo el otro, saliendo de su habitación en la cual estaba encerrado con un conjuro que había buscado en uno de los tantos libros de Percy, para que nadie pudiese entrar-.

-No me hables así, de nuevo, jovencito -Le regañó la pelirroja, enfurruñada-. ¡¿Dónde se supone que vas?! -Volvió a decir, cuando observo con detalle lo que su primogénito llevaba puesto-. ¡Esa camisa vale mucho dinero! -Chillaba de nuevo, bajando las mismas escaleras que Bill estaba recorriendo-.

-Voy a ver a Fleur, mamá -Le dijo sereno, cuando terminó de bajar el último escalón, en el cual se tropezó-.

-¿Fleur? -Ladeó la cabeza horizontalmente-.

-Sí, Fleur -Finalizó, dándole un beso a su madre, y saliendo por la puerta-.

-¡Me habéis despertado, incordios! -Rechistó Charlie cuando ya estaba en la misma posición que Molly, viendo como Bill salía de la Madriguera-. ¿Me haces el desayuno o qué? -Enarcó las cejas-.

-Que poco respeto tenéis con vuestra madre, Merlín -Levantó sus brazos, como rogando a quien sabe qué-.

-Sí, sí, pero me haces el desayuno que tengo hambre -Le cogió de los hombros y la guió hasta la cocina-.

Ella murmuró algo por lo bajo, pero ni siquiera ella misma supo lo que había dicho. Charlie, salía de la cocina justo cuando su hermano menor se dirigía a la nombrada puerta por la que William acababa de salir hacia poco menos de dos minutos.

-¿Dónde vas hermanito?

Pero la única respuesta que tuvo de Percy, fue un leve alzamiento de hombros y un impredecible guiño de su ojo izquierdo.

-¿Tu hermano ya se ha ido? -Le preguntó Molly a Charlie, cuando notó que él volvía a la cocina-.

-¿Dónde se supone que se va ese? -Dejó aparte la pregunta que su madre le había formulado-.

-No es 'ese' es tu hermano Percy, y debes tener respeto hacia él, ¿está claro o te lo repito? -Le miró vacilante-. E iba a buscar trabajo, cosa que me parece muy bien pues ya tiene 19 años, y necesita independizarse…

-Mamá, yo no me fui tan pronto.

-Pues tampoco te creas, Charlie, tampoco te creas -Echó un bostezo al aire-. Aunque, supongo que vendrá a comer… Lo que no sé, es si Bill se presentará -Hizo una mueca de desagrado-.

Él hizo ademán de tener miedo y se alejó dos pasos de Molly, que seguía añadiendo los ingredientes de la comida que iba a preparar ese viernes, a la cazuela, pues eran las dos de la tarde, y el deseo de Charlie por desayunar no se iba a poder cumplir.

-Mamá -Intentó hablar con la boca llena Charlie, que estaba picoteando cosas de los cajones de la cocina-. Volveré a mi tierra el…

-¡Tu tierra es ésta carajos, Charlie! -Le interrumpió su madre-. Y no hables con la boca tan sumamente marraneada.

-Bueno, bueno, como está la cosa…

-¡¿Que decías?! -Le ordenó seguir-.

-Decía que, vuelvo a Rumania el 7 de noviembre -Paró de comer, por un instante para ver la reacción de la señora-.

-Pero, Charlie -Le salió una voz melancólica y tristona-. No estarás para navidades, y Ginny quería verte…

-Lo sé. Os enviaré postales, y todas esas chorradas mamá -Le abrazó, intentando no estar sumergido en un mar de lágrimas envueltas por los claros ojos de aquella, pues, si Molly se ponía a llorar, se ahogaban los dos-.

Estuvieron varios minutos en esa postura.

*No hay más desastre en la vida de una madre que ver como sus hijos se despiden de ella, hasta saber cuando…*Pensaba una amargada Molly, que estaba apoyada en el pecho de su robusto hijo.

-¿Cuándo volverás? -Hizo ella caso a su instinto, y 'repitió' su pensamiento interior en voz alta, comiéndose algunas partes que para Chals podrían parecer demasiado… Cursis.

-No lo sé -Contestó cuando ella hubo vuelto a preparar la comida-. Quizás vuelva para el verano del año que viene -Calculó ahora, chupándose los dedos de las manos, donde

había restos de guritas, (trozos pequeños, en estado líquido), del chocolate que había devorado instructivamente momentos anteriores-.

-En verano… -Susurró Molly, que miraba el interior de la cazuela con ojos llorosos, pero boca placentera, la misma sonrisa que esbozó una sonrisa, pues había veces, que no veía a su segundo hijo en… ¿Cuántos meses fueron aquella vez? ¿Veintidós? Sí, creo que sí-.


Ahí estaba él, sentado en una de esas sillas, parecidas a los taburetes muggles que no tienen ni respaldo ni superficie para apoyar los brazos.

Cada dos por tres, ojeaba el reloj, eran las dos y cuarto, su cita era a las dos menos cinco, y estaba atrasándose, a demás, también tenía hambre…

Cuando había salido de casa, olió ese aroma a pescado frito en aceite, acompañado de esas deliciosas patatas. Lo que los muggles solían llamar fish and chips, pero a él ese apodo no le agradaba, si era una comida tan común entre los ingleses, tenía que tener un nombre más significativo, no vulgar, como ése lo era.

Giró la cabeza, para quitar de su espacio visual las agujas cortantes del reloj, que se movían ruidosamente en un tic, y un tac, unos sonidos espeluznantes que reinaban entre el silencio de todos los chavales de su edad y gente poco más mayor que él, que estaban en su misma situación. Todos optaban para ser el asistente personal de…

Un ruido hizo que todos giraran y algunos se levantaran simultáneamente, incluso sin quererlo. La puerta donde serían interrogados se había abierto tras un desplazamiento por el suelo, muy chirriante. Miraban a un señor, no muy alto y con un bigote largo, separado en dos bloques que terminaban en punta.

Éste miraba una lista en la que parecía que estaban muchos nombres apuntados. El mismo señor, con su dedo índice pasaba por cada uno de esos nombres, lo que hizo que todos los presentes sufrieran un escalofrío que les recorría toda la espalda y parte de las piernas, hasta hacer incluso que los que se posicionaban de pie, tuvieran que volver a sus sitios en aquellos taburetes de madera.

Abrió la boca, y los chavales aún prestaron más atención, agonizaron el sonido instalado en las orejas, y fue cuando habló:

-Inter, Estelar -Dijo-.

Entre muchos tantos, compartieron miradas. ¿Inter estelar? Percy pensó que algún principiante y sin cerebro le habría gastado una broma. Por Merlín, ¿acaso los jóvenes de hoy en día, -descontándole a él-, son tan irrespetables?

Aquel bigotudo levantó la vista, un poco confuso, al igual que ellos. Y por si acaso, repitió:

-¿Inter, Estelar? -Dijo, un poco avergonzado, al ver que nadie contestaba, sino que murmuraban entre ellos, y varios bobos incluso reían-. Glacius-Chilló en dirección a unos tontainas, que le señalaban y reían tapándose la boca con las manos-.

Atónitos, miraron la escena.

Los dos chicos que antes estaban como locos, riéndose descomunal y bestialmente, ahora yacían congelados, en medio de la salita, sentados en sus respectivos taburetitos. Sus caras eran escalofriantes, tenían los ojos abiertos, pues supuestamente observarían como la luz azul fosforito con efecto congelador iba directa a ellos, y no había nada para remediarlo, pues a la velocidad a la que iba el hechizo, podría compararse con la velocidad de la luz.

Percy, sabía de sobra que el calor corporal de dichos magos, haría que el hielo que los envolvía se desapareciera en menos de sesenta segundos.

Había visto como su padre Arthur utilizaba dicho conjuro para inmovilizar y dejar congelado a Errol, una vez, que estuvo a punto de chocar contra el césped del jardín de la Madriguera, hacía ya un par de años… Cuando Ginny cursaba su segundo año en Hogwarts, y él aún estaba allí en su sexto año, esas navidades, fue cuando la torpe lechuza casi sufre el accidente, uno de otros tantos.

-¿Nadie es Inter Estelar, entonces? -Repitió aquel señor bajito, que tachó el nombre con un bolígrafo color rojo fuego, pero un rojo muy vivo-. Bueno, entonces, pasamos al siguiente. Trigler, Hermus -Murmuró con dificultad, cuando aquellos dos que estaban congelados empezaban a movilizarse-.

-Yo -Exclamó un muchacho del final, levantando la mano y acercándose a la puerta del sitio donde sería la entrevista de trabajo, era alto pero delgaducho, con gafas cuadradas y menudas y con una carpeta llena de papeleo entre las manos-.

-¿Eres de sangre pura, no? -Le susurró aquel señor al chico, cuando éste último estuvo lo suficiente cerca-.

-Sí -Tardó en contestar el otro, mientras el más mayor le guiaba al interior de la habitación-.

Otra media hora esperando, era increíble, pero estaba perdiendo toda su tarde, para tener una entrevista con el fin de ser el asistente personal de Barthy Crouch. Pero, por ahora, se conformaba con ese trabajo a tiempo completo, por ese entonces le serviría.

Un chillido se escuchó de fondo, seguido de nuevo por el chirriante sonidillo de la puerta al abrirse. De nuevo el señor regordete y de estatura despreciable aparecía por detrás de la puerta de metal.

-Weasley, Percy -Llamó con voz irritante y cansada. Hizo ademán de pasar del nombre, pues nadie había hablado, en cambio Percy se hacía paso entre la multitud de chicos que estaban delante de él-.

-Sí, aquí, aquí -Se exasperó, y llegó jadeando entrecortadamente a un lado del señor, que ahora pudo objetar que se llamaba Stiughern, puesto que lo ponía en la chapa de su túnica-.

-Sígame -Le ordenó, llevándole a la otra parte de la puerta. Ésta se cerró, y el bigotudo murmuró un Homenum revelio, (hechizo que sirve para ver si hay personas en el lugar que se encuentra el mago que ha convocado el conjuro), y luego el mismo se giró en dirección a la puerta y volvió a hablar:

-Da dos pasos hacia atrás -Le pidió, más que una orden, una sugerencia, no como la vez anterior-. Herbivicus-Y las plantas que estaban encerradas en dos macetas a los pies de la gran puerta, fueron aumentando, hasta crecer de una forma exagerada, y entrelazarse hasta cubrir así toda la puerta, que era como Hagrid, o quizás un Hagrid y medio-.

Comenzaron a caminar hasta llegar a un escritorio desolado.

-Siéntate -Habló de nuevo, señalándole la silla que se situaba enfrente del mismo escritorio. Él así lo hizo, mientras que el otro, se sentó a la otra parte de la mesa, y sacó un papel gordo-. Traes el ingreso, ¿o me equivoco? -Le miró desafiadamente-.

-Lo pagué en efectivo -Contestó rápidamente-.

-Oh -Volvió a verle con una cara endemoniada-.


 -Es mentira -Decía convencido de que ella estaba gastándole una broma-.

-¡No lo es, yo lo vi! -Afirmó, mientras probaba uno de los deliciosos tomates que había comprado la tarde anterior, acompañado de una sardina-.

-Es imposible -Renegó él-. Estaba colado por Anne, pero no por mi hermana -Negó con la cabeza, asustado-.

-Ay, eres tan inocente. Que suplicio -Se lamentó Fleur, estirándose en el sofá en el que compartía sitio con Bill-.

Fleur apoyó la cabeza en las piernas de Weasley, mientras el le acariziaba el pelo, con entusiasmo.

-Es verdad lo que decía mi madre, tu pelo es muy suave -El tacto con su cabello era impresionante. Esa textura fina y desenredada-.

-Tu madre -Recordó ella, en voz demasiado bajita como para que él pudiese escucharla-.

-Me he ido sin avisar que no iría a comer -Dijo, despreocupado-.

-Da lo mismo, ya se habrán dado cuenta -Reía dulcemente ella, mientras le tocaba el colmillo que usaba de pendiente, y lo inspeccionaba-.

-No estires tanto, que duele -Le replicaba él-.

-Eres un quejica, te molesta todo -Se enfurruñó, entrecerrando los ojos la chica-.

-Tengo sueño… -Dijo en tono de bebé-.

-Pues duerme, amor mío -Le dijo, levantando la cabeza de entre las piernas de él, y dándole un beso en los labios-.

Quería despegarse de Bill, pero respecto a eso no pudo, pues el hacia una leve presión con su mano en la cabeza de Fleur para que no se despegara del beso, pero sin lastimarla, eso no se lo permitiría.

-Mañana tengo mucho trabajo en el banco de Gringott's -Se quejó él, momentos después de que ella consiguiera separarse, aunque en verdad desease haberse quedado así toda la tarde, sin interrupciones, solo ellos dos, sentados, besándose, y solos.

-¿Mañana? -Hizo mueca de tristeza, mientras miraba in complacida a Bill-.

-Si -Suspiró, pensando en que no podría verla. El máximo de días que estuvieron sin verse fueron cinco, y fue a principios de la 'relación', cuando a penas se encontraban. Aún así, no les gustaba estar separados si quiera dos horas, pero eso era inevitable-.

-Pues vaya asco, sinceramente -Se deshizo de sus ilusiones Fleur-.

-¿Y esa reacción? -Le miró sonriente-.

-Me había pedido fiesta, quería regalarte una cosa, pero será mejor que te la de ahora -Sonrió-. Accio Collar -Cuando éste llego a sus manos, inmediatamente lo acomodó en las de él, que no dejaba de ampliar su sonrisa, cada vez que miraba el collar-. Ábrelo -Dijo a los dos segundos de habérselo posado en sus palmas-.

En el interior, había incrustada una foto de ellos, en las Tres Escobas, un día de Julio, en el que una niña que pertenecía a Hogwarts, reconoció a Fleur por el Torneo de los tres magosy le pidió una foto, la cual ellos le concedieron. Pero que él supiese, Delacour no tenía ninguna copia de esa foto.

-¿Cómo la has obtenido? -Enarcó una ceja-.

-A través de magia -Rió, viendo la cara de su chico, que estaba realmente conmovido por el regalo-.

-¿La has robado? -Preguntó con un tono culpable-.

-¿Cómo la voy a robar, tonto? -Respondió, colocándole el colgante alrededor de su cuello, apartándole el largo pelo que poseía-.

Comentarios de la Autora:

Gracias a todos aquellos que siguen la historia, y van dejando su huella con comentarios de lo más alagadores. Y todos mis respetos a aquellos que me van agregando a favoritos. ¡Saludos desde Valencia, España!