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Historia 75340 — capítulo 6

**CapítulosEl encuentro«9 de enero del año de 1849»

La mañana había sido larga, sin embargo valió la pena.

Cuando el sol a penas se ponía, el par de magos Ingleses llegaron a un nuevo pueblo llamado Heal Valley, entraron en un hotel que a primera instancia solo parecía una cantina y de hecho eso mismo era la primera planta; un bar donde todos los vaqueros jugaban naipes y bebían licor.

Aquel lugar era llamado "Magi's" en honor a su dueña Margaret; una mujer regordeta con el cabello rojizo recogido en un alto peinado, que dejaba caer algunos risos alrededor de su regordete rostro.

Margaret los llevó a una de las habitaciones que habían decidido alquilar, al menos para pasar la noche. El edificio estaba oscuro y desgastado, además de que un pestilente aroma a alcantarillado estaba en los pasillos. En la recamara había dos camas individuales sin cabeceras y sobre las cuales había un par de ventanillas que daban a la calle del centro donde había un farol encendido.

Del lado derecho se encontraba un closet, que abarcaba toda la pared con tres enormes puertas corredizas de madera. En el centro, separando las dos camas había una repisa de estantes separados del mismo material y para finalizar al lado izquierdo de la puerta un escritorio sobre el cual había un recipiente de porcelana blanca a su vez sobre este un espejo al que le faltaba un pedazo y mostraba un reflejo estrellado.

Alexander no se sorprendió ante semejante pocilga— Es muy... rústico —dijo con un evidente seño fruncido.

Ethan lo hizo a un lado y se adentró—. Está horrible —ni si quiera se molestó en mentir.

Margaret rió ante el comentario del rubio, algo que esa mujer adoraba era la sinceridad.

—Son veinte dólares la noche y se les incluye el desayuno —dijo ella.

— ¡Pero como...! —se apresuró a reclamar el pelirrojo.

—Aceptamos —lo interrumpió Ethan.

Alexander entregó dos billetes de diez dólares cada uno— Gracias, Margaret —dijo sonriendo.

La mujer se apresuró a estrujarle las mejillas— ¡Llámame Magi, cariño! —gritó con un tono irritantemente agudo, para seguido estamparle un beso en los labios dejándole una marca de labial rojo.

Ella se retiró tomando el dinero y haciéndolo rollo, para guardarlo entre sus voluminosos pechos.

Ethan rió gustosamente al ver como Alexander tosía con repulsión y parecía querer devolver las entrañas. El rubio se echó en una de las camas, los resortes crujieron al impacto chillando desgarradoramente, mientras el pelirrojo se sentaba a su lado con un aire de preocupación que pasaba desapercibido para su amigo, se miraron fijamente por un momento cuando abrieron con un empujón la puerta.

Ambos chicos reaccionaron exaltándose al instante.

Era un chico de cabello negro y ojos azul oscuro, traía puestos unos vaqueros negros al igual que su camisa a cuadros y un chaleco grisáceo; sostenía de la cintura a la que seguramente era una de las bailarinas del bar que. Sonrió despistadamente y se fijó en el par de "niños" que ocupaban la habitación, por lo que dedujo que no era la suya.

— Eh… Yo, lo lamento mucho —pronunció el desconocido—, siempre me equivoco.

Alexander fue hasta la puerta—. No hay cuidado —dijo seriamente mirándolo con extrañeza.

Aquel chico sonrió mostrando su dentadura algo amarillenta, soltó a la chica—, ve a mi cuarto, luego te alcanzó —le indicó, acto seguido palmeo uno de los glúteos de la chica, ella respondió con un grito de risa y le dio un profundo beso en los labios que escandalizó al pelirrojo—. Por un buen precio puedes contratar a las mejores...

Alexander asintió sin comprender una sola palabra— Mi nombre es Alexander Weasley —se acercó para estrechar su mano—, y el que está haya —lo indicó con la cabeza—, es Ethan Malfoy.

El rubio tenía una almohada sobre la cabeza, como era su costumbre, así que solo levanto la mano haciendo una seña de saludo.

—Un gusto, mi nombre es Frank Longbottom... Perdona la pregunta, amigo Weasley, pero ¿Ustedes dos son…? —dijo Frank de forma insinuativa.

El pelirrojo comprendió perfectamente y se alarmó al instante— ¡No!... e-él y yo sólo somos amigos. Yo estoy casado —rió tontamente al tiempo que enseñaba su anillo de bodas.

— ¿Y que hacen por estos rumbos? —preguntó mientras encendía un abano.

Ethan se apresuró a contestar— Buscamos Oro —pronunció secamente, tomando asiento en la orilla de la cama.

Una risa escandalosa salió de la boca de Frank— ¡Que coincidencia! ¡Nosotros también! —Parecía emocionado—, Unos amigos y yo vamos a tomar unos tragos en el bar y luego iremos a divertirnos a la feria que instalaron los gitanos ¿Nos acompañan?

—No creo que... —intentó decir Alexander.

Ethan se puso de pie— Por supuesto —dijo, al parecer sin mucho entusiasmo—, necesitamos diversión ¿Verdad, Weasley? —caminó hasta codear a su amigo.

Frank sonrió— Usted me agrada Señor Malfoy —le estrechó la mano al rubio—. ¡Está dicho! ¡Nos vemos en una hora!

Alexander cerró la puerta en cuanto el forastero salió, seguramente a buscar a su vulgar cortesana muggle. Se recargó en ella y fue cayendo hasta quedar sentado, se fijó en que Ethan lo miraba con una fastidiosa sonrisa que en ese momento quisiera arrancarle de un solo puñetazo.

Pasados tres cuartos de hora decidieron bajar al bar, donde el humo del tabaco lleno sus pulmones. Había varias mesillas redondas, en las que jugaban a los naipes, una barra de licores extraños, dos ventanas largas una a cada lado de la puerta y por último una tarima sobre la cual un hombre en pianola tocaba alegremente, para que las mujeres bailaran algo extraño que consistía en levantar sus faldas y mostrar ropa interior demasiado atrevida para el gusto del pelirrojo, mientras que para Ethan parecía ser el paraíso.

Alexander, había comprendido al fin las palabras de Frank, "por un buen precio puedes conseguir a las mejores"; esas mujeres no solo bailaban, también ofrecían sus cuerpos al mejor postor... Para ellos.

Ambos jóvenes se acercaron a la barra, el pelirrojo permaneció de pie con un codo sobre esta, mientras que Ethan tomó asiento en uno de los bancos redondos, disfrutando el espectáculo:

—Le gusta el Can-Can, amigo —preguntó el cantinero con alegría—. Es el baile de moda por aquí.

Ethan rió— ¡Claro que me gusta! —se apresuró a responder.

— Asquerosos, muggles —pensó Alex.

El cantinero los miró con desconcierto, después de todo dos chicos jóvenes, solos, compartiendo una habitación y que se miraran tanto no era muy normal que digamos.

— ¿Van a tomar algo? —Preguntó.

—Agua —dijo Alexander, haciendo reír al hombre de la barra.

—Si quiere agua, mi amigo, le sugiero que meta la cabeza en el abrevadero de los caballos —dijo y seguido puso una copa de cristal frente a Ethan y otra frente a Alexander, descorchó una botella—, aquí tomamos Whisky —finalizó y sirvió ambos tragos.

—Pues bebamos —dijo Ethan bebiendo al instante ambas copas.

El chico de ojos verde claro miró a su amigo con un gesto de asco— Yo paso —sentencio.

El ojigris siguió bebiendo con agrado, nunca había probado un Whisky que fuera tan fuerte y raspara tanto a su garganta, ahora le parecía adictivo:

—Deberías divertirte, hermano —le dijo Ethan sin dejar de sonreír.

Frank llegó por detrás de ellos palmeándoles los hombros, pidió un trago de la misma botella que estaba tomando el rubio. La música siguió entre algunas peleas ocasionales que se arreglaban a balazos, el chico marcaba el ritmo de la música con sus pies, las mujeres seguían bailando de manera enérgica atontando a cualquiera, al enseñar sus prominentes escotes...

Después de un rato salieron del bar.

La calle terrosa estaba oscura, pues alguien había apagado todos los faros, aún así distinguieron la peluquería y la tienda de armas. Los esperaban dos chicos de más o menos veinticinco años de edad, de corpulencia robusta y musculosa vestidos también de negro al igual que Frank.

—Señores —dijo Frank acercándose a ellos—, este par de sabandijas son mis amigos; Gregory Crabbe y Vincent Goyle —los presentó.

El primero en hablar, como casi siempre fue Ethan— Soy Malfoy, mi amigo pelirrojo es…

—Alexander Weasley —completó evidentemente molesto.

—Bien ¡Entonces que esperamos, vamos a divertirnos! —gritó Gregory, acomodándose en su corcel negro que era idéntico al de los otros dos.

Los ingleses los imitaron. El caballo de Ethan era marrón, mientras que el del pelirrojo era el pelaje negro…

-0-

Al notar que aún seguía en la misma habitación que Malfoy, Hermione se apresuró a la puerta, el chico alcanzó a tomarla del brazo, encajando las yemas de sus dedos en él. La castaña sintió la punzada que le atravesaba la piel; forcejeó de forma violenta, un dolor extraño atravesó el brazo del rubio, por lo que se vio obligado a soltarla.

La Gryffindor siguió corriendo, bajó las escaleras apresuradamente; Draco fue tras ella, tropezó cayendo con el cuerpo completo sobre su rodilla, justo en ese momento se fijó en como la castaña parecía tropezar sobre su rodilla al borde del último escalón. Ella se recuperó rápidamente y consiguió huir.

— ¡Granger! —Gritó el Slytherin desde el suelo, ella no volteó.

Sintió de nuevo el dolor atravesando su piel, desabotonó su camisa blanca para mirar la piel de su antebrazo, el pánico se apoderó de su cuerpo al notar marcas moradas de cinco dedos, ¿pero como era posible?... La sangre sucia ni si quiera lo había tocado.

Mientras

tanto, cuando ella estuvo segura de que él no la seguiría, justo frente a la pintura que encubría la puerta de Gryffindor cayó en el suelo, levantó un poco su falda notando su rodilla sangrando. Un quejido involuntario salió de su boca, ella no había tropezado. Respiró profundo y se puso de pie, justo en ese momento, Ron la observaba acercándose a ella.

El pelirrojo arqueó una ceja— ¿Estás bien?

La chica asintió— ¿Qué haces tan tarde? —no recibió respuesta, Ron sólo se encogió de hombros.

Ya en su habitación, la prefecta se puso una delgada bata color rozado, haciéndose dos trenzas para que el cabello no le molestara durante la noche. Los relámpagos iluminaban su ventana sin producir un solo sonido, lo que sólo indicaba que habría una tormenta.

Se preguntaba inquietamente que había pasado, intentando convencerse de dos cosas: La primera que no se estaba volviendo loca y la segunda, ¿por qué tenía que estar involucrado Malfoy?

La esfera estaba en su mesa de noche, junto a la lámpara de aceite a la derecha de su cama, esa brillantes palabras le eran inquietantes «Si me descubres eres libre», ¿pero que demonios era lo que tenía que descubrir?...

Se

metió en la cama decidida a encontrar la respuesta, como siempre, ella tenía que hacerlo. Ya tapada hasta el cuello con la frazada roja que tenía el escudo de los leones pintado, sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, como si estuviera desnuda sumergida en agua fría. Tenía los ojos cerrados y podía ver espuma… ¿Era eso un sueño? Con los ojos cerrados pudo ver el agua y como su cabeza se sumergía en la misma.

Abrió

los ojos al no poder respirar y se incorporó con sobresalto sobre la cama, el dolor le atravesó la rodilla, esta sangraba y la herida estaba húmeda…

«9 de enero del año de 1849»

Entre timbales de alegres ritmos y luces de colores que estallaban en el suel,o llegaron a la feria de los gitanos.

Era un desfile interminable de carpas multicolores con anuncios de letras extravagantes con títulos como: "Conozca su Futuro", "Fenómenos de la naturaleza", "Solo para hombre", "Mide tu fuerza", entre muchos otros. A pesar de su repudio hacia los no mágicos, Alexander se maravilló de nuevo con el ingenio de estos muggles extraños.

En la carpa de mayor tamaño había un hombre parado en un par de zancos de madera escupiendo fuego; probablemente era el lugar mas concurrido de toda la feria. Frank les sonrió y con una seña les indicó que era ahí a donde iban.

Al entrar se dieron cuenta de que no había una sola mujer, todo el público era masculino y al adentrarse más en la concurrencia era obvio el porque: En el centro había una pista de tierra dura, ahí estaban los hombres que producían la música retumbante en todo el lugar.

Había dos mujeres de faldas brillantes y blusas atrevidas; una de ellas era de cabello corto hasta la barbilla, negro y muy lacio, sus ojos eran verdes. La otra tenía la piel casi negra con el cabello castaño oscuro y los ojos color aqua.

La primera de ellas bailó atrevidamente hasta donde se encontraba Frank Longbottom, subió y bajó por todo el cuerpo del chico de la misma manera incitante, mientras él se embobaba con el contoneo de sus caderas.

—Que gusto,de nuevo por aquí, Frank—dijo ella sin dejar su baile

—Gema... -profesó él, intentando tomarla de la cintura pero la chica se escurrió entre sus brazos.

Ella volvió al centro al lado de su amiga llamada Esmeralda, quien entre el atrevido baile hizo una explosión que dejó un regadero de humo y ambas desaparecieron. Silbidos se escucharon al instante al tiempo que pesetas y rosas caían en el "Escenario".

Un hombre calvo con una argolla en la nariz a manera de toro se acerco hasta Frank.

—Por cuarenta pesetas puedo ofrecerle un espectáculo más… Privado—dijo con voz carraspienta.

El chico aceptó encantado y lo siguió hasta un cuartillo de madera vieja, que tenía un hueco poco más grande que el diámetro de su ojo, donde pudo ver a Gema desnudándose y tocando su cuerpo con una lujuria que parecía planeada.

El rubio y el pelirrojo permanecieron en la carpa, mientras los otros se perdieron.

Esa cultura era un desfile interminable de mujeres hermosas, pero el rubio sabía que toda esa belleza era peligrosa. Tuvo la suerte de mirar cuando as chicas bailaban alrededor de los hombres no era para complacerlos o para recibir mas monedas, sólo era una distracción para robarles. Ni si quiera los mas ávidos se salvaban de ellas, puesto que mientras una bailaba a su frente y otra simulaba bailar a su espalda, en realidad lo engañaban con una astucia que era digna de todo el respeto de Ethan.

Tomaban todo lo que podían y después lo dejaban sonriéndole con malicia y al mismo tiempo inocencia que les robaba el aliento.

Un hombre de cabello rojizo y ojos verde brillante se puso en la puerta, en el instante que una chica de rebeldes risos marrones y grandes ojos exactamente del mismo color que su cabello hacia su aparición en la pista. Su atuendo era una variación de distintos tonos de rojo, su abdomen y hombros estaban completamente descubiertos, pues solo un pedazo de tela cubrías sus pechos.

Su baile empezó lento marcando cada tamborazo con sus pies y después de hizo rápido, violento con vueltas incesantes y veloces.

La castaña se acerco a Alexander y bailó para él, inmediatamente el rubio le clavó la vista encima y para ella fue como si una cuchilla de hielo le atravesara la sien, pero sin darle importancia se propuso a seducir al pelirrojo, aunque este no le prestaba la suficiente atención, su amigo se fijó en como hábilmente había logrado sacarle la sortija de oro blanco, algo se enardeció en el y cuando ella volvió al centro de la pista agitando un par de velos él extendió un brazo para tomarla del cabello:

—Asquerosa muggle—le dijo Ethan.

— ¿Muggle?—repitió ella la extraña palabra.

-0-

Cojeando, Hermione llegó hasta el baño de prefectos, el dolor era casi insoportable, sin embargo no quería usar magia para curar la herida, ni si quiera sabía que la había provocado. Respiró profundo y se recargó en el marco de la puerta…

Ahí,

desnudo, de pie en el centro de la bañera redonda estaba él. Miró su espalda y como los relámpagos iluminaban su piel a través de los enormes vitrales. Tragó saliva y agachó la cabeza. El se sumergió, al instante a ella se le fue la respiración y cayó al suelo, tosía.

El

chico viró su cabeza, la espuma tapaba la mitad de su cuerpo.

— ¿Espiando, Granger? —preguntó enardecido. La chica miró el suelo y mantuvo su boca abierta, el sonrió y salió de la bañera, colocando una toalla verde alrededor de su cintura—. ¿A caso te dolía algo?

Ella levantó cabeza, miró que se aproximaba.

Draco la tomó de un brazo usando su fuerza para levantarla y aprisionarla contra un muro. Ella levantó la barbilla y lo miró a los ojos:

— ¿Miedo? —Preguntó.

En el rostro de Hermione podía verse toda su furia—. Suéltame, Malfoy —le ordenó.

El rubio contrariamente pegó su cuerpo más y gruñó— Que demonios me hiciste —dijo sin tono de pregunta.

          —Tu ego es más grande que tu cerebro, ¿crees que yo te haría algo? —Sonrió—, tengo una vida.

          — ¿Salvarle el trasero a Potter? —también sonrió—. Vaya vida, Granger —dijo y estampó su espalda contra la pare— ¡¿Qué demonios me hiciste?!

Hermione levantó la cabeza— No estamos solos —pronunció.

El chico miró a la izquierda y derecha, no había nadie, sin embargo pudo escuchar una risa que parecía infantil… ¿La llorona?

Por una extraña e incomprensible razón, la vieja tubería se reventó justo de donde ellos estaban, el chorro violento de agua golpeo la espalda del rubio provocando que se pegara mas a ella y ambos perdieran el equilibrio.

El baño se inundo, Hermione no pudo evitar gritar cuando Draco cayó sobre ella, la bata de la Gryffindor se hizo transparente pegándose a su cuerpo. Intentó gatear, sin embargo la serpiente alcanzó a tomarla de uno de los tobillos y volvió a aprisionar sus muñecas a cada lado de su cabeza.

Draco sintió su virilidad pegada al sexo de Hermione, pues ella tenía la bata hasta la cintura; acercó más su rostro al de ella. A la castaña se le fue la respiración entre el sonido del agua y los cabellos del chico goteando sobre su rostro.

Hermione apretó los dientes— L e v a n t a t e—dijo firmemente.

—

¡¿Qué demonios está pasando?! —gritó exasperado.

—

¡No tengo la menor idea, imbécil! 

El sonido de pasos sobre el agua los distrajo a ambos.

— ¿Seguro que venía por aquí? —decía uno.

— ¡Si, quizás sólo iba a tomar un baño! —Respondía el otro.

—Creerá que la espiamos —susurraba el primero.

Ron y Harry se quedaron de pie frente al baño. El agua llegó hasta los pies descalzos de Ton y le hizo una mueca al azabache para que mirara. El ojiverde empuño su varita y empujaron la puerta silenciosamente. El pelirrojo abrió la boca…

— ¡Suéltala! —Gritó Ron.

Ambos chicos se apresuraron a empujar al rubio lejos de la castaña. Harry la ayudó a levantarse mientras que Ron le apuntaba con su varita, él no se movía, sin embargo temblaba. Para la chica todo dio vueltas ¿Por qué?... De pronto lo entendió, miró a los ojos al rubio y este a ella

— ¡No me hizo nada! —Gritó con horror.

Draco sonrió, sin saber porque él también lo había entendido —Dile que no me toque —dijo casi como una orden.

—¡¡No te atrevas a hablarle!! —Gritó el pelirrojo, a quien le temblaba la mano de la furia que contenía...

— ¡RON NO! -Alcanzó a exclamar la chica.

En ese instante todo pareció una escena en cámara lenta para Hermione, Ron golpeó a Draco en el estomago dos veces, ella cayó en el suelo de rodillas escupiendo sangre. El azabache se apresuró a levantarla… Vio siluetas borrosas…

—Hermione… —escuchó como un eco antes de perder la conciencia.

«9 de enero del año de 1849»

Ethan tomó a la gitana de la cintura, cuando el hombre que se había parado en la puerta quiso llegar hasta ella Vincent Y Gregory se lo impidieron, tomándolo de los brazos y apuntándole a la cabeza con un arma rudimentaria.

Sin vergüenza alguna, Ethan metió su mano en el escote de la castaña y sacó ante la vista de todos, el anillo de su amigo.

—Esto no te pertenece —susurró a su oído sonriendo con un aire victorioso.

Entonces la alejó de él tan fuerte como la había tomado, quedándose con uno de los holanes de su falda y rasgándolos.

Como de un doble fondo, cayeron en el suelo billeteras y joyas que cada uno reconoció como suyas. Inmediatamente todos se abalanzaron a la pista por su dinero y tal vez por alguno demás. La gitana huyó, los chicos soltaron al hombre que al parecer estaba cuidándola y se metió entre la trifulca para buscarla.

Alexander no sabía que hacer, Ethan lo tomó de la muñeca y lo condujo a la saluda, dónde ya lo esperaban los secuaces de Frank. Un disparo encendió toda la carpa con una explosión que lanzó lejos a los cuatro magos que se alejaron, cuando pudieron levantarse corrieron a toda prisa a donde estaban los caballos.

Por acto divino Frank logró alcanzarlos cuando desamarraban a los caballos, el chico estaba sudoroso pero sumamente sonriente cosa que no paso desapercibida para Ethan.

— ¡Donde estabas! — Exclamó el rubio.

El chico rió— ¡En un espectáculo más privado amigo! —Respondió Frank.

Otra explosión los alertó entre gritos confundidos de mujeres y hombres.

— ¡Vámonos de aquí! -Gritó Frank, seguido del sonido que hacia para que su caballo se moviera.

Gregory sacó su pistola y hecho unos cuantos disparos al aire gritando mientras se alejaban de la feria gitana.

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Aqui os manda Chimel el capítulo. Ya cuando ella pueda se pasa y lo configura. Atentamente, su esclavo/marido/chico de los recados.

Qawsed