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EL ULTIMO OCASO — capítulo 6

EL ULTIMO  OCASO

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Capítulo 5

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El viejo caminaba con una mirada tranquila pero pensativa, por los pasillos del castillo. Habían pasado unas horas desde que paso la exposición y aun no salía de su asombro con lo que vio.

Snape lo seguía de cerca pero también estaba pensativo. Que un genio haya aparecido en mitad de una ciudad de humanos era algo totalmente ilógico, el ministerio debe estar con los pelos de punta al escuchar de lo que paso en la exposición de Potter Association.

Tanto Albus Dumbledore como Serverus Snape no entendían realmente lo que sucedió realmente, primero fueron testigos de un milagro al ver como Harry Potter había creado un articulo mágico capaz de detener la maldición asesina, luego un ataque sin ninguna clase de avisos de dos dragones que jamás en su vida habían visto. Y finalmente un ataque de un genio, una criatura extinta hace siglos.

¿Qué estaba pasando?

—¿Qué opinas Serverus? — pregunto Dumbledore.

El maestro de pociones negó con la cabeza no sabiendo que contestar.

El viejo director suspiro ante su negativa.

— Yo tampoco, no tengo idea de cómo apareció el genio, pero también lo notaste cierto— susurro Dumbledore.

Snape asintio con la cabeza.

Flash back

—Vas a dejarte ver de una vez, Genio—susurro Potter mirando a las gradas.

Fin del flash back

— Potter sabia del genio, antes de que aparezca— susurro el profesor de pociones.

Dumbledore asintio.

— Puede que sea simplemente una de sus habilidades, Albus— susurro Snape.

Dumbledore volvió a asentir con la cabeza.

— Muy posible, pero entonces por qué no lo detuvo antes que los dragones aparecieron— indico el viejo.

Snape se quedo unos momentos callado.

— Quizás pueda sentir presencias mágicas, y el genio ocultaba la suya — indico Snape.

Dumbledore asintio.

Eso era posible, sentir presencias mágicas era una habilidad extraña pero no desconocida. Quizás simplemente el genio ocultaba su presencia de Potter hasta que el chico mato a los dragones.

— Pero entonces por qué no lo ataco cuando Harry estaba matando a los dragones, hubiese sido una gran ventaja. Porque deseaba enfrentarse a Harry, cara a cara— pesaba el anciano.

Snape suspiro.

— Se lo que piensas Albus, pero no tenemos nada de información para comprobar eso. Y dudo que Potter te diga lo que quieres feliz de ayudarte— indico Snape.

Dumbledore suspiro con tristeza. Siempre se entristecía al ver los cambios que el antiguo niño que vivió sufrió luego de irse de Hogwarts.

— ¿Notaste a sus secretarias?— pregunto Dumbledore.

— ¿Secretarias? Diría que sirvientes seria un mejor termino— indico Snape.

Dumbledore no dijo nada, era verdad no era secretarias. Pero de ello a llamarlas sirvientes era algo que el viejo no podía hacer. No, mentía. Simplemente no deseaba hacerlo.

Pensar que Harry Potter tuviera sirvientes seria igual que llamarlo un señor oscuro, y Albus Dumbledore se negaría a ser eso, jamás lo llamaría así. Antes muerto. Porque la verdad le temía demasiado a Harry Potter, y sabia que no podía vencer si se enfrentaba a él.

Años atrás cuando Potter lo dejo en la enfermería con heridas graves junto a Snape, Granger y Malfoysupo que si se enfrentara nuevamente al heredero de los Potter moriría sin duda y no podía hacer nada para detenerlo. Esa fue una de sus grandes razones de quedarse en el castillo, de solo mandar a la orden a buscarlo mientras el chico se dedicaba a casar Mortifagos. Nunca se atrevió a salir del castillo.

En el pasado él había sentido que morir no era lo peor que pudiera pasarle, pero era humano a pesar de todo su gran poder, y como todo humano. Le temía a la muerte.

— Saben pelear muy bien— indico Dumbledore mientras recordaba como ayudo a las chicas con los Dragones.

Snape no dijo nada.

— Potter debió enseñarles un par de trucos— dijo Serverus.

Dumbledore miraba como llegaban a su oficina.

— Creo que deberías descansar Albus— susurro Snape viendo al viejo indeciso de entrar en su oficina.

Dumbledore suspiro nuevamente luego de asentir con la cabeza y entrar.

Snape lo miro mientras entraba y se fue cuando la puerta se cerró. La verdad era que él estaba tan preocupado como Dumbledore.

Camino hasta su cuarto aun pensando en lo que había vivido ese díay cuando llego noto a una figura parada en la puerta de su habitación esperándolo.

— Buenas noches profesor Snape—dijo la figura.

Serverus Snape miro con sorpresa oculta en su frío rostro. Reconoció fácilmente a uno de sus antiguos estudiantes de la casa Slytherin.

—Veo que Hogwarts no a cambiado con los años, sigue igual que siempre. Como usted profesor Snape— indico la figura.

Snape miraba a la figura con una mirada calculadora.

— Una sorpresa verlo aquí, Señor Zabini— saludo Snape.

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Erika Swan suspiro mientras observaba como los automóviles corrían por la carretera, hace menos de veinticuatro horas había participado en una exposición para presentar el cristal de Caronte, la nueva creación de Potter Association.

No era una sorpresa para ella que todos los periódicos mágicos tenían a la esfera en primera plana del diario. Pero lo que realmente le inquietaba a la mujer no fue la exposición, sino el ataque que sufrieron.

—Un genio de los bosques—pensó la mujer.

Era difícil de creer, los genios de los bosques eran criaturas de primer nivel, tan poderosas que se estiguieron debido a sus constantes guerras con los genios de las montañas, hace siglos. Sin embargo uno de ellos ataco la exposición por alguna razón.

La información que tenían era muy poca, y a Erika realmente le molestaba. Ella era una mujer quien se enorgullecía por obtener información de muy buena calidad, y ahora no tenia absolutamente nada sobre este enemigo quien les ataco.

¿Quién mando al genio?

¿Quién tiene el poder para controlar a una criatura de primera clase?

¿Por qué nos ataco?

¿Era un enemigo de su maestro?

¿Quizás incluso algún enemigo de los ministros de magia que estaban en la exposición?

¿O también enemigo de Albus Dumbledore o Lady Grindelwald?

La mujer no lo sabia, uso todos sus contactos, pero ninguno de ellos podía sabia quien los había atacado, ni mucho menos el por que.

La mujer volvió a suspirar entrando al edificio y metiéndose en el ascensor, llego rápidamente al despacho del presidente de la compaña.

Entro por la puerta para encontrarse a su maestro, tan calmado como siempre leyendo tranquilamente el Profeta.

— Maestro— susurro la mujer como saludo.

Harry la miro con su expresión fría y regreso a su lectura.

— ¿Qué pasa? — pregunto el chico con frialdad.

— Lamento decirle que nadie sabe como paso, ninguno de mis contactos tenia información lo suficientemente creíble como para pensar quienes eran los blancos, ni quien el enemigo— indico ella.

Potter asintio.

— Predecible— aclaro el.

— Sospecho que Lady Grindelwald pudo tener algo que ver con el ataque— indico la chica.

Harry la miro a los ojos y la chica pudo ver una mirada divertida en sus ojos fríos.

— ¿Lady Grindelwald? Eso piensas— dijo Potter divertido— no seas ridícula, Erika. Esa mujer no tiene poder suficiente como para matar a un genio, mucho menos podría controlarlo— susurro Potter.

Erika lo miraba incomoda.

— Era una de las pocas personas con suficientes conocimientos en artes oscuras, capaz de siquiera conocer a un Genio— indico la mujer.

Potter negó.

— Sigues pensando que quien mando al genio es humano— indico el hombre.

Erika lo miraba con sorpresa.

¿El enemigo no era humano?

¿Entonces que era?

Vampiro.

Hombre-lobo.

Decenas de criaturas con suficiente inteligencia como para usar artes oscuras, aparecían en la mente de la chica pero ninguna de ellas parecía ser lo suficientemente hábil como para manipular a un genio de los bosques.

— ¿Esta seguro Maestro?—pregunto ella.

Una mirada fría de Potter basto para que ella se arrodille ante el y se disculpe.

La mujer no entendía como las palabras llegaron a su boca, se había vuelto loca. Como podría siquiera concebir el haber puesto en duda una de las palabras de su maestro. La propia idea le aterraba mas que los ojos fríos del hombre frente a ella.

Harry no hizo caso de sus suplicas y siguió leyendo el diario.

— Siempre estoy seguro— susurro el hombre.

— Si maestro— susurro ella.

Quedaron en silencio unos segundos.

— ¿Qué clase de criatura es? — pregunto ella.

Harry negó con su cabeza.

— No se, algo que jamás había sentido. Su presencia no parecía ser de esta dimensión. Algo oculto, no creo que haya información en el mundo sobre eso— informo Harry.

Erika no dijo nada y se puso a pensar un poco, no llegando a ninguna conclusión miro nuevamente a su maestro.

— ¿Entonces como podremos adaptarnos ante esta amenaza, si no la conocemos?— pregunto ella.

— Buscaremos que es por otros medios, la presencia que sentí no era de esta dimensión, entonces buscaremos a seres que vengan de otra dimensión, para que puedan informarnos— indico el joven.

— Trolls— susurro la mujer.

Potter asintio con la cabeza.

— Si, unos de los pocos seres mágicos, que sabemos que vienen de otra dimensión— indico el.

— Pero la poca inteligencia que poseen nos retrasara maestro— informo ella.

Potter le dedico una mirada fría.

— Supongo entonces que deberás quitarle toda la información a la fuerza— la orden estaba clara.

—¿Debo basarme en algo?— pregunto ella.

— Si. Vacio, su presencia era como un enorme vacío. Interroga a los Trolls sobre dioses de otras dimensiones— informo Potter.

— Dioses— pensó la chica.

— Tanto te sorprende. Crees en la magia y no en los dioses, Erika— susurro el chico.

La mujer no respondió, simplemente se inclino como saludo.

— Comenzare inmediatamente, Maestro—dijo ella.

Potter asintio y la vio irse de la oficina. Una vez la puerta se cerro su expresión se volvió mas fría.

— Dioses, justo lo que me faltaba— pensó el chico.

— Ya puedes salir— indico Potter y una figura apareció en una de las esquinas de la oficina. Era un niño que no aparentaba tener más de diez años, era calvo con símbolos extraños dibujados en su cabeza.

— Mis amos, me han mandado señor— indico el chico en una voz sin emociones.

Potter asintio con la cabeza.

— Lo sé—dijo dando un sorbo a su café.

Miro con sus ojos fríos al niño quien lo veía sin miedo o ninguna emoción en su rostro.

— Entonces dime, ¿qué quieren informarme los oráculos?— pregunto el joven.

El niño seguía mirándolo a los ojos y sin decir nada se acerco y le entrego una piedra del tamaño de una pequeña moneda totalmente negra. Potter miro la pequeña piedra con un gesto divertido.

—Que anticuados— pensó el chico tomando la piedra y poniéndosela en la boca. Cerro sus ojos y trago la piedra como si se tratase de una golosina.

EL niño vio como los ojos del hombre se volvían blancos. Su misión terminaba, Harry Potter estaba ahora recibiendo la información.

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Theoroden Nott miraba con tranquilidad hacia fuera de la ventana aun acostado en su cama, a su lado se podia ver a una mujer desnuda dormir con tranquilidad.

E chico la observo unos momentos antes de sonreír con satisfacción, el tener una esclava personal había sido una de sus ideas mas grandes después de todo.

Y Marietta parecía ya acostumbrarse a la idea de obedecerle.

EL chico no podía borrar la sonrisa de su maligno rostro.

El Poder.

El control.

Lo amaba, esa fue una de las razones de que se unió al bando de la oscuridad tantos años atrás. El siempre fue diferente al resto, siempre siguió su camino, y quito del medio a quien se le interponía. Nunca fue un Mortifago realmente cercano al señor oscuro, no porque no pudiera, sino que no le interesaba.

A algunos le gustaban usar la maldición Cruciatus.

El prefería el imperio.

Unos torturaban para obtener información.

El prefería la persuasión, amenaza o extorción.

Siempre le había gustado ese tipo de control. Desde muy joven y vio a su madre morir, entendió que frágil eran los humano y que débil sus mentes.

El chico suspiro levantándose de la cama, sus planes pronto estrían en marcha y no había tiempo que perder, había tardado años enteros tratando de llegar a Potter Association, su objetivo llegar hasta Harry Potter. Pero desgraciadamente cada uno de sus planes o ideas fue un rotundo fracaso.

Harry Potter o sus aliados había destrozado cualquier intento de el. Ninguno de sus aliados pudo entrar en la famosa compaña de ninguna forma. Y lo intento todo. Busco magos competentes, algunos persuadidos por palabras, otros por maldiciones, pero estaba seguro que alguno tendría éxito. Sin embargo ninguno lo tuvo.

Supo entonces que debía entrar en la vida de Harry Potter de otra forma, y comenzó a investigar su pasado, aquel pasado que se había borrada cuando el joven se fue sin aviso de Hogwarts.

Al principio solo alcanzaba a escuchar rumores del joven. Esos rumores se convirtieron rápidamente en susurros, y los susurros formaron finalmente palabras. Theoroden en esos momentos supo como atacar, o mejor dicho como atraer la atención de Harry Potter sobre el.

La respuesta fue muy simple realmente, algo tan básico que el chico se sorprendió al no haberlo pensado. Era realmente algo que Nott paso realmente por alto.

Amor.

Si esa era la única forma de llegar a Harry Potter.

Hermione Granger o ahora Malfoy era la única que podría contactarlo con el antiguo niño que vivió.

Theoroden había investigado en gran manera el pasado de la sangre sucia, había interrogado a cada persona la cual podría llegar a conoceralguna debilidad, que le ayude a llegar y convencer a la chica de ayudarle. Pero no tuvo suerte, tenia realmente pocos amigos luego de huir de Hogwarts, y la verdad no podía simplemente secuestrarla.

Necesitaba algo mas, información. Buena información.

Y solo había alguien capaz de proporcionársela, ese alguien no era otro que Draco Malfoy. Aun así llegar a Draco no era cosa fácil, él personalmente sabía que no podía hacerlo sin ayuda. Fue entonces que encontró la única manera de llegar sin ser visto.

Blasie Zabini.

Nott sonrió al recordar sus métodos de persuasión con Zabini, fue algo tan sencillo. Después de todo Blasie siempre a sido sencillo de manipular, una linda chica dispuesta a todo bastaba para convencer a Zabini de que le ayude.

— Es tan patético— pensó Nott con diversión.

Zabini seria el contacto que necesitaba. Alguien que conocía a Draco y a gente de gran renombre en la sociedad. Alguien que era capaz de entrar en su casa sin sospecha y plantar dudas en la cabeza de Malfoy.

Sin embargo recién comenzaba con su plan de persuadir a Malfoy. Porque contrario a Zabini, no podía convencerlo de ayudarlo simplemente con una chica con un lindo par de tetas. Necesitaba algo mas para persuadir a Draco Malfoy.

Odio.

Esa era la palabra que necesitaba. Los Malfoy eran criaturas guiadas por el odio. La única forma de convencer a Draco de apoyarlo, era que Draco se entregue libremente a ese odio. Necesitaba encontrar algo que Draco realmente odie y explotarlo en su rostro.

¿Pero qué?

¿Qué podría ser?

Nott se quedo pensativo unos momentos no ocurriéndosele nada. Pero debía haber algo. Siempre lo hay. En su mente imágenes de su pasado como estudiante de Hogwarts aparecieron y la imagen de Hermione Granger se quedo grabada en su cabeza.

Nott sonrió ante eso.

— Traición— susurro el chico riendo.

Si esa era la debilidad de Malfoy, lo que traería su odio nuevamente.

— Pronto te tendré Hermione. Y te volveré una esclava sumisa, y entonces Harry Potter será mi títere, y el mundo será mío— pensó el joven sonriendo con felicidad.

EL chico negó con su cabeza escapando de su fantasía. No tenía tiempo para fantasear ahora, debía moverse con más velocidad. Tenía que usar a Blasie pronto, no podía perder el tiempo.

La pregunta era, como hacer que Hermione traicione a Draco. Sabia que no seria algo sencillo, la chica no simplemente se enamoraría del primer hombre que pasaba por ahí. Hesitaba a alguien perfecto para ella, pero quien.

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Luna Lovegood miraba a su novio, mientras que este hacia todo lo posible por ignorar a la rubia.

— ¿Sigues enfadado Ron?— pregunto Luna con curiosidad.

EL chico solo gruño como respuesta y la chica rodo sus ojos ante eso.

— Creo que ya te lo explique cierto, ella es mi amiga— indico Luna.

— ¿Amiga? Esa perra no tiene amigos— dijo con furia el pelirrojo.

Luna suspiro.

A ella también le dolió mucho la traición de Hermione hace tantos años, pero era algo que supero con el tiempo, pero su novio quien alguna vez fue uno de los mejores amigos de la castaña, no perdonaba tan fácilmente como ella.

Entendía perfectamente que Ron era un tipo emocional, y realmente había sido herido, pero ya a pasado tanto tiempo, debería superarlo. Harry se había ido, los abandono por propia decisión, no podía seguir culpando a la castaña por eso.

Hermione hizo mal, es verdad. Pero al menos se había arrepentido. Porque Luna sabia que ella no quiso que las cosas salieran como salieron. Lo sabía por los claros gestos de preocupación que la castañatenia con cada noticias de peligro hacia sus antiguos amigos.

Lo sabia al ver los gestos de melancolía que los ojos de la castaña tenían cuando había noticias del antiguo niño que vivió.

Luna podía leer su mirada y lo sabía. Hermione a pesar de su matrimonio con Draco seguía amando a Harry. Y también quería mucho a Ron.

La chica alzo su vista y miro a su novio, el tampoco era sincero, la chica sabía perfectamente que su novio seguía queriendo a Hermione aunque no lo mostraba físicamente.

— Si vienes aquí a quejarte vete Ron, no voy a renunciar a mi amiga por que no te guste— indico un tanto molesta ante la situación.

Ron la miraba con indecisión. Y Finalmente largo un suspiro y se calmo.

—¿Estas bien? — pregunto el chico.

La rubio sonrió ahora y le dio un pequeño beso en los labios.

—No sufrí ningún daño, aunque me sorprendió el ataque, no era algo que se esperaba—aclaro ella.

Ron suspiro y la abrazo.

—Lo siento, estuve un poco preocupado cuando me entere del ataque, y tu no me avisaste de nada— dijo el.

Luna le sonrió mientras acariciaba su mejilla.

— No quería preocuparte amor, no me paso nada y realmente apenas llegue a casa me puse a escribir un artículo por lo que paso— informo ella.

Ron asintio, conocía demasiado bien a Luna como para no saber que ella nunca quiere preocupar a los demás con sus cosas.

— Sabes que siempre estaré para ti, cierto— indico el pelirrojo.

La rubia sonrió y le entrego un suave beso en los labios.

— Lo sé amor, gracias— dijo ella.

Ron no dijo nada y miro como Luna se soltaba de su abrazo y se dirigía hacia la cocina.

— Justo cuando arreglaba lo de los mundiales pasa esto, no me quiero ni imaginar cómo está el ministerio de magia luego de esto— pensó el chico.

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FIN DEL CAPITULO