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Tratando de callar al corazón — capítulo 17
Odiaba que la casa estuviera tan llena de gente, mi humor era bastante cambiante y más con aquellas mujeres, que no paraban de hablar, sabía que eran mi familia, pero enserio me irritaban bastante, pues ya se habían puesto a hablar del nombre que iba a llevar mi hijo, de hecho hasta discutían porque no podían llegar a ponerse de acuerdo.
-¿Y quienes serán los padrinos? - pregunto Rose, mirándome fijamente.
-Emmett y yo no lo hemos pensado - respondí tranquilamente.
-Estás a unos días de dar a luz, ¿y aun no sabes a quienes serán? - me reprocho mi hermana - Edward y yo tuvimos a los padrinos de Renesmee, a los cinco meses de embarazo.
Respire profundo para no explotar, de nuevo volvieron a la discusión, la única que no estaba en ella era Esme, que simplemente las veía con una media sonrisa, pues no solo era Rose, Bella y Alice, sino también estaban Tanya, Renesmee la esposa de Jacob y mi prima, al igual que Zafrina, y enserio comenzaba a dolerme la cabeza.
Habían llegado anoche, Jacob y Renesmee se habían quedado con Billy, al igual que Alice y Jasper, mientras Esme, Carlisle, Edward, Bella, Nessie, Tanya y Stefan se habían quedado en casa de mis padres, y Rosalie, el otro Stefan, Zafrina y su novio se habían quedado en mi casa.
Aunque ahora todas estaban en mi hogar, pues en unas horas se suponía que sería el baby shower, pero la verdad lo que en ese momento quería era acostarme y no saber nada de nada, aunque sabía que esas mujeres no me dejarían hacerlo, por lo que tenía que soportar su parloteo y sus tomas de decisiones, en las cuales ni siquiera me tomaban en cuenta.
Y en verdad lo agradecía, pues con los movimientos constantes del bebé, al igual que lo cansada que estaba, me hacían mandarlos al diablo en unos segundos, por lo que lo mejor era mantenerme alejada de sus conversaciones.
Me deje caer en el sillón de la sala, sintiendo como el aire de la ventana abierta golpea mi rostro, es algo agradable, pues con esto del embarazo, tengo demasiado calor y más viviendo en California, si pudiera ir desnuda lo haría, pero con eso de que tengo visitas, no puedo ir en ropa interior como desde hace cuatro meses hago.
Además de que el pronunciado vientre, que apenas si me deja ver mis pies, no es algo que quiera mostrar, aunque Emmett dice que soy la embarazada más hermosa que ha visto, pero sinceramente no creo que sea hermosa, pareciendo un globo, que no tarda en reventar, y estoy a unos días de que por fin llegue el tercer miembro de la familia Cullen-Swan.
Paso mi mano sobre mi prominente vientre, y sonrió al sentir un golpecito, aunque enseguida me siento sofocada, porque como siempre ha decidido moverse, pero mi incubadora ya es demasiado pequeña para mi bebé, y me duele todo lo que el golpea, al igual que me hace falta el aire.
-Te notas cansada - comento Esme.
-Desde hace un mes, no duermo bien, - confieso - se me encaja por todos lados.
-Pronto pasará - me sonríe levemente.
-Y después no dormiré por su llanto nocturno - suelto un suspiro de resignación.
-Pero Emmett ya podrá ayudarte
- dice con tranquilidad.
Y eso es cierto, porque ahora no puede hacer nada, además de que no lo levanto, pues debe ir a trabajar demasiado temprano, pero estoy segura de que cuando el bebé nazca, estará al pendiente, y me ayudara en la madrugadas que no quiera dormir, aunque espero con ansias, que sea un buen bebé, y duerma toda la noche.
-¿Por qué no subes y tratas de dormir un poco? - me propone Esme.
-Te tomare la palabra, - me levanto con esfuerzos del sillón - solo no dejes que tiren la casa.
-Las supervisare - me asegura - tu sube y duerme, que yo me hago cargo de ellas.
-Ok - acepto.
Subo las escaleras un tanto despacio, pues ya no puedo caminar igual, ahora parece que mis piernas pesan veinte kilos más cada una, y me canso con facilidad, pero cuando llego a mi recamara, me recuesto en la cama, esperando que me deje dormir, pero no es así, porque en cuanto mi espalda toca la cama, siento como se encaja en mi costado derecho. Me semi-siento y es así como puedo estar más cómoda, pues no se encaja, aunque no deja de moverse, parece más inquieto que otras veces.
-Vamos - poso mi mano en mi vientre - deja que mamá duer… ¡ahh!
Me dio un pequeño dolor, pero casi enseguida desapareció, por lo que no le tome importancia, y parecía que me iba a dejar dormir, por lo que cerré los ojos, en verdad estaba agotada, apenas si duermo y ahora aquella siesta me sienta tan bien, mis músculos están relajados.
No sueño con nada, y eso también me ayuda, pues solo debo disfrutar los brazos de Morfeo, que hace tanto no he podido hacerlo. Otro cólico hace que me despierte, y al ver el reloj, veo que han pasado dos horas, me siento más relajada, me desperezo y me levanto de la cama.
Me desvisto, pues dentro de una hora será la reunión, y creo que me sentará bien una ducha, dejo que el agua caliente relaje aun más mis músculos, pero de nuevo siento un dolor, y ahora que lo medito desde la madrugada he tenido cólicos, solo que cada vez van siendo más seguidos y más fuertes.
Termino de ducharme y cuando estoy buscando la ropa que debo ponerme, siento como un líquido baja por mis piernas, y de nuevo otra contracción. Me obligo a mantener la calma, mientras termino de vestirme, me pongo lo primero que encuentro, pues creo que lo mejor es ir al hospital.
-Preciosa, - escuche a mi espalda, mientras termino de colocarme la blusa sin mangas - han comenzado a llegar los invitados, y las chicas me…
-Emmett - llame con voz ronca.
-¿Qué pasa? - pregunto con su vista en mí.
-Creo que debemos ir al hospital - mi voz apenas si es audible.
-¡¿Qué?! - ahora se ha puesto nervioso.
-Llego la hora - es lo único que digo, antes de verlo correr hacia la recamara del bebé.
Hemos tenido todo preparado desde hace dos semanas, la maleta del bebé con unos cuantos cambios de ropa y cobijas, otra maleta para mí, en donde vienen pantuflas, pijama, cosas de higiene personal y un par de pants, junto con playeras; ambas están en el cuarto del bebé, que han esperado el momento para ser utilizadas.
Y al parecer ese momento es hoy, en menos de dos minutos, regresa con la dos maletas, no pude evitar sonreír, al ver su rostro de desesperación, camine hacia él y me pare de puntitas, para dejar un beso en sus labios.
-Todo estará bien - le dije con tranquilidad.
No hubo respuesta por su parte, salí de la habitación y baje las escaleras, viendo como los invitados se ponían de pie y se acercaban a mí para saludarme, pero antes de que eso llegará a suceder, Emmett paso por mi lado.
-Debemos ir al hospital, - anuncio, haciendo que todos nos miraran - el bebé ya viene en camino.
Y antes de lo imaginado, tanto mi hermana como mis cuñadas, y también mis cuñados, tomaron la actitud nerviosa de Emmett, no podía ser que yo tuviera que tranquilizar a todos, pero antes de que dijera una palabra, apareció Esme.
-Emmett llévala al hospital
- ordeno.
Mi marido no necesito escuchar eso dos veces, me tomo del brazo y me saco de la casa, me hizo subir al auto, mientras me decía que hiciera las respiraciones que nos habían enseñado en el profiláctico, a pesar de que las contracciones aun no eran muy seguidas.
El camino al hospital, fue realmente rápido pues no estaba demasiado lejos de donde vivíamos, en cuanto llegamos, no dejo que bajara, hasta que un enfermero llego con una silla de ruedas, me ayudo a sentarme y después caminamos hacia la recepción.
-Queremos ver a la doctora Lizzie - repuso Emmett.
-Permítame - comento la recepcionista, mientras hablaba por teléfono - en un momento esta con ustedes - nos informo unos minutos después.
-Gracias - dijo con la voz un tanto ronca.
-Debes tranquilizarte, - le pedí - además soy yo la que va a dar a luz.
-Lo siento - se disculpo - yo soy quien debería darte tranquilidad, y en cambio es al revés.
Solo sonreí y tome su mano, esperando que con eso lograra tranquilizarse, pues en verdad se veía demasiado ansioso, de hecho yo también lo estaba, pero en alguno de los dos debía haber tranquilidad, y al parecer tenía que ser mi trabajo, porque él no lo estaba haciendo para nada bien.
-Sam, Emmett - levantamos la vista, y nos encontramos con una mujer de cabello castaño que combinaban con sus ojos - los esperaba la siguiente semana.
-Lo mismo pensamos nosotros,
- comente con una media sonrisa - pero desde como las cuatro de la mañana me vinieron pequeñas contracciones, que cada vez van siendo más intensas, y también en menor tiempo, y creo que se me rompió la fuente.
-Se va a parecer a su madre
- repuso Emmett - y más con eso de tomarnos, desprevenidos.
La doctora solo sonrió, mientras nos guiaba a una sala, en donde estaría hasta que llegará el momento del parto, pero antes me hizo colocarme una bata, que tuve que colocarme con la ayuda de mi marido, cuando estuve lista, entre un enfermero y Emmett me ayudaron a costarme.
El tiempo paso realmente rápido, aunque se me hizo eterno, cuando las contracciones eran tan fuertes, que pensaba que en cualquier momento me iba a partir, no sé cuanta veces insulte a Emmett, y tampoco cuantas amenazas le hice, solo sé que él jamás me soltó a pesar de que prometí castrarlo cuando esto terminará.
Cuando entre a la sala de expulsión, todo es tan borroso, solo recuerdo que dijeron que pujará, mientras mi marido seguía sosteniendo mi mano, obligándome a hacer el trabajo, recuerdo un llanto, y después unos profundos ojos azules, iguales a los míos y el cabello negro de su padre.
Lo demás no pareció importante, dure dos días en el hospital, mi familia nos lleno de regalos, tanto a mi bebé como a mí, pero hoy por fin regresábamos a casa, todos habían decidido darnos una hora para nosotros como familia, pues en un rato más vendrían a festejar el nacimiento de nuestro hijo y su despedida, pues mañana saldría su vuelo a sus distintos destinos.
Baje del auto, aun con la piernas temblorosas, pero al menos ya tenían más fuerza, Emmett había tomado a nuestro bebé de la puerta trasera, y después me había dado su brazo para darme sostén, me dejo en la sala, mientras él subía a dejar las maletas, estaba tan embobado con nuestro pequeño Dorian que no lo había dejado para nada.
Cuando regreso a la sala, aun con él en brazos, era la imagen más hermosa que yo pudiera ver, mi corazón latía con fuerza y rapidez, delante de mí tenía a los dos hombres más importantes de mi vida, mi musculoso Emmett, y mi pequeño Dorian.
-Trate de callar al corazón
- dije de la nada, obteniendo como respuesta la mirada de mi marido - pero no pude, porque te amo más de lo que alguna vez imagine, eres el amor de mi vida, Emmett.
-Tú eres mi vida, - se acercó y dejo un beso en mi frente - junto con este pequeñín, que lo amo aun más, porque también es tuyo, de mi hermosa muñeca, y además heredo esos ojos que me hacen un completo idiota.
Paso su brazo por mis hombros y me acurruque con mis dos hombres, los amaba y sabía que Emmett también me amaba, al igual que esta vez no iba a haber nada que nos separa, pues jamás iba a dejar que nada me volviera a separar de mi crecida familia, ellos dos serían lo más importante para mí.
Y ninguna Mary Brown volvería a meterse en mi matrimonio, porque sabía que la comunicación era lo que mantenía vivo el amor, era por eso que se tenía que dejar hablar al corazón, que expresara lo que muchas veces el orgullo desea callar, solo abriendo el corazón es como se mantenía el amor, y eso sería lo que haríamos, siempre dejar que el corazón se expresara.
Lamento haber tardado en actualizar, pero espero que les guste el final del fic, y les agradezco que se hayan tomado la molestia de leerlo, y también quiero informarles que subí un nuevo fic, que esta vez es original, espero que se puedan pasar por el, se llama"Marcas del corazón"
Emmett y Dorian
Capitulo dedicado a:
ana_de_cullen22
Mariana11