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Tratando de callar al corazón — capítulo 6

Llegue a casa más temprano de lo normal, la verdad es que deseaba pasar un rato con Samantha, pues se notaba extraña, aunque parecía que no quería que yo supiera que estaba mal, pero era tan transparente o al menos para mí lo era, y necesitaba saber que era lo que pasaba por su mente.

Abrí la puerta de la casa, y escuche la suave melodía, que venía del salón, deje las llaves y el portafolio sobre la mesa y camine hacia ese lugar, la encontré tocando el piano, no me sorprendía que lo hiciera, aunque lo que si lo hacía, es que estuviera antes de las siete en casa.

La melodía era triste, estaba tan concentrada, de hecho tenía los ojos cerrados, mientras sus dedos pasaban por las teclas del piano, me quede de pie observándola. Su cabello caía sobre sus hombros, llevaba un suéter que descubría su hombro derecho.

Estaba hermosa, aunque para mí siempre lo estaba, no importaba lo que llevara puesto, debo admitir, que para mí era preferible que no llevara nada. Me recargue en la pared, deleitándome con la imagen y con el sonido que el piano emitía, mientras pasaba sus manos sobre él.

En cuanto la melodía termino, escuche su sollozo, eso hizo que me preocupara, camine hacia ella, para ver qué era lo que pasaba, en cuanto llegue a su lado, me hinque y la abrace por la cintura.

-¿Qué pasa, bebé? - susurre.

-Estoy fuera de la obra - fue su respuesta.

-¡¿Qué?!

  • eso no me lo esperaba.

-Dijeron que Mary, era mejor - la sentí temblar.

-Son imbéciles - gruñí - nadie, es mejor que tú, preciosa.

No hubo respuesta, simplemente siguió llorando, y a mí me mataba verla así, era lo peor que me podía hacer, era que Samantha llorara, ella era mi punto débil, todo lo que pasara me afectaba directamente, después de todo yo adoraba a esa mujer.

-Pero no hay porque llorar - me levante y bese su cuello - habrá muchas más obras, en las cuales estarán encantados de tenerte, eres increíble en lo que haces.

-¿Qué más? - su voz sonó rota - Emmett, ya no puedo, todo me está saliendo mal.

-Eso no es cierto - la contradije - una obra, no es nada, vas a ser grande, muñeca.

-¿En qué? - se giró hacia mí - me costó sangre, que me aceptarán en la obra, y de buenas a primeras la pierdo, no encuentro en nada en que sea buena.

-¿Es una broma? - la vi como si estuviera loca - tienes muchos talentos, vamos a salir de esto.

-¿Vamos a salir de esto? - repitió secamente - a mí, es a la que parece que el destino odia, tú tienes una carrera en ascenso, un trabajo que te encanta, las mujeres te siguen como abejas a la miel; lo único malo en ti, es tu patética esposa.

-Samantha

  • replique - no eres patética, puede ser que mi trabajo sea bueno, y que esté creciendo, pero las mujeres no me interesan, porque tengo a una Diosa conmigo.

-Eres un mentiroso - me espeto - ¿Quién va a querer una mujer, que no sobresale en nada, mejor dicho que no sirve?

-No digas tonterías, - tome su rostro entre mis manos - eres una mujer maravillosa, que no sé que haya hecho para merecerte, pero agradezco lo bueno que hice.

-¿Qué tengo de especial? - sus ojos, ya no tenían esa vivacidad que me encantaba, ahora se veían opacos - no soy bonita, no tengo un cuerpo de modelo, no soy muy lista. Soy tan poca cosa para ti.

-¿De qué rayos hablas? - comenzaba a preocuparme, porque la mujer que tenía delante no era mi esposa - eres la mujer más hermosa que he visto, tienes el cuerpo, que logra que en tiempo record me excite, eres más lista que yo, de hecho tienes un cerebro que en ocasiones me asusta.

-Lo siento, - se disculpo, bajando la mirada - pero en este momento, es como si el mundo se me viniera encima.

-Si así fuera, aquí estoy - levante su rostro - para evitar, que te aplaste - le bese la frente - porque eso es lo que hace, una pareja, se ayuda mutuamente, siempre se está ahí para apoyarse.

-Prométeme que jamás habrá otra mujer - sus ojos parecían suplicarme.

-Prefiero a la Samantha arrogante y creída - susurre, acariciando su mejilla - a ella sé controlarla, pero está me asusta, bebé - uní nuestras frentes - porque no sé cómo hacer para que te veas como yo lo hago.

-Emmett

  • clavo su mirada en mí - no quiero, sentir esto.

-Haremos que mi Muñeca, segura de sí misma regresé, - acaricie su nariz - porque yo tampoco quiero ver a la Samantha deprimida.

-Te amo - me beso suavemente.

-No más que yo - repuse, sin despegar nuestros labios.

Después de ese día, se dedico de tiempo completo a encontrar otra obra, y volvimos a lo de siempre, a apenas verla, en las mañanas se iba mucho más temprano, de lo que recordaba. Las lágrimas se habían ido por completo, al igual que las noches juntos, siempre llegaba cuando ya estaba dormido.

Claro que la escuchaba llegar, pero ella ni siquiera se abrazaba a mí, de hecho dormía de espaldas a mí, eso en verdad me estaba matando, pues estaba peor, que cuando le habían dado la obra, ya que ahora no hablábamos, ni siquiera nos veíamos.

Observe el reloj, eran las nueve de la noche, y no había indicios de que ella fuera a llegar, me deje caer en el sofá y encendí el televisor. Llevaba casi cuatro meses apenas viendo a mi esposa, aunque no se le podría llamar así, pues solo la sentía llegar, pero no la veía.

Éramos un matrimonio joven, se suponía que deberíamos, de estar como novios, pero todo había cambiado desde esa estúpida obra, en la que ahora ya ni siquiera estaba, en verdad no podía creer, que ahora Samantha fuera casi una desconocida para mí.

El timbre de la puerta, fue lo que me saco de mis pensamientos, me levante y camine a abrir, aunque me preguntaba ¿quién podía ser a esa hora? Quede delante de una mujer de cabello castaño y ojos miel, que me sonreía abiertamente, pero estaba empapada.

-¡Mary!

  • me sorprendió verla frente a mi casa - ¿Qué haces aquí?

-Un caballero, me habría invitado a pasar - sonrió de lado.

-Lo siento - me disculpe, haciéndome a un lado para que entrará.

-Eres muy amable - sonrió levemente - pensé que aun estarías en el trabajo.

-Salgo a las seis - eleve los hombros - pero ¿a qué debo el honor de tu visita?

-Venía a hablar con Samantha - respondió, quitándose el abrigo que estaba bastante mojado.

-No está - conteste tranquilamente - te traeré una toalla.

-Creí que ya sería toda una ama de casa - comento desde el umbral, mientras yo había entrado al baño de visitas, para darle una toalla.

-Parece que no hablamos de la misma Samantha, - respondí, con una media sonrisa, entregándole la toalla - mi esposa no conoce lo que es ser ama de casa.

-Es una mujer independiente, - acepto, mientras se secaba el cabello - aunque con un hombre como tú, sería fácil acostumbrarse a ser una esposa condescendiente, que solo se dedique a su marido.

-Sam no es así - susurre - y me gusta, que siempre este buscando ser mejor.

-Pero te deja muy abandonado - me miró fijamente, sentí mi sangre hervir, de una forma que tenía mucho que no vivía - siento, que deja lo más por lo menos.

La vi caminar hacia mí, sus ojos me tenían como en una hipnosis, no me había movido del lugar, solo la estaba viendo, era bastante guapa y muy sexy, no iba a mentir, me gustaba.

-Te voy a decir un secreto, - con dos de sus dedos, comenzó a subir por mi pecho - desde el primer día en que te vi, no he podido sacarte de mi cabeza - sonrió de lado - eres un hombre que cualquier mujer desearía tener, eres perfecto.

-Samantha

  • fue lo primero que salió de mis labios.

-Ella es una tonta - su sonrisa, me estaba calentando más de lo que me gustará - porque teniendo a un hombre como tú, prefiere estar fuera de su hogar, que complacer a su sexy marido; pero yo estoy aquí, para darte lo que ella no.

Antes de que mi cerebro pudiera decir algo, ya me había besado, dejando que el pensamiento de que era un hombre casado se fuera a la basura, en ese momento me sentía solo y ahí estaba ella para complacerme, no podía recapacitar, pues en ese momento tenía lo que necesitaba, solo eso era lo que me importaba.

Capitulo dedicado a:

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