Tituladas 17.2% · 34,223 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,457 de 95,612 páginas identificadas · 89,852/90,212 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 7807 · de

Historia 7807 — capítulo 1

HARRY POTTER Y EL SECRETO DEL PERGAMINO

La historia se ubica a continuacion del libro 5, en sexto año de Hogwarts.

SI NO LEISTE HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FENIX, NO LEAS ESTA HISTORIA porque revela datos claves de ese libro.

Sugerencias, criticas, aportes, comentarios al autor [email protected]

CAPÍTULO UNO:

LA GOTA QUE REBALSÓ EL VASO

Privet Drive era un barrio de casa bajas de lisas paredes blancas y verdes jardines floridos.

Era otra sofocante tarde de un interminable verano. Un sol inmisericorde reblandecía el piso de las calles, convirtiéndolo en una masa blanda y pegajosa.

Las flores de la tía Petunia languidecían quemadas por el intenso calor, mientras que el césped que era el orgullo del tío Vernon tomaba un color cada vez amarillento.

La vida de los Dursley era tan ordenada, tan higiénica e inalterable como la de la casa donde vivían.

Eso claro, exceptuando al chico delgado, de pelo negro y gafas que yacía recostado en la cama de su cuarto en el número 4 de la calle Privet mirando el techo con la manos cruzadas en su nuca.

Sus pantalones vaqueros y su remera estaban arrugados y sucios como si hiciera varios días que no se los cambiaba. Un gran número de periódicos yacían desparramados por todo el piso de la habitación.

El nombre del joven era Harry Potter. Y era un mago.

Una roja cicatriz en forma de rayo, que los rebeldes mechones de pelo negro no podían ocultar por completo, surcaba su frente.

El mago más tenebroso de todos los tiempos, Lord Voldemort le había causado esa cicatriz al intentar matarlo cuando era niño. Desde entonces parte de sus poderes habían sido transferidos a Harry. Una conexión especial se había forjados entre ambos de forma tal que Harry podía saber lo que Voldemort estaba sintiendo o detectar su presencia, incluso cuando estaba disfrazado.

La cicatriz le había dolido, pinchado y quemado en tantas ocasiones durante el verano que Harry había dejado de prestarle atención.

Sabía que ahora que la vuelta del Innombrable había tomado estado público en la comunidad mágica, Lord Voldemort y sus mortífagos comenzarían los ataques. En más de una ocasión Harry se había despertado bañado en sudor frío con la horrible sensación de que un rayo verde precedido por la palabras del maleficio imperdonable había sesgado otra vida inocente.

“Tu cicatriz es a la vez una bendición y una maldición”, le había dicho Dumbledore. Harry estaba de acuerdo en lo de la maldición, pero no le veía nada de positivo. Es más, desde que Voldemort utilizara la conexión que había entre ambos para ataerlo al Departamento de Misterios y forzarlo a una pelea que había acabado con la vida de Sirius, Harry odiaba su cicatriz con mayor intensidad que antes.

A medida que un inmenso sol naranja se ocultaba detrás de las regulares casas de la calle Privet, las largas sombras que proyectaba a través de la ventana del cuarto de Harry creaban extrañas figuras en el techo que parecían cobran vida…

En la imaginación de Harry las sombras se fueron metamorfosenado en el raído velo negro que colgaba del arco del Departamento del Misterios detrás del cual había desaparecido su padrino para siempre. La escena volvía a la mente de Harry una y otra vez atormentándolo: Bellatrix Lestrange atacando a Sirius… el haz de luz rojiza golpeando en su pecho … la sonrisa que lentamente se transformaba en una expresión de sorpresa mientras su cuerpo encorvado caía lentamente atravesando el velo roto que colgaba del arco…

Después de descargar toda su rabia en el despacho de Dumbledore, Harry se sentía como un títere al que le había cortado los hilos que lo sostenían. Solo había en su interior un inmenso vacío. Un hueco que sentía que era imposible de llenar.

Sentía como si un dementor le hubiera absorbido toda su energía y nunca más pudiera volver a ser feliz.

Desde que había llegado a la casa de sus tíos varios días atrás, se le hacía difícil encontrar las fuerzas para levantarse y salir de su habitación.

Ni siquiera no había abierto el baúl de Hogwarts que yacía olvidado en un rincón de su cuarto.

La muerte de Sirius los había dejado huérfano de una manera distinta: Crecer sin sus padres había sido terrible pero Harry nunca los había conocido ya que apenas tenía un año cuando Lord Voldemort los asesinó. Pero perder a Sirius era distinto… con él se habían ido todos sus sueños y esperanzas. Ahora el futuro era un lugar vacio.

Apenas si había escrito unas pequeñas líneas a sus amigos diciendo que estaba bien, para evitar que la Guardia de Avanzada irrumpiera la casa de los Dursley para rescatarlo de sus supuestos maltratos.

Unos golpecitos discretos en la puerta de su cuarto interrumpieron sus cavilaciones.

La cabeza de la tía Petunia se asomó por una rendija de la puerta abierta.

  • ¿Puedo pasar? Te traje la cena…

Harry se sorprendió. Sus tíos jamás pedían permiso para entrar a su habitación. Y las veces que le habían traído comida a su cuarto la hacían pasar a través de la solapa que tío Vernon había instalado tres veranos atrás en su puerta.

  • Ehh… claro… - musitó Harry sin levantar la cabeza.

La delgada figura de su tía, atravesó el cuarto arrugando la nariz, destestaba la suciedad y el desorden, y en el cuarto de Harry abundaban ambas cosas, pero se cuidó muy bien de hacer cualquier comentario.

Petunia corrió un par ejemplares del “El Profeta” haciendo lugar para depositar la bandeja de la cena sobre el escritorio.

  • Bien, ahí tienes la comida – dijo tratando de sonar amable aunque sin lograrlo-. No queremos que nadie piense que te maltratamos…

Y salió rápidamente de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Harry podía jurar que había estado conteniendo la respiración.

Las amenazas recibidas en la estación del tren parecían haber hecho suficiente mella en su tío Vernon y su tía Petunia como dejarlo hacer sin molestarlo.

Al principio habían intentado sacarle conversación ocasional, pero Harry no tenía ánimo para hablar con nadie, mucho menos con ellos.

  • Así que ese Lord Voldy-no-sé-cuanto no pudo contigo, muchacho – había largado de sopetón su tío Vernón mientras volvían en el auto de la estación.

  • No… - había respondido Harry -. Parece que tendrán que hacer su propio trabajo sucio.

Su tía Petunia había dado un respingo, detestaba la suciedad casi tanto como la magia.

Desde entonces Harry se había encerrado en su mutismo respondiendo con monosílabos a sus ocasionales comentarios.

Los Dursley parecieron aliviados con esta actitud suya, y poco a poco habían pasado a ignorarlo, lo cual fue un alivio para Harry.

Solamente de tanto en tanto su tío Vernon le recordaba que podía usar el teléfono si así lo quería, o le preguntaba si le había enviado noticias a “esa gente” diciéndoles que estaba bien.

  • No es que me preocupen las amenzas de ese… - comenzaba a excursarse el tío Vernon poniéndose rojo- … ¿cómo dijiste que se llama?

  • Moody… Ojo Loco Moody.

  • Lo que sea… Pero no quiero que vengan por aquí y los vecinos vayan a pensar que tenemos tratos con esa clase de gente – afirmó el tío Vernon mientras la tía Petunia asentía fuertemente con su cabeza.

Harry se sentía más cómodo con el odio y el desprecio sincero que le profesaban sus tíos que con su amabilidad de dientes apretados y sonrisas forzadas.

Aunque no tenía hambre Harry se obligó a levantarse de la cama y comer algo. Las porciones de su cena eran más abundantes de lo habitual. Su tía Petunia incluso se había tomado el trabajo de prepararle algo que no fueran los bocadillos bajas calorías que comía Duddley.

Harry comió un par de trozos de su filete sin demasiado entusiasmo, sorbió un poco de jugo y empujó la bandeja hacia adelante.

No tenía hambre.

Volvió a la cama a realizar la principal ocupación de sus últimos días: contemplar el techo.

Hedwig atravesó la ventana abierta y voló hasta posarse en la cabecera de su cama y comenzó a picotearle un dedo hasta que desató el pergamino que traía atado a su pata.

Era una carta de Hermonie.

Querido Harry:

¿Cómo estás? Oh… ¡Qué tonta que soy! ¿Cómo vas a estar después de todo lo que pasó? Espero que tus tíos te estén tratando mejor de lo acostumbrado… Estoy nerviosísima esperando que me lleguen los resultados de los TIMOs… Con todo lo que pasamos no tuve tiempo de preguntarte cómo creías que te había ido… ¿Ya decidiste qué carrera piensas seguir?

Yo no estoy segura de que materias voy a cursar el próximo año en mis EXTASIS. La charla de orientación vocacional con McGonagall no me sirvió de mucho ya que me dijo que con mis notas podía seguir cualquier carrera que me propusiera... Todavía no encuentro ninguna que me permita dedicarme a la PEDDO.

Mis padres y yo hemos decido posponer nuestras vacaciones a Rumania. Con todo lo que ha pasado no sería prudente, ¿no te parece?. ¿Has leido “El Profeta”? Ya han comenzado los ataques. Se ha visto la marca tenebrosa en más de una ocasión brillando en el cielo. Por supuesto que algunos relatos parecen fruto de histeria colectiva pero otros son espeluznantes… Algunos asesinatos se han filtrado incluso en las noticias muggles. El Ministerio de Magia debe haber informado de la situación a las autoridades muggles.

Estoy segura que te alegrará saber que ya estoy completamente restablecida de mis heridas… No tuvimos ocasión de hablar del tema, pero no quisiera que te sintieras culpable por lo que pasó. Tú no nos obligaste a acompañarte sino que fue al revés. Tampoco es tu culpa la muerte de Sirius… Todos los extrañamos.

Espero que nos veamos muy pronto.

Cariños.

Hermione

Harry sintió un nudo en su garganta. Los últimos acontecimientos de sus vida habían sucedido tan rápidamente que todavía no podía asimilarlos. Se obligó a pensar en otra cosa.

  • ¿Cómo me habrá ido en los TIMOs? – dijo en voz alta como para alejar los malos pensamientos.

Creía recordar que los resultados llegarían para Julio.

Harry se incorporó y comenzó a leer las fechas de los ejemplares de “El Profeta”…

  • 23 de Julio: ¡MORÍTFAGOS ENTRE NOSOTROS!… 18 de Julio: “EL REGRESO DE LA MARCA TENEBROSA”… 29 de Julio: “EL MINISTERIO REFUERZA LA SEGURIDAD EN AZKABAN”… - leyó en voz alta mientras arrojaba los ejemplares más viejos al suelo-. 30 de Julio…

Revolvió un rato más hasta convencerse que éste era el último ejemplar.

Faltaba un día para que finalizara Julio. Los TIMOs llegarían, seguramente, para su cumpleaños.

A pesar de la promesa que la profesora McGonagall le hicera; Harry no confiaba demasiado en que sus resultados le permitieran seguir la carrera de auror. Aún cuando McGonagall lo admitiera en Transformaciones (y Harry no estaba seguro de que eso fuera a suceder ahora que Umbridge se había ido), estaba seguro de no haber alcanzado el Sobresaliente en Pociones que Snape exigía para admitir a los alumnos en sus EXTASIS.

Desde que Harry observara en el Pensero los recuerdos escolares de Snape, el odio que ambos se profesaban se había incrementado a niveles insospechados.

Harry observó el baúl cerrado que juntaba polvo en un rincón de su dormitorio. Desde que llegara a Privet Drive no había abierto un solo libro. Tampoco había sacado su varita, ni siquiera para asustar a Duddley.

Muy a su pesar, Harry debía admitir que atormentar a su primo ya no resultaba divertido.

  • ¡Cuidado Duddley! ¡Un Dementor! – había dicho en una ocasión.

Su primo aterrado había corrido a toda la velocidad que le permitían sus piernas rechonchas y se había refugiado debajo de la mesa de la cocina, con un cucharón en la mano.

Harry se arrepintió de haberle gastado esa broma casi en mismo momento en que la había hecho. El encuentro con un Dementor no era algo sobre lo que se podía bromear.

Había otro motivo por el cual Harry mantenía su varita bien guardada en el baúl de Hogwarts, y era que quería evitar cualquier situación, voluntaria o accidental, por la cual se viera obligado a hacer magia. Un nuevo juicio del Wizengamot era lo último que Harry necesitaba para empeorar su situación.

Una lechuza desplumada aterrizó torpemente sobre el escritorio de Harry, derribando el vaso de la bandeja de la cena.

El vaso rodó hasta estrellarse en el suelo de su habitación haciéndose añicos.

Un bufido sonó en el domirtorio de los tíos de Harry.

Segundos más tarde la imponente figura del tío Vernon irrumpió en el cuarto de Harry jadeando como un toro embravecido.

  • Te lo advierto chico - le gritó a Harry que estaba agachado recogiendo los pedazos de vidrio que habían caido al suelo-. Un solo ruido más y no será ese Lord Mortimer el que te mate.

  • No fue mi culpa… - intentó explicar Harry -. Fue Errol que al entrar volcó el vaso y…

  • ¡UNA LECHUZA! – rugió el tío Vernón que se había percatado que el montón de plumas que yacía sobre el escritorio de Harry no era un viejo plumero de Petunia-. ¡NO QUIERO MÁS LECHUZAS EN ESTA CASA NI QUIERO QUE NINGUNO DE TUS AMIGOS ANORMALES TENGA NADA QUE VER CON NOSOTROS! ¿HAS ENTENDIDO?

Y sin esperar respuesta salió de la habitación dando un portazo que hizo caer polvillo blanco del techo.

Harry desató el pergamino de la pata de Errol y la recostó en el piso de la jaula de Hedwig para que descansara.

Era una carta de Ron. Harry se recostó en la cama para leerla con tranquilidad.

Hola Harry:

Espero que esta carta llegue a tus manos. Tuve que usar a Errol ya que “Pig” tuvo que hacer unos encargos para mi papá. Como podras imaginarte en el Ministerio están llenos de trabajo.

¿Cómo te va con los muggles? Papá quiso llamarte por el felétono en un par de ocasiones… La idea lo tenía muy emocionado pero mamá lo hizo desistir.

¡Ojalá no lleguen nunca los resultados de los TIMOs! Mamá me ha dicho que como fui elegido Prefecto no espera menos de cinco matrículas de honor en brujería. ¿Por qué no habrá EXTASIS de Quidditch?

Fred y George no se cansan de repetir que ellos no obtuvieron más de tres matrículas de honor en brujería y que eso no les impidió llevar adelante un negocio exitoso. Mamá les ha preguntado en varias ocasiones de dónde han obtenido el dinero, pero ellos siempre le dan una respuesta distinta. La última fue que lo obtuvieron vendiendo amuletos contra maleficios con la cara de Umbridge…

Cada vez que nombran a Umbridge mamá parece calmarse, aunque eso no impide que les eche un sermón sobre la importancia de los estudios. Pero creo que lo hace más para que lo escuchemos Ginny y yo que para ellos.

No puedo contarte mucho, pero mi papá dice que ha habido grandes cambios en el Ministerio desde que comenzó la guerra contra “Tú ya sabes quien”… Después de lo que pasó. Percy…

Un sonoro ¡CRACK! proveniente de la calle hizo que Harry interrumpiera la lectura de la carta de Ron. Un gato maulló.

Harry asomó la cabeza por la ventana abierta de su cuarto y espió hacia el jardín.

Todo parecía desierto.

Regresó a la cama para retomar la lectura de la carta de Ron cuando el primer escalón de la escalera crujió bajo el peso de alguien que subía.

El tío Vernon abrió la puerta de su dormitorio y gritó entre resoplidos.

  • ¿A DÓNDE CREES QUE VAS, MUCHACHO? NO TOLERARÉ…!

  • ¡STUPEFY!

La sangre de Harry se heló en sus venas.

El cuerpo del tío Vernon cayó golpeando pesadamente contra el suelo. Harry abrió su boca para advertirle a su tía Petunia que no saliera del domitorio pero ya era tarde.

  • Vernon, ¿Qué ha sucedido? ¡Vernon! ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí…? ¡AAHHHHH!

  • ¡STUPEFY!

El cuerpo de Petunia se desplomó en el pasillo.

Harry escuchó los gemidos de su primo en la habitación contigua. Seguramente estaría intentando refugiarse debajo de su cama.

Harry se precipitó hacia el baúl para sacar su varita.

Solo esperaba que el Ministerio de Magia fuera más comprensivo con él que la última vez que había hecho magia.

  • Gatito, gatito, gatito… ¿Dónde estás pequeño Harry? – llamó en una voz burlona de bebé que Harry conocía muy bien.

Bellarmix Lestrange estaba en la casa de sus tíos.

  • Tenemos que terminar la lección que interrumpimos en el Ministerio de Magia, ¿Recuerdas pequeño?

Harry levantó la tapa del baúl tratando de no hacer ruido y comenzó a buscar su varita frenéticamente entre los libros, túnicas, elementos para ppociones, el caldero…

Casi inmediatamente retiró su mano del baúl y la llevó a su boca.

Se había cortado con un trozo del espejo que le había regalado Sirius.

Se envolvió la herida con un pañuelo mientras continuaba buscando la varita en el fondo del baúl.

La puerta de su habitación se abrió de un golpe y la delgada figura de Bellatrix Lestrange apareció recortada en el marco de la puerta.

Los dedos de Harry tantearon finalmente su varita y aferrándola con fuerza se dio vuelta para enfrentar a la mortífaga que había asesinado a su padrino.

Pero antes de que pudiera conjurar un solo maleficio, Bellatrix levantó su varita y gritó:

  • ¡CRUCIO!

Harry gritó. La maldición golpeó directamente en su pecho.

Apretó los dientes dispuesto a soportar el dolor lacerante…

Pero nada sucedió. Harry sintió un calor que lo envolvía y vio como el rayo del maleficio rebotaba golpeando a Bellatrix en el estómago.

La mortífaga soltó la varita y cayó al suelo, retorciéndose y chillando en agonía.

Antes de que pudiera reaccionar, tres personas entraron a la habitación con las varitas listas.

  • ¡DESMAIUS! – gritó Lupin.

  • ¡INCARCEROUS! - gritó Ojo Loco Moody apuntando hacia el cuerpo caído.

Unas cuerdas empezaron a salir de la varita, flotando en el aire como gruesas serpientes, envolviéndose tensamente alrededor del torso de Bellatrix Lestrange.

  • ¿Te encuentras bien, Harry? – preguntó Lupin.

  • Creo q-que sí – tartamudeó Harry quien aún no se reponía de los últimos acontecimientos.

  • ¿Hiciste magia, Potter? – gruñó Moody.

  • No… Yo iba a hacer… pero no tuve tiempo… – tartamudeó Harry.

  • Bien – dijo Moody con el ojo mágico fijo en Bellatrix.

Harry temblaba incontrolablemente.

  • Tranquilizate Harry – dijo Lupin con voz suave-. Ya pasó todo. Más tarde nos contarás lo sucedido.

  • ¡Guay, Harry! Tú sí que sabes divertirte durante el verano – dijo Tonks mientras enrrollaba un mechón de pelo rojo en su dedo índice-. No olvides invitarme cuando des una fiesta.

  • Parece que llegamos justo a tiempo– dijo Arthur Weasley entrando en la habitación-.. Creo que te gustará saber que tus tíos se pondrán bien En pocos minutos recuperarán el conocimiento.

  • Bien… - dijo Harry encogiéndose de hombros-. Entonces serán ellos los que me maten en lugar de Voldemort.

Un silencio pesado se hizo en el grupo. Arthur Weasley tosió, Tonks dejó de enroscar su cabello y dio un respingo y Moody gruñó pero nadie dijo nada más.

  • También encontré a tu primo encerrado en ropero de su habitación. No sufrió ningún daño, pero creo que la experiencia lo ha afectado un poco – agregó el señor Weasley dándose golpecitos en la sien. Y salió de la habitación.

  • Otro motivo para que cuando despierten mis tíos me quieran fuera de su casa –dijo Harry-. Supongo que nos iremos, ¿no?

  • Sí – respondió Lupin-. Tenemos órdenes de sacarte de aquí. Pediremos refuerzos para llevar a Bellatrix al Ministerio, y a ti a un lugar seguro.

  • Entonces, volveré a…

  • Aquí no, Potter – gruñó Ojo Loco, mientras señalaba con su cabeza el cuerpo atado de Bellatrix Lestrange quien aparentemente seguía inconsciente.

  • ¿Cómo supieron que ella había venido a…?

  • Arabella Figg – dijo Lupin sonriendo-. Después de lo sucedido el verano pasado no te ha sacado un ojo de encima.

  • Ya habrá tiempo para explicaciones –gruñó Ojo Loco-. Empaca tus cosas, Potter. Quiero estar listo para partir cuando lleguen los demás.

Él y Lupin salieron de la habitación llevando con ellos a Bellatrix Lestrange.

Harry iba a guardar su varita en el bolsillo trasero de su pantalón, pero enseguida cambió de opinión y la guardó en el baúl.

  • Listo – dijo cerrando la tapa-. Ya empaqué.

  • A eso llamo rapidez ¡Locomotor baúl! – ordenó Tonks.

El baúl de Harry se elevó unos cuantos centímetros en el aire. Sosteniendo su varita como el bastón de un conductor, Tonks lo hizo permanecer en el aire cruzando la habitación y atravesó la puerta. Harry la siguió con la jaula de Hedwig en su mano derecha y la Saeta de fuego en la izquierda…

Cuando llegaron a la cocina, los Dursley estaban sentados a la mesa tomando algo caliente. Arthur Weasley observaba fascinado lo electrodomésticos de tía Petunia. No había señales de Bellatrix Lestrange ni de Lupin u Ojo Loco. Duddley temblaba incontrolablemente. Tenía la mirada perdida mientras se balanceaba de atrás hacia adelante. La tía Petunia sollozaba abrazada a su hombro. El tío Vernón parecía bastante repuesto, aunque estaba completamente morado y paseaba su mirada de uno a otro de sus indeseados invitados como no pudiendo decidir a quien detestaba más.

Cuando Harry entró en la cocina todo su odio se concentró en él.

  • ¡TEMÍA QUE ALGO ASÍ IBA SUCEDER DESDE EL DÍA EN QUE TE RECIBIMOS EN ESTA CASA, MUCHACHO! – gritó tío Vernon poniéndose de pié y apuntado con su dedo a Harry.

El señor Weasley y Tonks le apuntaron con sus varitas. Pero el tío Vernon estaba demasiado furioso como para que le importara.

  • ¡DEJEN DE APUNTARME CON ESOS PALITOS! CONOZCO MIS DERECHOS. ESTA ES MI CASA Y USTEDES IRRUMPIERON EN ELLA. CREO LA QUE LA POLICÍA ESTARÁ DE ACUERDO CONMIGO…

  • Oh, no es necesario involucrar a la polecía – comenzó a decir Arthur Weasley.

Pero el tío Vernon lo ignoró y continuó gritando:

  • LOS QUIERO A TODOS FUERA DE AQUÍ. Y A TI EN ESPECIAL – gritó señalando a Harry con el dedo-. ¡FUERA DE MI CASA Y NO VUELVAS! ¡Y NADIE ME CONVENCERÁ DE LO CONTRARIO! ESTO FUE LA GOTA QUE REBALSÓ EL VASO! ¡FUERA TODOS USTEDES! NO QUIERO MÁS ANORMALES NI RAROS EN ESTA CASA!

En ese preciso momento varias escobas aterrizaron en el patio trasero de los Dursley. Un nutrido grupo de magos penetró en la cocina.

  • Ojo Loco la necesita afuera, Tonks… ¿Qué tal tus vacaciones, Potter? – dijo Snape con una sonrisa malévola en los labios.

  • Van empeorando a cada momento – murmuró Harry-. ¿Qué hace usted aquí?

Snape le dedicó una de esas miradas que reservaba solo para Harry.

  • Estoy aquí por orden de Dumbledore, Potter. Te aseguro que no rogué por esta misión.

Harry se sintió extraño de tener a las personas que más lo odiaban en la vida, en la misma habitación. Los Dursley, Snape… solo faltaba Malfoy.

  • Buenas noches, Harry — dijo Dedalus Diggle levantando su sombrero de copa.

Emmeline Vance, Elphias Doge, y Hestia Jones ingresaron dentrás de él y agitaron sus manos saludando a Harry.

El tío Vernon viendo que el grupo de magos lo superaba ampliamente se puso de pie, seguido por su esposa y un temblequeante Duddley. Abrió la boca como para decir algo, pero luego, pensándolo mejor, les dedicó una mirada furiosa y salió de la cocina.

  • Ya se les pasará – dijo Arthur Weasley.

  • Lo dudo mucho – dijo Harry.

  • El grupo de aurores ya ha partido llevando a Bellatrix Lestrange al Ministerio – agregó el señor Weasley-. En cuanto llegue la señal partiremos también nosotros.

  • ¿Estás listo Harry? – preguntó Lupin.

Harry asintió.

Era una noche oscura, coronada por una pequeña media luna oculta entre las abundantes nubes.

  • Creo que ya conoces la rutina, Harry – dijo Lupin, mientras Elphias Doge aseguraba el baúl de Harry en su escoba.

  • Quedate quieto, Potter – dijo Snape apuntándole con su varita-. Me han pedido que te “Desilusione”

Golpeó a Harry en la cabeza y sintió la familiar sensación de gotas frías que corrían a través de su cuerpo.

  • ¿Todos listos? – preguntó Lupin.

Varias cabezas asintieron.

  • Partamos, entonces – dijo Lupin pateando el suelo y elevándose en su escoba.

Todo el grupo lo siguió y volaron internándose en el azul oscuro de la noche.