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Historia 7807 — capítulo 14

A todos los que leyeron esta historia y se quedaron esperando el final, les pido disculpas por la demora. Problemas de salud (que por suerte se estan solucionando), me impidieron escribir el final de la misma con al rapidez que hubiera deseado. Pero la paciencia tiene su recompensa y aquí está el capítulo final. Espero que la espera haya valido la pena.

CAPITULO CATORCE

LA TRAMPA

El corazón de Harry y Ginny todavía latía apresuradamente cuando atravesaron el retrato de la dama gorda, buscando refugio en la Sala Común de Gryffindor.

  • ¡Ahhh… estoy exhausta! – suspiró Ginny llevándose una mano al pecho mientras recuperaba el aliento-. Eso estuvo muy divertido.

  • Lo sé. Y lo mejor fue que le arruinamos a Snape la posibilidad de decirle a todos el secreto de Staker. No debe estar muy contento, te lo aseguro.

Impulsivamente Ginny se arrojó a los brazos de Harry y le estampó un sonoro beso en los labios.

Al principio, Harry no supo cómo reaccionar, pero pasada la sorpresa comenzó a disfrutarlo.

Finalmente cuando sus bocas se separaron, Ginny, mirando con dulzura a Harry le dijo:

  • Te amo, Harry Potter.

Una tocecita discreta sonó a sus espaldas.

Harry y Ginny se dieron vuelta rápidamente.

  • ¡TONKS! –exclamaron ambos sorprendidos.

  • ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? No sabía que estabas en Hogwarts… - dijo Harry.

  • Tu padre me envió a buscarlos, Ginny. Se trata de Percy…

  • ¡Oh! – exclamó Ginny llevándose una mano a la boca-. ¿Acaso le ha sucedido algo malo…?

  • No puedo darles muchos detalles. Sólo me pidieron que venga por ti. Tú también debes venir, Harry. Órdenes del Ministro… – Tonks les alargó una bolsa repleta de polvo brillante-. Usaremos la red flu…

  • Espera – dijo Ginny-. Hay que avisarle a Ron…

  • Otros magos ya están buscando a tu hermano… Se reunirá con nosotros ni bien lo encuentren – Tonks se dirigió a la chimenea y encendió un fuego con su varita.

  • ¿A dónde vamos? – preguntó Harry.

  • Al número 24 de Baker Street – informó Tonks. Y luego de ubicarse en la chimenea y pronunciar claramente la dirección, desapareció envuelta en una llamarada esmeralda.

Harry la siguió rápidamente.

Harrry sintió cómo todo giraba a su alrededor. No había tenido tiempo de reponerse de la sorpresa cuando se encontró en un apartamento pequeño y oscuro. Olía a encierro y humedad.

Dos bultos se movían en un rincón del salón.

  • ¡Lumos! – gritó Tonks.

La habitación se iluminó y Harry vio con asombro que el señor y la señora Weasley estaban atados y amordazados en un rincón.. A su lado estaban Percy y Tonks. Antes de poder preguntar cualquier cosa, sintió que Ginny lo empujaba al salir de la chimenea.

  • Lo siento, Harry…¿Por qué mamá y papá están atados…? ¡Percy! ¿Qué sucede aquí? – dijo Ginny hablando rápidamente casi sin respirar.

  • A mí también me gustaría saberlo, Tonks – preguntó Harry sacando una varita del bolsillo de su túnica. Varias bromas del negocio de los hermanos Weasley cayeron al suelo.

  • ¡Expelliarmus! – gritó Tonks.

Las varitas de Harry y Ginny salieron volando de sus manos y Tonks las atrapó.

  • Bienvenido, Harry. No sabes el gusto que me da verte nuevamente ¿Sorprendido? – dijo una vocecita que Harry reconoció al instante.

En un rincón, apuntándoles con su varita, estaba Bellatrix Lestrange.

  • ¿Qué quiere ahora? – dijo Harry con desprecio. Y volviéndose a Tonks le preguntó:

  • ¿Por qué nos has traído aquí...?

Tonks sonreía con una expresión malévola que Harry nunca le había visto. Entonces comprendió.

  • Eres una sucia espía… Tú le has estado informando a Voldemort todo este tiempo. Tú le dijiste sobre el pergamino - dijo Harry con desprecio mientras la señalaba con el dedo.

  • ¡Cállate! No eres digno de llamar al Señor Oscuro por su nombre – rugió Bellatrix Lestrange tomándose el antebrazo .

  • Harry, Harry, deberías cuidar esa boca… Por supuesto que fui yo. Y fui muy bien recompensada por la información - dijo Tonks con descaro enrollando un mechón de pelo rosado en el dedo índice.

  • No entiendo… Ella no conocía la existencia del pergamino, Harry – intervino Ginny que aún no salía de su sorpresa-. Alguien más debió informarle.

  • ¿Snape? – dijo Harry en un murmullo.

Tonks y Bellatrix soltaron una carcajada burlona.

  • No, no fue tu querido profesor de Pociones el que nos informó, sino alguien más.

El rostro de Tonks comenzó a transfigurarse. Sus cabellos de color rosa se volvieron grises y escasos. Sus orejas se hicieron puntiagudas y todo su cuerpo pareció encorvarse y achicarse hasta convertirse en…

  • ¡Kreacher! – exclamó Harry que no salía de su asombro-. Tú tomaste su lugar en Grimmauld Place.

  • ¡Bravo! – exclamó el falso Kreacher aplaudiendo-. El amo ha comprendido la verdad… Por supuesto que el verdadero Kreacher no podía traicionarte si le dabas una orden directa, y estábamos seguros de que la presumida de Granger no dejaría de adoctrinarte a ese respecto. Pero aún así, el verdadero Kreacher pudo decirnos que era muy importante que me hiciera pasar por él...

  • Percy, ¿tú estabas al tanto de todo esto? ¿Cómo pudiste…? ¿No te das cuenta con la clase de gente con la que te has juntado? ¡Esa mujer es Bellatrix Lestrange! Una conocida mortífaga – estalló Ginny increpando a su hermano.

  • ¡Cómo te atreves a acusar de mortífaga a la señora Gerlantes, una maga muy reconocida! ¡Tú t-tienes el desacaro de cuestionar de m-mis compañías y a-andas con ese loco de Potter! De todas maneras, n-no esperaba que comprendieras. D-dumbledore los tiene engañados a t-todos. Probablemente con la maldición Imperio… Si n-no fuera así entenderías que t-todo lo hice por el bien de nuestros padres...

  • Eso es evidente – respondió Ginny con sarcasmo señalando a sus padres que yacían amordazados en un rincón.

Percy desvió su mirada hacia otro lado y no dijo nada más.

  • Tu hermano nos ha resultado muy útil. ¡Él supo elegir el bando correcto! – exclamó Bellatrix soltando una carcajada. Y dirgiéndo una mirada burlona a Percy agregó:

  • Muy a su pesar nos ha sido muy útil.

Por un momento pareció que Percy iba decir algo, pero luego volvió a encerrarse en su mutismo.

Bellatrix Lestrange habló a un espejo que sostenía en su mano.

  • Amo, las moscas cayeron en la trampa. El campo está libre, puede aparecer cuando lo desee.

Voldemort y Peter Pettigrew se materializaron en el centro del salón, casi en el mismo instante en que una llamarada esmeralda chisporroteaba en la chimenea de la habitación.

  • ¿Por qué este inútil todavía está vivo? – rugió Voldemort con despreció señalando a Percy.

  • Amo, pensé que como nos había ayudado tanto, quizás podría… - comenzó a explicar Tonks.

  • Crucio – gritó Voldemort dirigiéndose su varita hacia Tonks. La joven se retorció de dolor en el suelo- Tú función no es pensar sino obedecer mis órdenes. Que no se te olvide.

Tonks se retorció en el piso presa de horribles dolores en todo su cuerpo. Cuando por fin se levantó, su frente estaba perlada de pequeñas gotas de sudor.

  • Bien, Potter. Terminemos de una vez: quiero el pergamino. Y también que me digas cuál es su contenido – ordenó Voldemort apuntando a Harry con su varita y clavando en él sus pupilas rojas.

Harry apretó los labios con determinación mientras sostenía la mirada de Voldemort en actitud desafiante.

Voldemort frunció imperceptiblemente el ceño y abrió un poco más los ojos. Luego de un instante la comisura de sus labios se curvó en una débil sonrisa.

  • Veo que has aprendido la suficiente Oclumencia como para cerrar por un instante tu mente insdisciplinada... Sin embargo, no eres digno de que gaste mi tiempo tratando de penetrar tus insignificantes pensamientos. Hay otras formas más expeditivas de hacerte hablar.

Los ojos de Voldemort fueron lentamente de Harry a Ginny. La sonrisa en los labios de Voldemort se ensanchó.

  • Bellatrix:, mata a la chica.

  • Con gusto, amo – exclamó Bellatrix apuntando a Ginny con su varita-. ¡Avada Kedrava!

El tiempo pareció congelarse. Harry buscó en el interior de su túnica deseando haberse quedado con la varita correcta.

Las imágenes de la muerte de su madre desfilaron por su mente. Voldemort acercándose a la cuna con la varita lista para matarlo. Y los gritos de su madre: “¡A Harry, no! ¡A Harry, no!”

Todo el diario de su madre y sus palabras misteriosas tomaron real significado para él. En ese instante de claridad descubrió el secreto de lo que por tanto tiempo había estado practicando junto a sus amigos.

Harry movió su varita en la forma que habían practicado durante incontables noches junto a sus amigos en la Sala Multipropósito.

Y gritó con la voz más potente y clara que pudo, mientras apuntaba a su novia con la varita.

  • ¡A Ginny no!

Un escudo escarlata brillante como ninguno de los anteriores, se materializó entre Ginny y el maleficio asesino. El rayo verde rebotó y le golpeó a Bellatrix en pleno rostro.

Al instante, la mortifaga cayó fulminada sin vida.

Voldemort se volvió un instante sin llegar a comprender lo que sucedía.

  • ¡Maldito seas, Potter! ¡Avada Kedrava! – gritó con furia.

Pero el maleficio lanzado por Voldemort a Harry no llegó a destino.

  • ¡A Harry, no! – gritó Hermione saliendo de debajo de la capa invisible en la que ella y Ron se hallaban escondidos.

El rayo del maleficio rebotó en el escudo convocado por Hermione y se dirigió hacia Voldemort. Pero antes de lo alcanzara, éste hizo un rápido movimiento con su varita e interpuso el cuerpo de Percy en su camino.

El destello verde del maleficio imperdonable golpeó a Percy de lleno en el pecho. Al instante su cara tomó la palidez de la muerte. El cuerpo de Percy golpeó contra el suelo. Sus ojos sin vida, quedaron abiertos reflejando sorpresa.

  • ¡Avada Kedrava! – grito Colagusano apuntando a Hermione con la varita que le había sacado a Harry.

Pero esta se convirtió en un pollo de goma.

Colagusano miró su varita sorprendido sin comprender a qué clase de magia se estaba enfrentando.

En ese instante, Dumbledore salió de la chimenea, seguido por McGonagall, Flitwick.

Viendo el cariz que tomaba la situación, Voldemort se envolvió en su capa y desapareció. Tonks y Colagusano desaparecieron tras su amo, antes de que alguien pudiera impedírselos.

Un silencio pesado se extendió por la habitación.

  • Parece que tendrán una buena historia para contarme – comentó Dumbledore- Aunque veo que mi presencia aquí no ha sido tan necesaria como pensaba.

La señora Weasley – a quien el profesor Flitwick había liberado- estalló en un llanto desgarrador abrazando el cuerpo sin vida de su hijo.

Todos guardaron un respetuoso silencio.

Harry sintió como si su cicatriz se hubiera abierto y su cerebro se estuviera derramando por ella. Se llevó la mano a la frente y la retiró manchada de sangre caliente. Un aluvión de sentimientos, mezcla de odio, indignación y asombro, le revolvieron el estómago. Pero ya tenía la suficiente experiencia para saber que no se trataba de sus propios sentimientos.

Harry inspiró profundamente buscando sobreponerse. Ginny lo necesitaba. El señor y la señora Weasley, arrodillados junto al cuerpo sin vida de Percy, no hallaban consuelo. Ginny lloraba junto a su madre, mientras Ron, que estaba parado detrás de su padre, permanecía de pie, con la mirada vacía, sin terminar de asimilar lo sucedido.

Harry se acercó cautelosamente a Ginny y, sin decir una palabra, comenzó a acariciarle el cabello. La muchacha se dio vuelta y escondió el llanto en los hombros de Harry.


Finalmente, Harry, Hermione y los profesores decidieron volver a Hogwarts, dejando a los Weasley vivir su dolor en la intimidad de su familia.

De nada valieron las súplicas de Hermione y Harry para quedarse junto a sus amigos.

  • Habrá un tiempo en que su presencia será más que necesaria, créanme - dijo Dumbledore -. Pero por ahora lo mejor es dejar a la familia a solas.

Uno por uno, se zambulleron en las llamas esmeraldas hasta la Sala Común de Gryffindor.

  • ¡Te atrapé, Potter! ¡Esta vez nadie te salvará de la expulsión! – exclamó el celador Filch tomando a Harry fuertemente de un brazo y sacudiéndolo con violencia.-. ¿Dónde está tu compañera de fechorías? El profesor Snape los está esperando en su despacho...

Harry se sentía tan abatido, que ni siquiera luchó por liberarse de la garra de Filch.

Hermione, McGonagall y Flitwick aparecieron detrás de Harry. Finalmente hizo lo propio Dumbledore.

  • Señor Director, atrapé a uno de los responsables de los desórdenes de esta tarde. En cuanto confiese el paradero de la niña Weasley recibirán el castigo…

  • Ahora no Argus… - ordenó Dumbledore con voz calma, pero que no daba lugar a réplica.

Pero Filch estaba demasiado enfurecido como para permitir que Harry se escurriera de sus manos así nada más.

  • ¡Pero señor director! ¡Yo vi a Potter y a la niña Weasley con mis propios ojos! Ellos fueron los causantes de todo el desorden… Los fuegos artificiales, los duplicados…

  • He dicho que ahora no es el momento, Argus…

  • Pero…

  • De todas maneras, con tantos duplicados sueltos en el castillo, creo que nadie puede asegurar que a quienes viste fueran realmente Potter y Weasley, Argus - insistió Dumbledore con voz amable pero firme.

Filch soltó a Harry no sin antes dirigirle una mirada asesina. Finalmente salió de la sala común de Gryffindor murmurando por lo bajo y apretando los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

  • Vamos a mi despacho, Harry. Usted también señorita Granger. Tengo curiosidad por saber exactamente qué fue lo que sucedió en ese departamento.

Harry y Hermione siguieron a Dumbledore hasta su despacho.

Harry se sentía abatido. No tanto por Percy, con quien en definitiva no había llegado a intimar demasiado, sino por lo que debían estar sufriendo su amigo y su novia.

El hecho de que Voldemort hubiera logrado cobrar una nueva vida inocente había abierto las heridas mal cicatrizadas que la muerte de Sirius le habían causado.

Una vez acomodados frente al escritorio de Dumbledore, Harry relató con voz monótona y cansada, todo lo que había sucedido desde que descifraran el pergamino. Hermione intervino en algunas pocas ocasiones, para agregar algunos detalles.

El director hizo detener su relato en numerosas ocasiones, interrogándolos sobre los más pequeños detalles. Especialmente en lo referente al contramaleficio. Mientras Harry y Hermione relataban cómo habían practicado el contramaleficio hasta descifrar su funcionamiento, los ojos de Dumbledore adquirieron una expresión de triunfo.

  • ¿Por qué no recurriste a mí por ayuda, Harry? – preguntó Dumbledore como al descuido.

  • Pensamos en hacerlo – respondió Harry exhalando un suspiro de resignación -. Pero luego del incidente con Snape…

  • Con el profesor Snape, comprendo – dijo Dumbledore. Y ya no preguntó nada más.

Al finalizar el relato, todos permanecieron un largo rato en silencio sumidos en sus propios pensamientos.

  • Debo confesar que la traición de la señorita Tonks no nos toma por sorpresa. Aunque hubiera deseado que las sospechas de Alastor Moody no fueran ciertas.

  • ¿El profesor Moody sospechaba de Tonks? – preguntó Hermione interesada- A mí nunca se me hubiera ocurrido que fuera una traidora.

  • Nadie salvo Alastor Moody hubiera pensado en ella de esa manera. Pero las habilidades metamórficas de la señorita Tonks eran un arma demasiado poderosa como para que Voldemort no intentara tentarla de pasarse a su lado. Moody siempre mantenía un ojo sobre ella – dijo Dumbledore riéndose de su propia broma -. Un momento antes de que la profesora McGonagall se dirigiera a mi despacho, Alastor Moody se había comunicado conmigo para informar sobre ella. Una vez que junté la información no me fue muy difícil sospechar lo que estaba sucediendo.

  • ¡Pero Tonks era una auror! La profesora McGonagall siempre me dice que son cuidadosamente seleccionados e inspeccionados antes de elegirlos… - comentó Harry confundido.

El rostro de Dumbledore se ensombreció por un instante:

  • Me temo que los estandares de la escuela de Aurores han descendido mucho desde que Cornelius Fudge se ha hecho cargo del Ministerio. Sin duda alentado por mortífagos como Malfoy a los que les interesaba que así fuera. Voldemort tiene muchas maneras de pelear esta guerra y debemos estar atentos para presentarle batalla en cada frente.

  • ¿Por qué alguien como Voldemort hace todas estas cosas? – estalló Harry por fin - ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué tanta muerte?

  • ¡Ah Harry! – exclamó Dumbledore acariciándose la larga barba blanca- Esa es sin duda una de las preguntas más importantes de la vida. Una cuestión digna de ser estudiada por el Departamento de Misterios, créeme. Aunque en lo personal dudo mucho que alguna vez podamos hallar una respuesta que satisfaga a todos. Lo único que sabemos es que en este mundo hay dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte, Harry. Siempre ha sido así y probablemente siempre lo será.

  • Entonces nada de lo que hagamos realmente importa… Todo es inútil… Todo… - estalló Harry liberando parte de la furia que lo embargaba.

  • ¡Ah, has tocado una cuestión importante, y es el papel que cada uno asume frente a estas realidades! La pregunta correcta no es por qué existe el mal, el dolor, o la muerte, sino lo que cada uno de nosotros hace frente a ellos.

Harry frunció tratando de comprender lo que Dumbledore había dicho.

  • Algunos se rebelan, maldicen su destino, se pelean con ellos mismos y con los demás. Y de esa manera logran envenenar no solamente su existencia, sino también la de aquellos que los rodean, como creo que habrás comprendido.

Harry pensó inmediatamente en Snape. Pero luego se recordó a sí mismo luego de la muerte de Sirius…

Dumbledore pareció leer sus pensamientos.

  • Así es, Harry. El maldecir nuestro destino o nuestra suerte no le devolverá la vida a Percy Weasley… ni tampoco a Sirius.

  • Profesor Dumbledore… - intervino Hermione rompiendo el incómodo silencio que se había creado – ¿Qué podemos hacer nosotros entonces?

  • Nunca darnos por vencidos. Luchar con todas nuestras fuerzas para superar las adversidades. Poner lo mejor de nosotros mismos para hacer del mundo un lugar mejor. Donde haya un poco menos de mal y un poco más de bien…

Hermione asintió con la cabeza. Y Dumbledore, buscando los ojos de Harry con la mirada, le dijo:

  • Eso hicieron tu padre y tu madre, Harry. Y eso haces tú cada vez que te enfrentas a Lord Voldemort a pesar de la aparente desventaja en que te encuentras. Son muchos los magos y brujas que se han dejado vencer sin siquiera luchar. Tú en cambio has cargado tu destino sobre tu espalda con valentía y has dado siempre lo mejor de ti. No puedo decirte lo orgulloso que me siento. Has inspirado la vida de muchas personas a hacer lo correcto, en lugar de seguir el camino de lo que es fácil. Tus padres no podrían estar más orgullosos de lo que yo estoy, Harry.

  • ¿Y para qué sirvió? Percy Weasley está muerto…

  • Pero tú y tu novia están vivos. Y muchos más vivirán gracias al contramaleficio que has descubierto.

  • Pero no lo descubrí yo. Fue mi madre.

En el rostro de Dumbledore se dibujó una amplia sonrisa.

  • Es verdad. ¿Sabes que quien crea un nuevo hechizo tiene derecho a bautizarlo? Por eso, con tu permiso querría llamarlo "Contramaleficio Evans". ¿Estás de acuerdo?

Harry asintió secándose una lágrima que corría por su mejilla con el dorso de la mano.


Al día siguiente, Harry y Hermione fueron autorizados a salir de Hogwarts para acompañar a Ginny y Ron en los funerales de Percy. Nada se mencionó sobre los últimos años de su vida, sino que los discursos hicieron hincapié en sus logros académicos, y en sus cualidades personales, tendiendo un manto de piedad sobre sus errores.

Los cuatro regresaron a Hogwarts para el banquete final.

  • Hay algo que quería preguntarte, Hermione… - dijo Harry buscando tema de conversación mientras se servía una pequeña porción de ensalada -. ¿Cómo nos hallaron tú y Ron a Ginny y a mí?

Hermione y Ron se miraron, y finalmente Ron le hizo un gesto a su amiga para que lo contara ella.

  • Entramos en la sala común justo cuando Tonks y ustedes estaban por entrar en la chimenea. Tonks había dicho que estaban buscando a Ron, por lo que decidimos preguntarle a McGonagall, pero ella no parecía saber nada al respecto. Tampoco conocía la dirección a la que se habían dirigido. Entonces, mientras ella le informaba a Dumbledore, Ron y yo nos escabullimos y regresamos a la sala común. Buscamos la capa invisible en tu baúl y utilizamos los polvos flu para ir a la dirección que ustedes habían gritado antes de desaparecer.

  • Y llegaron justo a tiempo para salvar a Harry – exclamó Ginny.

  • Ron casi nos delata cuando Voldemort apareció en el salón. ¡Oh Ron! ¡Vamos, es verdad!

Las orejas de Ron se pusieron coloradas y se sirvió un poco de pavo para disimular.

  • Fuiste muy inteligente al descubrir cómo hacer funcionar el contramaleficio, Harry.

  • No fue nada especial. Simplemente recordé las palabras que mi madre había gritado antes de morir. No quería que otro ser querido muriera.

Ginny le sonrió y acarició suavemente el hombro de Harry.

  • Hermione también estuvo fantástica – exclamó Ron un poco más animado -. Cuando vio cómo habías salvado a Ginny supuso qué era lo que debía hacer.

  • Y justo a tiempo – exclamó Ginny sin dejar de contemplar a Harry con ojos enamorados.

  • Lo mejor fue cuando Scabbers utilizó la varita de Fred y George contra ti; Hermione – comentó Ron -. ¿Vieron la expresión de su rostro…? Pero no vayan a decirles nada o comenzarán a pavonearse diciendo que hasta el Innombrable ha caído en una de sus bromas.

Muy a su pesar todos sonrieron.

Finalizados los postres, el director se puso de pie y en el salón se hizo un respetuoso silencio.

  • Otro año que se va. Un año atípico, lleno de sucesos graves e inesperados. Todos saben que estamos librando una guerra con Voldemort.

Un susurro de temor recorrió el Gran Salón.

  • Y para mucha gente esto no significara nada mas que que las malas noticias han aumentado en el Profeta. O comentar en el Caldero Chorreante los detalles sobre tal o cual ataque. Sin embargo, los alumnos de este colegio han aprendido dolorosamente, a comienzo de este año, lo que realmente significa estar en guerra.

Los rostros de numerosos alumnos se ensombrecieron. Y se escucharon de manera aislada los apellidos de algunos de los caídos en el ataque al Expreso de Hogwarts. Dumbledore esperó respetuosamente hasta que los murmullos se hubieran aquietado, y continuò.

  • La guerra es mala. En la guerra muere gente inocente que nada sabe de odios o peleas de poder. En estas situaciones el odio surge con mayor facilidad. Pero no debemos olvidar que es como un lazo del diablo, se apodera de nosotros hasta asfixiar toda alegría, todo deseo de vivir. Es preciso extirparlo de cuajo por nuestro propio bien. Y la pregunta sigue siendo siempre la misma: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros? De un lado luchan por el odio, la division y, sobre todo, las ambiciones personales de un mago que en su locura quiere dominar a todos y someterlos a sus designios. Por el otro, están aquellos que tratan de construir un mundo donde todos podamos convivir en paz y en armonía. Respetando las diferencias y libertades individuales. Creo que si lo piensan verán que no es un elección dificil de realizar.

Muchos alumnos que seguían atentamente el discurso, asintieron con la cabeza.

  • Algunas personas ya han elegido y han dejado su huella. Han marcado un camino para que los que quieran puedan seguirlo.

Dumbledore tomó la copa de oro de la mesa y alzando su brazo en alto continuó:

  • Quiero brindar en primer lugar por un ex alumno de Hogwarts y hermano de dos compañeros de ustedes al que quizás en algún momento sus ambiciones lo hayan hecho desviarse del sendero de lo correcto, pero que al final de su vida comprendió lo que era verdaderamente importante. Por Percy Weasley.

  • ¡Por Percy!

  • En segundo lugar quiero brindar por otra antigua alumna de este colegio y madre de otro de sus compañeros. Su lucha contra el mal ha ayudado a hacer del mundo un lugar mejor, más luminoso, y nos ha dado las armas que necesitamos para resisitr a nuestros enemigos. ¡Por Lily Evans!

Varios alumnos de Slytherin dejaron sus copas sobre la mesa y dirigieron miradas burlonas hacia la mesa de Gryffindor.

Dumbledore permaneció callado mirando por primera vez directamente a la mesa de Slytherin con la copa aún en alto. Uno por uno los alumnos fueron tomando sus copas y alzándolas para unirse al brindis.

  • Así está mejor – comentó Dumbledore con expresión severa. Y sin apartar la mirada de la mesa de Slyhterin, continuó:

  • Algunos de ustedes se preguntarán porqué permitimos la presencia de los malos entre nosotros.

Murmullos de aprobación recorrieron el Gran Salón. Todos los rostros estaban vueltos hacia la mesa de Slyhterin. Malfoy lucía más pálido y ojeroso que de costumbre. Peeves sobrevolaba sobre ellos con expresión entre seria y divertida.

  • Por un lado tenemos la esperanza de que nuestra lucha y nuestro ejemplo, los hagan recapacitar y realizar lo que es correcto.

Un silencio profundo acompañaba cada palabra de Dumbledore.

  • Pero también nos sirven a todos nosotros como un recordatorio de aquello en lo que podemos convertirnos cuando cedemos a nuestros temores y odios. Que su presencia y sus actitudes nos alienten o no ceder ante el mal.

Los alumnos de Gryffindor, Ranvelcaw y Hufflepuff estallaron en la ovación más ruidosa que se tuviera memoria.

Cuando los gritos y los aplausos – a los que muchos profesores se habían sumado – se extinguieron completamente, el director continuó:

  • Por último me es grato anunciar que la casa Gryffindor ha ganado el campeonato de las casas. Bien hecho, Gryffindor. Felicitaciones.

Aquello fue el broche de oro. Ravenclaw y Hufflepuff festejaron el triunfo de Gryffindor como si hubiera sido el propio. Las tres casas permanecieron reunidas en el Salón mucho tiempo después de que se retiraran los profesores. Mientras los alumnos de Slyhterin, entre avergonzados y temerosos, se retiraban a la seguridad de su Sala Común masacullando amenazas por lo bajo.


A la mañana siguiente, los baúles se hicieron rápidamente, y se apoderó de todos los alumnos la mezcla de nostalgia y alegría que la inminencia de las vacaciones trae consigo.

El viaje de regreso en el Expreso de Hogwarts fue más tranquilo y silencioso de los acostumbrado. Malfoy, Crabbe y Goyle se cuidaron muy bien de salir de su compartimiento por temor al resto de los estudiantes que luego del discurso de Dumbledore parecían dispuestos a aportar su granito de arena en la guerra contra Voldemort.

Luego de un par de partidas de ajedrez mágico - en las que Neville le ganó a un desganado Ron -, Ginny, Harry, Ron y Hermione permanecieron la mayor parte del tiempo encerrados en un silencio poblado de recuerdos desagradables e incómodos.

Luna y Neville hicieron lo posible por entablar conversación, pero finalmente se pusieron a conversar entre ellos. Neville le mostraba a Luna su nueva planta mágica y ésta parecía seguir con interés y asombro las explicaciones del muchacho.

La familia Weasley estaba esperando en el andén. También Ojoloco Moody y Remus Lupin.

Y por supuesto, varios metros más allá, los Dursley, quienes no dejaban de echar miradas de desprecio al grupo de magos.

Los ojos de la Señora Weasley seguían rojos e hinchados.

  • Hola, Harry querido – dijo abrazando a Harry con fuerza -. No tuve ocasión de agradecerte por salvar la vida de Ginny.

Harry no supo qué decir y se sintió aliviado cuando la señora Weasley lo liberó unos segundos después.

  • Hola Harry – saludó Remus Lupin - Dumbledore nos contó que finalmente lograste descifrar el pergamino. Felicitaciones.

A su lado, Ojoloco Moody soltó un gruñido:

  • Aquí no, Remus.

Y luego, inclinándose hacia Harry, dijo en un susurro:

  • Es muy importante que mantengas en secreto todo este asunto. ¿Lo entiendes, verdad Potter?

Harry asintió.

  • Bien – dijo Moody incorporándose y alzando la voz - Felices vacaciones.

Y echando una mirada a los Dursley agregó:

  • Y si llegas a tener problemas con los muggles, ya sabes dónde encontrarme.

El tío Vernon enrojeció y la vena de su frente se hinchó considerablemente.1

  • Vamos, muchacho – gruiñó -. No tenemos todo el día.

Harry se despidió de sus amigos.

  • Adiós, Harry. Nos veremos pronto amigo – dijo Ron.

  • Sí, Harry. En cuanto podamos te sacaremos de la casa de tus tíos – le aseguró Hermione.

  • Voy a mandarte una lechuza todos los días – dijo Ginny escondiendo una lagrimita – Y si tus tíos te tratan mal, yo misma iré a sacarte de allí. Tengo contactos en el Ministerio, ¿sabes?

Harry sonrió y se apresuró para alcanzar a sus tíos.

Sabía que lo que debía suceder sucedería, pero ahora se sentía más preparado para enfrentarlo.

FIN