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Historia 7807 — capítulo 13
CAPITULO TRECE
EL CONTRAHECHIZO
Esa noche Harry, Ginny, Ron y Hermione tuvieron que quedarse en la sala común hasta tarde esperando que todos se fueran a dormir. Habían decidido comenzar las prácticas del contramaleficio en la Sala Multipropósito y no querían levantar sospechas.
Harry tenía con él su capa invisible y el Mapa del Merodeador.
Pero la capa resultaba insuficiente para cubrir a cuatro personas, por lo que decidieron hacer dos viajes.
Harry y Ginny fueron los primeros.
-
¡Ginny, deja de hacerme cosquillas, por favor! – suplicó Harry en un susurro.
-
Lo siento, Harry – replicó Ginny debajo de la capa invisible conteniendo una sonrisa-. Ahora entiendo por qué a ustedes les gusta tanto deambular por el castillo de noche, ¡es tan excitante!
-
Sí – murmuró Harry con seriedad-. Pero la diversión se acaba si nos descubren.
-
Lo siento. Me portaré bien – prometió la chica.
Harry observó con atención el Mapa del Merodeador. Las manchitas de tinta se movían indicando la posición de Snape, Filch y la señora Norris. Por el momento no había nada que temer. Harry observó con curiosidad una manchita rotulada como Abraham Staker, saliendo del castillo y dirigiéndose al bosque prohibido.
Finalmente Harry y Ginny llegaron al séptimo piso y se detuvieron frente al tapiz de Barnabás el Loco y los trolls.
-
¿Recuerdas lo que debes hacer? – preguntó Harry en un hilo de voz.
-
Sí
Harry y Ginny, aún debajo de la capa invisible comenzaron a pasear delante del tapiz mientras se concrentraban en un lugar que sirviera para practicar el contramaleficio. A la tercera ronda, una gruesa puerta de madera apareció en la pared.
Harry giró el picaporte y entró, seguido de Ginny. Una vez adentro se quitaron la capa invisible y contemplaron el lugar.
Era una sala mucho más pequeña que la del año anterior, aunque su aspecto era similar a aquella. Las paredes estaban cubiertas de estanterías con libros, varios almohadones, un escritorio con cuatro sillas sobre el cual había detectores de tenebrismo, y algo similar a un pecera repleta de arañas.
- Esto no va a gustarle nada a Ron – comentó Ginny divertida golpeando el cristal del recipiente con su dedo. Las arañas se aremolinaron trepando unas sobre otras.
Harry contemplaba absorto los títulos de los libros. “Iniciación a la magia negra”; “Maleficios imperdonables”, “Estudios secretos sobre contramaleficios”… Harry estaba seguro de que Madam Pince nunca le hubiera permitido ni siquiera ojear ninguno de esos ejemplares.
-
Voy a buscar a Ron y Hermione – dijo Harry.
-
Bien – dijo Ginny, y con ojos soñadores agregó:
-
Pero voy a extrañarte.
Harry se ruborizó ligeramente sin saber qué contestar, y colocándose la capa invisible salió del salón.
Al cabo de unos cuantos minutos la puerta se abrió y Harry, Ron y Hermione aprecieron de la nada.
Ginny estaba sentanda en uno de los almohadones leyendo uno de los libros.
- ¡Esto es perfecto! – aprobó Hermione yendo directamente hacia las estanterías y leyendo los títulos-. ¡Estos libros son de la sección prohibida! Nos serán de mucha utilidad…
Ron, en cambio, se había quedado petrificado observando el escritorio.
- ¿Q-quién fue el gracioso que pensó en esas horribles cosas? – preguntó señalando a la pecera de cristal repleta de arañas.
Harry y Ginny intercambiaron una mirada.
-
No lo sé.. Quizás como en el pergamino mi madre mencionaba que había practicado con arañas, la idea de que nos serían útiles cruzó por mi mente en algún momento – comentó Harry.
-
¡Qué casualidad! – exclamó Ginny- Yo pensé en algo similar.
Sin quitar la vista de las arañas, Ron se dirigió al otro extremo del pequeño salón.
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Harry dirigiéndose a Hermione.
La muchacha cerró el libro que estaba ojeando y comentó:
- Supongo que tu madre habrá tenido acceso a la mayoría de estos textos, por lo que no creo que nos aporten algo nuevo. Lo mejor me parece tratar de experimentar con el contramaleficio y luego, si surgen dudas, podemos consultar los libros en busca de respuestas. ¿Trajiste los pergaminos, Harry?
Harry asintió, extrajo del bolsillo de su túnica el pergamino en clave escrito por su madre y la traducción que ellos habían realizado, y los colocó sobre el escritorio. Ambos pedazos de papel estaban en blanco.
Hermione hizo un pase con su varita y los tocó suvamente. Al instante se llenaron de caracteres.
- Creo que lo primero sería releer con atención la traducción – sugirió Hermione.
Todos estuvieron de acuerdo y se sentaron alrededor del pergamino. Durante varios minutos se concentaron en la lectura sin decir una palabra.
-
Podríamos practicar los movimientos de varita que menciona tu madre, Harry, tratando de concentrarnos en sentimientos de amor. Por suerte, no será muy dificíl - dijo Hermione dirgiendo su mirada hacia Ron. Éste le devolvió una sonrisa incómoda.
-
Quizás más tarde podríamos probar si el contramaleficio es efectivo –sugirió Ginny-. La mamá de Harry menciona que había logrado bloquear algunos maleficios.
-
Bien pensado – aprobó Hermione sacando su varita-. El pergamino menciona un movimiento envolvente de varita sobre el pecho, me imagino que sería algo así…
Hermione fue reproduciendo los movimientos mientras hablaba. Finalmente apuntó su varita hacia delante… pero nada sucedió.
-
Quizás tengas que concentrarte un poco más – sugirió Harry-. ¿Por qué no practicamos todos juntos?
-
Buena idea – aprobó Ginny.
Durante un rato Harry, Ron, Hermione y Ginny movieron sus varitas intentando distintas maneras de recrear los movimientos descriptos en el pergamino.
-
¡Esto es frustrante! ¡No sucede nada! – exclamó Ron dejándose caer sobre uno de los almohadones.
-
No esperaba que lográramos dominar el contramaleficio al primer intento – explicó Hermione sin dejar de mover su varita-. Los hechizos complicados llevan mucho tiempo de práctica hasta que uno lograr familiarizarse con ellos.
-
No dejo de pensar que nos falta algo. Mi madre insiste mucho en que los sentimientos son la clave de este hechizo. Y la verdad que estar agitando mi varita una y otra vez sin que nada suceda me llena más de frustración que de amor –exclamó Harry bajando su varita.
-
¿Qué sugieres? – intervino Ginny.
-
Uno de nosotros podría lanzar un maleficio contra otro, mientras un tercero trata de impedirlo…
-
Déjame ver si entendí – pidió Ron poniéndose de pie-. Tú dices que mientras le lanzas un maleficio a Hermione, digamos “Petrificus totalus”, Ginny trate de protegerla con el contrahechizo.
-
Sí, más o menos eso – dijo Harry.
-
Es una buena idea - aprobó Hermione-. Aunque creo que funcionaría mejor si cada uno trata de proteger a su pareja.
-
Bien pensado, Hermione – exclamó Ginny.
-
Harry, ¿por qué no tratas de atacarme mientras Ron utiliza el contrahechizo para protegerme? –sugirió Hermione.
-
De acuerdo.
Hermione se separó unos cuantos pasos de Harry y colocó varios almohadones a sus espaldas.
Ron se paró a un costado de ella con su varita lista.
- ¿Estás listo, Ron? – preguntó Harry
Su amigo asintió tragando saliva.
- Entonces a la cuenta de tres: Uno… Dos… Tres…
Harry apuntó a Hermione con su varita y gritó:
- ¡Petrificus totalus!
Ron a su vez apuntó con su varita a Hermione, mientras gritaba:
- ¡Espera no sé qué decir!
El maleficio alcanzó a Hermione en el pecho. La muchacha quedó dura y cayó de espaldas.
- ¡Finite incantatem! – gritó Ginny apuntando con su varita a su amiga.
Hermione se levantó molesta.
-
¿Recién ahora te acuerdas de preguntar por las palabras del hechizo?
-
Sí – musitó Ron avergonzado-. Perdón…
-
Mi madre no menciona ningunas palabras… - comentó Harry acercándose al escritorio y releyendo la traducción-. Probablemente cuando escribió esto aún no las había hallado.
-
Sin embargo, menciona que había logrado que el hechizo funcionara a cierto nivel – replicó Hermione-. Por lo que es probable que las palabras no fueran necesarias. Intentémoslo de nuevo. Y esta vez, Ron trata de concentrarte en lo mucho que me amas.
Ron asintió. Sus orejas se habían puesto coloradas. Era evidente que se sentía súmamente incómodo.
-
Intentaré con otro maleficio. ¿Qué opinan del encantamiento Obstaculizador? – sugirió Harry.
-
Me parece bien. No quiero estar cayendo como piedra toda la noche – comentó Hermione dirigiéndo una mirada de soslayo a su novio.
-
¿Listo, Ron? Uno… dos… tres… ¡Impedimenta!
Harry volvió a apuntar con su varita a Hermione. Ron hizo los movimientos del contramaleficio, apuntó a Hermione y…
La muchacha cayó pesadamente como si hubiera sido golpeada por una fuerza invisible.
-
¿Estás pensando en lo mucho que me amas? – le recriminó Hermione a Ron mientras se ponía de pie.
-
Bueno, se me hace un poco difícil si lo único que haces gritarme – respondió Ron poniéndose todo rojo.
-
No creo que gritarnos entre nosotros sirva de nada – intervino Ginny-. ¿Por qué no descansan un rato y nos dejan probar a Harry y a mí?
-
Seguro –dijo Hermione mirando a Ron con enojo.
Ginny ocupó el lugar de Hermione, Harry se colocó donde había estado Ron y Hermione se puso en la posición que antes había ocupado Harry.
Harry trató de concentrarse en su amor por Ginny. Desde que habían comenzado a practicar no había podido dejar de pensar que quizás estaban haciendo las mismas cosas que su madre había hecho años antes. Harry tuvo la sensación de que ella estaba presente allí de alguna manera.
- ¿Listo, Harry? – preguntó Hermione.
Harry entrecerró sus ojos y asintió.
- Uno… dos… tres… ¡Impedimenta! – gritó Hermione apuntando a Ginny con su varita.
Harry hizo un complicado movimiento con su varita y apuntó a su novia. Un tenue vapor rojizo salió de la punta de su varita interponiéndose en el camino del maleficio. El rayo atravesó la niebla y golpeó a Ginny haciéndola trastabilliar pero sin derribarla.
- ¡Bien hecho Harry! Se ve que tú sí amas a Ginny de verdad…– dijo Hermione con resentimiento.
Ginny le guiñó un ojo a Harry y le lanzó un beso.
-
Hermy, creo que eres injusta conmigo. Sabes que yo te quiero… - balbuceó Ron.
-
Lo creeré cuando seas capaz de detener un maleficio como hizo Harry con Ginny – exclamó Hermione ofendida.
-
¿Por qué no intentas tú detener un maleficio de Harry? Así veremos qué tan grande es tu amor por mí – dijo Ron a Hermione con una mirada desafiante.
-
Cuando quieras. Verás que yo sí puedo detenerlo - respondió ella.
-
No creo que sea una buena idea... – comenzó a decir Harry.
Pero Ron y Hermione ya habían ocupado sus lugares. Harry sabía que los dos eran tan testarudos que no cambiarían de opinión.
- Vamos, Harry. Lánzale un maleficio a Ron. Yo lo detendré – pidió Hermione.
Harry se encogió de hombros y dijo:
- Si eso es lo que quieres. Uno… dos… tres…
Harry apuntó su varita y realizó el hechizo.
Ron cayó sobre los almohadones sin que Hermione pudiera evitarlo.
-
¿Lo ves? ¡Tú tampoco pudiste! – exclamó Ron complacido de que Hermione no hubiera podido detener el hechizo-. Creo que deberías disculparte conmigo. Pero eres demasiado orgullosa como para admitir que te equivocaste.
-
Lo siento, Ron. Me equivoqué - por el tono en que Hermione dijo esas palabras era evidente que realmente no pensaba así.
-
No eres sincera. Realmente no lo sientes –le recriminó Ron a Hermione.
-
Tienes razón, no lo siento y eso es porque…
-
¡Alto! ¡Basta! ¡Deténganse! – gritó Harry ponéndose en medio de Ron y Hermione mirando a ambos con expresión dolorida-. No vinimos a este lugar para pelear. No creo que mi madre haya creado el contrahechizo como una prueba de amor, sino como una manera de vencer a Voldemort y ese el motivo por el que estamos aquí, ¿lo han olvidado?
Por unos instantes nadie habló. Finalmente Hermione aflojando la expresión de su rostro murmuró:
-
Tienes razón, Harry. Lo siento. Perdóname, Ron. No debí haber dudado de ti.
-
Perdóname tú también, Hermy. A veces pierdo el control con demasiada facilidad. Es que… tú me importas mucho.
Ron y Hermione se dieron un beso de disculpa. Harry y Ginny voltearon apresuradamente el rostro hacia otro lado.
- Se ha hecho tarde. Creo que deberíamos regresar – sugirió Ginny mirando su reloj.
Harry sacó el Mapa del Merodeador y se aseguró de nadie se encontrara cerca. Primero llevó a Ron y Hermione a la torre Gryffindor y luego volvió por Ginny.
- ¿Sabes algo? – murmuró Ginny abrazando a Harry por la espalda mientras regresaban debajo de la capa invisible-. Me alegro de que tu contramaleficio funcionara conmigo.
El rostro de Harry se iluminó con una sonrisa.
A la mañana siguiente, las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas de soperas llenas de avena, fuentes de panqueques, montículos de tostadas y platos con huevos y panceta, bajo el techo encantado (que ese día estaba de un gris nublado y triste). Harry y Ron se sentaron a la mesa de Gryffindor junto a Hermione, y Ginny.
Neville Longbottom los saludó alegremente.
-
¿Dónde fueron anoche, Harry? Tú y Ron no regresaron hasta muy tarde…
-
Ehh… Estuvimos terminando el trabajo de Snape… - mintió Harry rápidamente.
-
¿Nos había dejado tarea? Creo que lo olvidé – se lamentó Neville.
-
El correo llegará en cualquier momento... – comentó Seamus Finnegan -. He pedido un catálogo de escobas. Estoy pensando en regalarle una a Lavander.
Ella y Seamus finalmente habían comenzado a salir juntos.
Harry acababa de empezar a comer su panqueque con miel cuando, efectivamente, unas cien lechuzas penetraron con gran estrépito, volando por encima de sus cabezas, dando vueltas por la habitación y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud.
Una lechuza marrón dejó caer un grueso librito en la cabeza de Seamus. Hermione pagó su ejemplar de El profeta a la lechuza que se lo había traído. Un segundo después, una lechuza de plumas blancas con las puntas grises, muy parecida a Hedwig, se posó enfrente de Ginny.
La muchacha abrió el sobre, que tenía el membrete del Ministerio y leyó rápidamente la misiva. Su expresión se fue ensombreciendo a medida que sus ojos recorrían el mensaje.
- ¿Todo está bien? – preguntó Harry en voz baja acercando su rostro hacia Ginny.
Ginny negó con la cabeza y le extendió la carta.
Harry la abrió y leyó el mensaje.
Querida Ginny:
Hiciste muy bien en contarnos sobre las cartas que Percy te envió. No temas: tu padre y yo entendemos perfectamente los motivos por los cuales no nos informaste antes. Lamentablemente tus sospechas y las de Harry parece que resultaron ciertas. Papá y Moody fueron rápidamente al departamento de Percy, pero lo hallaron vacío.
El encargado le informó que Percy se había mudado unas semanas atrás y que no había dejado información sobre su nueva dirección.
Como te podrás imaginar estamos todos muy preocupados por él, pero confiamos en que pronto podremos encontrar a tu hermano y hacerlo entrar en razón. Papá ha puesto a trabajar a los mejores aurores.
No dejes de avisarme de inmediato si Percy se comunica contigo.
Te mantendré informada.
Te quiere
Mamá
PD: Creo que deberías contarle a Ron.
- ¿Qué sucede? –preguntó Ron con la boca llena, mirando a Harry y Ginny que se habían quedado callados y con expresión preocupada.
Por toda respuesta, Ginny extrajo las cartas de Percy del bolsillo de su túnica y se las extendió a Ron junto con la carta de su madre.
- Toma. Lee – le dijo Ginny.
Ron miró miró a su hermana sin entender lo que sucedía y finalmente bajó la vista hacia las cartas que Ginny le había entregado.
Las arrugas de la frente de Ron se fueron frunciendo cada vez más a medida que leía.
-
¿Por qué no me lo dijiste antes? – se quejó Ron.
-
Al principio no me pareció importante. Creo que no quise ver lo evidente. Y luego me pareció demasiado grave y pensé que primero debía decírselo a nuestros padres. Lo siento, Ron... Creo que no pensé con claridad.
-
Está bien – dijo Ron apenado-. No sé exactamente por qué, pero nada de esto me sorprende. Creo que una parte de mí sabía que Percy terminaría haciendo algo tan estúpido como esto.
-
No te preocupes, Ron. Papá lo encontrará y lo traerá aunque sea a la fuerza.
-
Eso espero - musitó Ron.
Durante las siguientes semanas Harry, Ron, Hermione y Ginny utilizaron cada momento disponible para practicar el contramaleficio en la Sala Mutipropósito. Con gran esfuerzo habían logrado convocar una niebla escalata, que disminuía la intensidad de los maleficios, pero no los detenía.
Harry era quien había obtenido mejores resultados. En las dos últimas noches había logrado convocar un brillante escudo escarlata en el cual habían rebotado la mayoría de los maleficios que Hermione y Ron le habían lanzado a Ginny.
Al finalizar, una Ginny radiante de felicidad se había echado a los brazos de Harry y le había dado un fugaz beso en los labios.
-
Has mejorado mucho, Harry – lo felicitó Hermione-. Ninguno de nosotros ha logrado convocar un escudo tan poderoso como el tuyo.
-
Aún no es suficiente – se lamentó Harry.
-
Creo que te exiges demasiado – opinó Ginny-. Quizás podríamos comenzar a experimentar utilizando palabras como “Te amo” o algo así.
-
No me imagino gritando “Te amo” delante de Voldemort – comentó Harry-. Lo que más me preocupa es que aún cuando lográramos que el escudo fuera efectivo contra todos los maleficios, no tenemos manera de saber si funcionará contra el Avada Kedrava.
-
Esperemos que no tengamos que averiguarlo nunca – suspiró Ron.
-
Quizás ustedes no. Pero yo sí. No tengo otra salida – dijo Harry.
-
No hables así, Harry. Me asustas. Suenas como si quisieras ir detrás de Voldemort… - Ginny se estremeció y se abrazó fuerte a él.
Harry se acomodó los anteojos y mirando a sus amigos dijo:
- Creo que es tiempo de que les diga algo que hasta ahora había mantenido en secreto. Si no se los dije antes no es porque no confiara en ustedes, sino porque no quería cargarlos con una noticia tan terrible. Dumbledore, de hecho, tardó cinco años en decirme esto.
Ron, Hermione y Ginny miraron a Harry con profunda atención e interés.
- La profecía no se perdió – dijo Harry-. Fue realizada por la profesora Trewlaney delante de Dumbledore. Él fue quien hizo el registro que estaba en el Departamento de Misterios.
Harry hizo un momento de silencio dejando que sus amigos asimilaran sus palabras.
- ¿Y Dumbledore te dijo a ti lo que decía, Harry? – preguntó Ron.
Harry asintió.
- La profecía es sobre Voldemort y sobre ti, ¿no es así? – preguntó Hermione.
Harry volvió a asentir. Con voz muy queda dijo:
- La profecía dice que yo soy la única persona que tengo la oportunidad de derrotar a Voldemort. Que los dos deberemos luchar y… que sólo uno de nosotros sobrevivirá a ese enfrentamiento.
El nudo que Harry sentía en la garganta le impidó continuar hablando.
- ¡NO!
Ginny se llevó la mano a la boca para ahogar un grito de sorpresa y se abrazó a Harry con fuerza escondiendo el rostro en sus hombros.
- No me importa lo que diga una estúpida profecía. Tú no morirás. No si yo puedo evitarlo. Haremos que este contramaleficio funcione, ya verás – dijo Ginny entre lágrimas.
Ron y Hermione asintieron con fuerza.
- No estás solo, Harry. Nosotros pelearemos contigo – dijo Ron con convicción-. V-Voldemort no te vencerá.
Harry parpadeó. Poco a poco, una lágrima resbaló por su mejilla; luego, otra, hasta que, de súbito, se estremeció y exhaló un desgarrador sollozo. Luego, atrajo a Ron y Hermione hacia sí y todos cayeron, formando un enredo de brazos, túnicas y lágrimas.
Transcurrieron varios minutos antes de que dejaran de llorar. Cuando por fin se separaron tenían los ojos irritados, las caras rojas, y mientras se miraban, lo absurdo de aquella escena los hizo prorrumpir en carcajadas.
La profecía parecía haberles dado al cuarteto una motivación extra para superarse. A pesar de que se acercaban los exámenes Harry, Ron, Ginny y Hermione habían dedicado cada momento libre a practicar el contramaleficio. El esfuerzo había dado buenos resultados: todos habían logrado convocar un escudo escarlarta que era capaz de detener todos los maleficios que se arrojaban, lo que lo hacía ya de por sí extraordinario.
-
Eso estuvo muy bien, Ronnie – aprobó Hermione cuando el maleficio arrojado por Ginny rebotó en el escudo convocado por Ron.
-
Me pregunto si habrá forma de saber si resultará efectivo contra el Avada Kedavra. Aparentemente hemos llegado al mismo lugar que llegó mi madre. Y su escudo no podía con el maleficio asesino – dijo Harry con intranquilidad.
-
La única manera de comprobar si sirve sería si aprendiéramos a realizar el Avada Kedravra – comentó Ron pensativo.
-
¡RON! No estarás pensando en serio en que aprendamos a hacer eso… - exclamó Hermione preocupada.
-
¡Claro que no! ¿Crees que quiero terminar en Azkaban? – respondió Ron con rapidez-. Además no quiero aprender a hacer ese maleficio aunque sea por un buen motivo.
-
Estamos en un callejón sin salida. Desearía que ahora mismo hubiera alguien que supiera realizar ese maleficio –suspiró Harry.
En ese instante un mago alto de túnica negra se materializó en el medio de la Sala Multipropósito.
Los chicos se sobresaltaron y le apuntaron con sus varitas.
-
¿Y éste de dónde salió? Creí que nadie podía aparecerse dentro de Hogwarts – dijo Ron mirando a Hermione.
-
No lo entiendo… - dijo Hermione confundida-. El colegio está protegido por una magia muy antigua y poderosa. Nadie debería ser capaz de aparecerse aquí.
-
¡Pues díselo a él! – exclamó Ron señalando al mago que permanecía inmóvil en el medio de la sala.
-
¡Un momento! Creo que sé lo que sucedió – exclamó Hermione-. El mago apareció justo después de que Harry lo deseara.
-
¿Quieres decir que yo lo traje? – preguntó Harry extrañado.
-
Sí – dijo Hermione - Parece que esta Sala nos da todo lo que necesitamos. Aunque no llego a comprender cómo lo hace.
-
¡Genial! – exclamó Ron.
Harry se acercó con cautela al mago, sin dejar de apuntarle con su varita y le preguntó:
-
¿Quién eres y qué haces aquí?
-
Soy un auror y no tengo idea de dónde estoy ni cómo llegué aquí. Pero por alguna extraña razón siento que debo hacer todo lo que me ordenen – respondió el mago con voz monótona y la mirada perdida.
-
¿Qué opinan? – preguntó Hermione bajando la voz.
-
Yo digo que lo aprovechemos – susurró Harry.
Todos asintieron.
-
Ehh… Necesitaríamos que lance un maleficio contra esta araña – explicó Harry metiendo la mano en la pecera y colocando una de los animalitos sobre un falsoscopio.
-
¿Qué maleficio? – preguntó el mago con voz monótona.
Haciendo una profunda inspiración, Harry expresó:
- Avada Kedavra.
Si el auror encontró extraño aquel pedido no lo manifestó.
Los cuatro se colocaron a una buena distancia del escritorio, entonces Harry ordenó:
- A la cuenta de tres. Uno… dos… tres…
El mago alzó su varita y un rayo verde salió disparado de ella.
Harry hizo los movimientos envolventes con la suya convocando un brillante escudo escarlata.
El rayo del maleficio asesino lo atravesó con facilidad. Un segundo después, la araña estaba muerta.
Cada uno de los chicos intenó detener el maleficio asesino con otras tres arañas con idénticos resultados.
Finalmente, luego de que Hermione modificara la memoria del auror, Harry deseó que éste regresara al lugar de dónde provenía y el mago desapareció.
- ¿Dónde aprendiste a modificar la memoria? – pregunto Ron a Hermione, muy asombrado.
Hermione se encogió de hombros, y sin darle demasiada importancia, respondió:
-
El profesor Lockhart me lo enseñó en segundo año.
-
Probablemente era el único encatamiento que sabía realizar – comentó Ron.
-
El contramaleficio no sirvió contra el Avada Kedavra y no tengo idea qué debemos hacer para que funcione – suspiró Harry.
-
Seguiremos probando después de que rinda las MHB – dijo Ginny-. La fecha de los exámenes se acerca y voy muy atrasada con mis estudios.
-
Nosotros también – exclamó Hermione.
-
Luego del partido contra Ravenclaw lo intentaremos nuevamente, Harry – dijo Ron.
Harry suspiró resignado sin decir una palabra.
Harry se despertó temprano ese sábado a la mañana y se quedó en la cama pensando en el partido de Quidditch contra Ravenclaw.
El cielo estaba cubierto por un grueso manto de nubes color plomo. El frío intenso hacía sospechar que en cualquier instante podría comenzar a nevar.
Slyhterin había logrado ganar su único juego de la temporada venciendo al débil equipo de Hufflepuff.
La excitación en Hogwarts había crecido hasta alcanzar niveles insospechados. Aún aquellos que normalmente no le prestaban demasiada atención al Quidditch habían tomado partido por una u otra casa.
Harry estaba nervioso, sobre todo pensando en lo que sucedería si Gryffindor perdía la copa. Pero lo que más nervioso lo ponía era el hecho de enfrentarse a Cho.
Cuando faltaba poco para las once, el colegio en pleno comenzó a dirigirse hacia el estadio de Quidditch. Harry, Ron y Ginny entraron en los vestuarios. Hagrid y Hermione se acercaron a desearles buena suerte.
-
¿Cómo está Grawp, Hagrid? – preguntó Harry intentando pensar en otra cosa que no fuera el partido.
-
Está muy bien. Muy bien. Madam Pomfrey me dio unas pociones que obraron maravillas en sus heridas. Ya ha recuperado sus fuerzas nuevamente. Luego de que terminen los exámenes pueden acompañarme nuevamente a verlo si quieren.
Los chicos se miraron entre sí y prometieron sin mucha convicción que así lo harían.
-
Si bien no me lo dijo directamente, creo que Dumbledore está convencido de que Grawpy podría resultarnos útil en la guerra contra “Ya-saben-quién” – bajando la voz Hagrid agregó:
-
Parece que los gigantes se han unido al Innombrable.
Harry, Ron, Hermione y Ginny intercambiaron miradas de preocupación. Esas no eran buenas noticias. Después de ver con sus propios ojos lo que era capaz de hacer el “pequeño” Grawpy no podían ni imaginarse la destrucción que podrían causar un grupo de gigantes completamente crecidos.
-
¡Ey! ¡Vamos! ¡Anímense! – exclamó Hagrid por fin, rompiendo el incómodo silencio- Tenemos de nuestro lado al mago más grande de todos los tiempos. Dumbledore sabrá qué hacer. Ya verán. Mientras él pelee con nosotros no hay de qué preocuparse.
-
Eh… chicos… Creo que deberían cambiarse – sugirió Lavander Brown acercándose a ellos-. El juego está por comenzar.
Hermione y Hagrid salieron del vestuario y Harry, Hermione y Ginny se calzaron sus túnicas escarlatas.
Luego, todo el equipo de Gryffindor se preparó para escuchar el discurso de motivación de Harry.
- Bueno... – dijo Harry carraspeando para aclarar su garganta–. Hemos entrenado muy duro para llegar a este momento. El equipo de este año es fantástico y...
Harry se interrumpió sin saber cómo continuar.
- No te preocupes – dijo Ron – La copa ya es nuestra. Ganaremos.
El equipo entero asintió, y esperaron pacientemente a que Madam Hooch diera la señal de salida de los vestuarios.
Harry buscó a Ginny con la mirada, y ella le guiño un ojo.
- Y aquí llega el mejor equipo del colegio con su nuevo capitán al frente ¡Harry Potter!.- exclamó Colin Creevey con entusiasmo.
Aplausos y abucheos resonaron por el estadio.
Harry fue hacia el centro del campo, para darle la mano al capitán del equipo de Ravenclaw.
- Vamos a ganarles, Potter –dijo Roger Davies con voz amenazadora apretando con fuerza la mano de Harry.
Harry intentó responder con alguna frase ingeniosa, pero ninguna vino a su mente.
En ese momento comenzó a nevar.
Madam Hooch se situó entre los dos capitanes y abrió la enorme caja donde se guardaban las pelotas del juego. La snitch dorda desplegó su alas y se elevó rápidamente, desapareciendo de la vista entre los copos de nieve.
El silbato de salida hizo que los catorce jugadores se elevaran.
El partido había comenzado.
- La Quaffle está en posesión de Ginny Weasley, que se la pasa a Lavander Brown con un estupendo lanzamiento. Lavander se eleva en el aire y se lanza hacia los aros de Ravenclaw... parece que va a tirar... ¡uy!.. ha sido un magnífico lanzamiento, pero el guardián de Ravenclaw ha realizado una soberbia atrapada. Ravenclaw pone la Quaffle en juego, Alan Marker que se lanza en picada hacia el campo de Gryffindor, se la pasa a Peter... éste a Alan de nuevo, parece que se acercan a los aros y ... – el silbato sonó – ¡Oh, no!... Diez a cero para Ravenclaw.
Harry miró a Ron preocupado. Aún tenía sus dudas sobre él, ya que, aunque ese año había demostrado ser un soberbio guardián, si perdía la confianza podía llegar a convertirse en el mismo Ron torpe e inseguro del año anterior.
Pero el tanto marcado por Ravenclaw pareció no afectar a su amigo.
Ron pareció adivinar sus pensamientos. Mirando a Harry levantó su pulgar izquierdo y le gritó:
- ¡Estoy bien! ¡No te preocupes, no voy a dejar que nos ganen!
El equipo de Slytherin había comenzado su canto “Weasley es nuestro rey”. Este año parecían haberle agregado nuevas estrofas, aunque Harry no le prestó atención a la letra. Harry se obligó a centrar su atención en la snitch. Nunca había ansiado atraparla con tanta fuerza. Pero Cho Chang le pisaba los talones volando peligrosamente cerca de su escoba. Además, la nieve entorpecía los movimientos de todos, no permitiéndoles moverse con facilidad.
La voz de Colin interrumpió sus pensamientos:
-
Natalie avanza y marca su primer gol ... ¡DIEZ A DIEZ! ¡Chupate esa Ravenclaw!
-
¡CREEVEY!
La profesora McGonagall, envuelta en una bandera roja y dorada reprendió a Colin Creevy. La tribuna de Slytherin y la de Ravenclaw lo silbaron.
Harry respiró aliviado. Ginny le dedicó una sonrió a Harry.
En ese momento Cho se atravesó en su camino con cara de pocos amigos, obligando a Harry a realizar un complicado viraje para no chocar contra ella.
Entonces algo pasó zumbando justo al lado de su oído. El bateador de Ravenclaw se alzó junto a Harry y golpeó con su bate la Bludger enviándola nuevamente contra Harry.
Éste giró sobre la escoba hasta quedar cabeza abajo para que la pelota no lo derribara.
- Algún día se te acabará la suerte, Potter – le gritó Fawcett mientras se alejaba volando por encima del campo.
De repente a Harry le pareció ver un reflejo dorado.
Se lanzó en picada hacia donde había creído ver la snitch, y por el rabillo del ojo vio como Cho Chang lo seguía.
La escoba de Cho no era mala, una Nimbus 2000, aunque no era rival para la Saeta de Fuego de Harry.
Cho se le pegó a su lado, y en ese momento un silbido de Madam Hooch hizo que ambos miraran hacia donde el juego continuaba.
Lavander había marcado otro tanto para Gryffindor, mientras Colin lo comentaba excitado.
Cuando bajaron de nuevo la vista, la snitch había desaparecido.
El partido iba 40 a 10 a favor de Gryffindor.
Cho y Harry se miraron, y por un segundo pareció que ella iba a sonreírle. Pero en lugar de ello hizo un giro brusco con su escoba alejándose de él.
-
Ginny Weasley, llamada por algunos la saeta roja – la tribuna de Slyhterin silbó – avanza con la Quaffle. Elude a dos jugadores de Ranvenclaw haciendo un amague espectacular y le pasa la Quaffle a Natalie McDonald. La pequeña Natalie entra al área de Ravenclaw y… ¡PENAL! ¡Qué animal! ¡Casi la tira de su escoba!
-
¡CREEVEY TE ADVIERTO POR ÚLTIMA VEZ… - rugió McGonagall
-
Lo siento, profesora. ¿Pero no vio usted lo que le hicieron…?
Ginny convirtió rápidamente el penal poniendo a Gryffindor 50 a 10.
Harry comenzó a impacientarse. Sólo faltaba que él atrapara la snitch para ganar la copa. Pero la pequeña pelota dorada no aparecía por ningún lado.
- Las cazadoras de Gryffindor avanzan en una formación en forma de “V”. Lavender Brown va al frente con la Quaffle, se la pasa a Natalie… ¡No, era un amague! Lavander continuá y… GOOOOLLL
Harry bajó la vista un momento para ver a su equipo festajar y de pronto la vio.
La snitch, más dorada que nunca, volaba a tan sólo a unos metros por debajo suyo. Su superficie dorada se destacaba perfectamente sobre el campo nevado.
Cho también la había visto, y se lanzó hacia la snitch, aunque Harry le llevaba algo de ventaja.
Pero Harry no quería solamente atrapar la snitch, también quería hacerlo de una manera espectacular. Por eso se colgó con sus piernas de la escoba y volando cabeza abajo extendió la mano derecha. Sus dedos rozaron la superficie dorada de la snitch y…
¡Falló!
A causa de la nieve, las piernas de Harry resbalaron del palo y éste cayó sobre la escoba de Cho, provocando que descendiera bruscamente.
- Lo hiciste a propósito, Potter. Ya casi había atrapado la snitch – exclamó Cho con indignación.
Harry pidió tiempo fuera para volver a montar su escoba y el juego se reanudó.
Antes de elevarse escuchó los gritos de Malfoy:
- ¿Cómo piensas llamar a esa jugada, Potter? ¿La “gran Clabbert”? Deberías dejarte crecer una pústula en la frente y emplearte para cuidar las casas de los magos…
Harry se sentía demasiado avergonzado como para responderle. Si no hubiera querido humillar a Cho y a Roger Davies, su equipo ya hubiera ganado el campeonato.
Las cazadoras de Gryffindor sacaron ventaja rápidamente, poniéndolos muy adelante en el marcador. La tribuna de Gryffindor festejaba con alegría lo que parecía ser un nuevo campeonato para su casa.
Pero entonces, Cho Chang, haciendo un rápido giro con su escoba, voló muy bajo, casi al ras del suelo. La snitch estaba sólo a unos metros de su mano extendida. Harry se dejó caer peligrosamente en la Saeta de Fuego.
- ¡Vamos! ¡Vamos! – murmuraba entre dientes volando en picada a una velocidad increíble.
La Saeta de Fuego pasó como una tromba al lado de la escoba de Cho. Harry levantó el palo de su escoba tratando de enderezarla, pero iba demasiado rápido y su escoba se deslizó sobre la nieve del campo de juego, haciendo que Harry saliera despedido y rodara espectacularmente varios metros antes de detenerse.
Segundos después Cho Chang atrapaba la snitch dando por finalizado el partido.
Las tribunas de Hufflepuff y de Slytherin estallaron en aplausos y aclamaciones.
Cho se paseaba triunfante con la snitch dorada en su mano, mientras miraba a Harry con una expresión de triunfo.
-
Te gané, Potter – le gritó con desprecio.
-
Puedes festejar que atrapaste la snitch todo lo que quieras – le respondió Ron bajando de la escoba -. Nosotros mientras tanto festejaremos el campeonato.
-
¿Qué? – exclamó Cho sorprendida.
-
¿Acaso no viste el marcador? Segundos antes de que atraparas la snitch anoté un tanto. El partido terminó 170 a 160… a favor nuestro - informó Ginny.
En verdad, Cho estaba tan obsesionada con ganarle a Harry que se había olvidado por completo del desarrollo del partido.
- ¿Qué hiciste, Cho? ¿Acaso no sabes que no debes atrapar la snitch a menos que eso nos dé la victoria? – le gritó Roger Davies a Cho, completamente fuera de sí.
La muchacha salió corriendo hacia los vestuarios con lágrimas en sus ojos.
Harry se incorporó y comenzó a caminar rápidamente hacia los vestuarios sin detenerse a hablar con nadie.
Ron corrió hasta alcanzarlo.
- ¿A dónde vas Harry? ¡Ven, vamos a festejar!
Harry se dio vuelta y le gritó a Ron fuera de sí.
-
¡Fallé!, ¿sí? ¿Acaso no tengo derecho a equivocarme alguna vez…?
-
Harry no te pongas así… Nadie piensa que tú no tuvieras derecho a fallar. Lo importante es que hemos ganado el campeonato –dijo Ron pasando su brazo por el hombro de su amigo-. Ven. Creo que quieren llevarnos en andas y todo eso...
Una exultante multitud los alcanzó segundos después, y tal como Ron había predicho, todos fueron alzados y paseados por todos los terrenos del colegio, mientras entonaban cantos de victoria.
A nadie, salvo a Malfoy, parecía importarle demasiado que Harry no hubiera atrapado la snitch. Gryffindor había ganado nuevamente el campeonato poniendo a Gryffindor en el primer lugar y eso era lo que contaba.
La fiesta en la torre de Gryffindor duró hasta bien entrada la noche, y luego de la cuarta o quinta cerevza de manteca, Harry comenzó a sentirse mejor. El hecho de que Hermione le contara cómo Roger Davies había seguido discutiendo con Cho, ayudó bastante.
Finalmente a las dos de la mañana, la profesora McGonagall decidió poner fin a los festejos y todos se dirigieron a sus dormitorios.
La euforia por haber ganado la copa de Quidditch les duró a todos al menos una semana. Los días se volvieron un poco más calurosos y los estudiantes pudieron librarse definitivamente de la ropa de invierno que regresó al fondo de sus baúles. La nieve que cubría los terrenos de Hogwarts se derritió rápidamente dejando libres grandes extensiones de verde. El calamar gigante hizo su aparición sobre la superficie del descongelado lago del castillo para admiración y maravilla de los estudiantes de los primeros años.
Para los alumnos mayores, en cambio, se acercaba la época de los exámenes. Ginny debía rendir las MHB y estaba tratando de recuperar el tiempo perdido pasando la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca. Siempre que ella y Harry se veían, Ginny cargaba una enorme pila de libros, y con expresión apenada le daba un rápido beso, prometiendo que después de los exámenes lo compensaría.
A Harry, Ron, y Hermione no les iba mucho mejor, ya que los EXTASIS prometían ser tanto o más terribles que las MHB. No pasaba una sola clase sin que algún profesor los amenzara con reprobarlos si no ponían su máximo esfuerzo. La ira de Snape caía como un rayo en cada clase de Pociones sobre algún desprevenido estudiante. Nadie, ni siquiera Hermione cuyas pociones eran siempre perfectas, se salvaba de sus críticas despiadadas.
Desde el incidente con Snape, Hermione no había vuelto a dirigirle la palabra, ni había levantado la mano una sola vez en clase de Pociones. Cuando Snape la criticaba, se limitaba a ignorarlo y continuar realizando su poción como si nadie le hablara.
A medida que los exámenes se acercaban, Hermione no parecía tan segura de sí misma. Había vuelto a ser la misma de siempre paseándose nerviosa de un punta a la otra del salón, recitando párrafos enteros de los libros en voz alta, o repitiendo una y otra vez las recetas de alguna complicada poción, con los dedos metidos en las orejas para no escuchar a nadie.
Harry también hacía enormes esfuezos por concentrarse. Necesitaba aprobar Pociones si quería llegar a convertirse en auror. La profesora McGonagall lo había citado a su despacho, para conversar sobre sus notas. El bajo rendimiento de Harry en las clases de Snape la tenía sumamente preocupada. A pesar de que la promesa de ayudar a Harry había sido realizada al calor de una discusión con Umbridge, la profesora McGonagall seguía dispuesta a cumplirla.
-
Debes esforzarte más en Pociones, Potter. Tus notas han mejorado un poco con respecto a otros años, pero aún estás lejos del nivel que se requiere para seguir la carrera de auror.
-
Lo intentaré. Pero no creo que tenga solución. Snape me odia y nunca me dará una nota mayor que “Pobre” – suspiró Harry resignado.
-
El profesor Snape es sumamente exigente con todos sus estudiantes. Esa actitud no te ayudará a superarte, Potter. Debes pensar positivamente – dijo McGonagall con un tonito que Harry odiaba.
Y a pesar de que le había prometido a la profesora McGonagall realizar su mejor esfuerzo, sus esperanzas de aprobar Pociones no eran mayores que las de vencer a Voldemort.
Durante la semana de los exámenes, el castillo se sumió en un inusitado silencio.
Los examinadores del Ministerio llegaron para tomar las MHB y los EXTASIS. La anciana profesora Marchbanks saludó efusivamente a Dumbledore. Aunque Harry no pudo escuchar lo que decían, era evidente que se alegraba de que estuviera a cargo de la dirección del colegio nuevamente.
Los días se sucedían rápidamente uno tras otro sin darles tiempo a nada. Los estudiantes salían al mediodía exhaustos después de rendir los exámenes teóricos para tomar un rápido almuerzo; y en poco tiempo regresaban a los salones de clases para ser examinados a nivel práctico.
Después de cenar volvían a las salas comunes para repasar, hasta bien entrada la noche, para las pruebas del día siguiente.
-
¿Qué pusiste en la pregunta sobre Maleficios Defensivos, Ron? – preguntó Hermione tirandose del pelo por los nervios. Y sin esperar que respondiera continuó:
-
Estoy convencida de que me olvidé de agregar las diferentes técnicas de movimientos de varita y…
-
¿Quieres callarte al menos por un momento? – estalló Ron cerrando violentamente el libro que estaba leyendo-. Lo único bueno de rendir un examen es que uno no tiene que pensar más en él hasta que te dan los resultados. Te he repetido hasta el cansancio que a mí no me gusta repasar los resultados.
-
¿Cómo esperas aprender si no sabes en qué te equivocaste? – le dijo Hermione molesta.
Pero Ron ya no la escuchaba. Poniéndose de pie, salió por el retrato de la dama gorda rumbo a la biblioteca. Allí al menos Madam Pince sabía cómo mantener a los estudiantes en silencio.
El Examen de Defensa contra las Artes Oscuras resultó más sencillo de lo que Harry había esperado, y el de Pociones aún más terrible. Al menos Harry logró que su antídoto funcionara mejor que el de Neville, quien no había logrado evitar que muriera la rata a la que habían envenenado previamente. Afortunadamente los examinadores tenían antídotos listos para esos casos.
Finalmente rindieron el último examen y saborearon el placer que produce sacarse una pesada carga de encima. Las risas y las conversaciones volvieron al Gran Salón durante la cena del viernes a la noche.
- Pero si son Harry “cicatriz” Potter, el mendigo pelirrojo, y la sabelotodo de sangre sucia –dijo Malfoy mientras se dirigían a la torre Gryffindor- ¿Qué se siente ser un perdedor, Potter?
Crabbe y Goyle sonrieron estúpidamente.
- No lo sé. ¿por qué mejor no me lo dices tú, Malfoy? ¿En qué puesto terminó el equipo de Quidditch de Slytherin este año?
Ginny, Ron y Hermione soltaron una carcajada.
Malfoy acusó el golpe, y con ira renovada continuó:
-
¡Ah, me olvidaba de la pequeña perrita faldera! ¡Te amo, Harry! ¡Muá! Muá! ¡Muá! – dijo Malfoy dando besitos al aire- ¡Mi héroe, me has salvado de la pobreza…!
-
Ten cuidado; Malfoy – le dijo Harry-. Mira que ahora no puedes salir corriendo a pedirle ayuda a tu papá.
-
No te metas con mi padre, Potter.
-
Eso sería difícil, ya que todavía se encuentra en Azkaban – respondió Hermione.
-
No estoy hablando contigo, sangre sucia – respondió Malfoy lanzándole un maleficio.
Pero Hermione estaba preparada y convocó un hechizo protector contra el cual rebotó.
-
¿Qué sucede aquí? – preguntó Snape que había surgido de la escalera que conducía a las mazmorras.
-
Fue Malfoy quien nos atacó atacó… – comenzó a explicar Ron.
-
¡Cállete, Weasley! ¡Guarden todos sus varitas! – ordenó Snape con voz fría-. Le descontaré a Gryffindor veinte puntos por cada uno de ustedes por hacer magia en los pasillos, y además serán castigados…
-
Y yo le descontaré cincuenta puntos a Slytherin porr cada uno de sus estudiantes – dijo el profesor Staker surgiendo de las sombras.
-
Es extrraño, profesorr Snape – continuó Staker utilizando el mismo tono frío y tajante de Snape- lo mucho que se preocupa por perrseguir y castigarr a los alumnos de otras casas, mientras sus prropios alumnos quebrrantan las reglas impunemente sin recibirr ninguna reprrimenda de su parrte. Realmente tiene un retorcido sentido de la justicia…
-
Retírense todos – ordenó Snape mirando con odio al profesor Staker.
-
Ustedes tres no – dijo Staker a Malfoy, Crabbe y Goyle mientras sostenía la mirada de Snape -. Están castigados. A menos que el profesor Snape tenga algo que objetar, por supuesto…
-
Estoy harto de usted, Staker. Saque su varita y defiéndase. – gritó Snape poniéndose en posición de duelo.
-
No deben pelear– exclamó Hermione llevándose una mano a la boca-. Harry, Staker no puede defenderse – continuó en un susurro.
-
¿Qué dices? ¿Por qué no? Es profesor de Defensa contra las Artes Oscuras – le susurró Harry a Hermione.
-
Sí, pero también es un vampiro… Y leí que ellos no pueden hacer magia - musitó Hermione sin despegar los labios-. Staker no podrá defenderse si Snape lo ataca.
-
¿Estás segura? – musitó Ron. El color había huido de su rostro dejándolo blanco como una hoja.
Hermione asintió.
Harry sacó disimuladamente su varita y se preparó para intervenir en defensa del profesor Staker si Snape lo atacaba. Ron y Hermione lo imitaron.
- ¿Qué sucede, Staker? – continuó Snape con una sonrisa malévola-. ¿Por qué no saca su varita? ¿Acaso tiene miedo de medirse conmigo?
Staker, que estaba palídismo, parado derecho como una armadura, acusó el golpe:
- ¿Me está llamando cobarrde? ¡Eso no puedo perrrmitirlo! – Staker comenzó a ascender las escaleras, pero subitamente se detuvo a pocos pasos de un gran ventanal por el cual penetraban los últimos rayos de luz solar.
Snape comprendió enseguida lo que eso significaba. Sonriendo con satisfacción exclamó:
- ¿Le tiene miedo a la luz del sol? Ahora que lo pienso, no le he visto muy seguido por el comedor…¿Será porque no sirven ninguna comida de su agrado? ¿Sangre, por ejemplo…? Usted es un criatura repulsiva… Un vampiro…
Snape escupió la última palabra casi con repugnancia.
Al oír esta palabra, Malfoy, Crabbe y Goyle buscaron rápidamente refugio detrás de Snape.
Éste desvió su mirada a Harry y le dijo:
-
Deberías haber sido más cuidadoso, Potter. ¿No te diste cuenta que este vampiro te ha estado usando durante todo el año para que dieras las clases en su lugar? Si fueras un buen estudiante hubieras sabido que los vampiros no pueden hacer magia… Hermosos amigos los que te buscas: un gigante, un hombre lobo y ahora un vampiro…
-
Medio vampiro - corrigio Staker sin salir de las sombras irgiéndose en toda su estatura- Y mi condición no es para mí motivo de vergüenza.
-
Me pregunto que opinaría el resto del colegio sobre su condición si lo supieran. Si está tan orgulloso de ser un vampiro, ¿por qué no lo dijo desde un principio?
-
El directorr fue informado sobre mi condición apenas llegué, y él consideró que no era perrtinente que el alumnado lo supierra. El carácterr y las acciones de una persona son las que determinan su valorr y no su orrigen.
-
Prefiero mis compañías a las suyas – agregó Harry impresionado por la dignidad del profesor Staker.
Snape se volvio hacia Harry y le espetó:
-
Siempre has sido un maleducado, Potter, pero con los años tu insolencia ha crecido aún más. Cincuenta puntos menos para Gryffindor y te quedarás castigado despues de la clase de Pociones durante una semana.
-
Ignore esa orden, Potter– ordenó Staker-. Nadie debe ser castigado por decir la verdad. Las actividades vinculadas al tenebrismo del profesor Snape son bien conocidas. ¿Ha informado usted al alumnado sobre las mismas?
Snape apretó los labios y girando sobre sus talones se dirigó a la escaleras que bajaban a las mazmorras, pero chocó con Malfoy, Crabbe y Goyle que aún buscaban refugio a sus espaldas.
- ¿Qué hacen ustedes aquí? - les grito fuera de si- ¡Lárguense!
Malfoy abrió los ojos con asombro. Era la primera vez que Snape le gritaba. Dirigiendo una mirada cargada de terror al profesor Staker, se alejó rápidamente del lugar seguido de cerca por sus amigos.
-
Gracias – dijo Harry con sinceridad mirando a Staker a los ojos.
-
Nada debes agrradecerme, Potterr. Sólo hice lo que era correcto.
-
Disculpe profesor Staker, ¿puedo hacerle una pregunta? – preguntó Hermione levantado la mano como si estuviera en clase.
-
Por supuesto, señorita Grangerr. Y no es necesario que alce su mano – respondió Staker con una débil sonrisa.
-
El profesor Snape dijo lo mismo que yo leí en un libro de la biblioteca: que los vampiros no pueden hacer magia. Los definen como medio humanos, no magos… Ya comprendí que en las Clases de Defensa contra las Artes Oscuras se valió de Harry para que realizara los maleficios, pero usted es también profesor de Pociones; y el profesor Snape nos enseñó que para preparar pociones es necesaria la magia…¿Cómo hace para realizarlas? ¿Utiliza también a un mago?
-
Realmente estoy imprresionado por su inteligencia, señorita Grangerr – aprobó Staker mirando a Hermione con satisfacción.
A Harry le pareció que la comisura de su boca se habia curvado en una sonrisa.
- Como le dije al profesorr Snape, soy medio vampiro. Mi madre era una brruja y mi padre un vampiro. Aunque no poseo el poderr suficiente como para empuñarr una varita, tengo la magia necesaria para prepararr pociones. Enseñarr Defensa contra las Arrtes Oscuras fue diverrtido pero lo hice sólo porrque el directorr de Drumstag me lo orrdenó – respondió el profesor Staker.
Y tendiéndole su mano a Harry agregó:
-
Ha sido un honorr conocerlo, señorr Potterr. Antes de partirr quisiera agradecerle toda la ayuda que me ha brrindado este año. Ahora., si me disculpan, tengo que prepararr mi equipaje…
-
¿Por qué tiene que irse? – exclamó Harry con indiginación-. ¿Sólo porque Snape piensa decirle a todos que es un vampiro? Al profesor Dumbledore no le importará que su secreto se sepa…
El profesor Staker se acercó a Harry y abandonando por primera vez su tono marcial le dijo:
- Algún día entenderrás, Harry, que la verdadera sabidurría radica en saber elegirr qué batallas vale la pena pelearr y cuáles no. Mi tarea aquí está prácticamente concluida. No veo necesario exponerr al señor director a las inevitables quejas de los padrres de los alumnos por unas pocas semanas de clase. El profesorr Dumbledore ha sido muy amable conmigo y no quisiera hacerlo pasarr por ese mal momento. Estoy seguro de que entiendes.
Y girando sobre sus talones, el profesor Staker descendió a las mazmorras marcando el paso con sus botas como era su costumbre.
-
Tengo una idea - dijo Harry tomando a Hermione y a Ron del brazo y arrastrándolos consigo.
-
- ¿A dónde vamos, Harry? – preguntó Hermione apresurando el paso para no quedarse atrás.
-
A la torre Gryffindor. Debemos crear alguna distraccion al estilo de las de Fred y George para impedir que Snape divulgue la noticia antes de Staker se vaya del colegio.
-
No sé qué piensas hacer, pero si nos llegan a atrapar nos meteríamos en muchos problemas… - dijo Hermione.
-
¿En verdad no te importa que Snape se salga con la suya? – le preguntó Harry sin aminorar la marcha.
-
¡Oh bueno…! Si una ocasión merece romper un poco las reglas supongo que es ésta – concedió Hermione con inusitada pasión.
-
Así se habla, Hermy – aprobó Ron resoplando por el esfuerzo de mantener el paso.
Harry gritó la contraseña un par de metros antes de llegar al retrato de la dama gorda, y como un rayo penetró a la sala común y se dirigió a las escaleras que conducían a los dormitorios.
-
Harry, Ron, Hermione ¿qué sucede…? – preguntó Ginny extrañada por verlos a todos con el rostro preocupado.
-
Explícale tú – pidió Harry subiendo las escaleras.
Resoplando para recobrar el aliento, Ron puso a Ginny al corriente de lo que había sucedido.
Una vez que estuvo en el dormitorio, Harry se dirigió directo a su baúl y comenzó a llenar los bolsillos de su túnica con todas las bromas que Fred y George le habían regalado. Luego salió tan rápidamente como había entrado.
Hermione, Ron y Ginny lo esperaban en la sala común.
- Voy con ustedes – dijo Ginny sonriendo contenta-. ¿Cuál es el plan, Harry?
Por toda respuesta, Harry metió la mano en uno de los bolsillos de su túnica y la sacó rebosante de varitas falsas, saltaclases, fuegos artificiales y muchas bromas más. Ron, Hermione y Ginny llenaron sus bolsillos con ellas.
- ¡Ah, ya entiendo! – exclamó Ron complacido-. ¡Lástima que Fred y George no estén aquí! Estarían orgullosos de nosotros.
El cuarteto salió de la sala común. Peeves, el poltergeist, flotaba de espaldas alrededor de una de las arañas del pasillo.
-
¿A dónde van pequeños pilluelos? Sospecho que sus intenciones no son buenas – chilló Peeves divertido-. Debería informarle a Filch sobre ustedes…
-
Como quieras – dijo Harry-. Pero creí que te gustaba hacer un poco de alboroto. El castillo ha estado demasiado tranquilo la última semana, ¿no crees?
-
¡Oh…! ¿Van a hacer una travesura? ¿Por qué no lo dijeron desde un principio? Cuenten conmigo - exclamó Peeves complacido. Y sin decir una palabra más se unió al cortejo.
-
Creo que deberíamos separarnos – explicó Harry- Así abarcaríamos más terreno y crearíamos más focos de atención.
-
Aún no entiendo qué quieres que hagamos, Harry – preguntó Hermione.
-
Ginny y yo iremos por un lado, y tú y Ron irán por otro. Utilicen todos las bromas que tengan para causar la mayor cantidad de confusión posible. De esa manera, cuando Snape intente reunir a los alumnos para contarles sobre Staker nadie le prestará atención porque todos estarán muy ocupados averiguando de dónde proviene el escándolo. Hagan lo que hagan, sólo asegúrense de que explote, haga ruido o tenga muchas luces… ¿Listos? – preguntó Harry.
Todos hicieron un gesto afirmativo. Ginny parecía estra disfrutándolo. Hermione lucía muy asustada, y Ron se veía como si hubiera ocupado el lugar dejado vacante por sus hermanos el año anterior.
Ron y Hermione comenzaron a subir hacia el último piso. Y Harry y Ginny, seguidos por Peeves, descendieron hacia la planta baja.
-
Espera, Hermy. Tengo una idea – pidió Ron y rebuscó en el bolsillo de su túnica hasta hallar un puñado de saltaclases.
-
¿Que haces? - le pregunto Hermione viendo que partía los saltaclases al medio.
-
Les saco la mitad que sirve para curarse. Así serán más efectivos…
-
Bien pensado - aprobó Hermione y comenzó ella también a partir sus dulces.
-
Todo el colegio pasa por aquí. – dijo Ron mirando a su alrededor.
-
¿Qué hacemos? – preguntó Hermione que no tenía muchas experiencia en estos asuntos
-
Haz lo mismo que yo. ¡Dulces gratis! - comenzó a gritar Ron alzando una mano repleta de mitades de saltaclases- ¡Acérquense a buscar su dulce gratuito! ¡Hoy es mi cumpleaños!
Varios alumnos se arremolimaron rápidamente alrededor de Ron y Hermione.
-
¡Gracias, Weasley! ¡Felicidades!
-
¡Feliz cumpleaños, Ron! ¡Gracias por los dulces!
Los alumnos palmeaban a Ron en la espalda mientras tomaban un dulce de sus manos o las de Hermione.
Gregory Goyle y Vincent Crabbe atropellaron a varios alumnos que estaban haciendo fila para tomar su saltaclases, y le arrebataron a Ron y Hermione un buen puñado de ellos. Luego se los metieron todos juntos en la boca.
A los pocos segundos, los dos estudiantes de Slytherin comenzaron a vomitar y a sangrar por la nariz de manera incontroblable manchado el suelo y también a otros estudiantes.
Algunos alumnos que habían comido también los falsos dulces sangraban incontrolablemente por la nariz o tenían el rostro repleto de granos. Otros más, doblados por el dolor, se tomaban el estómago.
Pronto se generó un pequeño caos. Alrededor sólo se veían alumnos vomitando, sangrando o gimiendo desesperados.
-
¿Que sucede aquí? – gruñó Filch seguido de cerca por la señora Norris.
-
Es momento de partir – susurró Ron al oído de Hermione.
La muchacha no se hizo repetir la orden, y aprovechando la confusión los dos se escabulleron por una escalera que conducía al piso superior.
Un par de pisos más arriba se detuvieron en un rincón oscuro.
-
¿Qué tienes en tus bolsillos, Hermione? - le preguntó Ron.
-
Bengalas – respondió la muchacha extrayendo varios tubos muticolores del bolsillo de su túnica.
-
¡Genial! – exclamó Ron- Enciéndelas.
Hermione hizo un fuego con su varita y encendió la mecha de varios cohetes.
Dos brillantes dragones voladores salieron arrojando chispas por todo el pasillo.
Ron y Hermione ascendieron un piso más y encendieron otro par de bengalas. Continuaron así hasta llegar al último piso.
Pronto Hogwarts se pobló de amenzadores dragones, chispeantes trolls, e inquitantes hipogrifos centelleantes arrancando gritos de terror a los desprevenidos estudiantes.
El celador Filch y los