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Historia 7807 — capítulo 12
CAPITULO DOCE
EL SECRETO DE SNAPE
Esa noche Harry soñó con el día en que Voldemort había asesinado a sus padres. Voldemort lucía más oscuro y tenebroso que en la realidad como si fuera parte humano y parte dementor.
Con un rayo de su varita hacía estallar la puerta de la casa, y luego con un potente rayo de luz verde acaba con la vida de su padre. Luego se dirigía a la cuna donde dormía plácidamente un bebé pequeño con una cicatriz en forma de rayo en la frente. “Qué extraño - pensó Harry en sueños-, aún no me ha lanzado el maleficio y ya tengo la cicatriz”.
Entonces el Voldemort-dementor abrió la boca, su cara era como la de un dementor y de su interior salió un espeso vapor esmeralda que envolvió la cuna donde dormía el bebé.
- “¡A Harry no! ¡A Harry no! - gritaba su madre y agitando su varita en un extraño movimiento lanzó un rayo escarlata contra la cuna que la cubrió rápidamente como una especie de escudo protector.
El Voldemort-dementor lanzó un alarido como si algo lo hubiera herido y se disolvió conviertiéndose en una pequeña montaña de humeantes cenizas.
A la mañana siguiente, Harry, Ron y Hermione bajaron las escaleras que conducían a las mazmorras para otra fastidiosa clase de Pociones con Snape.
Las vacaciones de Navidad parecían haber empeorado el humor de Snape. Ingresó al salón y, aún cuando todos los alumnos guardaban un respetuoso silencio, gritó:
- ¡Silencio! No quiero escuchar ni una sola voz…
Los estudiantes quedaron petrificados en sus lugares, apenas respirando.
-
En la clase de hoy estudiaremos las distintas maneras de clasificar las pociones.… – comenzó a explicar Snape hablando a un ritmo más rápido del habitual. Haciendo una pausa gritó:
-
¿Por qué no están copiando?
Los estudiantes sacaron rápidamente plumas y pergaminos de sus mochilas. Snape continuó su explicación sin esperar a que estuvieran listos.
- …La mayoría de las clasificaciones sólo sirven de excusa para que supuestos magos eruditos se enreden en discusiones interminables. A pesar de ello el Ministerio de Magia ha creído necesario establecer una clasificación oficial de las pociones de acuerdo a la peligrosidad, muy similar a la que se emplea con los animales mágicos.
A Harry le pareció que al mencionar al Ministerio, Snape había dirigido una rápida mirada a Ron.
- Reciben el nombre de Pociones Medicinales aquellas que sirven para sanar enfermedades. Estas pociones son clasificadas con una X. El grado más bajo de la escala. Esto significa que cualquier mago capacitado puede realizarlas libremente e incluso… ¿Longbottom, qué rayos está haciendo?
Neville preocupado por no retrasarse en la toma de apuntes, había mojado la pluma con demasiada rapidez volcando el tintero sobre sus apuntes. El muchacho estaba intentando contener el charco de tinta colocando varios pergaminos en blanco sobre el mismo.
- ¡Diez puntos menos para Gryffindor por interrumpir la clase! Y para mañana quiero que me entregue dos pergaminos sobre Pociones Medicinales – por la expresión de su rostro, Snape parecía disfrutar atormentando a Neville.
A continuación, con un movimiento de su varita hizo desaparecer la tinta y las hojas de pergamino manchadas.
- El siguiente grupo corresponde a las Pociones Benéficas – continuó Snape reanudando su caminata por la mazmorra-. Son aquellas que se utilizan para producir mejoras en la capacidad física o mental, entre otras, brindando al mago habilidades que normalmente no posee como mayor fuerza o agudeza visual. El efecto de estas pociones es pasajero y deben utilizarse con sumo cuidado ya que su uso reiterado puede causar daños permanentes. Por este motivo, el Ministerio de Magia las ha clasificado con dos XX. Esto significa que su empleo debe ser supervisado por un sanador competente.
Harry se preguntó si la poción Multijugos entraría en esta categoría. Sin pensarlo inquirió:
-
¿Podría darnos un ejemplo?
-
Veinte puntos menos para Gryffindor por faltarle el respeto a un profesor – siseó Snape entre dientes – A esta altura Potter, hasta tú deberías saber que debes decirme profesor o señor.
-
Perdón… señor – dijo Harry arrastrando la última palabra.
-
No me vengas con eso, Potter. Eres demasiado engreído para que tus disculpas sean sinceras. Te quedarás castigado después de clases por tu impertinencia.
Aquello era tan injusto que Hermione apenas pudo contener a Ron para que no interviniera.
-
El tercer grupo abarca aquellas pociones cuyos efectos son dañinos o perjudiciales. Todos las clases de venenos, por ejemplo, integran esta categoría.
-
¿Cuál es el nombre de estas pociones, profesor? – preguntó Hermione alzando su mano.
-
¡No debes hablar sin permiso, Granger! ¿Aún no has aprendido la lección? ¡Veinte puntos menos para Gryffindor!
-
¡Eso es injusto! – exclamó Ron sin poder contenerse.
-
Estoy seguro que no querrás averiguar lo que realmente es injusto Weasley – retrucó Snape aunque sin castigarlo ni restarle puntos a Gryffindor.
Hermione se había quedado callada y observaba a Snape fijamente con los ojos entornados como forzando su mente a recordar algo.
- Antes de que las señorita Granger me interrumpiera, les estaba por explicar que las Pociones Perniciosas entran en la categoría de sustancias controladas y solo pueden realizarse en circunstancias especiales con una autorización escrita del Ministerio. Reciben por la clasificación XXX. En último lugar tenemos las Pociones Tenebrosas…
Un escalofrío corrió por el cuerpo de la mayoría de los estudiantes.
- Como su nombre lo indica son aquellas que requieren el empleo de Magia Negra en su confección y, por supuesto están prohibidas. Su confección e incluso su posesión se castiga con prisión en Azkaban… Granger, ¿por qué no está copiando?
Efectivamente, Hermione no solo había dejado de copiar, sino que se había quedado como petrificada contemplando el rostro del profesor Snape con expresión de terror.
- ¡Usted…! ¡Usted estuvo allí…! - murmuró la muchacha como para sí, apuntado a Snape con su mano temblorsa.
La mayoría de los alumnos observaban a Hermione extrañados sin comprender lo que decía.
- La clase ha terminado. Pueden retirarse – ordenó Snape a pesar de que aún no era la hora. Y dando media vuelta se dirigió a su despacho.
Los estudiantes no esperaron a que les repitieran la orden y abandonaron rápidamente la mazmorra.
Todos menos Harry, Ron y Hermione.
-
¿QUÉ HACEN TODAVÍA AQUÍ? – vociferó Snape con una mano colocada sobre el pomo de la puerta de su despacho-. ¡HE DICHO QUE SE VAYAN!
-
Usted me ordenó que me quedara… señor. Estoy castigado – expicó Harry rápidamente.
-
¡VETE! – gritó Snape perdiendo la compostura-. ¡TODOS USTEDES… FUERA!
Ron y Harry se acomodaron las mochilas en sus hombros y se encaminaron a la salida.
Pero Hermione no se movió.
Sus ojos centelleaban de furia.
-
¡USTED ATACÓ A MIS PADRES! – Hermione había sacado su varita y apuntaba a Snape con ella.
-
Hermione, ¿qué haces? – balbuceó Ron con expresión aterrorizada-. Pueden expulsarte por esto…
-
NO ME IMPORTA… ¿NO LO ENTIENDES, RON? EL PROFESOR SNAPE ES UN MORTÍFAGO. ESTABA ENTRE LOS QUE TORTURARON A MIS PADRES EN NAVIDAD.
-
¿Estás segura, Hermione? – le preguntó Harry sin quitar la vista de Snape.
Hermione tragó saliva y asintió.
El rostro de Snape estaba más pálido del habitual. Sus ojos negros centelleaban de furia.
-
Voy a hacer que te expulsen por esto, Granger – siseó Snape- Deja de apuntarme con esa varita o te arrepentirás.
-
¿QUÉ PIENSA HACERME SI NO LO HAGO? – gritó Hermione-. ¿TORTURARMENTE COMO TORTURÓ A MIS PADRES?
-
Vayamos con Dumbledore – sugirió Harry que estaba muy preocupado por su amiga.
-
Haz lo que te dice Harry, Hermione. Ya te has metido en suficientes problemas – suplicó Ron.
Hermione dudó un momento, bajando su varita por un instante. Snape metió su mano en el bosillo interior de su túnica intentando sacar la suya. Pero antes de que pudiera pronunciar algún maleficio. Hermione gritó:
- ¡Petrificus totalus!
Snape quedó duro como una piedra y cayó pesadamente de espaldas golpeando conta el frío suelo.
Hermione echó a correr gritando:
- ¡¿QUÉ HE HECHO?! ¡¿QUÉ HE HECHO?!
Harry y Ron corrieron detrás de ella.
Después de petrificar a Snape, Hermione parecía haber entrado en shock. Deambulaba por el pasillo con la varita en su mano. Zigzagueó unos cuantos metros arrastrando los pies y tropezándose con los alumnos que se cruzaba que la miraban con expresión extrañada.
Finalmente, apenas consciente de lo que hacía, Hermione trastabilló chocando contra una vitrina antes de que Harry y Ron pudieran evitarlo. Los estantes salieron de sus guías quebrando los cristales y derribando todos los trofeos que contenían.
- ¡Te atrapé! – gruño Filch salido quien sabe de dónde, con expresiòn de triunfo.
Apresó a Hermione por el brazo y gruñó:
-
Nadie te salvará de recibir tu merecido, muchacha alborotadora.
-
Déjela – ordenó Ron casi sin aliento seguido de Harry -. ¿No se da cuenta de que no se encuentra bien?
-
Mantente alejado de esto, Weasley – ordenó Filch con cara de pocos amigos.
-
¿Qué es todo este escándalo? Estoy tratando de dar una clase… - exclamó la profesora McGonagall saliendo del aula de transformaciones.
-
Atrapé a la señorita Granger destruyendo propiedad del colegio, profesora – informó Filch señalando la vitrina.
-
¿Es eso verdad, señorita Granger? Podría espererar eso de Potter o Weasley pero me extraña mucho de usted. Un premio anual debería comportarse… - la profesora McGonagall se interrumpió al observar a Hermione que con los ojos abiertos miraba hacia adelante con expresión vacía.
-
Potter… Weasley… ¿Qué le sucede?
Harry y Ron echaron una rápida mirada a Filch antes de responder:
-
Hubo un incidente al finalizar la clase de Pociones – comenzó a decir Harry.
-
Hermione dijo que el profesor Snape había atacado a sus padres y le lanzó un maleficio – agregó Ron.
-
Luego salió corriendo del aula y… - siguió Harry.
-
El resto ya puedo imaginarlo sola – respondió McGonagall con voz seca- Gracias Argus. Yo manejaré la situación a partir de ahora…
-
Pero profesora, la vitrina… Ella debe ser castigada… - suplicó Filch echando una mirada de odio a los muchachos-. No creerá esos embustes… Potter y Weasley inventarían cualquier mentira con tal de salvar a su amiga…
La profesora McGonagall volvió a repetir con voz seca “Gracias, Argus” y el celador se retiró murmurando algo sobre Umbridge y la verdadera disciplina.
-
Profesora, le juro que le hemos dicho la verdad… - suplicó Ron hablando en voz alta.
-
Esto es algo que debe manejar el Director en persona, Weasley. Acompáñenme - repuso la profesora McGonagall con expresión seria.
Ron tomó a Hermione del brazo y la condujo por el pasillo hasta el despacho de Dumbledore. Hermione permanecía completamente ajena a lo que ocurría a su alrededor.
El profesor Dumbledore se encontraba desempacando una enorme variedad de extraños aparatos de bronce, plata y oro de un minúsculo bolso que estaba apoyado sobre su escritorio.
-
¡Ah Harry, hola! Y también la señorita Granger y el señor Weasley. Justo a tiempo para que les muestre algunos cachivaches que he comprado en el extranjero… Ya sé que poseo demasiados, pero sencillamente es algo a lo que no puedo resistirme - alzando la vista con expresión divertida Dumbledore agregó:
-
Profesora McGonagall, usted también está aquí, ¿qué puedo hacer por ustedes?
-
Potter y Weasley afirman que la señorita Granger le lanzó un maleficio al profesor Snape – informó la profesora McGonagall con expresión grave.
-
Supuse que sucedería algún día – comentó Dumbledore que no parecía haber perdido su buen humor-. Aunque nunca imaginé que sería la señorita Granger quién lo haría… ¿Puedo preguntarle cuál fue el maleficio que empleó, señorita Granger?
Hermione continuaba completamente ajena a lo que sucedía a su alrededor.
-
Petrificus totalus – respondió Harry rápidamente.
-
Bien. No se trata de nada grave. Probablemente Severus ya se haya recuperado de sus efectos – comentó Dumbledore-. Minerva, por favor, ve a las mazmorrras y asegurate de que Severus se encuentre bien. Luego pídele si puede venir hasta aquí un momento.
La profesora McGonagall asintió y salió del despacho.
Una vez que estuvieron solos, Dumbledore les dirigió a los chicos una amplia sonrisa.
- Señorita Granger… Creo que una tacita de té le sentaría muy bien. Siéntese todos, por favor.
El director hizo unos rápidos movimientos con su varita. Tres sillas aparecieron detrás de los jóvenes y tres humeantes tazas de té hicieron lo propio sobre el escritorio.
Ron tiró de la túnica de Hermione y la chica, con gesto mecánico, se sentó. La muchacha comenzó a balancearse con la taza de té que Ron había puesto en su mano, derramando la mitad del contenido.
- ¿Quién quiere contarme lo sucedido? – preguntó Dumbledore sentándose en su amplio sillón y cruzando las manos sobre su estómago.
Ron y Harry intercambiaron miradas.
-
Hazlo tú – pidió Ron que no quitaba la vista de Hermione.
-
Hermione reconoció a Snape como uno de los mortífagos que atacaron a sus padres – informó Harry hablando rápidamente-. Entonces tuvo algo así como un ataque de nervios, y cuando Snape intentó sacar su varita, Hermione lo derribó con un maleficio y salió corriendo de la mazmorra…
-
Ya comprendo – dijo Dumbledore con calma.
En ese momento entró Snape acompañado por la profesora McGonagall. Sus pálidas mejillas estaban coloreadas por un débil rubor.
-
¡Ah, señor director, veo que ya ha atrapado a los culpables! Estoy seguro que dada la naturaleza de la falta cometida no corresponde otra sanción más que la expulsion – dijo Snape mirando a los tres jóvenes con los ojos llenos de odio.
-
Aún no he decidio expulsar a nadie, Severus. Además corresponde a la profesora McGonagall imponer los castigos - repuso Dumbledore con tono firme pero tranquilo.
Snape apretó los labios y clavó sus ojos negros en los chicos. Todos bajaron sus cabezas.
-
Justamente cuando tú entraste a mi despacho –continuó Dumbledore-, Harry me estaba explicando que la señorita Granger cree haberte reconocido como uno de los mortífagos que atacaron a su familia…
-
Una calumnia, señor director. Esperaría algo así de Potter, pero no de la señorita Granger… Es una lástima, era una buena estudiante… Le he dicho una y otra vez, señor director, que Potter no es una buena influencia – dijo Snape con ojos relampagueantes.
-
Entonces recordarás que en cada ocasión te he respondido que tus sentimientos personales no te permiten ver con claridad, Severus – respondió Dumbledore con expresión serena.
-
¿Entonces el ataque contra mi persona y las mentiras que han inventado para justificarlo quedarán sin castigo? – preguntó Snape con expresión dura.
-
¡Usted es el mentiroso! ¡Es usted quien debe ser castigado y enviado a Azkaban! - gritó Hermione saliendo de su letargo. La muchacha temblaba no de miedo, sino de una ira renovada.- Usted es un mortífago. Estuvo ahí cuando torturaban a mis padres. Usted fue el que dijo de escapar: “Creo que ya ha aprendido la leccion.” ¿Cómo pudo…? ¿Cómo puede…?
Se hizo un vibrante silencio. Todos miraban a Snape que parecía tranquilo aunque estaba mucho más pálido que de constumbre.
-
Lo ve, señor director… Aún insiste en esa calumnia. Justo lo que yo le decia – murmuró Snape mirando tan intensamente a Hermione que parecía estar leyendo sus pensamientos.
-
Ya es suficiente, Severus… - lo cortó Dumbledore dirigiéndole una rápida mirada-. Señorita Granger, quiero decirle que comprendo perfectamente lo que está pasando, pero necesito que se tranquilice …
-
¡Es que usted no entiende! – gritó Hermione, señalando a Snape. Tenía la cara crispada-. ¡No entiendo por qué todos se quedan tan tranquilos! Les aseguro que el profesor Snape es un mortifago. ¡Hagan algo! ¡Atrápenlo! ¡Informen al Ministerio! ¡Llamen a los aurores! ¡Hagan algo…!
-
El profesor Snape no es más mortifago que yo mismo – aseguró Dumbledore mirando fijamente a Hermione.
-
¿Por qué no confía en mí? – suplicó Hermione al borde las lágrimas-. Le juro que no estoy mintiendo…
-
Tranquilizate, Hermione – suplicó Ron.
-
Hermione, nosotros te creemos – exclamó Harry.
La cara de Snape rebosaba sensación de triunfo.
Dumbledore se puso de pie y aclarando la garganta comenzó a hablar::
-
Creo todas y cada una de sus palabras, señorita Granger. Es más, ya sabía que el profesor Snape había estado presente durante el ataque a sus padres, porque él mismo me lo informó.
-
¿¿QUE?? – exclamaron Harry, Ron y Hermione al mismo tiempo levantándose de sus asientos.
-
Señor director - intervino Snape con voz melosa-. No creo prudente revelar a estos niños esa clase de información.
-
No veo otra salida, Severus. La señorita Granger te ha reconocido. Y no me parece justo que cometamos una injusticia contra ella para mantener tu secreto. Después de lo sucedido creo que tiene derecho a saber la verdad. Por otra parte, confío en la discreccion de estos estudiantes. El señor Potter por ejemplo, sabe desde hace dos años que fuiste un mortifago y sin embargo, hasta donde yo sé, ha sabido guardar esa información, ¿no es asi?
Snape dirigio a Harry una mirada cargada de odio. Este se llevó instintivamente la mano a su cicatriz. A traves de la yema de sus dedos podía sentir cómo palpitaba.
-
La señorita Granger ha lanzado un maleficio contra mi persona, ¿va a decirme que eso no merece un castigo?
-
En circunstancias normales estaría de acuerdo contigo, Severus. Pero creo que cuando te tranquilices comprenderás que la reacción de las señortia Granger ha sido motivada por circunstancias muy especiales.
Snape permaneció en silencio.
- Bien - dijo Dumbledore sentándose nuevamente y abarcando con la mirada a todos los presentes-. Voy a pedirles que tengan un poco de paciencia porque tengo que contarles una historia que arranca varios años atrás. En el año 1979 para ser preciso. En esa época Lord Voldemort se encontraba en la cima de su poder. La comunidad mágica estaba aterrorizada. Los mortífagos hacían sentir su presencia en todas partes, incluso en el Ministerio. Nadie podía confiar en nadie. La Orden del Fenix, a pesar de sus valerosos esfuerzos, estaba siendo diezmada. Necesitábamos con urgencia algo que inclinara la balanza a nuestro favor.
Dumbledore hizo un pausa. Todos seguían su relato con atención.
-
Desde hacía tiempo Alastor Moody había intentado introducir un un espía dentro de las filas de seguidores de Voldemort. Todos los magos que se ofrecieron de voluntarios lamentablemente fueron descubiertos y asesinados. Necesitabamos alguien que fuera completamente desconocido para Voldemort y su círculo de seguidores. Luego de mucho buscar, creí haber encontrado al mago perfecto para esa misión. Era la clase de persona que no hacía amigos con facilidad, por lo que no era demasiado conocido. Un solitario… Con un pasado acorde que le daba el historial adecuado para que sus motivos fueran creíbles... Además era alguien profundamente intersado en las Artes Oscuras. Ya en primer año conocía más maleficios y hechizos que los alumnos de cursos superiores. Pertencia a la casa de Slyhterin, era de sangre pura…
-
Está hablando del profesor Snape, ¿no es así, señor Director? – interrumpió Hermione.
-
Sí, señorita Granger. El joven de quien les hablo es el profesor Snape. Cuando le propuse la idea aceptó de inmediato convertirse en un espia para la Orden, aún cuando era consciente del riesgo que eso representaba para su vida. Durante varios meses yo personalmente lo entrené en magia avanzada, y especialmente en Oclumencia. La habilidad para cerrarle su mente a Lord Voldemort era crucial para el éxito de nuestro plan. Desde entonces Severus Snape ha servido fielmente a la Orden del Fenix superando todas nuestras expectativas y aportándonos valiosa información…
-
¡Hacerse pasar por mortífago! ¡Es algo repugnante! – exclamó Ron estremeciéndose.
El profesor Snape permanecía muy serio en un rincón del despacho con expresión severa.
-
Coincido con usted, señor Weasley. Y aún así el profesor Snape ha aceptado realizarlo. Todos estamos en deuda con él.
-
¡Pero él torturó a mis pades! – dijo Hermione con vehemencia-. Si sabía que iban a atacar a mi familia, ¿por qué no dio aviso para que pudieran evitarlo?
-
Lamentablemente, para mantener su condición de espía en secreto, el profesor Snape no siempre puede comunicarse de inmediato con los miembros de la Orden. No sería extraño que Lord Voldemort lo hubiera escogido a él para esta misión como una manera de probar una vez más su fidelidad. De todas maneras, el profesor Snape me ha asegurado que no lanzó ningun maleficio contra tus padres y yo confío en su palabra. Incluso, discretamente ayudó a desviar algún encantamiento mientras usted peleaba tan valientemente contra los atacantes.
Hermione no parecía convencida, pero ya no objetó nada más.
Harry y Ron permanecían pensativos dirigiendo a Snape miradas de desconfianza. Sus sentimientos hacia él no hubieran cambiado aunque Dumbledore les hubiera dicho que Snape había salvado al mundo.
-
No necesito recalcarles la imporancia de que esta conversación permanezca en el mas absoluto secreto – expresó Dumbledore con voz grave-. El éxito de la misión del profesor Snape y en definitiva de todos nosotros, depende de que su identidad no sea descubierta. La información que nos ha proporcionado ha salvado decenas de vidas y esperamos que nos ayude a vencer a Lord Voldemort. Y ahora volviendo al tema que motivó esta conversación…
-
¿Van expulsarme? – preguntó Hermione mordiéndose el labio inferior.
-
¿Qué opinas tú, Mineva?
-
El historial de la señorita Granger es impecable – explicó la profesora McGonagall mirando a Hermione con simpatía-. Prefecto, Premio Anual, la primera de su clase e incluso de todo Hogwarts. Nunca ha obtenido otra calificación que la más alta. Sus acciones, dadas las circunstancias, son comprensibles, justificables y perdonables…
-
Yo no podría haberlo expresado mejor – aprobó Dumbledore-. ¿Quieres agregar algo, Severus?
-
Ya he manifestado mi opinón al respecto – dijo Snape con sequedad.
-
Muy bien, entonces no hay mas que hablar. La Señorita Granger permanecerá en el colegio con la promesa de que no volverá a atacar a un profesor, ¿de acuerdo? – dijo Dumbledore con una sonrisa irónica.
-
De acuerdo – prometió Hermione muy seria.
-
Y ahora, Severus, Minerva, si me disculpan querría tener unas palabra a solas con estos tres jóvenes.
Snape y McGonagall se retiraron del despacho.
- Idiota – murmuró Ron en voz baja.
Haciendo como que no lo había escuchado Dumbledore, comentó:
- El profesor Snape también me comentó que los mortífagos estaban muy interesados en conocer el contenido de cierto pergamino… Debo suponer que es el mismo que encontraste en la bóveda de Sirius, ¿es así, Harry?
Harry hizo un movimiento afirmativo con su cabeza.
- Me pregunto cómo habrá hecho Voldemort para descubir su existencia – dijo Dumbledore pensativo, acariciándose la larga barba blanca-. Remus Lupin me informó que también le preguntaste a él sobre el mismo, e incluso a Kreacher.
Harry volvió a asentir.
-
¿Has logrado descifrar lo que dice? – preguntó Dumbledore como al pasar.
-
No – intervino Hermione rápidamente antes de que Harry tuviera ocasión de responder-. Aún no lo hemos descifrado.
-
Ahhh… Es una pena… - exclamó Dumbledore mirando con detenimiento a Hermione-. No dejen de avisarme si logran saber lo que dice. Podría ser importante. Eso es todo, pueden retirarse.
-
¿Por qué no me dejaste que le dijera a Dumbledore que ya habíamos traducido el pergamino? - le preguntó Harry a Hermione ni bien salieron del despacho.
-
Porque Dumbledore confía en Snape y yo no confío en él.
-
Nadie confía en Snape – respuso Ron- Pero aún no entiendo qué tiene que ver eso con lo del pergamino.
-
¿No lo comprendes, Ron? Si Dumbledore lo sabe, entonces también lo sabrá Snape.
-
Sí – dijo Harry que aún sin entender.
-
Y cuando Snape lo sepa, lo primero que hará será ir corriendo a contárselo a Voldemort.
-
¿Estás segura? – dudó Ron -. Dumbledore dijo que Snape estaba trabajando como espía para la Orden y que confiaba en él.
-
Dumbledore podrá confiar en Snape todo lo que quiera. Pero yo no confío en él. El que traiciona a un amo bien puede traicionar a dos.
-
¿Estás sugiriendo que Snape podría estar espiando también a la Orden? Que es una especie de doble espía – preguntó Harry.
-
Sí – dijo Hermione apretando los labios con firmeza-. Un maestro de la Oclumencia como Snape, bien puede engañar a Dumbledore y a Voldemort al mismo tiempo sin que ninguno de los dos lo descubra.
-
Bien pensado, Hermy. A mí no se me había ocurrido – la felicitó Ron.
La muchacha sonrió.
-
Dumbledore se preguntaba cómo se enteró Voldemort del pergamino – continuó Hermione-. Pero para mí está muy claro: Snape se lo contó.
-
¿Y si le contáramos a Dumbledore sobre el pergamino y le pidiéramos que no se lo dijera a Snape? – sugirió Ron con ingenuidad.
-
No creo que Dumbledore nos hiciera caso. Es más, no creo que nadie de la Orden deba conocer el secreto del pergamino. Ni siquiera tus padres, Ron.
-
No pensarás que ellos también son espías – exclamó Ron escandalizado.
-
¡Por supuesto que no! Pero si se enteran le contarían a Dumbledore y el secreto llegará a Snape de todas maneras... El secreto del pergamino debe permanecer entre nosotros tres.
-
Cuatro – agregó Harry-. Te olvidas de Ginny.
-
De acuerdo -dijo Hermione- Nosotros cuatro deberemos buscar alguna manera de hacerlo funcionar. La Sala Multipropósito será perfecta para practicar, ¿no creen?
El partido entre Slytherin y Ravenclaw había terminado con otra dolorosa derrota de los primeros. Malfoy había apelado a todas las sucias artimañas que conocía, pero eso no había impedido que Cho Chang atrapara la snitch y le diera a su equipo el segundo triunfo consecutivo.
Al finalizar el partido, Roger Davies, el capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw, le había lanzado un desafío a Harry:
- Ustedes son los próximos, Potter. Este año la copa será de Ravenclaw.
Todos en Hogwarts sabían que Cho Chang quería vencer a Harry en su próximo enfrentamiento. Harry y ella no había vuelto a dirigirse la palabra desde el año anterior.
-
Cho va dejarte en ridículo, Potter – le dijo Michael Corner acercándose a la mesa de Gryffindor durante el almuerzo.
-
Así que ahora eres el mensajero personal de Cho, Michael. Cuando salías conmigo aún conservabas algo de dignidad – le replicó Ginny con agudeza.
Michael tuvo que retirarse avergonzado mientras las risas de la mesa de Gryffindor resonaban por todo el Gran Salón.
Por su parte, el equipo de Slyhterin, que ya no tenía ni la más remota chance de ganar el campeonato, había decidido alentar al equipo de Ravenclaw en un intento por ganarse las simpatías del resto del alumnado.
El mal tiempo hacía imposible mantener una día fijo para los entrenamientos de Quidditch. Ron no quería correr riesgos con Hufflepuff y le había insistido a Harry hasta convencerlo de que debían entrenar lo más que pudieran.
El clima no ayudaba. El frío calaba hasta los huesos y la lluvia, e incluso la nieve, hacían todo más difícil.
Para complicar las cosas aún más, el celador Filch sentía que Harry, Ron y Hermione habían escapado de una travesura sin recibir su castigo. Por lo que él o la señora Norris los seguían por todas partes esperando la oportunidad de pescarlos en algo ilegal.
Harry, Ron, Hermione y Ginny decidieron posponer las sesiones de práctica del contrahechizo hasta después del partido entre Gryffindor y Hufflepuff.
Ese sábado a la tarde había caído una copiosa nevada. Afuera la temperatura había descendido varios grados por debajo de cero.
Los estudiantes de Gryffindor holgazaneaban en la sala común.
Ron y Harry mataban el tiempo haciendo el mantenimiento de sus escobas.
-
Hola Harry - saludó una voz a sus espaldas, Harry se dio vuelta. Era Dean Thomas.
-
¿Por qué tanto contento, Dean? – inquirió Harry.
-
El mes que viene es la excursión a Hogsmeade, Harry. ¿No has visto el cartel en el tablero de anuncios?
-
¿Y qué tiene de especial? – preguntó Harry mientras revisaba su escoba.
-
Es el día de San Valentín – exclamó Dean en voz alta-. Paravti está muy emocionada. Es nuestro primer Día de los Enamorados. Quiero que todo resulte perfecto…
-
Yo ya lo sabía – intervino Ron sonrojándose-. Hermione no habla de otra cosa.
-
Así que tú y Hermione están de novios – comentó Seamus Finnegan-. Te felicito, Weasley. Ella es una chica extraordinaria.
-
Gracias – respondió Ron poniéndose aún más colorado- ¿Tú irás con alguien, Seamus?
-
Bueno… Pensaba invitar a Lavander… Ella y yo nos hemos estado viendo desde el Baile de Halloween…
-
¿Y tú Harry? – intervino Dean.
Harry notó una desagradable sensación en el estómago y casi deja caer la Saeta de Fuego al suelo por la sorpresa.
-
Aún no he decidido nada – dijo Harry muerto de vergüenza- Quizás invite a alguien…
-
¿En serio? ¿A quién piensas invitar? – preguntó Ron con curiosidad.
-
Yo… pues… - balbuceó Harry.
-
El año anterior fuiste con Cho, ¿no es cierto, Potter? – preguntó Seamus.
-
Sí – dijo Harry secamente-. Pero eso ya terminó. Por ahora no estoy pensando en nadie…
-
¿Por qué no invitas a Ginny? – sugirió Ron mirando de reojo a su amigo-. Podrían salir con Hermione y conmigo. La pasaríamos genial.
Harry sintió que el mundo se paralizaba. Tratando de que su voz no temblara respondió:
-
No lo sé… Quizás a Hermione no le guste… El Día de San Valentín es para enamorados – aventuró Harry.
-
Oh, no creo que le importe – se apresuró a responder Ron- Si quieres le puedo preguntar.
-
No te preocupes… Ya veré lo que hago… - dijo Harry frotando con energía el brillante palo de su escoba.
El día de San Valentín se acercaba rápidamente y Harry aún no se había decidido a invitar a Ginny.
Desde el otro rincón de la sala común, escondiéndose detrás de un libro, Harry observaba como Ginny y Hermione conversaban animadamente. A Harry le pareció que las chicas gesticulaban más de lo normal. Y no solamente eso, Ginny no cesaba de mirar hacia donde estaba Harry sonrojándose cada vez que lo hacía.
A Harry le parecía más hermosa cada vez que la miraba.
Finalmente, hizo una inspiración profunda y juntando todo el valor del que disponía se encaminó hacia el otro lado de la sala común.
Cuando Hermione lo vio llegar, se puso de pie, susurró algo al oído de Ginny y dedicándole a Harry su mejor sonrisa, se fue.
Ginny levantó la mirada hacia Harry y clavó en él sus hermosos ojos castaños.
Harry por fin entendía lo que había dicho Ron sobre el maleficio Imperius.
-
¿Quieres ir a San Valentín conmigo el Día de Hogsmeade? – soltó Harry todo de corrido. Sus mejillas ardían- ¿Quiero decir si quieres venir conmigo a…
-
¡Me encantaría! – exclamó Ginny con una sonrisa enorme no dejando que Harry terminara la frase. Y dando un gritito salió corriendo hacia el dormitorio de las chicas.
Harry se quedó parado sin entender.
- Bueno… Nos vemos… - dijo Harry elevando la voz para que su amiga lo escuchara. Y se quedó solo sintiéndose ridículo.
Momentos después, Hermione bajaba del dormitorio de las chicas con el rostro radiante de felicidad.
Acercándose a Harry le susurró:
-
Me alegro tanto por ustedes, Harry. Ginny es una chica maravillosa.
-
Gracias, creo…– dijo Harry sin terminar de entender lo que sucedía.
- Hoy verremos un encantamiento sumamente complicado. Se encuentrra un poco porr encima de su nivel, pero como esta clase ha superado todas mis expectativas estoy perrsuadido de que lo harán bien – explicó el profesor Staker con su vozarrón característico-. Este encantamiento es la única defensa conocida que existe contrra el ataque de crriaturas extremadamente peligrrosas como los Lethhifold y los Dementores. ¿Alguien sabe a qué encantamiento me estoy refirriendo?
Varias manos se alzaron en la clase. Algunos de los alumnos dirigieron miradas cómplices hacia el pupitre de Harry.
-
Tiene la palabra, señorr Longbottom.
-
El encantamiento Patronus, profesor.
-
Eso es correcto – aprobó Staker-. Cinco puntos para Grryffindor. Por supuesto, que suponía que usted sabrría la respuesta, Potter – comentó Staker acercándose al pupitre de Harry-. Según me han inforrmado usted es uno de los magos más jóvenes que logrado convocarr un Patrronus corpóreo…
Harry miró incómodo a su alrededor. En la clase se escuchó un murmullo de aprobación.
- El término “Patrronus” ha sido tomado de la palabra muggle “Patrrono”, que significa protector. Cuando este encantamiento es realizado correctamente, el mago conjura una criatura plateada que actúa como defensa.
Hermione alzó su mano.
-
Sí, señorrita Granger.
-
La forma del Patronus varía según el mago, ¿no es cierto?
-
Eso es correcto. La forma que adopta el Patrronus de un mago es absolutamente perrsonal. Usualmente los Patrronus toman forma de animales…
Dean Thomas alzó su mano para preguntar.
-
Pregunte, señor Thomas.
-
¿De qué depende la forma que adopta?
El profesor Staker meditó un momento la respuesta y explicó:
- En realidad nadie lo sabe. Como el Patrronus constituye una encarrnación de los pensamientos positivos de quien lo conjura, algunos magos han especulado que estarría relacionado con estos recuerdos. Otros opinan que surrge del inconsciente del mago. En cualquierr caso, lo importante no es la forrma que adopta, sino su efectividad como arrma defensiva. Saquen sus perrgaminos y copien.
Durante aproximadamente media hora, el profesor Staker les dictó la manera correcta de invocar a un Patronus. Básicamente la información era la misma que Lupin le había dado a Harry en tercer año, sólo que un poco más ampliada.
- Quedan quince minutos de clase – dijo el profesor Staker observando su reloj-. Tiempo suficiente para una demostración. Potter, pase al frente por favorr.
Harry se levantó de su pupitre con la varita en la mano.
- Ahora, necesitaremos un atacante. Me he permitido traerr un boggart – dijo el profesor Staker colocando una caja de madera sobre su escritorio. Harry alzó los ojos y miró hacia la caja con recelo -. Según tengo entendido adoptara la forma de un dementor ¿no es así, señor Potter?
Harry asintió tragando saliva. Era evidente que Staker había hablado con Lupin.
- ¿Se encuentrra preparado, Potter?
Harry asintió, aferrando con firmeza la varita en su mano derecha.
El profesor Staker abrió la caja y de ella salió flotando un dementor.
Lavander emitió un chillido. Ron se retrepó en su silla. Y Hermione con los ojos bien abiertos clavó las uñas en su mejilla. El resto de la clase lanzó una exclamación de terror.
Harry se concentró en el cumpleaños que había festejado en Grimmauld Place; luego recordó, con mayor alegría, la sensación de triunfo al ganarle al equipo de Slytherin; casi sin pensarlo, el rostro sonriente de Ginny apareció en su mente.
- ¡EXPECTO PATRONUM!
Un ciervo plateado salió de varita y enganchando al falso dementor en su cornamenta lo arrojó por encima de los bancos. Seamus Finnegan cayó al suelo intentando esquivar al boggart.
-
Bien, Potter. Acabe con él. Rápido – ordenó Staker.
-
¡Ridikkulus! - gritó Harry apuntado al boggart con su varita., y este desapareció.
Toda la clase estalló en aclamaciones y aplausos
-
¡Brravo, Potterr! ¡Bien hecho! – aprobó Staker-. Cincuenta puntos para Grryffindor.
-
¡Profesor! – llamó Lavander que estaba agachada al lado de Seamus- Creo que Seamus necesita ir a la enfermería.
Seamus se había golpeado la nariz y sangraba copiosamente. La sangre había manchado su rostro, su túnica y sus manos.
-
Eshtoy fien – dijo Seamus aprentándose la nariz con los dedos.
-
Harry mira – le dijo Hermione a Harry.
El profesor Staker había vuelto el rostro hacia un rincón del salón y se cubría la cara con las dos manos.
- ¡Sáquenlo pronto de aquí! – gritó Staker dándoles la espalda-. ¡Rápido! ¡La clase ha terminado!
Y sin descubrirse el rostro, se dirigió a su despacho personal.
Lavender pasó el brazo de Seamus sobre su hombro y ayudada por Dean Thomas, lo sacó del salón.
El resto de los estudiantes salió de la mazmorra dirigiendo miradas de extrañeza hacia la puerta del despacho de Staker.
-
¿Quién hubiera dicho que Staker se iba impresionar con un poco de sangre? – comentó Ron divertido-. Uno hubiera esperado que un profesor de Defensa contra las Artes Oscuras estuviera un poco más curtido, ¿no creen?
-
Sí – dijo Harry más extrañado que contento-. ¿Me pregunto que le habrá pasado en realidad? ¿Qué opinas tú, Hermione?
La muchacha había permanecido pensativa desde que salieron del salón.
- No estoy segura… Tengo que ir a la biblioteca para confirmar mis sospechas… Luego nos vemos.
Y calzándose la mochila en los hombros, salió corriendo.
- Odio cuando hace eso – comentó Ron pateando el suelo.
Harry no quería ir a Hogsmeade con Ginny sin hablar antes con Ron.
Por eso, un rato antes de la hora de salida lo invitó a dar una caminata por los terrenos del castillo.
- Hermione me contó que invitaste a Ginny a Hogsmeade – comentó Ron con entusiasmo-. Eso es genial. Tenía miedo que Hermione quisiera hacer algo demasiado romántico… Pero si ustedes están con nosotros… no me sentiré tan presionado…
Harry esperó que su amigo se detuviera un instante para tomar aliento y entonces le soltó:
-
En realidad a mí me interesa mucho Ginny, Ron.
-
¿En serio? – preguntó Ron sorprendido-. Pensé que la habías invitado sólo porque yo te lo había pedido…
Harry y Ron siguieron caminando un rato en silencio. “Seguramente se pregunta como puedo gustar de su hermana” pensó Harry.
-
¿En serio que te interesa mi hermana? – volvió a preguntar Ron-. ¡Nunca se me hubiera ocurrido!
-
Así es la vida.
Siguieron un rato en silencio bordeando el castilo. Finalmente Ron expresó:
- Bueno, si mi hermana tiene que salir con alguien, me alegro de que seas tú.
Y sin decir nada más, regresaron al castillo.
Harry se arregló lo mejor que pudo, preguntándose si debía usar su túnica de gala.
Todos los muchachos estaban muy nerviosos con los preparativos.
Todos menos Neville.
- Creo que me quedaré a realizar la tarea que nos dio Snape – dijo resignado-. No me siento cómodo yendo a Hogsmeade el Día de los Enamorados.
Harry podía entender exactamente cómo se sentía Neville.
Harry, Ron, Dean y Seamus bajaron juntos a la sala común.
Parvati y Lavender ya estaban esperando, por lo que los chicos salieron rápidamente.
Al poco rato bajó Hermione. Se había arreglado el cabello y usaba una túnica color verde que le sentaba muy bien.
-
¡Guau! – exclamó Ron al verla-. ¡Estás preciosa!
-
Gracias – repuso la muchacha haciendo una inclinación con su cabeza.
-
¿Vienes? – preguntó Ron a Harry.
Harry negó con la cabeza.
- Nos veremos en Hogsmeade – dijo Hermione con firmeza al tiempo que agarraba a Ron de la mano y lo empujaba hacia la salida.
Ginny bajó un par de minutos más tarde.
Estaba hermosísima con el pelo recogido y una túnica celeste.
El aroma de su perfume parecía llenar toda la sala común. Era como si a su alrededor brillara un halo de luz.
Harry veía y sentía todo con tanta intensidad que los sentimientos lo desbordaban. Le ofreció su mano derecha a Ginny, y ella se la estrechó.
- Te propongo la sinceridad - le dijo Harry sonriendo.
Ginny sonrió y le apretó la mano.
Todo era tan hermoso que Harry deseó que ese momento no terminara nunca.
Bajaron juntos las escaleras, atravesaron el vestíbulo y salieron al parque rumbo a Hogsmeade.
Malfoy pasó a su lado del brazo de Pansy Parkinson.
- Oye Potter, ¿cuánto tuviste que pagarle a Weasley para que fuera tu novia? Y tú, Weasley, tu padre estará contento de tener una boca menos que alimentar. Quizás con el dinero que ahorre pueda comprarte una túnica nueva.
Harry sacó su varita y apuntó a Malfoy, pero Ginny lo contuvo.
Enfrentándose a Malfoy respondió
- Ya que hablamos de dinero… ¿No le alcanza el dinero a tu padre para que lo liberen de Azkaban?
Un rubor colorado tiñó las mejillas de Malfoy. Abrió la boca sin saber qué responder.
Ginny llevó un dedo a sus labios e hizo como que pensaba y agregó:
- ¿No será que tu madre está tan contenta de no tenerlo en casa, que ha decidido dejarlo encerrado?
Harry tomó la mano de Ginny y los dos se alejaron riendo.
Harry pensó cómo se le podía acelerar el pulso tan de repente.
Se sentía transparente, como el aire, como la tarde.
Nunca jamás se había sentido así antes.
Sentía tanta seguridad. Tanta alegría. Tanta paz.
¡Era hermoso sentirse así! Harry no estaba acostumbrado a sentir que el mundo era perfecto.
Todo era tan natural.
Hicieran lo que hicieran, sabía que Ginny lo entendería y lo apoyaría.
Que no se pondría a llorar como una tonta ni haría escenas ridiculas.
Había salido un sol maravilloso.
La lluvia había lavado el bosque.
Era como si Ginny y Harry fueran inaugurando el mundo.
O inaugurándose el uno al otro.
Iban cerca, caminando lentamente.
Sabiendo que iban juntos...
-
¿Doblamos por acá? – sugirió Ginny.
-
Bueno.
Y de golpe, en una curva del camino, vieron el sol anaranjado y dos pinos llenos de gotitas. En silencio compartieron el paisaje.
Se habían detenido los dos sin decir una sola palabra.
Ginny estaba tan cerca de Harry, en silencio, mirando el sol.
Entonces Harry acercó su rostro al de Ginny y la besó.
Cuando se separaron ella sonreía.
-
¿Seguimos?
-
Seguimos – respondió Ginny aturdida de tanta alegría.
Esa noche Harry se dejó caer en su cama con una expresión radiante en el rostro.
Se abrazó a la almohada tratando de dormir.
Pero no pudo.
En su mente revivió los detalles de su paseo con Ginny una y otra vez.
Escribió Ginny con su varita en el aire oscuro miles veces, en colores distintos, con letras diferentes.
¿Estaría Ginny pensando en él en ese momento?
¡El amor encerraba una magia tan disitnta a la que ellos aprendían en Hogwarts!
Eso le hizo recordar el contrahechizo. Lo tenía completamente olvidado.
Mañana mismo se reuniría con los chicos y buscarían la manera de comenzar a practicarlo.
Finalmente llegó el día del encuentro entre Gryffindor y Hufflepuff.
Como era de esperarse, Gryfffindor se impuso por un amplio margen luego de sólo 40 minutos de juego. El partido podría incluso haber concluido antes, de no ser por el hecho que habían esperado hasta anotar suficientes tantos como para superar al equipo de Ravenclaw en las posiciones.
Al finalizar el encuentro, Harry, Ron y Ginny conversaban en el vestuario.
-
Podría haber atrapado la snitch al menos tres veces… - comentó Harry en los vestuarios quitándose la túnica.
-
El equipo de Hufflepuff de este año es realmente de los peores que he visto – comentó Ginny- Al final ni siquiera se esforzaban en detenernos.
-
Lo sé – agregó Ron-. No es que me esté quejando, pero los cazadores de Hufflepuff apenas si llegaron a los aros en un par de ocasiones.
-
Ron, ¿podrías venir un momento? – preguntó Hermione asomándose al vestuario.
-
Sí – dijo éste acomodándose la túnica-. Hasta luego chicos.
Y salió de los vestuarios.
-
Hoy jugaste muy bien – comentó Harry.
-
Tú también – respondió Ginny mientras se peinaba el cabello.
-
Gracias. Eh... Me estuve preguntando ¿Has tenido noticias de Percy?
-
Lamentablemente, sí – el rostro de Ginny se ensombreció-. ¿Quieres ver las cartas que me envió? Las traje conmigo. Estaba esperando la ocasión de mostrártelas.
-
Seguro – dijo Harry.
Ginny metió la mano en el bosillo de su túnica y extrajo tres hojas de pergamino, cuidadosamente dobladas.
Harry abrió la primera y leyó:
Querida Ginny:
Tu respuesta me ha alegrado mucho aunque me hubiera gustado que me contarás algo más sobre ti. Supongo que este año estarás muy atareada preparándote para rendir las MHB. Más sobre la fecha te daré algunos consejos que me resultaron útiles para enfrentar los exámenes.
Lo principal es que te mantengas alejada del joven Potter y, lamento decirlo, de Ron. Nuestro hermano ha desoído mis sabios consejos y se ha dejado seducir por el joven Potter que lo ha apartado del buen camino. Lo siento mucho por él.
Cambiando de tema, las noticias que el señor Guslocoana me trae del Ministerio son alarmantes. Tenía la esperanza de que nuestro padre finalmente abriera los ojos y viera la verdad. Pero Dumbledore lo tiene completamente engañado.
El señor Guslocoana está organizando un grupo de magos y hechiceras cuyo objetivo es prepararse para conducir los destinos de la Comunidad Mágica cuando la situación se torne ingobernable y me ha hecho el honor de invitarme a participar.
En mi próxima lechuza te enviaré más detalles.
El señor Guslocoana me pide que te envíe sus respetos y me dice que quisiera saber algo más sobre tus andanzas en Hogwarts. Creo que quiere recordar sus años estudiantiles…
Te saluda atte.
Tu hermano
Percy
Harry alzó la mirada preocupado.
Ginny lo contemplaba con expresión apesadumbrada.
- Percy está completamente mal informado sobre la realidad, y lo peor es que su soberbia le impide verlo – comentó con desaliento-. Sigue leyendo, Harry. En las próximas cartas se pone aún peor.
Harry tomó en sus manos el segundo pergamino y leyó:
Querida Ginny:
Me alegra saber que al equipo de Quidditch de Gryffindor que han formado este año le esté yendo tan bien. Pero recuerda que el juego no lo es todo. No dejes que el placer te aparte de tus responsabilidades. Me parece que lo estás tomando con demasiado entusiasmo. El deporte está bien como esparcimiento, pero lo que cuenta para abrirte paso en la vida son tus calificaciones. No lo olvides.
El señor Guslocoana me pide si puedes enviarme más noticias sobre Hogwarts, en especial sobre Dumbledore y sobre el joven Potter. Los delirios de este muchacho han afectado a mucha gente. Debemos estar listos para responder por si está preparando alguna nueva mentira para intentar atraer la atención sobre él. No dejes de comunicarme si dice tener algún sueño o alguna alucinación sobre el Señor Oscuro. A propósito ya he concurrido a un par de reuniones del Grupo de Magos para una Nueva Conducción y las he encontrado muy interesantes. Estas personas conocen los mecanismos del poder como nadie. Lo lamento por nuestro padre, pero muy pronto deberá pagar el precio de su incompetencia… También han mencionado algunos datos interesantes sobre el Señor Oscuro que el Ministerio mantiene ocultos para engañar a la opinión pública.
Quizás en mi próxima carta te dé más detalles.
Atte.
Percy
-
¿Me pareció a mí o Percy te está pidiendo que hagas de espía? – preguntó Harry desconcertado.
-
Lo mismo me dijo Hermione cuando la leyó – repuso Ginny con un suspiro-. ¡Oh Harry, estoy tan preocupada! Ese grupo al que asiste no me parece nada bueno. ¿Crees que sean mortífagos?
-
Todo parece indicar que así es. Creo que deberías mostrarle estas cartas a tus padres si aún no lo has hecho.
-
¡Oh, no! Creo que papá y mamá se morirían de pena si la leyeran. Ni siquiera se las he mostrado a Ron ¡El muy estúpido de Percy! ¡El placer no lo es todo! – dijo Ginny imitando el tono de voz de su hermano- ¡No descuides tus estudios! ¡Mira a dónde lo condujo tanto estudiar!
Ginny pateó el suelo con furia. Harry la abrazó y le besó en la cabeza tratando de tranquilizarla. Finalmente abrió la última carta y leyó:
Querida Ginny:
Es extraño lo que me cuentas del joven Potter, porque no coincide con la información que nosotros tenemos. ¿Estás segura de que no te está mintiendo…? Trata de ganarte su confianza y sacarle conversación sobre el Señor Oscuro, seguramente comenzará con algunos de sus cuentos. Te pido que en caso de que así sea, escribas sus mentiras con lujo de detalles y me las envías por lechuza lo más rápido que puedas. Es muy importante poder anticipar sus movimientos.
Entiendo lo que me dices, que como estudiante no tienes muchas oportunidades de acercate a Dumbledore, pero estoy segura de que si mencionas a nuestro padre podrías tener ocasión de entablar conversación con él y averiguar que está tramando. Tus servicios serán debidamente recompensados. No lo dudes. Yo puedo dar fe de ello.
En el grupo estamos intentando convencer a otros magos para que se unan a nuestra causa. El Señor Oscuro no estaba tan errado en muchas de sus ideas, aunque quizás haya equivocado alguno de sus métodos. ¡Mira a dónde condujo a nuestro padre su obsesión por los muggles! ¡Y pensar que provenimos de una familia de sangre pura!
El señor Guslocoana dice que llegaré muy lejos junto a él. Cuando termines tus estudios podría recomendarte para algún trabajo. La paga es muy buena.
No olvides enviarme cualquier noticia que puedas conseguir. El señor Guslocoana se muestra muy ansioso y quiero complacerlo.
Atte.
Percy
- Cuanto más leo, más me convenzo de que Percy está a punto de caer en las garras de un grupo de mortífagos – comentó Harry dejando el pergamino a un costado-. Ginny, no creo que debas seguir ocultándole estas cartas a tus padres… Quizás ellos puedan salvar a Percy antes de que sea tarde…
Ginny se mordió el labio inferior con fuerza y asintió.
-
Tienes razón, Harry. Me resistía a hacerlo. Pero no veo que quede otra salida. Pensé que si me ganaba su confianza quizás pudiera hacerle comprender sus errores. Pero he fracasado. Esta misma noche les informaré sobre las cartas a mamá y a papá.
-
Estoy seguro que ellos sabrán qué hacer… Ya lo verás – la consoló Harry.