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Historia 7807 — capítulo 11

CAPÍTULO ONCE

EL SECRETO DEL PERGAMINO

Más tarde de lo que hubiera deseado, Harry se apeó del autobús frente a la antigua tienda por departamentos de ladrillos rojos, llamada Purge y Dowse Ltd.

Luego de hablar con el maniquí, atravesó la vidriera y se dirigió corriendo hacia la recepción.

Harry llegó hasta el escritorio adelantándose a la larga cola de magos y brujas que esperaba su turno.

  • Hermione Granger, por favor.

  • ¿Hermione Granger?— preguntó la bruja, buscando en la amplia lista delante de ella—. Sí, cuarto piso, tercera puerta a la izquierda. Siguiente…

  • Gracias – murmuró Harry-. Y salió corriendo hacia las escaleras mientras los personajes de los retratos mágicos seguían su carrera con curiosidad.

Harry llegó al Cuarto piso casi sin aliento.

Los Weasley estaban en el pasillo.

  • Hola… - saludó Harry resoplando para recuperar el aliento-. ¿Cómo… está …Hermione…?

  • Respira hondo, cariño – le dijo la señora Weasley apoyando una mano en su espalda-. Hermione tiene algunas heridas menores, pero está bien. El curandero está examinando a sus padres. Pero me atrevo a asegurarte que también están fuera de peligro. Arthur está en la habitación con ellos.

  • Hola, Harry – dijo Ron que tenía los ojos rojos como si hubiera llorado-. Llegaste rápido. Por un momento pensé que quizás los muggles no te dejarán salir.

  • No estaba con los muggles… – resopló Harry que poco a poco iba recuperando el aliento. Y ante el gesto de no comprender de Ron agregó:

  • Después te cuento.

Entonces Harry vio a Ginny, que tenía los ojos aún más hinchados que Ron.

  • Hola, Ginny – saludó Harry.

  • Hola – respondió Ginny secamente. Y se alejó de ellos.

  • ¿Qué le sucede a tu hermana? – preguntó Harry a Ron.

Ron miró con desesperación buscando alguien que le evitara tener que responder. Afortunadamente para él, las señora Weasley dijo:

  • Está preocupada por su amiga, Harry, cariño. Estoy segura que lo entiendes. No quiso ser descortés contigo.

Harry asintió, pero ni por un momento creyó las explicaciones de la madre de Ron. Definitivamente tenía que averiguar qué le sucedía a Ginny.

Harry se acercó a Ron y en voz baja le preguntó:

  • ¿Sabes que sucedió?

Ron asintió y haciéndole una seña con la cabeza para que lo siguiera, se alejó un poco.

  • Mi papá me dijo que Hermione fue atacada por mortífagos –dijo tragando saliva.

  • ¡¿Qué?! – gritó Harry sin poder evitarlo.

Varios retratos chistaron pidiendo silencio.

  • Afortunadamente mi padre implementó un nuevo sistema en el Ministerio para detectar cuando alguien realiza un maleficio imperdonable. Y cuando Malfalda Hopkins le informó que Hermione estaba violando el decreto para la restricción razonable de magia en menores, supo que estaba en peligro. Hermione no es de las que rompería las reglas a menos que fuera una situación de vida o muerte.

  • Puedes apostarlo – confirmó Harry.

  • Los aurores llegaron rápidamente. ¡Quién sabe qué hubiera sucedido si tardan un poco más…! ¡Pobre Hermy! - los ojos de Ron se nublaron de lágrimas y por un momento pareció como si fuera a ponerse a llorar.

A Harry le sorprendió que Ron llamara así a su amiga, pero no le pareció prudente pedirle explicaciones en ese momento.

  • ¿Por qué la atacaron? – dijo Harry preocupado-. ¿Sabes qué querían con ella?

Ron hizo un gesto afirmativo.

  • Parece que están atacando a todos aquellos magos que no tienen sangre pura.

Harry se mordió el labio.

  • Lo que Voldemort olvida decirle a sus mortífagos es que su padre era un muggle.

La puerta de la habitación se abrió y un curandero con túnica verde lima salió de la misma. Le dirigió al grupo una sonrisa de circunstancias y prosiguió su camino. Detrás de él salió el señor Weasley.

  • ¡Hola Harry! – saludó el señor Weasley con expresión alegre, por lo que Harry supuso que Hermione y su familia estaban bien.

  • Hola, señor Weasley, perdón, señor Ministro, ¿Cómo se encuentra Hermione?

  • Vamos, Harry. Tú no tienes que llamarme Ministro – dijo el señor Weasley sonriendo-. Hermione y sus padres se pondrán bien. El curandero dijo que pueden entrar un momento a saludarla. Pero traten de no excitarla demasiado.

La habitación en que se encontraba Hermione no era muy distinta a la que había ocupado el señor Weasley cuando fuera mordido por la serpiente el año anterior.

Por una pequeña abertura muy arriba en la pared frente a la puerta, entraba un poco de luz natural. La sala estaba iluminada por las mismas burbujas brillantes de cristal que había en todo el hospital. Las paredes estaban revestidas con paneles de roble.

En tres camas estaban recostadas dos personas mayores a las que Harry reconoció como los padres de Hermione, y su amiga, quien, para variar, estaba leyendo.

  • ¡Hola, Harry! – dijo Hermione hablando muy bajito para no despertar a sus padres-. Estaba repasando la legislación mágica por si tengo que defenderme en una audiencia disciplinaria. Pero el papá de Ron me dijo que no será necesario.

  • ¿Qué fue lo que sucedió? – dijo Ron sentándose a su lado y tomándole la mano con ternura.

Hermione miró a su alrededor y bajando aún más la voz hasta convertirla en un susurro apenas audible, dijo:

  • Querían que les dijera lo que dice el pergamino… Que les revelara su contenido.

  • Pero tú no lo sabes… - exclamó Harry subiendo la voz.

Hermione chistó pidiendo silencio y continuó:

  • Pero parece que Voldemort cree que sí… Cuando los aurores llegaron, estaban torturando a mis padres para obligarlos a confesar…

Hermione hizo una pausa, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Ron pasó una mano por detrás de la nuca de su amiga y comenzó acariciarle el cabello.

  • Todo esto es mi culpa… - dijo Harry bajando la cabeza.

Ron puso una mano en el hombro de Harry y lo sacudió con suavidad.

  • ¿Sabes? Creo que Hermione se equivoca. Tú no tienes complejo de héroe sino de víctima…

Harry lo miró sin entender.

  • Nadie te culpa a ti de lo sucedido, Harry – confirmó Hermione secándose las lágrimas con la manga de su pijama-. Somos tus amigos y estamos contigo un ciento por ciento pase lo pase. Voldemort nos incumbe a todos.

En el rostro de Harry se dibujó una sonrisa de agradecimiento.

  • Gracias. ¿Quiénes te atacaron, Hermione?

La niña inspiró profundamente tomando coraje y continuó:

  • Cuatro mortífagos se aparecieron en casa de mis padres y comenzaron a lanzar hechizos aturdidores a diestra y siniestra.

  • ¿Pudiste identificarlos? – preguntó Ron.

Hermione hizo un gesto negativo con la cabeza mientras decía:

  • Tu padre me preguntó lo mismo. Pero no puede verlos. Llevaban los rostros cubiertos con capuchas. Cuando llegaron los aurores uno de ellos exclamó: “Creo que ya ha aprendido la lección” y desaparecieron. La voz me resultó familiar pero no puedo identificarla… Probablemente era alguno de los mortífagos que combatimos en el Departamento de Misterios el año anterior.

Hermione se quedó pensativa y Harry preguntó:

  • ¿Dónde estabas cuando sucedió?

  • Por suerte yo me encontraba en mi habitación y pude agarrar mi varita antes de que me encontraran. En realidad eran bastante torpes, si los comparo con los que peleamos en el Departamento de Misterios. Sus hechizos estaban mal dirigidos, o sus efectos desaparecían con rapidez. El entrenamiento en el ED me resultó sumamente útil. Las clases del profesor Staker también me ayudaron muchísimo.

Harry sonrió, contento de que volviera a ser la Hermione de siempre:

  • Ehh… Hermione… - preguntó Ron-. ¿Cómo están tus padres?

Hermione dirigió la vista hacia sus camas y las lágrimas volvieron a sus ojos.

Apretando con fuerza la mano de Ron respondió:

  • El curandero dijo que se pondrán bien. Los estaban torturando, ¿sabes? Pero aún son jóvenes y fuertes…

Y se echó a llorar en el hombro de Ron, mientras éste le acariciaba el cabello.

  • Estábamos haciendo planes para pasar la Navidad con los padres de Ron cuando nos atacaron – continuó entre sollozos-. Cuando bajé la escalera y vi que los torturaban…

Pero el llanto le impidió continuar.

Ron estrechó a Hermione fuertemente contra sí.

  • Ahora te entiendo mucho mejor que antes, Harry – dijo Hermione con el rostro desfigurado por el llanto-. Si le hubiera sucedido algo a mis padres… Si los mortífagos los hubieran asesinado… No sé que hubiera hecho…

Y comenzó a llorar desconsoladamente.


El padre de Ron había insistido en que Harry no regresara solo a Grimmauld Place, por lo que la señora Weasley, Ron, Ginny y Harry viajaron junto a él en el tren muggle.

Afortunadamente todos usaban ropas muggles, por lo que no llamaron la atención.

El viaje fue muy silencioso. Cada uno de los presentes iba sumido en sus propios pensamientos.

Harry no podía dejar de sentir que lo que le había sucedido a Hermione era de alguna manera culpa suya. Además le preocupaba la actitud de Ginny. Ya no quedaba ninguna duda de que lo estaba evitando. Se había sentado junto a la ventanilla del tren y no le había dirigido la mirada ni en una sola ocasión.

Ron parecía nervioso y preocupado. Se restregaba las manos una y otra vez con expresión apenada. Era evidente que lo de Hermione lo había afectado muchísmo. Hasta demasiado, diría Harry.

La mamá de Ron echaba de tanto en tanto una mirada a los chicos y con una sonrisa comprensiva volvía a sus propios pensamientos.

Una vez en Grimmauld Place, el grupo puso al tanto a Lupin de las últimas novedades. La señora Weasley invitó a Harry y a Lupin a pasar la Navidad con ellos en La Madriguera. Los dos recibieron la noticia con gran alegría. La antigua casa de los Black resultaba demasiado opresiva y tenebrosa.

Al día siguiente, un automóvil del Ministerio pasó a recoger a Harry y Lupin, y los condujo con seguridad y rapidez hasta el hogar de la familia Weasley en Ottery St. Catchpole.

La apariencia de La Madriguera no había variado demasiado, aunque algunas mejoras eran evidentes. Habían renovado la pintura de todas las habitaciones, e incluso algunos de los muebles.

Todo lucía más limpio y brillante, y Harry se preguntó si a la señora Weasley se le había cumplido su deseo de tener un elfo doméstico.

Había luces de colores y brillantes adornos navideños por toda la casa.

Un gigantesco árbol de Navidad se alzaba en un rincón de la cocina. Estaba tan cargado de adornos que sus ramas se inclinaban por el peso.

Bajo sus ramas se amontonaban numerosos paquetes con alegres envolturas.

Un grupo de hadas titilaban formando distintos patrones de luces y colores. La estrella de la punta despedía un polvillo brillante que provocaba una gran risa navideña a quien lo respirara.

De la cocina de la señora Weasley salían toda clase de agradables aromas. Los manjares se apilaban sobre la mesa del comedor.

Los chicos ayudaron en la decoración de la casa y pusieron realmente mucho esmero colgando una cantidad inmensa de adornos. La señora Weasley había confiscado una caja que Fred y George habían traído, hasta que tuviera tiempo de inspeccionarla.

  • Esto es injusto, mamá – se quejó Fred.- ¿Acaso desconfías de nosotros?

  • ¿No tienes fe en tus propios hijos...? Eso realmente duele, madre –se lamentó George llevándose una mano al corazón.

La señora Weasley simplemente los echó de la cocina. Pero Harry vio, un rato más tarde, que había utilizado algunas de las guirnaldas y adornos que los mellizos habían traído.

El clima de la Navidad se respiraba en cada rincón de la madriguera. Fred y George habían hechizado los gnomos del jardín para que lucieran gorros rojos y barbas blancas.

  • Ven Harry –dijo Ron subiendo la escalera hacia su habitación-. Creo que tengo guardada una caja de luces mágicas.

Hermione entró a la habitación y saludó a Ron con un sonoro beso en la mejilla.

  • Hola, Ron.

  • Hola Hermy… dijo Ron más rojo que un tomate.

  • Hola Harry… - saludó Hermione-. ¿Cómo te fue con lo del pergamino?

  • Muy bien – repuso Harry, que había borrado el tema de su mente-. Mi tía me dio la dirección del señor Rett. Se trataba de un muggle, como había sospechado.

  • ¡Lo sabía! – exclamó Hermione-. ¿Sabía algo sobre la clave?

  • Sí. Era un viejo código que mi madre y él habían inventado cuando eran niños. No es muy difícil descifrarlo cuando te explican cómo hacerlo.

  • ¿Y? – preguntó Ron con ansiedad.

  • ¿Y qué? - repuso Harry.

  • ¿Qué dice el texto? ¿Habla sobre la profecía? – aclaró Ron.

  • Aún no lo sé. Cuando salía de la casa del señor Rett, llegó tu lechuza informándome del ataque a Hermione y aún no he tenido tiempo de traducirlo.

  • Si quieres podemos hacerlo todos juntos – sugirió Hermione- Creo que tendremos tiempo suficiente luego de celebrar la Navidad. Ahora si me disculpan, la señora Weasley nos pidió a Ginny y a mí si la ayudabamos en la cocina.

  • Nos vemos – dijo Harry-. Quizás podamos regresar a Hogwarts un día antes para tener tiempo de traducir el pergamino.

  • Es una buena idea. Se la comentaré a la mamá de Ronnie. Hasta luego.

  • Adiós, Hermy – se despidió Ron.

  • ¿Desde cuándo se dicen entre ustedes Ronnie y Hermy? – preguntó Harry alzando las cejas con suspicacia, una vez que Hermione hubo salido de la habitación.

  • Bueno… Hace unos meses… Desde el baile… Es que ella y yo… quiero decir… - balbuceó Ron sintiéndose enrojecer-. Sé que debí decírtelo antes pero… bueno, lo que quiero decir es que Hermione está saliendo… estamos los dos… de… eehh… novios.

A pesar del frío, la cara de Ron parecía arder y por su sien corrían gruesas gotas de sudor.

  • Me alegro por ustedes - felicitó Harry a Ron con sinceridad, mientras estrechaba su mano - Hermione es una chica excelente.

  • Gracias, Harry – respondió Ron visiblemente aliviado -. Eso es lo que dice mamá. Cuando le conté se alegró muchísimo. No se cansa de repetirme que Hermione será una magnifica influencia para mí…

Ron se detuvo, miró a su amigo de reojo y aclaró rápidamente:

  • Ella no se refería a que tú no lo fueras, creo que lo que quería decir era que…

  • Tranquilo – lo atajó Harry sin dejar de sonreír -. Entiendo. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

  • Todos los días estaba pensando en contártelo, te lo juro. Pero no es tan sencillo. Primero quería estar seguro de nuestra relación, para que no nos pasara como a ti y Cho… Después se hizo difícil encontrar el momento adecuado con lo del pergamino, el Quidditch y todo eso...

  • De todas maneras ya lo había sospechado. Nunca se habían llevado tan bien entre ustedes como en este último tiempo. Hasta llegué a pensar que los habían reemplazado usando poción multijugos.

  • ¿En serio? – repuso Ron sonrojándose nuevamente - ¿Tanto se nota? A Hermy, quiero decir, a Hermione, le gustaría contárselo a todo el mundo. Yo soy más prudente. Hablando del tema, te pido un favor: no vayas a decir le nada a Fred y George. No quiero ni imaginar lo que harían si se llegan a enterar…

  • De acuerdo – prometió Harry conteniendo una sonrisa-. No lo sabrán por mí. Te lo prometo.

  • Gracias – suspiró Ron aliviado-. ¿No te parecía que estar de novio es algo complicado cuando saliste con Cho?

  • Complicadísmo – respondió Harry-. Nunca llegué a comprender qué es lo que quería. Creo que la única que entiende a las mujeres es Hermione. ¿Entonces fue en el baile cuando comenzaron a salir?

  • Sí, en el Baile de Halloween… Parece que las chicas… bueno, al menos, Hermione… había organizado todo para ver si los chicos nos animábamos a… bueno, tú entiendes… invitarlas a salir…

  • Sí, sé perfectamente a lo que te refieres. Les encanta organizar esa clase de cosas que sólo ellas comprenden – repuso Harry.

  • ¿Recuerdas que Hermione me obligó a bailar? – continuó Ron-. Al principio no quería… Sólo pensaba en volver a sentarme. Pero luego de un rato, no sé qué me sucedió. Quizás bebí demasiadas cervezas de manteca… Tal vez fueron las luces de colores, la música o todo junto… La verdad es que comencé a disfrutarlo.

  • ¿En serio? – preguntó Harry sorprendido.

  • Sí – dijo Ron confirmando sus palabras con un movimiento de su cabeza-. Se sentía realmente bien estar bailando con ella. Era una sensación maravillosa, placentera. Sentir el calor de su cuerpo, aspirar su perfume, acariciar su pelo… Nunca me había sentido así de bien. ¿Crees que Hermione haya puesto alguna poción de amor en mi bebida...?

  • Lo dudo mucho, Ron. Pero por las dudas nunca vayas a preguntárselo a ella - sugirió Harry.

  • ¿Crees que soy tonto? Jamas le diría algo así. De todas maneras, aunque me hubiera dado una poción de amor no me hubiera importado… Sentía como si toda preocupación y pensamiento hubieran desaparecido de mi cabeza… Inmensamente relajado, apenas consciente de si alguien nos miraba o no…¿Recuerdas cuando el falso Moody nos echó en clase el maleficio Imperius? Bueno, la sensación era muy parecida …

Harry pensó que era una suerte que Hermione no estuviera escuchando esa conversación o Ron y ella hubieran terminado en ese mismo instante.

  • Luego salimos al parque – continuó Ron - y comenzamos a caminar y conversar de lo bien que nos llevábamos.

  • ¿En serio? - interrumpió Harry

  • De verdad. Hermione me dijo que sentía muy cómoda conmigo. Yo le dije que estaba muy hermosa… Era una noche despejada, la luna y las estrellas brillaban… Y bueno… antes de que pudiera darme cuenta de lo que hacía, Hermy me besó…

  • ¿Te besó ella a ti? - preguntó Harry sorprendido.

  • Sí… - repuso Ron con expresión arrobada-. Nunca me contaste que besar es fabuloso…

  • Bueno, sólo lo hice una vez – se excusó Harry.

  • Caminamos abrazados no sé cuanto tiempo antes de darnos cuenta de la hora, entonces regresamos al castillo. Al día siguiente, yo no podía estar más confundido. Afortunadamente, Hermione tiene claridad suficiente como para los dos. Ya le había contado a todas las chicas de lo nuestro… Desde entonces no pasa un día sin que me insista para que hable contigo…

  • Hay una cosa que quisiera preguntarte – comentó Harry pensativo. - Ginny me ha estado evitando desde el Baile de Halloween… Cuando dijiste que las chicas lo organizaron… ¿Te referías a Hermione y Ginny?

  • No sé bien de quién fue la idea – respondió Ron desviando la mirada del rostro de su amigo-. Pero a todas las chicas les encantó. Aún a las de otras casas.

  • Me estaba preguntando si a lo mejor Ginny esperaba que yo la sacara a bailar… Ya sabes cómo Hermione y tú…

Ron tragó saliva, y sin mirar a su amigo dijo con voz temblorosa:

  • Quizás deberías preguntarle a Hermione… Ellas se cuentan todo.

  • Es una buena idea – dijo Harry levantándose y dirigiéndose hacia la escalera.

Hermione, Ginny y la señora Weasley se encontraban en la cocina preparando todo para la cena de esa noche.

  • Hola, Harry querido – saludó la señora Weasley-. ¿quieres probar un poco de tarta de calabaza…?

  • Eh… No, gracias. No tengo apetito… Hermione… me preguntaba si podríamos hablar un instante…

Hermione pareció ligeramente sorprendida y se volvió para mirar a la señora Weasley

  • Por supuesto, querida. Vayan. Ginny y yo podemos arreglarnos perfectamente.

Harry y Hermione salieron al patio y comenzaron a caminar hacia la colina cercana.

Durante un rato, ninguno de los dos habló. Luego de unos minutos, cuando Harry juzgó que ya se habían alejado lo suficiente de la casa, dijo:

  • Ron me contó lo de ustedes. Te felicito.

  • ¡Por fin se animó! – exclamó Hermione radiante-. No pasaba un día sin que le recordara que te lo dijera. Pero ya sabes como es Ron para estas cosas. Ya vamos a cumplir dos meses, ¿te imaginas?. Ron es divino…

  • Sí… supongo que sí – dijo Harry por cortesía, ya que nunca había visto a su amigo de esa manera-. Hay algo que quería preguntarte…

Hermione dejó de caminar y miró al rostro de Harry.

  • Dime… Soy toda oídos.

  • Cuando me contó lo del baile, Ron me dijo que las chicas lo habían organizado para que nosotros nos fijáramos en ustedes…

  • Sí. Supongo que era una de las ideas… Tener que esperar que los chicos se decidan a veces puede ser exasperante…

  • Ginny no me ha hablado desde el baile, ¿sabías?

Hermione asintió. Pero no agregó nada más.

  • Me preguntaba si ella también había estado esperando que yo… la invitara a bailar y todo eso… - continuó Harry.

  • ¡Claro que estaba esperando eso! – estalló Hermione. Y calmándose un poco continuó:

  • ¡A veces los hombres pueden ser tan exasperantes…! ¿Realmente no te diste cuenta, Harry?

  • No - confesó Harry con sinceridad -. Te lo aseguro.

  • Ginny se sintió muy mal cuando saliste a bailar con Luna y la ignoraste a ella.

  • Yo no quería bailar con Luna… - se defendió Harry con vehemencia-. Ella me invitó…

  • Ginny no lo vio así. Cuando una chica ve a un chico con otra chica; la chica piensa que el chico no siente nada especial por ella…

  • ¡Tanto lío porque bailé con Luna…! Las mujeres son realmente complicadas – dijo Harry desalentado.

  • Ginny pensó que no tenías interés en ella y se sintió lastimada... – dijo Hermione.

  • ¿Y si quería bailar conmigo, por qué no se acercó y me lo pidió…?

  • Porque las mujeres no actuamos de esa manera. Nosotros hacemos cosas para que ustedes se fijen en nosotras, y luego esperamos que tomen la iniciativa.

  • Como organizar un baile, para llamar la atención de los chicos y animarnos a actuar… - dijo Harry.

  • Ya entendiste la idea – aprobó Hermione.

  • Pero tú sacaste a bailar a Ron –Harry parecía confundido- ¿Por qué no esperaste que él te invitara?

  • Eso era distinto – aclaró Hermione con una sonrisa-. Nadie estaba bailando y la fiesta estaba a punto de convertirse en un fracaso. Además, yo sabía que Ron nunca me invitaría a bailar si yo no lo hacía.

  • ¿Y Ginny pensó que yo sí lo haría? – se defendió Harry-. Realmente no me conoce muy bien…

  • Harry… Debes ponerte en el lugar de Ginny… Durante muchos años estuvo interesada en ti sin recibir ninguna señal de parte tuya… Y ahora que tú comenzaste a mostrar algunos signos de interés, ella no quiso ilusionarse demasiado y prefirió esperar que tú dieras el primer paso… - explicó Hermione comprensiva.

  • ¿Que yo le mandé señales? ¿A qué te refieres? – Harry estaba realmente desconcertado.

  • Me pregunto porqué los hombres son tan ciegos para ciertas cosas… - dijo Hermione en voz alta mordiéndose el labio inferior-. ¿Recuerdas en el tren cuando le acariciaste el pelo…?

  • Por supuesto que me acuerdo. Estaba herida y quise consolarla…

  • ¿Y cuándo la apoyaste en el equipo de Quidditch por encima de Ron…? – insistió Hermione.

  • Ella era la cazadora y me pareció que tenía derecho a elegir a sus compañeras de equipo… - explicó Harry.

  • ¿Y cuando en la biblioteca te sentaste con ella y le pediste que confiara en ti y te mostrara la carta de Percy…? – continuó Hermione.

  • Ginny es mi amiga y me preocupa lo que le pase… Estaba triste y quise consolarla… - explicó Harry sin entender a dónde iban todos esos comentarios-. ¿Todo eso te lo contó Ginny? Tal vez deba hablar con ella y aclarar las cosas. ¿Esas son las señales a las que te refieres?

  • Esas y otras cosas más sutiles como algunas miradas o sonrisas… ¿Estás diciendo que para ti no significa nada? ¿Entonces no estás interesado en ella?

Harry sonrió, y adoptando un aire de misterio, dijo:

  • Eso es algo privado. - y caminó de regreso a La Madriguera, dejando a su amiga con la boca abierta.

La larga mesa de la cocina de la casa de los Weasley nunca había estado tan poblada como en aquella Nochebuena. Además de los miembros de la familia - todos menos Percy - estaban Hermione con sus padres, Harry y Lupin. Hasta el último rincón de la cocina estaba ocupado.

A Harry le pareció que la señora Weasley había comprado vajilla nueva, ya que nunca los cubiertos, los platos y las copas habían relucido de la manera en que ahora lo hacían.

  • ¡Hola Harry! – saludó Ginny con una sonrisa sentándose frente a él en la mesa.

El saludo de Ginny tomó a Harry tan de sorpresa que se atragantó con el jugo de calabaza que estaba bebiendo

  • ¡Hola, Ginny! – saludó rápidamente secándose con una servilleta.

Ginny y Hermione intercambiaron una mirada cómplice.

El señor Weasley se puso de pie, sosteniendo una copa en su mano derecha.

  • Quiero darles a todos la bienvenida a nuestro humilde hogar. …

  • Desde que lo hicieron Ministro, papá no desaprovecha ni una sola ocasión de hacer un discurso… - susurró Fred al oído de Harry

La señora Weasley fulminó al mellizo con la mirada.

El señor Weasley continuó:

  • Espero que esta mesa con muggles y magos compartiendo una misma comida en esta noche tan especial, sea un signo de la cooperación y entendimiento que queremos que surja ente estos dos mundos - y apuntando con su copa a los padres de Hermione agregó:

  • Bienvenidos a La Madriguera… Y ahora, ¡a comer!

Los platos y las fuentes fueron atacados con voracidad.

Las risas y el murmullo de las conversaciones resonaban por toda la casa. Pronto surgió entre todos los presentes una alegre camaradería. El señor Weasley no dejaba de acosar con preguntas a los padres de Hermione sobre los más curiosos detalles del mundo muggle, ante la desesperación de la señora Weasley, que estaba a punto de romper la manga de la túnica de su marido de tanto tironearla.

El espíritu de la Navidad se apoderó de todos. Los manjares parecían más deliciosos que nunca y las bromas resultaban más cómicas.

Promediando la cena, el padre de Hermione golpeó el tenedor contra su copa para pedir silencio. Se puso de pie y sin decir una palabra comenzó a cantar un hermoso villancico. Tenía una magnífica voz de soprano.

  • ¡Oh, no! – gimió Hermione, escondiendo la cara entre las manos-. Le supliqué que no fuera a hacer eso…

Era una canción alegre y pegadiza. Pronto todos estaban siguiendo el ritmo golpeando sus copas contra la mesa. Al final, en un inusitado arranque de emotividad, todos aplaudieron muy complacidos.

Durante un buen rato continuaron cantando villancicos en voz alta y desentonada.

Estaban alegres, con el estómago lleno, y cálidamente confortables.

Afuera caía una nieve mansa que había pintado de blanco todo el paisaje. Cuando se extinguió la última nota del último villancico, una sensación de paz, de seguridad y de renovada fe y esperanza llenó los corazones de todos los presentes.

  • ¿Y qué se siente estar de novio, hermanito? – preguntó Fred haciendo estallar un petardo con sorpresa. Una pequeña brujita comenzó a volar por toda la habitación.

  • ¿Qué? ¿Quién le dijo? – Ron miró con desesperación a Harry y luego a Hermione.

  • No hizo falta que nadie nos dijera nada – repusieron Fred y George a coro.

  • La presencia de los padres de Hermione en La Madriguera es suficientemente sospechosa… ¿no te parece? – dijo George-. ¿Por qué otro motivo iban a venir a cenar con nosotros?

  • ¿Has pensado bien lo que estás haciendo, Hermione? – preguntó Fred.

Hermione sonrió pero no dijo nada:

  • Así que el buen Ronnie se ha enamorado – comentó Fred poniendo una expresión cándida en el rostro.

  • Son tan tiernos – acotó George pestañando con rapidez – Me recuerdan a Hagrid con Madam Maxine…

  • O a Crabbe con Goyle… - continuó Fred provocando las risas de todos.

  • ¿Quieren acabarla? – reaccionó Ron acalorado-. ¿Acaso ustedes nunca se han enamorado?

  • Por supuesto que sí, hermanito… Yo estoy saliendo con Alicia Spinett desde hace medio año… Pero nunca haría el papel de bobo que haces tú…

  • Las mujeres deben saber de entrada quién manda en la relación, o estás perdido…

En ese instante, Hermione, con voz dulce, preguntó:

  • ¿Qué opinas tú sobre el tema, Ron?

  • Nada – respondió Ron poniéndose de pie y saliendo del comedor.

Fred y George estallaron en una sonora carcajada.

  • Así se hace, Ron– le gritó Fred-. Nada mejor que una huida a tiempo…

  • Realmente la tienes dominada… - gritó George.

Ron se dio vuelta para decir algo, pero se quedó con la boca abierta y el dedo indice levantado sin pronunciar palabra. Finalmente, con gesto ofuscado, subió por las escaleras hacia su habitación.

  • Son unos verdaderos machistas – les gritaron Hermione y Ginny a los mellizos.

Al día siguiente, los chicos abrieron emocionado sus regalos.

Las señora Weasley había tejido sus acostumbrados sweaters y los había acompañdo con ranas de chocolate.

Hermione se disculpaba con todos, ya que a causa del ataque no había podido hacer sus compras navideñas, y parecía que ésto la ponía bastante incómoda.

Ron le regaló a Harry otro libro sobre Quidditch: “Las jugadas más emocionantes”.

El regalo que más le gustó a Harry fue el de Ginny. Era una tarjeta hecha por ella misma con una frase: “Te propongo la sinceridad”.

Harry se cuidó muy bien de esconderla rápidamente para que nadie pudiera verla.

Al día siguiente, después del desayuno, llegaron los inevitables consejos (“Pórtense bien”) y despedidas. Los chicos se subieron a un automóvil del Ministerio que los condujo de regreso a Hogwarts.

Una vez que llegaron, y después de almorzar, Harry, Ron, Hermione y Ginny decidieron aprovechar el último día de las vacaciones de Navidad, reuniéndose en la biblioteca para realizar todos juntos la postergada traducción del pergamino.

  • Hola, Harry, si no te importa, nosotros iremos yendo a la biblioteca – dijo Hermione tomando del brazo a Ron y tirando de él.

  • ¿Por qué no esperamos? – se quejó Ron-. Ginny no debe tardar mucho en bajar y…¡ay!

  • ¡Oh, perdóname, Ron! No quise patearte…¿Estás bien?

  • Sí… Eso creo… - respondió Ron frotándose la pantorrilla.

  • Bueno… Entonces nos vemos en la biblioteca, Harry – sonrió Hermione, mientras empujaba a su rengueante novio a través del retrato de la dama gorda.

Casi inmediatamente, Ginny bajó por la escalera que conducía al dormitorio de las chicas.

  • ¡Hola, Harry! - saludó levantando un poco su mano.

Harry sintió que los latidos de su corazón comenzaban a acelerarse.

  • ¡Hola, Ginny! – respondió aplastando su pelo contra su cabeza.

  • Harry… Yo quería disculparme contigo… En realidad, no debí haberme enojado por lo del baile… Tú tienes derecho a bailar con quien quieras… Y yo no tenía porqué esperar que tú sintieras, quiero decir, quisieras bailar conmigo… – por primera vez en mucho tiempo, Ginny volvió a parecer la niña tímida que Harry había conocido seis años atrás.

Harry se sentía incómodo escuchando las disculpas de Ginny, en especial porque después de su conversación con Hermione sentía que era él quien debía disculparse.

  • Estaba convencido que era yo quién debía pedirte disculpas – intervino Harry sin dejar que Ginny continuara-. Hermione me explicó lo que ese baile significaba para ustedes, y yo debería haber estado un poco más atento…

  • ¡Oh, Harry, no digas eso! ¡Tú ya tienes tanto de qué preocuparte que me siento una egoísta por la manera en que me comporté! – exclamó Ginny.

  • De cualquier manera, me alegro que volvamos a ser amigos – respondió Harry acercándose a Ginny.

Ginny levantó el rostro y sonrió. Y Harry sintió que su estómago se llenaba de mariposas y que todo lo que había a su alrededor desaparecía.

Ginny se acercó lentamente a Harry y, sin pensarlo, los chicos se tomaron de las manos. Entonces Ginny se acercó un poco más a Harry y…

  • ¡Hola Harry! ¡Hola Ginny! – saludó un risueño Dean Thomas que había ingresado a la sala común del brazo de Parvati Patil-. ¿Qué tal sus vacaciones de Navidad?

  • Bien – respondió Harry soltando rápidamente las manos de Ginny y separándose un poco de ella-. ¿Y ustedes?

  • ¡Genial! Parvati me invitó a la India a pasar la Navidad con su familia… ¡Los magos de allá son fantásticos! ¿Sabían que vuelan utilizando alfombras en lugar de escobas?

Parvati le susurró algo a Dean en el oído y este se disculpó:

  • En otro momento continuamos conversando… Adiós chicos - y la pareja se dirigió a un rincón de la sala común.

  • De todas maneras nosotros ya no íbamos – informó Harry-. Adiós Dean. Adios Parvati.

Harry y Ginny atravesaron rápidamente el retrato de la dama gorda y se encaminaron hacia la biblioteca.

  • ¿Fue idea mía, o Parvati no tenía muchos deseos de que Dean conversara con nosotros? – preguntó Harry.

  • No puedes culparla – respondió Ginny con una sonrisa-. Después de todo, yo salí con Dean antes de que estuviera con ella.

  • No me acordaba de eso – repuso Harry-. Pensé que todavía estaba enojada conmigo por lo del baile de los campeones.

  • Supongo que eso también habrá tenido algo que ver – reflexionó Ginny-. Me había olvidado de lo del Baile de los Campeones. Debí haber recordado que a ti no te gusta bailar…

En ese momento Harry y Ginny llegaron a la biblioteca. Ron y Hermione les hicieron señas desde una mesa en un rincón apartado.

  • ¡Cómo tardaban! ¿Todo está bien entre ustedes? – preguntó Hermione interrogando con la mirada a Ginny.

  • De maravilla – sonrió Ginny.

  • ¿Trajiste el pergamino, Harry? – preguntó Ron.

  • Sí – Harry metió la mano en el bolsillo interno de su túnica, sacó el pergamino y lo desplegó en la mesa delante de sus amigos.

  • El código es realmente muy sencillo una vez que te lo explican – continuó Harry-. ¿Ven estos símbolos? Cada uno equivale a una letra. Allí está la clave. Sólo es necesario que las reemplacemos, según las indicaciones que me dio el Sr. Reet …

A lo largo de diez minutos, Harry les contó lo que Cecil K. Rett le había explicado. Pronto todos estuvieron en condiciones de leer el texto. Hermione en especial lo había dominado a la perfección antes que cualquiera de ellos. La muchacha era capaz de leer el texto sin recurrir a las referencias.

  • Bien… Ese es el último párrafo. ¿Quieres leer el texto completo, Ginny? – pidió Hermione.

Ginny se aclaró la garganta y elevando un poco el pergamino en cual había copiado la traducción leyó:

“El arma más terrible que posee Voldemort es el Avada Kedrava. No existe ningún contrahechizo conocido para defenderse de él.

Pero yo no me doblego fácilmente frente a los imposibles. “Imposible significa que nadie lo ha logrado hasta el momento”, me repite James. Estoy convencida de que debe haber una manera de neutralizar el maleficio asesino. Encontrar como dejar a Voldemort y sus mortífagos sin el medio más poderoso de destrucción que poseen, se ha convertido en mi obsesión. He recopilado textos de los más antiguos y oscuros libros de magia, tratando de descubrir algo que me oriente en este objetivo. También he agregado mis propias investigaciones sobre el tema, con la esperanza de que si algo me llegara a suceder, alguien podría continuar desde el lugar en que mi labor quedó trunca.

Lily Potter

“La mayoría de los hechizos han nacido como magia accidental, causados por sentimientos muy fuertes como el amor o el odio… (De hecho aún los niños pequeños como Harry pueden realizar cierta clase de magia). Esto significa que en su estado más puro, la magia no necesita palabras e incluso, ni siquiera de varita.”

“A partir de estas experiencias, los magos de todas las épocas han estudiado la manera de repetir de forma controlada lo que en un principio fue un mero accidente.”

“Las tres propiedad básicas de un hechizo son: la INTENCIÓN, la CONCENTRACIÓN DEL PODER y el OBJETIVO.”

“El primero elemento es la INTENCIÓN, obviamente, ya que el mago que realiza un hechizo está intentando realizar algo. La INTENCION es también el elemento crucial de un hechizo. Se ha sabido de magos que han utilizado un hechizo de manera incorrecta, pero han obtenido los resultados que esperaban, sólo porque estaban convencidos de que sucederían. Muchos hechizos de hecho no requieren palabras, o pueden realizarse sin que sea necesario pronunciarlas.” (Flitwick siempre nos repetía que si nuestras mentes estaban completamente enfocadas en lo que queríamos lograr lo conseguiríamos. Me pregunto si nadie ha logrado encontrar un contrahechizo, simplemente porque están convencidos de que no es posible. Creo que si el mago que realiza el contrahechizo contra el Avada Kedavra está convencido de que va a funcionar y el sentimiento que lo motiva es lo suficientemente poderoso, lograría enfocar su poder y salvaría la vida del atacado).

“A continuación, el mago utiliza las palabras del hechizo para CONCENTRAR SU PODER en producir la acción deseada. Las palabras y la varita ayudan a controlar y enfocar el poder que existe en cada mago, para que un hechizo haga exactamente lo que el mago quiere que suceda” (Algunos hechizos requieren una clase específica de pensamientos o sentimientos para funcionar, como por ejemplo los Patronus. Estoy convencida de que un hechizo que funciona solamente desde el verdadero odio sólo puede ser contrarrestado por otro sentimiento aún más poderoso. Y no se me ocurre nada que supere al amor. Amar a alguien es decirle: “Tú no morirás. Si yo consintiese en tu aniquilación, traicionaría nuestro amor”)

“Entonces interviene el movimiento de la varita que sirve para canalizar y dirigir el poder del hechizo hacia su OBJETIVO.”

“Las palabras y los movimientos de la varita son elementos importantes en los hechizos pero no son lo esencial. Lo más importante de todo el proceso es la INTENCIÓN.”

(El hechizo funciona como un escudo protector. El contrahechizo combina elementos del Patronus - hay que concertarse en ciertos sentimientos, en este caso el amor - y del hechizo de Protección -por la idea del escudo-. Aún no he encontrado las palabras o el movimiento de varita adecuado para conjurar un contrahechizo que funcione. He obtenido ciertos resultados dirigiendo la varita hacia mi propio pecho, en un movimiento envolvente como si tratara de recoger los sentimientos de amor y compasión, y luego apuntando rápidamente con la varita hacia el lugar entre la víctima y el atacante. Con estos movimientos he logrado conjurado un tenue escudo de color escarlata, que ha resistido otros maleficios pero no el Avada Kedrava… Supongo que las arañas que utilizamos con James para practicar no me inspiran el suficiente amor…

Una limitación de este contrahechizo es que no puede utilizarse en defensa propia, por estar basado en el amor que el mago siente por la persona que está en peligro y su voluntad de salvarla, por lo que en principio sólo serviría para salvar la vida de alguien más.)

Al finalizar la lectura se produjo un silencio profundo.

Harry se secó una lágrima con la manga de su túnica. Se sentía abrumado al descubrir el inmenso amor que su madre había sentido por él y que le había salvado la vida.

Ginny, Hermione y Ron contemplaron a Harry entendiendo lo que sentía.

  • Tu madre era realmente muy inteligente, Harry – exclamó Hermione con admiración -. Esto es aún mejor que el texto de la profecía. ¡Un contramaleficio contra el Avada Kedrava! ¡Jamás se me hubiera ocurrido!

  • Así que de ese modo fue como logró salvarme – murmuró Harry que aún seguía en estado de shock -. Eso explica muchas cosas.

  • Evidentemente tu madre logró perfeccionar el contrahechizo luego de que escribió este texto… – agregó Hermione releyendo la traducción que Ginny había escrito-. El pergamino no dice nada sobre las palabras… Sólo menciona el movimiento de la varita que debe utilizarse.… Pero creo que será suficiente para comenzar.

  • Debemos mostrarle esto a Dumbledore, ¿no crees, Harry?. Es algo demasiado importante como para ocultarlo – sugirió Ron-. Imagínate lo que sucedería si lográramos hacer funcionar el contrahechizo como hizo tu madre contigo.

  • Estoy segura de que un mago experimentado como Dumbledore sabrá completar lo que el pergamino no dice. Vamos ahora mismo – Hermione se puso de pie y comenzó a guardar sus cosas en la mochila.

  • Creo que Dumbledore aún no ha regresado al colegio, ¿lo olvidas? – la atajó Harry.

  • Es verdad – confirmó Ron-. En la cena de Navidad escuché que mi papá le comentaba a Bill que Dumbledore había debido trasladarse al exterior por asuntos de la Orden, y no regresaría hasta que comenzaran las cases nuevamente…

  • Entonces tendremos que esperar – Hermione se dejó caer nuevamente en su silla con expresión resignada-. Mañana, en cuanto regrese, iremos a su despacho a mostrarle el texto. Pero hasta entonces creo prudente ocultar lo que descubrimos.

Hermione golpeó el pergamino original y el que contenía la traducción, con su varita, y ambos textos desaparecieron.

  • ¡Guau, Hermione! Algún día debes enseñarme cómo hacer ese hechizo.

  • Tú también lo sabrías hacer si hicieras las tareas como corresponde… - replicó Hermione en su tonito característico. Pero luego, ablandándose un poco, agregó:

  • Te lo enseñaré cuando quieras, Ronnie.