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Historia 79215 — capítulo 29
Corría. Sus piernas se movían lo más rápido que podían. Veía hacia arriba con la esperanza de divisar alguna luz, algo que le dijera que iba en la dirección correcta; veía hacia el cielo con la esperanza de que la luz de la enorme roca blanquecina, le ayudara a ver entre la oscuridad.Pero la roca no estaba; permanecía oculta detrás de las nubes negras.
Lo escuchaba venir; escuchaba sus pasos veloces detrás de los suyos. Jugaba. Y ella lo sabía. Ella era la presa y él l cazador. Sintió sus cansados pulmones intentando abrir paso al aire, pero la impaciencia con la que su corazón corría no le permitía respirar. Había aplazado ese momento durante largo tiempo pero, por más fuerte que fuere, no podía seguir; y se detuvo. Se abrazó al tronco del árbol más cercano y rogó al cielo que alguien notara su ausencia y saliera a buscarla.
Los muros caían con cada hechizo que arremetía contra ellos, una nube de polvo grisácea llenaba el lugar. Pero sólo él alcanzaba a divisarla, pues el resto del mundo estaba empeñado en deshacerse de su enemigo; sólo él alcanzaba a divisarla porque aquella nube de polvo era casi tan invisible como lo era él. Lanzaba hechizos a diestra y siniestra, derribaba al enemigo sin que ellos supieran de donde había llegado el golpe. Pero él no pretendía derribar a un par de mortifagos mal entrenados; su mirada esmeralda buscaba la ennegrecida de la serpiente.
Afortunadamente para él, la divisó de inmediato.
Se movía ávidamente en medio del Gran Comedor debatiéndose con una cabellera pelirroja y una oscura: el Sr. Weasley y su padre, James Potter.
La risa exasperante de la bruja de cabello desmarañado, Bellatrix Lestrange, se hizo presente cuando Ginny salió disparada en el aire. Desvió la mirada por un par de segundos y levantó su varita en dirección a la bruja, pero Molly Weasley fue más rápida.
-¡A mi hija no!
La bruja sonrió y la fuerza con que Molly le atacaba borró de su rostro la satisfacción que en sus ojos se reflejaba y dio paso a una oleada de esfuerzo por no poder derribarla de manera inmediata. Lanzó un último hechizo y Molly retrocedió tambaleándose, luego, un rayo de luz dorada emergió de su varita y dio de lleno en el pecho de la bruja.
Bellatrix Lestrange caía por fin.
-¡BELLA!- el Oscuro lamentó con un grito la partida de su mejor soldado.
Sus manos se unieron a la altura de su pecho, tomó una bocanada de aire y gritó de nuevo. Abrió los brazos y los que estaban a su alrededor, fueron lanzados lejos de su alcance.
Harry sonrió.
-Parece que te has quedado solo, Tom.- La capa de invisibilidad cayó a un lado.
Se detuvo a mirar al azabache que durante tanto tiempo había intentado aniquilar y sonrió. Se llevó la varita al pecho y rió con sorna.
-¿Solo? Parece que aun no aprendes, Potter. No necesito a nadie más;- se permitió mirar a su alrededor durante un par de segundos, apunto a Harry con la varita y comenzó a dar pequeño pasos.- Mis sirvientes me son fieles, creo que con eso es más que suficiente.
El azabache negó con la cabeza.
-Tú y tu amor por la soledad sólo te llevarán al borde del precipicio.
-Viven para mí; ellos viven por mí. Sus miserables vidas no son mas que un enorme agujero negro sin el propósito que yo les he dado.
-¿Cuál es ese? ¿La muerte?- volvió a negar con la cabeza.
Caminaban en círculos, cada uno con su varita en mano, esperando al primer ataque; Harry lo veía a él, pero Voldemort miraba a la multitud: buscaba algo o alguien. Y con cada segundo que transcurría en su rostro iba apareciendo el leve atisbo de una sonrisa.
-Lo dice quien no ha hecho más que dejar morir a sus familiares y amigos para después vanagloriarse de su muerte con una victoria más;-extendió los brazos a ambos lados de su cuerpo-: ¡mira a tu alrededor, Potter! Ya no queda nada; ¡ya no queda nadie!
La mirada esmeralda del "niño que vivió" se dirigió hacia su padre.
-¡¡¿Él?!!- apunto al Potter mayor y rió.- Murió, yo lo maté; los dejaron morir y luego aprovechaste su repentina y "trágica" muerte para hacerte famoso.
-Tenía solamente un año…
-¡Los que fueran!- lo interrumpió con histeria.
-Pero no lograste tu cometido, Tom, pues, a fin de cuentas, aquí está mi padre,- Harry sonrió.
La serpiente agachó la cabeza y, con la vista en el suelo, mientras una malévola sonrisa surcaba su rostro, asintió, afirmando lo que todo mundo veía: al padre de Harry vivo. Con la vista en el suelo, Lord Voldemort notó la ausencia del miembro más importante de aquella batalla.
-¿Dejarías a tus amigos solos, Potter?
-Jamás,- declaró con seguridad.
-¿Notarias la ausencia de uno si es que llega a desaparecer?-preguntó aun con la mirada en el suelo.
-La de cada uno.
Su sonrisa se ensancho, mientras elevaba la mirada.
-Dime, entonces, ¿Cómo es que nadie había notado la ausencia de la sangre sucia Granger?
Podía escuchar su respiración; la de él y la suya misma. Lo escuchó caer desde lo alto de un árbol, escuchaba sus pesados pasos resquebrajando las pequeñas ramas que descansaban en el suelo. Le dio la espalda al tronco, se dejo caer en la tierra y cubrió su boca con ambas manos.
Lo escuchó detenerse y asomó a cabeza.
Tenía los ojos cerrados, con la cabeza elevada hacia el cielo; la buscaba; ella lo sabía. Debía encontrar la oportunidad de escapar pero, ¿Cómo?
-¿Dónde estás, pequeña gatita?- murmuró él abriendo los ojos, mientras sonreía.
Y Hermione estuvo tentada a salir de su escondite. La mirada dorada de su depredador se dirigió al tronco detrás del cual ella estaba oculta. Sonrió. Y comenzó a caminar.
La castaña se puso en cuclillas, con una piedra en las manos, esperando a que él se asomara y ella pudiera correr.
A lo lejos, una rama crujió y se escuchó el correr de alguien más. Los ojos dorados del depredador miraron una última vez el árbol, luego, siguió el ruido.
Hermione se permitió respirar y echó a correr de nuevo. A esas alturas sabía que sin su varita no podría hacer nada más que seguir corriendo; debía seguir corriendo hasta encontrar la salida. Divisó un atisbo de luz roja, las llamas de fuego ardiendo, quizá; consumiendo el castillo que poco a poco se caía en pedazos; y corrió aun más rápido.
Miró hacia atrás y lo único que vio fueron las penumbras del bosque; ninguna figura persiguiéndola; ni un solo indicio que la respiración de alguien más. Volvió la mirada al frente y sus ojos marrones apenas si alcanzaron a divisar la fornida figura que de pronto la tenia sujeta del cabello.
-Boo!- Fenrir GreyBack sonrió.
La castaña echó la cabeza hacia atrás y, con las pocas uñas que aún le quedaban, hizo el mayor daño posible al rostro del hombre lobo. GreyBack le dejó caer de lleno en el suelo y dejó salir un alarido de dolor.
Enterró las uñas en la tierra e intento ponerse de pie, pero el hombre-lobo tiró de su tobillo y la obligó a mantenerse en el suelo; enredó sus dedos en el cabello enmarañado de la castaña y tiró de él, forzandola a echar la cabeza hacia atrás.
-Te creí más inofensiva, gatita.- Dijo sobre su oído-: aun así me agradas.
Lo sentía cerca, demasiado cerca. Sobre su espalda. Con su nariz recorriendo su cuello; memorizando el olor a almendras que aun se podía percibir en su cabello.
Cerró los ojos con fuerza; asqueada por la cercanía del animal; y rogó porque el final llegara pronto.
-Hueles delicioso, me pregunto si tu sabor será igual de sabroso,- apartó el cabello de su cuello y comenzó a acercarse.
Supo que el hombre-lobo estaba dispuesto a morderla cuando sintió su aliento en su cuello. Lo que no supo, fue en qué momento había sido lanzado por los aires lejos de ella. Escuchó su espalda arremeter contra el tronco de un árbol y luego caer al suelo, gimiendo de dolor.
-¡Vámonos!- rodearon su cintura y le obligaron a seguir corriendo.
Le hicieron seguir corriendo, sin saber quién era aquel que la sujetaba con fuerza.
-Te crees mejor que yo, ¿eso es lo que insinúas?- dejó escapar una risa forzada,- yo, que hecho cosas con las que Dombludore jamás soñó.
-Pudo haber soñado con ellos, pero fue lo suficientemente listo como para no car tan bajo.- Le defendió el azabache.
-¡El era débil! No tomo nunca lo que pudo haber sido suyo, lo que ahora es mio…
-¡NO! Él era más listo que tu; mejor mago que tu, Tom, es eso lo que siempre te hiso tenerle tanto odio.
Voldemort le apuntó con su varita y negó con la cabeza frenéticamente.
-¡Yo acabe con Albus Dombludore!
En el rostro del "niño que vivió" se dibujo una sonrisa que no dejaba a entrever nada más que pura malicia.
-¿En serio crees que tu lo hiciste? Dombludore está muerto, si, pero fue él quien planeó su propia muerte y con ayuda de un servidor tuyo.
Voldemort frunció el ceño.
-Severus Snape siempre le fue fiel a Dombludore, le fue fiel desde el momento en que empezaste a perseguir a mi madre. A puesto a que nunca lo viste hacer un patronus, ¿cierto, Tom?- se detuvo a mirarlo un par de segundos.- Una cierva, su patronus era Una cierva, como el de mi madre, ¿y sabes por qué? Porque la amaba.
En su lugar, James Potter se tensó.
-Pero, ¿Cómo podías haberte dado cuenta si nunca has sabido lo que es el amor?
Voldemort estallo en gritos.
-No hables si no sabes, Potter.- Le reprimió la serpiente, con dolor reflejado en la mirada.
Y, por un momento, a Harry pareció haberle dado la impresión de que, en algún lugar, en algún momento, quizá, Voldemort había llegado a amar a alguien.
Le dolía el pecho, más de lo que podía llegar a creer, pero debía seguir. Entonces, cuando se sintió ligera, cayó en la cuenta de que ella sólo iba sujeta a aquella figura masculina que la levaba en brazos, ya no hacia ningún esfuerzo, pero… algo estaba pasando, algo malo; aquella sensación de dolor la invadió como cada una de las veces que habían llegado a destruir un horrocrux.
La sensación que la invadía cuando sentía, que un pedazo de ella se marchaba.
-¡Dumbledore pretendía impedir que consiguiera la varita de Sauco! Quería que Snape fuera el verdadero propietario de la varita, pero no lo logró, ¡yo gané!
Harry rió con ironía.
-¿Quieres saber porque la Varita de Sauco aun no te responde de la manera en que esperabas? Porque mataste a la persona equivocada. Porque Snape nunca fue el verdadero propietario de la varita,- le agradaba mirar a los ojos de la serpiente y divisar la enorme duda que en su mente comenzaba a dar frutos.- La Varita reconoció a un nuevo dueño antes de que Dumbledore muriera, ese nuevo dueño le arrebato la varita a Dumbledore de las manos; sin saber siquiera lo que acababa de hacer; sin saber de los que habría podido ser capaz si hubiera tomado la varita…
Esperaba. Voldemort esperaba a saber quién era el misterioso dueño de quien el niño que vivió" tanto hablaba. Él esperaba y Harry sonreía.
-El verdadero propietario era…
Se detuvieron. Quizá por cansancio. Quizá porque tenía un plan. O, simplemente, porque así lo había querido. Fuera cual fuera la razón, Hermione no lo juzgaba; le acababa de salvar la vida y por ello, le perdonaría lo que fuera.
-¿Dónde está?- le escuchó murmurar.
-¿Dónde está, quien?- susurró la castaña.
Las manos frías del extraño cubrieron la boca de Hermione y sus ojos marrones pudieron ver de quien se trataba.
-¿Malfoy?- alcanzó a decir y él sonrió.
-No te sorprendas, es sólo una deuda que tengo que saldar,- apartó las manos y luego se apartó él.
Vio sus ojos grises mirar a todos lados, en busca de alguien. Su cabello estaba desordenado y sucio y una enorme cortada adornaba su mejilla. Vio como, de pronto, ese aire de superioridad desparecía y dejaba paso a un sentimiento de nobleza. Quien lo hubiera visto, lo hubiera confundido con alguien más; no le hubieran reconocido como un Malfoy.
-Ya debería estar aquí, sólo debía distraerlo.- Apartó la mirada de las penumbras y miró a Hermione-: ¿Por qué siempre tienes que estarte escabullendo, eh Granger? ¿Sabes lo que tuvimos que hacer para encontrarte? Conflictiva, creo que él tenía razón después de todo.
Hermione sonrió. Luego, su mirada marrón alcanzó a divisar una figura que venía desde lo alto de un árbol, abrió los ojos desmesuradamente y apunto a espaldas del rubio platinado.
-¡Malfoy, cuidado!
-¿Qué importa si Draco Malfoy es el dueño de la varita?- Voldemort hablo en un intento por parecer calmado-: cuando te mate, acabare con él.
El azabache, con toda la osadía que había sido capaz de reunir durante 17 años, se burló de su torpea y, riendo, negó con el dedo índice.
-Demasiado tarde. Ya yo me adelanté, hace semanas lo derroté y le quite su varita a Draco. Así que, creo que, todo se reduce a esto. Somos sólo tú y yo, Tom.
Sujetó la varita de sauco en su pálida mano y sonrió con malicia.
-No, Potter; soy sólo yo.
Draco empujo a la castaña en un intento por protegerla. GreyBack se asió a su espalda con fuerza y desgarró su camisa de un arañazo. El rubio grito y luego le propinó un golpe. El hombre-lobo retrocedió sediento de más y Draco le miro, retándolo con la mirada.
Toda cobardía que el mundo le había visto demostrar fue acallada por el valor por el que tanto había pedido; por el que tanto había pedido y ahora le era otorgado gracias a la castaña.
Hermione se puso de pie con dificultad, cuando un rayo de luz dorada rozó su mejilla.
-¡Avada Kedavra!- el rayo de luz verde atravesó la estancia.
Pero el azabache logró esquivarlo. Lanzó un hechizo derribador y la serpiente logro esquivarlo.
El combate había iniciado… pero acabaría pronto.
-Salúdame a tu mami de mi parte, Potter. Pronto la verás,- Voldemort rió.
Pero Harry ni se inmuto ante su comentario, porque tenía esperanza. Sabia como todos que, al final, solo uno seguiría de pie y, al igual que cada una de las miradas que congregadas a su alrededor estaban, esperaba ver caer al Señor Tenebroso.
Y de algo estaba seguro. No tendría que esperar demasiado.
El rayo de luz dorada arremetió contra el pecho de Fenrir con fuerza, lanzándolo lejos de Draco.
-Vamos, no tardará en despertar.- Paso el brazo de la castaña detrás de su nuca y rodeo su cintura con fuerza-: si vuelves a escapar te juro que primero dejare que te den una lección…
Hermione rió.
-Pero igual volverías por mí,- lo miró agachar la cabeza, mientras sonreía y negaba con la cabeza.
Sirius la miró.
-Siempre.
-Dime, Tom, ¿sabe la Varita de Sauco que a su anterior amo lo desarmaron? Porque, si es así, yo soy el verdadero dueño de la varita.
Sintieron el suelo temblar a sus pies y el cielo tronar. Se detuvieron. Y Draco miró a Sirius.
-Vete.-Murmuró.
Hermione lo miró y luego le sonrió:- Gracias, Malfoy.
El rubio asintió y echo a correr en busca sus padres.
De repente un resplandor rojo y dorado irrumpió por el techo del Gran Comedor. La resplandeciente luz les dio en la cara a los dos a la vez, y de pronto, Voldemort se convirtió en algo menos que una llama de fuego. Deo escapar un grito de dolor y apunto a Harry con la varita.
-Avada Kedavra
-Expelliarmus
Ambos hechizos retumbaron en toda la sala como si de un cañonazo se tratase y luego colisionaron. Su mirar esmeralda vio como el hechizo lanzado por el mismo Voldemort rebotaba con el suyo; como la varita de Sauco salía despedida en los aires, atinando sólo a correr por ella; cuando sus manos se asieron con fuerza a la varita que le pertenecía, Harry vio como el cuerpo sin vida de Voldemort se desplomaba en el suelo como un pedazo insignificante de papel.
Luego, todo fue silencio.
Sus rodillas flaquearon, las piernas le fallaron y el aliento le fue arrebatado de manera repentina. Se sintió desfallecer y se dejo caer en el frio pasto. Sus ojos se cerraron y el único sonido que fue capaz de escuchar, fue la voz de Sirius, gritando su nombre. Lo vio todo como si hubiera estado presente: la luz roja y dorada emergiendo del techo, a Harry luchar… y a Voldemort fallecer; vio como la luz se extinguía de sus ojos, como se volvían negros, sin color, sin vida. Vio al Señor Tenebroso fallecer y al resto de su ejército desaparecer.
El aire le fue devuelto; sus pulmones se llenaron de aire y pudo abrir los ojos una vez más.
-¡Hermione!- Sirius acaricio sus mejillas y la miro desconcertado-: ¿Qué sucedió?
Recobró el aliento y luego murmuró:- Acabó, ya todo acabó.
-Así es, preciosa: ya todo acabó.- Declaró el con una sonrisa, antes de unir sus labios.
•••
Escuchaba las risas de aquellos que celebraban la victoria del "niño que vivió" sobre el Señor Tenebroso. Escuchaba las risas de sus amigos, de aquellos que en tan poco tiempo se habían convertido en su familia. Las risas de aquellos a los que, quizá, no vería de nuevo.
Ocultaba su rostro bajo una capucha negra; se ocultaba de aquellos que, durante días, se preguntarían que habría sucedido con ella.
Era libre. Lo único que la ataba a aquel lugar de Londres Mágico acababa de desparecer y ahora ella era libre para irse.
Hizo a un lado un pedazo de roca enorme; aparto un par de rocas y sonrió.
Se puso en cuclillas y se permitió acercarse a él lo más que pudo; sintió su piel pálida y fría y ningún remordimiento le inundo el corazón. Lo vio ahí, recostado en el suelo, sin vida, sin un corazón latiente bajo su pecho y no le importó en lo absoluto. Porque a él no le había remordido la conciencia el haberla visto a los ojos y deleitarse con su miedo, porque no le había dolido cuando la habían apartado de su lado; porque para él, nunca hubo nadie más que el mismo.
-¿Hermione?- Sirius besó su mejilla, sobresaltándola.- Lamento si te asuste.
Hermione negó con la cabeza.
Miró al rostro blanquecino del cuerpo sin vida que descansaba en el suelo y Sirius retrocedió, sabiendo que necesitaba su espacio.
-¿Lista?- el oji-gris le tendió la mano.
Sus ojos marones miraron una última vez al Oscuro y, con cuidado, deslizo sus delgados dedos por los parpados de Voldemort y se permitió acercarse a su oído.
-Que descanses… padre.
Susurró sonriente… antes de tomar la mano del oji-gris y subir a la escoba que no les permitiría volver nunca más.
••••••
No me queda más que agradecerles a todos aquellos que siguieron esta historia, a los que me obsequiaron un poquito de su tiempo y se dieron a la tarea de dejar comentarios; a los que me agregaron a sus favoritos:
Espero les haya gustado el final porque, a fin de cuentes, esta historia es para ustedes.
Mis mas sinceros agradecimientos: Ale_Mafoy Granger