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Mira el pasado y verás el presente — capítulo 24

Aclaraciones: Ni Harry Potter, ni los demás personajes, ni los espacios me pertenecen, sino que son propiedad de J.K. Rowling.

"El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país."

Arthur Miller

"El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro."

Aristóteles

Sé que este capítulo es un poco más corto de lo normal, pero me pareció un buen punto donde dejar las cosas de momento. En el próximo capítulo más.

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A pesar de que Draco le había dicho que no se preocupara por la muerte de Cygnuss Rosier Hermione no había podido pegar ojo. Era cierto que estuvo llorando un buen rato porque en el fondo se sentía muy culpable por su muerte. Pero lo que más miedo le daba era no volver a casa, no porque no estuviese a gusto en esa época sino porque no quería que hubiese más desajustes en el en el tiempo. Era la primera vez que tenía tanto miedo, no por ella sino por el mal que pudiese causar.

Draco tampoco había pasado buena noche. No por su conciencia sino por ella. La había abrazado y dicho palabras de consolación hasta que paró de llorar. No había sentido ni una pizca de remordimiento por la muerte de Cygnus Rosier, pero si le preocupaba el que no volviesen a su tiempo. Estuvo un largo rato pensando en que hacer para volver y pudo descansar hasta que se le ocurrió algo.

A Regulus le costó conciliar el sueño, pero tampoco se martirizó por la muerte de Cygnus. Buscaba un castigo para él, aunque jamás buscó su muerte. Ahora había otra cosa que ocupaba sus pensamientos, qué había usado el Señor Oscuro para su inmortalidad.

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Al despertarse Draco notó que Hermione estaba despierta.

-¿Has dormido algo?- le preguntó el chico al oído.

Hermione dio un pequeño saltito por el susto.

-No, estoy preocupada.

-Tengo una idea para que volvamos. Vístete.

Media hora más tarde se encontraban dentro de la Sala de los Menesteres. Draco sacó la cajita de música de la manta donde la tenía guardada, sin tocarla. Ambos se colocaron como cuando viajaron en el tiempo. Draco la cogió y leyó.

-Para siempre.

No pasó nada.

-Dilo en latín- le sugirió Hermione.

-Simul aeternum.

Hermione y Draco se miraron. Él se acercó y la abrazó.

-¿Se te ocurre algo?- le susurró al oído el chico.

-Creo que sí. Yo si me muriese querría que mis asuntos quedasen en paz.

-Vamos a hablar con el viejo- sugirió Draco.

Ambos se encaminaron al despacho del director. Hermione todavía seguía nerviosa. Cuando llegaron, la gárgola se abrió dejándoles paso. Subieron y se encontraron con el profesor sentado en su silla.

-Me alegra ver que salió todo bien. Sentaos y contadme en qué os puedo ayudar.

-Profesor, no podemos volver a nuestro tiempo. Hemos recreado la situación y no hemos regresado a nuestro tiempo.

-Señorita, ¿por qué cree que no pasa nada?- le preguntó el profesor mirándola fijamente a través de sus gafas.

-Porque Cassiopeia todavía tiene algo pendiente que resolver.

-¿Y cree que puede ser?- le ayudó el profesor a expresar su idea.

-Que Walburga necesita saber que ocurrió ya que al fin y al cabo eran sus hermanos.

-¿Podemos usar la red flu?- le preguntó directamente Draco ya cansado.

-Claro- le dijo el profesor con una sonrisa.

-Vamos Granger- le dijo Draco al verla sentada.

-Grimmauld Place número 12-gritó Draco cuando estuvieron los dos en la chimenea.

Cuando aparecieron en la casa de los Black, Kreacher apareció ante ellos. Al verlos hizo una gran reverencia.

-Bien venidos, ahora aviso a la ama.

Unos minutos más tarde apareció Walburga.

-Cassiopeia-dijo mientras la abrazaba- me alegro de veros. Pero, ¿qué pasó?

-Walburga, es mejor que te sientes.

La señora Black le hizo caso y Hermione se sentó a su lado. Draco, se disculpó y salió a la calle. Era algo que debían hablar ellas solas, en ese salón se sentía como un extraño. Si había ido era para darle su apoyo a Hermione.

Hermione la cogió de la mano y comenzó a contarle que Cassiopeia y Abraxas estaban enamorados. Pero ella estaba comprometida con Prewett y Abraxas estaba casado por lo que pensaban fugarse juntos. Cygnus al enterarse la mató.

Vio como esa gran mujer comenzó a deshacerse en lágrimas y no se atrevió a contarle todo lo que le había hecho su hermano. Sabía que sería muy duro, no solo por eso sino porque la pondría en peligro.

Como supuestamente no sabía de la muerte de Cynus no se lo dijo. Pensó que eran demasiadas emociones juntas como para hacerla sufrir más. Le había roto todas esperanzas que tenía de ver a su hermana de nuevo. Aunque sabía que Walburga o mejor dicho, su cuadro le diría cosas terribles no podía sentir nada más por ella que pena y dolor.

Después de unos minutos, Walburga se puso de pie y se dirigió a la chimenea.

-Casa de los Rosier- dicho eso, desapareció.

-Malfoy- llamó Hermione gritando.

En cuanto apareció, lo agarró de la mano y lo llevó a la chimenea.

-Casa de los Rosier.

Hermione reconoció el salón, pero Walburga no estaba. Salieron hacia la entrada y escucharon unos gritos.

-No te lo voy a volver a preguntar, ¿dónde está Cygnus?-le preguntó a gritos Walburga.

-No lo sé, ayer no regresó a casa. ¿Cómo quieres que te lo diga si no lo sé?

-Ama, puede que Sachy lo sepa. Hoy ha llegado una carta.

Druella le arrebató de las manos la carta y la leyó. Tan pronto como lo hizo cayó de rodillas llorando.

-¿Qué has hecho?- le preguntó llorando Druella.

-¿De qué hablas?

-Walburga no te hagas la tonta. Explícame porqué mi marido está muerto.

-Granger, vámonos-le dijo Draco.

Ambos regresaron a Hogwarts.

-¿Qué más tienen que resolver?-preguntó el profesor Dumbledore.

-No lo sé- dijo Hermione.

-Ya que han perdido la mañana de clases no creo que pase nada porque se tomen la tarde libre para pensar en ello. Estaré aquí hasta que lo resuelvan.

Draco y Hermione regresaron a su habitación. Estuvieron un rato compartiendo ideas.

-Y si lo que nos falló de la reconstrucción es que no era la hora correcta. Es decir, cuando viajamos al pasado era de noche.

-Hermione, no creo que hubiese sido por eso sino porque aún queda algo por hacer.

-¿A qué te refieres?

-A Abraxas.

-Ya había pensado en él, pero ahora que está muerto- le comentó Hermione con tristeza- no puede saber lo que le sucedió a Cassiopeia.

-Mi abuelo está enterrado al lado de mi abuela. Creo que Cassiopeia se merece descansar a su lado.

-¿Lo dices de verdad?- Draco asintió- pensé que te resultaría molesto.

-No, tanto mi abuela como Cassiopeia fueron las mujeres de su vida. No veo razón ninguna por lo que me debiese molestar.

Hermione le dio un abrazo, él se dejó querer. Después de unos segundos se separaron. Cogieron la caja y volvieron al despacho de Dumbledore.

-Ya saben dónde está la chimenea- les dijo el director-espero no verles más.

-Gracias.

Hermione agradecía que les dejase usar su chimenea, de otra manera tendrían que responder un montón de preguntas, sobretodo del Ministerio.

Llegaron a través de la chimenea de los Malfoy. Tan pronto llegaron, un elfo se presentó ante ellos. Este les hizo una reverencia. Hermione lo reconoció, era Dobby.

-Avisa a Narcisa- dijo Draco antes de que e elfo acabase de hacer una reverencia.

-En seguida- con un plof desapareció.

Narcisa pronto apareció.

-Scorpius, Cássidi, ¿qué ha pasado?-preguntó preocupada.

-Hemos descubierto lo que le ha pasado a la verdadera Cassiopeia Black- dijo Hermione.

-Intuyo que no es nada bueno-dijo Narcisa.

Draco le resumió un poco las cosas. Le contó que Cygnus se encargó de su hermana, pero no le dijo como lo hizo.

-Que historia tan romántica. Aunque muy trágica- se lamentó Narcisa.

-¿Podemos dejar una cajita de Cassiopia en la tumba de Abraxas?- le preguntó Draco.

-Claro- dijo la rubia- iré a hacer té mientras la dejáis. Tomaos el tiempo que necesitéis.

Hermione y Draco se dirigieron al jardín de la parte de atrás. Allí había un pequeño cementerio, con varias tumbas. Todos los Malfoy estaban ahí enterrados. La tumba de Abraxas tenía flores recién cortadas. Draco dejó la cajita de música sobre la lápida de su abuelo. Al ver que no pasaba nada, Draco hizo un pequeño hechizo. La madera de la caja ocupó las letras de la lápida de Abraxas. Al menos estarían enterrados juntos.

Ante su sorpresa, Cassiopeia salió de su cajita de música que ahora formaba parte de la tumba de Abraxas. Su piel seguía igual de blanca, llevaba su gran melena negra suelta y llevaba un vestido blanco largo, pero a pesar de su aspecto fantasmal ambos sabían que no lo era. Era lo que quedaba de su alma, a pesar de todo el dolor que debió de pasar irradiaba una gran paz.

"Abraxas, te he echado tanto de menos. No sabes lo duro que ha sido para mí ver como el mundo seguía girando. Me dolió ver que solo mi hermana y tú me llevabais en cada momento en vuestro corazón. Pero más me dolió ver tu sufrimiento y pesar por mi desaparición. Te amo y siempre lo he hecho. Ahora por fin podremos estar juntos. Mi alma por fin podrá descansar. Espérame un poco más."

Cassiopeia se giró hacia ellos y les sonrió, estaba muy agradecida. Por fin podría descansar en paz.

-Lamento haberos metido en este problema, pero no tenía más opciones. Mi alma se estaba extinguiendo, ya no me quedaban más opciones.

-Pero, ¿por qué nosotros?- preguntó Hermione.

-Tú tienes un gran corazón y tú- le dijo a Draco- tienes un gran sentido del orgullo por tu familia y apellido. Jamás la dejarías poner en ridículo a tu familia.

Hermione miró divertida hacia él. Draco no sabía muy bien si lo que le había dicho era para tomárselo a bien o mal.

-Os devolveré a vuestra época, pero como compensación os devolveré dos semanas antes de que viajaseis en el tiempo. Pero saber que vuestro amor no está relacionado con el que tuvimos Abraxas y yo. Las acciones que hicisteis fueron por decisión vuestra. Para que veáis la diferencia entre vosotros y nosotros os enseñaré nuestro romance.

Tenía quince años cuando me empecé a fijar en él. Abraxas tenía diecinueve años, era alto, guapo, encantador y tenía un aire rebelde con ese pelo largo y esa cazadora de piel de dragón. Yo en cambio era bajita, delgaducha y poco llamativa. Ante sus ojos era una niña.

El verano siguiente, se comprometió con una mujer espectacular. Rubia, alta, con curvas y muy inteligente. Era la mujer perfecta. El día de su boda, fue la primera conversación que tuvimos. Hablamos de tantas cosas, de los lugares que nos gustarían visitar, de comida, de animales…

Al siguiente verano, con diecisiete años y con un cuerpo y altura más de mujer me aventuré a volver a hablar con él. Esta vez tenía más confianza en mí misma. Este año comencé a asistir a fiestas y por tanto a arreglarme y llevar vestidos preciosos. Por consiguiente, muchos chicos comenzaron a fijarse en mí. En una fiesta uno de ellos intentó propasare conmigo y Abraxas me defendió. A partir de ahí comenzó a estrecharse nuestra relación y él pasó a ser más celoso con lo de compartirme con los demás. Cuando íbamos a alguna fiesta, solíamos escabullirnos. Un día me confesó que las cosas con su mujer no iban tan bien como debería. Ella se pasaba el día con sus amigas o de compras, no compartían nada.

En el verano de mis dieciocho años, mis padres me comenzaron a hablar de matrimonio. Pero yo les convencí de que era mejor esperar un poco y lo conseguí. Ese año se dedicarían a buscarme un buen prometido. Pero yo lo único que quería era estar con Abraxas, aunque solo fuese como amigos. Sabía que si me casaba perdería mi libertad para verle.

Dos meses más tarde mis padres hicieron público mi compromiso. Hasta la fiesta que dieron en mi honor y el de Prewett, Abraxas no se enteró. Cuando lo hizo, me miró con un gran dolor. Estuvimos sin vernos ni hablarnos hasta Navidad donde me propuso fugarnos juntos. Tenía que darle una respuesta a las doce de la noche. Iba a fugarme con él, aunque nunca pude decírselo. Tenía todo listo, pero no podía hacerlo sin despedirme de mi ahijado y eso fue lo último que hice. El resto ya lo sabéis.

De repente una luz los cegó. Cuando desapareció estaban en la sala de los menesteres, ambos se sentían como si les hubiesen dado una paliza. Draco la ayudó a levantarse.

-Granger, siempre me ha gustado ese nido de cigüeñas que tienes por pelo.

-Y a mí, Malfoy siempre me ha gustado ese peinado que parecía como si una vaca te hubiese pasado la lengua por la cabeza.

El chico la agarró por la cintura y la atrajo hacia sí. Le dio un beso corto y la abrazó con fuerza. Hermione le correspondió.

-Granger, te acompañaré a tu habitación.

Hermione se rió.

-Dirás a mi casa.

-Una pena que no pueda dormir contigo.

Al llegar, se despidieron con un largo beso. Draco antes de irse, le dijo al oído:

-Que sepas que como la comadreja le ponga un dedo encima a mi novia, se lo corto.

-Lo mismo para Parkison.

-Descansa.

Se sentía rara al ver su sala común. Le parecía como si hubiese pasado toda una vida. Había cambiado y a pesar de querer a sus amigos, a Gryffindor, sus ideales, sentía que esa casa ya no la representaba como antes. Había visto algo que antes ignoraba. Draco había tenido razón, se sentía superior a los Slytherin por ser Gryffindor. Pero había comprobado que jamás hubiesen podido vencer la guerra sin esos héroes que dieron su vida y más por ayudar.

Aunque Draco le pidió que descansara, no lo pudo hacer. No podía evitar pensar en todas esas personas que habían dejado atrás. Sirius, Regulus, Walburga, Narcisa, James, Lily… Sin poder evitarlo se echó a llorar.

Draco por su parte, descansó como no hacía tiempo. Sabía que mañana tendría que escribirles una carta a sus padres. Cassiopeia le dio dos semanas de tiempo y él iba aprovechar ese tiempo para hacer las cosas diferentes.

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Después de que Hermione y Draco dejaran ese tiempo, las cosas siguieron su curso. La gente los echó en falta pero después de un tiempo nadie se molestó en buscarles, ni siquiera el Ministerio.

Walburga no se pudo recuperar después de haberse enterado de la muerte de sus hermanos y la desaparición de Hermione. A pesar de que su marido y su hijo la apoyaron no se recuperó, pero consiguió seguir con su vida. A pesar de desterrar a Sirius, le seguía queriendo. Cuando se enteró de su entrada en Azkaban comenzó a alejarse de la realidad, a maldecir a los muggles y a relacionarse solo con su elfo. Debido a ello apenas notó que un día su marido y su hijo no volvieron a casa. Se acostumbró a la soledad y a su elfo, hasta que se dejó morir de pena.

Narcisa le contó a Lucius todo lo ocurrido con Cassiopeia. Narcisa esperaba que reaccionase y dejase a un lado la venganza que tenía pensada para los muggles, pero eso solo hizo tenerles más odio. Se centró en sus planes para acabar con los muggles y con sus éxitos se acercó cada vez más a Voldemort y se alejó de Narcisa.

Narcisa seguía teniendo el amor de su marido, pero su relación se volvió más fría. Cuando su marido se torno más arisco y comenzó a buscar cariño fuera, pero Bellatrix se casó y solo se dedicaba al Señor Oscuro y lo que quedaba de la familia Black tenía sus propios problemas como para prestarle atención. Al verse ignorada se volvió un poco más fría y redujo su agenda, se centró en su marido y posteriormente en su hijo, quién le devolvería parte de su chispa y alegría.

Regulus se volvió alguien importante dentro del grupo de los mortífagos, gracias a ello consiguió descubrir el secreto de la inmortalidad de Voldemort. Con el conocimiento de lo que era un horrocruxe dedicó todas sus fuerzas a encontrarlo. El problema fue que pensó que solo había uno, lo descubrió. Con ayuda de Kreacher lo consiguió, se lo dio para destruir. Voldemort se enteró de que Regulus y Orion habían descubierto su mayor secreto y los mató ya que no podía arriesgarse a que repitiese lo mismo que con Cygnus.

Sirius, Remus, Peter, James y Lily fueron muy felices un tiempo. Con el nacimiento de Harry, Peter no se pudo resistir al Señor Tenebroso y arrastró con él a James, Lily que murieron y posteriormente a Sirius que acabó en Azkaban. Remus sufrió mucho, por el desprecio que sintió por ser un hombre lobo y por sufrir la muerte de tres de sus amigos por culpa del cuarto. Pero lo que más deterioro le causó fue la culpa, se echó la culpa de no haberlo visto, por no poder haberlo podido evitar.

Para el resto de las personas se avecinó una época oscura, donde muchos sufrieron y muy pocos fueron dichosos. Hubo dos bandos, el de los que se querían imponer y el de los que querían continuar con sus vidas como siempre habían hecho. Si no fuera por cierto niño el mundo hubiera seguido sumido en una gran oscuridad. Cuando se volvió a ver la luz, muchos fueron juzgados, muchos lo perdieron todo y aunque la mayoría volvía a sonreír nada volvería ser igual. Por ello muchos prefirieron aceptar que el odio y el dolor habían desaparecido con Voldemort, pero lo que no sabían era que él no había desaparecido del todo.

Como ya había sucedido antes, la historia volvió a repetirse. Se ignoró la realidad porque era más fácil. Nadie quería perder su cómoda vida para volver a enfrentarse al mal que ya habían sufrido. La primera vez ignoraron un gran mago con un gran poder y un gran carisma. La segunda vez ignoraron a uno de los magos más poderosos de la época y de sus adeptos. Su furia era más grande y sus planes más meditados. Si no hubiese sido otra vez por ese joven mago, la luz no volvería a aparecer. Gracias a él y a sus amigos se restauró la calma.

Puede que la sombra de Voldemort desaparezca para siempre pero otros volverán e intentaran seguir sus pasos. Puede que sus motivaciones, sus métodos, sus orígenes sean diferentes pero siempre habrá alguien que crea que sus creencias o pensamientos son mejores que los demás e intente dominar. Para evitar que eso repita, se necesita de un pueblo con una gran cultura. Si se enseña que todos que la tolerancia y el respeto hacia los demás es lo fundamental, puede que esa vez si funcione.

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