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Historia 7942 — capítulo 1

Rosas negras

Declaimer: los personajes no son míos, solo la trama y cualquiera de los personajes que no aparezcan en el libro, pero que se encuentren en la historia.

CAPÍTULO 1.- Dolor.......

Era un día frío, primera nevada, todas las ventanas de la brillante mansión se encontraban heladas y cubriéndose poco a poco de nieve, el tiempo era bastante deprimente, solamente los lejanos pasos de una persona se escuchaban en la inmensa casa.

Las paredes eran de un color verde oscuro, con diferentes retratos de gente, se podría adivinar, eran parientes de las personas que vivían en la mansión, todos con su porte orgulloso, su cabello rubio platino y su nariz y cara puntiaguda, algunos mujeres, otros hombres, todos con el mismo emblema en la gran túnica con la que posaron para el pintor que realizó ese retrato, la gran serpiente en medio de un pequeño escudo bordado en la prenda, toda la descendencia Malfoy, todos y cada uno, Slytherin. Casa con muy mala fama en Hogwarts,

El emblema de la casa de Slytherin decoraba en su mayoría la lujosa mansión, símbolo de astucia y ambición, algo que caracterizaba bastante a los Malfoy. Todos debían de cumplir ciertos mandatos a cierta edad, entre los cuales se encontraba, ponerse la marca tenebrosa y casarse, desde el momento en el que un Malfoy nacía, el padre buscaba a otra persona de su edad, sangre limpia, que fuera su pareja cuando cumplieran la edad necesaria. Así era como habían terminado Narcisa y Lucius, en realidad se aborrecían, pero tenían que seguir juntos, pues sus costumbres no permitían el divorcio (no se si en el mundo mágico exista eso).

Había alrededor de 345 habitaciones en la inmensa residencia, todas extremadamente lujosas, algunas que ni si quiera Lucius había llegado a tocar, talvez demasiado escondidas o demasiado lejos como para intentar buscarlas sin miedo a morir de inanición.

La mayoría de las puertas se abrían con una palabra y con un movimiento de varita, algo sencillo para dos de los tres habitantes, pues uno todavía no podía utilizar magia.

Lucius Malfoy se guardaba muy bien para si mismo los más oscuros y horrendos secretos de la familia, se ahorraba para si las más temibles pociones y los dolorosos hechizos. Lucius Malfoy poseía un gran libro de tapas negras de cuero, con un gran emblema de la serpiente hecho con plata en la portada, estaba escrito con Runas antiguas, por lo tanto solo el podía leerlo. Todas las noches se adentraba e su despacho y se enfrascaba en el inmenso volumen, durante horas y horas, solamente el crujido de las hojas era lo que quitaba la paz al lugar.

Lucius y Narcisa tuvieron un hijo, que fue comprometido desde el momento en que nació con Pansy Parkinson. Este hijo se llamaba Draco Malfoy, este chico de exactamente los mismos rasgos que sus parientes, tenía algo diferente, algo que ocultaba con una fría mascara de repugnancia y odio hacia medio mundo menos hacia el mismo, tenía un poco de razonamiento lógico, un poco de un sentimiento que lo hacía irse siempre a la contraría de sus padres.

Exactamente hoy cumplía sus diecisiete años, debería de sentirse feliz, pero desde hace tres años, su cumpleaños no era más que otro día marcado en el calendario, 24 horas, 1140 minutos y 68400 segundos. Ni más ni menos.

Hace mucho que no sentía felicidad verdadera y eso era conocido por todo el castillo, en especial la elfina Snibly.

Snibly lo había cuidado desde que nació, era en realidad uno de los pocos seres que se alegraba de verlo, uno de las pocas almas que en realidad sentía aprecio por el. Era quien guardaba sus secretos en las noches pesadas en las cuales crees que el mundo se viene abajo, que no te comprende, y que necesitas liberar todo lo que te atormenta en ese momento. Bueno, pues Snibly siempre había estado ahí para el. Todavía jugaba con ella a las escondidas cuando la inmensa mansión Malfoy se veía desproveída de sus dos dueños, Narcisa y Lucius, le gustaba a veces comportarse como un niño, sintiendo la felicidad que no había sentido cuando de verdad era un niño, cuando era atormentado con clases de Francés, Español y Alemán, de modales, de piano y de violín.

Ya era de noche y la oscuridad cubría por completo el inmenso cielo, la luna en todo su esplendor, tenía un aura hermosa alrededor.

Un muchacho joven de unos diecisiete años se encontraba sentado en el pasto de su lujoso jardín, su delgado y muy delineado contorno se encontraban exactamente rectos, miraba al frente, con la vista perdida.

  • Es momento de aceptar lo inevitable.- se dijo con un débil susurro.

Se escucharon unos débiles y livianos pasos atrás de el, dio la vuelta y se encontró con su mejor amiga, una elfina, sirvienta de los Malfoy.

  • Amo Malfoy, entre a la casa, sus padres regresaran dentro de cualquier momento y si lo ven aquí.......- la elfina hizo una débil pausa, como no teniendo el valor de pronunciar lo que seguía.

  • Ya lo se, Snibly.-

La pequeña Elfina se alejó del lugar, moviendo sus manitas para recuperar un poco de calor en ellas, se estaba haciendo de noche y el frío era infernal.

El rubio se quedo sentado ahí un momento antes de sacar lo que parecía ser un libro de tapas negras con un “D” grabada en manuscrita y de plata. Draco abrió el libro lentamente, la primera hoja era ocupada por un dibujo, no sabía exactamente cuando había hecho ese dibujo, pero lentamente se iba convenciendo, observó el dibujo durante algunos momentos, pasando lentamente los dedos por la imagen. Hizo aparecer un tintero y una pluma bastante elegante y comenzó a escribir.

Su letra era una manuscrita completamente perfecta, se podría decir que ni siquiera una maquina lo habría hecho mejor (lastima por mi compu ^_^), gracias a clases que en su momento se le hicieron tediosas.

Hoy ha vuelto a suceder, vuelvo a pensar en el y me mortifico con el hecho de que dentro de poco no seré más que un juguete para una bruja caprichosa y mimada, hija de papi.

Noche tras noche me imagino su dulce piel, mientras mis labios la recorren. Tengo que sacar esos pensamientos de mi mente, no puedo seguir mortificándome con esto. Pero tengo que admitirlo, soy un masoquista, me encanta torturarme, sentir el dolor recorriendo por mis venas, saber y sentirme mal por tener presente que no soy más que un tipo debil, de gustos torcidos y vergonzosos.

Y con un fuerte suspiro, cerró el libro, lo guardó entre sus oscuras ropas e hizo su camino hacia la mansión Malfoy.

Bajó la mirada, siendo consiente del suave pasto debajo de sus pies, había bajado la mirada, un signo de debilidad que su padre siempre le había obligado a ocultar, pero ¿Qué era exactamente la debilidad?

Escuchó de nuevo esos pasos livianos y levantó la mirada. Snibly agitaba los brazos con desesperación, eso no estaba bien. Corrió lo más que pudo, pero fue demasiado tarde.

La imponente sombra de Lucius Malfoy, quien incluso con sus pasos podía intimidar. Había tomado a Snibly del cuello, levantándola por lo menos un metro, la pobre elfina que le tenía un miedo tremendo a las alturas, lloro amargamente, intentando liberarse de las manos de su amo, quien la estaba asfixiando.

  • ¡Déjala, ella no ha hecho nada!- gritó Draco desde el jardín que se estaba quedando a oscuras. Corrió más aprisa, sabía que pasaría si no llegaba a tiempo.

Y PAZ, sucedió todo en una ráfaga de viento, Lucius había lanzado a la elfina a una mesa cercana, haciendo que la cabeza de Snibly diera contra una esquina y que al caer al suelo un fuerte charco de sangre se formara a su alrededor, chillaba y gritaba, estaba agonizando. Sus Grandes ojos castaños, profundos y alegres, ahora no eran más que una cortina de agua, donde hasta sus pensamientos eran vistos, con esa alegría de todos los días que se comenzaba a apagar. Draco se acercó lo más rápido que pudo, se hincó a un lado de ella y la observó ahí, sacando sangre de su diminuta boca, manchado su limpio estuche de almohada. Draco la tomó entre sus brazos.

  • A-m-m-mo.......M-ma-ma-malfoy, so-so-l-lo ima-imagi-imagine q-ue e-es ot- tro ju-jue-juego d-de l-las es-es-esc-escondi-didas.- Snibly se trababa continuamente a causa de la sangre que brotaba por su boca.- so-so-lo qu-que y-y-a n-o po-pod-ra en-enc-on-trarme, Sin-snib-ly l-l-o quie-quie-re, Se-Se-ñ-or.

Y murió.......... Draco levantó lentamente y con mucho cuidado el cuerpo de Snibly, poniéndola a la altura de su pecho, cerró cuidadosamente sus ojos, ojos antes bastante alegres.

  • ¡DEJA ESO!- le gritó Lucius, enfurecido, de un fuerte manotazo retiró el cuerpo sin vida de Snibly y dejo que cayera algunos metros más haya. – No tomes la inmundicia con las manos.- hizo un movimiento desdeñoso y mando a otros elfos que levantaran el cuerpo y lo quemaran.

Draco no mostraría nunca que tenía sentimientos, jamás demostraría que algo le importaba, que el cuerpo de su mejor amiga le estaba taladrando el cerebro con cada recuerdo, jamás demostraría debilidad ante alguien como su padre. Murmuró un débil “si, padre” y subió a su habitación como una exhalación.

Era una habitación grande, fría y de color verde oscuro, la soledad se podía respirar con dificultad en el gran cuarto, solamente los pasos de un muchacho de piel pálida se oían, haciendo un eco bastante grande, el aire frío congelaba los pulmones, la exhalación se hacia un vapor claramente visible al salir de la boca de quien la pronunciaba, era un cuarto extremadamente triste, lleno de soledad, hasta el más mínimo rincón, lleno de odio, lleno de..... Clemencia, lleno de una desesperación de la cual un Malfoy debía de sentirse avergonzado de tener.

Draco cruzó rápidamente la habitación hasta donde estaba la puerta del baño, donde se adentro, era un baño espacioso, de mármol blanco de la india, una gran araña decoraba el techo, alumbrándolo todo con sus múltiples velas, una toalla blanca de algodón se encontraba en un gancho cerca de un jacuzzi lo suficientemente grande como Hagrid, todo ahí tenía lujo, el lujo por el cual muchos matarían, Draco también mataría, pero para no tener todo eso, le asqueaba ver como todos los días sus pupilas eran llenadas con estravagancias nada tenía esencia, nada tenía un calor especial que lo diferenciara de los demás hogares, todo era solamente un frío invernal fuera cual fuera la estación, primavera, verano, e incluso otoño. Le dolía admitirlo, incluso le avergonzaba admitirlo, pero viviría como un pobre con tal de encontrar el calor de un hogar, esa tibieza, que solo podría tener un hogar donde todos los miembros se quisiesen.

Lleno el jacuzzi de agua fría, se despojó de toda su ropa, la piel liza de Malfoy era pálida como su rostro, sus piernas eran extremadamente bien marcadas, era un muchacho bastante delgado, con músculos en los lugares donde debía de tenerlos para no parecer un imbécil fortachón, su rubio cabello ahora caía dócilmente alrededor de su cara, sus hombros se aflojaban sin ningún tipo de descaro, lentamente, con toda la fineza que una persona como Draco podía otorgar, tenía unas caderas completamente perfectas, curvas donde debía de tenerlas, sin llegar a parecer femenino, solamente un hombre, un hombre completamente deseable, un hombre que amaba a otro hombre.

Y volvió ese recuerdo.

La fina y pálida cara de Draco se elevó algunos momentos, cerró sus ojos completamente y abrió levemente la boca, dejando que todo su cuerpo se ocupara en seguir recibiendo esa tibieza del dolor, de la angustia, le encantaba esa sensación, era el dolor el que calentaba su sangre, haciéndole olvidar durante algunos momentos el frío que hacía en la mansión, hervía cada una de sus células, y desconectaba cada uno de sus sentidos, haciéndole sentir una liberación que pocas veces había sentido. Se abrazó a si mismo, deseando con todo su ser que el dolor se quedara para siempre y que lo aliviara de pensar en todo momento.

Se adentro en el agua, con unos movimientos casi felinos, y de nuevo el dolor, esa era su droga, su vicio del cual no podía liberarse y no quería liberarse.

Introdujo su cabeza a la fría manta de agua, rompió esa barrera momentos después y se recargo en una de las paredes del jacuzzi.

Nadie en este mundo puede vivir sin sentimientos, todos debemos de odiar, de amar, de sentir felicidad, sentir rencor, envidia, enojo, de sentirse amado, todos somos seres humanos aunque demostremos a veces lo contrario, todos tenemos dentro de nuestro ser algo por lo que seguimos, si nadie tuviera algo a que aferrarse, algo como un sueño que cumplir, alguna cosa que alguno quisiera ver, habría suicidios por todos lados, se convertiría en algo tan normal como recoger la basura o levantarse en la mañana. Pero no, casi nunca es así, todos se aferran a ese sueño por que saben que un mañana existirá, que siempre habrá una segunda oportunidad hasta en el último segundo de tu vida. Ese sueño se llama amor. Nunca jamás hagas nada por compromiso, sino por amor. ¿Cuántos niños no llenan a sus padres con trofeos en el regazo solo por que los aman? ¿Cuántas madres no dan su vida por sus hijos por que los aman? Si, realmente el amor era la esperanza.

Y esa esperanza estaba muy latiente en el corazón del joven Draco.

Su sueño se encontraba ahora lejos de él, tal vez con algunos muggles, no podía soportar la idea de que su hermosos cabello negro azabache fuera visto por esas gentes como si fuera la más horrible marca de nacimiento, no podía soportar que en ese momento su cuerpo, su dulce, suave y moreno cuerpo fuera oculto a la mirada de otros muggles solo por considerarlo diferente. ¿Él estaría ahora sufriendo?

Le encantaba sentir el dolor, pero solamente en el, nunca en alguien más, eso le partía el alma y dejaba a flote todo lo humano que tuviera dentro.

No podía asimilar muy bien los hechos que en ese poco tiempo se había hecho presentes. Su mejor amiga y confidente había muerto a manos de su propio padre, su honor, su orgullo y todo lo que los Malfoy defendían se había venido abajo en tan solo un segundo. Y sobre todo, había sentido algo dentro de si que no le gustaba para nada: se estaba preocupando por un ser, una persona que seguramente lo consideraba un enemigo que en cualquier momentos se uniría a las líneas de El-que-no-debe-ser-nombrado, pero el nunca se convertiría en un mortífago, en un perro guardián de un mago con complejo de homicida hacia el niño que vivió, con ganas de gobernar el mundo, tanto mágico como Muggle.

Pero......el......el se estaba preocupando por alguien, y ese alguien le gustaba, y mucho, es más, podría decirse que lo amaba, lo amaba con toda el alma y ese alguien se llamaba.........

Harry Potter

El niño que vivió

Y que le robó el corazón a Draco Malfoy.

Comenzó a llorar, llorar inexplicablemente, llorar como nunca en sus diecisiete años de vida había llorado, sintiendo las frías lágrimas recorriendo sus mejillas lentamente, trazando un pequeño río en su cara, por donde otras lagrimas encontrarían el camino hacía sus labios, para después caer al agua fría del jacuzzi, haciendo pequeñas ondas, diminutas, pero visibles. Se abrazó de nuevo a si mismo, dejando que su cabeza se ladeara hacia la derecha, algunos mechones rubios cayeron en su frente con este gesto, impidiéndole ver. Frente al jacuzzi había un inmenso espejo de cuerpo completo, con el marco de caoba, pegado fuertemente en la pared.

El Slytherin miró su reflejo en ese espejo. Cuantas veces se había divertido con Snibly haciendo muecas graciosas en ese espejo y aunque Narcisa y Lucius los descubrían y la reprimenda era muy grande, ellos seguían jugando.

Giró la cabeza rápidamente, avergonzado y enojado consigo mismo, descubrirse en ese estado. Ya no era ni la mitad de lo que en ese entonces era. Estaba realmente enojado consigo mismo, no pudo hacer nada contra la muerte de su mejor amiga, no pudo hacer absolutamente nada, en ese momento se había sentido impotente, como si no tuviera ninguna arma más que su propia alma. Y luego ver como ella se despedía, como le decía sus últimas palabras .

Y en ese momento, cada lágrima tuvo su por que........

Jejejejeje.........mi primer fic Slash, ojalá que lo disfruten, aun falta, espero que mucho, aunque mejor ni digo nada teniendo la imaginación más corta del universo en mi poder.......

Jessica Weasley ◄☺☻♥☼►