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La cuna de los Herederos — capítulo 8

VIII- Mi perdición

La oscuridad de la noche es solamente un aliado más.

Dos figuras vuelan rápidamente por el cielo oscuro y asombrosamente, ninguno de los dos está discutiendo, sino que están en silencio.

Hermione se abraza fuertemente al cuerpo de Draco y es curioso, pero ninguno de los dos se siente incómodo… es más, se encuentran más cómodos de lo que han estado en años.

-Mira. -Susurra Draco mientras acelera un poco más, arrancando de la garganta de la Slytherin un pequeño gritito.

Cortan el aire mientras vuelan por todos los alrededores del castillo y un escalofrío recorre a Malfoy cuando nota cómo los brazos de la chica que está tras él, aprietan un poco más el abrazo.

Por unos segundos todo se encuentra en calma. Como si todo estuviera como tiene que estar en realidad.

De pronto, la velocidad de la escoba se ralentiza y acaban parándose en un lugar, justo sobre el lago.

El castillo de Hogwarts se observa imponente está a un par de kilómetros, pero aun así es tan grande que corta la respiración. Algunas ventanas con la luz encendida alumbran esa noche, aunque innecesariamente, puesto que las estrellas parecen más grandes y más brillantes desde esa posición.

Hermione contempla asombrada cómo dichas estrellas se reflejan en el lago, haciendo que una extraña sensación se instale en su pecho.

Draco la mira, esperando que diga algo, pero ella no lo hace, está tan impresionada que tal vez ni siquiera se ha dado cuenta de que él está allí.

-Vamos a descansar un momento.

Volviendo a sujetar la escoba fuertemente, Draco se dirige a un pequeño istmo que parece querer adentrarse en el lago y ahí se bajan de la Saeta Plateada.

Hermione se sienta en el suelo barroso, sin preocuparse de si se está manchando y Draco también toma asiento junto a ella.

-Gracias.

Esta vez es Hermione la que se sorprende. ¿Draco Malfoy agradeciendo algo? Imposible.

-Me las merezco.

Ambos se miran y se ríen a la vez.

-¿Pero por qué en esta ocasión?

-No sé… por haberme acompañado, pensé que no lo harías.

-No lo iba a hacer… pero bueno, Hermione Granger algún día tenía que superar su miedo a las escobas…

-Pensé que no tenías miedo a nada. -Hermione se encuentra mirando al suelo, pero en cuanto dirige su mirada a Draco de nuevo, éste la encuentra más brillante que nunca.

¿Por qué no tiene siempre los ojos así? ¿Por qué Hermione no se quita esa estúpida máscara nunca y sigue comportándose de esa manera? Draco suspira, pero no aparta la mirada de ella. Sabe que él también tiene su propia máscara.

-Ambos sabemos que hay tantos tipos de miedo… No es el mismo que tenemos cuando pasa algo malo… ese miedo que te estruja el alma y sientes que no puedes dar un paso más… el miedo que tienes por ejemplo cuando vas a perder a alguien… Prefiero mil veces vivir encima de una escoba que volver a sentir ese miedo.

Draco mantiene el silencio un par de segundos, pero cuando va a hablar por fin para comunicarle que él también sabe mucho sobre el miedo, Hermione lo hace antes que él.

-Suena estúpido. ¿No? Llevo toda mi vida intentando arruinar la tuya y esta es la segunda vez que te digo algo que no le he dicho nunca a nadie.

-Eso es porque incluso Hermione Granger necesita sentirse realmente bien alguna vez…

-No necesito sentirme bien… creo que simplemente quiero sentirme buena…

De nuevo, sus miradas se entrelazan y Draco vuelve a sentir la misma imperiosa necesidad de poseerla. Pero esta vez es más fuerte, inexplicablemente quiere poseerla de verdad: sus labios, su cuerpo, su alma… ¿Su corazón?

Con un ligero movimiento, posa sus labios sobre los de ella mientras la lluvia comienza a caer sobre sus cuerpos.

Harry contempla la lluvia caer desde una de las ventanas de la torre de Gryffindor.

No ha sido una imaginación. Hace unos minutos ha visto la escoba de su amigo brillar entre la oscuridad y sabe que él no puede haber salido volando sin ella…

¿Qué pasa con Draco?

-¿Estás bien, Harry? -Luna se acerca a él y toma su mano, fría y algo sudorosa.

-¿Pasa algo afuera? -Anna, una de las chicas de sexto se acerca también a la ventana. - ¡Por Merlín! ¡Está cayendo un aguacero!

-Tranquila, Anna. Seguro que mañana hace un buen día. -Harry mira a Luna, que lo contempla preocupada y le quita importancia al tema. -No te preocupes, Luna. Habrán sido imaginaciones mías.

Pero Luna no se queda tranquila y sabe que algo pasa.

-¿Qué tal le va a Draco? -Anna ha tomado asiento en un sillón junto a ellos y acaba de abrir un libro para ojearlo. -Me han dicho que está empezando a acostumbrarse a Granger.

-Sí, está mejor. Todavía no se han hechizado el uno al otro, no mortalmente. -Luna mueve la cabeza asintiendo, mientras sus pendientes de rábanos la secundan.

Una pequeña y suave carcajada sale naturalmente de la garganta de Anna, que encantadoramente mira de nuevo hacia su libro.

Harry la observa desde la ventana un segundo más. ¿Ha sido su imaginación o ha visto algo más en el rostro de la chica? Y si lo ha visto… ¿Qué era?

-Echo de menos a Draco. -Es el último susurro de Luna, antes de abandonar la sala.

Sangre sucia

¡Eres sólo un simple Gryffindor!

¡No me obligues a lanzarte un imperius!

Malfoy, eres el ser más estúpido que he conocido.

No entiendo cómo aún te fías de mí, Malfoy…

La última frase que Draco aún recuerda retumbando en su cabeza una y otra vez, es la causante de que de pronto él se separe y finalice el beso que ni siquiera sabe si se ha producido.

¿Su corazón? ¿Ha oído bien lo que su mente ha expuesto?

Lo sabe, lo sabía. El rubio sabe perfectamente qué significaría besarla. Desde que Snape pronunció las palabras que los unirían, Draco supo que ella sería su perdición… pero aun así lo aceptó y ahora…

Contempla a la chica, que aún espera que él reanude el contacto.

Pero no lo hará. Y esa realidad la golpea de pronto. Poco a poco siente cómo el vacío se extiende por su interior. Ha estado a punto de dejar que él la bese, que la acaricie… y a saber qué más… sólo por sentirse querida una vez en su vida, sin abrigar esa profunda y oscura presión que la persigue día tras día y le impide respirar correctamente en los momentos importantes.

Momentos como ese.

Tras unos segundos de tenso silencio Hermione abre los ojos por fin y lo que Draco ve en ellos lo desmorona: Toda su furia ha vuelto más fuerte que nunca y ahora se dedica a atravesarle con la mirada.

Efectivamente y como él ha pensado, esa es la verdadera Hermione Granger. ¿Por qué él había pensado que ella ya no existía? Algo en su mente había intentado auto convencerle de que esa enemistad infantil había acabado…

Sin darle tiempo a moverse, Hermione abofetea a Draco y oye un gemido involuntario salir de su propia garganta, pero lo acalla como puede y recompone su rostro de nuevo, a fin de que él no vea nada aparte de furia. Y lo consigue.

¿Por qué? ¿Por qué ella había pensado que él era diferente? Sin pensarlo había creído que podría haber sido capaz de perdonarle tantos años que para ella también habían sido un infierno.

Para sorpresa de ambos, el Laccio no los atrae. Tal vez ahora no hay cabida para el enfado en sus sentimientos. Tal vez ahora sólo hay confusión y decepción en el corazón de ambos magos.

Draco mira a Hermione y durante un segundo, sólo durante un segundo, se arrepiente de no haberla besado y se pregunta qué hubiera pasado si lo hubiera hecho.

¿Realmente ella hubiese cambiado?

Pero una Slytherin siempre será una Slytherin y esa realidad no sorprende demasiado al rubio. Especialmente esa serpiente seguirá siendo la misma, él no la cambiará de un día para otro, y él tampoco lo hará.

Pero al fin y al cabo, aunque Draco no lo sabe, Hermione no es como él piensa. No es la niña que todos creen y tampoco lo ha sido nunca.

El Gryffindor ve en silencio cómo ante sus propias narices, ella en una nueva demostración de querer aparentar ser quien no es, coge la Saeta Plateada del suelo y se dirige volando a trompicones hacia Hogwarts. Sola.

Y aunque se comporte como tal, Hermione nunca se ha sentido menos Slytherin en su vida.

Nuevo capítulo. Espero que os guste :)