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La cuna de los Herederos — capítulo 9

IX- Lo sabes

Pero Harry se ha equivocado con su predicción del tiempo hacia Anna. Y no sólo el día siguiente comienza a nevar, sino que esta tormenta de nieve se ha extendido y perdura con toda su dureza incluso ahora, doce días después.

Todo Hogwarts está pendiente del tiempo.

Faltan apenas cinco días para la próxima salida a Hogsmeade y no parece que quiera dejar de nevar. Es como si el tiempo se hubiera paralizado y todos los días fueran iguales.

En la mesa de Slytherin, todos siguen como siempre.

Puede que ahora que han perdido la cabeza de la casa, los alumnos se muestren aún más reacios y más crueles con los demás.

Gryffindor sigue de fiesta. Acaban de ganar el partido de quidditch contra Ravenclaw y la copa se insinúa realmente cercana este año.

Por su parte, la casa perdedora sigue intentando mejorar y no perder la esperanza.

Y Hufflepuff… Hufflepuff sigue cambiando día tras día, excepto por dos de sus "alumnos" que parecen haberse quedado atascados en una etapa en la que no se soportan y ni siquiera intentan hacerlo.

Draco ha comenzado a mostrarse igual de salvaje en las peleas con Hermione. Tal vez antes no lo hiciera porque se sentía culpable de haber destrozado la relación que había empezado a surgir, pero precisamente por esa culpabilidad que Hermione ve en sus ojos cada vez que lo insulta o lo maltrata, dichos abusos se han intensificado.

Nadie sentirá compasión jamás de un Granger, por supuesto que no. Ni aunque esa Granger en particular haya comenzado a desarrollar atrayentes y confusos sentimientos hacia el sujeto…

Y Draco nunca la volverá a tocar. Ella ya no bajará nunca más la guardia frente a él ni le abrirá lo que hay en sus pensamientos.

¿Para qué? ¿Para qué se burle de ella y la trate como en esa noche…?

Hermione cruza una fría mirada con su compañero, que se la devuelve. Draco se siente realmente mal, no sabe por qué, pero cada vez que la ve flaquear siente ganas de ir y consolarla… o al menos intentarlo, puesto que ella no le deja acercarse a menos de un par de metros.

El Laccio sigue actuando con naturalidad, pero los choques ya no son tan extremos e inesperados, sino que parece que el hechizo se debilita poco a poco… ¿Qué puede significar?

Ninguno lo sabe, pero no tardarán mucho en descubrirlo.

Luna mira nostálgica hacia Hufflepuff. Se siente francamente mal al observar a Draco triste y desanimado… y más aún cuando contempla la cara que pone al observar cómo Granger le hace todos esos desplantes…

Para Luna está claro que el rostro de Draco ya no expresa más desprecio, pero tampoco expresa nada bueno… Igual que el de Granger.

Es como si encubrieran algo. Exacto.

Toma un bocado más de su pastel de trufas y continúa mirando.

Draco es tan especial para ella…

Anna observa en silencio la escena desarrollada en la mesa. Nadie habla demasiado entre ellos, mientras que los demás miembros de la casa planean una nueva fiesta esa noche.

Harry suspira. Falta algo para que su gozo sea completo y ya no es sólo Draco. Sino la alegría que él llevaba a la casa sin darse cuenta y siendo realmente desagradable con algunas personas.

-¿Quieres ir a ver a Hagrid, Luna?

-Claro… después de adivinación me parece bien.

El chico de ojos verdes observa la expresión desanimada de su amiga y sigue su mirada hasta la mesa de Hufflepuff, dónde siempre reposa.

En silencio traza en su mente una verdadera sorpresa para su amiga.

En Slytherin, la mayoría de las personas se encuentra en su propio mundo, pero Cho, ella especialmente, está viviendo una de las aventuras más excitantes de su vida mientras planea cómo conquistará al apuesto Gryffindor… ¡Estando pegado a la Princesa de Slytherin!

Cho siente cómo su piel se pone de gallina cada vez que se imagina la cara que pondría Granger ¡Al encontrársela a ella, su mejor amiga, con él!

No tiene nada especialmente excitante que su adversaria sea ella, pero es divertido, y pensándolo mejor… no podría haber encontrado una adversaria más fuerte que esa.

Mientras continúa mirando a la parejita que come lentamente en la mesa de los tejones, Mc Gonagall se acerca a ellos precisamente, y con unas concisas palabras los conducen fuera del Gran Comedor.

-Se preguntarán el motivo de por qué están aquí. -Mc Gonagall los ha hecho sentarse en el despacho, pero esta vez ¡En el despacho del mismísimo Dumbledore!

-Sí, claro… Eso nos preguntamos la última vez, y ya ve cómo acabamos… -Hermione arrastra las palabras mientras intenta esquivar la mirada de Draco, que la observa contestar de esa manera a la profesora.

McGonagall hace oídos sordos, seguramente pensando que Granger ha tenido un mal día… o un mal mes junto a Malfoy.

-Yo de momento no les puedo adelantar nada porque será el propio Dumbledore el que les explique todo en cuanto regrese de su reunión con el ministerio. -Se levanta de la silla con un ágil movimiento y se acerca a la puerta, directa a abandonar la sala. -Espero que todo salga bien de todo corazón. Malfoy y Granger.

Ambos sienten un extraño escalofrío al oír cómo la profesora pronuncia sus respectivos apellidos… tan juntos… Cómo si de algún modo, éstos no pudieran ir separados sin cometer una seria falta gramatical.

Acto seguido, abandona la sala, dejándolos sumidos en un tenso silencio que se pega a sus pieles y a sus ropas cómo una capa de aceite.

-Hermione, quería decirte que…

-No Malfoy. No quiero escuchar nada que quieras decirme. -Le corta ella, tajante.

-¿Por qué estás así? ¿Por qué te comportas cómo si lo que pasó esa noche… te importara? Aunque… después de ver tu reacción… empiezo a pensar que lo hizo.

-¿Y tú qué sabes? ¿Qué sabes lo que me importa o me deja de importar? ¿Crees que de verdad podría destrozarme solo porque un simple sangre sucia tiene demasiado miedo de sí mismo como para intentar algo conmigo? Porque estás muy equivocado. Para mí no significas nada, Draco Malfoy, y mucho menos tus estúpidas caricias de principiante.

Las palabras han ido con la clara intención de ofender y hacer daño y Draco lo ha sabido desde que ha abierto la boca, por lo que ha preparado su defensa muy hábilmente y además… esa contradicción por su parte acaba de darle la pista exacta. Sí, le importa. Y mucho.

Unos pasos se oyen subiendo la escalera. Dumbledore está a punto de llegar.

-Lo que ambos sabemos perfectamente… -Se inclina hacia ella y sin volver a dudar se levanta de la silla, poniendo la mano sobre la nuca de la chica con un rápido movimiento. -es que para ti no soy un simple sangre sucia. -Y renegando de todo lo que ha soñado con hacer para separarse de una vez por todas de Hermione, se acerca más que nunca. Más de lo que incluso hubiera soñado él mismo.

Sus labios la poseen, ansiosos, y Hermione, antes de poder apartarse, se encuentra respondiendo al beso frenéticamente.

El tiempo se para y solamente se encuentran ellos dos, en el despacho, sintiendo cómo se aprietan el uno al otro cada vez más, notando cada ligero y pequeño detalle de la persona que les hace perder la razón en ese instante.

El movimiento de la lengua de Draco sobre la de Hermione le provoca escalofríos en cada rincón de su cuerpo y cuando esa lengua se dirige a su cuello para dejar una marca que demuestre que es… ¿Suya?

Hermione lo separa con un fuerte empujón al tiempo que la puerta se abre y Dumbledore entra.

¿Qué os parece? Espero ansiosa vuestras respuestas. :)

Muchas gracias a aquellas que me comentan y a Sol Meyer por seguir mi historia tan atentamente, aunque eso no quiere decir que el saludo no vaya también para todas las demás!!

Suerte y hasta el próximo capítulo: ¿Y si el tiempo...?