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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 2
Después de que la profesora McGonagall leyó el título del libro, toda la sala se sumergió en un silencio que propio de un velorio, hasta que Lily se animó a romperlo.
—¿Se...se refiere a mi?—preguntó—Ese es el nombre que tenemos planeado para nuestro hijo—dijo señalando a su estupefacto esposo y a ella misma—pero ¿Por qué el libro se titula así?
—No creo que debamos preocuparnos pelirroja—dijo Sirius, intentando alivianar el ambiente—No tiene por qué ser nada malo, y respecto a que si se refiere a ti, pues no conozco ninguna otra Lily Potter…
Yo digo que comencemos la lectura—dijo una muchacha de pelo castaño llamada**— Así nos enteraremos de qué trata esto.**
—La señorita MacKinnon tiene razón—murmuró tranquilamente el profesor Dumbledore— Señor Prewett ¿desea comenzar la lectura?—añadió mirando a un joven que estaba sentado a su derecha—creo que podemos turnarnos para leer—y sin más, le entregó el libro a un sonriente joven llamado Gideon Prewett, el cual estaba sentado junto a su hermano gemelo, Fabian y los dos iban acompañados de su hermana Molly y su esposo, Arthur Weasley que , aunque ninguno de los dos formaban parte activa de la Orden, eran de plena confianza de Dumbledore.
En la sala volvió a hacerse silencio y el joven comenzó la lectura. —El primer capítulo se llama "Los niños que vivieron "—dijo Gideon, haciendo un gesto dramático con las manos, que arrancó una sonrisa en la mayoría de los presentes.
— ¿Qué tipo de titulo es ese?—preguntó Sirius— ¿A qué se supone que sobrevivieron?
—Creo que si te callaras todos nos enteraríamos—dijo Alice Longbottom, que miraba al joven divertida.
—Alice tiene razón—dijo una impaciente Lily, que deseaba saber de qué se trataba esto—Cállate Sirius.
Sirius, haciendo una mueca a las dos chicas, le hizo un gesto con la cabeza a Gideon, para indicar que continuara.
**Comenzaron con una frase que sonó parecida a "***El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive"*Para que luego mencionar que en señor Dursley trabajaba de fabricar taladros.
— ¿Ellos no son tu hermana y su esposo?—preguntó James a su esposa— Y ¿Qué demonios es un taladro?
—Un taladro es algo con que los muggles construyen cosas—respondió emocionado Arthur Weasley.
Pero todos miraban a Lily que respondió de forma afirmativa a la pregunta de su esposo.
—Sí, así es, el esposo de mi hermana Petunia se apellida Dursley, pero no tengo ni la menor idea de a qué se dedica—dijo la embarazada pelirroja.
Gideon siguió leyendo, hasta continuar con la descripción de los parientes de Lily y con el nombre del hijo de ambos.
—Creo que tu hermana no tiene muy buenos gustos—murmuró Sirius sonriendo al escuchar lo que el pelirrojo decía — mira que es cierto eso de que los opuestos se atraen…
— ¿Y qué clase de nombre es Dudley?—preguntó James, iba a decir algo más, pero calló ante la mirada que le dedicó su esposa.
Lily hizo una mueca y pidió que continuaran con la lectura. Aunque su mueca no mejoró cuando leyeron la siguiente frase, que decía que su hermana y el esposo de esta eran muy felices con lo que tenían…
…Pero tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.
— ¿Qué tienen de malo los Potter?—gruñó James.
—No tienen nada de malo, son geniales chicos—murmuró**, el guardabosques de Hogwarts.**
El matrimonio Potter le dedicó una mirada de agradecimiento y Lily murmuró:
—Muchas gracias, Hagrid—le sonrió levemente, tratando de que la opinión que su hermana tenía sobre su mundo no le afectara. Un segundo después, quedó confirmado, por medio del libro, que ella era la hermana de la, ya mencionada, señora Dursley.
…Pero la señora Dursley fingía que no tenía hermana…
Lily hizo una ligera mueca ante eso. Ella sabía que Petunia la detestaba, pero jamás pensó que fuera para tanto…
porque su hermana y su marido....
Gideon continuó leyendo, pero ante las interrupciones recibidas antes, prefirió detenerse antes y enseñarle a James el libro.
— Creo que esto mejor lo lees tu solo — comentó el gemelo, extendiendo el libro a James, el cual leyó en silencio ante las miradas poco consideradas de su público que también querían saber que decía.
La cara de James se fue tornando más y más roja hasta que exclamó.
— ¿Inútil? ¡Yo no soy ningún inútil! Esta vieja loca no sabe lo que dice, primero niega a su hermana y luego nos llama inútiles, en serio Lily, solo porque es tu familia sino los convertía en sapos.
Sirius sonrió con aprobación ante la idea de James, pero Lily lo observó algo sorprendida.
— ¿Qué ocurre, James? —inquirió la pelirroja— ¿Insinuaron que eras un… un inútil?
—Y que somos lo más opuesto a ellos que alguien se podría imaginar…—recitó James despectivamente. ¡Sí, claro! Un inútil… ¿A caso eran ellos los que día tras día intentaban luchar contra las fuerzas de Voldemort? ¡No! ¿Verdad? Entonces deberían de cerrar sus enormes bocotas…
—Es una suerte que sean lo opuesto a ellos—terció Frank Longbottom, interrumpiendo las ensoñaciones de James—ustedes son unas excelentes personas.
—No te preocupes Pelirroja—dijo Sirius—No necesitas una hermana así y menos si encima viene con el paquete de un esposo que está, al parecer, tan mal de la cabeza como ella…
—Nos tienes a nosotros—dijo Remus, sonriéndole amablemente—. Sabes que te queremos como si fueras una hermana…
—Algo mandona, por cierto…—añadió Sirius en voz baja.
—Y a mí también Lily, te quiero como la hermana que nunca tuve—dijo Alice—.No dejes que los pensamientos de tu hermana te afecten.
—Tienen razón, ustedes son unas personas excelentes,—dijo ,para sorpresa de James, la Profesora McGonagall
Lily se ruborizó e hizo un gesto de agradecimiento, mientras que James sonreía abiertamente hacia las muestras de afecto de la Orden.
Siguieron escuchando como se explicaban los sentimientos y pensamientos de los Dursley, que consistían en imaginarse con terror qué pasaría si James y Lily se aparecieran caminando cerca de su casa…
—Lo cual nos da un buen motivo para ir a darles una visita de cortesía…—rió James, imaginándose la cara que su cuñada y el esposo de esta pondrían al verlos llegar de sorpresa.
… Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño.
El matrimonio sonrió al escuchar eso. ¡Ese tenía que ser Harry!
Sin embargo, la sonrisa de los jóvenes se desvaneció en el momento en el que escucharon que aquél niño, (Harry), era otra razón para no querer cerca a los Potter. El libro se había referido al bebé como*"un niño como aquél…"*
— ¿Qué quiere decir con "Un niño como aquel"?—dijo molesta Lily—Mi Harry no tiene nada malo.
Un murmullo de asentimiento, que demostraba que todos estaban de acuerdo con eso llenó la sala.
Además de Lily, los más molestos parecían ser James, Sirius y Remus, que, después de que despotricaron durante cinco minutos de por qué los Dursley no tenían ni idea de lo que era bueno, dejaron que la lectura siguiera.
Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta.
— ¡Qué gran inicio! ¡Fenomenal! —exclamó Sirius sarcásticamente.
— ¿Te molestaría dejar que escuchemos la lectura, Sirius? ¡Ni siquiera hemos comenzado del todo, y no paras de interrumpir!
— No te enfades, Lily —se excusó Sirius, sonriendo divertido— Está bien, está bien… Haré silencio.
La historia comenzó realmente, en el momento en el que el libro anunció que, aunque aparentemente el momento estaba tranquilo, después habrían*"sucesos misteriosos".*
—Esto se escucha mejor…—comentó James, haciendo eco de los pensamientos que volaban en la mente de Sirius en aquél momento— Al menos sabemos que algo importante va a pasar…
A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, se metió en su coche y se alejó del número 4. Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad.
Oyeron como Dursley salía para ir a su trabajo, y que, en el camino, se encontraba con un gato que, en el momento en el que notó que estaba siendo observado, devolvió la mirada.
Una ligera oleada de desconcierto se apoderó de los presentes, ¿un gato observando un plano? Bueno, quizá fuera una simple coincidencia…
— ¿El gato le devolvió la mirada?—preguntó Moody, que se había mantenido en silencio hasta entonces.
—Creo podría ser un animago o algún gato bastante inteligente—dijo tranquilamente Marlene.
— O simplemente el tipo se volvió loco…—opinó Sirius encogiéndose de hombros.
Las cosas extrañas de las que había hablado el libro, se refería a que, mientras Dursley iba al trabajo, se encontró con muchas personas vestidas con capas, y comenzó a preguntarse si eso sería una nueva moda.
Varios alzaron las cejas, curiosos ente eso. ¿Individuos con capa? ¿Sería posible que…? No, los magos tendían a ser muy prudentes en lo que a la seguridad con muggles se refiere.
—Eso sí que sería gracioso…—rió Fabian meneando la cabeza.
— ¿A qué te refieres? —preguntó Alice sin comprender.
—Bueno, a que sería muy divertido que los muggles comenzaran a vestirse como nosotros, ya sabes como dijo ese Dursley… "una nueva moda…"
— A mi me parecería muy extraño —opinó Marlene— Tengo entendido que nuestra ropa no es muy del agrado muggle que digamos…
— Tienes razón, no lo es —confirmó Lily, recordando las múltiples criticas de su hermana— Pero quizá en el tiempo del libro los muggles hayan cambiado de opinión… aunque no lo creo muy probable, la verdad.
Después escucharon que los mencionados individuos, no eran jóvenes. Al contrario, eran hombres mayores.
— Esto es muy extraño —dijo Moody frunciendo el entrecejo — ¿Qué ya nadie toma en cuenta la seguridad con el estatuto del secreto en esos tiempos? ¡Reprobable!
Más tarde, lo único digno de mención que ocurrió, fue que Dursley llegó a su trabajo.
— No te ofendas, Lily, pero tu pariente lejano es bastante aburrido —comentó Sirius perezosamente.
Lily no pudo negarlo, ya que el marido de su hermana nunca le había parecido nada entretenido. De hecho, ni siquiera había estado contenta con la idea de que Petunia se casara con él, ya que no era específicamente de su agrado… Pero no había de otra. Tenía que respetar la decisión de su hermana.
— ¡Oye Gideon! —exclamó Sirius, algo exasperado de escuchar lo normal y aburrida que era la mañana del muggle— ¿Crees que podrías resumirnos un poco la encantadora vida de Dursley?
El aludido asintió con la cabeza, y leyó rápidamente lo que seguía a continuación.
— Bueno, dice que el tipo estuvo de un muy buen humor—informó el pelirrojo— eeh… También dice que habían muchas lechuzas volando en plena calle y que la gente estaba muy sorprendida… Y luego dice que había llegado la hora de la comida, así que se dirigió hacia una panadería que estaba frente a su trabajo… Ah, y allí habían muchas personas vestidas como nosotros hablando emocionados…
—Los Potter, eso es, eso es lo que he oído...
—Sí, su hijo, Harry...
— ¿Qué pasa con los Potter?—preguntó Remus casi al mismo tiempo que Lily, solo que ella había formulado la pregunta "¿Qué pasa con Harry?"
— La pregunta es ¿Qué demonios hacen magos y lechuzas a plena luz del día? —gruño Moody.
— Creo que debemos seguir leyendo—dijo el profesor Dumbledore— Así nos enteraremos más rápido. Es mejor no hacer conjeturas antes de tiempo.
Escucharon como Dursley se quedaba petrificado y como corría hasta su oficina.
— Creo que todavía recuerda aquella vez que nos conocimos… —comentó James recordando la ocasión— Bueno, he de admitir que quizá fue un poco traumarte para él, pero también debería de reconocer que es muy exagerado…
Finalmente, oyeron como Dursley estaba a punto del colapso tratando de buscar maneras de negar que las personas raras estaban hablando de James y Lily, hasta que finalmente se fue a su casa, pero antes de conseguirlo, se tropezó con un anciano, que en lugar de estar o parecer enfadado, exclamó unas simples oraciones que dejaron pasmados a todos en la sala.
—¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien—usted—sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta los muggles como usted deberían celebrar este feliz día!
Toda la sala se quedó en silencio durante unos segundos, hasta que terminaron de digerir la información que habían leído, poco a poco el ambiente se fue alivianando, hasta que casi todos los presentes soltaron un grito de alegría, Voldemort ya había sido vencido, todo estaría bien…
— ¡Es increíble! —exclamaban Gideon y Fabian contentos.
—En definitiva, ahora sabemos que no importa lo que cueste, ¡Vamos a vencer! —saltó Frank contento.
—Ya no estarán en peligro…—dijo Molly, pensando en su familia.
Pero pese a todo eso, una pelirroja embarazada no se sentía tranquila en aquél momento…
Oyeron como Dursley se quedaba más estupefacto que antes, y como decidía que sería mejor volver rápido a su hogar, pero antes de llegar, se encontró con el mismo gato de la mañana.
…El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa.
—Ese gato me recuerda a usted Minnie—dijo un sonriente Sirius— Estoy casi seguro de que es usted.
— ¿Qué le hace suponer eso, Black? —preguntó la profesora McGonagall dedicándole una mirada severa, muy parecida la del gato.
Toda la sala rió ante el gesto y continuaron la lectura.
Oyeron como la hermana de Lily, Petunia, había tenido un día normal.
— Conociendo lo que Petunia considera "normal ", creo que podemos deducir que fue un día de lo más aburrido…— comentó Lily en voz baja.
Después oyeron como los Dursley iban a ver el noticiero muggle.
Varios quedaron estupefactos ante lo que los reporteros decían, mayormente por el hecho de que, aunque estaban seguros de que había mucha felicidad en ese tiempo,les parecía demasiado arriesgado e inoportuno llamar tanto la atención.
Finalmente, todos fueron testigos de cómo a Dursley no le quedaba otro remedio que preguntarle a Petunia por Lily.
— Apostaría lo que sea que no sabe nada de mí y a que no quiere saberlo —aseguró Lily, intentando mostrarse indiferente, ante las consideradas miradas de los demás.
Como había dicho Lily, a Petunia no le hizo gracia, y negó que supiera algo. Su esposo le comentó los sucesos raros del día, y además, que pensaba que quizá lo raro del día había sido algo relacionado con "los suyos…"
— Sería más amable de su parte que se refiriera a nosotros como "magos" —señaló Molly, algo contrariada.
**Y luego continuaron leyendo, y escucharon como los personajes del libro comenzaban a hablar sobre Harry. Y también unos se indignaron un poco al escuchar que Petunia calificaba el nombre como "**vulgar y horrible".
— ¡Harry no es un nombre horrible!—dijo Remus.
— ¿Acaso creen que "Dudley" es un nombre lindo? —inquirió James con una mueca de incredulidad.
— Creo pelirroja, que tu hermana tiene un mal concepto de las cosas bonitas —dijo Sirius, que había comenzado a enfadarse con ese par de muggles.
Sin embargo, Lily no dijo nada, ya que en el fondo ella estaba de acuerdo con Sirius.
Al final, lo último que escucharon sobre los Dursley era que se iban a dormir, para luego comenzar a narrar que el gato aún seguía afuera, y que de pronto, apareció un hombre en la esquina de la calle.
Todos se mostraron atentos ante la reciente aparición de un nuevo mago, porque estaban seguros de que eso era.
Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón.
Aquella descripción les resulto a los presentes sin duda muy familiar…
La mirada de los presentes se posó deliberadamente en el profesor Dumbledore.
Nadie tenía ninguna duda de que era él quien estaba allí.
… aquel hombre era Albus Dumbledore.
— Vaya profesor —dijo Edgar sonriendo— Ya hizo su aparición en el libro. Dumbledore le dedico una sonrisa y le indicó a Gideon que continuara con la lectura, francamente curioso de la razón que lo había llevado a encaminarse en un barrio muggle. Lo que escucharon a continuación fue mucho más revelador que todo lo que oyeron cuando estaban con los Dursley. Oyeron como el profesor notaba al gato, y le enviaba una mirada divertida. También notaron como tomaba algo parecido a un encendedor de plata, para luego accionarlo, y hacer que una de las luces del lugar se apagara, así sucesivamente, hasta quedar completamente a oscuras.
— Es un objeto inventado por mí —explicó Dumbledore alegremente, ante las extrañadas miradas de los presentes— Tiene la capacidad de absorber y dejar salir la luz de un lugar.
— ¡Alucinante! —exclamaron Gideon y Fabian entusiasmados.
— Muy útil —aprobó Moody— Podría ser de mucha utilidad para varias misiones.
Un momento después, oyeron una de las primeras frases del profesor. Y muchos sonrieron ante ella.
—Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.
—¡Ja!—dijo Sirius contento—Le dije que era usted Minnie—y le dedicó una sonrisa muy grande a la profesora.
—Se lo advierto, no vuelva a llamarme así, Black—le reprendió la profesora McGonagall enojada.
Pero el resto de personas sonreía ante la aparición de la profesora.
—No se preocupe profesora—dijo Lily— Solo esta celoso porque usted ya apareció en el libro y él ni siquiera ha sido mencionado de lejos.
**Ese comentario arrancó la risa de casi todos los presentes, a excepción de Sirius, que hizo una mueca, fingiendo estar ofendido.**Comenzaron a escuchar una conversación entre el profesor Dumbledore, y la profesora McGonagall. Aquella conversación resultó mucho más entretenida, divertida e interesante que todo lo que habían escuchado sobre la vida de Vernon Dursley. Hablaron de lo irresponsables que eran los magos por hacer tanto escándalo, ya que no estaban teniendo la precaución necesaria. ¡Y ni hablar de las fiestas!
— Espero que nos hayan invitado a esas fiestas…
— ¡Oh, Sirius! ¡Tú no cambias nunca! —negó Lily divertida, meneando la cabeza.
A pesar de que la conversación que siguieron leyendo parecía muy entretenida, también era aparentemente normal. Eso, hasta que la profesora McGonagall expresó la razón por la que había estado todo el día en Privet Drive.
Lo que están diciendo —insistió— es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter. El rumor es que Lily y James Potter están... están... bueno, que están muertos."
— ¡NOO!—gritaron muchos en la sala, principalmente Sirius y Remus.
—No puede ser posible—dijo Sirius que luchaba contra las lagrimas— ¡Esto tiene que estar mal!
—James… Lily…—decía Remus negando con la cabeza, consternado. No, eso no podía ser— No…
James y Lily parecían demasiado consternados para decir algo.
Muertos. Ellos dos estaban muertos…era simplemente difícil de creer, algo imposible. James, inconscientemente abrazó a Lily muy cerca de él.
—No es verdad, ¡No, no, no! —exclamaba Sirius, completamente fuera de sí— Leíste mal, Gideon, ¡Estoy seguro! ¡Préstamelo! No voy a creer ni una sola palabra hasta que lo lea, ¡Dame el maldito libro!
Una vez que Sirius leyó aquellas palabras, sintió como el mundo se le venía encima.
—Estamos muertos—susurró James, sintiendo un enorme vacío por dentro. Se negaba a creerlo… Sentía como la rabia hervía en su interior. Voldemort lo había conseguido… Y él, él no había sido lo suficientemente capaz para defender a su familia… No. Eso no ocurriría. No importaba lo que tuviera que hacer, el impediría que su familia muriera.
La confirmación del profesor Dumbledore en el libro fue... horrible. Nadie podía creerlo.
—Eso no es todo. Dicen que quiso matar al hijo de los Potter, a Harry. Pero no pudo. No pudo matar a ese niño. Nadie sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo matarlo, el poder de Voldemort se rompió... y que ésa es la razón por la que se ha ido.
Nadie pudo decir nada. ¿Por qué querría Voldemort matar a un niño? Todos se preguntaban eso, todos a excepción de Lily, que había alzado inconscientemente sus brazos hacia su vientre.
Todos estaban divididos entre la sorpresa, la estupefacción y el dolor.
—Harry sobrevivió—susurró Lily—el está vivo…
Todo había valido la pena, entonces. Si su pequeño bebé estaba vivo, no le importaba en lo más mínimo lo que había ocurrido con ella.
En el momento en el que la profesora McGonagall del libro hacía la pregunta que todos tenían en la cabeza, (¿cómo había sobrevivido Harry?... ) nadie pudo concentrarse en otra cosa.
—Sólo podemos hacer conjeturas —dijo Dumbledore—. Tal vez nunca lo sepamos. Pero hay algo más que me inquieta, algo que no puedo comprender. Algo sobre lo que solo puedo hacer conjeturas.
— ¿Hay más aún? —preguntó Molly horrorizada.
—Y ¿qué es eso? Albus—preguntó McGonagall
—No fue únicamente a Harry a quien encontraron en la casa de los Potter—dijo Dumbledore.
— ¿Qué?—Preguntaron Lily y James, los cuales se preocuparon de pensar quien más había perecido en su casa…
¿Sería Sirius? O ¿Remus? ¿Peter, acaso? ¿Quién podría ser la otra persona?
—¿Qué?—preguntó la profesora completamente estupefacta—¿Q...quién más murió Albus?
—No murió, pero no tengo ni la menor idea de quién pueda ser…
— ¿Hubo alguien más que no murió? —repitió Frank, estupefacto— ¿Pero quién? ¿Quién más podría haber sido? Ya sabemos que no pudo haber sido Sirius, ni Remus y tampoco Peter…
— ¿Y como sabemos eso? —inquirió James ásperamente.
—"No murió, pero no tengo ni la menor idea de quién pueda ser…"—citó Remus, respondiendo a la pregunta por Frank.
Escucharon como el profesor Dumbledore decía que Hagrid estaba ligeramente retrasado…
El aludido apenas se inmutó al escuchar su nombre, ya que seguía sollozando por la recién descubierta muerte de Lily y James.
Y luego, oyeron a la profesora McGonagall preguntar por qué estaban en aquél barrio muggle. A lo que el profesor respondió que dejaría a Harry allí.
— ¡No puede dejar a Harry allí!—dijo Lily poniendo una mueca de horror en la cara—Nunca lo tratarán como a otro hijo, Petunia me desprecia. Ya ha visto que se horroriza a mi simple mención, sin siquiera escuchar mi nombre…
— Si —apoyó James— puede dejarlo en cualquier otro sitio. ¡Donde sea!
— ¿Por qué no puede vivir conmigo?—dijo Sirius— ¡Yo soy su padrino! Yo lo cuidaría más que a mi vida, de eso puede estar seguro… ¡Oh, por todos los cielos! ¡No puede estar considerando de verdad dejarlo con esos muggles!
— Creo que si leemos comprenderemos mejor el actuar de mi futuro yo—dijo Dumbledore, que tampoco se comprendía… aún—. Señor Prewett…
—¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! —gritó la profesora—. Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!
— ¡Estoy completamente de acuerdo con la profesora! —exclamó Lily, desesperada— En el remoto caso de que no traten mal a Harry, cosa que realmente dudo mucho, ¡Van a convertir a mi bebé en algo…como ellos! Petunia lo haría a imagen y semejanza de su esposo y yo… yo no puedo, no quiero que eso suceda…
—Es el mejor lugar para él —dijo Dumbledore con firmeza—. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.
— ¿Una carta? —repitió Sirius, tan escandalizado como Lily — ¡Oh, vamos, señor! ¿Una carta? ¡¿De verdad cree que esos muggles aceptarán, cuidarán y querrán a Harry… Por una carta?! ¡Su padrino soy yo! El que debe de hacerse cargo soy yo… ¡No ellos!
Sin embargo, el profesor Dumbledore del libro no cedió. Siguieron escuchando, hasta que oyeron como llegaba Hagrid en una moto. Cuando el profesor Dumbledore preguntó por ella, él guardabosques simplemente contestó:
—Me la han prestado; profesor Dumbledore. El joven Sirius Black me la dejó. Los he traído, señor.
— ¡Es mi moto!—dijo Sirius sonriendo a medias, tratando de alivianar el ambiente tenso, lo cual logró, ya que todos sonrieron un poco.
—Y por lo menos, sabemos que no estás muerto, amigo—murmuró James con alivio, dándole unas palmadas en la espalda
— ¿No ha habido problemas por allí?
—No, señor. La casa estaba casi destruida, pero los saqué antes de que los muggles comenzaran a aparecer. Se quedaron dormidos mientras volábamos sobre Bristol.
La información de que su casa estaba prácticamente destruida, hizo que al matrimonio Potter se le formara un nudo en la garganta. Ambos se imaginaban lo que había pasado, pero estaban tan horrorizados que no querían ni siquiera pensar en lo que el futuro les deparaba.
Oyeron como los dos profesores del libro se inclinaban en las mantas que Hagrid llevaba en brazos.
Entre ellas se veía a un niño y a una niña pequeños, profundamente dormidos.
*Eso desconcertó a todos. ¿Un niño… y una niña?*Había algo extrañó allí.
Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver un par de cicatrices con una forma curiosa, como un relámpago, en cada una de las frentes.
Lily sintió como un profundo odio se arremolinaba dentro de ella. Ella nunca había odiado a nadie, por más que sí había detestado a muchas personas, pero el saber que alguien había intentado acabar con una vida inocente y que le había hecho daño… era insoportable.
— ¿Quién es esa niña Dumbledore?—preguntó McGonagall, que observaba a la pequeña acurrucarse con el niño.
—Me temo que no lo sé Minerva—dijo el profesor—pero he estado haciendo conjeturas desde que supe que también se encontró a esta niña entre los escombros…creo Minerva, que nos encontramos ante la hermana de Harry Potter.
— ¿La hermana de Harry? ¿Qué quiere decir eso?—susurró James, rompiendo un profundo silencio que se había apoderado de la habitación— ¿Tuvimos una hija?
— ¿Pero, si así fue, por qué se extraña profesor?—preguntó Lily, a quien esto no le quedaba claro.
—Me temo que no puedo contestar sus preguntas—dijo el profesor Dumbledore, que estaba imaginando todas las posibilidades respecto a esto— Creo que debemos seguir leyendo para conseguir suficiente información, y basarnos en algo para hacer suposiciones.
— ¿Qué?—preguntó la profesora— ¿La hermana de…? ¡Pero eso es imposible! Los Potter solo tuvieron un hijo… ¿Qué le hace pensar...?
Aquello solo hizo que los lectores se extrañaran aún más. ¿Qué estaba sucediendo?
—Creo Minerva, que si observas a la pequeña puedes disipar tu duda…
Con cuidado de no hacer daño a la niña el profesor se aproximó a ella y la desenvolvió de las mantas, dejando ver a una pequeña increíblemente parecida al otro niño, que continuaba en brazos de Hagrid, después con sumo cuidado le abrió los ojos tranquilamente, dejando entrever un color verde esmeralda. La profesora McGonagall se llevó las manos al rostro, completamente perpleja.
Y no era la única. En la sala nadie podía pronunciar una sola palabra. Todo resultaba tan… irreal.
—Pero ¿cómo es posible?—preguntó.
—Creo Minerva, que nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero la versión oficial que se ha dado a conocer es que Lily Potter estaba embarazada de dos niños y que por una razón que nadie conoce, solo hicieron público a Harry .Una historia realmente absurda, si me permite opinar, pero creo que esto es lo que todo el mundo se conformará con eso. Pero antes, creo que tendremos que elegir un nombre para la pequeña, no creo que nadie le haya puesto alguno.
Lily sintió como sus ojos se humedecían. No solo había dejado a Harry, también a esa niña… que ni siquiera estaba segura de conocer en algún futuro. Había dejado a dos bebés indefensos en el mundo, completamente solos.
La profesora McGonagall asintió con la cabeza y le dirigió una mirada a la niña.
—Mmm… Creo que debería llevar el nombre de su madre—opinó Dumbledore, que tenia a la niña en brazos. En un movimiento repentino, la pequeña se acurrucó en los brazos del profesor, haciendo que este recordara un etapa de su vida…algo que había sucedido cuando era joven y de pronto sintió que una emoción le embargaba —Y, si no tienen alguna sugerencia para el segundo nombre—añadió mirando a la profesora y a Hagrid — me gustaría que fuera Ariana.
— A mí me gusta mucho la idea —comentó James, sintiéndose muy extraño.
Como ninguno de los dos tuvo alguna objeción, quedó decidido, frente a ellos se encontraba Lily Ariana Potter…
—Suena muy bonito—susurró Lily, aún con lágrimas en los ojos— Harry James y Lily Ariana Potter.
Siguieron escuchando como la profesora McGonagall y el profesor Dumbledore se acercaban hacia donde estaba Harry. Y dejaban a la niña junto a él. Como ya todos habían escuchado, los niños tenían una particularidad en la frente.
— ¿Fue allí...? —susurró la profesora McGonagall.
Todos comprendieron a lo que se refería, y al mismo tiempo, se sintieron completamente repugnados. ¿Podría ser alguien tan desalmado como para intentar aniquilar a seres en extremo inocentes? Todos sabían que la respuesta era sí, pero de cualquier forma, costaba mucho creerlo.
—Sí —respondió Dumbledore—. Tendrán esa cicatriz para siempre.
Un segundo después, quizá demasiado rápido, oyeron como el profesor Dumbledore anunciaba que era hora de dejar a los niños. Tanto el Hagrid del libro, como el actual, rompieron a llorar escandalosamente.
—No te pongas mal, Hagrid—pidió Lily, a pesar de que ella también tenía los ojos húmedos— No llores…
—Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos —susurró la profesora McGonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que había enfrente.
Todos contuvieron un suspiro. Aún les costaba aceptar que Harry y ahora Lily, tuvieran que vivir allí.
Dejó suavemente a los niños en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas de los pequeños y luego volvió con los otros dos.
Ya estaba hecho. Todos los presentes sintieron como una extraña y desagradable sensación los recorría, especialmente Lily, que sentía que su corazón se hacía pedazos lentamente.
Los tres mencionados en el libro también parecían muy afectados, especialmente Hagrid, que había comenzado a llorar de nuevo, y la profesora McGonagall, que había vuelto a fruncir los labios, y tenía una mirada triste.
—Bueno —dijo finalmente Dumbledore—, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.
—No puedo creer que la gente esté celebrando—gruñó Sirius, deseando darle una patada a cualquiera que estuviera en un festejo.
—Es comprensible que lo estén haciendo—repuso Lily, tratando de ser razonable— Si Voldemort se ha ido, dudo mucho que alguien no sienta alivio.
—Ajá —respondió Hagrid con voz ronca—. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore.
James sintió un profundo agradecimiento hacia Hagrid en aquél momento, y también deseó poder saber más sobre sus amigos, ya que el tema de por qué los niños no podían irse a vivir con Sirius, o en otro caso, con Remus, le daba mucho en que pensar.
Lily abrazó fuertemente a su esposo ante la mención de los niños. Estaba haciendo un fuerte intento por no perder la cordura en aquél momento.
—Buena suerte, pequeños —murmuró. Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció.
Varios sintieron un estremecimiento imaginándose la escena.
Finalmente, oyeron lo que sucedió al día siguiente cuando la señora Dursley abrió la puerta de su casa por la mañana.
—Por favor, que Petunia los acoja… —suplicó Lily, asustada ante la posible reacción de su hermana, sintiendo un horrible temor dentro de ella. ¿Y si no los quería? ¿Y si los enviaba a un orfanato? Las posibilidades de que eso sucediera la aterraban. Inconscientemente, se aferró un poco más a James.
No podían saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: « ¡Por los Potter... Los niños que vivieron! ».
Toda la sala se encontraba en silencio. Nadie interrumpía la lectura, ya que ponían máxima atención a lo que escuchaban, la mayoría de ellos con expresiones tristes en el rostro, otros con lágrimas y algunos simplemente pensativos.
—Muchas gracias Hagrid—dijo Lily al fin— Gracias, profesor, profesora…
—No hay de que—repuso el semigigante, que aun derramaba lágrimas.
Los profesores se limitaron a inclinar la cabeza, en respuesta.
— Bueno , tal vez deberíamos descansar —aventuró el profesor Dumbledore, que se encontraba pensando sobre lo recién descubierto. Notando que algunos estaban realmente afectados.
— No —dijo Lily con rotundidad— Quiero saber que ha sido de mis hijos.
— Pero antes de continuar —intervino James— Solo quiero pedirles que quiten esas caras de velorio—intentó bromear— Todavía no hemos… muerto, y si esto está aquí, es porque vamos a hacer lo posible para que no suceda.
— Y además, debemos estar contentos—dijo Sirius— No todos los días te enteras de que tu moto genial está en buenas manos.
Todos sonrieron ante la actitud de James, y rieron tranquilamente ante el comentario de Sirius, que había ayudado a su amigo a alivianar la tristeza…
— Está bien, ¿es mi turno de leer? —dijo Fabian— Pásame el libro —cogió el libro que le entregaba su hermano y leyó— "El vidrio que se desvaneció"
— ¿Qué quiere decir con eso?—preguntó Arthur.
—Creo que se refiere a magia accidental—opinó Molly.
— Continuemos la lectura, así nos enteraremos—dijo Remus—. Aunque estoy de acuerdo contigo, Molly… Es muy probable que sea magia accidental.
*Comenzaron el capítulo con un "Habían pasado aproximadamentediezaños… "*y todos comprendieron que se referían a los acontecimientos del capítulo anterior. Escucharon como en aquél lugar todo seguía igua.
— Seguramente sigue siendo tan aburrido como desde la primera página del libro —murmuró Sirius, intentando levantar el ánimo de los presentes y el suyo propio.
Lily negó con la cabeza durante un segundo. No comprendía por qué a Petunia le gustaba vivir así.
Todo parecía normal, hasta que escucharon, con alarma, que aparentemente en aquella casa, no vivía más que un solo niño: el hijo de los Dursley.
— ¿Qué han hecho con mis niños?—preguntó Lily preocupada, de pronto. ¿Petunia podría odiarla tanto como para no recibir a sus hijos…?
— No te preocupes Lily—dijo Alice tendiéndole la mano— no se atreverán a hacerles daño, ya verás.
Sin embargo, los niños Potter estaban todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo.
Varios suspiraron con alivio. Los chicos estaban bien. Sin embargo, el alivio fue suspendido por exasperación en el momento en el que Petunia les gritó de manera muy poco elegante que se despertaran.
— ¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
Lily gruñó.
— Esa no es forma de hablarles —dijo molesta— ¿Qué le cuesta hacerlo con modales?
Nadie dijo nada, pero todos en el fondo estaban de acuerdo con ella.
Harry se despertó con un sobresalto.
Lily escuchó emocionada, era la primera vez que sabría cómo eran sus hijos, la primera vez que despertaban después de haber dormido, no importaba la forma en que ella lo supiera, estaba teniendo información de sus todavía no nacidos bebés.
Escucharon como el niño trataba de recordar un sueño que había tenido, y su imaginación lo llevaba hacia el recuerdo de una moto.
— Recuerda mi moto —dijo Sirius poniendo una expresión de ternura en su rostro. ¡Su ahijado recordaba algo de él!
Dándose la vuelta, sacudió el hombro de la niña que dormía junto a él.
*—*Lily —dijo suavemente para despertarla—Ya es hora de levantarse.
La chica pareció escucharlo, pero en vez de levantarse giró sobre si y cubrió su rostro con una almohada.
—Cinco minutos más—murmuró con voz ahogada—Solo cinco minutos más.
Todos rieron ante esto y Sirius no pudo evitar hacer un comentario.
—Parece que la pequeña Lily heredó el sueño pesado de su padre —dijo sonriendo.
— Eso no es cierto —dijo James, aunque también estaba sonriendo— yo no hacia berrinche a la hora de levantarme.
— Sí que lo hacías —dijo Remus que sonreía de oreja a oreja— Nos llevaba diez minutos hacer que te levantaras.
— De hecho, si llegábamos tarde a clases era porque perdíamos la hora de desayuno tratando de despertarte…— rió Sirius.
—Sigamos leyendo—Dijo James, que ya se veía derrotado por sus dos mejores amigos.
Lily se sentó en la cama con expresión enfadada.
Sirius y Remus sonrieron con algo de nostalgia, imaginando perfectamente a James poniendo la misma expresión.
— ¿Por qué tenemos que levantarnos temprano?—Gruñó en susurros— Hoy es sábado— dijo, como si se estuviera cometiendo un crimen.
El buen humor de los presentes se desvaneció, de nuevo, cuando escucharon a Petunia ordenarle a Harry que despertar bien a su hermana, y que vigilara la comida por ser…
…el cumpleaños de Duddy.
—Mi hijo no es cocinero de nadie—dijo James molesto—No puedo creer que lo hagan hacer esto…
— ¿Duddy? —repitió Sirius incrédulo— ¿Qué clase de apodo sin chiste es ese para un chico?
Escucharon como Harry gemía, y no comprendieron por qué hasta que Lily le hizo una pregunta.
— ¿Tu también lo olvidaste, no? —susurró Lily, mientras hacía una mueca.
—No los culpo hijos—dijo James—Yo tampoco lo recordaría.
—Creo que nadie que no sean sus padres lo recordaría—opinó Gideon.
Luego escucharon como Harry se encontraba una pequeña araña, pero no le asustaba porque según el libro, era allí donde él y su hermana dormían.
— ¡¿QUÉ?!—dijeron muchas personas en la sala, pero principalmente una pelirroja cuyo rostro había tomado el mismo color de su cabello.
— ¿Cómo pueden hacerles esto?—preguntó la embarazada al borde de lágrimas de la rabia—.¿Una alacena? ¿Qué clase de personas hacen dormir a unos niños en una alacena?
—Muy bien—dijo la profesora McGonagall que tenía el seño fruncido, pensando que no sería bueno que Lily se alterara más**—señor Prewett, si tiene la amabilidad…**
—Por supuesto profesora—dijo Fabian y continuó con la lectura.
Leyeron cómo los muchachos habían entrado en la cocina, y también que Lily no era muy buena cocinando, por lo que si Petunia llegaba a necesitar algo de eso, recurría a Harry. Siguieron con la parte que decía todos los regalos que Dudley había recibido por su cumpleaños, que su aspecto físico les hacía entender que estaba bastante gordo y, con indignación, continuaron con que a Dudley le gustaba golpear a Harry.
Luego siguieron con la ropa que usaban, que aparentemente no estaba en las condiciones en las que al matrimonio Potter le habría gustado.
En el caso de Lily, utilizaba la ropa vieja de la hija de una de las vecinas. También era algo grande para ella, pero al menos no estaba tan desgastada.
En la sala todos soltaron bufidos de indignación contra los Dursley. Pero no dijeron nada ya que querían seguir escuchando la lectura.
Aunque a Lily le habría gustado expresarse en aquél momento.
Luego escucharon las características de los dos niños.
Ambos padres sintieron como la emoción los embargaba al escuchar una descripción de sus hijos. Al parecer, los niños eran una especie de mezcla entre James y Lily. La única diferencia era que Harry usaba gafas, igual que su padre.
Un momento después, comprobaron que lo que a los dos niños les gustaba más de su apariencia, eran aquellas cicatrices que ambos tenían en sus respectivas frentes.
Lily soltó un suspiro. De todas las cosas que a sus hijos podrían gustarles de sus respectivas apariencias, tenía que ser precisamente esa cicatriz la que acaparaba su predilección. La vida sí que era irónica.
Luego, como si el destino quisiera que la madre de los niños la pasara mal, todos escucharon la explicación que Petunia había dado a la existencia de las dos cicatrices.
—En el accidente de coche donde sus padres murieron —había dicho—. Y no hagan preguntas.
Ante esto nadie consiguió quedarse callado, miles de maldiciones y exclamaciones de indignación se apoderaron de las sala.
Lily había puesto una mueca de tristeza en su rostro…
—Ni siquiera saben cómo morimos—le dijo en voz baja a James.
Este se limitó a abrazarla fuerte. Aunque su estado de ánimo no mejoró en el momento en el que escuchó "la regla" que tenían que cumplir sus hijos para estar "tranquilos " en la casa de los Dursley.
«No hagas preguntas».
—Eso es muy injusto—dijo Alice indignada— ¡Ellos tienen derecho a saber!
Al final, cuando los ánimos estuvieron un poco calmados, escucharon como todos los personajes que habitaban en la casa estaban en la cocina, hablando. El tema del día era, aparentemente, el cumpleaños de Dudley y los regalos que él estaba recibiendo.
—Treinta y seis —dijo, mirando a su madre y a su padre—. Dos menos que el año pasado.
Lily bufó ante esto. Dudley había recibido más regalos ese día, que todo lo que ella y Harry habían tenido durante toda su vida ¿y en vez de poner una estúpida cara de felicidad, se quejaba?
Lily luchaba por contener las lagrimas ante eso último. Dudaba que su hermana le hubiera regalado algo lindo a sus hijos, y al parecer, James se dio cuenta de lo que ella pensaba y la apretó fuerte contra él.
Entonces escucharon como Petunia le recordaba que tenía que contar un regalo más.
—Muy bien, treinta y siete entonces —dijo Dudley, poniéndose rojo.
—No puedo creer que alguien malcríe así a sus hijos—dijo Molly.
Todos asintieron, pensando que tenía mucha razón. Que sus padres trataran así a ese chico no le traería nada bueno a nadie. Y, como si Petunia se esforzara en malcriar a su niño, le dijo que saldrían y le darían dos regalos más.
—No, no está todo bien—señaló McGonagall reprobatoriamente— Lo único que hace es solapar los caprichos de su hijo, lo cual hará que sea un completo barbaján cuando crezca.
—Entonces tendré treinta y.. treinta y..
—Treinta y nueve, dulzura —dijo tía Petunia.
—Oh . Entonces está bien.
Lily puso cara de incredulidad ante eso, ¿era acaso posible que su primo fuera tan idiota como para no poder contar bien? Sin mencionar que la ponía de mal humor que tía Petunia hiciera caso a cada una de sus ridículas exigencias.
— Estamos de acuerdo contigo niña—dijo, para sorpresa de algunos, Moody— No poder contar a su edad es algo completamente inaceptable.
La lectura continuó, contándole a todos los presentes lo difícil que había sido para los dos niños vivir allí. Escucharon que, cada vez que Dudley cumplía un año, él, sus padres, y otro chico amigo del cumpleañero salían a pasear… mientras Harry y Lily se quedaban al cuidado de una señora que vivía por la calle.
Pero, en aquella ocasión, ocurrió algo diferente. La mujer que cuidaba a loa niños no estaba en condiciones de cuidarlos, así que Vernon y Petunia estaban buscando opciones para que los niños no fueran.
— ¿Marge? —repitió Marlene sin comprender.
—La hermana de Vernon—explicó Lily— La conocí durante la boda de mi hermana, y he de decir que no me agradó mucho… Se parece demasiado a su hermano.
—No seas tonto, Vernon, ella no aguanta al chico y mucho menos a la chica.
— Y nadie la aguantaría a ella —replicó Lily fríamente, completamente segura de que sus hijos eran encantadores.
*—*Pueden dejarnos aquí —sugirió esperanzado Harry.
Lily, que comprendió las intenciones de su hermano se apresuró a añadir:
—Creo que sería buena idea—dijo sonriendo lo más inocentemente que pudo—No haremos nada malo.
— No se hagan ilusiones, corazones —suspiró Lily— Conozco a Petunia, y sé que no va a hacer lo que ustedes le pidan.
Parecía que la predicción de Lily se haría realidad, pero entonces, llegó el amigo invitado de Dudley, y los Dursley no tuvieron más opción que llevarse a los muchachos. Claro, Vernon no pudo aguantar y demostró su estupidez ante los dos chicos.
—Se los advierto —dijo—. Les estoy avisando ahora, chicos: cualquier cosa rara, lo que sea, y se quedarán en la alacena hasta la Navidad.
— ¿Quién se cree que es para amenazarlos?—dijo furiosamente Remus—cuando me encuentre a esos muggles voy a darles unas pequeñas clases de cómo tratar a la gente.
Este último comentario consiguió arrancar unas cuantas risas ,pero la mayoría estaba tan indignados como Remus.
Finalmente, escucharon como los Dursley, el amigo de Dudley, Harry y Lily llegaban al zoológico.
— Oye, pelirroja, por cierto ¿Qué es un zoológico?
— Un zoológico es un lugar donde los muggles van a observar animales, Sirius —explicó Remus, anticipándose a Lily.
Sirius y varios de los demás, parecieron curiosos por la idea.
…Fue la mejor mañana que los dos hermanos habían pasado en mucho tiempo.
Los Potter se mostraron algo tristes ante eso. Ambos deseaban que cada mañana de sus hijos fuera espectacular, y les parecía muy injusto que tuvieran que conformarse con lo que los Dursley les daban, (lo cual, aparentemente no era mucho.)
Parecía que todo iría bien, hasta que los muchachos fueron a ver a los reptiles. Harry y Lily se quedaron solos con una serpiente, mientras los Dursley hacían otra cosa.
—Las serpientes siempre me han dado miedo…—comentó Molly con un estremecimiento— No sé por qué, pero la forma en que se mueven me causa escalofríos…
*Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de ambos chicos.*Guiñó un ojo.
— ¿Qué quiere decir con que "guiño un ojo "?—preguntó Arthur.
— No tengo ni la menor idea —respondió Edgar.
—¿Las serpientes pueden guiñar los ojos? Yo tenía entendido que no… —comentó Frank extrañado.
Después la serpiente observó fijamente a Lily, quien al no saber cómo reaccionar, también le devolvió el guiño.
— Esto no me parece bien —dijo Lily, comenzando a ponerse nerviosa.
— Tranquilízate Lily —dijo Alice— No creo que sea nada malo.
La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley.
—Me pasa esto constantemente.
— ¡¿pudieron entender a la serpiente?! —Dijo un muy sorprendió James— ¿Cómo es eso posible?
Lily estaba muy sorprendida observando a la serpiente. ¿Cómo era posible que lograran entenderla?
—Yo me pregunto exactamente lo mismo—aseguró Arthur, muy perplejo.
Aparentemente, la serpiente simplemente estaba conversando con los muchachos, y les contaba que nunca había estado en brasil.
— No puedo creerlo —dijo Sirius— Harry y la pequeña hablan pársel…
— ¡Pero esa es una lengua de magos tenebrosos! —objetó Moody.
—No necesariamente—repuso el profesor Dumbledore tranquilamente—estoy seguro de que hay una explicación de por qué los chicos hablan esa lengua…
Esto tranquilizó a varios en la sala, más la explicación de Dumbledore no bastó para eliminar las preocupaciones de Lily, el hecho de que sus hijos hablaran pársel no le hacía ni pizca de gracia.
Todo parecía ir "normal", dentro de lo que cabía, hasta que el grito del niño que acompañaba a Dudley los sobresaltó a todos.
—¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
— ¡Agggh! ¿No podía quedarse callado? —gruñó James, bastante molesto.
Oyeron como Dudley y el chico quitaban a los hermanos Potter de un empujón.
— ¡Qué falta de educación! —exclamó McGonagall de manera desaprobadora, mientras todos los demás asentían, de acuerdo con ella.
Pero entonces, sucedió algo inesperado: el vidrio que separaba a la separaba a la serpiente del resto de las personas, había desaparecido, dejando que el reptil saliera.
— Así que a esto se refería el título —rió Remus divertido.
En la sala James, Sirius, Remus, los Hermanos Prewett, Frank y Edgar reían descontroladamente.
—Me habría gustado ver eso…—se carcajeó Sirius, disfrutando de la segura conmoción que deberían sentir los muggles en aquél momento. Y aún más de la histeria de Petunia. Todo resultó muy divertido, hasta que el amigo de Duldley mencionó que Harry y Lily habían estado hablándole a la serpiente. Cuando todos llegaron a Privet Drive, Vernon se portó como un auténtico idiota.
—Vayan ... alacena... quédense... no hay comida —pudo decir, antes de desplomarse en una silla.
— ¿Cómo que no hay comida?—Gritó enfadada la profesora McGonagall—esa no es forma de castigar a unos niños—murmuró enojada.
Y no era la única, todos estaban haciendo exclamaciones indignadas, expresando su inconformidad.
Después de un minuto, siguieron leyendo como Harry y Lily se encontraban solos en su alacena, horas más tarde. Los dos bastante desanimados.
—Malditos Dursley—gruñó Sirius, indignado.
Luego escucharon un pequeño comentario sobre el único recuerdo que los muchachos conseguían cuando querían recordar algo sobre sus padres: una luz verde intensa.
**—La maldición asesina—susurró Lily, comprendiendo la forma en la que Voldemort los había asesinado a ella y a James.**Aquello fue un golpe duro para el matrimonio Potter, ambos sintieron como si un objeto fuerte les hubiera golpeado en el estómago.
Y lo peor de todo fue, cuando escucharon que ninguno de los dos recordaba nada sobre Lily o James. Ni sabían nada de ellos.
—No saben cómo somos…—sollozó Lily, imaginándose cómo deberían de sentirse sus hijos en aquél momento.
Sirius y Remus se preguntaron otra vez, por qué no eran ellos aquellas personas que se hacían cargo de ellos, aquellas que iban a buscarlos para sacarlos de aquélla casa.
Lily miro fijamente a su hermano por unos segundos, forzando un poco los ojos ya que le costaba ver en la oscuridad, y al ver que su semblante estaba tan desanimado como el suyo le abrazó tiernamente.
—No te preocupes Harry, algún día tu y yo nos iremos lejos de aquí, solo es cuestión de tiempo—dijo ella sonriéndole en la oscuridad.
Harry la observó sin decir nada durante unos segundos y luego contestó:
—Lo sé Lily, es solo que la espera se me hace eterna, a veces me pregunto cómo hubiera sido todo si ellos no hubieran muerto ¿sabes?
Lily comprendió que se refería a sus padres, dejó escapar un suspiro.
—Bueno, supongo que habría sido diferente, pero no debemos lamentarnos sobre lo que no fue Harry, algún día los veremos de nuevo—dijo ella firmemente— .estoy segura.
—Detesto ser huérfano Lily—dijo Harry susurrando, este era uno de esos momentos en los que dejaba salir sus sentimientos frente a su hermana— desearía que estuvieran aquí, desearía tenerlos con nosotros.
En la sala Lily lloraba incontrolablemente y James hacia un gran esfuerzo por controlar las lágrimas….ambos sentían un profundo dolor al saber lo que sus hijos pensaban….
Lily le acarició el rostro a su hermano, ella lo comprendía, ella sabía lo que se sentía cada vez que Dudley hacía burlas referente a que ellos no tenían a nadie, y le dolía que Harry sintiera eso, porque sabía muy bien que era horrible, entonces en una repentina ola de inspiración se le ocurrió algo que podría animar a Harry…
—Bueno—dijo ella sonriendo tímidamente—si lo que quieres es no ser huérfano, supongo que podemos arreglar eso.
Harry la miró sin comprender
— ¿Qué quieres decir?—preguntó.
—Bueno, escucha: de ahora en adelante además de ser mi hermano, también serás mi padre y yo, además de ser tu hermana, seré tu madre—terminó sonriendo, sabiendo que su ocurrencia le parecería graciosa a su hermano.
Y estaba en lo cierto, Harry rió animadamente al escuchar a su hermana y sabiendo que ella estaría encantada de que él le siguiera el juego.
—Está bien—dijo sonriendo— Esto me hace el mayor ¿no?
Lily bufó pero volvió a sonreír, una de las discusiones más comunes que había tenido con su hermano era quién de los dos era el mayor, a lo que Lily decía que tenían la misma edad, y ya que cumplían años el mismo día así ninguno era mayor, entonces tuvo otra ocurrencia…
—Como quieras—aceptó sonriendo la ojiverde—Tú serás el mayor, pero yo seré la más grande.
Y sin más le dio un beso en la mejía a Harry y se recostó en la pequeña cama con una sonrisa en los labios.
—La pequeña sí que sabe levantar el ánimo ¿eh?—dijo Sirius, que se había conmovido por las palabras de los dos pequeños hermanos.
—Vamos a hacer que tengan la mejor infancia posible—murmuró Remus viendo a Lily y a James—ya lo verán, si nos han enviado esto, es porque desean que cambiemos algo.
El matrimonio Potter sonrió agradecido a sus amigos y un segundo después el profesor Dumbledore se levantó de su asiento y dijo:
—Bueno, creo que debemos ir descansar, quizá a comer algo y después podremos seguir con la lectura.
Todos en la sala se mostraron conformes, impacientes por seguir con la lectura después de la comida.
Todo lo que está subrayado, fue invención de la ingeniosa mente se Sucy Weasley.(: