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Los chicos de enfrente — capítulo 29

Ya estoy aquí!!

Y bueno, para los que entendieron mi comentario final, decirles que seguramente debí resaltar más las palabras PRIMERA reacción, ya que está claro que al final accedería, pero en un primer momento…

Muchas gracias a las que me comentáis sin falta en cada capítulo, ya que parece que cada vez sois menos, pero sois las mejores por hacerme feliz.

Gracias a:

Antes de comenzar este capítulo, os recuerdo que esta historia está clasificada para mayores de 18 años, y en este capítulo hay escenas más subidas de tono, así que leéis bajo vuestra responsabilidad jeje.

-mi madre quiere hablar contigo.

-¿Qué? - Hermione se levantó del banquito en el que había estado escuchando a Draco - ¡no! - y comenzó a caminar hacia la salida del invernadero. El rubio la alcanzó, cogiéndole la mano, parándole.

-¿Qué te ocurre?

-¿acaso has montado todo esto para que tu madre pueda matarme tranquilamente, sin salir de casa?

-pero… ¿qué estás diciendo? - Draco le cogió la cara con ambas manos, obligándola a mirarlo. - acaso no has escuchado nada de lo que te he dicho. Te quiero. - reafirmó.

-pero… tu madre me odia ¿Qué quiere hablar conmigo?

-supongo que quiere asegurarse de quien cuidará de mí cuando ella no esté.

Hermione recordó las palabras del rubio de segundos antes. Si a su padre le daban el beso del dementor… el alma de su madre también lo sufriría. Draco acababa de contarle que iba a ser huérfano, y a ella solo le preocupaba salir de allí cuanto antes.

-lo siento…

  • susurró entre sus manos. - está bien. Llévame con ella.

-Hermione, no tengas miedo. Mi madre me quiere, aunque lo haga a su manera, y sabe que yo soy feliz contigo.

Hermione no podía dejar de sentirse como una tonta cada vez que le temblaban las piernas cuando él le decía alguna frase parecida o le declaraba su amor. Se sentía una chiquilla.

Asintió.

Draco la acompañó de nuevo a las escaleras principales y comenzaron a subir escaleras, hasta llegar al segundo piso, donde caminaron por largos pasillos llenos de cuadros que la miraban curiosos.

-habría sido más fácil aparecernos, esta casa es enorme para recorrerla andando, pero después de lo que pasó… no quiero arriesgarme - el rubio echó una ojeada al hombro de la chica. - por cierto ¿Cómo llegaste hasta aquí?

-le pedí a Blaise que me trajera - la mirada de Draco le dijo que su amigo tendría problemas por exponer a su chica al peligro, así que añadió - si no me traía él, habría venido sola, prefirió traerme para que no te enfadaras. Tienes buenos amigos, Draco.

El rubio relajó la mirada.

-lo sé… lo peor es que tu también las tienes…

-¿Cómo que lo peor?

-una de ellas querrá asesinarme cuando regresemos.

Ambos rieron, aunque a Hermione le preocupó que les diría ahora a sus amigas, después de la escena que había montado el día anterior.

Se detuvieron ante una puerta y la castaña notó los nervios en su estómago. La última vez que vio a Narcisa, la hermana de esta le torturaba y la rubia se moría por entregarlos a Voldemort.

Draco le dio un pequeño beso para confortarla antes de abrir.

-madre… -dijo entrando, pero la mujer no le contestó. Memé estaba en el interior aplicando paños fríos en la frente de la mujer, lo que también confortaría al hombre que lo sufría directamente desde una celda.

-señor Malfoy, volvió a desmayarse.

Draco miró a Hermione de reojo, no creía que ahora le montara una escenita P.E.D.D.O., pero tarde o temprano la tendrían, por lo que más valía hacer algunos méritos.

-está bien Memé, yo me ocuparé de ella.

-pero señor, usted…

-Memé… - le interrumpió el rubio entre dientes, haciéndole señas con los ojos sin que Hermione lo notara - puedes irte - miró a la chica por el rabillo del ojo, y notó el ceño fruncido de esta, así que añadió - por favor…

La elfina le miró extrañada, pero decidió obedecer a su amo, que era lo que tenía que hacer. Desapareció con un PLOP.

Draco caminó hasta la cama de su madre y Hermione le siguió, reparando en lo esplendida que era la estancia. Lo que jamás se podría negar es que Narcisa Malfoy tuviera un gusto exquisito.

-no sé cuánto tardará en despertar de nuevo… si tienes algo que hacer, o debes regresar…

-no… - sonrió ella sentándose en una silla cercana - esperaré.

No sabía que sería peor, enfrentarse a la madre de Draco, o enfrentarse a Ginny al saber que había perdonado a Draco tan fácilmente. Por lo menos una de ellas estaba convaleciente y podría con ella si las cosas se pusieran mal.

Observó como el rubio cambiaba el paño húmedo de la frente de su madre con expresión preocupada. Quería preguntarle algo, pero no sabía cómo hacerlo.

-Draco - él la miró en señal de que la escuchaba - ¿vas a ir a ver a tu padre antes de… el beso?

El chico dejó lo que estaba haciendo. La pregunta le había pillado desprevenido. No lo había pensado, y no lo tenía claro, por lo que decidió desviar la pregunta.

-necesito conseguir cambiar la pena de mi padre… - volvió a poner el paño sobre la frente de su madre - tengo que conseguir que lo sentencien a muerte en lugar de al beso del dementor. De otra forma… - Draco miró a los ojos cerrados de su madre

  • sus almas nunca podrán estar juntas… ¿crees que Ginny me querrá ayudar? - si recordamos, Ginny trabajaba en el Wizengamot.

-no… - le respondió sinceramente Hermione, y él paso la mano por su pelo desordenándolo, pues no tenía otra idea - pero quizá a mi sí…

El rubio notó la mano de la chica sobre su hombro, apoyándole ¿Por qué nunca había echado de menos esas pequeñas cosas? quizá porque no las conocía hasta ahora….

Notó el movimiento de Narcisa bajo su mano.

-mama… - dijo suavemente Draco mientras la mujer enfocaba la vista en su hijo - te traje a alguien.

La mujer divisó a una forma femenina detrás de su hijo. Tenía las mejillas sonrosadas y el pelo alborotado.

-¿Cómo se encuentra, señora? - preguntó la muchacha educadamente.

-muy bien, gracias - dijo la mujer algo altanera, incorporándose en la cama y arreglándose el pelo, lo que hizo que la muchacha se llevara sus manos inconscientemente a su propio pelo, que después de haberlo dejado mojado, se vería horrendo. - Draco, llama a Memé para que me traiga un poco de agua…

Draco miró tenso a la chica, que volvió a fruncir el ceño molesta.

-no importa, yo te la traigo mamá. - Draco se desapareció, dejándolas solas.

Se hizo un silencio incómodo, hasta que Narcisa lo rompió.

-así que tu eres Hermione Granger… la heroína del mundo mágico - dijo seria, aunque Hermione creyó notar un tono de burla cuando la miró de arriba abajo.

-no me considero así, señora… usted contribuyó también a que la guerra acabara, me considero su igual.

-¿Qué quieres decir con que yo ayude?

-Harry me contó que usted mintió, sabía que estaba vivo y se atrevió a mentir a Voldemort

  • la mujer hizo una mueca al escuchar el nombre - eso fue muy valiente, y le agradezco que nos ayudara a ganar la guerra.

La mujer relajó la expresión, que había tenido tensa hasta el momento.

Hermione, aparte de lo inteligente que era, tenía cierto don de gentes, sabía que palabras querría escuchar cada persona, y así, lograba salir de muchas situaciones incómodas, y esa era una de ella. Sabía que a Narcisa le encantaría saberse una heroína de la guerra y eso le haría ganar puntos.

-acércate… - pidió la mujer señalándole la cama a su lado. Hermione se sentó en el colchón de la mujer, que acarició sus rizos, valorándolos - creo que tengo algo que te irá maravillosamente para tu pelo…

-no se preocupe señora - dijo la chica algo avergonzada - mi pelo no tiene arreglo.

-te aseguró que las brujas de nuestra clase no tenemos otra cosa que hacer que descubrir con que vernos más bellas - Hermione no supo si la mujer se sentía orgullosa o apenada por ello - tenemos cosas que hacen maravillas y que muy pocas conocen. ¿Quieres que sorprendamos a Draco?

Hermione miró a la mujer, valorando su proposición. Se veía perfecta incluso estando en cama, y ella, estaba harta de su pelo ¿acaso perdía algo por ser un poco presumida por una vez en su vida? Quizá realmente sorprendiera a Draco…

La verdad, que la quisiera a pesar de su enmarañada cabellera y su aspecto desordenado decía mucho a su favor, pero si pudiera deshacerse de todo eso…

Hermione Granger quiso sentirse guapa por una vez en su vida, quería impresionarle a él.

En ese momento, Draco apareció con el vaso de agua en sus manos. Hermione se acercó a él y le quitó el vaso de las manos.

-yo se lo daré ¿por qué no vas a jugar un rato con tus juguetes y nos dejas solas? - dijo la castaña empujándole hacia la puerta para que saliera.

-pero… quieres quedarte a solas con mi madre… - el rubio no creía lo que escuchaba, hace solo unos segundos estaba muerta de miedo y ahora… le echaba para estar a solas con su madre. Cuando se dio cuenta, él ya estaba fuera y la puerta cerrada. Desistió de volver a entrar, le gustaba la idea de que su chica y su madre pudieran llevarse bien.

La puerta volvió a abrirse, y Narcisa, que se había levantado, asomó la cabeza.

-Hermione se quedará a cenar con nosotros - afirmó, y volvió a cerrar sin dar tiempo al chico de abrir la boca

-¿Hermione…?

  • preguntó al aire. ¿Acaso ya tenía tanta confianza como para llamarla Hermione?

Aún su confusión, Draco sonrió feliz de que, al parecer, su madre hubiera aceptado tan bien a Hermione.

-aquí tengo lo que me pidió ¿está segura de que estará bien fuera de la cama? - Hermione llevaba en las manos cepillos y botes con pociones viscosas y cremosas que Narcisa le había indicado que tomara del cuarto de baño de la habitación.

-Hermione, aunque no lo parezca, las mujeres somos más fuerte que los hombres - le sonrió la mujer. Aunque Narcisa nunca lo había contado a nadie, siempre le había gustado la idea de tener una niña, le encantaba todo lo que tuviera que ver con la estética de la mujer. Le gustaba, peinar, pintar, vestir… y esa chica era un gran reto. Se emocionó ante la idea de volver a sentirse activa en algo que adoraba - cuando Lucius se desmaya, puedo notarlo unos minutos antes, me dará tiempo a llegar a la cama. Ponte aquí.

La mujer le señaló una silla que había acercado a la cama, para sentarse ella en esta. La castaña obedeció a la mujer, la cual comenzó a cepillarle el pelo con manos expertas.

-Draco me contó lo suyo y lo de su marido, señora - la mujer asintió silenciosamente, y aunque la chica no lo vio, continuó hablando - haré lo que pueda por cambiar la condena.

-después de todo lo que te hicimos pasar, y aún quieres ayudarnos…me cuesta creer que existan personas así, tan desinteresadas…

-bueno, si se queda más tranquila, solo la ayudaré si consigue domar mi pelo - ambas mujeres rieron. La rubia se sintió agradecida, hacía mucho tiempo que no reía.

  • señora, lo hago por su hijo.

-lo sé… él te quiere, puedo verlo en sus ojos, al fin y al cabo son los ojos de un Malfoy, los que solo se permiten cambiar por amor, solo tú podrás encontrar la calidez en ellos, puede que los demás te digan que es frío, que no es bueno, pero la mujer de un Malfoy sabe que eso no es cierto, que tienen un corazón cálido. Yo no supe mantener esa calidez. Sé que tú lo harás. Debes hacerlo.

Al principio, Hermione se había sentido en la obligación de llevarse bien con esa mujer, lo haría por amor a Draco, por hacer los últimos días con su madre más agradables, pero ahora sabía, que si hubieran tenido más tiempo, realmente podría haberse llevado bien con Narcisa.

¿Tan equivocada había estado con los Malfoy?

La mujer cogió su varita y comenzó a mojar el pelo de la chica con agua, pero sorprendentemente esta desaparecía antes de llegar al suelo.

Cuando lo tuvo humedecido, comenzó a aplicarle pociones, explicándole para que servía cada una y como se hacían.

-me alegro de poder traspasar mi única sabiduría a alguien - dijo la mujer sinceramente.

Una hora después Hermione veía su imagen en el espejo sorprendida. Los rizos de su pelo caían en perfectas hondas por sus hombros y su espalda, ni un solo pelo estaba fuera de su lugar, y había adquirido un gran brillo. Lo tocó y le pareció notarlo muy suave, cuando siempre estaba áspero y lleno de enredos.

-esto es maravilloso… - la chica lo decía sinceramente, por una vez no se acomplejaba por su pelo. Se sintió hermosa.

-verás la cara que pone mi hijo. - dijo la mujer satisfecha por el resultado. Se llevó la mano a la cabeza y se incorporó en la cama, apoyándose un poco en las almohadas.

-se encuentra bien, señora.

-estoy bien, pero odio sentirme tan débil. Y déjate de formalidades, ya no tengo tiempo para eso - Hermione bajó la mirada al saber a qué se refería - saltémonos unos cuantos pasos y llámame Narcisa.

Hermione sonrió sinceramente. La madre de Draco era alguien con quien era fácil coger confianza. Si ella quería, por supuesto. Sus amigas no creerían lo que estaba pasando en esa habitación.

-claro - dijo ella.

-ahora, me gustaría que abrieras ese armario. - Hermione obedeció y no pudo creer lo que descubrió. Obviamente el armario tenía un hechizo, ya que dentro pudo encontrar una habitación completa llena de ropa organizada en fileras.

-oh dios mío. Jamás vi tanta ropa. Es preciosa - la mujer sonrió por dejar a su nuera con la boca abierta, le encantaban los cumplidos.

-si no te importa, podrías alcanzarme un vestido color crema que hay en la cuarta fila comenzando por la derecha - Hermione recorrió la fila indicada maravillándose con cada una de las telas. Aunque ella jamás compraría cosas así… al fin y al cabo era una chica. Cogió dos trajes color crema y se los enseñó a la mujer. Narcisa le señaló el de la izquierda y, dejando el otro en su sitio, se lo entregó a la rubia. - En mi casa - continuó ella - cuando la familia se reúne hay que estar presentable, con clase. - Hermione miró la ropa que llevaba puesta, quizá sí que habría sido buena idea ponerse su único vestido - tendremos que hacer algo con tus ropas… mmm - la mujer pensó por un momento - fila once, elige el que quieras.

-¿Qué? Pero señora… - Hermione no sabía que decir, por una parte le encantaría llevar cualquiera de esos vestidos, pero por otra, sería algo vergonzoso - no puedo aceptarlo.

-Yo no puedo aceptar que bajes a cenar así, como ya te he dicho. Así que elige uno de los vestidos o tendré que hacer a Memé que te haga uno ahora mismo, puede ser muy rápida si se lo propone…

-no… - la mujer frunció el ceño, no estaba acostumbrada a que la interrumpieran mientras hablaba. Pero es que Hermione no podía ni pensar en la idea de dar trabajo a un elfo - creo que echaré un vistazo.

La castaña se internó en el armario y contó once filas hasta llegar a la que la mujer le había señalado. Eran todos vestidos por mitad de muslo, mucho más cortos que el que había usado la rubia, pero a ella le gustaban más. Algunos eran de dos piezas.

Había tantos que no sabía cual elegir, no tenía mucha experiencia para hacerlo, así que escogió los dos que más le gustaron y pidió opinión a la madre de Draco. Uno era negro y el otro amarillo pálido.

-el negro - dijo la mujer sin pensarlo - si fuera la hora de la comida deberías ponerte el amarillo sin duda, pero para la noche se llevan los colores más neutros u oscuros. El negro es el ideal.

El vestido del que hablaba Narcisa era un vestido negro muy sencillo, todo liso, de tirantes, pegado a su cuerpo y con falda de vuelo. A Hermione le encantaba que las faldas se movieran suavemente mientras caminaba.

-iré a ponérmelo - la muchacha se metió en el baño. Dejando también intimidad a la mujer para que se cambiara. En estos momentos estaba emocionada. Nada de eso tendría que estar pasando, pero qué más daba, solo estaba complaciendo a una mujer que pronto no estaría. Y vale, lo admitía, le encantaba sentirse como una princesa por una vez en la vida. Ella no estaba acostumbrada a eso, aunque tenía claro que después de esa noche, volvería a ser la sencilla Hermione de siempre. Excepto porque pensaba seguir utilizando las pociones del pelo. Narcisa le había dicho como hacerlas y había tomado nota mental de todo.

Cuando se miró al espejo no pudo creer que fuera ella. Ya se había vestido otras veces en fiestas, pero era distinto. Esta vez era algo sencillo, pero elegante. No era nada llamativo de fiesta. Se encantó a sí misma.

Cuando salió, la rubia, que ya estaba vestida y se arreglaba el pelo en el espejo, sonrió satisfecha, con un movimiento de varita, acercó unas sencillas sandalias de tacón atadas al tobillo.

-póntelas - le ordenó. Por lo menos ya sabía de dónde había sacado Draco su manera de hablar siempre ordenando. Pero eras tan bonitas que se las puso sin chistar. - ¡Memé!

  • llamó la mujer, y Hermione se molestó cuando la elfina apareció - hazle saber a mi hijo que este arreglado, que ya bajamos. - la criatura asintió y volvió a desaparecer.

-nunca ha pensado en pagar a sus elfos domésticos.

-¿Cómo? - dijo la mujer soltando una carcajada mientras abría la puerta de la habitación y salía al exterior del pasillo. Hermione la siguió.

-al fin y al cabo los elfos están haciendo un trabajo, el trabajo de llevar esta casa, y todo trabajo debe ser remunerado. ¿y qué me dice de las vacaciones?

La mujer volvió a reír mientras bajaba las escaleras cogiéndose de la barandilla.

-eres muy graciosa.

-no intento hacerme la graciosa señora. Creo firmemente que deberíamos plantearnos seriamente los derechos de los elfos domésticos, llevan una vida de esclavos sin recibir nada a cambio y la constitución de los magos dice claramente que toda criatura que no se…

-vaya…

Hermione se quedó callada al escuchar la voz de Draco en una exclamación asombrada. Le buscó con la mirada y sonrió. Él le alargaba la mano para ayudarla a bajar los últimos escalones sin poder apartar sus ojos de ella, que la recorrían de arriba abajo. Cuando cogió su mano, definitivamente se sintió como una princesa.

-esto es vergonzoso… - susurró ella bajito.

-estás hermosa Hermione - le dio un beso en la mejilla y tras un último vistazo, el rubio le tendió el brazo a su madre, guiando a ambas hasta el salón donde les separó las sillas para que se sentaran.

-no estoy acostumbrada a esto… - dijo la joven.

-acabarás por acostumbrarte - le dijo Narcisa

Hermione iba a contestarle que ella nunca llevaría este tipo de vida y que no le haría falta acostumbrarse a esto, pues no iba a vivir así, pero Draco le apretó la mano por bajo la mesa. Le comprendió al instante ¿Por qué darle un disgusto a su madre diciéndole que no vivirían en la mansión y que no tendrían elfos domésticos? Así que solo contesto.

-claro…

La cena transcurrió sin mayores incidentes, aunque la castaña se tuvo que morder la lengua más de una vez.

Cada vez que pillaba a Draco mirando su escote (que era lo único que podía ver sobre la mesa) se le ponía el bello de punta. Nunca se había sentido deseada por un hombre, y en los ojos del rubio podía leer claramente la lujuria. Hermione se encontraba orgullosa y avergonzada a la vez.

Pronto la madre de Draco se retiró para descansar, pues se sentía débil y mareada. Draco la acompañó mientras Hermione esperaba en una salita de té.

Cuando el chico regresó volvió a notar sus ojos llameantes sobre ella. El chico no se anduvo con rodeos y la atrapó contra el sofá, colocándose encima de ella aguantándose con sus brazos.

-me tienes como loco toda la noche - le susurró con voz ronca cerca de sus labios.

Hermione sintió un cosquilleo en su estomago y un poco más abajo. Se asustó de la reacción de su cuerpo, de lo que le pedía. Quería el cuerpo de Draco sobre el suyo, sus manos recorriéndolo… pero solo se atrevió a besarle. Lo hizo con una pasión que ni siquiera sabía que ella tenía.

-no me hagas esto… o tendré que llevarte a mi cuarto - dijo sobre los labios de ella.

-¿Por qué no lo haces? - dijo Hermione metiendo una mano por bajo de la camisa del chico. Vio como la poca fortaleza de Draco se derrumbaba ante este gesto. La rodeó por la cintura y cuando se quiso dar cuenta su espalda ya no estaba sobre el sofá, sino sobre algo mucho más cómodo. La cama de Draco. Se habían aparecido.

El rubio volvió a atrapar sus labios mientras una de sus manos, que descansaba en su cintura, fue bajando hasta la cadera de ella. Hermione le besaba mientras sus manos buscaban torpemente los botones de la camisa de él. No sabía que estaba haciendo, sus manos reaccionaban solas, su cabeza parecía haberse desconectado en ese momento y su cuerpo quería más.

Cuando consiguió quitar cada uno de los botones, el rubio se separó un poco para que ella le pudiera quitar la camisa. Ella lo hizo mientras se mordía el labio inferior con deseo al ver el torso desnudo de Draco, lo que enloqueció más a este. El chico le dio la vuelta con algo de rudeza, colocándola boca abajo en la cama, y acariciando desde sus piernas hasta su espalda, llegó hasta la cremallera del vestido, que bajó lentamente, recreándose en la piel que iba apareciendo mientras lo hacía. Volvió a colocarla en la posición original para continuar besándola y pudo ver sus mejillas encendidas y sus ojos pidiéndole más.

Con una mano le bajaba el tirante por el hombro mientras que su otra mano se abría paso por debajo de su falda, acariciando su muslo. Hermione sacó el brazo del tirante del cual el chico tiraba mientras besaba su cuello, dejando ver su sujetador negro. Al verlo, Draco mordió el comienzo de su seno con delicadeza y la castaña pudo notar algo duro sobre su vientre. Todas estas sensaciones hicieron que un débil gemido se escapara de su garganta.

-me estas poniendo a mil… - susurró el rubio subiendo de nuevo hacia su cuello.

Hermione solo podía sentir miles de sensaciones nuevas y desear que estas continuaran. Que continuaran sus besos, sus caricias. Quería llegar con él hasta donde nunca había llegado con ningún hombre. Dejó de clavar sus uñas en la blanca espalda del chico, para que sus manos pudieran encontrar el cinturón de su pantalón.

-¿qué pretendes Hermione? - le dijo con voz torturada escondiendo la cara entre su pelo, al parecer intentaba controlarse para no arrancar la ropa de ella, pues no sabía si ella quería llegar hasta el final o esto quedaría en unos besos subidos de tono.

-quiero que me hagas tuya - la castaña jamás pensó que semejantes palabras pudieran salir de su boca, pero ya que su cerebro no estaba disponible, le tocaba pensar y hablar con otras partes del cuerpo.

Draco apoyó su peso en los brazos para mirarla a los ojos, lo que la joven aprovechó para quitar por fin su cinturón y desabrochar botón y cremallera. Sus ojos grises ardían en deseo, pero también podía ver su mirada llena de amor y calidez.

-¿estás segura, cariño? - ella sintió de nuevo las mariposas en su estómago al oírle llamarle tan dulcemente, a pesar de lo que estaba pasando.

-totalmente

  • dijo ella sincera, pues nunca había tenido algo tan claro como en ese momento.

Draco se apartó un poco y consiguió deshacerse de sus pantalones, quedando solo con unos bóxers en los que Hermione podía notar todo lo que había en el interior. Le miró a la cara algo avergonzada, pero el rubio solo sonrió de lado y regresó a sus labios mientras volvía a colar la mano por debajo del vestido y con la otra mano le acariciaba un seno. La mano de debajo de la falda subió entre sus muslos para llegar a su lugar más íntimo. Mordió sin querer el labio del chico cuando él le acarició en este lugar.

Tirando del vestido hacia abajo consiguió deshacerse de él, le quitó el sujetador sin siquiera desabrocharlo, por arriba de los brazos, y se deshizo rápidamente de sus braguitas y sus propios bóxers. Draco tenía manos expertas, sabían acariciar cada parte de su cuerpo firmemente, quitar su ropa sin problema, sus labios sabían por donde caminar…

Cuando volvió a apoyarse sobre ella Hermione pudo notar piel contra piel. Sus cuerpos se sentían cálidos y sudorosos. Ella abrió las piernas y Draco la miró a los ojos. Sus ojos castaños le dieron permiso para colarse en su interior, y el rubio lo hizo, despacio y delicadamente, sin apartar sus ojos de los de ella para detenerse a la mínima señal de dolor. Y aunque le dolió, el placer que sentía era tan grande que opacó el desgarro que sentía.

Los brazos del rubio la abrazaban firmemente y sus labios besaban los de ella mientras se movía rítmicamente. A la castaña ya no le importaba que los gemidos pudieran escapar de su boca, pues el placer era incontrolable.

Notó su cuerpo contraerse y a Draco temblar sobre ella y a continuación sintió el placer más grande que pudiera haber imaginado.

Draco se dejó caer sobre ella respirando entrecortadamente, al igual que Hermione, pero esta no podía evitar la sonrisa boba en su boca.

-te quiero Draco. - Draco se dejó caer a su lado para no seguir aplastándola y la miró a los ojos, también sonrió al ver su sonrisa, su pelo de nuevo revuelto y sus mejillas sonrosadas.

-Ha sido maravilloso Hermione - la besó antes de decirle que él también la quería. Draco la abrazó contra su cuerpo desnudo y ella apoyó la cabeza en su pecho. - quiero tenerte así siempre, quiero que seas mía.

-¿me está pidiendo salir, señor Malfoy? - dijo la castaña divertida levantando la cara.

-sí, supongo que sí, no quería decirlo con esas palabras, pero esa es la idea - dijo él también divertido.

Hermione le dio un suave beso antes de contestarle.

-te quiero Draco, quiero salir contigo, ser tuya, que me tengas siempre y como tú quieras llamarlo- le dijo sonriendo, y volvió a besarle.

Al cabo de un rato, cuando los chicos notaban que los ojos comenzaban a pesarles…

-¿crees que si te rapto por esta noche tus amigas se preocuparan demasiado?

-¡oh Dios mío!

  • Hermione se incorporó de golpe - tenemos que regresar ahora mismo, mis amigas no saben dónde estoy.

-bueno… - dijo Draco resignado levantándose de la cama desnudo, sin ningún tipo de pudor

  • regresemos a la realidad…

Hermione le dio un golpe juguetón antes de salir de la cama, envuelta en una sabana y comenzar a recuperar su ropa originaria.

El rubio se puso sus pantalones y con un movimiento de varita y un hechizo silencioso, hasta su mano voló un botecito con una poción.

-toma - dijo pasándoselo por el aire. Hermione lo atrapó al vuelo - tómatelo.

-¿Qué es? - aunque ella ya se imaginaba que podía ser.

-poción anticonceptiva. Me encantaría tener hijos contigo -dijo riendo - pero eso deberíamos decidirlo juntos - le sonrió y Hermione se bebió el interior del botecito.

Y se acabó por hoy.

En cuanto al siguiente capítulo… Las comunidades de vecinos preparan un campeonato de futbol entre edificios. Qué harán nuestros protagonistas… quizá no se apuntarán, pues nada como el quidditch, o se apuntarán solo los chicos o solo se apuntarán las chicas, o puede que los seis se apunten al campeonato…

Muchos besos!!