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Historia 81462 — capítulo 1

Aguardaba a que dulcemente despertara. Que aquella niña de ojos violeta lo viese con esa hermosa mirada, como siempre esperaba que lo hiciera en cada mañana, cada vez que él despertaba primero.

La niña siempre abría los ojos sin siquiera voltear hacía él, y el siempre le gritaba a su manera resplandeciente "aqui estoy" desde su ventana; en vez de eso ella se volvía sin siquiera notar su presencia.

Ella siempre se vestía con bellos vestidos, pero estos nunca opacaron el atractivo de sus ojos, y siempre hacía lo que debía hacer, ignorándolo a él todas y cada una de las mañanas, mientras él esperaba a que por lo menos una vez volteara a admirarlo, hasta que se terminaba su tiempo y se debía ir, pero siempre volvía al amanecer, siempre le era fiel.

Pero él no sabía que ella, desdichada, anhelaba verlo. Admirarlo como todos los demás.

Simplemente no tenía permitido hacerlo.

Y, también, se preguntaba por qué.

¿Qué error había cometido para que no le dejasen mirarlo? Ninguno.

Pensó ella que, tal vez, tenía la culpa, por tener sus ojos diferentes a lo demás. Pero eso a él no le importaba porque estaba enamorado de ella desde que presencio su nacimiento. Sólo moría por ver que ella lo viera también. Pero su ignorancia no le permitía entender que la vida no quiso que ella lo mirara. Y él se lamentaba porque su amor hacia ella no podía ser correspondido de la misma forma.

Si alguien o algo le pudiese conceder un deseo, ese sería que ella volteara a verlo para llenar su ser del amor que sería correspondido en ese momento, y así, solo así, sería totalmente feliz, porque no pedía otra cosa.

Pero, ¿por qué lo único que le pide a la niña con sus indirectas, ha de ser lo que ella no puede hacer?

La vida era muy mala, pensaba él. Hasta que un día supo, de la manera más cruel, que el amor que le tenía era totalmente prohibido, cuando una nube, a señas, le dijo que aquella niña estaba ciega... y que él era por siempre el alba de la mañana. Ciertamente él ignoraba eso.

Pero era muy tarde, él estaba amándola, como cada amanecer.