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Historia 81462 — capítulo 5
Las peleas no cesaban. Unos queriendo libertad, otros queriendo conservar. Todos cegados por la ambición de ganar las batallas. Decían pelear por los demás, mas su intención siempre fue egoísta, viéndolo por todos lados. Eran como el fuego y la lluvia.
Durante muchos días de otoño, desde aquella madrugada del 16 de septiembre, la angustia de las personas que luchaban comenzaba a salir a flote.
Nadie se percató de cierto día, pues "no" era importante, un día en el que al término de una batalla quedó sobreviviente una chispa de fuego, que era el único testigo de la masacre que había surgido aquella tarde.
La pequeña chispa, que no resistía más aquél sentimiento de odio hacia las personas que se mataban entre sí, siendo seres iguales en su anatomía, explotóy sus sentimientos pronto acrecieron para mal, destruyendo, con puro odio, todo aquello que se encontraba a su paso. Esta pequeña chispa se había vuelto en llamas, gracias a la furia que reprimia hacia aquellas personas. Definitivamente los odiaba con todo su ser.
Las personas corrían asustadas por aquella chispa (que ahora era fuego) tratando de escapar, sin embargo todo en absoluto negabanles refugio, mientra imploraban a gritos una salvación de parte de cualquier ser que les pudiera refugiar en algun rincón.
El fuego enojabase más y más, suguiendo su tarea por destruir.
Pero algo transformó el destino del fuego. Una brisa comenzaba a sentirse. La lluvia venía y caía ligeramente sobre los cuerpos sin vida de muchas personas. Así, esperando los familiares y amigos de aquellos que habían muerto, que estos cuerpos de alguna forma, por algun milagro (el que sea) se levantaran. Sabían que aquella lluvia era un consuelo, porque no solo apagaría el fuego, de alguna manera los sobrevivientes de la batalla que se había desatado ahí esperaban algo más de aquella lluvia; esperaban vida.
El fuego había sido extinguido gracias a la lluvia. Y aquellas personas aun sin poder asimilar qué había ocurrido -porque al parcer no era algo común (según ellos)- aguardaban con paciencia cualquier indicio de vida en aquellos cuerpos tendidos en el pasto, pero no hubo tal cosa, la esperanza empezaba a apagarse. Salían lágrimas de esas personas amenazando con producir llanto en todos, pero debían ser fuertes, era una guerra y eso podría continuar. Empezaron a enterrar a sus amigos y seres queridos dandoles una última mirada como señal de adiós, pero no era un adiós sino un hasta pronto.
La realidad se profanó pronto entre todos, pero ellos sabían que lo ocurrido ahí no era un simple sueño o un producto de su imaginación, esos sentimientos de esperanza estaban a flor de piel, ¿o es que verlos de nuevo con vida habría sido algun tipo de deseo prohibido? Eso no lo saben dicernir, lo que saben es que había habido vida en sus corazones, en el momento en que la lluvia les daba esperanza.