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Historia 81600 — capítulo 3
Capítulo dedicado a: Flor-LupinSparrow ¡Hermanita! Espero especialmente (¿?) que te guste este cap. Hecho con todo mi amor, para ti xD.
Sola. Se sentía total y completamente sola. Había vuelto a esa casa con la esperanza de encontrar a sus padres, pero no, no estaban, seguramente estarían rumbo a un lugar lo más lejano posible de Londres, y como tenían a nadie que los retuviera en ese frío lugar.
Era su culpa. Ella los había hechizado, les había lanzado el Obliviate sin ni siquiera darles tiempo a decidir, simplemente lo hizo y allí estaban las consecuencias. Ella sola en esa casa que durante tantos años fue su hogar, que cada día luego de la escuela primaria su madre le proponía un paseo por el parque, que en la noche su padre le exigía que se lavara los dientes, que luego de entrar a Hogwarts recibiera una carta semanal, que en las vacaciones- como ahora.- ellos estarían allí con los brazos abiertos… esperándola.
Pero no, eso ya no sería así, ahora estaba sola. Tenía a Crockshanks, pero no era lo mismo, no al menos para ella. Aunque podía asegurar que aquel gato de color naranja que ronroneaba en sus piernas, quitaba algo de soledad a su vida.
Sola, estaba tan sola como nunca lo había estado, ni siquiera con sus amigos podía contar. Harry se había marchado junto a Dumbledore a un lugar del cual ninguno de los dos quiso dar información, aunque estaba casi segura que se marcharon en busca de los horrocruxes. Y Ronald, con Ronald era preferible no estar, no al menos si Lavender cada mínimo segundo estaba prendada de su brazo, eso sin mencionar que la odiaba. Aún no podía comprender que luego del accidente, Ronald volviera con ella tan sólo para que no le mirara con esa cara de profundo odio. ¡Hombres! Y más que nada ¡Pelirrojos! Porque estaba segura de que nadie sería tan infinitamente cobarde como Ronald Weasley.
Un suspiro surcó de sus labios. No tenía a dónde ir, mucho menos dinero que gastar, quedarse allí era su única opción por el momento, mientras decidía volver a Hogwarts o no.
Se adentró por completo en la casa, haciendo levitar sus maletas sobre su cabeza. Se sentó luego en el sofá que daba frente al televisor y volvió a suspirar justo en el momento en que Crockshanks subió al sofá junto a ella.
― Sólo tú me acompañas en mi soledad, Crockshanks. ―comentó, y luego comenzó a acariciar al minino.
-Hp-
Los rayos de luz solar daban de lleno en su rostro, despertándola casi de inmediato. Todo su cuerpo dolía, cada minúscula parte de él dolía, incluso sus ojos, le era casi imposible abrirlos, pero luego de varios intentos lo logró.
Vio el sol iluminándola, cegándola momentáneamente y volvió a cerrar sus ojos. Se apoyó con una de sus manos para poder levantarse y pese a que el movimiento le sacaba unas cuantas maldiciones de su boca logró hacerlo casi en tiempo record.
Volvió a abrir sus ojos, entonces vio el aristocrático traje de su sobrino en el suelo y sonrió. Sí, lo había exterminado, exterminado a toda la escoria Malfoy tal y como su señor se lo había pedido, saltaría de alegría si eso no le causara un gran dolor.
Era la primera que sus Avadas se mostraban tan poderosos, no había quedado nada del rubio, simplemente su ropa, pero de su cuerpo no había rastro, era como si la maldición se lo hubiera consumido.
― Mi lord se alegrará mucho. ― siseó con su voz aniñada y sonriendo como desquiciada.
Tomó el traje del suelo- gimiendo, maldiciendo y deseando matar de nuevo al rubio por ser el causante de semejante dolor en su cuerpo.- y con leves traspiés salió de ese mugre lugar muggle.
Riendo, sonriendo y tratando de brincar de felicidad, porque al fin había acabado con la maldita escoria Malfoy, a su parecer la muerte que más disfrutó fue la de Lucius, ese desgraciado le debía mucho y ella supo cobrárselas muy bien.
"Pobre Lucius" pensó riendo luego aniñadamente "sequedó desmembrado antes de morir".
Y rió de nuevo, mientras pasaba su varita de una mano a otra, le gustaba juguetear con ese pedazo de madera, era divertido y le daba algo más de agilidad a la hora de matar.
-Hp-
Un hombre de mediana edad, observó un gran alboroto en medio de la calle, un montón de niños observaban algo, totalmente fascinados, decidió averiguar qué era lo que sucedía y apartando a varios jóvenes de su camino logró verlo.
Era un gato. Pelaje grisáceo, de ojos grises y algo sucio, pero no era eso lo fascinante, sino el hecho de que daba se acercaba y alejaba constantemente a un pedazo de espejo frente a él.
Parecía que no estaba feliz con su imagen, en realidad producía algo de asombro y diversión el hecho de que un gato se acercará a un pedazo de espejo, se encogiera tapándose la cara con sus patas y luego se retirara del espejo como si este estuviese a punto de comérselo.
Fascinante, sencillamente fascinante.
-Hp-
Draco estaba furioso, enojado e incrédulo. No. Definitivamente él no podía ser un gato ¡Se negaba! Se negaba a ser un asqueroso gato, era un insulto a su familia, a su apellido, incluso un insulto a Salazar Slytherin ¿Qué dirían sus padres al verlo convertido en… en eso? ¿Qué dirían sus amigos?
"¡Ja! ¿Amigos? Sobre todo amigos…" pensó con amargura, mientras recordaba que sus padres realmente estaban muertos y que amigos no tenía ninguno, Crabbe y Goyle eran unos gorilas desgraciados, débiles y miedosos que a la primera oportunidad le dijeron al lord su ubicación. Pansy simplemente había desaparecido junto con Blaise, aún tenía la duda del por qué ese par le había dejado en aquellos momentos cuando más los necesitaba.
¡Malditos cobardes! Todos le habían dado la espalda en sus peores momentos.
Sin embargo eso no era lo importante en ese momento, sino el hecho de que era un gato, un peludo, mugriento, grisáceo y desdichado gato ¿Por qué Merlín se ponía en su contra? ¿Qué rayos había hecho tan mal en su vida qué mereciera semejante castigo? ¡Maldita Bellatrix! Ella era la culpable, ella y su defectuosa varita, hubiera preferido morir en vez de convertirse en eso.
― ¡No! ― maulló mientras se tapaba los ojos ante su vista en el espejo y volvía a retroceder sus pasos, de seguro cuando volviera a verse sería él de nuevo.
"¡Maldición! Sigo siendo un gato" pensó al verse una última vez al espejo. Tendría que aceptarlo, tendría que asimilar y… ¿qué rayos era ese montón de personas a su alrededor? Se giró hacía ellos, le observaban con asombro "¡Malditos muggles!"
― ¡Fuera! ― gritó con fuerza.
Y pese a que las personas sólo vieron a un gato maullar con furia, igualmente se alejaron temerosos a lo que aquel mugriento animal pudiese hacerles, aunque debían admitir que lo anteriormente hacía les pareció terriblemente extraño y fascinante.