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Historia 81600 — capítulo 4
La mujer de cabellera negra se adentró a la oscura habitación, sonriendo notablemente. Una de sus rodillas tocó el suelo, realizaba una clara reverencia hacia la persona que estaba frente a sí.
Ojos rojos, rasgos de serpiente, oscuridad total, el mismísimo Lord Voldemort se encontraba ante la mujer, sus ojos demostraban un claro interés por lo que su mejor súbdita le diría ese día.
― ¿Y dime, Bellatrix, qué ha sucedido? ― cuestionó con su voz siseante.
La aludida alzó su rostro, sin aún quitar la sonrisa de su rostro.
― Todos han muerto, señor. ― acotó con satisfacción.
Y sí, la tenía. Era satisfactorio haberse deshecho dela escoria de la familia Malfoy, ninguno de ellos merecían vivir aunque fueran sus parientes cercanos, de igual forma no importaba ya todos habían desaparecido y ya no podrían seguir ensuciando el apellido Black.
― Bien, Bellatrix. ― felicitó el señor tenebroso. ― Ahora ya puedes retirarte. ― acotó.
La mortífaga se dirigió rápidamente hacía la puerta. Ya todo estaba hecho, la familia Malfoy había sido exterminada, de esta manera ella continuaba siendo la mano derecha del señor tenebroso y ningún estúpido pariente la pondría en una situación comprometedora.
¡Demonios! ¿Por qué tenía que pasarle eso? ¿De dónde carajo sacaría dinero para la comida de Crockshanks? No tenía dinero muggle e ir a Gringots a retirar su dinero mágico no era una buena opción, mucho menos en aquellos tiempos de guerra.
¿Qué haría? Con lo único que contaba era con su varita y a pesar de ser gran ayuda, no era lo suficiente, no al menos en el mundo muggle. ¡Lo tenía! ¡Billetes falsos! Sólo tenía que hacer un hechizo de transformación, y todo se resolvería. Sin embargo no era correcto, era como robar dinero.
― ¡Oh, Merlín! ¿Qué diablos puedo hacer? ― se cuestionó.
Sin embargo observar al felino lamer su pequeña taza de comida logró que su cerebro le diera una rápida respuesta, una que quizás no le gustaba, pero debía hacerlo si no quería perder a su única compañía.
Tomó varios trozos de papel, los cuales con ayuda de su varita transformó en una exacta copiadel dinero muggle. Era como el oro leprechaun, duraría unos cuantos minutos, por ello debía ser rápida sino quería ser descubierta.
Salió de aquella casa dispuesta a conseguir comida para su gato y a la vez pidiendo a su cerebro que le diera otra opción, la había, pero tendría que arriesgar su anonimato, podría trabajar y ganar dinero, no obstante podrían encontrarla y matarlo sólo por lo que era, una sangre sucia.
¿Qué podía hacer? No tenía varita, era un maldito gato y ni siquiera podía pedir ayuda a alguien, sus padres habían muerto, sus amigos, pues era mejor no hablar de ellos y su tía había querido matarlo, que tal vez hubiera sido mejor que ser convertido en gato.
Una vez más observo su patética imagen en ese espejo que en tan pocos minuto comenzó a odiar, simplemente por mostrarle en lo que estaba convertido, odiaba a ese maldito espejo ¡y odiaba ser un gato!
Su estomago rugió con fuerza ¡joder! ¿Cómo podía darle hambre en un momento así? ¡Maldición! Debía encontrar comida, pero ¿Cómo? ¡Era un gato! ¿Qué rayos puede conseguir un maldito gato?
¡Joder, joder, joder! Estaba rotundamente perdido.
Sentía que en cualquier momento alguien le gritaría ¡Ladrona! La apresarían y su próximo hogar sería la cárcel. Ya tenía la comida de Crockshanks, también había comprado algunas cosas para ella, pero no podía quitar su cara de culpabilidad que lograba que varios la observaran con interés.
Pensaba en las mil y una formas que podían apresarla, tan llena de culpabilidad, que deseaba volver atrás y devolver todo lo que sus manos portaban, quizás lo hiciera, devolvería todo eso y con intereses, eso lo juraba como que se llamaba Hermione Granger.
Fue entonces cuando lo vio. Se veía tan tierno, estaba acostado en el suelo con una actitud derrotada, maullando lastimeramente como si sufriera un gran dolor, no pudo evitarlo de inmediato se dirigió hacia aquel triste gato.
― ¿Qué te sucede pequeñin? ― cuestionó mientras acariciaba el pelaje grisáceo del gato.
Draco ronroneó ante aquel contacto, se sentía realmente bien, era mucho mejor que un buen masaje, aún no había visto a la osada que lo había tocado, pero si continuaba acariciándole de aquella forma no se opondría.
― ¡Ajá!Eso te gusta ¿No? ― dijo sonriente. ― ¿Tienes hambre, pequeñin? ― inquirió la castaña.
El gato giró el rostro hacia la chica, más que todo para que viera lo hambriento que estaba, sin embargo fue un momento demasiado extraño, pues el gato salto lejos de Hermione, como si le tuviera miedo o asco.
La castaña lo miró extrañada, mientras el gato chillaba, maullaba y se echaba cada más hacia atrás, era como si le estuviera hablando, lo cual era imposible, así que sonrió ante tan estúpido pensamiento.
― ¿¡Granger!? ¿Qué rayos haces aquí? ¡Fuera de aquí, sangre sucia! ¡¿Cómo osaste a tocarme?! ¡Me has infectado!¡Maldita, sangre sucia! ― chilló el Malfoy totalmente ofuscado.
Suspiró, había olvidado que era un gato, por lógica nadie entendería lo que dijera sólo él ¡Joder! Odiaba eso, odiaba ser un gato, odiaba que Granger lo hubiese tocado ¡Estaba infectado! Todo por culpa de esa sangre sucia.
― ¡Aléjate de mí, Granger! ¡Fuera de aquí! ― maulló.
En vez de eso la castaña se acercaba más a él y susurrándole cosas que él no entendía, sólo quería que se alejara de sí, que se fuera, no quería seguir infectándose gracias a esa sangre sucia.
Fue cuando Granger estuvo lo suficientemente cerca y comenzó a acariciarlo, qué se calmó por completo, debía admitirlo ese contacto era realmente maravilloso. Y ¡maldición! Estaba ronroneando como si verdaderamente le gustara, lo cual era cierto, pero no lo admitiría nunca. Sentirse así por el contacto de una sangre sucia, y sobre todo ella, no era algo que le gustase, por supuesto que no.
Lo sabía, sólo tenía que encontrar el punto débil de ese hermoso gato para poder calmarlo. Deseaba llevarlo a su casa, era realmente fascinante aquel felino, tan fascinante como Crockshanks, tenía algo que le parecía conocido, pero aún no detectaba que cosa.
El dilema estaba en… ¿el gato dejaría que ella se lo llevara a su hogar? Al parecer sí, porque estaba totalmente rendido ante su tacto, era como si adorara que le acariciara.
Y entonces lo tomó entre sus brazos con algo de dificultad gracias a las bolsas que anteriormente había estado cargando. Sin embargo continuó acariciándolo, hasta que finalmente el minino terminó durmiéndose.
Definitivamente ese gato poseía algo especial, era como si lo conociera desde hace mucho, sin embargo era la primera vez que lo veía, de eso estaba completamente segura. Lo dejo en el sofá todavía dormido, mientras ella se adentraba a la cocina para preparar su cena y las de sus dos mininos acompañantes.