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Historia 81600 — capítulo 6
Luego de que Crockshanks se rindiera ante los brazos de morfeo sobre su sofá favorito, aquel gato grisáceo se quedó observándola como si quisiera exigirle algo.
Definitivamente ese era un gato demasiado extraño. Y quizás era por eso que le gustaba tanto, además de ser hermoso. Debía aprovechar que su anaranjado felino dormía tranquilamente para colocarle un nombre a ese grisáceo minino.
No podía seguir llamándole "gato", no lo veía correcto.
Estiró sus brazos hacía él, pero en vez de saltar hacia ellos como normalmente hacia Crockshanks, el minino se alejó de ella lo más rápido que puso, mientras que la observaba con una expresión indescifrable.
― Bien. Eres arisco, lo comprendo. ―comentó la castaña.
La chica posó su mano en su mentón, pensativa. Tenía que encontrar el nombre ideal para aquel arisco gato, que tenía aires de grandeza o al menos eso parecía. Incluso en ese instante cuando estaba sentado en suelo mirándola fijamente mostraba un aire aristocrático que le hacia tener un leve dejavu y ni siquiera sabía por qué.
― A ver, minino, tenemos que buscarte un nombre apropiado ¿Te parece? ― el gato maulló, quizás aceptando o tal vez negándose. La castaña no lo sabía muy bien. ―Mmm Eh… ¿Dylan? ¿Te gusta Dylan?
¿De dónde había sacado ese nombre? Sabía que lo había escuchado en algún lugar, era un nombre extraño, pero tenía cierto encanto, al menos para ella. El minino la observaba como si quisiera asesinarla e incluso estaba gruñéndole.
― Bien. Dylan no es una buena opción, eh… ¿Darrel? ―la reacción del gato fue parecida a la anterior, sólo que con menos gruñidos. Al parecer además de exquisito era exigente. ― ¿Qué te parece Grey? ― La misma mirada asesina. Vaya, ese gato tenía problemas de comportamiento.
Parecía que fuera un dragón demasiado molesto. ¿Dragón? No. No era un nombre apropiado para un gato. Además ¿qué manía tenía con los nombres con D? Al parecer la mayoría que se le habían ocurrido eran con esa letra.
El minino comenzó a lamerse una pata con reverencia, como si fuese lo más importante del mundo y esto hizo sonreír a la castaña, viéndolo hacer ese gesto con la mano le recordaba a los príncipes de los cuentos de hadas que pedían las manos de las princesas para bailar.
Un momento. Arisco, sofisticado, aristocrático ¡Lo tenía! El gato parecía un príncipe, o por lo menos se comportaba como tal, como había dicho antes parecía un gato de personas adineradas… ¿Cómo no se le había ocurrido ese nombre antes? Le quedaba tan bien, tenía tanto que ver con él.
Algo irónico que un gato callejero se comportara como un príncipe, pero así era.
― Bien. Tengo el nombre perfecto ¿Qué tal Prince? ―cuestionó la castaña al gato.
Y lo único que hizo el gato fue soltar un suspiro, mientras se recostaba su cabeza entre sus patas delanteras. Mostrándole a la castaña una imagen realmente tierna que le hizo preguntarse quién habría sido tan descorazonado para botar a tan hermoso minino en la calle.
― Perfecto. Entonces te llamarás Prince. ―acotó la chica sonriente.
Y aprovechando el adormecimiento del gato, lo tomó entre sus brazos, mientras le acariciaba con sutileza y luego lo colocaba en un sillón lo suficientemente alejado de Crockshanks.
― Duerme, pequeño Prince. ―susurró, cuando el gato ya estaba rendido ante los brazos de Morfeo y dándole un último mimo.
El minino naranja abrió uno de sus ojos al sentir marchar a su dueña e inspeccionó todo a su alrededor notando que el gato grisáceo reposaba en un sillón lejano de donde él se encontraba, gruñó con algo de enfado.
Pensando en que si su dueña supiera quien de verdad era aquel gato no se mostraría tan cariñosa.
-HP.-
El gato grisáceo despertó sobresaltado luego de tener un alarmante sueño donde era asesinado por la castaña bruja en conjunto con su gato naranja, y a pesar del estruendo que hizo al levantarse de dicha manera Crockshanks seguía durmiendo perezosamente en su sofá favorito.
Draco Malfoy tenía ante sí una única y perfecta oportunidad para escapar. Estaba completamente solo en la sala con un gato naranja que roncaba más que un troll, podría escapar justo en ese instante y evitar tener que soportar de nuevos las caricias de la castaña que lograban adormecerlo, porque de seguro la castaña utilizaba su magia para que a él le gustasen sus mimos.
Tenía que escapar de allí. Y tenía que hacerlo en ese momento o nunca lo haría.
Estaba en el suelo, de nuevo. Así que de manera sigilosa se dirigió hacia la ventana más cercana, no tenía idea de que haría solo en calles muggles, pero de seguro cualquier lugar sería mejor que estar con la sangre sucia.
― ¿A dónde vas? ― dijo una voz ronca.
El gato grisáceo volteó con lentitud y algo intimidado ante aquella voz. Aún no se acostumbraba a que un animal hablase y mucho menos aquel felino anaranjado del que tanto se había burlado cuando era humano.
Una bola de pelo se atoró en su garganta al observar la cercanía del gato naranja. Estaba justo frente a sí, demasiado cerca para el gusto del ex -blondo. Tragó grueso y se aclaró la garganta para hablar, una acción por demás humana, pero era algo que sería difícil de olvidar.
― A ningún lado. ―logró decir, poco después.
El gato naranja suspiró y se encaramó en la ventana, observando atentamente al gato debajo de sí. Como si estuviese buscando las palabras adecuadas para decirle o quizás para advertirle algo importante.
El sonido de la regadera al abrirse alertó al gato gris, mientras que el otro continuaba observando al primero con fijeza, estaba pensando, considerando la posibilidad que le había impuesto su cerebro.
Era cierto que aquel minino aristocrático no le agradaba para nada, no obstante no podía evitar sentir algo de curiosidad o incluso lastima por aquel humano que había terminado que realmente no era.
Bajó de la ventana y se acercó a Prince. El gato se encogió con algo de temor, lo cual era extraño en un humano que se mofaba de ser mejor que él. Crockshanks sonrió internamente y clavó su vista en el Malfoy.
― Sígueme. ― acotó, mientras volvía a saltar hacia la ventana y salía de la casa Granger.
Draco observó hacia todos lados y cuando se aseguró que estaba seguro, que no era una trampa para que la castaña lo agarrase antes de que saltara, saltó hacia la ventana y le sorprendió la facilidad con que se encaramó en la ventana, para luego saltar hacia fuera de la casa de la sangre sucia.