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Historia 81600 — capítulo 7
Luego de que el naranja e intimidador gato se durmiera, la castaña se acercó a Draco con una expresión extraña, estiró sus brazos hacia él. El Malfoy lleno de asco se alejó todo lo que pudo de la chica. La escuchó decir algo, pero realmente no prestó atención a sus palabras.
― A ver, minino, tenemos que buscarte un nombre apropiado ¿Te parece? ― Draco maulló completamente indignado ¿qué se creía la sangre sucia? ¡Él ya tenía un nombre! ―Mmm Eh… ¿Dylan? ¿Te gusta Dylan?
Bufó.
― ¿Acaso tengo cara de idiota? ¡Es un nombre ridículo! ¿No eras la bruja más inteligente de Hogwarts? Creo que varios profesores se equivocaron en tus calificaciones, Granger. ―acotó el minino. ― Qué lástima que no puedas entenderme, sangre sucia.
―Bien. Dylan no es una buena opción, eh… ¿Darrel? ―sugirió la castaña.
― ¿Acaso llegaste tarde a la repartición de cerebros? ese nombre carece de gusto, es horrendo. Y además ¡No necesito otro nombre! ¡Tengo el mio! ¡Soy Draco! ¡DRACO! ― maulló el gato grisáceo.
― ¿Qué te parece Grey? ― Le miró con ganas de asesinarla. Si sólo tuviera su varita, si sólo tuviera un cuerpo humano, si sólo no fuera un maldito gato a merced de la sangre sucia.
La chica se quedó pensativa durante un largo instante y Draco pensó que quizás había desistido de su estúpida idea de ponerle un nombre, lo cual no le agradaba para nada, pues él ya tenía uno.
― Bien. Tengo el nombre perfecto ¿Qué tal Prince? ―cuestionó la castaña al gato.
Bueno. Debía admitirlo, ese si era un buen nombre. No le molestaría que lo llamaran así, además Draco Prince, no sonaba mal, de hecho reflejaba todo lo que era, al parecer la sangre sucia no era tan estúpida como pensaba.
― Sí, Prince, me gusta. ―dijo con solemnidad, como si la castaña pudiese entender sus palabras.
Y luego suspiró. Después de todo no le gustaba para nada que le pusieran un nombre, él ya tenía uno.
― Perfecto. Entonces te llamarás Prince. ―acotó la chica sonriente.
El cansancio estaba haciendo mella en él, sentía los parpados pesados y que lentamente su cuerpo se rendía ante Morfeo. No estaba seguro pero al parecer la castaña lo había tomado en brazos y lo había colocado en un lugar realmente cómodo.
― Duerme, pequeño Prince. ― fue lo último que escuchó antes de dormirse por completo.
-HP.-
Draco seguía a Crockshanks con algo de reticencia, ese gato naranja no le inspiraba ni un halo de confianza y más con la dueña que se gastaba. Algo dentro de sí le decía que debió escapar tan sólo al tocar la calle, no obstante... ¿A dónde iría?
Entonces la realidad de su situación lo abofeteó con fuerza. Era un gato. Su tía había intentado matarlo. Voldemort lo quería muerto. Era un mortífago. Era el autor del casi asesinato de Dumbledore, y eso le impedía poder esconderse en el "otro bando".
Su única opción, y aunque odiara admitirlo, era quedarse como gato doméstico de la sangre sucia Granger. Lo cual no le alegraba lo más mínimo. Aún recordaba la noche anterior en que la gryffindor había decidido "darle un nombre" como si ser un gato no fuera denigrante. Aunque no podía negar que el nombre de Prince le agradaba, tenía mucho que ver con él, pero aun así, odiaba ser un maldito gato.
Dejando sus pensamientos a un lado continuaba siguiendo a Crockshanks con recelo, el minino naranja andaba por aquellas callejuelas como si fueran su hogar y al parecer tenía muy claro hacía donde irían o hacía dónde llevaba a Prince.
― Bien. Hemos llegado, Prince.― a Draco le pareció extraño que aquel gato le llamará por su nuevo "nombre".
Prince revisó lentamente el perimetro y lo único que observó fueron más callejuelas, no obstantes se le hacian un poco conocidas, ¿a dónde lo había llevado aquél gato?
― Escucha bien, porque no pienso repetirlo, jamás.―comenzó a decir Crockshanks.― Es justo aqui donde termina parte del mundo muggle y comienza el mundo mágico, sólo un paso y volverás al lugar dónde te han convertido en un gato.―continuó.― Sólo tienes dos opciones: puedes dar el siguiente paso y buscar la forma de que seas tú de nuevo o puedes volver conmigo y mi dueña, pero con ciertas condiciones.―culminó el minino naranja.
Draco observó atónito al gato frente a sí. ¿Lo estaba ayudando a volver al mundo mágico? Un momento ¿Le estaba dando opciones? ¿Pues qué se creía ese gato? Ja. Un gato no le diría que hacer, él tenía que decidir por sí mismo. No obstante el hecho de que lo había llevado allí lo intrigaba.
― No te estoy ayudando a ti, si es lo que piensas. La ayudo a ella, ha tenido demasiados problemas para que tú seas uno más.―explicó Crockshanks.
El minino grisáceo observó hacía adelante con algo de anhelo brillando en sus ojos, quería volver a su mundo, tener todo lo que tenía, pero ¿para qué volver a un lugar donde lo querían muerto ambos bandos? No tenía ningún sentido volver a ese lugar donde seria asesinado si alguien lo encontraba, aunque tal vez si lograba hablar con Dumbledore... No. No tenía caso. Ya estaría muerto siquiera antes de hablar con el vejete loco.
Volvió sus ojos hacia el gato naranja que lo observaba con seriedad. Estar con Granger y su gato loco tampoco era una opción tentadora. ¿Qué podía hacer? Era un exiliado del mundo mágico, el mundo muggle era su única opción, pero ¿por qué tenía que ser un gato y haber sido encontrado por Granger?
No tenía otra opción.
O tal vez sí, pero apreciaba su vida. Aunque ya no tuviera nada bueno en ella.
-HP.-
Hermione se sorprendió gratamente al ver a sus dos mininos volver juntos. Al parecer ambos habían hecho las paces y conociendo a Crockshanks, Prince había tenido que pasar una gran prueba o eso era lo que ella se imaginaba.
Colocó la comida de ambos gatos en los recipientes correspondientes y gracias a Merlín que lo hizo ya que estos estaban hambrientos, Hermione se preguntaba constantemente que tanto hacía Crockshanks fuera de casa, y al parecer no sería por el único que se preocuparía ahora, pero debía dejarlos, los gatos eran libres de hacer los que les plazca.
Eso sí, siempre volvían, de eso podía estar segura.
Y ahora que sus acompañantes ya habían desayunado era hora de que hiciera lo que había planeado. Debía encontrar un trabajo y utilizaría magia para pasar desapercibida, después de todo no podía seguir utilizando dinero falso.
― Bueno, queridos. He de irme. Pórtense bien, mientras no estoy en casa, sobre todo tú Crockshanks. ―acotó mientras acariciaba al minino naranja. ― Cuídate, Prince. ― dijo, mientras se aguantaba las ganas de mimar a su nuevo gato.
Y es que Prince era totalmente diferente a Crockshanks, quizás por eso le fascinaba tanto. Era un gato arisco y algo aristocrático, pero fuera de eso era hermoso. Y estaba segura que luego de un tiempo lograría que se doblegara ante ella o al menos que le tomara cariño.
-HP.-
A la final había elegido contaminarse con la sangre sucia y su loco gato. Sólo esperara que ese hechizo que lo había convertido en gato tuviera reversa o que por lo menos el efecto pasara solo, porque no podía ser un gato para siempre ¿no?. Cada segundo que pasaba en aquella forma se detestaba más y su gran miedo era acostumbrarse a ser un gato.
Su pare de seguro se estaba revolcando en su tumba, indignado, observando con rencor en la posición tan denigrante que estaba su hijo, primero siendo un maldito gato y luego rebajándose a ser la mascota de una sangre sucia. Sí, de seguro Lucius no estaría descansando al ver a su descendiente de esa forma.
Pero él estaba salvando su pellejo. Por el momento no era bueno enfrentarse al señor tenebroso o al otro bando, no tenía ni las condiciones, mucho menos la fuerza para hacerlo, además él sólo era uno ¿qué podría hacer él contra toda la orden? ¿o contra Voldemort y sus mortifagos? Era un desastre. Ni siquiera había podido matar a Dumbledore, su mano había estado temblando incluso antes de levantar la varita, pero al imaginarse el cuerpo inerte del vejete, simplemente no pudo hacerlo.
Irónico. Un maldito mortífago que no podía matar a un anciano. Gracias a eso ahora era un gato y sus padres estaban muertos. Así que ese leve acto de cobardía le había salido caro, demasiado caro en realidad.
Sus ojos se posaron en el gato naranja que dormitaba en uno de los sillones. Ese gato lo intimidaba, sentía como si pudiera ver a través de él, como si viera algo que él no. Y eso lo hacía cohibirse ante el minino, lo cual no era bueno. ¿Cómo podría ser intimidado por un gato loco?
-HP.-
La castaña había llegado a su hogar con una gran sonrisa en su rostro y con algunas bolsas de comida. Lo había logrado, contra todo pronóstico y a pesar de que no tenía estudios secundarios muggles, había logrado conseguir un trabajo.
Al dejar las bolsas en la cocina se percató que sus gatos dormían serenamente sobre sus muebles, era una imagen por demás tierna, pese a que ambos dormían en sillones diferentes. Como le hubiese gustado tener una cámara para guardar por siempre ese momento.
Se acercó a cada uno de sus mininos y los acarició con suavidad cuidando de no despertarlos, no obstante Crockshanks fue el único que se despertó al sentir la leve caricia que le proporcionaba la castaña y después se colocó en el regazo de esta, para alentarla que siguiera con su caricia.
Hermione sonrió. Definitivamente su gato era un consentido, y a ella le encantaba consentirlo. Se acomodó en el sofá y continuó acariciando al minino hasta que minutos después ella fue quien se quedó dormida, gracias al cansancio.