Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) · de

Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 16

16 El espía aparece

   Albus seguía caminando detrás de su hermano James a hurtadillas; la capa invisible continuaba sobre él, y marchaba con delicadeza para evitar hacer ruido. Aunque al final de cuentas, el muchacho parecía tan hipnotizado que no se habría dado cuenta de nada aunque Albus hubiera empujado una estantería de libros.    Las hileras de libreros se extendían hacia el alto techo de madera, finamente tallado con complejos y hermosos diseños; la luz que emitían las lámparas creaba sombras tétricas que en más de una ocasión alertaron a Albus. Hubo un sonido en una ventana cercana, pero él se dio cuenta de que solo se trataba de un cuervo que había golpeado el cristal con una de sus garras.    Pero James no se detenía; siguió caminando sigilosamente hasta el final de la biblioteca, en donde una alta reja de hierro amarrada con varias cadenas impedía el paso. Un letrero anunciaba que ahí comenzaba la sección prohibida de la biblioteca.   -Mala idea, esta es muy mala idea -susurró el joven.    Su hermano volteó hacia los lados, como si estuviera a punto de cruzar una calle muy transitada; se internó en un reducido callejón bordeado de estantes y desde ahí vio como su hermano susurraba varios hechizos que nunca había escuchado y que parecían funcionar, pues las cadenas iban resbalando una a una para dejar libre la entrada a la sección prohibida. El chico se aproximó y atravesó la reja.    Nunca había entrado al área restringida de la biblioteca, pero desde el primer momento que la hubo pisado se sintió inseguro y vigilado.    Los libros -la mayoría bastante antiguos, por su apariencia -, llevaban títulos escalofriantes como "La muerte: El mejor amigo", "Las implicaciones de la magia oscura" o "Métodos de tortura en el siglo XIV". Durante unos momentos Albus se vio tentado a hojear alguno de los libros, pero prefirió no hacerlo cuando vio un libro titulado "Extracción de extremidades corporales mediante magia" Pero James no parecía atraído por ninguno de esos gruesos volúmenes empastados en cuero. Él estaba concentrado en conseguir su endemoniado Libro de los Muertos, pero ¿para qué?    Al final de la habitación había una escalerilla de mano que llevaba a una especie de segundo piso, que era en realidad un balcón recorriendo el perímetro del cuarto, permitiendo acceso a otra gran cantidad de libreros y estantes cubiertos por mapas, pergaminos, frascos sellados y otra serie de objetos extraños; en el centro de la pared superior se encontraba un hermoso vitral con el escudo de Hogwarts, traspasado por leves rayos de luna.    James subió lentamente al segundo piso, y Albus permaneció con su capa invisible desde abajo, detrás de una alta columna. Su hermano sacó de su bolsa una llavecita dorada y de aspecto antiguo, que introdujo en el centro del vitral del escudo de Hogwarts; la llave pareció atravesarlo, y con un leve chasquido, el vitral se dividió en cuatro bloques de piedra que retrocedieron lentamente, como una especie de puerta. Debajo de los bloques no estaba el exterior de Hogwarts como uno pensaría, sino una especie de hueco en la pared, en cuyo espacio se encontraba un cubo de cristal transparente, con un grueso y antiquísimo libro en su interior, como si este hubiera sido congelado en el centro de un gran trozo de hielo. Parecía imposible de romper.    James tomó su varita, y apuntándola al bloque de cristal, lanzó un hechizo que parecía una nube de fuego púrpura, que poco a poco fue perforando el cristal hasta crear un cráter. Albus quería detener a su hermano, pero temía que este le quemara las cejas con su fuego morado, o algo mucho peor.    Como si de hielo se tratara, el cubo comenzó a derretirse en un charco de un líquido similar al mercurio, pero de color azul oscuro, y finalmente el libro quedó libre de su prisión. El muchacho lo tomó entre sus manos y lo observó detenidamente, mientras Albus escuchaba unos nuevos pasos dirigirse hacia ellos. Entonces James cayó de rodillas sobre el balcón del segundo piso y  de un momento a otro se derribó por completo, como inconsciente. El libro resbaló unos palmos a su lado.    La persona que había llegado iba encapuchado y vestido con una túnica negra; sin duda alguna se trataba de la misma persona que había secuestrado a James meses atrás.   -Bien hecho Potter -murmuró el hombre con una leve risita -. Me has hecho un gran favor al obtener el libro por mí. ¿Sabes que sólo una mano inocente puede abrir este escondite? Yo no habría podido encontrar el libro aunque lo hubiera querido.    Tomó el libro entre sus manos y lo hojeó con interés, mientras una sonrisa malévola le cruzaba el rostro.   -Todo está completo. Ahora si podemos realizar el ritual para traer al Señor Tenebroso de regreso.    Albus se tambaleó en su lugar; no podía creer que con aquel libro fueran a revivir a Lord Voldemort. Debía evitarlo de alguna forma… Pero era demasiado arriesgado; ¿se debía atrever a atacar?   -¡Rictusempra! -bramó finalmente, saliendo de su capa invisible; el hechizo golpeó un librero, que tembló ligeramente.    El hombre se volteó a verlo velozmente, con varita en mano; su capucha le había resbalado por el cráneo, revelando su verdadera identidad.   -¿Profesor Bode? -preguntó el chico atónito. Cepheus Bode, el instructor de vuelo, sonrió brevemente y luego apuntó su varita a Albus.   -¡Reducto! -bramó.    Albus corrió a esconderse detrás de una columna, que recibió el impacto del hechizo. Varios trozos de piedra y polvo salpicaron el suelo. El resplandor de varios hechizos más iluminó la habitación, pero él no se atrevía a salir de su escondite.   -Excelente, ahora tengo a dos de los hijos de Potter aquí -comentó el otro satisfecho.   -¡Flipendo! -exclamó Albus, pero se dio cuenta de que sus hechizos de primer año eran muy poca cosa comparados con los de su contrincante. Se apresuró a sacar su celular y escribió un simple mensaje a Scorpius: ¡AYUDA!

   Scorpius, Rose y la profesora Mcgonagall corrían por el pasillo con varitas en ristre; la directora había insistido en que los dos estudiantes se fueran a sus habitaciones, pero ellos querían estar seguros de que su amigo Albus estuviera bien. Finalmente y con las prisas, Minerva ignoró que la seguían. La biblioteca estaba silenciosa cuando ellos llegaron, aunque había un murmullo de hechizos sonando a lo lejos.   -Andando -dijo la directora dirigiéndose a toda prisa hacia la sección prohibida.    Al fondo del área restringida se lograban percibir destellos y brillos nacarados, lo que indicaba que alguien estaba luchando. La mujer lanzó un hechizo y un grupo de libros estallaron, salpicando las hojas por todos lados.   -Cepheus -dijo la profesora en cuanto llegaron al lugar -, me sorprende verte aquí. Tú eres el espía, ¿verdad?   -Usted es intuitiva, ¿no? Me ha acercado bastante a los hijos de Potter, Mcgonagall, aún cuando tuve dos ocasiones para matar a ambos ¿Recuerda? Yo dañé la escoba que utilizó Albus en su primera clase -dijo burlonamente el hombre, deteniendo los hechizos -, también secuestré a James, y podría haber conseguido antes mi meta de no ser por su complejo de heroína. Es hora de vengarse de Harry Potter, y de paso traer de vuelta al mayor mago de la historia.   -Tendrás que pasar encima de mí -le retó la directora, sacando su varita.    El otro rió y apuntó su varita, de la cual salió un relámpago de luz blanca; la profesora emitió una especie de escudo que deshizo el hechizo. Lanzó un torbellino de fuego blanco que fue a parar a un librero, cuya superficie comenzó a incendiarse.   -¿No le han dicho que no juegue con fuego? -se burló el otro lanzando una serie de nuevos hechizos, que terminaban estrellándose en algún lado o siendo evitados por Mcgonagall. La profesora se agachó cuando un rayo estaba a punto de golpearla en el hombro, y alcanzó a lanzar un hechizo a los tobillos de su oponente, que se tambaleó y cayó al suelo; pero alcanzó a emitir un disparo que chocó contra una columna, cuyos trozos de piedra saltaron por todos lados creando una cortina de polvo. Scorpius, Rose y Albus trataron de hacer lo suyo, pero sus hechizos no tenían comparación con los de Mcgonagall y Cepheus, que se lanzaban arcos de llamas, haces de luz y remolinos de energía.    Un hechizo del profesor Bode golpeó los cristales, que estallaron en miles de astillas de cristal; los chicos se lanzaron detrás de un librero, evitando los afilados trozos de vidrio que salpicaban la habitación completa. Mcgonagall se incorporó con una cortada en la mejilla, pero estaba dispuesta a seguir luchando, por lo que de su varita siguieron saliendo varios hechizos, que su oponente lograba evitar con habilidad. Con un trueno ensordecedor, la profesora consiguió levantar algunos bloques de piedra del suelo, haciendo a su enemigo perder el equilibrio por unos momentos, pero luego conseguía incorporarse y continuaba lanzando haces de luz multicolor.    Una cortina de fuego morado rugió en mitad de la habitación, lo cual distrajo a Minerva lo suficiente para que el intruso consiguiera recuperarse. Un centenar de libros resbalaban de sus estantes correspondientes y comenzaban a arder en medio de la hoguera morada.    Bode subió la escalera al segundo piso y aprovechó su posición para disparar, pero la profesora utilizó su gran experiencia creando escudos a su alrededor; por un momento sus reflejos se vieron afectados, y un hechizo la golpeó en el hombro haciéndola caer de espaldas.   -¡Profesora! -exclamó Rose asustada, pero la mujer era más fuerte de lo que parecía, pues se incorporó sorpresivamente y lanzó un relámpago de luz contra una estantería, que se bamboleó peligrosamente y cayó sobre la espalda de Bode. Su varita emitió varios hechizos a la vez, pero como los libros caían sobre su cabeza, estos habían salido en todas direcciones.    Los libros cayeron de los libreros y la escalera estalló repentinamente, destruyéndose como un trozo de chatarra aplastada. Entonces Cepheus quiso huir, al notar como la directora tomaba cierta ventaja sobre él. Lanzó varios remolinos contra el suelo, haciéndolo cuartearse; las piedras del piso comenzaron a saltar, temblar y partirse, lo cual no era una buena señal. En cualquier momento se vendrían abajo.    Mcgonagall golpeó el balcón con magia, haciéndolo estallar y derribando repentinamente a su enemigo. La mujer sonrió satisfecha mientras el profesor trataba de levantarse, pero no lo consiguió, pues entonces hubo un tremendo crujido debajo de ellos y el suelo se desmoronó, haciéndolos caer un piso abajo.   -¡Cuidado! -Trató de advertirlos Albus, pero era muy tarde; ambos duelistas habían caído en el piso de abajo, rodeados de escombros -, profesora, ¿está bien?   -Vengan -les dijo Scorpius, ayudándose de varios objetos para bajar al corredor de abajo a ver qué es lo que había ocurrido.    Se encontraban a continuación en un pasillo del tercer piso, lleno de polvo y trozos de suelo; el profesor Bode se estaba incorporando, pero la profesora fue más rápida.   -¡Accio Libro de los Muertos! -el libro saltó hacia las manos de la directora, que lo lanzó hacia el suelo -¡Incendio!   -¡NO! -exclamó el otro, apresurándose a evitar el movimiento de la profesora. Se lanzó contra ella y rodaron por el suelo durante unos momentos. Pero era demasiado tarde para el Libro de los Muertos, que comenzaba a arder en feroces llamas rojas.    Scorpius y Albus trataron de apartar a Cepheus de la directora.   -¡Desmaio! -exclamó Rose, apuntando a la espalda del profesor. El hechizo no resultó muy potente, pero fue lo suficiente como para confundir al hombre un poco. Finalmente la profesora tuvo la oportunidad de tomar su varita.   -¡Levicorpus! -conjuró Mcgonagall contra el cuerpo del otro, que salió despedido por el aire como si fuera un títere.    Bode tuvo un poco de tiempo para recuperarse mientras la directora se ponía de pie con ayuda de Albus, Scorpius y Rose, por lo que cuando ambos estuvieron bien plantados sobre el suelo, se lanzaron algunos hechizos más el uno al otro.    Un hechizo explosivo chocó contra una armadura, cuyas piezas metálicas chirriaron y rodaron por el pasillo, distrayendo momentáneamente a ambos. Y de pronto, un chorro de chispas verdes destellaron en los pies de Cepheus, quien asustado comenzó a saltar mientras los destellos subían por sus piernas.   -¡Expelliarmus!    La varita del hombre saltó de su mano, dejándolo indefenso. Mcgonagall sonrió con suficiencia y realizó un molinete con su varita, disparando un embudo de energía que lanzó con fuerza a su contrincante, que inevitablemente atravesó la ventana al final del pasillo entre una nube de vidrios rotos.   -Hasta luego Bode -musitó la profesora agotada. Pareció a punto de caerse, pero los chicos la ayudaron a mantenerse en pie.   -¿Está muerto? -preguntó Rose.   -Caer de un tercer piso no puede ser mejor que caer del sexto -comentó la profesora débilmente -. Si no muerto, al menos se alejará por un tiempo de este lugar.   -¿Se encuentra bien profesora?   -Estoy bien. Aunque a mi edad un duelo como esos puede muy desgastante.   -Ayuden a la profesora a ir a la enfermería -dijo Albus aún preocupado -, yo iré a buscar a James.   -De acuerdo -aceptaron los otros dos, y se marcharon con la profesora recargada en sus hombros.    Albus asintió con la cabeza, y con un suspiro quedo, se dirigió hacia la biblioteca, esperando que James estuviera bien.

Hola chicos, ¿qué tal están? Espero que excelente; bien, este es el penúltimo capítulo, si no me equivoco, así que espero que les guste mucho y no los haya liado o confundido un poco. En cualquier caso, si les queda una duda, recuerden que pueden dejar sus dudas en los comentarios y con gusto aclararé ;) Bien, nos veremos hasta la siguiente. Muchísimas gracias por sus reviews. Saludos!