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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 5
5 Accidente inexplicable
-Te mandaré a… ¡Gryffindor! El pálpito en el pecho de Albus volvió a su normalidad y él soltó un suspiro de alivio; ahora que todo había pasado y lo pensaba, se daba cuenta de que haberse preocupado tanto había sido un poco tonto. Al final de cuentas ahí estaba, caminando directo a la mesa de Gryffindor, donde todos le aplaudían calurosamente, sobre todo su prima Rose. Se sentía tan feliz, que ni si quiera prestó atención al resto de la selección. Una vez finalizada esta, la profesora Mcgonagall se puso de pie en el centro de la mesa; era bastante mayor, pero su aspecto era firme, y a palabras de sus padres, los directores solían permanecer en el colegio hasta el día de su muerte. La profesora dio su discurso de bienvenida, recalcando las reglas que el señor Filch (el celador del que tanto le habían hablado sus padres a Albus) había impuesto para aquel año. Además, había presentado a un par de nuevos miembros del profesorado: Un tal Cepheus Bode, quién sustituiría a la profesora Hooch como instructor de vuelo, así como la profesora Arwen Fornax que se encargaría de la asignatura de Encantamientos, ya que el profesor Flitwick, el subdirector, ahora enseñaba Transformaciones. -Bien, creo que sólo me queda volver a darles la bienvenida a los nuevos estudiantes -prosiguió la directora -. Disfruten del banquete. Con una palmada, un montón de platos, bandejas y jarras aparecieron sobre las cuatro mesas, rebosantes de toda clase de platillos y bebidas. Los fantasmas de Hogwarts volaban por el techo, dejando impresionados a todos los nuevos estudiantes, quienes veían un gran espectáculo en cada nuevo suceso. -Será interesante, ¿no? -comentó Rose, echando una ojeada al comedor -, quiero decir, esto es genial. -Y solamente has visto una pequeña parte -comentó James, quien estaba sentado frente a su hermano y su prima -. Ya verán. Aunque si me lo preguntan, yo trataría de evitar a Peeves. La primera vez que lanza una bomba fétida resulta divertido, pero cuando lo hace cada semana se vuelve tedioso. -¿Quién es Peeves? -preguntó Albus. -Ya lo conocerás hermano, ya lo conocerás…
Cuando el banquete se hubo terminado, todos los estudiantes caminaron hacia sus dormitorios exhaustos por el largo viaje, y una cena más que satisfactoria; esperaban poder recostarse finalmente en sus dormitorios, por lo que los prefectos llamaron a los estudiantes de sus casas para poder guiarlos hacia ellos. -¡Todos los Gryffindor síganme! -indicó una muchacha de cabello rubio, y Albus y Rose obedecieron, mientras salían del comedor y subían la escalinata del vestíbulo. En el camino cruzaron miradas con Scorpius Malfoy, quien por un momento parecía receloso, pero luego desvió la mirada y siguió a su grupo hacia las mazmorras. Tras cruzar una serie de amplios corredores cubiertos de retratos, los Gryffindor subieron una amplia escalera iluminada por antorchas y por altos ventanales. Los cuadros en movimiento llamaban la atención de todos, quienes querían detenerse a observar más detenidamente. -Llegamos -indicó la prefecta luego de varios pasillos más. Estaban frente a un gran cuadro en cuyo interior se encontraba una mujer rolliza con un vestido rosado lleno de encajes -, ahora, nuestra contraseña actual (y recuérdenla muy bien, pues no entrarán sin ella) será Rubens Cordis. La mujer del cuadro asintió y este se apartó de la pared, dejando un amplio hueco que daba a la sala común de Gryffindor. Desde la reconstrucción de Hogwarts tras la batalla, la sala común había sufrido varios cambios; básicamente era una sala redonda cubierta con detallados tapices de seda color sangre; era más amplia que la anterior, con confortantes sillones y mesas alrededor de una chimenea que ardía alegremente. Frente a la ventana y al lado de un par de altos libreros, había un gran león de piedra, a cuyo alrededor subía una escalera de caracol que llevaba a dos rellanos. Una gran lámpara de hierro alumbraba el conjunto con una cálida luz dorada. -Sus pertenencias ya han sido traídas previamente a sus dormitorios, por lo que las camas han sido asignadas según el lugar en el que se encuentren sus baúles. Esperro que pasen una buena noche -y dicho aquello, la muchacha se alejó hacia el pasillo. -Bien, ha sido un largo día -comentó Albus agotado -. Podría morir justo encima de esta alfombra. -Yo iré a ver el dormitorio de las chicas, y creo que no aguantaré la tentación de tirarme sobre mi cama -dijo Rose dirigiéndose hacia la escalera -, así que nos veremos por la mañana. Buenas noches. -Buenas noches.
-¿Dónde demonios está el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras? Albus y Rose iban atrasados a su clase, pues el colegio era tan grande y tenía tantos pasillos y escaleras que era difícil no perderse. -He oído a una chica de mi dormitorio diciendo que estaba pasando la estatua de una bruja tuerta, o algo así -respondió su prima mirando a su alrededor. Entonces apareció por el corredor un muchacho rubio de andares pausados. Era Scorpius Malfoy. -¿Están perdidos? -preguntó el muchacho. Parecía nunca perder su sonrisa desdeñosa del anguloso rostro. -¿Sabes dónde está el aula de Defensa? -le preguntó la pelirroja. -Están a unos pasos de él -respondió -. ¿Saben? Anoche lo estuve pensando y creo que fui un poco cortante en nuestros anteriores encuentros. ¿Todo bien? -y le tendió la mano a Albus. Él se preguntó si sus intenciones serían sinceras, pero luego aceptó darle la mano amistosamente. -¿Gryffindors, eh? -preguntó Malfoy -. Será interesante. -Sí, bueno, mejor nos vamos porque vamos retrasados -anunció Rose y jaló de la manga de la túnica a su primo, quien reclamó. Finalmente se alejaron lo suficiente de Scorpius. -Por alguna razón no confío en él -murmuró Albus confundido -, ¿crees que…? -Sólo olvídalo. Mejor corre para llegar a clase. Resultó que el profesor Breoghan Kalen no había llegado aún cuando Rose y Albus se aparecieron en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras; corrieron a sus asientos y sacaron apresuradamente los libros. El profesor apareció entonces en la puerta, con su cabello castaño oscuro matizado de canas, un rostro serio y líneas de expresión muy marcadas. Parecía severo. En cuanto entró posó su vista en Albus, como si lo conociera de algún otro lugar. Pero no dijo nada y se dirigió hacia el frente de la habitación, listo para impartir su asignatura.
-Es un poco extraño, ¿no crees? El profesor Kalen. Albus comentaba con Rose sus primeras clases, que habían consistido en Defensa y Transformaciones. Ahora tenían su primera clase de vuelo. -Sí, es un poco raro. Aunque el profesor Flitwick me ha parecido muy simpático -apuntó Rose. Cuando llegaron al patio de vuelo, el profesor nuevo ya estaba ahí, alistando una serie de escobas en fila por el suelo. -Buen día -saludó el hombre, poniéndose de pie y escrutando a todos sus estudiantes. A diferencia del profesor Breogan, este parecía más amable. -Bien, ¿todos listos? De acuerdo, pues yo seré su instructor de vuelo este año. Mi nombre es Cepheus Bode, y solamente podrán verme este año, pues el próximo curso deberán ser capaces de manejar una escoba como si fuera parte de ustedes mismos. Bien, colóquense cada alumno al lado de una escoba. Todos obedecieron, emocionados algunos y preocupados otros. Albus era bueno en la escoba porque su padre le había enseñado a montar una en un par de ocasiones, aunque su hermano James era bastante mejor que él. -Bien, cuando se los indique, deberán canalizar su energía hacia su mano, concentrarse en atraer la escoba hacia ustedes. Digan la palabra Arriba si eso les ayuda a enfocarse -prosiguió el profesor -. ¡Ahora! Todos comenzaron a trabajar en ello, por lo que en el patio solo se oían gritos de ¡arriba! Albus consiguió levantar la escoba algunos segundos después del segundo intento. -Esto es absurdo -se quejó Rose, cuya escoba se convulsionaba en el suelo. Albus se rió -, ¡no te rías! Tú tienes la suerte de que tus dos padres hayan sido jugadores de quidditch muy buenos. -Bueno, el tío Weasley me ha contado un par de anécdotas muy graciosas sobre su relación con las escobas. Dice que mi tía Hermione incluso podía ponerse de pie sobre una. -¿Y tú le crees eso a mi padre? El chico se encogió de hombros. -Bien, ahora todos deben enfocar esa energía para que la escoba permanezca suspendida en el aire. Ahora podrán sentarse en ella y flotar, pero tengan mucho cuidado con no pegar con el pie en el suelo. Albus se colocó sobre su escoba, tomándola con firmeza entre sus manos. Se concentró, y luego de unos segundos, el objeto consiguió permanecer flotando a una distancia razonable del suelo. Algunos parecían lograrlo al poco tiempo, pero otros cuantos parecían frustrados al no conseguirlo. -Presumido -le espetó Rose a su primo. -Pero no negarás que soy bueno. -De acuerdo -prosiguió el profesor Bode -, ahora trataremos de volar en línea recta, sin elevarnos mucho del suelo. Vayan despacio. Relajen sus brazos y direccionen la escoba siempre hacia el frente; mantengan los pies cerca del suelo formando un ángulo, y no pierdan el poder que aplican sobre el mango de su escoba. -¡Mira, lo estoy logrando! -dijo Albus con emoción. Pero entonces algo extraño ocurrió; su escoba comenzó a vibrar violentamente y el mango se puso caliente, como si la hubieran expuesto a una alta temperatura. Repentinamente la escoba salió disparada hacia el tejado del edificio más cercano. -¡Señor Potter! Vuelva aquí -exclamó el profesor con preocupación. Pero el muchacho no conseguía controlar lo que sucedía; la escoba dio una vuelta completa y él estuvo a punto de caer, pero se aferró con fuerza mientras un brusco giro lo llevaba hacia la cúpula de cristal de una torre. El chico trató de controlar la escoba, pero ésta vibraba como si estuviera viva. Dio una precipitada vuelta y luego bajó en picada, como un águila persiguiendo a su presa; pasó muy cerca de unas ventanas, y trató de saltar en un balcón, pero la escoba iba tan rápido que le dio miedo fallar e ir a caer de bruces sobre el suelo. Realizó un violento zigzag mientras varios hechizos paralizadores del profesor trataban de alcanzarlo, pero él seguía sin detenerse, dando vuelta a las altas torrecillas y rozando por poco sus puntiagudos pináculos. Hubo un precipitado ascenso y por unos momentos, la escoba dejó a Albus de espaldas, haciéndolo tomarse más fuerte que nunca del mango, que se ponía cada vez más caliente. Abajo todos los estudiantes miraban con terror las violentas acrobacias que él hacía inevitablemente. No había forma de pararla. Y entonces sintió una sensación fría en todo el cuerpo, a la vez que sus músculos se habían agarrotado. Le habían lanzado un hechizo. La escoba bajó lentamente hacia el suelo, mientras todos se reunían a su alrededor para verificar que estuviera bien; el profesor Longbottom se encontraba ahí, apuntándolo con su varita. El muchacho escuchaba un zumbido que en realidad eran los reproches de los demás estudiantes, que trataban de averiguar qué había pasado. Definitivamente lo había conseguido, Albus había logrado un record: había estado a punto de morir a penas en el primer día de clases.
Hola mis queridos lectores y lectoras :) Cómo han estado? Espero que muy bien; de acuerdo, pues aquí les tengo un nuevo capítulo de esta historia, y espero que les esté gustando la trama. Les aseguro que pronto las cosas se irán poniendo más misteriosas... Por su puesto, me gustaría que dejaran sus reviews, dudas, sugerencias o lo que sea. ¡Disfrútenlo! Saludos!