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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 6
6 ¿Espía en Hogwarts?
-¿Qué ha ocurrido, señor Potter? Albus estaba en la enfermería en aquellos momentos; no quería ir ahí porque realmente no le había pasado nada, pero los profesores habían insistido en que fuera para verificar que no tuviera alguna lesión. Y la verdad (y un hombre lo comprenderá), estar sentado sobre una escoba que se mueve como loca no es nada agradable. Aún así, él prefería no estar ahí durante su primer día de clases. -No lo sé, profesora. Ni si quiera aceleré la escoba -insistía el muchacho -, de pronto se volvió loca, y el mango estaba muy caliente… -¿Cree que estuviera hechizada, profesor? -le preguntó la directora Mcgonagall al profesor de vuelo, Cepheus. -Eso creo, Minerva. Supongo que tendría que desarmarla para averiguarlo, pero es lo más probable. O posiblemente solo haya sido un defecto. -Es muy extraño. -Agradezcamos que el profesor Longbottom alcanzó a rozarlo con su hechizo -prosiguió Cepheus, que parecía un poco conmocionado. Y tenía razón para estarlo, pues había sido su primer día de clase y ya tenía un incidente extraño en su historial. -¿Dónde está? -preguntó Mcgonagall. -Tenía clase de Herbología -respondió el otro. -De acuerdo -asintió ella -, si madame Pomfrey está de acuerdo, creo que podrás irte Albus. Madame Pomfrey era la encargada de la enfermería. -Solo ten más cuidado -le dijo la mujer a Albus -, y frótate la pomada de linfo que te di entre… -Sí, sí, lo tengo -se apresuró a decir el chico, un poco avergonzado. No resulta agradable para un muchacho que la gente hable de frotarse pomadas en ciertas áreas corporales -, ¿entonces puedo irme? -Adelante. El chico salió de la enfermería, en donde lo esperaba Rose con aspecto preocupado. -¿Cómo ha ido? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? -preguntó la pelirroja apresurada. -Tranquila, todo está bien. Y no creo que puedas ayudarme, a menos que te guste frotar pomadas. -Bueno, podría tratar… -Oh, créeme que no querrías hacerlo -le aseguró Albus. -Bueno, si tú lo dices… -aceptó ella y ambos se marcharon hacia su clase de Historia de la Magia.
La primera semana de clases en Hogwarts resultó interesante para Albus, pues había conocido a muchos profesores (desde sus favoritos como Filius Flitwick, hasta los peores como el profesor Binns), y también había hecho buena amistad con algunos chicos de Gryffindor como Christian Bennet o Adam Stewart. Y a pesar de que se la había pasado muy bien, ansiaba que llegara el viernes, cuando tenía una invitación para visitar a Hagrid. La última clase del jueves era Herbología, con el profesor Neville. Rose, Albus, Christian y Adam bajaron juntos a los invernaderos del colegio, que estaban a un costado del castillo; a los de primer curso les correspondía el invernadero uno, que era de los más pequeños. Se trataba de un edificio de cristal verduzco, alumbrado por lámparas de jardín y con grandes rociadores que colgaban del techo y que se encendían por la noche para mojar a las plantas. La clase de Herbología la compartían los Gryffindors y los Slytherins. Aquella mañana el profesor Longbottom tenía preparado un lote de arbustos puntiagudos en varias macetas sobre una mesa de caballete. La clase consistía en observar los arbustos y dar una amplia descripción al respecto. -Mis papás te envían saludos -comentó Albus, quien estaba trabajando con su arbusto cerca de Neville -, dicen que esperan verte para Navidad. -Tendré que ver mi disponibilidad. Este año había quedado con la familia de Hannah. ¿Ha estado bien tu primer semana? -Digamos que casi muero, pero fuera de ello ha sido agradable. Neville se encogió de hombros, y le dio una palmada al muchacho en la espalda. -Encontrarás muchas cosas interesantes, ya lo verás -y le guiñó el ojo. Albus regresó a su arbusto puntiagudo y lo pinchó con su cuchillo, viendo como la sabia resbalaba lentamente. -¿Hay que describir el olor de la sabia? Porque es horrible. -Eso creo, tengo que revisar mi libro -respondió su prima -. ¿Por qué ese Scorpius nos mira tanto? Es como si se debatiera entre una decisión y otra. -Ya lo conoces. Es algo extraño. Pareció que Scorpius sabía que estaban hablando sobre él, pues había entornado la vista hacia ellos. Luego de unos momentos sus ojos regresaron a su arbusto, cuyas espinas se habían encogido con la extracción de la sabia. Y entonces el profesor anunció el fin de la clase, de forma que todos guardaron sus instrumentos y devolvieron los arbustos puntiagudos a sus estantes. Al fin había acabado el día.
Aquella noche Albus volvió a soñar. Él se encontraba en medio de la misma habitación grande y oscura que en sus pasados sueños, pero esta vez aquel ataúd plateado que había visto anteriormente no se encontraba ahí. -¿Qué nos hace falta para poder devolverlo a la vida? -preguntó uno de los magos encapuchados que se encontraban ahí. -Ya hemos averiguado cómo sacar el cadáver del ministerio; aún no sé quién se encargará de ello, pero ya se encuentran trabajándolo. Tenemos la sangre de sus padres… Ha sido bastante difícil conseguirla. Pero nos falta algo, aún necesitamos el conjuro para traer a los muertos a la vida. -Avery, ¿Realmente crees que exista tal cosa? Es bien sabido por todo mundo que no hay ninguna magia que traiga a los muertos de regreso. -O al menos eso es lo que nos han hecho creer -respondió el otro con una sonrisa macabra que le erizaba el vello a Albus -. Se dice que existe un libro con el hechizo capaz de traer a la vida a los muertos. Nadie sabe en dónde está, pero se cree que este cayó en las manos de los fundadores de Hogwarts. -¿Y por qué no han compartido el secreto para revivir magos? -Porque es magia muy oscura y antigua. Al traer a alguien a la vida este no regresará como era antes, sino como una huella de lo que fue. Se dice que quien regresa de la muerte no es más un humano… Es un monstruo. La necromancia es un tema siniestro entre los magos, pero nunca ha sido analizado detenidamente por los peligros que conlleva. -Entonces, ¿el libro se encuentra en Hogwarts? ¿Pero dónde exactamente? -Lo más probable es que esté en la sección prohibida de la biblioteca -murmuró el otro -, ahí nadie entra además de los profesores. O en el despacho de la directora; probablemente los directores anteriores lo hayan guardado ahí para evitar que se conozca este secreto. Pero hay algo muy seguro: El libro no se encuentra en Gringotts. -¿Cómo lo sabes? -le preguntó el otro. -Hemos embrujado a un duende mediante cruciatus. Revisó los expedientes y no encontró ninguna clase de libro parecido dentro del banco -respondió Avery. -¿Y qué vamos a hacer? Es muy difícil entrar a Hogwarts -recordó el otro encapuchado. -Por eso no debes preocuparte -respondió su compañero con una sonrisa astuta y cruel a la vez -. Tenemos un espía. Hogwarts ha sido infiltrado… Y entonces Albus despertó.
La tarde del viernes, cuando todas las clases hubieron acabado, Albus bajó junto con Rose hacia la cabaña de Hagrid que estaba en los terrenos de Hogwarts, cerca del bosque prohibido. La cabaña era pequeña para ser la vivienda de un semi-gigante, aunque en el interior los objetos eran bastante más grandes que los de un humano común y corriente. -Y bien, ¿cómo ha estado su semana? -preguntó el hombretón mientras calentaba la tetera en la chimenea. -Un poco agitada, supongo -respondió el muchacho contrariado -, quiero decir, sobre todo por lo que ocurrió en la clase de vuelo. -Ya, Neville me lo dijo el otro día. Tal vez deberías tener más cuidado… -Pero Hagrid, yo no controlaba la escoba… se controlaba sola -repuso el chico, que se estaba cansando de que le echaran la culpa a él por el incidente. -El profesor parecía muy preocupado -comentó entonces Hagrid, sacando tres enormes tazas de su alacena -. Pero qué digo, naturalmente está preocupado. Fue una de sus primeras clases y resultó casi desastrosa. -No debería sentirse mal. Tal vez la escoba estaba defectuosa, o algo. -En fin, solo esperemos que no haya más incidentes, ¿quieren un panqué? Albus recordó lo que le había dicho James sobre la habilidad culinaria de Hagrid, aunque no quería ser descortés, así que lo aceptó. -Gracias -aceptó poco convencido. Tomó un panqué de moras y lo mordió. A decir verdad no estaba tan mal; después de tantos años tal vez había mejorado. -¿Y tú Rose? ¿Qué tal tu semana? -preguntó Hagrid. -Ha estado bien, supongo. Quizás me la esperaba más complicada -respondió. -Me da gusto oírlo. Un comentario propio de tu madre -dijo sonriente y luego fijó la vista en el rostro de Albus -, luces cansado Al, ¿has dormido mal? -Un poco -contestó con un bostezo -, he estado soñando cosas muy extrañas… No lo sé, ni lo entiendo. -¿Qué clase de cosas? -Pues… Anoche soñé que estaba en una sala oscura o algo así, y había dos personas. Uno se llamaba Avery… Y hablaban de que necesitaban un libro que estaba en Hogwarts para traer a alguien de la muerte. No sé, fue algo perturbador. -Creo que deberías revisarte la cabeza antes de que te vuelvas loco -opinó Rose mordisqueando su panquecito. -¿Avery, has dicho? ¿El mortífago? -preguntó Hagrid confundido. -¿Mortífago? No lo sé, yo simplemente soñé que uno de los dos hombres que se encontraban en la habitación se llamaba Avery. Hablaban de tener a un espía infiltrado en Hogwarts, o algo así… -Eso no está nada bien -murmuró Hagrid con preocupación. Parecía realmente sorprendido -, tengo que enviar una carta a tu padre. Nos veremos luego -y dicho eso, el hombre salió al jardín y caminó apresurado hacia la lechucería. -¿Qué le ocurre? -preguntó Rose mirándolo irse. -No tengo ni la menor idea -dijo Albus. -Bien, será mejor que nos vayamos. Se está haciendo tarde y no querrás que Filch nos encuentre merodeando por los pasillos en la noche. Y de esa forma ambos marcharon por la ladera hacia el castillo de Hogwarts, esperando que estuvieran a tiempo y no se metieran en más problemas.
Hola a todos! Muchas gracias por comentar; me alegra el día ver uno que otro nuevo lector por ahí, y espero que las cosas sigan así. Bien, aquí está un nuevo capítulo, y digamos que la frase final no podrá ser posible, porque se irán metiendo en problemas cada vez con más frecuencia. Gracias por leer, los invito a dejar su review! Saludos!