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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 7
7 Persecución en la noche
-Nos hemos tardado demasiado con Hagrid -Albus y Rose llegaron al vestíbulo del colegio cuando afuera ya anochecía; aún tenían tiempo para ir hasta la sala común, por lo que tenían que apresurarse antes de que los prefectos y profesores comenzaran a vigilar los pasillos. El vestíbulo estaba iluminado por varias antorchas, pero dada la hora, una buena parte de la sala estaba inmersa en la oscuridad. El comedor ya estaba completamente solo. -Bueno, nos hemos perdido la cena -dijo Albus con tristeza. -Da igual, apresúrate. Subieron la escalera y se dirigieron hacia un pasillo por cuyas ventanas entraba la plateada luz de la luna. Los ocupantes de los retratos dormitaban pacíficamente… Hasta que a lo lejos se escuchó una especie de risa aguda y desagradable. -¿Qué fue eso? -inquirió Rose volteando a ver a su alrededor. -Probablemente solo ha sido Peeves -musitó Albus -, alguna cosa habrá hecho para hacer enojar a Filch. Oye, ¿no había un pasadizo secreto por aquí para llegar hasta la sala común? -¿No era en el corredor que está cerca de los aseos del segundo piso? -No lo sé. Ven, vamos a buscar… Siguieron avanzando, subiendo y bajando escaleras, atravesando puertas y recorriendo amplias galerías llenas de altos libreros, cuadros y estatuas que en la noche parecía más escalofriantes que por el día. -Creo que estamos perdidos -murmuró Albus, rascándose la cabeza -, ni si quiera había estado aquí antes… Pero el chico se vio interrumpido cuando el eco de una voz resonó a lo lejos. -¡¿Cuándo será el día en que te largues?! -exclamaba aquella voz. A Rose le dio un salto el corazón -, mira el desastre que has hecho. -No se lo digas a la directora -dijo burlonamente una voz aguda e infantil -, podría mandarme al bosque prohibido. -Creo que Peeves y Filch están discutiendo -puntualizó Albus -, vámonos antes de que lleguen a nosotros. -¿Qué te he dicho sobre golpear armaduras? ¡Despertarás al colegio entero! -le reprochó Filch al poltergeist, mientras unos pasos resonaban con eco sobre el suelo de piedra de los pasillos de los alrededores. Albus y Rose apresuraron el paso, y sus corazones se aceleraron; el muchacho observó su reloj de pulsera, y se dio cuenta de que no faltaba mucho para que se acabara el tiempo límite para que estuvieran en su sala común; los estudiantes más pequeños tenían que llegar temprano a sus dormitorios. -¡Yo no he hecho ese ruido! -Se defendió Peeves -, yo estaba tres pisos arriba husmeando en el baño de prefectos. -¿Qué quieres decir? -Que un alumno está paseando por el castillo, bobo -cacaraqueó Peeves alegremente. Parecía que al ser le gustaba atrapar a los estudiantes fuera de la cama para que estos fueran castigados. -¿Estás seguro? Por que escuché el ruido por aquí… -¡Hablo en serio! -se defendió Peeves -, yo no fui el que golpeó la armadura. Alguien más está deambulando por aquí, y no creo que sea un fantasma. -En todo caso lo encontraré -gruñó el conserje y aceleró el paso. Sus pasos se oyeron retumbar cada vez más fuerte en el pasillo. -¡Ven! -le apresuró Albus a su prima, llevándola del brazo por el corredor hacia un lugar seguro; sus pisadas se escuchaban fuertes, pero no podían quedarse ahí esperando que los atraparan. Albus se introdujo detrás de una amplia estatua de un mago rechoncho, y Rose lo siguió, quedándose ambos agachados y con la respiración agitada. -No digas nada -susurró el joven. -Tú lo estás haciendo… -¡Chist! -le reprendió él y ambos se quedaron en completo silencio. Solamente se escuchaban sus respiraciones y unos pasos acercándose. -¡Cállate Peeves! Déjame oír. Estoy seguro de que escuché algo -Filch había llegado a aquella parte del castillo, por lo que Albus y Rose pudieron verlo desde su escondite. Peeves iba a su lado, dando volteretas en el aire mientras agitaba su cascabel justo en la oreja del celador. -¡Te arrancaré ese maldito cascabel! -Atrévete -le retó el hombrecillo con su amplia sonrisa tonta. Repentinamente, al otro lado del corredor sonó algo, como si alguien hubiera tirado algo al suelo. Ahí había algún otro estudiante explorando además de los dos primos. -¡Lo tengo! -exclamó Filch triunfalmente. Corrió hacia el lugar desde el que había salido aquel sonido, y Peeves se fue detrás de él tarareando una canción bastante grosera. Albus suspiró finalmente, aliviado de que el conserje se hubiera alejado. -No te muevas aún -le recomendó a la pelirroja -, esperemos a que se alejen más. -¿Qué fue ese ruido que sonó por allá? -preguntó ella respirando con tranquilidad finalmente. -Fuera lo que fuera nos ha salvado el pellejo… -Psst -se escuchó un ruidito por detrás de ellos. Ambos voltearon a ver a su alrededor, buscando la procedencia de aquel sonido -, pssst… -¿Qué…? Y entonces lo vieron; atrás se encontraba una puerta entreabierta, donde se encontraba asomado el afilado rostro de un chico rubio. Era Scorpius Malfoy. -Psst… -repitió él. Luego les hizo un ademán en señal de que se acercarán -. Entren aquí, rápido. Los dos niños se levantaron casi automáticamente y corrieron hacia el otro lado de la puerta; Scorpius la cerró precipitadamente. Ahora se encontraban en una amplia sala de piedra con varias escaleras de madera distribuidas a lo largo de los muros cubiertos de libreros. -¿Es la biblioteca? -preguntó Albus. -No, la biblioteca está dos pisos más arriba -señaló Rose -, esta debe de ser la sala de estudio. -Exacto -asintió Scorpius -, lamento si los hice sufrir un poco. No quise golpear la armadura, pero me tropecé, así que corrí lo más rápido que pude y esperé que Filch culpara a Peeves. -¿Tú fuiste el que golpeó la armadura? Porque el celador estaba muy enojado y por poco nos despelleja como a una comadreja. -Sí, lo siento. ¿Qué hacen aquí? -Bueno… Veníamos de la cabaña de Hagrid, y se nos hizo un poco tarde. Queríamos tomar un atajo a nuestra sala común, pero creo que el castillo de noche es aún más complicado que de día. ¿Y tú? -No importa… Ahora tenemos que salir de aquí sin que nos pesque Filch o Peeves. Ambos son unos chismosos de primera y harán lo que sea para que nos castiguen. -¿Hay alguna otra salida? -Creo que hay una más al norte… Tendremos que comprobarlo nosotros mismos. Andando. Scorpius, Albus y Rose caminaron por la silenciosa sala de estudio, con sus parpadeantes lámparas de aceite, los mullidos tapetes que absorbían las pisadas y la enorme cantidad de libros de pastas antiguas y aroma a guardado. A aquellas horas el lugar daba un poco de miedo. -Apresúrense -los riñó Malfoy -, mi distracción no durará mucho… Y entonces los tres se quedaron helados. La puerta detrás de ellos se abrió de par en par, con un chirrido que les puso los pelos de punta. Filch entró con una lámpara en la mano, y parecía muy enojado. -Haz entrado aquí, ¿verdad? -dijo para sí mismo. Los muchachos se pegaron a la pared, caminando sigilosos entre los libreros y estanterías; Scorpius les hizo una señal para que lo siguieran, y este comenzó a subir una de las escalerillas que llegaba hasta los estantes más altos de la habitación. -No hay nadie aquí, viejo chiflado -sentenció Peeves entrando detrás del celador. -Alguien quiere engañarme, pero no lo conseguirá… Albus y sus amigos subieron hasta lo más alto de la escalerilla, y para ocultarse treparon una de las vigas del techo, quedando ocultos por la larga barra de madera que recorría el lugar de un punto a otro. Scorpius gateó sobre la viga por delante de todos, con Rose en medio del grupo. Y entonces la madera de la viga crujió… -¿Qué ha sido eso? -preguntó Filch alarmado, lanzando una mirada hacia el tejado. -Será un pajarraco. -Peeves, ve al techo y revisa. Creo que alguien está tratando de huir. -¿Qué ganaré yo? -inquirió el poltergeist con su delgada ceja formando un arco. -Sé que te gusta atrapar estudiantes -murmuró el otro con una sonrisa desagradable. -Ujum, de acuerdo, será divertido. El hombrecillo flotó hacia el techo, asomándose por la parte superior de los libreros. Scorpius comenzó a acelerar la marcha y el resto lo siguió apresurado por las largas vigas que se entretejían unas con otras; tenían suerte de que ahí arriba no hubiera ventanas y hubiera muy poca luz que los descubriera. -Creo que he visto algo -comentó Peeves desde el otro lado de la larga habitación. -¡Demonios! Nos ha visto -susurró Albus con el corazón en la garganta. Scorpius se puso de pie rápidamente y corrió hacia la cornisa de la habitación, que daba vuelta hacia otro pasillo del castillo. Se escurrió rápidamente al otro lado tras pasar por debajo de un arco y finalmente llegaron a otra sala. -Bajen por aquí -los apresuró el rubio, apoyando el pie sobre una mesa. Ahora se encontraban en un aula de clases que parecía no haberse utilizado desde hacía muchos años -. Filch y Peeves no tardarán en llegar. Albus bajó primero y ayudó a su prima a descender, y una vez que llegaron al suelo comenzaron a correr hacia el pasillo. Sus sombras a la luz de la luna y las antorchas resultaban inquietantes, y a cada rato volteaban para asegurarse de que no los persiguieran. -¡Sigan corriendo! La puerta detrás de ellos se abrió de golpe y Filch comenzó a correr tras los tres muchachos; Peeves salió de un cuarto adyacente y rió con sorna. -¡Los tengo! -exclamó el celador viendo tres sombras alejarse al final del pasillo. El grupo de chicos corrió a toda velocidad, sintiendo como estaban pisándoles los talones; dieron un precipitado giro en la esquina y continuaron acelerando, mientras Peeves levantaba jarrones del suelo y los lanzaba por todos lados. -¡Deja de hacer eso, espíritu idiota! -bramó Filch. -Vengan por aquí… -los apresuró Scorpius tomándolos por el cuello del uniforme. Los llevó hacia un tapiz rojo en la pared. Cuando Rose y Albus estaban casi seguros de que se estrellarían contra el muro, los tres atravesaron el tapiz y comenzaron a caer por una resbaladilla secreta. Era como una rampa de mármol muy pulida, de modo que tomaron velocidad mientras resbalaban por la pendiente, y nuevamente atravesaron otro tapiz. Esta vez se encontraban en un pasillo del primer piso. El trío se detuvo a tomar aire, respirando aliviados por haberse salvado por los pelos. Albus tosió y se puso la mano en el pecho, sintiendo su acelerado corazón palpitar con fuerza. -Gracias por salvarnos -le dijo Rose al Slytherin una vez que se hubieron tranquilizado. -No es nada. Pero de aquí en adelante ustedes tendrán que llegar solos a su sala común. Yo bajaré a la mía. -Nos veremos, entonces -dijo Albus examinando al muchacho que estaba frente a él. Finalmente sonrió amistosamente y le tendió la mano -, ha sido genial de tu parte. -Buena suerte -respondió Scorpius y le estrechó la mano al joven -, ¿amigos? -Amigos -aceptó este. Los tres se despidieron, dirigiéndose a sus respectivas salas comunes, aún con la emoción de la aventura que habían pasado aquella noche.
Hola queridos lectores! Muchísimas gracias por comentar, realmente hacen esto de escribir mucho más gratificante para mí. Como había comentado en un comentario, esta semana probablemente no esté disponible pues saldré de vacaciones, de forma que no tendré acceso a internet y no podré publicar capítulo nuevo hasta el domingo. En todo caso si regreso antes me encargaré de actualizar lo antes posible ;D Espero estén bien, y disfruten el capítulo. Saludos!