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Albus Potter y el Libro de los Muertos (I) — capítulo 8
8 Una mala señal
A la mañana siguiente el ritmo en el colegio siguió como de costumbre; nadie se había enterado de la aventura de Scorpius, Albus y Rose por los pasillos del castillo, aunque eso estaba bien, pues aún era muy pronto para recibir mucha atención por parte de los demás alumnos. Aquella mañana se llevaría a cabo la selección del equipo de quidditch, y por lo que tenía entendido Albus, solamente los alumnos de segundo curso en adelante podían asistir a presentar la prueba; no se sentía mal por ello pues su experiencia con las escobas hasta el momento no había sido muy agradable, aunque cuando su hermano James se aproximó a ellos en la mesa de Gryffindor, este supo casi instantáneamente que presentaría la prueba, y probablemente quedaría. -Deséenme suerte -les pidió suspirando. Por alguna razón, Albus creyó percibir que James trataba de inflar el pecho. El muchacho rió y su hermano alzó la ceja en señal inquisitiva. -No necesitas suerte, hermano. Eres el mejor jugador de quidditch que he conocido… Bueno, luego de mis padres. -Eso espero… No me haría gracia no quedar en el equipo -respondió James un poco más tranquilo. -¿Para qué puesto presentarás? -Estaría bien de cazador. Aunque me han dicho que soy buen buscador… -repentinamente se quedó callado y los observó detenidamente -. Ustedes traen algo entre manos, ¿verdad? Albus y Rose se sonrieron mutuamente. -Tal vez. -En fin, no preguntaré. Tengo que irme al campo de juego más temprano para calentar. Ted me ayudó a practicar todo el verano. El estuvo en el equipo de Hufflepuff. -Suerte -le desearon los muchachos y el hijo mayor de los Potter se alejó. -He oído que un par de estudiantes de primero huyeron anoche de Filch. Peeves lo estaba divulgando cuando venía hacia aquí -Christian Bennet se sentó al lado de Rose y tomó una tostada entonces -, me imagino que habrá sido divertido. -Sí que lo fue -murmuró Albus. -¿Eh? -Nada. Bien, creo que debemos irnos a clase de Defensa -Rose se puso de pie sacudiéndose las migajas de la falda del uniforme -, ¿nos vamos? -Pero si a penas he llegado -reclamó Christian con tristeza. -Esperaba llegar temprano a clase. -Yo lo esperaré -propuso Albus -, adelántate y te alcanzaremos luego. -Si insisten -aceptó ella y se dirigió hacia el vestíbulo con paso firme, dejando solos a los dos muchachos. Christian prestó especial atención al caminar de la pelirroja. -¿Te digo algo? Creo que tu prima me parece linda -comentó de pronto Christian, como si aquel cambio de conversación fuera de lo más normal. -¿Te digo algo? Creo que te golpearé la nariz -respondió Albus. Su amigo lo miró ceñudo. -Tienes once años, hombre. Además a penas la conoces. -Sólo decía que me parecía linda… Pero Albus ya se había levantado y se dirigía al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.
El profesor ya los esperaba dentro del salón de clases, de forma que Albus se fue a sentar al lado de Rose y sacó su libro de estudio. Breoghan Kalen, el maestro de aquella asignatura, era el tipo de hombre de mirada enigmática, enmarcada siempre por unas ojeras de profundo color violeta. Y sorpresivamente, en aquellos momentos aquel hombre tenía esa mirada fija en Albus; él agachó el rostro hacia su libro, pero aún sentía aquellos penetrantes ojos sobre su cráneo. -Me agrada volver a verlo, señor Potter -comentó el profesor aproximándose a Albus. El muchacho asintió, un poco extrañado de que se dirigiera especificamente hacia él; nunca antes habían tenido una conversación el uno con el otro. -A mí también me da gusto verlo, profesor -dijo. -¿Sabes? Eres muy parecido a tu padre -comentó de pronto -. Un gran mago, Harry Potter. -¿Usted conoce a mi papá? -Sólo de vista -respondió y una leve sonrisa asomó sus facciones -. Inclusive te pareces a él en el carácter. Me han dicho que a Harry le gustaba deambular por el castillo entrada la noche, ¿sabes? -mostró una sonrisa aún más pronunciada que le estiraba las arrugas. Albus se sintió intimidado por aquel hombre; -bien, será mejor que demos comienzo a la clase. El profesor se alejó hacia el frente del aula y Albus de inmediato informó a Rose de lo que le había dicho. -Creo que sabe que estuvimos deambulando la otra noche por el colegio -susurró y ella lo miró con impresión. -¿Por qué lo sospechas? -Me dijo que me parecía mucho a mi padre. Y de la nada comentó que a él también le gustaba andar por el castillo en la noche. ¿Crees que sepa algo? -No lo sé, pero si supiera algo, creo que ya nos habría acusado -lo tranquilizó su prima -, ¿no te parece que es un poco extraño y misterioso? Albus estaba a punto de contestar, pero se quedaron callados entonces al notar que Breoghan había iniciado su clase.
Durante la clase de Encantamientos, los chicos se estaban encargando de realizar conjuros convocadores; resultaba un poco complicado, pero después de una hora Albus había conseguido acercar su pluma de águila un par de centímetros hacia él, aunque no supo si se trató de su habilidad o si había sido culpa del aire que entraba por la ventana. Rose era más diestra para los encantamientos que Albus. La profesora Arwen Fornax la felicitó. -Ja, me dijo que aprendía rápido -se burló la pelirroja cuando la profesora se alejó de la mesa que compartía con su primo. -Presumida. Además no vale si tienes una madre tan inteligente. -Oye, Al, ven a ver esto -le interrumpió la chica repentinamente, asomándose por la ventana hacia el jardín. -¿Qué ves? ¿Tratas de hacerle un hechizo convocador a un ave? -No. Mira, es mi tío Harry. El chico caminó hacia el ventanal un poco extrañado; no tenía idea de qué podía estar haciendo su padre en Hogwarts, por lo que le dio curiosidad. Y efectivamente; Harry Potter iba caminando por el sendero de piedra que atravesaba uno de los patios del colegio. A su lado iba Hagrid el guardabosque, hablándole cosas con ademanes cuidadosos, como si se estuvieran contando algo muy secreto. -¿Qué estará haciendo aquí? -Bien chicos, nos veremos la próxima clase. Hasta luego -se despidió la profesora Fornax y todos los alumnos tomaron sus mochilas y salieron en tropel hacia el pasillo. Albus se apresuró hacia el corredor para alcanzar a su padre; bajó una larga escalera y cruzó un corredor de arcadas que daba a la terraza. Su padre iba apresurado hacia el ala este del castillo. -…Me tiene muy intrigado desde que me lo comentaste -escuchó Albus a su padre, y Hagrid asintió a su lado. -Me preocupé en cuanto supe que él no sabía quién era ese nombre que mencionó. A menos que lo haya escuchado por ahí -respondía el semi-gigante. Albus se detuvo detrás de una gruesa columna, y en eso Rose lo alcanzó con la respiración agitada. -¿Qué te ocurre? -Quiero saber a qué vino mi papá -se limitó a contestar en un murmullo. Harry y Hagrid se toparon entonces con la directora Mcgonagall, que parecía angustiada. -Recibí tu carta Harry -comentó la mujer -, me inquieta lo que me comentaste. -¿Vamos a tu despacho? Prefiero platicarlo en privado -añadió Harry. -Está aún lejos de aquí. Mejor entremos a un aula vacía -dijo la mujer abriendo una puerta del corredor -, aquí. Los tres entraron en la habitación, Hagrid con cierta dificultad debido a la altura de la puerta. Esta se cerró tras ellos. -Ven -le dijo Albus a su prima y ambos se aproximaron, pegando el oído a la puerta para escuchar. -…¿Crees que sea una mala señal? -era la voz de Mcgonagall. -Mencionó a Avery, Minerva. Que yo sepa, eso no es para nada una buena señal -apuntó Hagrid. Sus voces parecían preocupadas. -Pero él no tiene cicatriz alguna -recordó Harry -, no tendría por qué tener esa clase de sueños… Él no tiene ningún vínculo con Voldemort. -Tal vez no se trate de esa clase de vínculo, Harry. Creo que Albus tiene una capacidad extraña y poco común. No sabría qué clase de magia, pero me parece que podría tratarse de algo por el estilo. Hubo un tenso silencio repentinamente. Luego Hagrid volvió a interrumpirlo. -¿Cree que algo malo esté sucediendo, profesora? -He oído que últimamente se han visto varios ex-mortífagos rondando por ahí, y eso no puede ser algo bueno. Según lo que me has contado, los aliados del Señor Tenebroso podrían estar planeando una venganza. -¿Y respecto a Voldemort? -Sabes que es imposible traer de regreso a alguien de la muerte, Harry -siguió la profesora, aunque no parecía del todo convencida. -Hay magia demasiado antigua y poderosa, Minerva. Magia que puede haber sido olvidada por la humanidad pero sigue ahí. Yo ya lo comprobé cuando me enteré que Voldemort había realizado Horrocruxes. Es magia muy oscura. -Pero traer a alguien de la muerte… ¿No crees que es demasiado? -Bueno… Las reliquias de la muerte resultaron ser reales -puntualizó Harry y sus zapatos se escucharon avanzar por el suelo de piedra. -No lo sé, no sé si es demasiado. Hemos descubierto tantas cosas durante los últimos años que no estoy segura de qué tan posible sea eso de traer a la vida a un fallecido. Pero sea lo que sea, habrá que estar preparados para cualquier cosa. -¿A qué te refieres? Una vez más hubo un incómodo silencio en el interior de la sala, y Albus aguzó el oído para ver si podía percibir algo más. -Creo, Harry, que algo malo se avecina. Sea lo que sea, algo terrible está a punto de ocurrir… Harry, creo que tu hijo Albus está en un grave peligro.
Hola a todos! Que tal han estado? Espero que perfectamente, porque yo ya he regresado de mi receso vacacional un poco antes de tiempo, así que quise entrar a actualizar la historia. Espero que disfruten el capítulo y que dejen su comentario, que es MUY importante para mí. Sigan al pendiente. Saludos!