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Historia 82078 — capítulo 1
Tonks miró a Remus.
Sus cicatrices brillaron a la luz del sol y su mirada, cansada y melancólica, tenía un dejo sombrío que llegaba a asustar. Él miraba por la ventana del tren, contemplando las cosas pasar a una velocidad que no dejaba explorar bien los detalles; pero los paisajes eran hermosos, y ella sabía que él amaba observarlos de todos modos.
Tonks se preguntó si Remus le iba a dirigir la palabra en el viaje. No le gustaba interrumpirlo cuando se ensimismaba en sus pensamientos de esa manera, pero se sentía completamente extraña cuando los dos estaban tan cerca y aun así se sentía como si una pared se interpusiera entre los dos. Lo odiaba, era como si todos los sentimientos de afecto se borraran a cada minuto que pasaba, como si Remus estuviera pensando que era una tontería viajar a otra cuidad solo para "descansar", como Tonks había dicho, cuando la Orden mas los necesitaba. A veces prefería saber la verdad antes de que él permaneciera en silencio, ya que, desde que los dos estaban juntos, Tonks ya nunca estaba segura de nada. Y ahí, en el oscuro y solitario vagón, en donde apenas había gente y solo alumbraba el poco sol que quedaba, se quedó quieta, con la vista hacia sus manos, suspirando y diciéndose a sí misma que todo iba a estar bien.
De pronto sintió una mano sobre la suya. Giró la cabeza rápidamente y vio a Lupin que le dedicaba una débil sonrisa.
―¿Estás segura de lo que hacemos, Tonks? ¿Adónde me llevas?
Tonks sonrió ampliamente al notar su curiosidad, llevó sus manos al cuello de Lupin, acariciándolo, mientras se acercaba a él.
―¿Todavía dudas? ―rió y sintió como si no lo hubiera hecho hace días―. Ya lo verás, nos relajaremos ―notó que Lupin iba a discutir, entonces lo interrumpió con una leve pisca de suplica:― Y no te preocupes, solo será por dos días, nada malo ocurrirá si dejamos a la Orden por dos días...
―Tonks... ―susurró Lupin y puso una mirada que decía que de hecho, muchas cosas podían salir mal en dos días, y si eso ocurría ellos dos no iban a estar para ayudar.
Tonks sabía todo aquello, pero apenas le importaba en ese momento en donde ya había conseguido que Lupin armara sus maletas, saliera con ella de la casa y subiera al tren; le había costado mucho convencerlo y se sentía bien al haberlo logrado, así que finalmente lo calló con un beso repentino, al cual Lupin tardó en reaccionar. Él le devolvió el beso con dulzura, y Tonks sintió aquellas molestas mariposas en el estomago. Ya estaba acostumbrada, nunca se iban.
Lupin y Tonks bajaron del tren presurosos. El viento que lanzó este al partir obligó a Tonks a sujetarse el lindo y pequeño sombrero que traía puesto. El vestido floreado hacía olas por sus piernas haciendo que se levantara ligeramente. Remus la miró por el rabillo del ojo de arriba hacia abajo y de pronto pensó que se veía muy linda, aunque luego desechó ese pensamiento al notar en donde estaban, el cual nunca antes había visto.
Los dos tenían una mirada confusa. Las maletas a los lados, manos en la frente como sombrilla debido a que el sol los acribillaba con fuerza, aunque era tarde y faltaban pocos minutos para que oscureciera; hacia bastante calor, algo inusual.
Tonks animó a Remus a caminar y luego de unos minutos lograron subir a un taxi que los llevaría finalmente a su destino. Tonks puso su cabeza en el hombro de su amado, mientras este le acariciaba el cabello, ahora de color rosa chicle. Remus sonrió, sabía que cuando ella se sentía feliz llevaba ese color. Los paisajes de afuera parecían cada vez más lindos: grandes campos verdes y algunos árboles llenos de vida, de vez en cuando se encontraban con lagunas llenas de patos y cisnes, las casas que se podían apreciar eran pequeñas pero con los jardines muy bien arreglados, parecían acogedoras.
Finalmente, justo cuando el sol estaba por desaparecer, Tonks hizo parar al taxi. La pareja salió con las maletas en mano y Tonks dirigió a Remus por un sendero cubierto de flores naturales, alrededor había un gran bosque, el cual no dejaba ver nada más que el color verde. Remus se quedó viendo los altos arboles preguntándose en donde se había metido, pero Tonks no lo dejó pensar mucho porque lo agarró de la mano y empezó a caminar cada vez más rápido, hasta que los dos acabaron corriendo.
Remus paró cuando el bosque terminó y dejó en descubierto una casa en medio de un claro sobre una colina. La casa era pequeña pero inmensamente hermosa, de color café oscuro parecía que estuviera construida de chocolate, el techo era de un rojo también oscuro, en donde se dejaba ver una chimenea gigantesca comparada con el tamaño de la casa. Él sonrió y siguió a Tonks por la colina, y cuando llego a la cima y al lado de la casa, se dio cuenta que al otro lado había un inmenso lago, en donde se reflejaba el naranjo sol que se escondía detrás de las montañas lejanas. Se quedó con la boca abierta, nunca antes había estado en un lugar tan hermoso.
―Ya sabía que ibas a poner esa cara ―dijo Tonks divertida y se acercó a él para luego situar los brazos alrededor de su torso, posar su cabeza en el pecho de Remus y escuchar sus latidos.
―¿De dónde salió este lugar? ―preguntó él aún impresionado.
―Es de mis padres, solíamos venir aquí los veranos. Ahora está casi en desuso.
Remus la envolvió con sus brazos al percibir la nostalgia en sus palabras.
―Bueno, tenemos que ordenar nuestras cosas ―saltó Tonks de repente―, ¿vamos?
―Vamos.