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La chica del Alpha — capítulo 4

Summary*:* ¿Ser la imprimación de un Alpha es fácil? ¡Claro que no! Pero de vez en cuando es divertido… Si no, pregúntaselo a Hermione Granger que descubrió que un descarado y guapo moreno Alpha es complejo… Además, ¡¿Quién quiere que una manada de metamorfogos la trate como si fuera su madre?!

Hermione no.

Dedicación****Especial: este fic está totalmente escrito para mi adorada Alexa Blaze que me ha ayudado un montón con mis historias. Gracias merme xD Te quiero, hermanita c:

Agradecimiento:

TheDiariesDarkness

mariangi_felton22

krasni

Aclaraciones: Emily NO existe. La guerra ya terminó. Los Cullen y Bella se han marchado. Como siempre, quizás haya un poco de OoC y uno que otro personaje OC.

N/A: Nuevo y penúltimo -si es que no me alargo e.e- capitulo :')

Aviso: CONTIENE LEMMON, LEER BAJO SU PROPIA RESPONSABILIDAD.

Tercer capítulo: Seducida por el Alpha.

Hermione inspiró profundamente, intentando armarse de valor, y luego se miró al espejo y asintió. Repitió diez veces la acción antes de salir de su improvisado escondite: El baño.

Subió su mentón y dio un paso afuera, cosa de la cual enseguida se arrepintió. Leah soltó un chillido sorprendido a la vez que tapaba su boca.

— ¡Woah!

—Lo sé, se ve horrible, mejor me cambio y…

—No seas idiota, Hermione, te ves hermosa. -aseguró Leah con una enorme sonrisa haciendo que su amiga girara:- Wooah, en serio, increíble. ¿De dónde sacaste este hermoso vestido?

Hermione sintió que sus mejillas enrojecían y bajó su vista antes de lanzar un muffliato a la habitación:- Me lo regaló hace un tiempo Draco Malfoy, él y yo nos odiamos pero con Harry -mi mejor amigo- lo salvamos de prisión así que a modo de agradecimiento me ha enviado bastantes vestidos… Este fue el primero. Nunca los he usado porque no he encontrado una situación que valga la pena. Y ya sabes… es el matrimonio de mi ex. El cabrón debe ver lo que se ha perdido.

— ¿Qué es muffliato? -preguntó Leah confundida.

—Un hechizo para que no oigan nuestra conversación… Temo que Sam no estaría muy feliz de saber que semejante vestido ha sido regalado por un mago.

— ¿Es guapo? -preguntó Leah alzando sus cejas y sonriendo divertida.

—Bastante. Pero idiota.

—Joder, yo quiero uno de esos -dijo Leah con un atormentado suspiro. Hermione rió y luego palmeó el hombro de la chica.

—No te preocupes, si las cosas salen bien, en poco tiempo todos los magos andarán paseándose por aquí. -cuchicheó Hermione antes de sonreír maliciosamente:- ¡Y te conseguiré un novio!

— ¡Sí, sí, lo que sea! -dijo Leah colocando sus ojos en blanco antes de darle un empujoncito a Hermione:- Sal y ve cómo reaccionará el lobo feroz.

La castaña puso los ojos en blanco y en una nota mental se dijo que pronto iba a empujarla a los brazos de Jacob.

Abrió la puerta y bajó los escalones para enfrentar a Sam.

Sam Uley pocas veces se sentía nervioso, de hecho, eran contadas con una de sus manos. Ahora había pasado a su segunda mano, y todo era culpa de Hermione. Porque ella no había dudado en darle una clara advertencia: Si no se comportaba en el casamiento del ex de la chica todo avance en la relación se iba al tacho de la basura.

Tiró del cuello de su camisa, para ver si le daba un poco de aire, sonrió triunfante cuando fue capaz de volver a respirar con normalidad. Ganándose miradas extrañadas de parte de Jacob y Seth.

Poco le duró la respiración porque cuando Hermione bajó por las escaleras él olvidó hasta su nombre. El vestido que llevaba era de seda negra y se ajustaba a cada una de sus curvas, estaba amarrado a su cuello con unas finas tiras plateadas que se cruzaban y terminaban colgando descuidadamente entre sus pechos asemejando a un collar, era corto, o al menos así lo creía Sam porque llegaba debajo de las rodillas cayendo de una forma casual.

— ¿Cómo me veo?-preguntó ella indecisa, sus labios rojos moviéndose de forma tentadora, sus pestañas cayendo de forma sensual y….

—Sam, Hermione te hizo una pregunta -murmuró Jacob dándole un codazo. Sam encuadró sus hombros y frunció profundamente su ceño.

— ¡¿Irás con ese vestido?! -rugió él apretando sus puños para que evitar entrar en fase ahí mismo.

Hermione suspiró y se preparó mentalmente para la larga, larga noche.

Hermione apretó de forma inconsciente la mano de Sam y aguantó la respiración mientras se esforzaba por no tropezar y caer en el irregular suelo de La Madriguera. Escuchó lejanamente los gritos histéricos de Molly, las risas burlescas de Bill y Charlie, y los reclamos de Ginny, y esa sensación de volver a casa le impactó con brutalidad. Sonrió y apresuró su paso, obligando a Sam a seguirle, entraron en silencio y se encontraron de frente con un pequeño niño de cabellos rojos que caminaba con libertad.

Él le miró por unos segundos antes de comenzar a saltar.

Hermione perdió la respiración al verlo, luego se inclinó y besó la mejilla de Teddy y él la apretó con torpeza. Sam no pudo evitar darle una mirada al trasero de la chica y maldijo internamente.

— ¡Mine! -dijo el niño acurrucándose más cerca.

Ella desordenó el cabello del chico que cambió rápidamente a castaño con pequeños rizos y sus ojos se volvieron profundamente negros. Sam jadeó, sorprendido, y luego lo miró fijamente.

—Teddy, él es Sam Uley. -le dijo Hermione al niño con dulzura, el hombre en cuestión no pudo evitar pensar que la imagen del niño calzarían perfecto en lo que él pensó como su hijo:- Sam este pequeño adorable y encantador es Ted Lupin.

— ¡Harry, deja de exagerar, Teddy está con Hermione…! -gritó Ginny apareciendo repentinamente, con expresión de fastidio que inmediatamente cambio a asombro:-

¡¿Hermione?! ¡Hermione! ¡Oh por Merlín! ¡Creí que no vendrías! Estábamos a punto de irnos. ¡Harry! ¡Hermione llegó!

— ¿Hermione? ¡Mione! ¡Viniste!

Ella fue abrazada por Ginny, luego por Harry quien gracias a Merlín no la sostuvo por más del tiempo necesario, Hermione se preparó para el millar de abrazos, besos y bromas que recibió inmediatamente después de la pareja Potter. Todos saludaron a Sam con naturalidad, Hermione anotó mentalmente agradecerle a Neville haber informado que venía con su pareja. Las chicas miraban a Sam quien estaba conversando con Charlie y Bill, que parecían estar tomando el papel de hermanos sobreprotectores, y luego le hicieron a Hermione tantas preguntas que ella se mareó y tuvo que ser rescatada por Harry.

—Pensé que no vendrías -admitió él en voz baja, Hermione sonrió con suavidad y palmeó la mano de su amigo.

—Estoy bien -aseguró ella:- Es un momento especial en la vida de Ron y aunque se haya comportado mal lo sigo viendo como un amigo.

— ¿Qué hay de él? -preguntó Harry cabeceando hacia Bill y Charlie. Más bien hacia Sam.

— ¿Sam? -preguntó Hermione sintiendo que un fuerte sonrojo subía a sus mejillas:- Él es de verdad importante para mí, Harry. Tenemos algo especial.

Ni su amigo, ni nadie, volvieron a preguntar más. Bastaba y sobraba con que ella estuviese bien. Y cuando llegó Ronald y le miró con asombro, Sam volvió a su lado y no se separó de ella.

Y eso que él no se enteraba aun que Ron y ella estuvieron casados. Hermione comenzaba a creer que esto era una muy mala idea.

Hermione agarró la mano de Sam con fuerza y dándole una dura sonrisa a Lavander arrastró al chico a un rincón, dándole fugaces miradas de reojo, él tenía su espalda tan tensa que comenzaba a preocuparla. ¿Qué mierda le dijo Brown?

— ¿No se te olvidó decirme algo importante, amor? -preguntó él con brusquedad, dándole una fulminante mirada a Ronald.

Genial. Él sabía lo de Ron. Hermione sobó su sien y suspiró, mojando sus labios y alzando su rostro para ver que tan enojado estaba Sam. Oh, estaba muy enojado. Furioso. A punto de cambiar. Ella deseó jalar su cabello, pero no lo hizo por pura voluntad. Suspiró otra vez y sacudió su vestido de polvo invisible.

—Lamento no haberte contado que Ron fue mi esposo. -dijo ella con suavidad:- La verdad es que no creí que era algo importante, apenas duramos un par de meses…

—Era tu maldito esposo, Hermione, no un estúpido ex novio. -escupió él con brusquedad:- ¿Y eso no era algo importante?

—No, no lo fue. -dijo ella con la misma suavidad.- Estoy contigo, ¿eso no es suficiente?

—No. No lo es si no me dices nada.

— ¿Sabes cuál es el real problema aquí Sam? No nos conocemos en absoluto, no tienes idea de quién soy y yo no sé quien mierda eres.

— ¡Hermione! ¡Ven, llegó Luna y se muere por verte!

—Baja la voz, Ginny, mi cabeza me está matando.

Hermione se dejó llevar por la pelirroja y Sam le vio irse con un amargo sabor en su boca, porque ella tenía toda la razón. Él se sumergió en un la inquietud, sabiendo que las cosas habían empeorado entre ellos.

Sam le sonrió a Hermione pero ella le ignoró, todo el grupo continuó hablando como si nada pasara, y probablemente era porque no notaron la tensión que se había creado en las últimas horas en la pareja.

Hermione se disculpó ligeramente antes de ir al baño, Sam maldijo entre dientes antes de seguirle, ella cerró la puerta con suavidad y él se quedó ahí, sin saber muy bien qué hacer. Inspirando profundamente entró tras ella.

—Es verdad que te duele la cabeza ¿no? —preguntó él suavemente, entrando en el cuarto de baño.

Pues sí; no había abierto el frasco de aspirinas por capricho. Hermione le dio una mirada fulminante antes de asentir y Sam tuvo que reprimir la sonrisa que bailaba en sus labios porque terminaría jodiendo aun más las cosas.

—Sí —contestó, sabiendo que debía de tener muy mala cara.

—Date la vuelta.

*Eso sonaba a trampa,*pensó Hermione negándose a seguirle el juego.

—Te voy a dar un masaje en la cabeza —añadió él al ver que ella no se movía.

Hermione se dio la vuelta, conmovida por esa muestra de consideración. Sam se puso detrás de ella y sus dedos quitaron con cuidado la goma que sujetaba la cola de caballo que se había hecho por culpa del calor.

—Esta cosa mantiene el pelo demasiado tirante y eso no puede ser bueno. -indicó él con calma. Hermione se sintió mucho mejor en cuanto el pelo quedó suelto y soltó un suspiro de alivio.

—Es probable que tengas razón. -murmuró ella antes de sonreír tímidamente, sin importarle que él no pudiese ver aquel gesto:- Gracias.

Los dedos de Sam se introdujeron entre los mechones liberados y Hermione se estremeció de placer. Siempre le había gustado que le tocaran el cabello y hacía mucho tiempo que nadie se lo había hecho. Muchísimo, demasiado. Se le cerraron los ojos mientras él masajeaba su cuero cabelludo con las yemas de los dedos, aliviando la tensión.

— ¿Qué tal? —murmuró él—. ¿Estoy apretando demasiado?

—No, así está muy bien. Gracias.

Sam continuó masajeándole la cabeza y el cuello, utilizando todos los dedos, respirando junto a su oído, invadiéndole el olfato con el aroma de su loción para después del afeitado. Hermione notó que se le relajaban los hombros y suspiró cuando él le frotó las sienes con los pulgares con un movimiento circular.

Él le apartó el pelo a un lado y volvió a concentrarse en su cuello, para luego trabajar en sus hombros. Acarició el borde del vestido y le bajó un poco los tirantes del sujetador para que no le molestaran mientras se ocupaba de todos sus músculos. Hermione pensó que quizá no debería permitir que se tomara tantas libertades con su ropa, pero estaba demasiado a gusto para detenerlo.

No debería haberse sorprendido cuando sus labios le rozaron la oreja, pero así fue. Respiró hondo, abrió los ojos e intentó separarse de él, pero Sam la sujetó con fuerza por los brazos.

—No te vayas que no he terminado. -murmuró él con calma.

—Sam...

*Una protesta muy enérgica, sí señor. Más que nada porque ya se estaba recostando en él.*Hermione maldijo su comportamiento hormonal.

— ¿Te encuentras mejor, no? -preguntó él con su voz un poco más ronca de lo normal, ella asintió:- Pues puedo hacer que te sientas mejor aún.

De eso estaba segura, la pregunta era si debía dejarle.

Ahora que sus labios se paseaban por su cuello, que sus dedos apartaban las cintas del vestido para poder pasarle la lengua por el hombro, la cosa parecía discutible. La sensación de su lengua era maravillosa, y por más que ella quisiera detenerle, era relajante y no se trataba más que de unos pocos besos, de modo que, ¿qué más daba?

Abrió el puño y las aspirinas cayeron al lavabo, repentinamente olvidadas.

—No sé... Deberíamos volver con los demás... La boda….

Consciente de que parecía más excitada que decidida, mientras los dedos de Sam vagaban por la parte delantera de su delgado vestido y le acariciaban los pezones, Hermione se preguntó por qué se había molestado en hablar. Era una mentirosa de primera y lo sabía.

Y Sam también, porque la obligó a darse la vuelta y la miró a los ojos, con los suyos oscurecidos de deseo.

—Antes voy a hacer esto.

Hermione gimió, mientras los labios de Sam se deslizaban por su cuello con sus dientes raspando ligeramente, dejando una caliente sensación por donde pasaban. ¡Maldita sea, no debía sentirse tan bien! Ella tenía que sentirse escandalizada por qué el maldito de su novio estaba a punto de follarla a metros de la celebración de bodas de su ex, pero en vez de eso… Estaba jodidamente excitada.

Sam gruñó alejándose lo suficiente para verla fijamente a los ojos, su pecho subía y bajaba con rapidez, sus facciones oscurecidas por el deseo, su cuerpo listo para…

—Aquí, Hermione, ahora. -susurró él acariciando su nuca con sus labios, ella tembló y gimió, abrumada por el profundo deseo que sentía:- Dime que no, preciosa, y sacaré mis manos de ti…

—No sé… no deberíamos hacer esto... —dijo, intentando agarrarse a algún vestigio de decencia:- Está mal…

La respuesta de Sam fue inclinar la cabeza y succionarle el pezón a través de la tela del vestido. Aquello era una tortura exquisita; la sensación de placer se fundió con la necesidad de más libertad, de que tocara y saboreara su piel desnuda. Cuando él se deslizó más abajo e hizo lo mismo en su entrepierna, Hermione apoyó la espada en el lavabo. Necesitaba algo que la sostuviera, sobre todo cuando, antes de que le diera tiempo a parpadear, él le subió la falda y deslizó la lengua a lo largo de sus bragas.

—Sam —susurró, retorciéndose tanto por la intimidad de la postura como porque era insuficiente, una burla para lo que de verdad deseaba, y era evidente que él lo sabía.

El besó sus muslos, dejando un rastro de humedad en su piel desnuda, poniéndole la piel de gallina, mientras se estremecía de anticipación. Sam succionó su clítoris a través del satén de sus bragas y ella no pudo evitar que se le escapara un suave gemido.

— ¿Te gusta?

—Sí.

Ahí estaba su humedad para demostrarlo si quería investigar. Y por sus avances, definitivamente quería.

Sam le bajó las bragas hasta las rodillas y utilizó los dedos para separar los pliegues de su sexo. Hermione desearía haber sentido vergüenza, decirle que parara, pero no logró emitir queja alguna. Sobre todo cuando su lengua se deslizó sobre ella, una y otra vez, hasta que separó más las piernas, aferrada a su pelo con los ojos semi entornados y ahogándose con las sucesivas oleadas de intenso placer que él estaba provocando.

¿A quién diablos pretendía engañar? Ahí no había lugar para echar el freno. No estaba preocupada, arrepentida ni inhibida en lo más mínimo. Deseaba la boca de Sam sobre su cuerpo, quería tenerlo en su interior, y lo quería ya, duro, rápido y salvaje.

—Más —ordenó, subiéndose la falda para poder verlo mejor. La prenda le bloqueaba la visión y quería ver su lengua introduciéndose en ella y sus oscuros ojos nublados de deseo.

— ¿Más qué?

Hermione no sabía muy bien qué le estaba preguntando, pero había dejado de tocarla para levantar la vista hacia ella y no estaba dispuesta a permitirlo.

— ¿Más, por favor? —tanteó, pensando que le estaba tomando el pelo por ser tan mandona.

Sin embargo, Sam se rió suavemente, haciéndole cosquillas en los muslos con su aliento.

—Te estaba preguntando si por más te refieres a que te siga lamiendo o a que me quieres en tu interior. Pero me gusta que lo hayas pedido con tanta educación. Eres toda una señora, ¿sabes? La clase de mujer que le gustaría a mi madre.

A ella no le parecía que hubiera nada de educado en estar presionada contra el tocador de un amigo *-y ex esposo-,*con la cabeza de un hombre entre las piernas, mientras ella mantenía la falda levantada.

—Dudo que tu madre estuviera de acuerdo con esto si nos viera ahora mismo. -dijo ella soltando una risita nerviosa.

—Bueno, me alegro mucho de que no esté aquí, pero todavía no has contestado a mi pregunta… -dijo Sam divertido.

Y toda esa conversación no le estaba dando lo que ella quería. No sabía si tendría el valor de decirlo en voz alta, pero se mordió el labio cuando él de dio un rápido y provocativo golpecito en el clítoris. Después de todo parecía que sí lo iba a tener.

—Que me sigas lamiendo.

—Hecho, preciosa —murmuró Sam entre sus muslos.

Empezó a hacerle cosas sorprendentes y deliciosas, introduciéndole la lengua y moviéndola arriba y abajo, despacio primero y luego cada vez más rápido, hasta que ella perdió la capacidad de hablar, pensar o hacer otra cosa aparte de gemir para alentarle. Cuando él le succionó suavemente el clítoris, con un dedo en su interior, ella se arqueó y apretó con fuerza los labios para contener un alarido de placer, presa de un orgasmo largo e intenso que hizo que todo su cuerpo se estremeciera de éxtasis. Cuando terminó y consiguió abrir los ojos, Hermione soltó el pobre pelo maltratado de Sam e hizo un esfuerzo por recobrar el aliento.

— ¿Bien? —preguntó él.

— ¡Oh, sí!

—Date la vuelta —ordenó Sam, poniéndole las manos en la cintura para acompañar el movimiento—. Quiero que te veas en el espejo.

Quería que comprobara lo hermosa que era, lo rojas que tenía las mejillas, lo suelto y libre que estaba su pelo, y lo dilatadas que estaban sus pupilas. Quería mirarla desde detrás cuando se introdujera en ella y ver la expresión de placer de su rostro reflejado en el cristal.

Ella ni lo dudó; se dio la vuelta y apoyó las manos en el tocador. Sam notó que su pene saltaba con impaciencia. ¡Dios! La deseaba como nunca antes había deseado a una mujer. No dejaba de sorprenderse cada vez que se daba cuenta de eso.

Sam le subió la falda despacio, deslizando las manos a lo largo de sus suaves muslos y sus caderas. En esa postura, con las piernas ligeramente separadas y el trasero un poco levantado, se le veía un culo precioso. Tenía unas nalgas firmes y tentadoras que le hicieron la boca agua. Paseó los dedos por la suave piel, los metió entre sus piernas y acarició su interior, asegurándose de que seguía mojada para él. No sólo lo estaba, sino que emitió un suave gemido de ánimo que hizo que todo su cuerpo se tensara de deseo.

Cuando se colocó entre sus piernas y la penetró profundamente, ambos gimieron.*¡Joder qué maravilloso era sentirse rodeado por su resbaladizo calor!*La postura incrementaba la sensación ya que, al moverse, le permitía apreciar lo apretada que estaba. Le gustaba el modo en que sus abdominales y sus muslos chocaban contra las curvas de Hermione mientras entraba y salía de ella. Una ojeada al espejo le mostró que Hermione, con los ojos semi cerrados, la boca abierta, los labios húmedos e hinchados por sus besos y el pelo caído hacia delante estaba disfrutando tanto como él de tenerle en su interior. Ver sus pezones contraídos al máximo, presionando contra su camiseta, y sus manos aferradas al tocador, era un espectáculo extremadamente erótico.

Supo que había tocado un punto sensible porque los ojos de ella se abrieron de golpe y se quedaron en blanco, su agitada respiración se detuvo del todo y su boca se abrió en un silencioso grito de intenso placer. Sam se retiró, repitió el movimiento, y fue recompensado con un fuerte suspiro seguido de un:

— ¡Oh, Dios, sí!

Cuando Sam hizo lo mismo por tercera vez, ella agachó la cabeza, con la cara tapada por el pelo, y emitió un fuerte gemido al tiempo que sus músculos internos se contraían alrededor del pene.

— Hermione, mira al espejo —dijo él, empujando otra vez.

—No —susurró ella, lanzando las caderas hacia atrás mientras se corría.

—Por favor..., déjame verte mientras te corres —pidió él, moviéndose más rápido y fuerte. ¡Dios! Estaba a punto de explotar dentro de ella.

Ella alzó la vista, se echó el pelo hacia atrás y le miró a los ojos a través del espejo mientras su orgasmo terminaba. Tenía los dientes clavados en el labio inferior, las pupilas dilatadas, y las mejillas sonrosadas por el esfuerzo y el deseo. Sam no necesitó nada más. Se aferró a sus caderas y continuó embistiéndola hasta alcanzar un intenso y estremecedor orgasmo que le hizo apretar los dientes y le arrebató la capacidad de hablar.

Cuando por fin consiguió hacerlo, cuando sus movimientos fueron más lentos, la espalda le picaba por el sudor y sus dedos relajaron la presión con que aferraban las caderas de Hermione, la única palabra que le vino a la cabeza fue:

— ¡Joder!

—Justo lo que yo estaba pensando —declaró Hermione, jadeando, con la frente apoyada en el espejo.

Ambos estallaron en carcajadas Sam la cargó y la sentó sobre el borde de la bañera, con cuidado pasó sus manos por su cabello hasta dejarlo un poco menos revuelto, le sonrió con suavidad y la besó dulcemente.

—Lo siento, perdí un poco el control. -susurró sin separar sus labios de los de ella:- Lamento haberte tratado mal antes…

—Lamento no haberte dicho lo de Ron. -dijo Hermione poniendo sus manos en la cara de Sam y besándolo de forma casta:- Y lamento tener que decir que si no salimos del baño ahora, Molly Weasley nos echará a patadas por pervertidos.

—Oh, vale -dijo él alejándose un poco antes de mirar sus ropas desordenadas:- Uh, ¿no puedes hacer algo para… limpiarnos y eso?

Ella soltó una risita y murmuró unas palabras, ¿Scourgify?, y luego sacudió su ropa. La miró fijamente mientras cepillaba su cabello y luego lo tomaba en una floja y descuidada coleta. Inspiró profundamente y sonrió con discreción al notar que su olor seguía impregnado en ella.

— ¿Hermione?

— ¿Qué? -preguntó ella alzándose y tomando un par de pinzas para el cabello que Ginny siempre dejaba en un tarro.

—Prometo que la próxima vez será en una cama.

Ella puso sus ojos en blanco y salió del baño riendo, murmurando por lo bajo lo descarado e imprevisibles que eran los metamorfogos.

—Vamos, Mione, no es algo difícil de contestar.

—Amor, deja a Hermione en paz -dijo Harry cansado, Hermione le disparó una mirada a Sam que cargaba a Teddy.

—Sam es metamorfogo, lo conocí en Forks. -dijo Hermione con calma, sintiendo que sus mejillas enrojecían:- Uh, él imprimó en mi.

— ¿Lo quieres? -preguntó Ginny de forma indiscreta, esta vez, Harry no se molestó en detener a su mujer mirando a Hermione como si también lo cuestionara.

—Todavía nos estamos conociendo -dijo ella sonrojándose. Ginny rió y luego le abrazó.

—Felicidades.

— ¿Por qué la felicitas? -preguntó Harry confundido.

—Oh, Harry, ella lo ama. -dijo Ginny con los ojos llorosos y dándole un manotazo a su novio. Él miró a Hermione y luego sonrió.

—Vaya…

—No presiones a Hermione, Harry, porque esto es algo complicado -amenazó Ginny con brusquedad.

—Es complicado -repitió Hermione con rapidez, observando cómo su amigo se debatía entre creerle o ir a hablar con Sam:- Pero él es una buena persona…

—Y te tiene loca… -agregó Ginny.

—Y me tiene… -Hermione se detuvo justo a tiempo dándole una mirada de reproche a su amiga:- ¡Ginny!

La pelirroja rió y luego ondeó su mano:- Merlín Hermione, ¿Qué haces aquí con semejante hombre? ¡Yo lo tendría amarrado a la cama!

— ¡Ginevra Potter! -espetaron Hermione y Harry a coro, ella les miró y sonrió.

—Vale, lo siento. No más comentarios sobre lo tirable que está tu novio. -dijo Ginny de forma rotunda, meneando sus cejas con picardía, Harry puso los ojos en blanco dándole una mirada de profunda adoración a su esposa:- Ahora, creo que deberías ir a explicarle a Ron porque te perdiste la mitad de su boda.

Hermione se sonrojó y balbuceó cosas incoherentes, su vergüenza aumentó bruscamente al sentir a Sam abrazándola con Teddy colgado de su pierna.

— ¡Mine! ¡Mine! -chilló Teddy con su cabello cambiando a negro con rizos:- ¡Mine!

— ¿Vamos a felicitar a los novios, amor? -preguntó Sam desordenando el pelo de Teddy y luego entregándoselo a Harry.

¿Por qué la idea sonaba tan suicida?

Hermione mordió su labio y asintió, guiando a Sam entre la multitud para ir a felicitar a Ron y Lavander, devolvió saludos de forma automática y sonrió tensamente en todo momento.

— ¡Hermione! -chilló Lavander dándole una crítica mirada, luego sonrió con maldad a Sam quien pareció pasar el gesto por alto:- Ronnie él es la pareja de Hermione, están viviendo juntos en un pueblito de Estados Unidos. ¿No es romántico?

—Sí. -dijo Ron frunciendo el ceño, mirando a la pareja con lentitud:- Muy romántico.

—Mi dama de honor no les vio en la boda. -cuchicheó Lavander, como si quisiera sacarles más información de lo sucedido.

—Discúlpenos. Hermione tuvo que ir a recostarse, no se sentía muy bien -mintió Sam con naturalidad, Lavander sonrió ampliamente colgándose del brazo del sombrío Ron.

— ¡Won-Won! ¡No me dijiste que Mione está embarazada! -chilló Lavander haciendo que todos se giraran a ver a la chica en cuestión quien boqueó sorprendida y negó.

—Oh, no. No estoy embarazada -aseguró Hermione horrorizada, Sam rió entre dientes antes de encogerse de hombros.

—Felicitaciones. Fue una linda boda. -dijo él antes de estirar su mano hacia Ron:- Un gusto haberte conocido, Ronald.

El pelirrojo gruñó algo incomprensible antes de darle un apretón, Sam sonrió ampliamente antes de apretar un poco. Lo suficiente para que Ron retrocediera soltando una fea palabrota.

Hermione apretó sus dientes y fulminó a Sam con la mirada. Dios, ¡iba a patear su culo apenas tuviese la oportunidad! Él le devolvió la mirada con inocencia antes de guiñarle un ojo.

Ese día Hermione Granger juró que nunca más iba a asistir a una boda.

Hermione cerró la puerta con brusquedad, Sam maldijo y golpeó pidiendo que abriera, ella se recostó contra esta y se cruzó de brazos.

— ¡No entraras a mi casa! ¡Vete, Sam, antes que de llame a la policía!

Leah bajó las escaleras refunfuñando y le miró de forma asesina:- El único tiempo que tengo disponible para dormir, tú y tu maldito novio lo arruinan. -masculló la morena bostezando:- ¿Qué mierda pasó ahora?

—Le quebró la mano a Ron. -dijo Hermione apretando sus labios para que la sonrisa no saliera a la superficie.

— ¿Ron, el novio? -preguntó Leah alzando sus cejas sorprendida. Hermione asintió, ambas miraron a la puerta y estrecharon sus ojos de forma desconfiada al darse cuenta que Sam no estaba hablando.

— ¡Fue sin querer! -alegó él haciendo gritar a Hermione sorprendida, rápidamente se giraron a verlo.

— ¡¿Cómo entraste?!

—Por la cocina -dijo él con naturalidad antes de mirarle con impotencia:- Te juro que no quería hacerlo, Hermione. Por favor…

Ella frunció su ceño y negó:- Fuera.

—Hermione…

— ¡Dije fuera! -murmuró ella antes de darle un fugaz beso:- Mañana nos vemos, Samuel. Ahora vete.

Él gruñó antes de salir a regañadientes por la puerta, Leah miró incrédula a Hermione y ella meneó sus cejas.

— ¡Lo logré, Sam me hace caso! -susurró Hermione antes de sonrojarse con brutalidad, cambiando su peso de un pie a otro.

—Oh dios. Te tiraste a Sam -dijo Leah con asombro. Hermione negó con su cabeza para luego soltar un chillido.

— ¡Qué diablos! -dijo con fastidio, sus ojos brillando con picardía:- Follé con Sam en el baño de los Weasley's.

—Que romántico -murmuró Leah colocando sus ojos en blanco antes de sonreír mostrando todos sus dientes:- Tienes que contarme todos los detalles.

Ambas chicas pasaron el resto de la noche compartiendo opiniones y riéndose como adolescentes.

Hermione miró por la ventana, sonriendo suavemente al ver a Sam tensando sus músculos, recordando cómo se sentían sus brazos alrededor de ella, negó para despejar su cabeza y luego enfocó su mirada en Leah que estaba encogida y cabizbaja. Su corazón se llenó de dolor por su amiga y lentamente miró a Jacob que parecía estar radiante.

¿Cómo no iba a darse cuenta que Leah sentía mucho más que una simple amistad por él?

Suspiró y luego fue a la cocina prepararse una taza de café, sobresaltándose al oír un suave golpe en la puerta principal. Gritó que iría enseguida, limpió sus manos y cepilló su cabello antes de sostener su café e ir a abrir.

Se encontró de frente con una castaña que le miró incomoda.

—Me dijeron que podía encontrar a Jake aquí…

—Oh. -dijo Hermione entrecerrando sus ojos:- Tú debes ser Isabella.

—Sí…

Hermione asintió y chasqueó su lengua:- Pasa, iré por él.

La castaña debió notar la tensión por parte de la bruja porque negó y dijo que mejor le esperaba afuera. Hermione se encogió de hombros y luego caminó con lentitud a la puerta trasera para ir hablar con los chicos. Leah alzó su cabeza y le dio una rota sonrisa que le partió el alma.

— ¿Jacob? -preguntó Hermione, el chico en cuestión alzó su cabeza y le miró sorprendido:- Te buscan.

— ¿a mí?

—Isabella.

—Oh. -susurró sorprendido. Cambió de peso de un pie a otro y luego miró tímidamente a Leah quien a su vez miraba el mar:- Vale. Uhm, Sam…

—Ve, yo cubro tu ronda -escupió Leah antes de mirar a Hermione con tristeza:- Hablamos después.

Definitivamente lo harían. Sam envolvió a Hermione en un apretado abrazo y ella se recostó sobre su pecho, frunciendo su ceño, todos los chicos escaparon, excepto Seth que alegó tener hambre y corrió a saquear el refrigerador de la castaña.

— ¿Sam?

— ¿Si, Hermione?

—Te amo. -admitió ella con suavidad. Él se quedó congelado antes de besar su cuello y sonreír ampliamente mirando el mar.

—Yo también te amo, Hermione, más que a mi vida.

— ¿Crees que tus sentimientos son más que la imprenta?

—Definitivamente, lo son. -dijo él suspirando:- ¿por qué dices todo esto ahora, preciosa?

—Es que me acabo de dar cuenta que es mejor decirlo antes de que sea tarde.

—No es tarde para Jacob ni Leah.

— ¿Cómo lo sabes?

—Conozco a Leah y Jake es bastante obvio.

—Bueno, tal vez te he subestimado -admitió ella ceñuda, él rió en voz baja y luego la cargó hacia la casa.

— ¿Qué tal si te enseño otro par de cosas que tal vez has subestimado?

Ella rió y le dio un juguetón empujón:- Olvídalo, macho Alpha, tengo cosas más importantes que follar contigo.

— ¡No hay nada más importante que eso! -exclamó él de forma bromista, ella puso sus ojos en blanco y le dio un sonoro beso.

—Quéjate después con la manada. Ahora, usa tu súper oído y dime que están hablando Jacob e Isabella.

Sam soltó un suspiro cansado pero dándole una mirada de adoración comenzó a relatarle a Hermione lo que oía.

Ella guardó la información en una parte de su cabeza antes de permitir que Sam la cargara a su habitación. Ambos olvidaron con rapidez lo que sucedía en el patio delantero de su casa, dejándose llevar por la pasión que los consumía.

Antes de caer dormida entre los brazos de Sam, Hermione sonrió de forma malvada y soltó una risita que hasta a Lord Voldemort le habría dado miedo.

¡Por que como que se llamaba Hermione Jane Granger ella haría que Leah y Jacob aceptaran sus sentimientos!

Con ese último pensamiento, cayó profundamente dormida.

jijijiji, ¿que tendrá planeado Hermione para que Jake y Leah cedan a sus sentimientos? ¿Qué estará dispuesta a hacer?

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