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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 1

Antes de nada me gustaría aclararles que en esta historia tanto Albus Dumbledore, como Severus Snape y Fred Weasly siguen vivos. Lo digo para que no se soprendan si los ven aparecer.

Esta es mi primera historia, así que por favor, lean, disfruten y sobretodo, COMENTEN!!!! Gracias.


Hermione estaba mirándose al espejo en el cuarto de baño del expresso de Hogwarts. Ya se había puesto la túnica y se había colocado un poco los rizos de su melena rebelde. Estaba echándose un último vistazo para asegurarse de que todo estaba en orden. En realidad, ese no era el único motivo por el que estaba allí mirándose tan detenidamente, lo que buscaba en su reflejo era algo un tanto difícil de encontrar. Perdida en su propia mirada se buscaba a si misma, a la niña risueña y despreocupada, fanática de los libros y que descubrió un nuevo y fantástico mundo que, gracias a una carta, le abrió las puertas a un gran y mágico colegio. Seguía viendo a esa niña risueña y fanática de los libros, pero ahora ya no tan despreocupada, pues la guerra había dejado profundas huellas en ella y en todos sus compañeros. Habían sido tiempos difíciles y la batalla sin duda no había sido nada fácil. Se jugaron mucho y mucho fue lo que perdieron, ella lo sabía más que nadie. Pero ahora todo había acabado, Voldemort había muerto a manos de su mejor amigo Harry Potter, la orden de los Mortífagos había sido disuelta, y por todas partes del mundo, El Trío Dorado, es decir; Harry, Ron y ella misma, estaban considerados como tres de los más grandes héroes de todo el siglo. Pero eso a ella no le importaba, no buscaba la fama, la verdad es que no sabía muy bien qué era lo que buscaba. Desde hacía algún tiempo, los libros a los que tanto adoraba ya no la complacían del todo, había un gran vacío en su interior que nada ni nadia podía llenar.

Salió de su ensimismamiento y se dirigió hacia su compartimento en donde la esperaban Harry, Ginny, Luna y Ron.

¡Ah, Ron! Todo era ahora tan distinto. Se habían besado frente al basilisco el día que destruyeron el Orrocrux, él le había dicho que la amaba, que estaba muy enamorado de ella, pero hacía algún tiempo las cosas habían cambiado, él se molestaba con facilidad ante la presencia de la castaña y ella no comprendía bien por qué. Parecía bastante molesto con su presencia. ¿A qué se debía ese cambio tan repentino de actitud? Simplemente no lo comprendía.

  • Mira a quien tenemos aquí, la heroïna del siglo - dijo sarcásticamente una voz masculina que Hermione conocía muy bien.

  • ¡Que hay Malfoy! - dijo la castaña un tanto indignada - ¿Tú también has venido? ¿No podrías haberte quedado en tu gran mansión y habernos dejado en paz?

  • Más quisieras, sange sucia - se mosqueó el muchacho - A mi tampoco me agrada tener que verte a ti y a tus "amiguitos" - dijo resaltando la palabra - pero muy a mi pesar, no hay más remedio.

Hermione no hizo ni caso a sus insultos y siguió caminando hacia su compartimento.

  • Espera, Granger - el platinado la detuvo.

  • ¿Y ahora qué, Malfoy? - espetó la muchacha.

  • Sólo quería decirte que me he enterado de una cosa que no te va a gustar nada.

  • ¿Y qué es? - preguntó interesada la castaña. Pero Malfoy no contestó, le encantaba ver a esa chica impacientarse y enrogecer de rabia ante él. Era muy estimulante.

  • ¿Piensas hablar o qué? - la castaña empezaba a impacientarse, pero estaba realmente interesada en esa noticia que supuestamente tanto le iba a desagradar.

El rubio sonrió con malicia, finalmente, se dignó a hablar.

  • Ya te enterarás. Personalmente tampoco me hizo mucha gracia cuando me enteré de la noticia, pero sabré sacar partido a la situación, ya lo verás.

Y sin darle opción a la Gryffindor a responder, se marchó con una sonrisa de suficiencia dibujada en los labios.

Hermione continuó caminando, indignada. Finalmente, llegó a su compartimento.

Ginny se encontraba sentada sobre las rodillas de Harry y mirando por la ventana. Luna se sentaba a su lado, con su agradable sonrisa angelical y su habitual buen humor.

  • Hola, Hermione - saludó - ¿Por qué has tardado tanto?

  • Por nada, es que Malfoy me entretuvo.

  • ¡¡¿¿Malfoy??!! - exclamaron Harry, Ginny y Luna a la vez.

  • ¿Qué te ha hecho ese impresentable? - dijo Harry apartando a su novia de encima para poder levantarse - Cuando le pille se va a enterar ese maldito hurón. No te preocupes, Hermione, no se volverá a meter contigo, te lo prometo.

  • No, Harry, tranquilo. Esta vez no me ha hecho nada.

  • ¿No? - dijo Harry ya más calmado y dejando que su novia volviera a sentarse sobre sus rodillas.

  • No. En realidad, sólo me ha dicho sabía una noticia que no me haría ninguna gracia. También dijo que a él tampoco le hizo ni pizca de gracia cuando se enteró, pero que sabrá sacar partido de la situación. ¿A qué se debe referir?

  • Ni idea - dijo Ginny.

  • Algo que a él tampoco le hace gracia... - dijo Luna pensativa - Tal vez como los dos sois prefectos tendréis que hacer guardia juntos.

  • ¡¡Malfoy y yo!! Pues espero que esa no sea la notica. No soporto a ese chico. Es un engreído, un estúpido y un mimado.

  • Tratándose de Malfoy, podría ser cualquier cosa. Deberías andar con cuidado, Herms - concluyó Harry.

La Gryffindor se sentó al lado de Ron y apoyó su cabeza en su hombro. Intentaba olvidar todos los malos pensamientos que se le venían a la mente al pensar en ese Slytherin mimado de Malfoy. De repente, Ron se tensó. Parecía no agradarle mucho el contacto de la castaña. Ella pareció darse cuenta y se retiró. ¡Pero qué mosca le había picado! Pero si se habían besado hacía nada en la guerra. ¿Por qué esa actitud? ¿Por qué ese cambio tan repentino hacia su persona?

Hasta el momento, Hermione no se había dado cuenta de que su amigo había estado todo el rato de la conversación sobre Malfoy con mirada ausente, fija a través de la puerta de cristal del compartimento, mirando al de al lado. Pero ¿qué había en el compartimento de al lado? Hermione se echó para alante para ver mejor a quién estaba mirando tan absorto, pero en ese momento sonó un silbato. El tren había llegado a Hogwarts y todos se levantaron de golpe, impidiéndole que viera quién era la persona que atraía de ese modo tan extraño la atención de su amigo.


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