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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 2
Todos estaban sentados en el Gran Comedor mientras el Sombrero Seleccionador escogía las casas de los 60 nuevos alumnos que llegaban ese año por primera vez a Hogwarts.
Hermione recordaba perfectamente su primer día, en el que temblorosa, tuvo que subir ante todas esas caras nuevas y sentarse en el taburete. El Sombrero la escogió para Gryffindor y esa mesa rompió en aplausos. En aquel entonces todavía no la juzgaban, pues no la conocían lo suficiente como para hacerlo, sin embargo, no tardaron mucho en lloverle motes tales como: ratona de biblioteca, come libros, sabelotodo, enciclopedia andante o sabionda engreída, y todos esos motes se los debía al ingenio de Malfoy.
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Estúpido Malfoy - pensó - es que ni siquiera puede dejarme tranquila en mis pensamientos - se cruzó de brazos e intentó concentrarse en el discurso que el director había empezado a pronunciar.
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Queridos alumnos, un año más os doy la bienvenida a nuestro humilde colegio. Para los nuevos alumnos, debo mencionar que el Bosque Prohibido y el tercer piso.... - pasaron varios minutos hasta que llegó la parte interesante - ...y finalmente me gustaría recordar a los prefectos: Alena Grickots y Derek Jefferson de Huffelpuff, Cathy Bhann y Jessica Harrison de Rawvenclov, Draco Malfoy y Pansy Parkinson de Slytherin y Hermione Granger y Dean Thomas de Gryffindor.
Eso no era novedad, puesto que ya todos lo sabían desde hacía ya un tiempo.
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Por cierto - dijo finalmente el director - después de la cena espero a todos los prefectos en mi despacho - Y diciendo esto, las mesas se llenaron de exquisiteces y todos empezaron a devorar como lobos.
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Ron, ¿Qué te ocurre? - preguntó su hermana preocupada - ¿No tienes hambre?
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Ginny, eso no puede ser - resopló Harry - Ron siempre tiene hambre, ¿o no? - dijo mirando a su amigo de forma divertida, pero lo que vio lo preocupó. Ron estaba totalmente distraído, mirando hacia la mesa de Rawvenclov. Tenía apenas un muslito de pollo en el plato y ni siquiera lo miraba.
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¿Ron?, ¿te encuentras bien? - preguntó Hermione preocupada. Por fin, Ron volvió de su ensimismamiento.
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¿Qué? Ah, sí, claro. Estoy bien, ¿por qué?
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No, por nada. Tan sólo que la bandeja de pollo que está delante de ti no está vacía - contestó Hermione con ironía - Ven, vamos a ver a la señora Pomfrey, ella sabrá qué tienes.
La muchacha lo agarró cariñosamente del brazo para ayudarlo a levantarse, pero a él pareció molestarle.
- ¡Basta, Hermione! Que no ves que molestas.
Las palabras del chico le cayeron como un cubo de agua helada. ¿¡Que ella molestaba!? Sólo estaba preocupada por él, ¿qué había hecho mal? ¿Por qué la trataba tan fríamente? Después de lo que le había dicho se sentía muy mal, sólo tenía ganas de llorar, pero al pelirrojo no le importó, se levantó irritado y se marchó.
Después de la cena todos los prefectos fueron al despacho del director.
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Ah, ya estáis aquí, muy bien - dijo Dumbledore acomodado en su silla - Como la guerra ya ha terminado y no tenemos nada más por lo que preocuparnos, he pensado que lo mejor sería acabar con las rivalidades entre casas. Vosotros sois los prefectos y debéis dar ejemplo. Por eso he pensado que dormiréis por parejas de diferentes casas en las torres del castillo. Además, con esas mismas parejas debeís organizar diferentes actividades cada mes. Bien las parejas son... - Hermione estaba impaciente, ¿con quién le tocaría? Cruzaba los dedos y decía: "Con Pansy o Draco no, con Pansy o Draco no" - ...y finalmente los dos Premios Anuales; Malfoy y Granger.
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¿¿Tú?? - se miraron ambos con asombro.
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Debe ser un error.
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No pienso dormir con esta sangr... - se cortó al acordarse de que estaba ante el director.
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Lo siento, señores, pero estas son las parejas y no voy a ceder. A propósito, señorita Granger, señor Malfoy, hubo un error y su torre sólo consta de un dormitorio, me temo que esta noche deberán dormir juntos. Mañana intentaremos arreglar el asunto. Buenas noches.
Draco y Hermione estaban que echaban chispas. ¿Cómo podía haberles tocado juntos? o peor ¿cómo que tenían que compartir cama? Eso no era posible. ¡Intolerable! Iban a replicar, pero el director ya les había dicho que no pensaba cambiar de opinión, así que se guardaron las réplicas de mala gana.
Una vez en el pasillo...
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¡Granger! - gritó Malfoy realmente enfadado - No estoy dispuesto a compartir cama contigo, que te quede bien claro.
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No me das miedo, hurón albino, a mi tampoco me hace gracia compartir cuarto con serpientes.
El rubio se cabreó de lo lindo ante los insultos de la castaña y su envidiable falta de miedo ante su presencia. ¿Quién se había creído que era esa sangre sucia para hablarle así? Se acercó a ella con rapidez y la agarró por las muñecas con fuerza. La estampó contra la pared apretando sus muñecas en alto, a ambos lados de su cara.
- No vuelvas a hablarme así, sangre sucia sabelotodo.
La estaba apretando con mucha fuerza, demasiada, tal vez, y la castaña lo notaba, pero no se lo iba a demostrar, no iba a dejar que ese estúpido engreído la intimidara, al fin y al cabo, ella era una leona, una Gryffindor.
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Suéltame, o te juro que - empezó a decir ella, pero el rubio no la dejó terminar.
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O me juras ¿qué? Me vas a pegar. Granger, no creos que estés en condiciones de amenazar ahora mismo.
La chica le miró los brazos que la sujetaban con fuerza. Tenía razón, nunca se había dado cuenta de lo fuerte que era aquel muchacho, no es que practicara mucho deporte, pero el hecho de ser capitán de quiddich de Slytherin implicaba mucho entrenamiento, y al final había dado sus frutos. Sus brazos eran musculosos y su pecho fuerte, tenía un cuerpo muy bien tonificado. Ahora ya sabía la castaña por qué muchas chicas morían por estar cerca suya. Si no le hablaba con respeto, él no la soltaría, y ante su ahora evidente fuerza, ella no iba a poder conseguirlo sola.
- Basta ya, Malfoy, me haces daño.
Draco sonrió de medio lado, con sonrisa de autosuficiencia.
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No finjas, Granger, en el fondo te encanta estar así conmigo - dijo medio divertido.
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Claro que no - Hermione estaba indignada - ¡Suéltame!
En ese momento alguien llegó por el pasillo, era Dean Thomas, el otro prefecto de Gryffindor.
- ¡Malfoy! ¿Qué haces? ¡Suéltala! - gritó corriendo hacia ellos.
Draco soltó a la chica. No es que tuviera miedo de Dean, pero no quería problemas. Ya se divertiría con Granger en otro momento, tal vez esa misma noche, cuando tuvieran que irse a dormir.
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¿Estás bien? - le preguntó Dean a la leona, preocupado.
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Sí, gracias. Si no fuera por ti, no sé qué me habría hecho.
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Vamos, te acompaño y así me aseguro de que Malfoy no te vuelve a pillar.
Dean acompañó a Hermione hasta la sala común y se despidió de ella. Ambos tenían que recoger sus cosas para mudarse a sus respectivas torres.
Cuando Hermione bajaba a la sala común con sus maletas y su gato, vio a Ron sentado en un sillón leyendo un libro. La verdad es que no tenía muchas ganas de hablarle, pero estaba tan enamorada de él que necesitaba hablarle, preguntarle qué estaba ocurriendo entre ellos, entre su amistad, entre su amor.
Ron apartó la mirada de su libro y la miró un sólo instante, después siguió leyendo. Hermione se sentó a su lado y esperó a que él terminara la página.
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Ron, yo...
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No, Hermy - dijo abandonando la lectura completamente - quería disculparme contigo. últimamente no me he portado muy bien y te he tratado mal. Lo siento, de verdad. Eres mi amiga y no quiero que estemos peleados por tonterías. Es sólo que últimamente no me he sentido muy bien y, es cierto, he estado muy distraído. Tú sólo te has preocupado por mi, ¿me perdonas?
Cómo podía negarle nada aquella castaña dulce y buena que lo amaba.
- Claro que si, Ronald - dijo abrazándolo - Pero dime algo - preguntó mirándolo directamente a los ojos - ¿qué es eso que te distráe? ¿qué es lo que miras todo el rato?
El rostro del pelirrojo se ensombreció. Ella había hecho la pregunta que él no quería conestar, pues sabía que le dolería mucho confesarle la verdad, pero al fin, lo hizo.
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Hermione, es que...siento que tu y yo, ya no estamos como antes.
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¿Qué quieres decir?
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Hermy, verás, hace un tiempo que me siento diferente al estar contigo, no es como al principio. Yo deseaba besarte, te deseaba a ti más que a nada, pero luego me di cuenta de que era sólo un encaprichamiento.
El corazón de Hermione se partió en pedacitos en ese mismo instante. No creía que pudiera contestarle después de eso. Estaba totalmente rota.
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¿Desde cuando piensas eso? - preguntó Hermione con un hilo de voz.
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Desde el día en que nos besamos.
Ese fue el peor golpe de todos.
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Entonces, ese beso ¿no significó nada para ti?
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Pensaba que si, pero después de besarte vi que no era así. Y ahora... estoy enamorado de otra persona.
Hermione estaba hecha pedacitos. Le temblaban las piernas y no lograba ponerse en pie. Ese chico acababa de destrozarla, de matarla por dentro. Estaba a punto de empezar a llorar, pero no quería que el pelirrojo la viera así, así que salió de la sala común dando un portazo y se marchó.