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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 3
Hermione había salido tan disparada de la sala común de Gryffindor que ni siquiera había notado que se había olvidado de las maletas, pero eso ahora le daba igual. Estaba completamente rota, destrozada, amargada, sola. No se sentía bien, sólo quería llorar, ir a su cuarto y llorar y llorar sin parar. Pero no podía hacer eso, pues no quería darle motivos a Malfoy para que se burlara de ella, y mucho menos que la viera en ese estado. Ante ese chico arrogante no se podía permitir el menor síntoma de debilidad. Era una Gryffindor, no debía olvidarlo.
La castaña intentó aislarse en la biblioteca, su lugar favorito, pero a esas horas estaba cerrada y no pudo entrar. Pensó en salir a los jardines, pero le daba demasiado miedo ir sola, así que, para no ser descubierta en mitad de un pasillo, decidió resignarse y, finalmente, subió a su habitación. Abrió la puerta con delicadeza, esperando ver al rubio tendido sobre la cama, ocupándola toda como si fuera el rey, pero no fue así, Draco no estaba. En cualquier otro momento le hubiera parecido extraño y se hubiera parado a pensar en ello, pero ahora lo único que quería era desahogarse en la almohada y estar sola.
Se tiró sobre la cama, sin siquiera quitarse los zapatos y empezó a llorar.
¿Cómo podía haberle dicho Ron que ese beso no había significado nada par él? ¿¿Cómo podía?? Para ella había sido lo más especial que le pasaba desde hacía mucho tiempo. ¡Cuantas noches se había ido a dormir pensando en ese beso tan especial, en ese beso que la había marcado! No es que fuera su primer beso, ella ya se había besado antes con Victor Krum, el jugador de quidditch profesional, pero ni de lejos había sido tan especial como el beso de Ron. Fue un beso apasionado, necesitado. Ella había estado enamorada de ese muchacho desde segundo curso y cuando al fin consigue lo que tanto anhelaba, un beso de sus labios, un desesperado beso de esos suculentos labios que tanto había ansiado, él no siente nada, simplemente la ignora y la trata mal hasta que le confiesa que su amor le corresponde a otra. ¿A quién? Eso no se lo había preguntado. Ahora Hermione estaba enfurecida. Tal vez fuera Lavender, ella era de Rayvenclow, y además había sido la primera novia de Ron. Es muy posible que fuera ella, pero no podía estar segura. Fuera quien fuera, lo descubriría.
Hermione siguió llorando mucho rato, tal vez habían pasado ya dos horas desde que llegó a la habitación. Ya estaba empezando a quedarse dormida cuando...
La puerta de la habitación se abrió suavemente y entró un chico rubio muy apuesto. El Slytherin se disponía a echarse en la cama cuando se percató de la presencia de la leona.
¿Cómo podía hacerla rabiar? Tal vez podía asustarla, o tirarse encima de ella, eso le iba a doler. O esconderle su ropa, eh, espera, pero si la lleva puesta. En ese momento, Draco se dio cuenta de lo extraño de la situación; la castaña estaba tirada sobre la cama, ni siquiera se había arropado. No llevaba el pijama, sinó que siguía con el uniforme y la túnica puestos. Tampoco se había quitado los zapatos y abrazaba fuertemente la almohada.
Draco no pudo resistirse y se acercó para verla mejor. Tenía la cara roja y empapada. ¿Habría llorado? ¡Hermione llorando! Casi no podía creérselo, con que esa sangre sucia también lloraba. Obviamente, claro, después de todo sabía que, en el fondo, era muy sensible, pero nunca se había parado a pensarlo. Simplemente la creía tan valiente, nadie nunca había osado plantarle cara a él de la manera en la que Granger lo hacía. Potter y Weasly también lo enfrentaban, pero no era lo mismo, ella lo hacía con un coraje distinto, no era lo mismo.
Hermione llorando, sería una buena anédota para reirse de ella, pero en ese instante vio como resbalaban más lágrimas sobre su rostro. Pero ¿qué le pasaba?
En ese momento, Draco se quedó quieto, observándola. Nunca la había visto tan mal. Esa sabelotodo de Granger siempre se hacía la dura pero ahora lloraba. Sintió un impulso de abrazarla, pero se contuvo, que ¿por qué? Pues porque era Granger, no podía abrazarla, se suponía que la odiaba.
Y ahora ¿qué hacía? Tenía que despertarla para que le dejara sitio, también era su cama, pero se veía tan bonita así, durmiendo, y tan tranquila, no como cuando se insultaban, que a ella le llameaban los ojos de rabia y se le encendían las mejillas. Ahora se la veía hermosa, Draco nunca se había dado cuenta de lo hermosa que era. Al final, cogió una manta que había sobre una silla y se la echó por encima, él se fue al salón de la torre que compartían y se tumbó en el sofá con otra manta. Ya inventaría mañana algo para justificar porque no dormía en la cama con ella. Ahora sólo quería olvidarse de ese rostro angelical que le había dejado sin habla.
A la mañana siguiente, Hermione abrió los ojos y se encontró arropada con una manta sobre la cama. ¿Quién se la había puesto?, ¿Malfoy? No, no, imposible. Eso era un chiste. Él seguro que no, ¿y dónde habría dormido? Seguro que en la cama de Pansy Parkinson, la muy.... Esa estúpida chica siempre intentaba acostarse con Draco, no por nada en especial, pero lo veía como un buen partido; fortuna abundante, apellido notable, era alto, guapo, muy listo y estaba bueno, además, era tan arrogante y malcriado como ella. La verdad, hacían la pareja perfecta. Lo que Hermione no sabía es que Pansy sólo era una distracción para el muchacho, él realmente no la amba en absoluto, pero muchas noches necesitaba que lo quisieran y Pansy le daba algo de amor, aunque no fuera exactamente esa clase de amor lo que buscaba Draco, pero eso todavía no lo sabía.
Cuando la chica bajó seencontró al Slytherin sentado en una silla del salón leyendo un libro de Aritmancia.
-
Granger, ¿ya te has depertado?
-
Sí, dime Malfoy, ¿quién me colocó la manta anoche? ¿Vino alguien?
-
¿Anoche? ¡Y yo que sé! ¿Acaso soy tu niñera?
-
¡Qué agradable estás por las mañanas! - dijo la castaña irónicamente - ¿Dónde has dormido? Anoche no estabas en la habitación.
Draco sonrió divertido. Acaso Hermione estaba preocupado por él o sólo era curiosidad.
-
Anoche no dormí. Estuve con Pansy y bueno, pasamos casi toda la noche despiertos, ya me entiendes. Acabo de llegar ahora mismo.¿Celosa, Granger?
-
Ni en sueños, hurón.
-
Oh, vamos, no te pongas así. Vamos a pasar todavía muchas noches en la misma torre, siempre puedo hacer un hueco para ti.
-
Eres asqueroso.
-
Pero si te mueres de celos.
-
No te lo crees ni tu. ¡Ya déjame!
La chica se iba a marchar, pero Draco aún no había terminado con ella.
- Por cierto, Granger, te ves muy mal - dijo con una sonrisa maliciosa - tienes cara de haber llorado, ¿qué pasa? ¿Potter y Weasly ya no necesitan que les hagas los deberes y te han abandonado?
-
¡Cállate, Malfoy, y olvídame!
-
Ya te gustaría - la miró con desdén.
La muchacha salió por la puerta muy enfadada, sin embargo Draco se había divertido. Le gustaba mucho hacerla de rabiar. Siempre había pensado que era porque la odiaba, pero ahora se daba cuenta de que no era por eso en absoluto. Todas las demás chicas le deseaban por su dinero, su apellido y, por supuesto, por su físico expectacular, pero ella no, ella era diferente, todo eso le daba igual. Lo que ella sentía hacia él no era un sentimiento hueco y superficial, las demás lo deseaban por lo que tenía, pero ella lo odiaba por lo que era. Aunque fuera triste reconocerlo, ella era la única que sentía algo verdadero por él, aunque fuera odio. Y él, la fastidiaba porque, en el fondo, le agradaba llamar la atención de aquella muchacha, pero no sabía como hacerlo, y sólo se le ocurría insultándola por no ser una sangre pura, eso le había enseñado su padre, aunque eso ahora daba igual, él estaba en Azkaban, y él era libre sin tener que obedecerlo.
Draco siguió pensando en su padre, pero no podía quitarse de la cabeza aquel rostro angelical que lloraba en la cama la noche pasada. Esperó secretamente que, por una vez, pudieran dormir juntos, y esta vez, el cabreo se lo tomaría de forma diferente cuando pasaran una noche en la misma habitación.
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