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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 4
Hermione había bajado a desayunar, pero nada más entrar en el gran comedor vio a Ron en su últimamente habitual postura de embobado, mirando hacia la mesa de Rayvenclow. A la castaña le llamearon los ojos de rabia. Siguió caminando y se sentó al lado de su amiga Ginny.
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Hola, Hermy, ¿qué tal con Malfoy? ¿Se ha portado bien? - su amiga parecía un tanto preocupada.
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No durmió en la habitación, al parecer pasó la noche con Pansy.
Ginny rodó los ojos.
- ¡Cómo no!
Ron seguía distraído, aún así, había notado la presencia de la chica y se había incorporado y empezado a comer, simplemente para disimular. Después de la conversación que tuvieron la noche anterior, no le apetecía mucho hablarle.
Hermione se encontraba de la misma manera; no le apetecía nada hablar con él después de lo que le había dicho. Su corazón seguía partido en trocitos y aún no había logrado pegarlos. Aun así, esa tarde habían quedado en la biblioteca para estudiar, realmente no le apetecía quedar con él, pero estaba convencida de que un desamor no era motivo para romper una amistad, además, ella era buena y cumplidora, si había dado su palabra de ayudar a Ron en su trabajo, lo haría.
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Em... Ron, acuérdate de lo de esta tarde.
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¿Eh, qué? ¿Qué pasa esta tarde?
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Quedamos a las 5 en la biblioteca porque no te salían los deberes de "Runas Antiguas"
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¡Ah, sí! Es verdad - titubeó un poco - es que, verás Herms, no puedo, he quedado con otra persona.
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¡Pero si me lo pediste ayer mismo por la mañana! - Hermione estaba indignada.
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Lo sé, lo siento.
¿Cómo, sólo le decía un "lo siento"? Pero estaba tonto o qué. Estaba segura de que lo había hecho a propósito, para no tener que estar a solas con ella.
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Y ¿cómo pretendes que te ayude a hacer los deberes si son para mañana?
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Bueno, es que - ahora Ron estaba realmente nervioso, se había puesto como un tomate al darse cuenta de que la castaña sabía que la estaba esquivando, pero no era ese el único motivo por el que no quería quedar con ella - me va a ayudar otra persona.
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¿Quién? - preguntó Harry, que había estado pendiente de toda la conversación.
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Annie Lavrad
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¡¿Annie Lavrad?! - exclamaron Ginny, Harry y Hermione a la vez - pero si es una cabeza hueca - continuó Hermione - esa chica no es capaz de distinguir un pegaso de un caballo corriente, y mucho menos de identificar sus runas.
Ron pareció enfurecerse.
- ¡¿Y tú que sabes?! ¿Acaso la conoces? No todos somos tan listos como tú, Hermione - los ojos de Ron llameaban de rabia y ahora su cara estaba tan colorada como su pelo zanahoria - siempre tienes que saberlo todo, sabionda - se levantó de la silla y se marchó del Gran Comedor.
Las caras de Harry, Ginny y Luna estaban blancas de asombro.
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No le hagas caso, Hermione - dijo Ginny mirando preocupada a su amiga, pues se le había cambiado la cara y ahora estaba blanca y las lágrimas estaban a punto de brotarle de los ojos - Tú sabes que lo que ha dicho no es verdad.
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No sé por qué te trata así. Últimamente está muy raro - comentó Harry mirando a su amiga tiernamente - No te preocupes, olvídalo.
Hermione iba a abrir la boca, pero sabía que en cuanto pronunciara palabra se le escaparían las lágrimas, y no quería dar un espectáculo delante de todo el mundo, ya habían bastado los gritos de Ron que habían hecho que medio Hogwarts de girara a observarlos. Así que se levantó y ella también salió del comedor.
La leona se dirigió a los jardines y se sentó en la hierba húmeda. El Sol brillaba, pero ella sentía que no era así, que para ella el Sol se había nublado y en cualquier momento llovería sobre su cabeza. Se abrazó las piernas fuertemente y derramó esas lágrimas que hacía ya rato le pedían salir. Siguió sollozando tristemente lo que para ella le parecieron siglos, pero en tiempo real habrían pasado tan solo unos 5 ó 6 minutos. De repente, oyó una voz a su espalda.
- Granger - llamó la voz -¿te encuentras bien?
Hermione se giró, era Dean Thomas, el otro prefecto de Gryffindor.
- Sí, quiero estar sola.
Dean hizo caso omiso a las palabras de la castaña y se sentó a su lado sobre la hierba. Al principio sólo la observó sin decirle nada, pero al final se decidió a hablar.
- ¿Sabes? Creo que Ron se ha pasado contigo.
La castaña levantó el rostro, no se esperaba que supiera de qué iba la cosa.
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¿Nos oíste? - preguntó ella en un hilo de voz.
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Me temo que toda la mesa os oyó. También oí lo que os dijisteis anoche en la sala común. No lo hice apropósito, pero también me enteré.
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¡Oh! - consiguió articular la castaña.
Dean la miraba sin saber qué decir, deseaba abrazarla, decirle lo mal que se sentía por verla así, pero no sabía cómo iba ella a reaccionar, al fin y al cabo, sólo eran compañeros de casa.
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Ron es un idiota - murmuró al fin.
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¿Por qué dices eso?
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Pues porque hay que ser muy idiota para decir que prefiere a otra en lugar de a ti - cuando Dean pronunció esas palabras se le pusieron las mejillas coloradas. Había dudado mucho si decirlo o no, pero al fin se había decidido.
Granger lo miraba sin saber qué decir, con la cara colorada, los ojos enrojecidos y el rostro mojado. Dean se dio cuenta de que ella se había asombrado ante tales palabras y se había quedado en blanco. Si no decía algo pronto, pensaría que era idiota o algo así.
- Claro, Granger, piénsalo - dijo empezando a hablar sin estar seguro de nada - Eres una Gryffindor valiente, decidida, generosa, amable, buena, lista y además muy guapa. ¿Qué más quiere,que le vengas envuelta en papel de regalo?
No, no, no. Estaba loco, ¡pero qué había dicho! Seguro que Granger se iba a ruborizar ante ese comentario tan atrevido. No sabía que había hecho, pero lo que le había dicho lo sentía de verdad. Hacía ya algún tiempo que la joven Gryffindor había dejado de parecerle una simple compañera y había empezado a fijarse en ella como algo más, como alguien especial, pero no quería confesarle sus sentimientos, pues bien sabía que su amor no le correspondía a él, sinó al imbécil de Ron que no sabía apreciarla. En ese momento sólo pensaba en cómo poder arrebatarle una sonrisa a aquella carita dulce de angelito. Y así fue, ante las generosas y delicadas palabras de Dean, Hermione sonrió con dulzura y lo abrazó con fuerza. Él le correspondió devolviéndole el abrazo.
Entonces se sacó un pañuelo y le limpió las lágrimas a la muchacha. Ella seguía sonriendo.
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Te dejaste las maletas en la sala común. ¿Quieres que te ayude a llevarlas hasta tu torre? Así no tendrás que pasar por la sala ni ver a Ron, ¿te parece?
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Claro, Thomas. Muchas gracias.
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Llámame Dean.
- Bien, y tú puedes llamarme Hermione, si quieres.
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¡Oh, qué bonito! La pareja de año - se oyó una voz fría a sus espaldas.
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¿Qué quieres, Malfoy? - preguntó Dean un tanto mosqueado.
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Con que saltas de los brazos de Weasly a los de Thomas, eres una chica muy indecisa, sangre sucia - sonrió con suficiencia.
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Malfoy... - empezó a decir la muchacha, pero Dean la cortó.
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¡Dejála en paz Malfoy! - dijo Dean de forma protectora.
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¿Acaso ya sois novios y por eso la defiendes? Vas muy rápido Thomas, la vas a espantar, o mejor, seguro que Granger lo hace para darle celos a Weasly.¡Qué mala!
Hermione sacó la varita y apuntó al rubio con los ojos llameantes.
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¡Confundus! - exclamó mientras en chico volaba hacia atrás por los aires.
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Vámonos - le dijo la leona al otro Gryffindor.
Hermione estaba cabreada, pero no tenía comparación con el enfado de Draco. La razón por la que había actuado así era porque llevaba un mal día y, como ya sabéis, le agradaba discutir con la castaña, eso lo estimulaba mucho y lo hacía sentir vivo, pero ese día había sido diferente. No se había metido con ella porque necesitara de su odio, sino porque realmente le había molestado ver a los dos Gryffindors abrazados y a ese idiota de Thomas diciéndole cursiladas " piénsalo, Granger, eres valiente, decidida, amable, buena, lista, guapa, blablabla" Pero ¿quién se había creído que era ese imbécil? Ni siquiera sabía por qué le molestaba tanto que Dean y ella se hubieran abrazdo, pero sin embargo le molestaba y mucho. No deseaba que nadie salvo él se acercara a la castaña. ¿Sería amor? No, claro que no, se decía a si mismo. Él no sabía qué era realmente amar, pero sentía que sólo él podía fastidiar a la castaña y que aquel Gryffindor no era nadie para consolarla. Tal vez aquella noche, pudiera estar con ella a solas y... ya vería qué le haría.