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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 5
Hermione se encontraba sentada en un escalón delante del retrato de la señora gorda que daba acceso a la sala común de Gryffindor, esperando a que Dean le trajera sus cosas. La verdad es que ella misma habría podido entrar si lo hubiera querido, puesto que también era de Gryffindor y, además, prefecta, pero había preferido no hacerlo. Ron se encontraba por allí y no le apetecía mucho encontrárselo, así que, decidió aceptar la ayuda de Dean que tan caballerosamente le había ofrecido. ¡Ah, Dean! Estaba siendo tan amable y tierno con ella… Todo un caballero y un verdadero amigo.
De repente el retrato de la señora gorda se abrió y no tardó mucho en salir el muchacho con la maleta, el baúl y el gato de la castaña. A diferencia de con Ron, Croockshacs parecía sentirse a gusto en presencia de Dean.
-Ya estoy aquí - anunció amablemente el muchacho dedicándole una sonrisa.
-Muchas gracias - Hermione intentó coger sus cosas, pero el muchacho sólo le permitió que tomara la maleta.
-Pero…¿qué haces? - la castaña estaba sorprendida.
-¿No es obvio? Te voy a llevar el baúl hasta tu torre - dijo con una sonrisa - Es muy pesado y podrías hacerte daño - dijo inflando su pecho como queriendo demostrar lo fuerte que era. Hermione rió por lo bajo.
-Está bien - rió de nuevo - Vamos - y se encaminaron hacia la torre de Premios Anuales.
Una vez estuvieron delante, Hermione pronunció la contraseña y entraron a la sala común. Dean dejó la maleta cerca del sofá.
-Bueno - dijo algo apenado - Ya es muy tarde. Creo que debería irme.
La castaña hubiera deseado que el muchacho se quedara un poco más con ella, después de todo, ahora eran amigos, pero entonces se dio cuenta de que el Gryffindor se ponía bastante nervioso cuando estaba con ella, así que, decidió no insistir.
-Muchas gracias por todo - dijo dándole un fuerte abrazo al joven que lo pilló totalmente desprevenido.
La mejillas del chico enrojecieron sobremanera y se puso muy nervioso. No sabía qué hacer. Entonces le retiró un poco el pelo a la leona y le susurró al oído.
-Estoy para lo que necesites - le dijo con una voz dulce y melosa. La leona sonrió.
De repente oyeron un golpe. Alguien había dado un portazo. Ambos se volvieron para ver quién era. Y ¡cómo no! era Malfoy.
-¡¿Qué hace este aquí?! - exclamó con los ojos crispados de la rabia al verlos abrazados - ¡Vete inmediatamente de mi sala común!
-¿Y si no quiero? - el Gryffindor estaba a la defensiva - Te recuerdo que también es la sala común de Granger.
-Y eso a mí que me importa - el rubio estaba bastante irritado - Si queréis abrazaros y daros mimitos id a otra parte, pero lejos de esta torre.
-Ni que estuvieras celoso - dijo Hermione algo irritado.
-¿Celoso?¿De ti? - se quedó callado un momento. ¿Estaba celoso? Claro que no. Entonces, ¿por qué se había puesto así por un simple abrazo? Tan sólo era una mocosa estúpida, él podía tener a la chica que quisiera. Pero aunque no quisiera reconocerlo, en verdad le había molestado verlos así - Ni en tus sueños, Granger. No eres más que una asquerosa sangre sucia engreída y sabelotodo.
-Y tú un hurón albino, imbécil y malcriado.
Viendo que la discusión se alargaba mucho, Dean decidió marcharse.
-Bueno, Hermione - dijo algo apenado por tener que dejar a la chica con ese Slytherin malhumorado - tengo que irme. Que duermas bien - le deseó.
-Gracias, pero no sé si podré teniendo en cuenta que este va a estar al lado - dijo haciendo una mueca de desagrado hacia el rubio.
-Ni que a mí me gustara más que a ti - el platinado le hizo la misma mueca en señal de asco.
-¿Como que al lado? - Dean estaba confundido.
-Ah, ¿no lo sabes? Pues sí, hubo un error y tenemos que compartir cama. ¡Qué alegría! - dijo la castaña sarcásticamente.
-¡¿Compartir cama?!
-Ya podrías marcharte a otro lugar - Malfoy tampoco estaba muy contento.
-Ni hablar. Esta también es mi torre y tengo tanto derecho a dormir aquí como tú.
Ellos dos seguían discutiendo, pero Dean se había quedado sin habla. ¿Cómo que dormirían en la misma cama? ¿Ese rubio guapo y su amorcito? No, no, no. Eso no podía permitirlo ni en sueños. Su castaña compartiendo cama con ese chico que, a la vista estaba, no estaba nada mal. No, no. ¡Imposible! Tenía que hacer algo.
-Em…Hermione - dijo el muchacho algo tímido - si quieres puedes venir a nuestra torre. La comparto con Alena Grickots, de Huffelpuff, pero seguro que no le importa. Podemos buscarte algún sitio, al menos hasta que arreglen lo de la cama.
Hermione estaba callada; se había quedado impresionada.
-Thomas, si lo que quieres es acostarte con ella, deberías decírselo sin más rodeos. Aunque creo que lo que deberías ofrecerle no es una torre, sinó la biblioteca, seguro que le gusta más ese sitio para hacerlo, ya que prácticamente vive allí.
Dean se había quedado mudo. Él, sin duda, amaba a Hermione, pero no tenía ninguna intención de acostarse con ella. No lo había dicho por eso en absoluto.
Hermione, sin embargo, estaba enfurecida de verdad. Ya no había quien la parara.
-¿Y tú que sabes de dónde preferiría hacerlo yo? Si ni siquiera me conoces. Te has pasado desde que nos conocimos insultándome y burlándote de mí. Siempre te has creído tan superior, como si fueras mejor que los demás… - los ojos de la chica estaban llameantes de rabia. ¿Quién se había creído que era para hablarle así?
-Es que lo soy - repuso el rubio en tono altivo y levantó la cabeza con arrogancia.
Entretanto, el pobre Dean ya había visto que no había nada que hacer y se marchó de la sala sin hacer ruido, aunque no le gustaba tener que dejar a su amiga a solas con ese, ese… ¡grrr!
-Mira, tan sólo eres un estúpido hurón arrogante y malcriado.
-Y tú una asquerosa sangre sucia sabelotodo - Draco sonrió divertido. Hacía mucho tiempo que esperaba una pelea como aquella. Era muy divertido. La chica se veía tan sexy cuando se le encendían sutilmente las mejillas y se le crispaban los ojos llameantes de la rabia. La verdad es que Hermione había cambiado mucho en ese último verano, y Draco acababa de notarlo. Era algo más alta y un poco más delgada, se había desarrollado bastante y hasta su pelo tenía mejor aspecto; seguía igual de abundante, pero ahora se veía más ondulado, definido y brillante. Incluso era bastante más elegante y femenina.Pero lo que más había sorprendido al rubio es que, hace tan sólo unos años, pensaba que la chica no era muy agraciada, sin embargo, ahora… ahora no podía dejar de mirarla. Esas manos puestas en jarra apretándose las caderas, esas curvas de escándalo, esas piernas largas y algo morenas. Luego subió la mirada hacia su cara. Lo que más le impactaba de la leona eran esos ojos grandes y atrayentes color entre el caramelo, la miel y la avellana, y sobretodo, esos labios carnosos y delicados que sólo se abrían para proferir algún insulto cuando Draco estaba presente. Sí, sin duda la castaña estaba muy cambiada. Y eso llamaba todavía más la atención de Draco, que se divertía en hacerla enfurecer y observar las reacciones de la chica.
-Me tienes harta, Malfoy - continuó la muchacha - eres siempre tan odioso, ¿es que no estás cansado de amargarme la vida? ¿acaso no puedes simplemente ser amable como los demás chicos?
-Es que yo no soy como los demás chicos. Soy mucho mejor.
-¡Ja! No te lo crees ni tú - rió Hermione con ironía.
Draco sonrió de forma pícara.
-Si fuera como los pringados de tus amiguitos Weasly o Potter, no tendría a un montón de chicas locas por mí muriéndose por pasar una sola noche entre mis sábanas. Además, puedo tener a la chica que yo quiera - alzó la cabeza con superioridad y esperó la respuesta de la Gryffindor.
-Mira, hurón engreído, esas chicas que dices que están locas por ti son las cuatro facilonas del castillo que no les importa con quién se acuesten mientras puedan hacerlo. A las chicas de verdad, como yo, nos repugnas. ¿Un beso tuyo? Antes la muerte.
El rubio se quedó de piedra. Hermione se había pasado. Le había dicho que no besaba bien, lo cual era mentira. Todas las chicas del castillo, incluso a las que no les caía bien, se morían por un solo beso suyo. Y la mayoría desearían no contentarse con eso, sinó poder pasar una noche a solas con él. Muchas podían hacerlo, pero pocas eran las privilegiadas que podían repetir la experiencia. Un beso suyo, era todo un privilegio, como un suspiro delicioso que llenaba el alma. Era famoso por sus apasionados besos, y no se podía creer lo que la castaña acababa de decirle. ¡Que besaba mal! Ahora se iba a enterar esa sangre sucia de lo que era un buen beso. Le daría el mejor beso que le hubieran dado en toda su vida. Y sin previo aviso, se colocó en frente de la leona, la agarró de la cintura y se la acercó a él, pegando sus labios a los de ella para besarla.
Al principio, Hermione no le correspondió el beso, pues se había quedado totalmente sorprendida, pero no tardó mucho en caer rendida bajo el influjo de ese beso mágico y empezó a amoldar sus labios a los del rubio.
Al principio la besó con fiereza, con pasión, tal vez de forma brusca y todo, como hacía con todas sus otras conquistas, pero pronto se dio cuenta de que la castaña no respondía de la misma manera que las demás, sinó de manera distinta. Ella le estaba devolviendo el beso, pero no de forma fiera, necesitada. No. Ella estaba siendo suave, delicada. Y, sin darse ni cuenta, el Slytherin comenzó a besarla de la misma manera. Más suave, más delicado, más dulce, más tierno.
La verdad es que nunca había dado un beso así, no estaba acostumbrado a andarse con delicadeces. Todas las demás chicas buscaban pasión en sus besos, pero esta chica sólo había buscado dulzura, y eso lo había desconcertado.
Finalmente, se separaron. Tan sólo se miraron un instante. Draco se giró, recogió sus cosas y se marchó hacia su habitación.
Cuando el chico ya se había ido, Hermione se sentó un momento en el suelo. Intentaba recobrar la respiración, pues, ese beso la había dejado sin aire. No entendía qué había pasado. ¿Malfoy la había besado? ¿A ella, una sangre sucia? No lograba entenderlo. ¿Se había puesto así sólo porque ella lo había insultado? ¿Sólo para demostrarle que se equivocaba, que no había nadie que besara mejor que él? Pues lo había logrado. Debía reconocer que estaba totalmente equivocada. A ella ya la habían besado antes; Krum y Ron, pero ni de lejos habían sido besos tan buenos como ese. Se había acercado a ella y había podido sentir su aliento mentolado. Una fragancia deliciosa. Y sus labios suculentos pegándose a los suyos como dos piezas de un puzle que encajan a la perfección. Ahora entendía por qué medio Hogwarts se moría por un beso suyo, por sólo un beso.
Finalmente, decidió subir a la habitación. Abrió lentamente la puerta para no hacer ruido. El muchacho ya estaba mentido en la cama, de espaldas a la puerta. Parecía estar dormido.
Y ahora ¿qué hacía? ¿Meterse como si nada? Le resultaba un tanto violento. Siempre podía aceptar la invitación de Dean, aunque se temía que ya era muy tarde. ¡Dean, es verdad! Ya se había marchado y no se habían dado ni cuenta. Pobrecito, lo que había tenido que aguantar. Mañana hablaría con él.
La castaña se acercó a la cama y lo miró con dulzura. Ese beso de verdad la había impactado. No sabía que Malfoy pudiera ser tan dulce, de verdad que no podía creérselo. Se quitó los zapatos y se puso bien su pijama gris claro con círculos azul marino y se metió con delicadeza en la cama. No podía quitarse ese beso de la cabeza.
Al otro lado de la cama, el platinado estaba igual. No se movía para que no supiera que en realidad estaba despierto. Ahora mismo no quería hablar con ella, ni siquiera para discutir. Ni él mismo tenía muy claro el por qué la había besado, pero sí sabía que le había gustado y mucho. ¿Qué tenía esa chica que la hacía tan especial? Nunca había besado así, con delicadeza, pues él nunca había sido dulce, y menos con una chica y además de sangre impura. Era su primer beso de esa clase. Se decía a si mismo que la había besado para demostrarle que no era cierto, que él besaba mejor que nadie y que sus insultos no tenían fundamentos, pero en su fuero interno había algo que le decía que no había sido ese el único motivo. La misma voz que le decía que le molestaba ver a alguien abrazándola, como cuando la vio con Dean. Esa voz le decía que había algo más.
Al final, cerró los ojos y se durmió, sin tener muy claro qué era lo que sentía por esa chica estúpida e impura. Esa chica tan bonita que dormía al otro lado de la cama…