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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 10
Hermione daba vueltas en su cama. Aunque no quisiera reconocerlo, ya se había acostumbrado al lugar que Malfoy ocupaba al otro lado de la cama, y al notar el vacío que había dejado su presencia se sentía repentinamente sola. De nuevo aquellos sentimientos que en un principio la hicieron sentir tan mal (Capítulo 1), regresaban ahora al tambalearse los hilos que sujetaban su vida. Es cierto que los estudios y las maravillosas notas que sacaba eran gran parte de ese tejido, pero los hilos principales que sostenían al resto, los hilos de los que pendía su vida y todo el mundo que ella conocía ahora se tambaleaban y amenazaban con romperse. ¿Dónde estaba ahora el Harry que amaba a su Ginny? ¿Dónde estaba ahora la Luna feliz y risueña que alegraba a todos con su sonrisa? ¿Dónde se había perdido la felicidad de su pelirroja? ¿En qué momento desapareció el amor entre Ron y ella y empezaron a alejarse?
En ese momento, tristemente bajo las sábanas de su cama sentía que en cualquier momento el mundo se le vendría encima, y justo en ese momento, se imaginó a Draco, entrando en la habitación y abrazarla tiernamente. Pero eso tan solo era una ilusión. No tardó mucho en dormirse; completamente sola.
Al día siguiente, Hermione y Luna estaban sentadas a la mesa con Ron y Harry esperando a que sirvieran el almuerzo. No habían visto a Ginny en todo la mañana y sus compañeras de cuarto tampoco sabían dónde estaba, y eso preocupaba sobremanera a los cuatro amigos, especialmente a las dos muchachas que sabían perfectamente por lo que su pelirroja estaba pasando en esos momentos.
A pesar de la presencia de Ron, con el cual, la leona todavía no se sentía del todo a gusto tras su rechazo, las dos amigas aprovecharon para interrogar a Harry sobre el extraño comportamiento que tenía estos últimos días y sus escapaditas con Annie, de lo cual el pelinegro no entendió nada.
-Harry - empezó la castaña - ya no me pides apenas ayuda para hacer los deberes, y no he podido evitar fijarme en que estás bajando mucho de notas, ¿a qué se debe?
El pelinegro la miró sin entender.
-Simplemente he estado un poco distraído, además, como sé que este año eres prefecta y premio anual no he querido agobiarte.
Las dos muchachas se miraron un instante. Es cierto que Harry siempre ha sido un chico muy considerado con los demás, en especial con sus amigos, pero de ahí a dejar de pedir ayuda cuando de verdad la necesita… era algo extraño.
Hermione miró a Luna y esta asintió, como si en una sola mirada se hubieran podido leer el pensamiento.
-Harry - dijo Luna con su voz suave y dulce - ¿no sabrás dónde está Ginny?
-Eso os iba a preguntar yo - dijo con un tono de preocupación en la voz - Hoy no la he visto en todo el día y ya empiezo a preocuparme.
Las dos leonas (quiero aclarar que, por culpa de un error en mi historia Luna también será una Gryffindor, por favor, tenedlo en cuenta) agacharon la cabeza. No habían conseguido que Harry dijera ninguna incongruencia que verificara que había algo entre Annie y él, y es cierto que en verdad parecía estar preocupado por la pequeña de los Weasley, pero después de lo que habían visto el día anterior en la biblioteca estaba claro que pasaba algo, y ¡debían descubrirlo!
Repentinamente la mesa se llenó de exquisiteces y todos comenzaron a servirse; tenían mucha hambre. No les había dado tiempo todavía de empezar a comer cuando, de pronto, las puertas del Gran Comedor se abrieron lentamente. Una despampanante pelirroja estaba en el umbral todavía con el picaporte en la mano. Nada más verla los murmullos se hicieron oír por todo el comedor, y la muchachita se ruborizó, pero cuando vio que su príncipe la miraba, intentó ignorar los comentarios y todas esas miradas fijas en ella y comenzó a caminar con paso firme a través del comedor hasta la mesa Gryffindor.
En lugar de la túnica, llevaba una camiseta negra de tirantes bastante escotada y que marcaba perfectamente sus curvas, una minifalda vaquera que dejaba ver perfectamente sus largas y tonificadas piernas. La complementaban unos zapatitos de tacón bajo negros y elegantes como la camiseta. Un precioso collar dorado pendía brillante de su cuello, a juego con las tres pulseras que llevaba y sus grandes pendientes de aro, y sus ojos color cielo resaltaban por un sombreado negro que los envolvía, a parte de su preciosa cabellera ahora perfectamente rizada y llena deelegantes tirabuzones que le daban volumen a su pelo anaranjado.
La leona se sentó al lado de su novio, quien no podía apartar la mirada de la belleza que se le acababa de poner al lado. Sus ojos brillaban y la miraba como nunca antes la había mirado.
-Ginny, ¡estás preciosa!
- fue lo único que el muchacho consiguió articular.
Ginny sonrió. Eso era lo que quería oír de su novio, pero al parecer no todos estaban tan complacidos con su nuevo aspecto.
-¡¿Se puede saber dónde has estado todo el día?! - murmuró su hermano nervioso - ¡¿Y cómo se te ocurre venir con estas pintas?!
-Ron, ya basta. Sé lo que me hago.
-Te equivocas, eres mi hermana pequeña, sólo tienes 16 años, así que ¡ve ahora mismo a cambiarte!
-Ron, creo que no deberías ser así con ella - empezó a decir la castaña.
-¡Ah, no?! No sé si te has dado cuenta, pero los chicos no paran de mirarla y babear… ¿Acaso eso no te importa, Harry? - le preguntó estratégicamente al pelinegro para que le diera la razón.
Pero el ojiverde se limitó a disentir y seguir contemplándola. Estaba claro que Harry amaba a su novia, entonces ¿qué tendría que ver Annie en todo ese asunto?
Hermione estaba sentada en su mesa favorita de la biblioteca haciendo sus deberes cuando alguien se le acercó a la mesa. Era un chico. La leona levantó la mirada y se encontró al platinado plantado en frente de ella.
-Mmm…¿quieres algo? - preguntó extrañada - ¿o es que acaso vienes a insultarme de nuevo?
-No seas creída - contestó con arrogancia - Alguien como yo no perdería su valioso tiempo en buscarte sólo para insultarte - hizo ademán de querer sentarse - ¿Puedo? - preguntó algo incómodo.
-… tú mismo - contestó retirando los libros para que el muchacho pudiera poner los suyos en la mesa.
El platinado se quedó un instante callado sin saber muy bien qué decir.
-Verás - empezó al fin - McGonagall me ha dicho que este mes nos toca a nosotros dos hacer los turnos de vigilancia de noche y algunos de tarde. Me dijo que te lo dijera.
-Muy amable - dijo la castaña algo incómoda en su presencia y con algo de ironía - pero ya me lo ha dicho.
-Bueno, también quería "pedirte" algo - dijo pronunciando la palabra "pedirte" muy lentamente, como si le costara pronunciarla.
-¿Pedirme algo? Y ¿de qué se trata? - la muchacha intentó ser amable.
-Hay un par de días que acabo los entrenamientos de quidditch muy tarde, así que esos días tendrás que encargarte tú sola - lo dijo como si fuera una orden.
-¡¿Qué?! ¡Ni hablar! Acabamos de empezar y ¿ya te escaqueas?
-¡Pero qué más te da! Sólo serán dos o tres días.
-¡Que no! ¿Cómo quieres que vigile mi parte del castillo y la tuya a la vez?
-No sé, tú eres la que siempre tiene respuesta para todo.
-¡Qué te crees que soy la máquina de los deseos! Te has pasado toda la vida insultándome y tratándome mal sin motivo alguno, ¿y ahora esperas que te haga un favor por la cara? - la castaña estaba indignada.
-¡Está claro que no se puede hablar con una sangre sucia! - dijo levantándose con rabia.
-¿Sabes? Eres el ser más detestable y maleducado que he visto en mi vida - Hermione escupió la frase.
-¡Mira quién fue a hablar! La que se cree más lista que nadie - dijo el Slytherin mirándola con envidia.
-Yo no me creo nada, no como tú que porque un par de estúpidas necesitadas te van detrás y tu papaíto tiene dinero te crees el rey del castillo - las facciones del muchacho se tensaron y su ya poca paciencia explotó.
-¡Estúpida sangre sucia!, ¿Cómo te atreves a hablarme así? - dijo acercándose amenazadoramente a la chica.
-¡Te hablo como me da la gana, hurón malcriado! - la muchacha retrocedió.
-¡Asquerosa hija de muggles!
-¡Serpiente inmunda! - se encontraban a escasos centímetros el uno del otro, sosteniéndose la mirada con rudeza.
-¡Pero ¿qué está pasando aquí?! - exclamó una voz. Ambos se dieron la vuelta. La bibliotecaria estaba a sus espaldas con los brazos cruzados y cara de pocos amigos - ¿es que no sabéis que está prohibido gritar en la biblioteca? ¡Este es un lugar de estudio! Consideraos castigados los dos. Esta noche os quedaréis en la biblioteca y ordenaréis todos los libros que tengo en el almacén. Os espero aquí después de la cena - dijo marchándose con paso firme.
-¡Mira lo que has conseguido, Granger!
-¿Yo? ¡Pero si has sido tú el que ha empezado a insultar!
-¡Y no quiero volver a oíros! - se oyó de nuevo la voz de la bibliotecaria desde el pasillo de al lado.
Ambos muchachos voltearon el rostro en gesto de ofensa. Pero ¡cómo podían haberla castigado! ¡A ella, la alumna ejemplar! Y además, todo era culpa del estúpido de Malfoy. ¡Ese engreído estúpido! Y para colmo, ahora debía cumplir un castigo con él, como si no le bastaran ya las horas que pasaban juntos en la torre.
Finalmente, ambos se marcharon sin volver a mirarse. Ahora tenían asuntos que hacer; Draco había quedado con Pansy en el dormitorio de la chica, y Hermione tenía que ir a ver a Dean para ver aquella sorpresa que el agradable muchacho le había prometido. ¡Ah, Dean, era tan diferente de Malfoy! ¡Y tan galante! Tal vez Dean y Hermione…
Hola a todos. Me alegro de que hayáis leído este capítulo. Espero que os haya gustado.
Por favor, COMENTAD!!! os lo agradecería mucho, gracias
xxx Nos vemos