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Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 11

Hola, gracias por estar leyendo mi fic. Aquí os dejo este nuevo capítulo. Es bastante largo y espero que os guste.


Hermione se encontraba en frente de la habitación de Dean. Antes de entrar, se arregló un poco el pelo y se colocó bien la túnica, finalmente, entró.

Dean se encontraba sentado en su escritorio, afanándose en terminar los deberes de Adivinación, asignatura que, por cierto, la leona detestaba.

-¡Hola, Dean! - sonrió ella amablemente.

-Hola - sonrió el muchacho - Si te esperas un momento, termino esto enseguida.

-Sí, no te preocupes - dijo dejando la mochila en el suelo y sentándose en la cama.

El muchacho no tardó mucho en finalizar su tarea y poder atender a su invitada.

-Ven, siéntate en mi silla, yo me buscaré otra - dijo ofreciéndole galantemente su sitio.

-Gracias.

El Gryffindor le pidió que le explicara cómo diferenciar ciertas plantas que eran bastante parecidas, pero que si las confundías, las consecuencias podían ser fatales.

-Es decir, la Santolina chamaecyparissunasólo sirve para la infusión que hace que se te reconstruyan huesos rotos y la Hamamelis Virginiana, que tiene prácticamente el mismo aspecto es un veneno mortal para las arañas.

-Eso es - asintió complacida la castaña - ¿Y cómo se diferencian?

-Porque la Santolinacrece mucho más que laHamamelis y, además, tiene las hojas algo más oscuras.

-¡Excelente!- exclamó la chica - El día del examen aprobarás seguro - sonrió - y ahora, ¿cuál era la sorpresa que querías enseñarme?

De repente el muchacho se puso rojo, casi había olvidado el verdadero motivo por el cual estaba allí esa dulce muchacha.

La miró a los ojos un instante y luego bajó la mirada hacia el suelo; no sabía cómo empezar. La verdad es que se había pasado toda la tarde practicando con Seamus cuáles eran las mejores palabras para decirle lo que sentía, pero ahora que la tenía delante suya, con esa expresión de curiosidad, ese pelo ondulante y rebelde que envolvía su precioso rostro, esa sonrisa que dejaba ver unos perfectos y alineados dientes. Ahora que tenía ante sus ojos a ese ángel de amor, pensaba que esas palabras perfectas que se había ensayado no existían, pues no había palabras para expresar el amor que sentía por ella. No había comparación ni metáfora, imagen o explicación que pudieran hacerle entender qué era lo que sentía el corazón de ese muchacho. Así pues, ¿cómo decirle que la amaba con locura, que para él no existía ninguna otra, que quería hacerla feliz el resto de sus días? Cuando pensaba en cómo la había rechazado el estúpido de Weasley, se le revolvían las tripas y se imaginaba la imagen de su leona llorando de nuevo en el césped de los jardines, y esa tristeza no podía consentirla. ¿Seguiría ella enamorada de Weasley? ¿Qué era lo que sentía por él en ese preciso instante? ¿Habría alguien más en su corazón? Todas esas preguntas daban vueltas en la cabeza del moreno mientras pensaba la mejor manera de demostrarle cuanto la quería.

-Verás, Hermione - dijo sin siquiera atreverse a mirarla a la cara - la verdad es que yo… quería….quería - paró un momento para respirar - Quería confesarte algo - se atrevió a pronunciar.

La castaña asintió y esperó pacientemente.

-Pues yo…yo… - ¿se atrevería a confesarle su amor? ¿Tendría el valor suficiente para hacerlo?

-Dean - profirió la muchacha - si es algo delicado como algún problema o algo así puedes escribírmelo. Cuando me cuesta decir algo es lo que hago - dijo sonriendo.

-Está bien - el muchacho se sentó un momento en la silla del escritorio y arrancó un trozo de papel, cogió una pluma y escribió:

Hermione, estoy enamorado de ti desde hace ya mucho tiempo y sólo quería decirte que…

Ante los ojos asombrados de la castaña, arrugó el papel y cogió otro trozo.

Hermione G., cuando estoy contigo ya no soy el mismo, mi corazón vuelca y me dice que tú y yo estamos predes…

Esta vez simplemente tachó. Eran muchas palabras para explicar un sentimiento que no se podía describir. Finalmente comprendió qué debía escribir.

Simplemente puso:

Hermione Jane Granger, TE QUIERO!

Se levantó de la silla y se dispuso a entregarle la nota a la chica. Ahora sí, estaba decidido, antes de esa noche, ella sabría quién era su amor. ¡Iba a hacerlo, sí! Ya prácticamente la nota estaba a un solo centímetro de la mano de la leona cuando…

La puerta se abrió de repente.

-¡Hey, hola, Dean! - exclamaron Ron y Seamus entrando en el cuarto - …y ¿Granger?

-¿Hermione? - preguntó Ron.

-Hola - se limitó a decir ella.

-¿Qué haces aquí? - se quedó observando cómo la castaña tenía la mano en el aire a punto de atrapar el papel que le tendía Thomas. ¿De qué trataría ese papel? ¿Acaso Thomas y ella tenían algún secreto que la leona no les había contado? De repente se sintió algo celoso y se cruzó de brazos.

-Me parece que Luna te busca - dijo con cara de pocos amigos y enviándole una mirada asesina a Thomas - No deberías hacerla esperar - sonrió maliciosamente.

La Gryffindor también lo miró con mala cara.

-No te preocupes - dijo levantándose y recogiendo sus cosas - Ya me iba. Adiós, Dean. Mañana hablamos - y se marchó algo mosqueada de la habitación, olvidándose la nota.


Esa noche, a la hora de la cena…

-Hermione, ¿puedo preguntarte qué hacías en nuestra habitación? - preguntó unpelirrojo algo molesto.

-Simplemente ayudaba a Dean con la herbología.

-Pues no parecía que lo estuvieras ayudando, y ¿desde cuándo lo llamas por su nombre?

-Desde que somos amigos - dijo la castaña en un tono que zanjaba el tema.

Luna y Ginny hablaban animadamente, al parecer, había retornado el buen humor de la Weasley ahora que su novio volvía a prestarle más atención. Pero las dos amigas no creían que eso fuera a durar mucho, pues un simple cambio de look no era suficiente para recuperar un amor. ¿Cuánto iba a durar esa farsa? ¿Cuánto tiempo Ginny iba a aparentar ser algo que no era por recuperar algo que en realidad aún no había perdido? Puede que esa persona que tenían ahí delante se llamara Ginny, pero no lo era. Estaba tan ensimismada en intentar fijar toda la atención de Harry en ella que se estaba olvidando de quien era, y eso no lo podían permitir.

Nada más terminar de cenar, Hermione se levantó.

-¿A dónde vas? - le preguntó Luna.

-Me han castigado.

-¡¿Qué?! - exclamaron todos - ¡¿A ti?! - la castaña asintió levemente.

-Por culpa de Malfoy.

Los demás asintieron sin decir nada. Hermione se giró y miró al rubio. Sus miradas se cruzaron un instante, entonces la castaña salió del comedor. El rubio también se levantó y la siguió. Lo que ninguno de los dos sabía era que, desde la mesa de Gryffindor, un pelirrojo se había percatado de esa fugaz miraba, y observaba con los brazos cruzados como desaparecían por la puerta que salía del Gran Comedor.


En la puerta de la biblioteca…

-Por fin llegáis - exclamaba la anciana bibliotecaria sacando la varita de su bolsillo - Alohomora

  • y la puerta se abrió.

La anciana los condujo a través de una pequeña puerta que llevaba al almacén. El rubio y la castaña quedaron asombrados al ver la inmensa cantidad de cajas que se guardaban allí.

-¿Veis todas estas cajas? - dijo la bibliotecaria señalando el inmenso montón de habitáculos de cartón que estancaban la sala - pues tenéis que vaciarlas todas, apuntar los títulos de los libros en un pergamino y colocarlos en las estanterías según la temática, ¿queda claro?

-¡Pero hay por lo menos cien cajas! - se quejó Malfoy - ¡¿Cómo espera que las vaciemos todas en una sola noche?!

-La próxima vez - dijo poniendo una desagradable risa torcida - no gritéis como locos en mi biblioteca - y se marchó sin darles tiempo a replicar.

-¡Mi padre se enterará de esto! - exclamó el muchacho enfadado, pero la anciana mujer ya estaba demasiado lejos como para oírlo.

Los dos muchachos entraron en el almacén.

-¡Genial! - exclamó malhumorado el chico.

-No te quejes, que todo esto es por tu culpa.

-¡¿Por mi culpa?! Eres tú la que me faltó al respeto.

-Como si te merecieras respeto… - dijo irónicamente.

-En verdad te detesto, sangre sucia.

-Lo mismo te digo, hurón albino.

Y empezaron a desempaquetar cajas y a ordenar libros en las estanterías.


Ya eran las dos de la madrugada, llevaban más de cuatro horas desenvolviendo libros y no habrían hecho más de sesenta cajas. El Slytherin y la leona no se habían dirigido la palabra en todo el tiempo desde la última discusión. De tanto en tanto se echaban miradas de reojo para ver si el otro seguía aún trabajando.

El platinado bajó de la escalera que subía a los estantes de arriba y se sentó en la silla donde normalmente ocupaba la bibliotecaria.

La castaña lo vio descansando y se sintió tentada de hacerlo también, así que se acercó hacia donde estaba el Slytherin y se sentó sobre la mesa.

-¿Agua? - ofreció ella.

-De acuerdo - aceptó él.

Con un hechizo, la leona hizo aparecer dos vasos llenos de agua fresca.

-¿Cuántas cajas nos quedan todavía?

-Algo más de cuarenta.

-¡Puff…no vamos a poder!

-Ya lo sé. Si no fuera por esa estúpida bibliotecaria - exclamó el muchacho irritado.

-Lo sé. Es cierto que nos peleamos, pero pienso que este castigo es exagerado. No fue para tanto, como si no supieran que tú y yo siempre nos peleamos.

-Sí, siempre nos hemos odiado. No sé por qué le da tanta importancia - dijo dando un largo sorbo a su vaso.

-Yo, no siempre te he odiado - comentó la castaña en respuesta a la afirmación que el rubio había presupuesto.

-¿Ah, no? - levantó la vista del vaso y enfocó sus ojos grises hacia la chica, realmente sorprendido.

-No.

La castaña se levantó e hizo ademán de seguir arreglando cajas, pero una mano la detuvo.

-¿Y cuándo no me has odiado tú? - preguntó. Ahora la leona había despertado la curiosidad en él.

-Pues, antes de conocernos de verdad - dijo intentando zafarse de su agarre. Finalmente el rubio la soltó.

Hermione empezó a desembalar una caja.

-La verdad es que cuando te vi por primera vez no me pareciste una mala persona - confesó ella algo sonrojada - pero después…

El platinado asintió. No hacía falta que siguiera. Después él descubrió que era hija de muggles y la llamaría siempre sangre sucia, y aprendería a odiarla, pues era eso lo que sus padres le habían enseñado.

Él desde que lo supo, la había estado insultando y humillando siempre que se le había presentado la oportunidad. La había perjudicado y amargado una parte de su vida, él era consciente de ello. Pero aunque ese sentimiento de odio fuera el que su familia le había infundado hacia los "sangre sucia", en el fondo, él nunca había podido odiarla del todo, y ahora que su padre estaba en Azkaban, se sentía libre para odiar o dejar de hacerlo según deseara.

-Yo tampoco te he odiado siempre - dijo el rubio sin querer mirarla a los ojos - en realidad, no soy tan malo como tú piensas.

-No sabes lo que pienso de ti.

-Puede… pero me lo imagino - ahora sus ojos grises estaban fríos, vacíos, tristes…

El rubio se acercó a la leona y empezó a apuntar los títulos de los libros que ella tenía en la mano. Ella, entretanto, se detuvo a contemplarlo mientras los hacía. ¿De verdad ese chico no siempre la había odiado? ¿De verdad no era tan malo como le hacía pensar? ¿Se puede llegar a creer que un exmortífago en realidad no es una mala persona?

-¡Qué miras! - espetó al descubrir a la castaña observándolo.

-Nada - volteó la cabeza para mirar a otro lado.


Una vez terminadas casi todas las cajas, Hermione se sentó en el suelo. Eran casi las cinco de la mañana y aún les quedaban cinco cajas, pero ella ya estaba exhausta. No podía más, los ojos se le cerraban y poco a poco se iba deslizando hacia el suelo, así que decidió descansar un momento. Estaba sentada de espaldas a una estantería. Cerró los ojos un instante; sólo sería un momentito…

Cuando Malfoy terminó de ordenar todos los libros se percató de que hacía ya un buen rato que la castaña no aparecía. ¿Lo habría abandonado esa sangre sucia?

Dio una vuelta por los pasillos a ver si la encontraba, y así ocurrió. La muchacha estaba hecha un ovillo en el suelo frío de la biblioteca, profundamente dormida. El platinado la contempló. Él también tenía sueño y unas profundas ojeras. ¿Y ahora, qué hacía? ¿La despertaba o la dejaba allí? Al fin y al cabo, era ella la que había decidido dormirse allí mismo.

La contempló unos instantes. ¿Qué tenía esa hija de muggles, esa ratona de biblioteca que lo estaba volviendo loco? ¿Cómo había conseguido que le confesara que en verdad no siempre la había odiado? Él, el Gran Draco Malfoy que es mejor que nadie y que nunca se disculpa ni admite los errores. ¿Cómo lo había logrado? ¿Qué tenía que le hacía perder la razón?

Se acercó a la chica y la tomó en brazos. Cualquier otro chico hubiera temblado ante el peso, no porque la chica pesara demasiado ni mucho menos, todo lo contrario, casi parecía una pluma, sino porque era una chica alta, y la mayoría de chicos no practicaban ningún deporte, sin embargo él sí podía, con sus brazos fuertes y su torso muy bien tonificado. La llevó en volandas, como si fuera una ligera pluma, hasta la torre que compartían. Allí la dejó sobre la cama y la arropó. Luego se metió en el otro lado de la cama y la contempló. Su rostro era como el de un ángel dormido, desprotegido. Ahora no estaba enfadada, ni se le encendían sutilmente las mejillas como a él tanto le gustaba, sino que estaba mil veces más guapa, como una ninfa sacada de un cuento de hadas. ¡Pero qué estaba diciendo, por favor, hablaba de Granger, de Hermione Granger! ¡Qué clase de tonterías estaba diciendo! Puede que hubiera habido un tiempo en que aún no la odiaba, pero ahora sí. Era su enemiga, la sangre sucia.

Bueno, a decir verdad, ya no estaba tan seguro de que la odiara, la verdad, es que ¡¡se estaba enamorando de ella!!...


Bueno, qué, ¿Os ha gustado? Me he esmerado mucho para hacer este capítulo. Tengo entre manos el siguiente, y os aseguro que va a ser bastante..."revelador", o al menos, empezará a serlo. 

PORFA, ME DEJARÉIS MÁS DE 6 COMENTS, PLEASE!!!!

tambien acepto consejos y criticas, porfa... .

Gracias y, ¡Hasta el próximo viernes! :D