← Draco y Hermione; la razón y el corazón · de
Draco y Hermione; la razón y el corazón — capítulo 23
Hola de nuevo. Después de la semanita que os pedí, vengo con el nuevo capi.
Cuando Hermione abrió los ojos, vio que estaba tumbada en una de las camas de la enfermería del castillo. La luz del sol entraba directa por la ventana. ¿Qué hora sería? Intentó incorporarse.
-¡Despacio, señorita! - exclamó una voz de mujer a sus espaldas - Yo la ayudo.
-Gracias señora Pomfrey - intentó ocultar una mueca de dolor al sentarse.
-¿Se encuentra bien?
-Sí - mintió - tan sólo me duele un poco la cabeza.
La anciana señora puso mala cara y se apresuró a traerle un brebaje.
-¡Normal que le duela la cabeza! Esa copa endemoniada llevaba desparabilitus diermis; es un potente somnífero - y le tendió la medicina - No sé cómo se atreven los del ministerio a tratar así a los alumnos. ¡Se han vuelto locos! - Parecía realmente indignada - Pero usted no se preocupe, señorita Granger, con el remedio que le he dado pronto se sentirá mejor.
La leona sonrió aliviada.
-¿Y cuándo podré volver a clase?
-¿A clase? Es domingo querida.
-¡¡¿Domingo?!! ¿Llevo aquí una semana?
- la castaña se puso muy nerviosa. ¡¿Tantos días había perdido?! Eso iba a ser difícil de recuperar.
-No, no, tranquilícese. La fiesta fue anoche. No lleva aquí ni un día.
Vale, ahora sí se tranquilizó. Todo estaba bien; los acontecimientos habían sucedido hacía tan sólo unas horas, ya habían pasado los efectos del somnífero, no le iban a quedar secuelas ni nada por el estilo. Era un alivio. Sólo quedaba aclarar un par de cosillas.
-Em… señora Pomfrey - preguntó tímidamente Hermione - y…¿y el chico que estaba conmigo?
-¿Se refiere a ese muchacho tan apuesto? - inquirió con una mirada traviesa - Tuvo suerte. Su desmayo le proporcionó la distracción suficiente para poder huir.
Granger no pudo evitar sonreír. Así que, al final, había conseguido huir. La anciana señora notó su reacción y le guiñó un ojo.
-Sí, el muchacho está bien. No han conseguido capturarlo.
Lo bueno de la curandera es que, aunque se enterase de todo, no era nada curiosa. Ella nunca preguntaba por las historias ni se metía en los asuntos personales de los demás. Y ahora, le bastaba saber que la castaña estaba bien y que se recuperaría pronto.
Mandó a la leona a la cama y se marchó de la enfermería.
No mucho más tarde, llamaron a la puerta.
La leona se sobresaltó de inmediato. ¿Quién llama a la puerta de una enfermería?
Volvieron a llamar. ¿Por qué nadie abría? ¡Claro! La enfermera no estaba. Tendría que encargarse ella misma.
-Adelante
- dijo sin levantarse de su cama.
-Es que está cerrado - respondió una voz dulce y tierna desde fuera.
-¿Luna? ¿Eres tú?
-Herms, ¿cómo estás? ¿Por qué está cerrado? - ahora era la voz de Ginny quien respondía. ¡Habían venido a verla! ¡Qué buenas amigas que eran! Buenas y leales.
-No lo sé - respondió extrañada - esperad - y buscó su varita en su traje y en la mesa, pero no estaba. ¡No la encontraba!
- ¿Podéis abrir vosotras? No encuentro mi varita - se estaba desesperando.
-Alohomora- se oyó la voz de Luna y la puerta se abrió.
Las tres muchachas se abrazaron con alegría. Estaban juntas de nuevo, y sanas y salvas.
-Hermione
- empezó Ginny - ¿pero qué pasó anoche? ¿qué estabas haciendo?
La leona las llevó hasta su cama y las hizo sentarse, luego volvió a cerrar la puerta, aunque no con llave. Su varita seguía sin aparecer.
-No lo sé, chicas. Sólo estuve bailando y de repente, esos tipos nos ofrecieron una copa, pero la mía estaba drogada. Y cuando me quise dar cuenta, se estaban pegando con aquel chico.
-¡Oh, eso es terrible! ¿Pero qué había hecho el chico? - preguntó Luna intrigada.
-Acercaos
- les ordenó Ginny y les habló bajito, en tono de confidencia - Creo que yo lo sé. Mi padre me estuvo contando algo. Al parecer alguien se ha colado en el castillo y ha intentado robar en la Sección Prohibida. Mi padre dice que hay mucho revuelo en el Ministerio. Todos están nerviosos por algo, pero no me ha dicho el qué.
Las dos muchachas se taparon la boca con asombro, aunque en realidad, Hermione ya lo sabía. Y probablemente el revuelo era porque sabían que los Mortífagos habían regresado. Pero eso no podía decirlo en voz alta, al menos, no todavía.
-¿Y qué tiene eso que ver con el chico? - siguió preguntando la Lovegood.
-Pues que los camareros eran en realidad guardias del ministerio. Si se estaban pegando, es que él eran en realidad el misterioso ladrón del castillo. Me pregunto cómo conseguiría entrar. Herms, tienes suerte de que no te haya hecho nada. Podrías haber acabado muy mal. Seguro que la copa iba dirigida a él y te la dieron a ti por error.
La castaña estaba pensativa. ¿Por error? La noche pasada no parecía que hubiera sido por error. Se había sentido vigilada desde el principio de la noche. Y el camarero intentó hacerla beber tan intensamente como a Ángel. No, seguro que no había sido por error. Querían atraparlos a los dos. La cuestión es, ¿cómo lo sabían?
-¿Y cómo es que bailabas con él? - como siempre, a la rubia no se le escapaba nada. Ella y Granger solían ir siempre un paso por delante del resto.
-Me lo pidió él. No me dijo quién era - mintió - pero me pareció cortés - se sentía fatal por tener que mentir así a sus amigas. Ella no quería, pero lo había prometido.
La puerta se abrió de repente. Un personaje bastante alto entró en la estancia acompañado de la profesora McGonagall.
-SeñoritaWeasley, señorita Lovegood, ¿qué hacen ustedes aquí? - inquirió la profesora - Creía que estaba cerrado - acusó con la mirada a la señora Pomfrey, que acababa de aparecer tras de ella.
-Lo siento. Seguramente cerré mal - y se cruzó de brazos indignada.
-Bueno, da igual - y se acercaron a las tres brujitas - Señorita Granger, me alegro de que se encuentre mejor - dijo sinceramente la subdirectora - Sé que aun no está recuperada del todo, pero se la requiere en el despacho del director, así que debería vestirse. La esperaremos allí.
La leona se asustó de repente. ¿Que querían verla en el despacho del director? ¿Por qué? ¿De qué la acusaban? ¿Qué había hecho?
Se vistió con rapidez y se despidió de sus amigas.
-No te preocupes, Herms, te preguntarán que si sabes algo del chico y ya está. No estés tan nerviosa.
-Si, tienes razón - se rió para ocultar su miedo - Luego nos vemos - y salió de la habitación.
Cuando estuvo frente al despacho del director llamó a la puerta y pasó lentamente, asustada por la situación.
-Buenas tardes, señorita Granger. Siéntese, por favor - la voz del profesor Dumbledore parecía serena y eso la reconfortó. Obedeció enseguida.
En una de las butacas estaba sentado un hombre de mediana estatura y edad. Al principio no lo reconoció, pero luego supo que era el ministro de magia. A sus lados había dos tipos altos vestidos con capas negras, como el que había acompañado a McGonagall hasta la enfermería. Eran guardias. Al otro lado, McGonagall esperaba de pié sin decir nada. Ella sí estaba bastante seria. Algo pasaba, algo malo.
-Señorita Granger, ¡qué alegría verla! ¿Cómo se encuentra? - preguntó el director intentando sonreír. Siempre tan amable.
-Mucho mejor, la verdad. Mañana podré ir a clase normalmente.
-Eso me alegra, y seguro que a usted también - la castaña asintió.
-Bien, entonces empecemos con el asunto que nos ocupa. Así no perderemos tiempo - y la miró a los ojos - La hemos llamado para hacerle un par de preguntas sobre lo que pasó anoche. ¿Le parece que empecemos?
-Claro - asintió.
-Bien. Querríamos saber si conocía de algo al chico que bailó con usted. ¿Le había visto antes?
-No - negó la castaña nerviosa - No le conocía.
-¡Miente!
- se envaró el ministro - Si no le conocía, ¿por qué estaba bailando con él?, ¡eh!
McGonagall se interpuso para defenderla.
-Por favor, ministro, dejemos hablar a la chica. Si ella dice que no le conocía, ¿qué motivos tiene para mentir?
-Que trabajara con él, obviamente.
-Bueno, eso aún no se ha demostrado - intervino Dumbledore - Tranquilicémonos, por favor. Aun falta mucho a lo que responder.
Los presentes parecieron relajarse un poco. Todos excepto Hermione, que notaba la mirada penetrante del ministro clavada a su espalda. Además, la había acusado de conocer a Dulluck, de ser su cómplice. ¿Tan mal mentía? Tendría que esforzarse un poco más.
-Entonces
- continuó el anciano director - No se conocían, ¿verdad?
-Verdad - la castaña intentó sonar sincera.
-De acuerdo. Y ¿por qué bailaba con él? ¿Se lo pidió usted?
-No - ahora sí fue sincera - Yo ya estaba bailando en la pista, y él le dijo a mi acompañante que si le permitía un baile conmigo.
-¿Puede probar lo que dice? - quiso saber el ministro - ¿Puede su "acompañante" corroborarlo? - sonrió de forma maliciosa. Era su trabajo.
-Sí, sí que puede - asintió contenta. Podía porque eso era cierto. De repente se dio cuenta de una cosa. Su acompañante era su mayor enemigo, no podía confesar que habían bailado. A lo mejor incluso lo negaba. Y si hacía eso la tomarían por mentirosa y todo se habría ido al traste. ¡Oh, Dios mío! ¿Qué iba a hacer?
-¿Y bien? - continuó el hombre - ¿con quién bailó?
-Emmm…. pues…. - ¿qué decía? Y si decía el nombre de Dean. Podría pedirle que mintiera por ella, ¿no? No, mejor no. No podría explicárselo y sería meterlo en un lío del que no formaba parte. No quería perjudicarlo - pues… bailé con Draco Malfoy.
McGonagall y Dumbledore se miraron un instante. ¿Había dicho Malfoy? Qué ironías de la vida. ¿En serio? Bueno, si ella lo decía,… pues sería verdad.
-Johnson, ve a buscar a Malfoy hijo y tráigalo aquí - le ordenó a uno de los hombres altos de las capas negras que estaban de pie a su lado. Éste se marchó de prisa.
Entretanto, continuaron las preguntas.
-Y dígame, Granger, ¿cómo le dijo el chico que se llamaba?
-En realidad, no lo mencionó - era la primera vez en su vida que mentía tan descaradamente. No podría aguantar mucho más, necesitaba apoyo, algo que la reconfortara o, ante la presión, acabaría confesando la verdad - dijo que lo llamara el duque, supongo que porque iba disfrazado de uno, y yo no quise insistir.
En ese momento, Johnson entró por la puerta acompañado de Malfoy. Tan guapo y bien arreglado como siempre. Sus miradas se cruzaron y entonces Draco comprendió que algo pasaba, pero no entendía qué podría tener que ver con él.
-Siéntese también, señor Malfoy. Estábamos hablando con la señorita Granger sobre el incidente de anoche.
El rubio asintió aliviado. La cosa no iba con él.
-Granger dice que el muchacho la sacó a bailar después de usted. ¿Es eso cierto?
La leona se sonrojó. Estaba avergonzada porque él supiera que lo había contado. Y él, por su parte, esperaba que su padre nunca se enterara de eso, aunque le daba un poco igual. Estaba empezando a decidir por sí mismo.
-Sí, bailé con ella y luego vino un chico y me preguntó si se la cedía. Le dije que sí y me marché.
El ministro se cruzó de brazos, algo enfadado. Seguramente esperaba que el Slytherin hubiera dicho que no era cierto. Así habría tenido una excusa para incriminar a Hermione. Estaba convencido de que ella tenía alguna relación con Dulluck y no pararía hasta averiguarlo.
-Gracias, entonces, puede irse - y le indicó al rubio la puerta.
Sólo un segundo antes de cerrar, las miradas de los dos jóvenes volvieron a cruzarse. Los ojos grises del Slytherin mostraban un brillo muy particular. ¿Por qué la miraba así? Hermione esperaba que la mirara con rabia, enfado por haberle hecho admitir que bailó con ella, que un Malfoy había bailado con una sangre sucia en una fiesta ante todo el mundo, pero no fue eso lo que encontró. Estaba preocupado, preocupado por ella. Cerró la puerta.
-Sigamos. Bien, debo decirle que el muchacho se llamaba en realidad Dulluck, ¿le suena de algo ese nombre?
-¿Eso es un nombre? - se hizo la inocente - suena más a mote, ¿no?
Dumbledore sonrió orgulloso de su mejor alumna.
-Sí, en realidad lo es. De su nombre real no estamos seguros.
-Pues no me suena. Nunca lo había oído.
-De acuerdo. Sólo le haremos una pregunta más. ¿Le dijo Dulluck algo extraño? ¿Alguna cosa que le llamara la atención? ¿Alguna pregunta poco habitual?
La muchacha se paró un momento a pensar. Algo que le hubiera dicho y que pudiera contarles a los que la interrogaban. No había nada.
-No lo sé. Tan sólo me dijo que era un hada muy bonita y que por eso había querido bailar conmigo. No dijo demasiado, sólo que la fiesta estaba bien. Recuerdo que miraba nervioso a nuestro alrededor. Pero no dijo nada.
-¿Y cuando salieron al balcón?
-Se lo propuse yo, pensé que a la luz de fuera lo reconocería, ya que él no quería decirme quién era, pero cuando estuvimos fuera vino un camarero y nos insitió a beber. Yo no quise, pero prácticamente me obligó. Había algo en la copa porque me mareé enseguida y caí al suelo. Alguien me sujetó. Sé que se pegaron, pero ya está. Luego desperté en la enfermería. ¿Por qué se pegó con los camareros?
Dumbledore asintió severamente.
-Eran guardias del ministerio. Granger, no hace falta que comente esto con el señor Potter, de momento, pero es posible que la orden de los Mortífagos haya regresado. Si ese muchacho volviera a aparecer, aléjese de él y avísenos en seguida, es muy peligroso. Tiene suerte de que no la tomara como rehén o algo peor. Y ahora, puede irse.
La Gryffindor se levantó y salió del despacho, pero se dejó la puerta entreabierta.
-Pero, director, ¿cómo la deja marcharse así? - quiso saber el soberbio ministro de magia - Está claro que miente. No puede ser que el chico no le haya dicho nada. Ese Mortífago siempre ha sabido muy bien lo que se hacía. Es sumamente retorcido.
-Todos los Mortífagos lo son, mi querido amigo - dijo el director poniéndole una mano en el hombro - Yo creo a la chica. Ella también sabe bien lo que se hace y si dice que es inocente, yo la apoyaré. No creo que se dedique a hacer nada malo. Ella sabe muy bien lo que implica una guerra. No ha cambiado de bando, eso puedo asegurarlo.
La puerta se abrió y McGonagall apareció en el portal, sorprendiendo a la castaña.
-Señorita Granger - la escrutó con la mirada. No era necesario que dijera nada. Sí, lo sabía; castigada por escuchar detrás de las puertas. ¿Qué le caería? - supongo que no hace falta que le diga que acaba de perder 10 puntos para su casa.
-No señorita - ahora se sentía culpable. Entonces la profesora la miró con cara compasiva.
-Granger, sabe que si necesitara contarme algo, puede hacerlo, ¿verdad?
-Sí, profesora. Lo tendré en cuenta - y se marchó dejando atrás a una preocupada animaga que sabía que algo no iba bien.
* * *
Esa noche todavía tuvo que dormir en la enfermería bajo los cuidados de la señora Pomfrey. Pero al día siguiente, empezarían a aclarase muchas cosas.
Siento mucho que el capítulo sea tan corto. El próximo será más largo. Tampoco tengo el título siguiente, pero mientras leéis esto, yo ya estaré escribiendo la continuación. Pero lo que nunca falta:
¿Podrá Hermione guardar silencio mucho más tiempo? ¿Por qué Draco la miraba así? ¿De verdad habría cambiado? ¿Sospecha McGonagall que la leona oculta algo? ¿Lo descubrirá? Y lo que es aún más intrigante ¿qué le habrá pasado a Dulluck?
Nos vemos, en el próximo episodio =D