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Historia 8264 — capítulo 1
LAS DUDAS DE HARRY
CAPÍTULO 1.: El principio
Era el sexto año de Harry en Hogwarts y después de la marcha de Angelina, Alicia y Katie, él era el jugador del equipo más veterano por lo que en la primera semana de clase fue nombrado capitán. Entre los miembros del equipo estaba su amigo Ron y la hermana de éste, Ginny, que había pasado de buscadora a cazadora.
Ese día de entrenamiento llovía muchísimo, desde las cinco de la tarde el cielo se había cerrado y no dejaba pasar ni un rayo de luz. La oscuridad que cubría ya la mente de todos, después de un año de guerra abierta contra Voldemort, se reflejaba en el cielo de esa tarde. Sólo algunos rayos esporádicos en medio de una increíble tormenta iluminaban el campo de quidditch, pero Harry se negó a parar el entrenamiento porque su partido contra slitherin tendría un tiempo parecido y no podían perder.
Cuando aterrizaron después de tres horas de entrenamiento estaban calados hasta los huesos. Harry se quedó volando a pesar de la incansable lluvia y la cada vez más cercana tormenta. Necesitaba aclararse y sólo la sensación que sentía sobre una escoba era capaz de darle la tranquilidad necesaria para pensar. Ron le había gritado desde abajo que se iba a la sala común y había visto desde las alturas irse a los componentes del equipo. Todos corriendo a través de los oscuros campos de Hogwarts.
Cuando sintió que ya estaba más tranquilo consigo mismo, Harry descendió hasta el túnel que conducía al vestuario y entró en él todavía montado en su maravillosa saeta de fuego. El control que tenía sobre su escoba se perdió haciéndolo caer desde la baja altura a la que volaba, cuando vio que no estaba solo, como él esperaba.
-¿Qué te preocupa? ¿Has estado muy ausente los últimos días?
-Ginny,-Harry todavía estaba sorprendido por encontrarla ahí delante, con el pelo mojado, pero por la ducha que acababa de tomar y ya vestida con una túnica seca- no te esperaba aquí, pensé que se habían ido todos.
-Te estaba esperando. Me preocupas. Todavía no sé por qué pero este último mes cada vez que me ves llegar sales corriendo. A penas te he oído hablar y en los entrenamientos ya te has caído dos veces por estar distraído. – El tono se volvió más tajante aunque con un toque de ironía- o espabilas o una de esas bludger le quitará el trabajo a quien-tu-ya- sabes.
Harry se había quedado embobado mientras hablaba. Esa era la razón por la que las bludger habían acabado dos veces con él. No podía dejar de mirarla. Volaba tan bien, su pelo rojo y brillante, que relucía aún más en los días de sol. Era tan preciosa. Y él estaba tan confundido.
-Verás Ginny, yo- Harry jugaba con su escoba pasándola de mano a mano sin levantar la vista del suelo- yo lo pase muy mal cuando estuviste en la enfermería el mes pasado
-Harry ya te he dicho que el ataque no fue culpa tuya, además si no es por ti ahora no estaría aquí.
-No- levantó la cara para toparse con su cara, ahora mucho más cerca que antes y la bajo otra vez, rápidamente- si no me siento culpable. Es que, bueno yo- la escoba cada vez se movía más aprisa- yo pasé mucho miedo viéndote allí tirada en la cama, sin moverte, casi sin respirar, pensé que- se paró un instante como si a las palabras le costasen salir- que te perdía.
Ginny no pudo evitar una leve sonrisa entre emoción y ternura. Su corazón empezó a latir más rápido. No esperaba que Harry, su Harry, le dijera algo así nunca. Lo había soñado tantas veces que había llegado a creerse que pasaría, pero ya hacía tiempo que había desterrado de su cabeza que el chico al que adoraba desde que no era más que una mocosa de diez años, sintiese algo por ella.
-Deja la escoba quieta un momento y mírame-Ginny había dado un paso más hacia delante y ya apenas estaba a veinte centímetros de Harry. Con una mano cogió la escoba y con la otra la barbilla del chico por el que había derramado tantas lágrimas y que ahora no se atrevía a mirarla.- ¿Qué querías decirme?
-Verás, cuando te vi allí, como... como muerta, me di cuenta que habíamos dejado pasar muchas cosas. Me di cuenta de que en una guerra como en la que nosotros estamos a lo mejor no hay una próxima oportunidad para decir algo. Desde ese día me estoy volviendo loco.
-¿Por qué?
-Porque necesito decirte algo, pero si te lo digo y me pasa algo será mucho peor, tú sabes que mi enfrentamiento con Voldemort es sólo cuestión de tiempo. Pero si no te lo digo.... si supieras lo que siento cada vez que veo al imbécil ese de séptimo a tu alrededor todo el día.
Ginny no pudo reprimir una enorme sonrisa
-Ese es un pesado, tú sabes que desde que te encontré en king cross el día que entraste a Hogwarts por primera vez, siempre has estado en un sitio especial de mi corazón, aunque tuviese que buscar en otros la manera de olvidarte.
Harry le pasó la mano entre la larga melena y con sus dedos acariciaba su nuca y su cara mirándola como si fuese la última vez que podía verla.
-Será mejor que me vaya- Harry dio un paso hacia atrás para separarse de la menor de los Weasley, a la que hasta hacía poco tiempo había visto sólo como su hermana pequeña.- Olvídate de todo esto, no podría perdonarme nunca ponerte en peligro sólo porque me pongo celoso cuando un chico se acerca a ti, o porque una bludger me tira de la escoba. Soy el punto de mira de un ejercito oscuro y si seguimos con esto, encontrarán la forma de hacerme daño sin tocarme. Y no podría vivir otra vez viéndote tirada en una cama en la enfermería o peor aún...
-¡Harry!-Ginny le interrumpió agarrándole la cara con las dos manos y haciendo que la mirara a los ojos- yo no podría vivir sabiendo lo que sientes y no acariciándote- pasaba sus manos por el ensortijado y ahora mojado pelo negro de Harry- no podría vivir sin estar cerca de ti, después de esta noche. No me pidas que me olvide de esto porque sabes que ni tú ni yo nos vamos a olvidar.-los chicos se estaban mirando ahora a los ojos como si estuvieran solos en medio del universo, como si no hubiera ni una gota de lluvia fuera, como si no hubiera una guerra que estaba acabando poco a poco con los ánimos de todos- no dejaré que te marches de aquí con una excusa como esa. Yo estoy en peligro como lo estamos todos en esta guerra sin sentido y si recibir mil veces la maldición cruciatus es el precio que tengo que pagar por besarte cada día, que así sea, porque seguramente será menos doloroso que no poder hacerlo.
Ninguno de los dos podría haber dicho quien tomó la iniciativa en ese precioso beso que pasaría a formar parte de los recuerdos más bonitos de su vida. Podían sentir la felicidad en la boca del estómago, esa sensación inexplicable que los mantuvo unidos después en un abrazo como si cada uno fuera para el otro el único medio para sentirse seguros. Sabiendo, a su vez, que darían su vida para evitar que al otro le pasara algo.
-Te quiero, eso es lo que necesitaba decirte