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Historia 8264 — capítulo 3

CAPÍTULO 3.: El adiós

Las semanas de los exámenes pasaron rápidamente. Antes de que se hubieran dado cuenta pasaron las dos semanas y estaban montados en el expreso de vuelta a casa. La última vez que Harry cogería ese expreso de Hogwarts, ya terminaba su etapa como alumno y empezaba una etapa nueva. Un mundo abierto del que sólo sabía el final. Un final que tampoco se dibujaba muy claro. Las dudas seguían comiéndoselo por dentro, a penas había comido ni dormido y su horrible aspecto lo achacaba a los exámenes para salir del paso de preguntas de compañeros y profesores.

Tuvo la sensación de que toda la casa griffindor le había preguntado qué le ocurría y qué haría al acabar la escuela. Todos excepto Ginny. Desde su encuentro en el pasillo el día que rompieron no se habían dirigido ni una sola palabra. Al cruzarse miradas de tristeza se chocaban, miradas que no necesitaban adornar lo que sentían con palabras. Miradas de perdón y negativa, miradas de por qué y de silencio. Miradas que mostraban la añoranza por un tiempo que sin saber muy bien cómo de repente ya no estaba. Sus ojos la seguían rogando que volviera y ella desaparecía para evitar derramar más lágrimas. No hizo falta una palabra para saber lo que pensaban, para saber que a pesar de todo lo que se habían dicho, en el fondo de sus corazones se seguían queriendo como aquél día en el vestuario del campo de quidditch.

Tengo que hablar con ella. Hace ya dos semanas que dije que hablaría con ella y todavía no lo he hecho. Esto no puede seguir así, llevo todo este tiempo con la intención de hacerlo y cada vez que me mira me echo para atrás. No soy capaz de articular una sola palabra cuando me mira, me siento tan culpable de su pena que no puedo moverme, me quedo parado y sólo soy capaz de mirarla esperando que se apiade de mí y me perdone. Cuando me mira siento que sus dedos tocan mi alma y la desgarran de dolor. No puedo dormir ni comer, no puedo pensar en algo que no sea en ella. Pero ¿qué le digo? Le digo que no hay otra, que la quiero con locura y luego ¿qué? ¿La dejo aquí pensando que voy a echar una mano, como cualquiera que sale de la escuela? No puedo tenerla así, pero tampoco quiero contarle que me tengo que enfrentar otra vez a Voldemort y que esta vez puede que no salga. Yo quiero que ella sea feliz, quiero que viva una vida llena de ilusión y de alegrías, no quiero que la pase llorando por un muerto. No se lo merece.

-¿Todavía no has hablado con mi hermana?- Harry contestó con un gesto negativo a la pregunta que Ron le había hecho casi en un susurro sacándolo de sus pensamientos mientras atravesaban los campos ingleses.- ¿y a qué esperas?

-No sé qué hacer. No sé qué le voy a decir.

-Dile sólo que te vas. Dile que no quieres que ella viva un año del recuerdo, dile que la quieres pero que ahora lo vuestro no es posible. No la dejes así porque se muere de la pena.

Ron y Harry se quedaron asombrados mirando a Hermione que es la que había hablado. Después se miraron entre sí para buscar una explicación de cómo ella podía saber de lo que hablaban, se dieron cuenta al mirarse que ninguno de los dos se lo había contado y Hermione captó rápidamente lo que sus amigos estaban pensando.

-Yo estaba en la puerta de la habitación el día que le contaste a Ron lo que decía la profecía. Quería hablar contigo y al oíros hablar me paré allí y “accidentalmente” lo oí. No te preocupes- le dijo al ver la cara de impresión de Harry- no le he contado nada a Ginny. También pienso que se iría contigo sólo para estar a tu lado en el momento definitivo fuese cual fuese el final que tuviera.

Ginny pasó delante de la puerta acompañada de Colin y un incómodo silencio se hizo en el vagón. Harry y ella volvieron a cruzar su acostumbrada mirada, pero esta vez Ginny la quitó con un movimiento de cabeza que rozaba más el desprecio que el orgullo. No terminaba de creerse que él no la quisiera, que todo se hubiese terminado de la noche a la mañana pero tampoco entendía porqué no hablaba con ella, por qué no le contaba lo que ocurría.

-No le voy a decir nada- terminó diciendo Harry cuando Ginny pasó- Es mejor que me odie- en ese momento sintió una fuerte punzada en el corazón imaginando cómo sería su vida si Ginny le odiara-. Es raro que yo lo digo, pero si me odia terminará rehaciendo su vida. Yo no puedo permitir que la pase esperando a una ilusión, no sé si voy a terminar con Voldemort, o si él...

-Basta, no hace falta que seas tan preciso- le interrumpió Hermione que estaba agachada al lado de los dos chicos- Tú tienes que hacer lo que creas mejor. Es tu decisión.

-Pero es que no sé qué hacer. Ese es el problema. Yo la quiero con locura, si por mí fuera me quedaba aquí esperando a que terminara Hogwarts y me iba a vivir con ella el resto de mi vida, pero no es fácil decidir. Tengo que hacer una cosa pero quiero hacer otra, y el problema es que no puedo hacerlas a la vez. No puedo rechazar mi destino de una forma tan descarada sólo porque mi corazón me diga que tengo que quedarme aquí; no sería justo para nadie quitar la oportunidad de vivir una vida feliz y sin miedo a la gente que quiero, para que yo pueda vivir con ella. ¿y por cuánto tiempo? Si yo no lo busco Voldemort me buscará a mí y a lo mejor termina no sólo conmigo, sino también con Ginny y eso sí que no podría perdonármelo.

-Tú sabes dónde encontrar a mi hermana, cuando lo tengas claro habla con ella, pero a lo mejor para entonces ella ya no querrá hablar contigo.

-¿Qué vas a hacer cuando lleguemos?-le preguntó Hermione a Harry- ¿piensas volver a casa de tus tíos?

-No, ni loco. Voy a quedarme unos días en...-no quería decir la dirección del cuartel general de la orden- en la antigua mansión Black, averiguaré algunas cosas y en menos de una semana me quiero ir. Cuanto antes me vaya antes sabré cómo acaba.

-¿Qué día te iras? Es que a lo mejor voy a despedirte.

-Mejor no lo hagas Hermione, tú quédate con tus padres este verano y descansa. Pero quiero irme dentro de cuatro días, Dumbledore me dijo que a medio día saldría un tren que iba al norte, donde ahora está Voldemort.

El tiempo pasó lento, cuatro días encerrado en un dormitorio de la casa de los Black que ahora quedaba sólo para las reuniones de la orden. Sólo la visita de Dumbledore para darle las últimas instrucciones interrumpió su incansable fuente de preguntas sin respuesta. Cada día estaba más confuso, había ocasiones en que se levantaba con la intención de dirigirse a la madriguera, recoger a Ginny y olvidar todo lo que tuviera que ver con Voldemort y la profecía, pero luego recapacitaba y pensaba que no podía hacer eso.

Tengo que enfrentarme a él. Si no lo hago no voy a darle la oportunidad a nadie de seguir siendo feliz, sí, a lo mejor no vuelvo, pero no puedo darle la espalda a todo. Si lo consigo podré volver, podré buscar a Ginny y decirle que siempre la he querido, pero a lo mejor ella ya no quiere saber nada de mí, es más creo que ya no quiere saber nada de mí. ¡Mejor! Eso es lo que quería, pero no, no puedo irme pensando que me va a odiar siempre. Si salgo de ésta, seguramente me volveré loco, es lo peor que me ha pasado nunca. Si Ginny no hubiera aparecido nunca, pero ¿qué digo? Ella no apareció, siempre estuvo ahí pero yo no me di cuenta. ¿por qué tuve que fijarme en ella? Todo hubiera sido mejor si simplemente fuera la hermana de Ron, pero ahora es más que eso, y no puedo quitármelo de la cabeza.

Harry estaba sentado en un banco de la estación de King Cross con una pequeña maleta. Estaba solo, había preferido que nadie fuera a despedirle, a Ron le dijo adiós por carta y a Remus, a quien había tenido de gran apoyo desde que Sirius se había ido, prefirió no decirle adiós. Estaba metido en sus pensamientos cuando la vio entrar, de repente todo volvía a desordenarse en su cabeza. Su pelo suelto y brillante siempre le había vuelto loco, su seguridad en sí misma, esa forma tan particular de andar y de mirar, como si ella pudiese enfrentarse sola al mundo.

Por fin había conseguido convencerse que tenía que dejarlo todo atrás, que no podía llevarse parte de su vida con él porque sabía que todo sería mucho más duro y ahora ella aparecía para volverlo todo otra vez confuso. No podría pensar con ella allí, no podría irse sin decirle lo que sentía.

-No me hagas esto, - murmuró Harry antes de que ella se acercara.

¿Por qué ha venido? Ahora todo va a ser peor, yo no puedo decirle adiós, es que como me lo pida me quedo. Si es que no tenía que haberle dicho a Ron nada, seguro que él le ha dicho el tren en el que me iba. Pero está tan linda, si es que no puedo evitar quererla como la quiero. Pero me tengo que ir, no puedo dejarme llevar, tengo que irme. No puedo decirle que la quiero, no puedo decirle que me espere. Harry, contrólate y sé sensato.

-No te creo- fue lo primero que le dijo Ginny cuando se acercó a Harry, dejándole muy descolocado.

-¿Qué?- le contestó aún más confuso de lo que ya estaba desde que la vio entrar.

-No creo ni una sola palabra de lo que me has dicho. No creo que no me quieras, no creo que estés con otra chica. No creo que quieras irte sin decirme adiós. Es imposible que las cosas cambien tanto de la noche a la mañana y me sigas mirando como me miras. Te conozco, Harry Potter, y sé que lo que me has dicho no es cierto.

A Harry le dieron una ganas enorme de abrazarla y decirle que tenía razón, que claro que la seguía queriendo y que la querría siempre, que quería quedarse a su lado y que dejaría todo si ella se lo pidiera, pero no dijo una sola palabra. Se dedicó a mirar al suelo para no ver la cara de Ginny sabiendo que conseguiría que lo dejara todo para estar a su lado, como siempre le había pasado desde que estaban juntos.

-No soy imbécil, ¿sabes?- continuó Ginny- supongo que tienes que irte, eso es lógico, siempre supe que tendrías un destino ya escrito y que terminaba enfrentándote a Voldemort, no es lógico que un mago como él se obsesione con un niño sin razón aparente. ¿Qué crees que decía la profecía aquella que se rompió?

-¿Qué sabes tú de eso?- dijo rápidamente mirándola a los ojos, pero volviendo aún más rápido la cabeza hacia el suelo.

-Nada, se rompió y ninguno supimos nada ¿no?- dijo mirándole con mucha suspicacia, pero al ver que no había respuesta continuó- yo sólo uso la lógica. Entiendo que te vayas y me iría contigo y lo sabes

-Eso no. Tú te quedas aquí, no permitiré que vayas a ninguna parte donde estés en peligro.

Ginny esbozó una sonrisa, sabiendo que tenía razón al no creerse nada de lo que había dicho. Pero le haría caso, no iría a ninguna parte pero no por no ponerse en peligro ella sino porque sabía que si ella estaba donde fuera que él se marchara, Harry perdería la atención sobre su vida y daría lo que fuera porque a ella no le ocurriera nada. Y ella no podía permitir ser un estorbo para él, ni ponerlo en peligro.

-No iré, no te preocupes; sólo quería decirte que espero que no olvides nunca. En ningún momento, estés donde estés, que como yo te he querido no te querrá nadie. Pero...- se detuvo un momento como si no pudiera articular una palabra más sin arrojarse a sus brazos- pero voy a seguir con mi vida. Todavía a pesar de lo que yo pueda creer no me has dicho que tengo razón y que todavía me quieres, así que seguiré adelante....- lo miró desesperada intentando sacarle una respuesta que no llegó- pero recuerda una cosa- le cogió la barbilla e hizo que la mirara a los ojos como el día que le dijo lo que sentía por ella hacía ya casi dos años- Recuerda que no habrá una sola vez que no mire las estrellas sin recordarte. Pase lo que pase y estemos donde estemos, siempre estarás en el sitio especial donde has estado siempre desde que te vi aquí mismo no siendo más que una mocosa.

El tren en el que Harry debía subir llamó a sus últimos pasajeros. Él retiró la cara y la alejó de ella mirándola a los ojos pidiéndole perdón sin palabras por lo que estaba ocurriendo, mirándola como si fuese la última vez que la vería. No dijo una palabra, se alejó de ella sin dejar de mirarla a los ojos, diciéndole con la mirada que la llevaría siempre en su corazón, pero no pronunció ni una sola palabra. Ginny se quedó en el andén mirándole fijamente, entendiendo lo que quería decir pero odiándole por no decirlo. Sintió que su corazón se había ido, que ya no latía, que no estaba donde había estado siempre, sintió que toda su vida se alejaba con el tren.

¿Cómo he podido hacerle esto? No sé cómo he podido marcharme sin decirle que realmente la quiero, que siempre estará conmigo, que no la olvidaré nunca. Pero todo será mejor así, o al menos eso espero

FIN

Espero que os haya gustado, es un poco cursi, pero bueno con 15 y 16 años las cosas son así de cursis.

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