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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 21
Sé que esto no es lo que quería. Nunca creí que esto llegaría tan lejos. Solo pensando en volver a lo que empezamos y como perdimos todo lo que somos. Estoy parada en la lluvia, necesito saber si se acabó, porque yo te dejare solo… Como lo hice antes de la tormenta. Ninguna palabra se deja de lado, como el trueno empieza a hacer ruido. Tal vez yo debería renunciar. Y ahora estamos parados en la lluvia, sabiendo que realmente se acabó. Por favor no me dejes solo, inundados con todo este dolor. Sabiendo que nunca te tendré como lo hice antes de la tormenta.
Hermione Granger
-
¡Hermione, el desayuno ya está listo! - me gritó mi madre desde la cocina, ubicada en el primer piso.
-
¡Enseguida bajo! - respondí. Me levanté de mi cama y coloqué mis pies en las pantuflas color verde manzana.
Miré por última vez la fotografía que sostenía entre mis manos, en ella aparecíamos Draco y yo, abrazados fuertemente mientras el depositaba un dulce beso en mi mejilla, la había tomado su abuela Esther el día en que visité su mansión.
Suspiré. Extrañaba ese día, pero más que nada lo extrañaba a él. También tenía una foto con mis tres mejores amigos, Harry, Ron y Ginny, a quienes también extrañaba muchísimo, pero ellos ya no querían saber nada de mí y eso me lastimaba.
Guardé la foto con Draco en la mesita de luz que estaba al costado de mi cama y bajé las escaleras directo a la cocina.
Mi madre me había preparado tortitas de manzana. Estaban riquísimas, las comí gustosa, pero casi no les sentí el sabor, ya que estaba ocupada en mis pensamientos.
-¿tienes preparada tu ropa para el funeral? - me preguntó, mientras ponía su plato en la mesa y se sentaba.
-Si madre, lo tengo todo controlado - la tranquilicé y luego bebí un poco de café.
-¿de verdad? - inquirió en tono preocupado - te noto… triste hija ¿te encuentras bien querida?
-Si mama - respondí, odiaba mentirle pero no quedaba de otra - Si me disculpas, voy a cambiarme.
Me levanté bruscamente de la mesa, dejando mi plato a medio comer. La verdad era que no tenía hambre, no hacía más que llorar desde que mi padre y mi rubio me habían abandonado.
Algunas veces me preguntaba si yo debería perdonar a Draco, si había hecho lo correcto en contarles a mis amigos y en escapar de Hogwarts, pero nunca hallaba las respuestas. Al parecer mi cabeza estaba demasiado traumada y confundida en estos momentos. Pero las dudas eran inevitables.
Me coloqué un vestido de encaje negro, en el cuello tenía detalles de flores y me llegaba un poco más arriba de las rodillas. Después me maquillé, no mucho, solo me puse un poco de base natural y rímel en las pestañas. Me pinté los labios de un rosa apagado.
Cuando terminé busqué algo en que ocuparme, normalmente hacia eso para evitar pensar en… Draco. Pero no se me ocurría nada, asique simplemente me senté en mi cama. Los recuerdos estaban a punto de invadirme, pero fueron interrumpidos por un sonido de piqueteo en mi ventana.
Me acerqué a observar, esa era la lechuza de… Harry. Pero… ¿el no estaba enfadado conmigo? Decidí romper con la curiosidad y la abrí.
Hermione:
Me enteré de la muerte de tu padre. Lo siento mucho, y más porque no estuve para apoyarte. No debí tratarte como lo hice, eres mi hermana y tú nunca me juzgaste. De verdad lo lamento, espero que puedas perdonarme. Estaré esperando tu carta. Te quiere:
La carta me dejó impresionada. Harry estaba pidiéndome disculpas, esto sí que era una sorpresa. Algunas lágrimas salieron de mis ojos cafés.
Busque rápidamente una pluma y un papel e inmediatamente me puse a escribir.
Harry:
Te perdono. Tú eres mi hermano pase lo que pase, y eres la única persona que supo poyarme y entenderme completamente. Sé que esto te debe haber traído problemas con Ginny, asique te agradezco por arriesgarte e igualmente mandarme esta carta. Estoy a punto de irme al funeral de mi padre, espero que todo salga bien. Te quiere:
Hermione Granger.
Dejé que la lechuza hiciera lo suyo y después bajé a la sala principal, donde mi madre me esperaba para dirigirnos a la ceremonia.
La carta de Harry me había puesto de mejor humor, y por unos minutos pude olvidarme completamente de… Draco. ¡Genial! Ahora el volvía a estar en mi mente.
Me apoye contra la ventanilla y observe el exterior, pensando en que estaría haciendo ese rubio platinado y de ojos grises en este momento.
Draco Malfoy
Estaba sentado en frente de una de las grandes ventanas de la torre Slytherin, pensando.
Le había prometido a Blaise volver a ser el de antes, pero no podía. Simplemente me aterraba volver a ser la imagen de mi padre, y me asustaba pensar en todos esos años de temor, cuando Voldemort frecuentaba nuestra mansión.
También había jurado nunca más volver a pensar en… Hermione Granger. Pero era imposible para mí, era como pedirle a Romeo que olvidara a Julieta, era algo que nunca ocurriría.
Tenía una foto que habíamos tomado en ese viaje a mi mansión, nos veíamos tan felices. Decidí conservarla, para así poder recordar esos momentos alegres.
Entonces se me ocurrió una idea. Necesitaba verla aunque sea una sola vez más. Necesitaba saber si estaba bien, necesitaba saber de ella. No iba a preguntarle si aun sentía algo por mí, porque era obvio que ya me había olvidado.
Tenía que llegar rápido, asique decidí usar la red Flú. Hermione iba a tener un funeral lleno de sorpresas.
Hermione Granger
El cura estuvo hablando media hora. Yo derramaba muchas lágrimas, pero no sabía si eran por mi padre o por… Draco. Aunque intentaba no podía olvidarlo, y su recuerdo me estaba matando.
Finalmente, era mi turno de decir el discurso final. Había preparado algunas hojas, pero no era tan impresionante como lo que yo solía escribir.
Me paré en el taburete y comencé a leer mis palabras:
Mi padre fue…
Pero en ese momento me quedé congelada al ver una figura alta, de tez blanca,cabello platinado y unos ojos grises observándome. Draco… ¿Qué estaba haciendo en el funeral de mi padre?
Pero me ayudó a sentirme inspirada. Dejé que las hojas cayeran al césped, y esta vez dije lo que mi corazón sentía:
Mi padre fue un gran hombre, uno como los que hoy en día ya no hay. Su partida me duele, y más porque su vida fue arrebatada. Pero yo sé, que él siempre estará acompañándome desde donde quiera que esté, el me ayudará. Porque aunque una persona se aleje, los recuerdos siempre quedaran en su corazón. Siempre te querré papá…
Después de eso, comenzaron a sumergir el cajón en la tierra. Mi madre y yo tirábamos pequeños quilos de tierra, como solía hacerse tradicionalmente.
Después de esto, todos los presentes se reunieron con sus familias, y comenzaron a hablar de otros temas.
Yo caminé nerviosa, buscando a mi rubio, aunque ya no era mío pero me daba igual.
-Hola - susurró una vos a mi espalda. Me giré y allí estaba, parado frente a mí.
Lucía un traje elegante color negro, color que le quedaba muy bien con su tono de piel y hacia resaltar mucho sus hermosos y profundos ojos.
-Hola - le dije tímidamente, el me ponía nerviosa - ¿Qué haces aquí?
-Yo… solo quería ver si te encontrabas bien - respondió, pasándose el brazo por el cuello - Lamento lo de tu padre.
-Ya lo dijiste - le recordé, el sonrió. Yo comencé a caminar.
-¡Espera Hermione! - me gritó desde atrás, yo me giré.
-¿Qué quieres Draco? - le pregunté fríamente.
-Quiero que vuelvas a Hogwarts. Yo… yo te extraño y te necesito - me dijo sinceramente, su mirada era profunda.
-¿¡que!? ¡Yo no voy a volver Draco! - le aclaré, su rostro se volvió triste.
-¿Por qué? - inquirió, me tomo de la mano pero yo la quité rápidamente.
-¿para qué quieres que vuelva? ¿para ver cómo te sigues acostando con Astoria? - exclamé, el negó con la cabeza y se mordió el labio inferior.
-¡Ya te dije que eso solo fue un error! - se defendió - ¡Yo te amo a ti! - sus palabras me paralizaron, pero yo no ibaa caer en su juego tan fácilmente.
-¡pues yo no! - le mentí, no podía dejarme engañar por él - ¡Vete Malfoy! - le grité - ¡Vete con tu magnifica y rica familia! ¡Ve y haz todo lo que tu padre te pide! Porque ¿sabes qué? ¡Eres un cobarde que no sabe tomar decisiones por si mismo! - escupí las palabras en su cara, era todo lo que tenía guardado.
-¡Te odio! ¡Nunca debí enamorarme de ti sangre sucia! ¡Tú no entiendes nada! - me restregó, sus palabras me dolieron tanto como yo suponía que las mías le habían dolido a él.
- ¡Hasta nunca! - gritó, y luego desapareció frente a mis ojos.
Yo me tumbé en el césped y comencé a llorar. Mi madre se acercó a mí y me palmeó la espalda.
-No llores por tu padre, estará bien - me tranquilizó Jean. Yo solo asentí, si ella supiera por quien estaba llorando. Este sí que había sido un funeral inusual y lleno de sorpresas.