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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 22

holaaaaaa. ¿como estan? yo super bien (: que genial ! argentina sub-20 a cuartos de final, wiii. jajaja.amo mi pais :$ subo ahora porque me voy a continuar escribiendo. no tendre clases por muchos dias asique podre estar aqui continuamente. por cierto,me hice una pag. en el facebook donde subire novedades, novelas, entre otras cosas. si les interesan entren y ¿like? :

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en fin, me voy a continuar escribiendo. no olviden comentar. besos, agos.

Draco Malfoy

Cerré la puerta de madera con más fuerza de la necesaria. Me senté en el frio suelo y contemple las brillantes y pequeñas estrellas. Necesitaba estar solo, y la torre de Astronomía era el sitio perfecto.

Las palabras de Hermione me habían dolido muchísimo. Después de todo lo que habíamos pasado juntos, ella ya no sentía nada por mí. Me había olvidado. Yo intenté lo mismo pero no podía, cada vez que lo intentaba sentía un dolor en mi corazón, mucho más grande del que sentía cuando la recordaba.

En ese momento unos recuerdos vinieron a mi mente, comenzaron a pasar como imágenes, mientras que unas lágrimas caían por mis blancas mejillas.

-**¡No hagas eso! - exclamó, sacudiendo la cabeza.

-          ¿hacer qué? - pregunté, haciéndome el desentendido.

-          Esa… mirada. Miras a las chicas… así y esperas que se enamoren de ti. Pues no funciona conmigo. - le dijo muy segura.

- ¿Tienes frió Granger? - le pregunté, observándola tiritar.

-          Un… un poco… - tartamudeó. Me acerque a ella y la abrase. - ¿Qué haces? -pregunto Hermione, zafándose de mis brazos..

-          Intento mantenerte caliente… También soy humano Granger - le dije. La castaña sonrió y puso su cabeza en mi pecho.

-          Buenas noches… - le dijo la castaña, bostezó y de inmediato se quedó dormida.

-          Dulces sueños granger  -  le acaricie el cabello y luego también me rendí en los brazos de Morfeo.

-          Si… la amo - confesé, muy seguro de mis palabras y mis sentimientos.

- ¿de verdad me amas? - me preguntó un poco sonrojada.

-          Si Hermione - respondí sinceramente - ¿y tú?

*-          Aunque me cueste admitirlo, si - dijo muy segura y a la vez un poco avergonzada

  • ¡me dijiste Hermione!*

-          Si quieres te digo Granger - bromee, la tomé de la mano y la miré fijamente -  No Draco, Hermione está bien - le dije irónicamente, el me besó la frente.

-          Sé que no es el mejor momento - comencé - pero… Hermione Jean Granger ¿quieres ser mi novia? - le pregunté, arrodillado ante su camilla. Ella rió y se puso roja.

-          Claro que sí, Draco Lucius Malfoy - contestó con una sonrisa. Después, el se acercó a mí y me besó. No podía estar más feliz.

-          Sera nuestra primera cita - anuncié. La tomé de la mano y la llevé hasta su silla, Hermione se sentó y yo, como todo un caballero, la acerqué a la mesa y luego me senté frente a ella.

Comenzamos a comer. Charlábamos y reíamos por las cosas que nos contábamos. La amaba tanto, ella era perfecta, era tierna, dulce, inteligente y hermosa, todo lo que un chico buscaba. Yo tenía mucha suerte, y me arrepentía de no haberme dado cuenta antes.

Ahora éramos novios oficialmente. Hermione había terminado con Weasley, y ahora estaba comenzando conmigo.

Después de eso no pude evitar soltar unas lagrimas, me dolía recordarla, pero estaba seguro de que mucho más me dolía olvidarla. Ella era única, y siempre sería la dueña de mi frio corazón.

Miré el reloj que descansaba en mi muñeca. Ya era muy tarde, si Flitch o algún maestro llegaba a encontrarme en los pasillos me darían un buen castigo que no tenía ánimos para afrontar, asique decidí volver a l torre Slytherin y meditar allí.

Iba subiendo una de las escaleras cuando vi una figura sentada en el último escalón. Era un muchacho de pelo azabache y piel castaña.

-Potter ¿Qué haces aquí? - pregunté, sentándome a su lado. ¿Qué estaba haciendo? El era mi enemigo.

-Nada… yo solo… nada - mintió. Corrí su mano y pude ver un papel escrito. En el primer renglón decía "Querida Hermione", yo tragué saliva fuertemente.

-¿Cómo está ella? - inquirí preocupado. Había prometido olvidarla, pero recordarla me dolía menos.

-Si te soy sincero, te extraña - me dijo seriamente. Yo negué con la cabeza, eso era imposible, ella ya no me amaba.

-Eso no es verdad - diferí, Potter me miró confundido - no le digas a nadie, pero fui al funeral de su padre.

-¿¡que!? - exclamó sorprendido, yo tapé su boca con mi mano. Se suponía que éramos enemigos, pero aquí estábamos, contándonos secretos como si fuéramos los mejores amigos.

-Es que… necesitaba verla - le expliqué - y ella me dijo que ya no me amaba… - las imágenes y recuerdos de esta mañana invadieron mi cabeza.

-Sabes, no me caes bien - comenzó, yo solté unas risas - pero… si de algo estoy seguro es que tú y Hermione deben estar juntos.

-¿desde cuándo crees eso Potter? ¿te golpeaste la cabeza? - le pregunté irónicamente, ahora fuel él quien rió.

-Es que… cuando Hermione estaba junto a ti era mucho más feliz, vivía contenta y con una sonrisa en su cara- me dijo sinceramente - y ahora que no están juntos, ella está deprimida.

-Yo la amo como jamás ame a nadie - confesé un poco avergonzado - pero… ella a mí ya no.

-Mmm… no estoy tan seguro - exclamó guiñándome un ojo - pero si tu lo dices Malfoy…

-Bueno, ya es muy tarde. Adiós Potter

  • me despedí, y luego me dirigí hasta mi habitación para descansar.

Hermione Granger

Estaba recostada en mi cama, pensando…

Todo el día había estado recordando mi pasado, aquellos momentos en los que era tan feliz con mis mejores amigos y Draco. Por suerte Harry pudo perdonarme.

Quería olvidarlos, pero eso me dolía demasiado. En realidad, recordarlos también dolía, pero olvidarlos mucho más. Ellos habían sido las personas más importantes en mi vida, y los momentos vividos con ellos fueron los más alegres.

Yo pensaba que al regresar a mi casa me sentiría mejor, olvidaría todo mi pasado, dejaríaatrás todo lo vivido y los dolores que Hogwarts me había producido, pero eso jamás ocurrió.

Mi madre prometió ayudarme a superar la muerte de mi padre, pero era ella quien aun no lograba dejarlo ir. Últimamente estaba muy abstraída de todo, y ya no tenía tiempo para mí. Me ignoraba, fingía que yo no estaba, ya ni la comida me preparaba.

Me sentía sola, pero por suerte Harry me mandaba cartas todos los días, y de vez en cuando hablaba por teléfono con Nathaniel.

Nate también era un mago. El tomaba clases en el instituto Dungstram, pero había abandonado ya que no se sentía a gusto allí y su familia estaba en una época de crisis, por lo que necesitaban de su ayuda.

A la mañana siguiente, me desperté al escuchar un golpe de la puerta de i habitación. Pensé que era mi madre, asique me di vuelta y pretendí seguir durmiendo, pero una voz masculina me despertó nuevamente.

-¿Nate? - pregunté medio dormida. El asintió. - ¿Qué haces aquí?

-Tu madre va a salir todo el día, asique me pidió que te haga compañía - me respondió. Yo me levanté, me puse las pantuflas y juntos bajamos a desayunar.

Como en los últimos días, mi madre se olvidaba de que tenía una hija a quien alimentar. Asique tuve que prepararme yo misma el desayuno. Nate no quería ya que había desayunado en su casa.

Él era alto, musculoso, de tez bronceada. Su cabello era marrón claro con algunos destellos castaños, y tenía unos hermosos ojos color verde azulado apagado. Es el tipo de chico por el que cualquier niña mataría. Parecía un modelo de revistas.

Desayuné un cuenco de cereales frutales, mientras él me contaba cómo le estaba yendo su vida. Al parecer sentía ganas de regresar a la escuela, pero no quería volver a Dungstram.

Yo no lo había pensado y me costaba admitirlo, pero también deseaba volver a Hogwarts. Necesitaba ver a Harry, y quería aprender todo lo posible para luego poder estudiar en las universidades mágicas.

Entonces se me ocurrió una magnífica idea.

-¡Lo tengo! - exclamé chasqueando mis dedos, el me miró confundido - Ven a Hogwarts conmigo.

-¿Qué? Hermione… no podría - me dijo un poco avergonzado, pero yo decidí insistir.

-¡por favor! ¡por mi! - le supliqué con cara de perrito triste.

-Creí que no querías volver… - esa no era la respuesta que quería escuchar, ni siquiera era una respuesta.

-Quiero ver a mi amigo, y aquí me siento muy sola, mi madre me tiene abandonada - le explique un poco triste - ¿por favor? - el suspiró.

-De acuerdo - aceptó, yo me levanté rápidamente y lo abracé muy fuerte.

-¡Gracias, gracias, gracias! - exclamé, el se carcajeaba.

Pasamos el resto de la tarde juntos. Hasta que se hizo de noche y él tuvo que irse. Tenía que comunicarle a su padre que mañana mismo partiría a Hogwarts conmigo.

Yo estaba nerviosa, pero a la vez contenta porque vería a Harry y podría pasar más tiempo con Nate.

Subí a mi cuarto y me puse a preparar mis maletas. Después me coloqué mi pijama y me acosté muy emocionada.

Pero… ¿en dónde estaba mi madre? Eran las doce y media y ella aun no había llegado a mi casa. Eso me ponía inquieto. Decidí no darle muchas vueltas, de todas formas ella era adulta y sabía lo que hacía ¿verdad? Asique me cubrí con mis sabanas y me dormí.