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¿Cual es tu problema Malfoy? ¡Eres tú Granger! — capítulo 28

Un mes había transcurrido ya en Hogwarts. Para muchos alumnos eso era emocionante (ya que significaba el término de las clases y para los de último año la graduación) Y para otros como Hermione era triste y a la vez lento.

Faltaban solo dos días para su graduación, la mayoría estaban emocionados pero ese no era el caso de la castaña.

Había pasado el peor mes de su vida. Intentó buscar a Draco por todos lados, incluso les pregunto a las serpientes (quienes no la trataron muy bien) pero ninguno sabía nada. Según Blaise, su amistad con el rubio ya no existía, y a cierto castaño no le podía preguntar ya que otra amistad más había desaparecido…

Así es, hacia ya un mes desde que Hermione y Nate habían concluido su amistad, un mes de miradas frías, ignorancias, insultos y algunas peleas tontas. Pero la castaña se consolaba pensando que al menos tenía a Harry, su hermano del alma que nunca la abandonó y estaba dispuesto a apoyarla en las buenas y malas.

Incluso el ahora estaba feliz, ya que en tan solo un mes su relación con Ginny había progresado. Ya no fingían no conocerse ni actuaban con indiferencia, al contrario, ahora estaban mucho más cercanos.

Y respecto a Ron… bueno esté mes el había estado igual. Continuaba sentándose en el lugar más apartado y alejado de Hermione en la mesa. Cuando se veían en la sala común de Gryffindor apenas cruzaban miradas y las del pelirrojo eran muy frías.

Ahora, Hermione se encontraba sentada en el gran comedor. Observando cómo las chicas hablaban de los vestidos para la graduación, los chicos hablaban de a quien llevarían y los profesores estaban ocupados con las decoraciones.

¿Qué más había pasado en este último mes? Ah sí, ella había descubierto un secreto de su madre que nunca debió saber.

Unos días atrás, recibió una llamada de Howie Archibald, el padre de su antiguo amigo Nate, quien le comunicó que su madre había sido arrestada ya que la encontraron alcoholizada y además en el último mes se volvió drogadicta.

Esa noticia le cayó como un balde de agua fría. Su madre drogadicta, fumaba cocaína. Y todo esto había ocurrido por la muerte de su padre, de seguro Jean hacía estas cosas para poder olvidarlo y no cargar con la presión, pero había tomado métodos muy malos. Así que, desde ese día, la castaña se consideró huérfana, prefería eso antes que tener una madre que no se interesaba en ella y para aliviar sus penas elegía hacer cosas que su padre odiaría si estuviera vivo.

En este momento ella atravesaba una profunda tristeza, ya no tenía a nadie. El único que le quedaba era Harry, y ahora ella comprendía por lo que su amigo había pasado al morir sus padres. Porque para ella, una chica respetable y cumplidora de la ley, por las cosas que había hecho su madre, Jean estaba muerta.

También en este último mes había sufrido cambios extraños. Últimamente estaba mucho mas hambrienta de lo habitual y casi todo lo que comía luego lo vomitaba, ya que algo la hacía vivir mal del estómago. Acaso… ¿acaso ella estaba…? No, eso era imposible. Ella no podía estar… embarazada. ¿o si?

Mientras que al otro lado del mundo (en Argentina) se encontraba Draco Malfoy, ahogando sus penas en licor que ofrecía el bar del hotel en el que se hospedaba.

Este último mes fue una tortura para el rubio, quien no dejaba de pensar en Hermione, en sus palabras,en el beso con el estúpido de Nate, en esa noche, la mejor de su vida, en esos ojos cafés, en todo de ella.

¡Basta Draco, prometiste olvidarla! Pensaba una y otra vez el muchacho, pero por más que intentara era imposible ya que todo a su alrededor le recordaba a ella. Como ser las flores de su habitación con el olor a miel de su perfume, el café como el color de sus ojos que tomaba en el desayuno, las paredes de su habitación pintadas con el mismo color del cabello de Hermione, la suavidad de las sabanas igual a la piel de la muchacha, todo le recordaba a ella. No lograba sacarla de su mente, porque ella había ganado su corazón…

Unas bailarinas con poca ropa del bar lo sacaron de sus pensamientos. Con unas palabras las sedujo (era imposible no querer estar con ese rubio) y las llevó a su habitación.

Estaba a punto de hacer lo que hacía todas las noches en este último mes (aunque siempre imaginaba que era Hermione con quien estaba) pero un ruido en la chimenea lo distrajo.

Las muchachas se marcharon y él se encaminó hacia el fuego, cruzando los sillones color beige y la mesa llena de revistas viejas, para ver de quien se trataba. Era su abuela Esther.

-¡Draco Lucius Malfoy! ¿todavía sigues en argentina? - le preguntó su anciana abuela, ella era la única que sabía de los problemas con Hermione y el paradero del rubio.

-Si abuela… ¿Por qué? - inquirió el rubio, haciéndose el desentendido. Pudo ver a través de las llamas la mala expresión de Esther.

-¡Eres igual de cobarde que tu padre!

  • lo reprendió - el también huyó un mes al tener problemas con tu madre. ¿Por qué tienes que ser igual a él?

-Yo no soy como él - exclamó el rubio, en el último mes había odiado esa frase más de lo usual - ¿Qué debo hacer abuela? Estoy confundido…

-¿la amas?

-Más que a mi propia vida - confesó Draco, las palabras salieron directamente de su corazón. Ahora su abuela sonreía.

-¡Entonces lucha por ella! - exclamó Esther, mientras que algunas chispas brotaban de las llamas.

-Gracias abuela… Nos veremos pronto - se despidió el rubio, pero su abuela le pidió un segundo más.

-Por cierto… me gusta el nombre Scorpius - murmuró alzando una ceja, el rubio la miró sin entender.

-¿por qué me dices esto abuela? - inquirió confundido. Esther esbozó una sonrisa misteriosa.

-Cuando veas a la dulce Hermione, pregúntale sobre los sucesos de este último mes… - susurró. Draco estaba por preguntarle cuales sucesos, pero a silueta de su abuela desapareció después de su misteriosa frase.

El rubio no lo pensó dos veces y comenzó a armar su maleta. Era hora de volver a Hogwarts y que mejor momento que este, después de todo, faltaban solo dos días para la graduación.