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Embarazada de mi mejor amigo — capítulo 15

Capítulo 15:

Juntos de por vidaLuna, que acababa de lanzar el hechizo, corrió hacia dónde estaba Hermione y cogió a la niña que se había quedado suspendida en el aire gracias al hechizo de la rubia, que evitó que la pequeña cayera de golpe en el suelo.

-¡HERMIONE! ¡HERMIONE DESPIERTA!

Luna zarandeaba a Hermione mientras agarraba a la pequeña.

Hermione abrió los ojos y lo primero que vio fueron unos llorosos ojos azules.

-L-Luna...

-¡Hermione! - la rubia se abalanzó sobre su amiga y la abrazó.

-¡¿Dónde está mi hija?!

La rubia le acercó a la niña. La castaña rompió a llorar y acogió a la niña en sus brazos.

-Mi niña...te he echado tanto de menos...

-¡BASTA DE TONTERÍAS!

El grito de la pelirroja alertó a Hermione y a Luna, que se encontraban arrodilladas en el césped del jardín.

-¡DEVUÉLVEME A LA NIÑA HERMIONE! ¡ES MÍA Y DE HARRY, COMO SIEMPRE DEBIÓ SER!

-¡ESTÁS LOCA! ¡JAMÁS TE PERDONARÉ LO QUE HICISTE GINEVRA MOLLY WEASLEY!

-¡TE ARREPENTIRÁS DE HABERME QUITADO LO QUE MÁS QUERÍA!

Ginny apuntaba con la varita a Hermione.

-¡Basta Ginny! - gritó Luna- ¡pueden verte los muggles!

-La casa está rodeada de un hechizo anti-muggles lunática estúpida.

-¡NO VUELVAS A INSULTAR A LUNA!

-¿Te crees que te haré caso Hermione? ¡Me importa una mierda lo qué digas! Se acabó el juego. Si Harry no está conmigo tampoco lo estará contigo, y menos con esa mocosa. ¡DESMAI...!

Pero antes de que Ginny pudiera articular palabra un fuerte chorro de luz le impactó en la espalda. Su varita salió despedida por los aires y la pelirroja se derrumbó en el suelo.

-¡HARRY! - gritó Hermione.

El ojiverde corrió hacia donde estaban las dos amigas y se arrodilló frente a Hermione. La castaña sintió como el cuerpo de Harry se abalanzaba sobre ella, con cuidado para no aplastar a su hija. Cuando se separaron Harry le tomó el rostro con ambas manos y la miró con los ojos llorosos.

-¿Estás bien?

-Ahora sí.

Hermione sonrió y miró a su hija, que ahora la miraba con sus pequeños ojos verdes y sus manitas alzadas. Harry la tomó entre sus brazos.

-Mi niña, me hace tan feliz que estés bien y de nuevo junto a nosotros.

El moreno estrechó a su pequeña entre sus brazos llorando de felicidad.

-¡SUÉLTAME!

Mientras, la pelirroja intentaba zafarse del agarre de su hermano.

-¿No has hecho ya bastante daño Ginny? ¡Basta ya!

La pelirroja no pudo evitar el llanto. Por su rostro corrían lágrimas de rabia e impotencia.

-¿Sabes que pueden llevarte a la cárcel por esto?

-¡NO!

-¡GINEVRA!- Ron la agarró de los hombros- ¿SABES LO QUE HAS HECHO? ¡POR FAVOR ENTRA EN RAZÓN Y MADURA DE UNA PUÑETERA VEZ!

Ginny paró de llorar al escuchar las palabras de su hermano. Lo miró fijamente, pero el odio había desaparecido.

-No quiero ir a la cárcel Ron, por favor...

Su hermano la miró con frialdad.

-Solo si me prometes que jamás te vuelvas a acercar a Hermione y a Harry, y mucho menos a su hija.

-¿Y a ti?

Se quedaron un rato en silencio, mirándose.

-Podrás contactar conmigo, pero lejos de aquí.

-¿Me estás pidiendo que me vaya de Londres?

-Sí, así es Ginny. No creo que seas de buen agrado por aquí...

-¿Y mamá y papá? ¿Nuestros hermanos?

-Contacta con nosotros a través de cartas o de lo que tú quieras, pero lo mejor es que empiezes de nuevo en un lugar lejos de aquí, si no quieres acabar en la cárcel.

La pelirroja lo miró horrorizada, y luego agachó la cabeza asintiendo.

-Está bien. Volveré a Nueva York y empezaré una nueva vida. Diles a papá y mamá que los quiero, y a nuestros hermanos también, y que...estaré bien - la pelirroja no pudo evitar que una lágrimas cayeran por su rostro.

Ron asintió.

-Hasta pronto, Gin.

Con un fuerte crack, su hermana se desvaneció, entonces Ron se acercó hacia donde estaban sus amigos.

-Ya todo pasó.

Luna suspiró aliviada y abrazó al pelirrojo, después ambos ayudaron Harry y Hermione a levantarse.

-¿Qué pasó con Ginny?- preguntó Luna mirando al pelirrojo.

-Se ha ido, para siempre.

Hermione se acercó al pelirrojo y le dió un apretón.

-¿Tú cómo estás? Después de todo es tu hermana- dijo la castaña.

-Estoy bien Herms, no te preocupes. Aunque sea mi hermana jamás le perdonaré lo que os hizo, aún así mantendré el contacto con ella pero me prometió que jamás se acercaría a vosotros, ni a la niña.

Hermione asintió y abrazó a su amigo. El pelirrojo le correspondió el abrazo.

Mientras sostenía a su hija en brazos, Harry se acercó a Hermione.

-Es hora de que seamos felices, ¿no crees?

Hermione lo miró y sonrío. Jamás había estado tan de acuerdo con Harry en todos estos años.


Hacía un día espléndido, el sol brillaba con fuerza, filtrándose por las ventanas de la gran casa de los Weasley. En la habitación, que un día fue de la pequeña de los pelirrojos, se encontraba una Hermione radiante de felicidad, mirándose frente al espejo, mientras su amiga Luna terminaba de arreglarle el cabello.

-Estás preciosa, Herms- dijo su amiga mirándola de arriba a abajo.

-¿Tú crees?- preguntó la castaña.

-¡Oh por favor!- exclamó la rubia- ¡por supuesto que sí! Mírate, el vestido te hacer ver como una princesa.

-Creo que la última vez que me ví así fue en el baile de Navidad de cuarto año- dijo suspirando.

-Herms, tú siempre has sido preciosa, así que deja de sacarte defectos ¿quieres?- replicó su amiga- y ahora vamos, todos están esperado fuera.

La castaña no pudo más que sonreír ante el comentario de su amiga mientras la seguía hacía el jardín.

Fuera, todo estaba decorado con flores y guirnaldas, había una gran carpa al igual que en la boda de Bill y Fleur, y una alfombra que llevaba a un pequeño altar.

Hermione llegó al principio de aquella alfombra, donde su padre la esperaba.

-Estás preciosa cariño- dijo su padre tomándola del brazo, mientras que Luna se dirigió a su asiento junto a Ron.

-Gracias papá.

Mientras, junto al altar, Harry observaba, feliz, como se acercaba Hermione a brazos de su padre, vestida con un largo vestido blanco y con el cabello recogido en un elegante moño, mientras unos tirabuzones caían sobre su rostro.

La marcha nupcial comenzó a sonar, y todos los invitados esperaban expectantes la llegada de la novia al altar. Ron y Luna estaban sentados en la primera fila, ya que eran los padrinos. La rubia sostenía a la pequeña Lily Jean, que ya tenía un año de edad. Sus pequeños ojos verdes fijaron la vista en su padre, que la miró con ternura, y su cabello castaño relucía al sol.

Hermione y su padre acaban de llegar al altar.

-Harry, te entrego a mi hija. Hazla feliz, y ámala como ella se merece.

  • No tenga ninguna duda sobre ello, señor Granger.

Ted besó a su hija y luego se alejó de allí.

Harry tomó a Hermione del brazo, y la miró sonriente.

-Estás preciosa, aunque siempre lo has sido.

Hermione no pudo más que sonreír.

Un año atrás, Harry y Hermione encontraron un apartamento en Londres y se mudaron juntos con la pequeña. Habían decidido casarse cuando la pequeña cumpliera un año, pues querían dedicarle a su hija todo el tiempo que habían perdido, antes de unir sus vidas para siempre. Aunque no era necesario, pues ellos habían estado unidos desde siempre.

-Y por el poder que me ha sido otorgado...

Hermione miró a Harry con los ojos llorosos. El moreno le sonrió, apretándole la mano.

-...yo os declaro juntos de por vida.

El jardín estalló en aplausos, cuando, por fin, Harry y Hermione compartieron un dulce beso, uniendo sus vidas para siempre.

En ese momento, la rubia soltó a la pequeña en el suelo, y Lily corrió, a pequeñas zancandas, junto a sus padres.

-¡Mami, papi!

Hermione vió a su hija corriendo hacia ella, y no pudo más que reír, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. La castaña la cogió entre sus brazos.

-Mi amor- dijo mientras la estrechaba junto a ella.

Hermione miró a Harry, y este se acercó a la pequeña.

-Tu papá es el más feliz del mundo, ¿sabes Lily? Porque se ha casado con la mujer de sus sueños, con la que ha sido su amiga incondicional desde que tenían apenas doce años, con la que ha sido como una hermana, con la que ha estado ahí por y para él y con la que habría dado su vida por él, sin importarle nada.

Luna miró a Ron, enternecida. El pelirrojo le pasó el brazo por el hombro y le besó la cabellera rubia. No hacían falta las palabras para sus dos amigos, pues solo con verlos juntos con su hija, con eso bastaba.

Hermione no podía evitar mirar a Harry mientras pronunciaba aquellas palabras, aquellas palabras que la estaban haciendo llorar en aquel momento.

Harry miró a su hija, pudo ver que esbozó una pequeña sonrisilla, y le besó su pelo castaño, como el de su madre. El moreno dirigió la vista hacia su esposa.

-Deberías estar feliz en este día- dijo Harry pasando su dedo por las mejillas de la castaña, en el intento de secar sus lágrimas.

-Y lo estoy- respondió ella, posando su mano sobre la de Harry- estoy llorando de felicidad, Harry, porque por fin te tengo junto a mí, porque te quiero muchísimo, infinito, y porque tenemos a nuestra hija junto a nosotros.

-Como debe ser- respondió el moreno, sonriendo- te amo Hermione, y siempre lo he hecho, y lo haré, por la eternidad.

-Te amo muchísimo, Harry James Potter.

Harry rodeó a Hermione entre sus brazos, y la besó, la besó con amor, con ese amor que siempre le había tenido a aquella castaña de pelos alborotados que conoció en aquel vagón del tren.

¡SIENTO MUCHÍSIMO LA TARDANZA! Pero aquí les traigo el último capítulo de esta historia, no podía dejarles colgados, me hubiera gustado alargarla más, pero la falta de tiempo me lo impide. Quiero dar las gracias a todos y cada uno de los que han seguido esta historia, gracias por los comentarios y por aguantar hasta el final. Hasta la próxima.

Un beso fuerte a todos.